La mañana pasa lenta. Tú y Malfoy no os miráis ni una vez. Ignorándoos deliberadamente. Durante el almuerzo comes todo lo lentamente que puedes pero, cuando el comedor comienza a quedarse vacío entiendes que ya no lo puedes postergar más. Miras hacia donde se suele sentar Malfoy y lo encuentras en un segundo. Está sólo, dándole vueltas con la cuchara a lo que parece un flan deshecho. Te decides y vas hasta allí. No vas a convertirte en un cobarde ahora.
—Hola ¿me puedo sentar? —Probablemente es el "hola" menos natural que has dicho en tu vida pero lo estás intentando. Malfoy te mira sorprendido pero asiente. Pasa un momento en el que ambos miráis su plato sin decir nada.
—En realidad ya he terminado. ¿Quieres ir a alguna parte? —suena tan normal que te asusta un poco.
— ¿A dónde? La biblioteca no es un buen sitio para hablar… ¿Una sala común? —ofreces poco convencido.
—No me parece muy buena idea. Vayamos a la que vayamos será raro y todo el mundo estará pendiente de nosotros. —Y tiene razón así que te quedas pensando un momento.
—Siempre podemos dar un paseo junto al lago, no hay mucha gente —dices. Él parece pensárselo un momento pero acepta y salís del comedor en silencio.
Después de un rato haciendo sonoros movimientos con los pies y golpeando piedras, te decides a hablar.
—Esto va a ser…
— ¿Incómodo? ¿Raro?
—Sí —aceptas—. Y complicado.
Malfoy suspira y se adelanta un poco. Ya habéis llegado al lago. Te apoyas contra el tronco de un árbol, junto a la orilla. Hace un día sorprendentemente bueno teniendo en cuenta que ya estáis en pleno otoño.
—Me gusta este sitio. Es muy tranquilo —dice él tras un momento.
—A mi también. —No es un mal comienzo. Sonríes un poco—. Bueno, con las cosas jodidas que nos hemos dicho durante toda nuestra vida, esto no puede ser tan difícil.
Para tu sorpresa, Malfoy te devuelve la sonrisa, girándose hacia ti.
—Muy bien, Potter. ¿Qué es lo primero que quieres saber? —Y ahí sí que te ha pillado. ¿Qué puedes responder a eso? Así que dices lo primero que se te pasa por la cabeza.
— ¿De qué equipo eres? —es absurdo y un tópico pero ya está hecho.
Malfoy abre mucho los ojos y se ríe. Se ríe de verdad. Te das cuenta de que nunca antes lo habías visto reírse. Sonrisas y carcajadas maliciosas sí, normalmente en tu contra, pero no algo tan auténtico y espontáneo. Notas calor en tu pecho y cierta presión, como si se contrajera. Y un pensamiento fugaz. Malfoy es realmente atractivo.
La primera conversación no va mal del todo. Quidditch, las clases, las cambios que ha habido en Hogwarts desde la guerra…
—En realidad no me parece mal que hayan puesto esa clase. Lo que no me gusta es que sea obligatoria —dices. Malfoy mueve la cabeza afirmativamente mientras sopesa unos guijarros en su mano y lanza uno lo más lejos que puede, hacia el agua.
—Es todo política. Quieren dar la imagen de reforma. De que arreglan todo lo que la guerra ha roto —dice él con una expresión indescifrable. Lanza otra piedra, algo más lejos que la anterior—. Pero no se puede. Podemos intentar evitar que se repita pero no podemos arreglarlo. Vamos a vivir con esas cicatrices para siempre. Da igual lo mucho que hablemos de ello.
Draco mira el agua. Tú lo miras a él. Ya sabías que la guerra le había afectado a él tanto como a todos los demás pero no lo habías comprendido del todo hasta ese momento. No pensaste que pudiese tener una opinión parecida a la tuya habiendo estado en bandos opuestos.
—Estoy de acuerdo —respondes—. No podemos cambiar el pasado, sólo podemos intentar entenderlo y vivir con ello.
— ¿A ti te cuesta? ¿Vivir con ello? —pregunta después de un momento.
—Por supuesto —contestas seriamente—. Muchas noches no puedo dormir pensando en lo que hice, lo que no hice, lo que podría haber hecho mejor. Me pregunto… —y dudas un momento, no has hablado de esto más que con Ron y Hermione. Pero Malfoy parece comprender así que continuas— qué habría pasado si fuese mejor mago. Si hubiese hecho las cosas de otra manera... ¿habría conocido Teddy a sus padres? ¿Habría sobrevivido Fred? ¿Habría vivido Sirius una vida larga? Apenas tuve tiempo para conocerle y fue la única familia que he conocido. Podríamos haber tenido una casa en el campo. Podría hablarme de quienes eran mis padres. Y yo le hablaría de quién soy yo… —Tienes un nudo en la garganta y sabes que has divagado de más. Te sorprende la manera en la que has podido soltarte, con lo difícil que es normalmente arrancarte apenas cuatro palabras sobre el tema. Pero a Malfoy no parece molestarle tu arranque emotivo.
—Yo también lo pienso. Constantemente. ¿Qué habría pasado si hubiese sido mejor, más valiente, más listo…? Si me hubiese dado cuenta de como eran las cosas antes de que fuera tarde… quien sabe. ¿Habría tomado mejores decisiones?
—No tenías mucho donde elegir. —Te sorprendes respondiendo—. Si hubiese estado en tu piel no puedo asegurar que no hubiese hecho lo mismo. Por mis padres, quien sabe lo que habría hecho por ellos.
Malfoy te mira, perplejo durante un momento y parece un poco culpable.
—En realidad… No sé si lo sabes. Dumbledore en la torre... Él me dijo que… Él… —parece que le cuesta mucho decirlo y comprendes la razón así que no le dejas continuar.
—Sí que lo sé —Él niega con la cabeza, pensando que te confundes pero insistes—. Estaba allí. En la torre.
—No estaba seguro. Entonces lo viste —dice resignado, como si confirmase su punto.
—Sí. Pero bajaste tu barita. Fue la decisión correcta. No eres un asesino —dices firmemente.
—Tampoco un héroe —contesta él.
—Ni yo. Pero hacemos lo que podemos con las cartas que nos tocan —Y te parece increíble estar defendiendo a Draco Malfoy ante sí mismo. Pero lo crees de verdad.
Malfoy te mira como si no creyese lo que dices pero asiente con la cabeza de una manera casi solemne. La brisa recorre el borde del lago, agitando las ramas de los árboles.
—Gracias —dice él. Y un escalofrío te recorre todo el cuerpo, uno que nada tiene que ver con el frío.
Niegas con la cabeza y mencionas que ya no queda mucho para la cena, muy ansioso de repente por irte de allí. Desandáis el camino hacia el castillo en silencio. Al llegar os quedáis titubeando un momento en la entrada, sin saber cómo despediros. Él toma la iniciativa.
— ¿Quieres bajar mañana a Hogsmade? —dice sin mirarte. Un ligero rubor cubriendo sus mejillas. La boca se te queda seca, no entiendes muy bien por qué.
—Claro. ¿Nos vemos aquí? —A lo que Malfoy responde con un asentimiento—. Pues hasta mañana entonces.
—Hasta mañana, Harry —se despide él mientras se gira y comienza a alejarse por el pasillo. Te quedas pasmado por la familiaridad en que suena tu nombre en sus labios. Aunque nunca antes te hubiese llamado así. Le sigues con la mirada hasta que tuerce en la esquina, camino a las mazmorras.
—Draco —susurras. E inmediatamente sonríes. Te giras y vas hacia tu sala común. Confuso pero contento.
Durante la mañana sólo te has cruzado con Draco una vez y en vez de evitarle le has saludado con la mano y él te ha devuelto el saludo. Ron se ha sorprendido un poco pero no ha dicho nada, lo que es una suerte porque no sabrías como explicarle que Draco Malfoy empieza a caerte bien. Igual hasta demasiado, dada la noche en vela que has pasado rememorando vuestra conversación.
Intentas relajarte para vuestro encuentro pero aún te sudan las manos al llegar allí. Te sorprende encontrarlo ya esperándote cuando llegas. Y eso que tú has salido temprano. Supone un gran cambio frente al día anterior.
—Hola, Draco —dices intentando con todas tus fuerzas que no suene demasiado significativo, algo natural. Y notando como fracasas de nuevo en el intento—. ¿Bajamos?
—Claro —responde él poniendo la espalda muy recta. Notas como se aclara la garganta y un tenue rubor comienza a cubrir sus mejillas. Y tienes que pasarte el resto del camino hablando sin parar para no pensar en ello. Llega un punto en que ni siquiera tienes muy claro lo que estás diciendo. Draco contesta pacientemente a cada una de tus frases y te vas relajando poco a poco. Descubrir lo agradable que es estar con él te perturba, pero cada vez menos. Para cuando llegáis al centro del pueblo ya estáis charlando de forma animada.
— ¿Te apetece una cerveza de mantequilla? —le ofreces, y Draco acepta enseguida. Os dirigís a las tres escobas y nada más entrar ya notas las primeras miradas inquisitivas. Estás acostumbrado así que no haces mucho caso. Hay bastante gente, sobre todo estudiantes de Hogwarts pero todavía quedan mesas libres al fondo. Te diriges hacia una y le haces una seña a Draco para que te siga. Ves a Madame Rosmerta junto a la barra y aprovechas para pedir las cervezas mientras seguís pasando como mejor podéis entre los grupos de gente de la entrada. Cuando llegáis a la mesa escuchas algunos murmullos, más de lo normal. Y te das cuenta de que no son sólo por ti, son por veros a los dos. Juntos. Draco también ha tenido que darse cuenta pero los ignora deliberadamente y se sienta, como si nada.
Mientras bebéis ambos hacéis un esfuerzo por ignorar las miradas y los cuchicheos pero no es fácil. Notas como poco a poco el ánimo de Draco va decayendo y el tuyo con él. No podéis seguir ahí.
Aún no os habéis acabado vuestras jarras pero tú dejas unas monedas sobre la mesa y te levantas. Draco te mira, extrañado.
—He tenido una idea. ¿Vienes? —él acepta sin preguntar. Está claro que cualquier plan es mejor que quedarse sumergidos en ese ambiente tan opresivo.
Media hora después, estáis sentados en un banco con una enorme bolsa de Honeydukes llena de chocolates entre los dos. Bromeáis y contáis chistes tontos sobre duendes. Tu repertorio es bastante extenso gracias a Ron. De hecho estás pensando en llevarle otra bolsa de chocolate como agradecimiento. Porque hacer reír a Draco está siendo realmente genial.
—Oh Merlín… no puedo comer más. Creo que no había comido tanto chocolate en mi vida.
— ¿No? Pues recuerdo que tu madre te mandaba cajas casi a diario —dices con algo de malicia.
— ¿Y tu cómo sabes eso? —pregunta Draco sonriendo, algo avergonzado—. Lo hacía sobre todo cuando era pequeño. Le preocupaba que me sintiese triste lejos de casa. ¡Pero ni en broma podía comerme todo aquello! Los compartía, ¿sabes?
—Ya me lo imaginaba —dices encogiéndote de hombros—. Si no, a día de hoy deberías pesar por lo menos 200 kilos.
—Exagerado… —murmura él y te tira un bombón a la cabeza. Pero tu lo cazas al vuelo y te lo metes en la boca, sonriendo.
— ¡Vaya! Buenos reflejos de buscador. —Notas calor en tus mejillas y sabes que te estás poniendo colorado. No estás acostumbrado a escuchar elogios de su parte.
—Bueno, la verdad es que estoy bastante desentrenado —suspiras—. Echo de menos volar. Es una pena no poder participar ya en el equipo.
— ¿Quieres que cojamos las escobas para la próxima? —pregunta con ojos brillantes. Parece de lo más ilusionado y se te contagia.
— ¡Claro, sería genial! —respondes.
Draco sonríe abiertamente. Y ahí te das cuenta. Oh, te das cuenta, ya estás perdido. Estás colado por Draco Malfoy.
