Aclaraciones: Los personajes le pertenecen a la gran autora de Koisuru boukun, Hinako Takanaga. los cuales tomo prestados sin fines de lucro.
CAPITULO 1- DECISIONES
Por: Hana Kei
...
Ahora que Kanako entraría a la preparatoria, la casa de Matsuda quedaría sola. Prácticamente todos tenían su vida hecha. Puesto que Souji Tatsumi decidió tomar unas vacaciones, que solo dudarían unas cuantas semanas, la casa de Matsuda se llenaría por última vez. Esto puso muy contenta a Kanako, que sin pensárselo dos veces, corre a su habitación gritando por todos lados. Con el celular en mano, y justo observando los nombres de sus dos hermanos seguidos en la agenda. Ve más prudente llamar primero al hermano sensato y hacer planes para que así, el otro no tuviera más remedio que asistir.
La habitación, que últimamente se estaba llenando de posters de nuevos artistas y los muñecos de felpa iban disminuyendo, le causaba nostalgia. Ella al igual que sus hermanos dejaría su hogar, además de entusiasmarse con la vida que le esperaba le daba temor averiguarlo después de meterse en problemas, pero que más podría hacer, ella había tomado la decisión de alejarse de la sobre protección de su hermano mayor y seguir el ejemplo de Tomoe. Solo esperaba que las cosas no se complicaran en su ausencia.
— ¿Hermano?—se había olvidado de la diferencia de horarios, exaltándose al escuchar una voz ronca contestarle el teléfono, al parecer del otro lado de la línea no habían escuchado nada y volvió a tratar—Buenas tardes...noches, se encuentra Tatsumi.
Paso un silencio corto, alguien tosió al otro lado de la línea. Kanako regreso la vista al teléfono, no se había equivocado, definitivamente había llamado al departamento de Tomoe.
—Kanako discúlpame, soy Kurokawa Mitsugu—de fondo se escucharon las traqueteos de Tomoe, que al parecer tropezó y Kurokawa no sabía que más responder.
A este punto la cara de Kanako estaba algo roja, al parecer no llamo en un buen momento, y estaba claro que su cuñado estaba muy apenado, puesto que era raro que él contestara cortante. Si colgaba se escucharía grosera, y bueno, las cosas ya estaban hechas.
El chico se levantó del suelo, y tomo el teléfono. Kanako rodó en su cama, imaginándose que sería viviendo sola en la ciudad. Se convertiría en una chica independiente, capaz y dejaría de ser solo la niña de los Tatsumi. Pronto estaría en igualdad con sus hermanos, y así, ella también cuidaría de sí misma. En unas semanas estaría sola en su nuevo departamento.
Por alguna razón, la idea le sonaba más emocionante meses atrás.
—Kanako, discúlpame. Últimamente han hecho llamadas extrañas y Kurokawa estaba asustado, aquí en Estados Unidos son las tres de la mañana y nos hemos sorprendido, no es porque no nos agradara que nos llamaras.
Escusas, escusas, acompañadas de nerviosismo y además se escuchaba que Kurokawa le trataba de dar ideas a Tomoe. Kanako rolo los ojos, pensando que un mensaje de "Llámame, celebremos mi ingreso a la preparatoria "hubiera sido mejor idea.
Y ahí tenia al hermano sensato según ella, dando explicaciones que empezaban a carecer de sentido, ya venía siendo hora de darle un cortón. Kanako ya no era una niña pequeña y sabía exactamente lo que estaban haciendo, o al menos se lo imaginaba.
—Cálmate hermano, no hay problema. yo debería ser la que tiene que disculparse por interrumpir su momento juntos— la conversaciones se tornó incómoda para Tomoe, Kanako había pasado mucho tiempo hablando con Isogai que comenzaba a disfrutar, tomarle el pelo de vez en cuando a la gente—¿Ya terminaron? Puedo llamar más tarde si quieren y darles tiempo de retomarlo, si aún tienen ánimo.
—No es lo que piensas Kanako, nosotros estábamos durmiendo— Tomoe suspiro, opto por la seriedad—Te estas montando una película niña grosera, se buena y dile a tu hermano que pasa, soy todo oídos.
Para ellos siempre seria solo una niña, pero no pudo evitar avergonzarse un poco por el tono cansado de su hermano, su comentario lo había hecho sentir mal, y pensándolo mejor estaban en todo su derecho, después de todo eso hacen los mayores con sus parejas.
—Esta mañana llego una carta del instituto al que quería ir, y Matsuda me dijo esta mañana que papa se tomaría unas vacaciones, solo pensaba que podríamos hacer una gran fiesta familiar por ello.
—Muchas felicidades hermanita, si nos es posible llegaremos pasando mañana— Kanako temía tener que decirle que se tomara su tiempo, pero le dejo dos días antes de llegar, más que perfecto para decorar la casa— ¿Ya le avisaste a Souichi?
—No, creí más conveniente avisarte a ti primero, pero no contemple que quiso estuvieran ocupados o dormidos, estaba muy emocionada— fue fácil imaginarse a Kanako haciendo pucheros—Pero nada me sale bien.
—Si sigues pensando eso me pondré muy triste—Tomoe hiso una pausa para susurrarle lo demás— te diré la verdad, la razón por la que tarde en contestar fue porque Kurokawa mojo la cama— la pareja de Tomoe se exalto desde el fondo, apenado y rezongando por lo que dijo el hermano de Kanako quien se empezó a reír a carcajadas—Además, Kurokawa te quiere como su hermana, él está apenado así que yo te lo diré, lo que sucede es que quiere ir a comer en la celebración ¿estaría bien?
—Hermano, tienes que estar bromeando, Kurokawa es de la familia y también Isogai, ambos están invitados. Solo diles que no arrasen con toda la comida.
Se hizo de noche, y Kanako se quedaba sin energías para seguir platicando, así que Tomoe propuso que continuaran la plática cuando llegaran, y a Kanako le pareció perfecto.
Kurokawa le reclamaba a Tomoe el porqué de avergonzarlo, pero no duro mucho sin dejar el juego y volver a dormir, después de la llamada no quedaba tiempo para continuar lo empezado, ya tendrían tiempo después y energías.
El hecho de que Kanako lo llamara primero lo hizo sentir especial, y de alguna manera mal por no haberla recibido de la manera debida. Extrañaba mucho a su familia en Japón pero su felicidad estaba en Estados Unidos, fue una decisión difícil pero las cosas habían salido de maravilla, claro que no se tiene la gloria completa. También lo sentía por Matsuda quien había cuidado de ellos desde pequeños y que de seguro se sentía triste por la partida de Kanako, al igual que los demás por verla crecer.
Su viejo uniforme seguía colgado en la pared, junto con su mochila con los libros aun adentro. El celular se había caído debajo de la cama al quedarse dormida, y su tono de llamada no dejaba de molestarle el sueño quedándose sin más remedio que atender. El cuarto rosado le empalagaba, aun así el rosa seguía siendo su color preferido, algo muy cliché para una estudiante de secundaria.
—Kanako, ¿Cuándo pensabas llamarme, que paso con tus resultados, fuiste aceptada?— ver de vez en cuando el identificador de llamadas no le caería nada mal. Sin contar la hora su hermano mayor era en todo aspecto eufórico.
—Me aceptaron. Justo iba a llamarte pero me quede dormida hablando con Tomoe— se hizo el silencio, Souichi estaba muy preocupado por ella a pesar de haberse opuesto al principio, aun así el seguía siendo el primero en estar en contra de que se fuera a estudiar fuera de casa— Papá vendrá mañana y Tomoe, Kurokawa e Isogai llegaran pasando mañana.
—Entiendo que el desgraciado de Kurokawa es el chicle de Tomoe, pero Isogai, ese tipo no tiene nada que ver con nosotros.
—Hermano, no seas grosero. Isogai es amigo de la familia como lo es Morinaga—estaba a punto de rezongar si no fuera porque Kanako le callo la boca, estaba seguro de que Morinaga insistiría en ir, después de todo él y Kanako tenían una muy buena relación. Su hermana espero unos segundos en silencio mientras se imaginaba a su hermano haciendo rabietas—pero ustedes tienen que venir mañana temprano para comprar los ingredientes y arreglar la casa.
—Como sea, enhorabuena por tus resultados, tu sueño rebelde de ser independiente se está cumpliendo—no podía esperar más de su limitado humor, que no amenazara con matar a su cuñado ya era ganancia—llegaremos a primera hora, saluda a Matsuda de mi parte.
El celular de Souichi marco batería baja y se colgó justo a media palabra de Kanako, quien enseguida le mando un mensaje a Morinaga con un emonoticon enojado.
Morinaga no había llegado al departamento donde vivían él y Souichi juntos por lo que le sorprendió el mensaje de Kanako, que a respuesta le dijo que si no iban temprano los iría a buscar por las orejas, con esto enseguida lo tomó como otro reclamo hacia su hermano Souichi.
Aunque la sede de la farmacia en Nagoya estaba considerablemente cerca del departamento tenía que tomar el metro y llegaba cuarenta minutos después de abordarlo, más la caminata. Ese día no tendría que pasar a la universidad por Souichi y se dirigió a comprar la cena junto con algunos víveres para que Souichi sobreviviera en la semana.
No quedaba rastro de un día soleado en la ciudad, parecía que el bochorno traería una tormenta al caer la madrugada, y si no se apresuraba le tocarían los inicios de ella. Morinaga algo ansioso al ver que Souichi no le contestaba el celular, corrió con el maletín en mano junto con las bolsas de compras, algunas personas se reían al ver a un joven trajeado corriendo como si fuera en un maratón, con las bolsas meciéndose a los lados y los brazos extendidos como si quisiera volar con gran esmero y al final no lo conseguía. Al dar la vuelta las bolsas salieron volando y el contenido rodo por la calle, Morinaga maldijo por lo bajo y escucho que la persona le gritaba un centenar de maldiciones después de maldecir a toda su familia, esos eran unos insultos muy familiares. El paquete de onigiris callo en la otra persona, al levantar la vista y ver de quien se trataba una bola de arroz se estampo en su cara, Souichi estaba furioso y por lo visto no sabía que se trataba de Morinaga puesto que sus lentes también habían salido volando.
—Pedazo de imbécil, ¿qué tienes en el cerebro?—Morinaga reacciono al instante y busco los lentes de Souichi, por desgracia estaban rotos— ¿Me estas ignorando, que no tienes ojos? si no los usas dámelos, que yo necesito unos nuevos pedazo de inútil.
—Tranquilo Souichi, toma tus lentes—dicho esto no espero a que el los tomara, en vez de eso se los coloco y lo ayudo a levantarse, recibiendo un puñetazo como agradecimiento—Eres tu maldito Morinaga, vas corriendo sin cuidado de atropellar a una persona y cuando te tropiezas con alguien te quedas callado como un cobarde—espera una respuesta pero antes de que Morinaga piense en algo, Souichi lo interrumpio— sabias que era yo y te quedaste haciéndote el idiota mientras te gritaba como loco en medio de la calle.
El golpe casi derriba a Morinaga, que si no fuera porque se sentía culpable por los lentes, pararía de Souichi por el recibimiento. Enseguida el coraje se esfumo, no podía dejar al chico en ese estado, por culpa suya ahora Souichi tenía arroz en el cabello y salsa en la playera.
Morinaga se llevó las manos a la cabeza, pidiéndole disculpas a Souichi que se había adelantado a recoger los víveres que estaban en el interior de la bolsa, dándose cuenta de que ya tenían publico preocupado por Morinaga, lo primero que pensó fue en darle una mirada salvaje al chico, siempre que el reaccionaba mal los demás lo veían como un histérico y Morinaga no se cansaba de hacerse la víctima. Que aunque realmente lo era, Souichi no estaba dispuesto a aceptarlo.
Puesto que ya era tarde y con los humores de ambos—uno molesto por sus anteojos y cabreado por estar sucio y el otro agotado por el trabajo además de arrepentido—no podían quedarse más tiempo en ese lugar. Tenía una semana de que no tenía intimidad con Souichi y viendo que este se enojaba fácilmente, tenía que buscar rápido una excusa convincente acompañado por una disculpa, el problema era que no sabía sobre que disculparse
Regresaban juntos al departamento, Morinaga no dijo ni una palabra y Souichi tenía el entrecejo fruncido y perdido en su mundo. Pero entonces, ¿eso significaba que estaba enojado?
Uno de ellos tenía que hacer algo y rápido. Como si fuera planeado Morinaga tenía la mano derecha libre y Souichi la izquierda. Un pequeño conflicto broto en su mente, arriesgarse o no arriesgarse. Voltio hacia los lados en busca de algún alma perdida, para su suerte no había nadie y eso hacia aún más tentadora la idea.
Faltaban unos centímetros, su dedo meñique temblaba ante la idea pero la decisión estaba tomada, observo la cara de Souichi por última vez, estaba sereno con la vista al frente, todo o nada, han llegado más lejos que una simple caminata tomados de las manos, eso tenía que ser pan comido, si tan solo no tuviera el carácter de un demonio.
Fue a por todo y le tomo la mano, Souichi giro al instante sorprendido, las ideas se serraron en el cerebro de Morinaga, sentía caer el sudor frío por la frente, sintió como un aura maligna lo llamaba a su lado, como piedra volteo con una sonrisa forzada.
—Morinaga ¿Podrías decirme porqué tu asquerosa mano sudada, está tomando la mía?— Morinaga se exalto, pero no pensaba soltarle la mano ya que la había logrado tomarla, esa era la oportunidad de verse como verdaderos amantes—deja las cursilerías en público.
—Son cursilerías que hacen las parejas, vamos no seas tan frío, tenemos una semana de solo vernos casualmente en la mañana.
— ¡Nosotros no somos una maldita pareja, así que suéltame!—Morinaga sabía que se estaba metiendo en problemas, y a esas alturas ya estaba enterado de que el chico era impredecible. Pero vamos que más podía perder ya había logrado que vivieran juntos.
—Sabes, esto es solo caminar juntos tomados de la mano, además no hay nadie que nos vea. Seamos lo que seamos no es como si te estuviera pidiendo que me dijeras que me amas.
—En mi vida diría una mierda como esa—Souichi lucho para liberarse, hasta que sintió que el agarre se hacía más débil. Con rabia amenazo a Morinaga que tenía la cara cabizbaja con el mismo rostro que no le gustaba ver—juegas sucio.
Souichi se dio por vencido y dejo caer el brazo en la misma posición en la que estaban antes de protestar y siguió caminando, Morinaga lo vio con los ojos como platos y le sonrió a lo que Souichi solo frunció el entrecejo. Por suerte para ambos no había nadie en las calles, la conversación se cortó en todo el camino, sin contar las constantes miradas que se daban el uno al otro. Souichi se sonrojo al momento en que Morinaga cambiar la manera de entrelazar los dedos, contestando con un ligero reflejo de protestar pero deteniéndose al ver la cara de satisfacción de Morinaga. Pensó que solo tenía que soportarlo hasta llegar al departamento.
Llego la hora, y estaban parado frente a la puerta. Al parecer Morinaga había perdido el juicio y su mente había viajado a un universo estrafalario. Souichi ardió en rabia y le propicio una patada en los bajos, Morinaga entro en si al sentir el creciente dolor en su entrepierna y tirarse al suelo, frente al apartamento, entre lágrimas vio la cara del responsable, que le voltio la cara y empezó a hurgar en su bolsillo.
— ¿Qué haces?— dijo Morinaga sentado en el suelo, con la mano protegiendo su miembro viendo con terror a Souichi, que al parecer aun no encontraba lo que buscaba—si gustas, yo puedo sobarte el trasero con más ganas, Souichi.
Morinaga solo le echo más sal a la herida y la remato con limón, Souichi encontró las llaves de su bolsillo y se las estrello en la cara a Morinaga. Con sus llaves en el suelo, ya no tenía como abrir, a menos de que se agachara que no pensaba hacer, algo como recoger algo que el boto no estaba en los planes de la noche y pedirle a Morinaga que abriera, menos.
—Buscaba las llaves imbécil, para ti todo es sexo maldito gordo lujurioso—Morinaga se sobo la cara, soltando una pequeña risita como disculpa. Enseguida se puso de pie, observando a Souichi, ahora no sabía si pasar a su lado y correr el riesgo de ser pateado otra vez o esperar, por suerte o desgracia, Souichi todavía tenía cosas que decirle— ¿Y desde cuándo tomaste tanta confianza? Entérate que me desagrada.
—No lo había pensado, pero supongo que cuando me preguntan sobre ti, no puedo decirles que eres mi superior si no lo eres, así que opte por decir solo Souichi—Morinaga al ver que se quedó quieto fuera del departamento cuando el mismo ya había entrado, temo haber utilizado las palabras incorrectas— ¿Te molesta, es mejor que te llame Sempai?
—No. no me molesta—le dio una expresión seria, pero Morinaga seguía con ojos de borrego—la verdad no veo porque no debas llamarme por mi nombre, si ya no somos Sempai y Kohai, solo no te sientas si no te llamo Tetsuhiro—con cara serena tomó las bolsas y se dirigió a la cocina, pensaba en algo que debía decirle a Morinaga pero la información se negaba a ser recordada—tu especialidad es armarte películas en tu gran cabezota.
— ¿Pero, por qué no?—Morinaga se acercó por detrás de él, con un tono meloso en la voz llegando a susurrarle la respuesta—acabas de decirlo y se escuchó tan lindo.
— ¡Basta, sabes que no me gusta que me hables así!—las manos de Morinaga se posaron en la cintura de Souichi apretándolo a él, siguiendo con la cercanía, su lengua recorrió su lóbulo derecho, con la intención de marearlo, sabía de antemano que ese era uno de sus puntos sensibles—Mori…Morinaga estamos en la cocina.
Ignorando las palabras de Souichi, continuo el recorrido de su lengua por el cuello, dejándole marquitas rojas en la clavícula. Souichi sentía la cabeza de Morinaga muy cerca como para escuchar su entrecortada respiración lo que le causaba una extraña sensación de placer e inconscientemente jadeando por la reacción que el causaba en su cuerpo. El recorrido de la lengua de Morinaga continúo por su hombro, desabrochándole la camiseta con una mano y la otra dirigiéndola hacia el miembro de Souichi.
La mezclilla le hacía sentí el bulto de Morinaga más duro causándole ansias, deseos de deshacerse de la ropa, aquellos pensamientos que se infiltraban en su subconsciente lo hacían caer en la locura de negarse a ser complacido. Su manos como si se movieran a su voluntad, sostuvieron la cadera de Morinaga, que tomo con la palma el bulto que se formaba debajo del cierre de Souichi, la presión del pantalón lo hizo estremecerse, arqueando la espalda hacia adelante, dejando que la erección de Morinaga diera un golpe en su trasero, sintió como la ropa le quemaba, necesitaba deshacerse de todo lo que le impedía saciarse y perderse en las manos de Morinaga como siempre lo hacía. La constante vos de la razón le llamaba, sabía que estaba mal dejarlo hacer lo que quisiera, después de todo estaban en la cocina, ¿pero además de eso, que otra razón tendría para negarse? En el tiempo que Morinaga viajaba constantemente se sentía solo, necesitaba su calor aunqué no lo admitiera y ahora que su traslado había sido efectivo, tendría de nuevo unas semanas ocupadas pero esta vez duraría menos la espera para tener su compañía.
—Estas muy sucio, Souichi— no pudo rechistar, en vez de eso, soltó un gemido ahogado, Morinaga tenía sus pezones entre los dedos, estirándolos para después soltarlos con lentitud, Souichi estaba perdiendo la capacidad de estar en pie—te ensuciaste la camiseta con la salsa de soja— al ver sus ojos negros se sobresaltó obligando a Morinaga a darle otro empujón contra la barra, después de decir eso, tenía ese brillo característico en los ojos, Souichi captaba el doble sentido en sus palabras. Con lo que pudo acercó la mano a su erección, en donde Morinaga seguía haciendo presión sin liberar su miembro, por un momento la mantuvo la mano sobre la de Morinaga, para después quitarla del camino y con torpeza, bajar el cierre de sus vaqueros.
A oídos de Souichi parecía como si el mundo entero se hiciera más claro, y de entre los ruidos de las personas viviendo sus vidas fuera del departamento, sobresalieran sus gemidos junto con la respiración entrecortada de Morinaga, que como la mayoría de las veces le susurraba frases con la única intención de hacerlo enojar. Morinaga sintió un gran alivio al ver que Souichi comenzaba a ceder, tomando su acción como una invitación a masturbarlo.
Si tan sólo lo dijera con palabras, Morinaga fuera inmensamente feliz, pero ya había desistido en presionarlo para que se diera cuenta de sus acciones, llegando a la conclusión de qué, de alguna manera, el mismo Souichi se daría cuenta de sus preferencias y sentimientos con el tiempo, y puesto que ahora eso era de lo que menos tenían que preocuparse dejaría que los días trascurrieran a su antojo. Después de todo lo que habían pasado ya estaban juntos, y a partir del momento en que Souichi le pidió a Morinaga que se quedara junto a él, este se prometió que lucharía contra todo para mantener su palabra.
— ¡Déjame Morinaga! Hablo en serio— dijo Souichi entre gemidos, a lo que Morinaga tomó como una de sus amenazas vacías antes de perderse en el placer, no faltaba poco para que el rubio pidiera que cambiaran de lugar, no es como si Morinaga tuviera planeado hacerlo en la cocina ni mucho menos de pie, que aunque para él no era un problema para Souichi seguro si lo seria, y se quejaría después del sexo justo como lo hacía en ese momento, hasta que entre sus reclamos sonó algo coherente—¡Te dije que no quería! Piensa en qué lugar estamos, acabamos de llegar de la calle y estamos sucios, ten algo de conciencia— al parecer no tenía atrapado por completo a Souichi, que cuando este parecía estar a centímetros de caer de bruces al suelo, se levantó de una estacada, dándole un cabezazo en la cara, dejando a Morinaga algo mareado y desconcertado por el golpe, abriendo los ojos como platos al chico frente a el— ¡tu cabeza está llena de sexo, ya no eres un adolescente, viene siendo hora de que aprendas a controlarte, Morinaga!
— Pero tú también te estabas dejando llevar. Yo simplemente te seguí el juego Souichi, ¡no lo niegues ahora!— Morinaga que seguía con una mano en la nariz, miraba divertido a Souichi que se había puesto rojo hasta las orejas y buscaba una excusa entre las paredes de la casa—sabes qué, mejor ni me molesto, adelante dame una excusa.
—Te estas riendo de mi Morinaga, eres un maldito imbécil, en vez de disfrutar tener todas las de ganar, piensa en tu enferma hambre de sexo, pervertido. Apuesto lo que quieras, a que ni siquiera te dignaste a cerrar la puerta del departamento por venir a fregarme el día—Souichi miraba amenazadoramente a Morinaga, dio un paso hacia atrás para sostenerse de la barra y se cruzó de brazos esperando a que el chico regresara a la entrada a comprobar lo que había dicho, pero este solo se quedó parado con la única acción de rascarse la cabeza y voltear a todos lados— ¿Qué esperas?... ¡Ve a cerrar la maldita puerta, que alguien puede entrar!
Morinaga, pareció encontrarle sentido a todo y dio media vuelta hasta llegar a la entrada y asegurarla con llave, voltio para asegurarse de que Souichi estuviera satisfecho y esperando que no pusiera resistencia a continuar.
— ¿Todo este rollo de la puerta era solo para evitar que alguien entrara y nos viera, no?— pregunto con inseguridad pero al contrario que temeroso se notaba algo de indignación en su voz.
— Claro que lo era.
— ¿Y qué problema hay en que nos vean?
— ¡Todavía tienes el descaro de preguntar qué cual es el maldito problema! ¿Te parece sano que un desconocido presencie nuestra intimidad? debes estar de broma o enfermo — esperó una respuesta, que no llego, Morinaga parecía estar meditando lo que le dijo, a lo que nada más hizo un puchero como si todo lo que Souichi le reprocho fueran un siempre capricho— maldición, me das asco Morinaga ¡Ve a una clínica psiquiátrica y púdrete ahí!
—Souichi no digas eso. Lo entiendo me pase, perdóname. Sabes que yo te amo sobre todo y si quiero estar contigo tan desesperadamente es porque te extraño. Deseo tocar tu cuerpo y demostrarte mi amor— Souichi rolo los ojos, pensando que ahí iba otra vez el mismo discurso cursi sobre los sentimientos tan profundos que Morinaga tiene por el— no hemos tenido tiempo para los dos, ni siquiera para contarnos lo que nos sucede en el trabajo.
Souichi lo miro de reojo mientras dejaba la camiseta que recién había recogido del suelo en la cesta de ropa sucia, Morinaga tenía razón, hacia un tiempo que ambos no conversaban sobre sus problemas, y sí que necesitaba a alguien que lo escuchara. Al principio le parecía molesto que Morinaga lo abortara con preguntas sobre su día, pero después se fue acostumbrando hasta llegar el día en que el mismo necesitaba desahogarse y quejarse de la infinita incompetencia de los estudiantes de la universidad aunque no entendía como es que Morinaga disfrutaba escuchar eso, y para colmo mientras cenaban. Pronto tendría que tomarse el día libre para asistir a la despedida de Kanako, la mente se le ilumino. Él se tomaría el día, pero Morinaga también estaba invitado, eso era lo que tenía que comentarle, el hecho de pedirle que se tomara el día para los preparativos. Se emocionó un poco ante la idea, un leve sentimiento que se extinguió al notar a Morinaga rondándolo con ojos ansiosos, como un polluelo hambriento, Souichi no pensó dos veces en darle un puntapié.
—Creí haber visto una cucaracha— fue lo que llego como respuesta antes de que Moringa se quejara por ello, Souichi dio media vuelta hacia el frigorífico, que estaba casi vacío a excepción de un cartón de leche acompañado de tres cervezas— por cierto, gracias a tu impertinencia casi me olvido de decirte que mañana pidas el día libre—divaga por unos segundos, debía plantearle la invitación, si es que se podía llamar así, de otra manera—bueno, que trates después de todo trabajo es trabajo.
—Claro, no hay problema Souichi, por ti lo que sea, y se puede saber a qué se debe—Morinaga se acercó a él por la espalda de nuevo, sin llegar a tener éxito, además de quedarse inmóvil con las manos al frente, Souichi lo encaro con un sartén en la mano, en señal de que si se movía este se ensartaría en la cabeza de Morinaga—yo…bueno no es que planeara hacerte algo, solo…— paso un brazo a su lado sin que Souichi le despegara la mirada, tomando un durazno y alzarlo en alto para que Souichi bajara el sartén—lo ves, solo tenía hambre, y la temporada de duraznos está en pleno apogeo, apuesto a que están deliciosos, deberías comerte uno antes de acostarnos.
— Conque acostarnos, eh—no funciono, el paso que había retrocedido Souichi lo acorto, pero no era una buena situación, en ningún sentido—me parece que escuche mal.
—Sí, sin duda. Fue mi error, escogí mal las palabras, era dormir, descansar.
—Cuidado con tus indirectas Morinaga, este día ha sido agotador desde la mañana; primero los inconscientes de la universidad explotando al nuevo personal—«que me incluye»—, luego Kanako con su grandiosa idea de invitar a gente indeseable a la casa de Matsuda y terminas tú poniéndome los nervios de punta.
Una vez que Souichi hubo terminado de ordenar los víveres de la semana, tomó una cerveza y le cedió la cocina a Morinaga, cambiando de papeles y sentándose en la sala, no se había percatado de que no llevaba camisa y Morinaga no estaba interesado en decirle, aunque con las sonrisitas que daba por lo bajo Souichi se desconcertaba y empezó a pensar que algo andaba mal, o al menos que algo se traía entre manos.
—No intento decirte nada que no haya dicho antes, no me malinterpretes— bajo la voz, por lo que Souichi no pudo escucharlo, aunque su intención era que preguntara un "que dijiste" las cosas no salieron como quiso, resignándose a hacer lo que sería la cena— Souichi, me hablabas… sobre el día libre. Ya sabes, los planes.
La mesita de centro estaba ocupada por el periódico de la mañana, usualmente Morinaga es el que se va primero y lo deja en el mueble o en ocasiones lo habiente a donde mejor caiga y esta vez tuvo suerte de aterrizar sobre ella, Souichi tenía el centro de la televisión en las manos, dudando en si encenderlo o esperar pacientemente a que Morinaga terminara con la cena, pero al ver el periódico no dudo en dejar el control remoto a un lado y ver las noticias de Nagoya, de reojo veía a Morinaga, cortando alguna verdura, el como la playera se le ajustaba al cuerpo, pensando en que le había crecido la espalda en estos últimos meses, sin pensarlo estaba ojeando el crecimiento corporal de Morinaga en vez del periódico, la voz de Morinaga lo saco del trance, arrepintiéndose, pues al parecer el chico se había percatado de su insistente mirada, como rallo desvió la vista hacia el par de ojos. Morinaga dejo los trozos de zanahoria y papa sobre la sartén, dirigiéndose hacia la sala, se recargo con las palmas en el respaldo del mueble, dejando caer su peso sobre los codos.
—El periódico esta al revés—mofó Morinaga con picardía, algo orgulloso en el interior sin alguna razón real de porque estarlo, solo qué se imaginaba que Souichi por qué no era igual desde hace un tiempo, lo notaba más nervioso cuando estaban juntos, haciendo que este inconscientemente quisiera recalcarle cada uno de sus errores, como un juego entre amantes, sacando de quicio a Souichi al instante—me estabas diciendo algo, pero la pregunta sería ¿Por qué estás tan nervioso amor?
— ¿Eh?— el rubor de su cara se intensifico, haciendo reír a Morinaga, que le planto un pequeño beso en la frente, apartándose al instante antes de recibir un golpe de un Souichi endemoniado— ¿Quién fregados es tu "amor"? primero me tiro de un puente— Morinaga se llevó las manos a los ojos, con una extraña sensación entre miedo y risa— ¡se hombre Morinaga, no corras con el rabo entre las patas!
— ¡Que malo eres Souichi!— este solo frunció el entrecejo, dejo del periódico en donde lo había tomado y se cruzó de brazos— mientras hacemos el amor no te avergüenzas de que te llame así.
Se hizo el silencio, sus brazos perdieron fuerza cayendo a sus costados, Morinaga dudaba en darle la espalda a Souichi, si veía la oportunidad sin duda lo atacaría. Pero si dejaba las verduras al fuego se enojaría aún más por echar a perder la cena.
—esas…— susurro casi inaudible por lo bajo, aun así llamo la atención de Morinaga—…esas son cosas distintas.
Se veía tan vulnerable, que si no fuera por estarce muriendo de hambre y sin duda porque sabía que Souichi se negaría, lo tomaría en la sala. De algo si estaba seguro, en sus adentros se juró, que pasara lo que pasara, esa noche harían el amor por horas. Fantaseando, se volteó hacia las verduras casi chamuscadas en el sartén.
Pasados unos minutos, y después de haberse rendido a solo preparar una tortilla de arroz para cada uno, se dispusieron a solo conversar del largo día que ambos habían tenido, al parecer a Morinaga le estaba yendo bien en el trabajo, después de haber pasado seis meses de haber sido trasferido, por fin podría decirse que ya estaba bien familiarizado con las instalaciones y con el personal.
Fue un gran reto hacer méritos para que la solicitud fuera aceptada en tan poco tiempo, aun así, logro conocer muchas personas que le dejaron huella en Hamamatsu, que la verdad, en otra ocasión tendría que encontrárselos de nuevo, por ahora tenía que estar al cien con su nuevo trabajo, que debido a que la farmacéutica es nueva hay más trabajo de lo habitual y menos personal, se estaba pensando en cómo le haría para pedir el día libre, así sacrificara un fin de semana, tendría que buscar una manera.
—Si, fue una gran sorpresa encontrarme con Yamaguchi en mi área de trabajo, digamos que su ambiente es muy diferente al mío— hizo una pausa, al ver que Souichi no le prestaba atención en lo más mínimo, perdido en la profundidad de la cena— ¿te pasa algo? me la he pasado parloteando de mi día inconscientemente, llegando a ser molesto, discúlpame— resoplo decaído, los ojos miel que le observaban a pesar de estar cubiertos por un par de gafas ovaladas y mechones de cabello, se quedaron fijos en el por un momento Morinaga bajo el tenido a la mesa, acercándose un poco, como un gato asustado, Souichi siguió embobado en la nada—quizá tienes algo que quieras compartirme y yo con mi parloteo no te he dejado hacerlo.
Se incorporó de nuevo, viendo y no viendo a Morinaga frente a él, perdido en sus ojos negros, pasando delicadamente de sus pestañas a sus labios, vio como estos se movían y sin prestarle atención le volteo la cara al instante, Morinaga tomo las manos de Souichi entre las de él, elevándolas a la altura de sus labios, ahí permaneció unos segundos, quedando tan cerca el uno del otro como para dar lugar a un beso inesperado, en vez de eso, Morinaga beso las manos de Souichi. En ese instante, se notaba tan distante, si en ocasiones solía ser grosero, era otra cosa, pero siempre lo escuchaba, definitivamente algo debía estarle pasando, y él tenía el deber de demostrarle que tenía todo su apoyo.
—Te lo preguntare de nuevo am…—Morinaga se sonrió para sí mismo, desecho la idea de llamarlo así, ese no era el momento adecuado. Según las circunstancias lo serian, pero en su relación con Souichi las cosas nunca seguían a la lógica—Souichi, ¿te encuentras bien, ha pasado algo?
—No es nada, solo estoy preocupado.
— ¿Y qué es lo que te tiene preocupado?
Busco rastro de lujuria o cualquier brillo inmoral en los ojos de Morinaga antes de continuar. Al parecer el chico estaba siendo sincero.
—Morinaga yo…—sus mejillas enrojecieron, Morinaga seguía tomando sus manos, la idea de pararse de la mesa en ese instante y dejarlo con su interrogatorio a medias, estaba como una gran estaba en su pensamiento, pero no es como si quisiera irse, en ese momento realmente quería compartir sus preocupaciones con Morinaga, aunque estuvieran algo de lugar —más bien es algo personal, demasiado estúpido como para compartirlo.
—Que pasa…—el titubeo de su voz preocupo a Souichi, dándole el empujón para hablar, antes de que Morinaga se hiciera ideas erróneas en su cabeza, pero el cerebro del chico estaba programado para interpretar cualquier señal por mínima que esta fuese como una muestra de sus sentimientos—«oh demonios, esto suena como una declaración de amor, una de las torpes y melosas»— Souichi parecía pensárselo mucho, sin saber que el tiempo se le agotaba—será que solo quieres disculparte por lo de hace un rato y ahora solo quieres que continúe.
— ¡Qué asco, por supuesto que no!— la idea que pudo haber quedado en segundo plano, termino por hacer que Souichi vaciara su jugo de manzana en la mesa— ¡Carajo, me estoy volviendo anciano, y ahora por tu culpa, también torpe!
Morinaga pensó que la mirada de Souichi valía oro. El tirano indomable preocupándose por la edad, sí que era un día loco.
—De que hablas Souichi, vamos apenas tienes veintisiete, a mi parecer es una edad perfecta— se sujetó la cien, dejando el brazo sobre su estómago, al parecer Moringa no se tomaba nada en serio, y eso le colmaba la paciencia a Souichi—bueno, en realidad, todo tú eres perfecto.
—Por dios Moringa, dejar de decir cosas vergonzosas cada cinco minutos.
—Pero no dije nada del otro mundo, me fascinas en toda regla. Y que te preocupes por tu edad es nuevo, realmente no lo entiendo.
—no lo entiendes por qué sacas tus propias conclusiones, s-i-e-m-p-r-e—la cena estaba arruinada, con una porción extra de jugo en la tortilla de Morinaga y con la mitad de la de Souichi en el suelo, esta vez reconoció que se había pasado con el impulso, cuantas veces no le había hecho lo mismo Morinaga en el último año, como para que se sorprendiera por algo tan simple— no sé, ni por qué me molesto—el ambiente se prestaba para escuchar las molestas voces de fondo del televisor, el plan de seducir a Souichi se había ido al carajo—eres como un perro, te pones insoportable cuando estas en celo—con eso Morinaga se dio oficialmente por vencido.
Se miraron ambos a los ojos, buscando la respuesta en el semblante del otro. Algo debía darle la solución. Esa chispa en nos ojos de Morinaga que siempre lo enloquecía, haciéndolo cambiar de opinión en segundos. Souichi se quedó parado a centímetros de él, recargado en el respaldo de la silla, tentado a sentarse viendo como con decepción Morinaga se dirigía a recoger las sobras de comida. Sería un desperdicio hacer todo de nuevo y por supuesto no lo harían, ahora Morinaga ni Souichi tenían hambre.
—Como te decía antes de que empezaras a molestarme…— la mirada de Morinaga pesaba a su espalda, una risita irónica se le vino al rostro, ¿desde cuándo ese chico se había vuelto tan arrogante?, tenía que aceptar que él también estaba más irritable a sus insinuaciones, pero no se sentía cómodo con sentir como su cuerpo le exigía estar con Moringa a respuesta de toda insinuación, su vida se estaba volviendo un mal chiste—deja de comerme con la mirada Morinaga, no vas a conseguir nada viéndome como un maldito perro moribundo—se arrepintió apenas terminar la frase, lo estaba haciendo de nuevo, hablar de mas— termina de recoger la cena que arruine, para que vayamos a dormir, todo esto hace que quiera reventarme la cabeza, recuerda que Kanako nos quiere temprano el jueves en la casa de Matsuda, y no hemos pedido los días libres.
Morinaga dejó caer el rollo de servilletas en la basura, cayendo en pánico, se había ido un paquete nuevo sobre un montón de carne cruda. Souichi seguía hablando de cosas sin sentido, repaso su memoria. Topándose con que solo sabía que tenía que tomarse dos días libres, esperaba que fuera para algo más íntimo, aunque pasar tiempo con la familia de Souichi era muy agradable, siempre que no se pasara por su cabeza la idea de compararla con la suya.
— ¿De qué hablas Souichi, que hay con Kanako y la casa de la señora Matsuda?
— ¿De qué estoy hablando?—busco respuesta a su pregunta retórica, sin conseguir nada continuo con los ojos en blanco—de la despedida de Kanako por entrar a la preparatoria, esa chiquilla logro hacerse independiente—la irritación en la cara de Souichi ya era costumbre, pero Morinaga podía ver más emociones acumuladas en él, no por nada había estado con el tanto tiempo, Souichi no tardo en darse cuenta de que Morinaga estaba algo confundido, ese era el estallido para su cerebro, madamas eso le faltaba— Maldita sea, no te lo había dicho ¿cierto?
Morinaga rolo los ojos nervioso.
—Te atreves a mentirme y duermes en el parque.
—Souichi, tranquilo. Simplemente es agotamiento, te esfuerzas demasiado.
—me estoy volviendo senil, y todo por tu culpa— apretó los puños con tanta fuerza que se le pusieron blancos los dedos, el chico que tenía en frente siempre se hacia el desentendido, justo como en ese momento poniendo los ojos como platos fingiendo no ser consciente de sus acciones mientras él tenía que liderar con lo que se había convertido su cuerpo a lo largo de tres infernales años— limpia bien la cocina si no quieres dormir con los insectos entrando y saliendo de tu boca— las ganas de sentarse se volvieron más una necesidad, y cargar con los ojos de Morinaga encima se hacía un martirio, más sucio no podía volverse—pides los malditos dos días y punto.
La respuesta venia en camino, pero antes tenía que ver como Souichi hervía en su interior mientras salía del comedor hecho una fiera. Morinaga vio como cerraba de un portazo la puerta de su habitación, por lo menos Souichi aún estaba de humor para dormir en la misma cama con él, en ese momento, el corazón le dio un hueco cuando Souichi habría de nuevo la puerta, sus ojos se cruzaron, con Morinaga en la misma posición, a un lado del bote de basura, observando como el royo de servilletas fue consumido por el aceite de la carne, y Souichi con su pijama en la mano derecha, y unos lentes rotos en la otra. No fue agradable que solo le dedicara una feroz mirada con un muérete como frase de buenas noches. No todo estaba perdido Souichi se dirigió al baño, Morinaga espero que la puerta se cayera por cerrarla con tanta fuerza, pero solo se escuchó el ruido de la regadera, y para acabarla Souichi no le había puesto seguro, entonces la respuesta que estaba en camino, se movió en sus labios, Souichi había estado nervioso desde que lo había tocado, y como hombre también tenía necesidades. Ya había usado la excusa de bañarse para enfriarse un poco, Souichi tendría que empezar a no ser tan terco consigo mismo.
Su reflejo seguía siendo igual a cuando tenía veinticinco, con los mismos ojos miel y dos bolsas negras como ojeras que solo se cubrían con sus anteojos, aunque ahora desde hace seis meses ahora eso era lo de menos, la imagen no le servía en nada al momento de trabajar, y ahora que tenía que impartir clases en la universidad, era inevitable que las ojeras no le salieran. Se trajo lo necesario para poder quedarse un rato a meditar, lo único malo fue tener que entrar al cuarto de Morinaga por su pijama, ¿en qué momento fue tan imbécil como para guardar su ropa en la habitación de él? Pero no tuvo que pensárselo mucho, simplemente era una pérdida de tiempo entrar a su propia habitación cuando dormía en la de Morinaga. En su mente trataba de conversarse de que empezaron a dormir juntos para ahorrar energía en un solo aire acondicionado, pero en algún momento esa escusa se hizo agradable y pasó de ser solo eso a una costumbre, una que ambos disfrutaban.
«—no puedo seguir con esto, no puedo estar tan loco como para dejarme caer a cualquier provocación.» las cosas estaban cambiando y Souichi no quería tener que aceptarlo por completo, si seguía mintiéndose a sí mismo, llegaría el momento en que explotaría y como de costumbre para cubrirse hablaría de más lastimando a Morinaga. A si se repitiera todas las mañanas que solo se dejaba llevar por el deseo carnal, sabía que había algo más, la misma razón por la que le había pedido a Morinaga quedarse con él, pero al decir aquello, ¿a qué se refería o por cuánto tiempo? Él estaba consciente de que era una decisión difícil y de compromiso, aunque en ese momento las cosas solo se dieron de esa manera. Algún día Morinaga se iba a cansar de la palabra "Amigo" para definirlo, ¿y qué haría? ¿Tragarse su veneno frente a su familia y anunciar que estaban juntos?, cosa que ya deberían estar sospechando. Han pasado tres años viviendo juntos, pero a diferencia de aquel tiempo, ya no comparten algo en común.
El agua seguía corriendo por la coladera, tendría así unos treinta minutos. Eso se sumaba como un punto más a que dormir juntos para economizar, solo es una excusa. Souichi se lavó la cara con agua fría, dejando sus palmas sobre sus ojos por más tiempo que en el resto de su cara. Abrió espacio entre los dedos, hasta toparse con sus ojos en el reflejo, su semblante cansado lo hizo escuchar el agua desperdiciándose, y ver como el vapor terminaba de cubrir el espejo.
«— ¿Por qué pienso tanto las cosas? Esté no soy yo» se dijo a sí mismo en su mente, resonando cada palabra en él.
— ¿Souichi, necesitas algo, estas bien?— voltio frenético a la puerta, encontrándola cerrada, solo quería tomar un baño y regresar a su vida cotidiana—Souichi— volvió a llamarlo y como si gritara su nombre, regreso de sus pensamientos, se sentía aliviado de estar allí, en ese departamento y con Morinaga acosándolo a cada momento, no quería pensarse tanto las cosas y tomar la decisión equivocada, ahora mismo solo debía seguir la rutina, el dian en que se presentara algo pensaría como solucionarlo, mientras tanto se daría el lujo de seguir como hasta ahora, fingiendo que no le importa la relación que lleva con Moringa, aunque en realidad se pase pensando en que pasara el día en que le pregunten, que significaba lo que le pidió a Morinaga ese día, y qué relación tiene con él.
Morinaga llamó a la puerta con dos golpes continuos. Souichi pensó que la puerta debía estar cerrada, porque de lo contrario seguro a ese punto ya habría entrado. Convencido de esto, se quitó los pantalones junto con la ropa interior, hizo un bulto con toda la ropa y la aventó a una esquina del baño, después de todo Morinaga tenía una especie de trauma con la limpieza y en él no le reprochaba nada como lo hacía Kanako.
— ¿Que no haya cerrado la puerta con seguro, tendrá o no, un significado?— se cuestionó Morinaga con la mano en la perilla. El agua llevaba tiempo corriendo, pero esta vez sí se había llevado ropa, sin contar que no tenía alguna excusa para pasar. Dejo el desenlace de su decisión a la suerte. Nervioso giro de la perilla, algo desconcertado la cerró a su espalda. El baño estaba cubierto por vapor, quizá Souichi no se pensó tanto las cosas como la vez anterior, y las sospechas de Morinaga eran falsas. Se recargo en la puerta decepcionada.
Escucho pasos, pero no podía asegurarse de que fueran reales. En sus adentros, la imagen de Monrinaga se le vino a la cabeza, no podía estar pensando en él, no cuando había logrado deshacerse de su erección. Sin prestar atención a los pasos, aturdido por el vapor se colocó debajo de la regadera. Sentía como su tensión se iba con el agua, totalmente perdido en ella, tiraron con cuidado de la cortina, Souichi con lo poco que alcanzo a ver, visualizo un torso desnudo frente a él, no le dio tiempo de sorprenderse, para antes de que terminara de escurrirse el jabón de sus ojos, su cuerpo estaba aprisionado entre dos fuertes brazos, sin cuidado Morinaga busco que ambos cuerpos embonaran a la perfección, una vez que Souichi se mostró dócil, se acercó a su oído.
—Te amo más que a mi propia vida, y eso, es de lo único de lo que estoy seguro— la presión del agua estaba al máximo, con dificultad se daban cuenta de la diferencia entre lo que escuchaban y lo que solo pensaban—acéptame en ti, en tu vida y en tu cuerpo.
Con esto Souichi no supo cómo reaccionar. Bajó la vista sin responderle. Sus cuerpos efectivamente embonaban, y las manos de su compañero conocían a la perfección su cuerpo, cada punto sensible, así como toda imperfección.
Morinaga estiro el brazo, tomando el jabón. Dedico a Souichi una mirada penetrante, entrecerrando los parpados, dejando la mitad de sus ojos cubiertos por un par de espesas pestañas. La mirada de Morinaga lo decía todo, e incluso trasmitía más que simples palabras, algo que solo entenderías dentro de ti, y Souichi lo estaba sintiendo en varios sentidos. Se visualizó como una persona débil, controlada por otro hombre, uno que encontraba todo aquello que lo hacía débil, que incluso, esa misma debilidad se resumía a una sola persona, Morinaga.
Lo demás empezó a parecer una ilusión, algo poco real para sus sentidos. Y una situación que su orgullo no le permitiría vivir, aunque de cierto modo deseaba que su tacto en cada centímetro de su piel fuera real. Pero sin poder alejar a la voz que no se cansaba de repetirle lo mal que estaba. Que en cada punto que Morinaga lo tocaba, quedaba esa sensación que le recordaba porque no podía dejarse llevar.
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¡Gracias por haber llegado hasta aquí!, esta es una historia/fanfic que ha estado rondando por mi cabeza por un tiempo y me hace muy feliz poder compartirla con ustedes. ahora como ya saben, CONTINUARA...
