Hello sweeties! Primero que todo, gracias por leer este leve compendio de one-shots, honestamente se me ha hecho muy fácil ponerme en el lugar de estos personajes tan distintos entre sí, y todo review y críticas constructivas se agradecen :)


Foxface

El frío me despierta antes de que lo haga mi madre, como es costumbre. Pasé una mala noche y me gustaría seguir durmiendo, pero no puedo porque en unas horas los Agentes de la Paz registrarán toda la casa para asegurarse de que nadie se oculte para el gran acontecimiento que el Capitolio insiste en recordarnos año tras año: la Cosecha para Los Juegos del Hambre, y por órdenes del Capitolio, esto debe celebrarse como si fuera una fiesta nacional y le dan a sus habitantes la idea de que todos estamos tan entusiasmados como ellos de ver a los nuestros morir, es el espectáculo del que hablan todo el año.

Ayudo a mi madre a preparar el desayuno, que aunque es más que sencillo, hoy lo disfruto como nunca, una bolsa de té con pan y algo de mantequilla que conseguí hace algunos días, y hoy, a diferencia de otros días, ella permanece en silencio absoluto; me sonríe de vez en cuando, pero su mirada delata su preocupación respecto a lo que pueda pasarme hoy, y desde hace tres años que es así cuando llega La Cosecha, y aunque hasta ahora he corrido con suerte, presiento que este año no será igual.

Termino el desayuno más rápido de lo normal y me asomo a la ventana solo para comprobar que el cielo está nublado y que los Agentes están registrando todas las casas, así que me pongo un chaleco blanco encima de mi vestido del mismo color y salgo sin decirle nada a mi madre; sé que estoy en lo incorrecto actuando de esa forma tan fría con ella en un momento en el que probablemente necesita el consuelo y la seguridad de que nada me sucederá, a fin de cuentas, solo nos tenemos la una a la otra, pero la verdad es que no se me ocurre qué decirle y sé que nada de lo que le diga la consolará hasta después del proceso.

Llego hasta las afueras del Edificio de Justicia y hago lo mismo que todos los años: me formo para que algún agente me pinche un dedo y luego me pongo en el grupo de mujeres, procurando no estar en primera fila, no por miedo, sino porque en el caso de que mi nombre salga, mi mente elabora una idea que debe ser ejecutada desde antes de mi llegada al Capitolio, y en cuanto más inadvertida pase en primera instancia, mejor para mí.

El podio ya cuenta con la presencia del alcalde, los mentores de este distrito y la escolta enviada del Capitolio, una mujer llamada Polly que siempre luce trajes llamativos, y aún a lo lejos veo que usa unos zapatos enormes que si yo me los pusiera, me caería en menos de tres pasos. Este año Polly usa un vestido azul con incrustaciones de cristal y unas costuras que la hacen ver como una especie de pastel de bodas, y haciendo gala de sus modales tan raros, que creo que son normales para el Capitolio, da paso al discurso de la historia de los Días Oscuros y la creación de Los Juegos del Hambre, pero no le presto atención más que nada porque siento que debo pensar en algo para hacer si salgo elegida este año, no puedo presentarme sin una estrategia, y cuando mis ojos se posan en la pantalla en el momento en el que muestran a una vencedora del Distrito 7 llamada Johanna Mason, llego a lo que estaba buscando.

Polly se acerca al recipiente con el nombre de las mujeres, porque para ella, nosotras vamos primero, y aclarándose la garganta, pronuncia en voz alta:

-¡Anna Finch!

Tal y como lo supuse. Mi nombre salió y todos me miran sin expresión, o al menos eso es lo que quiero creer, pero por alguna razón no siento miedo, pese a no ser una de las profesionales del uno, el dos o el cuatro, y no pierdo tiempo soñando con que alguien se presente voluntaria en mi lugar, pues en este distrito prácticamente no existe esa costumbre, y si otra chica hubiera salido este año, yo tampoco me hubiera presentado voluntaria. No lo hice en tres años y hoy no sería el día.

Camino lentamente hacia el podio forjando la idea que he estado pensando y que se terminó de armar cuando vi a Johanna Mason proyectada en la pantalla. Haré lo mismo que hizo ella hace algunos años: fingiré debilidad e incluso mediocridad para que de esa forma los tributos de los otros distritos no me vean como una amenaza y así me dejarán viva hasta más adelante, y aunque admito ser buena lanzando cuchillos, no sería prudente matar a alguien ni siquiera cuando bajen la guardia, que eso lo hagan ellos mismos. Subo al podio y Polly me saluda como si hubiese ganado un premio importantísimo, pero yo solo me limito a responderle y a darle una sonrisa tímida que hace que me mire de vuelta con simpatía. Luego, lee el nombre del chico que será mi compañero de distrito en los Juegos:

-¡Thomas Parker!

De la tercera fila veo salir a un chico de cabello corto y castaño oscuro, ojos café y una mirada un tanto amenazadora, y me da la mano sin mirarme realmente. Polly termina el espectáculo y Thomas y yo somos conducidos a oficinas, por separado, del Edificio de Justicia; casi de inmediato recibo la visita de mi madre, que me mira consternada pero sin llorar, me abraza en silencio y cuando me suelta me pide que le diga algo, que no entiende por qué he estado callada y por qué me veo tan indiferente, y yo le respondo que no es cierto, que no estoy indiferente, que nadie podría estarlo en estas circunstancias, y la tranquilizo asegurándole que tengo una estrategia para no convertirme en presa fácil de los demás tributos y que estoy segura de que saldrá bien. Ella vuelve a abrazarme y me dice que me quiere y que espera que vuelva sana y salva a casa. Se va antes de que los Agentes irrumpan, y sin pérdida de tiempo, Thomas y Polly se me aparecen para que vayamos rumbo a la estación; en el camino, Polly habla sin parar sobre algunas cosas que debemos saber pero solo la miro de forma tímida y apenas hablo, pues todos deben creer que de verdad soy una niñita torpe por la que nadie apostaría nada, y bajando la mirada, subo al tren despidiéndome de mi madre y de los demás habitantes del cinco, y si antes me miraban sin expresión, ahora todos me miran con pena, incluso temiendo por mi vida, y yo bajo la cabeza y los miro fugazmente antes de entrar al tren y sonreír sin que nadie me vea. Está dando resultado.

Que los Juegos del Hambre comiencen.