Capítulo 2.
Albert llevaba 25 llamadas mandadas a buzón, ella se negaba a contestar, esperaba que solo se dirigiera al departamento de Chicago.
Había tomado una decisión, lo mandaría todo al diablo, no le importaba nada, iría tras ella de inmediato. Se puso de pie y se dirigió a la puerta, pero cuando estaba a punto de abrirla fue tomado por sorpresa, frente a él estaba la hermosa mujer que él estaba a punto de mandar al diablo.
Anelisse…
William, pensaba dejarte una nota…
¿Una nota? – una sensación de deja vu recorría mi cuerpo.
Me voy.
Pasa, tenemos que hablar entonces.
William, no tiene caso que perdamos el tiempo…
Anelisse, tú lo sabes, ¿verdad? –
Jajajaja William, los únicos que no lo saben son ustedes dos. – ella observó su expresión y cayó en cuenta que había algo diferente. – Ibas a buscarme… -
Sí, la amo, y ella me ama, lamento haberte hecho perder tu tiempo. Y Estoy dispuesto a tomar responsabilidades en el asunto… Tú padre…
Mi padre piensa que puede manejar a todo el mundo cual titiritero. ¿Qué tan comprometido quedas con los negocios si cancelas la boda?
Tú padre tiene un contrato en nuestra contra bastante sólido.
Cúlpame a mí. Dile que yo me fui.
Anelisse eso acabaría con tu reputación.
Eso volvería loco a mi padre, y créeme volver loco a mi padre es uno de los placeres de esta vida.
Anelisse, no puedo aceptarlo…
No, déjame terminar, amo a Mark desde que teníamos 15, pero mis padres no lo hubiesen permitido, sin embargo, a mis 29 años, no me importa, tengo una carrera, un buen trabajo, y soy lo suficientemente inteligente para no esperar ser la muñeca de aparador de nadie, así que me voy, yo no seguiré siendo un peón en su tablero, y una pequeña dosis de humildad no le vendría mal.
¿Amas a Mark?
Sí, me voy con él. Haz lo que quieras, pero si ves que mi padre se pone muy difícil sólo dile que su única heredera se fugó con el hijo de su mano derecha, te juro que eso le callará la boca.
Gracias, espero no tener que usarlo.
Úsalo y toma una foto de sus caras cuando se los digas y me las envías. Cuídate y se feliz con ella.
Ella no dijo más y caminó con rumbo al hombre que la esperaba en la puerta, Albert los observó a través del ventanal descender por las escaleras y subir al lujoso auto deportivo de ella. Una sonrisa asomó en sus labios, después de todo no era necesario mandar todo al diablo, ella lo había hecho por él. Ahora necesitaba ir tras Candy.
Sin importarle nada corrió escaleras arriba y llamó ruidosamente a la puerta de Archie su sobrino, sin esperar respuesta abrió y entró, sobresaltando a los amantes que se encontraban en la cama.
¡Albert! – le dijo Archie ofendido.
Lo siento, debieran poner seguro saben…- Annie estaba roja cual tomate, pero eso no le importó. – bueno los dos están aquí y necesito de su ayuda, así que… -
¿No te das cuenta que…?
¿Qué los interrumpí? Es obvio, y si fuera la tía abuela ya estaría gritando y diciéndoles lo indecentes e inmorales que son y concertando una cita con los padres de Annie para casarlos, pero no soy la tía abuela. Y hay cosas más importantes en mi mente, sólo espero que se estén cuidando, porque eso sí sería un poco bochornoso, aunque en este tiempo, eso ya no tiene importancia tal vez…
¡Estás ebrio!
Sólo de felicidad… y de preocupación.
Archie buscó su bata y se la pasó a Annie mientras se ponía en pie y recogía del piso el pantalón de su pijama. El estado eufórico de Albert lo preocupaba un poco.
¿Qué sucede?
Anelisse y yo decidimos no casarnos, ahora debo ir tras ella, pero no me contesta, ¿cómo es posible tener 30 llamadas perdidas en tu celular e ignorarlas?
¿Qué quieres decir con que no te casarás? ¿Dónde está Anelisse? – preguntó Annie con un dejo de esperanza en la voz.
Se va con Mark.
¿Entonces porque quieres encontrarla?
Porque la amo…
Albert, por Dios, acabas de decir que se va con otro hombre.
Albert miró a Archie confundido…
No, ella se fue sola, pasó a mi despacho, me confesó que me amaba, me robó un beso y se fue. Escuche su camioneta arrancar, y la he estado llamando para hacerla volver…
Anelisse tiene un deportivo…
¿A quién le importa Anelisse?
A ti al parecer.
Jajajajajaja no, Candy es la que se ha ido después de robarme un beso, y no responde mis llamadas… ustedes de seguro saben dónde está.
Archie y Annie voltearon a verse incrédulos.
¿Por qué la dejaste ir?
Porque estaba intentando hallar una solución para poder estar con ella, porque estaba atontado con ese beso… porque seguramente solo fue a su departamento en Chicago.
Albert… ella no estará en el departamento de Chicago, ni en Yale, hizo los trámites para suspender el año, dijo que se iría en búsqueda de sanidad mental. - le dijo Annie suavemente.
Albert sintió que las fuerzas abandonaban su ser.
¿Qué dices? ¿a dónde irá? No puede suspender el año sin mi permiso…
Cumplió 21, ¿lo recuerdas? – le dijo Archie.
Annie, por favor dímelo.
No lo sé, no quiso decirlo, me dejó un sobre con instrucciones para que lo abriera el día de mañana.
¿Dónde está el sobre?
Se encargó que en verdad no llegara a mis manos hasta mañana, lo mandó por UPS.
¿Esto es una broma verdad?
No…
William, Annie, Archie. – la voz escandalizada de la tía Elroy los sorprendió a los tres.
¿Qué hacen los tres juntos y en esas fachas?
Tía, esto es el siglo 21…
Y no tiene nada de malo que charlemos en pijama. – le dijo Archie adelantándose a Albert que de seguro no tendría tacto al hablar y los echaría de cabeza.
Lo hubiese esperado de Candy, pero no de ti Anne, anda, ve a vestirte antes que los demás se despierten, aún hay mucho por hacer…
Tía, lo único que hay que hacer es despertar a Eward MacGreggor e informarle que no habrá boda.
¿Qué dices?
Lo que oyes, así que suspende todo, yo me voy a Chicago.
Iré a decirle a Candy que prepare sus cosas, supongo que le pedirás que vaya contigo.
Ella…se fue antes que Anelisse.
Pero William, ¿cómo es que la has dejado ir? ¿a dónde fue?
Tía… ella…
Ella te confesó que te amaba y tú la dejaste ir.
¿Cómo…?
¿Cómo lo sé? Soy vieja, no ciega. ¿Qué haces aquí, porque no has ido tras ella?
Porque no sé a dónde fue.
Háblale a George, despierta a Allistear y a Anthony, y averigüen a donde fue… Por cierto, Archie, pediremos la mano de Annie para que se casen cuando se gradúen el siguiente año.
¡Tía!
Una vez más, soy vieja, más no ciega. – le dijo la anciana dama mientras dejaba a los dos jóvenes Andrew con la boca abierta y se dirigía a comandar a su ejército de sirvientes y asistentes para contener el escándalo que se avecinaba.
Tres horas después en la biblioteca de Lakewood. Albert daba vueltas molesto, ahí reunidos estaban Edward MacGreggor con su hombre de confianza James MacAvoy, Elroy Andrew y George.
¡Te hago directamente responsable!
¿De qué si se puede saber?. – le contestó Albert secamente.
Tú la dejaste ir.
¿Y qué esperabas?
¡Es tu prometida!
No lo es, en su carta renuncia al compromiso y me regresa el anillo. – le dijo impaciente Albert, lo que más quería era largarse de ahí, pero por supuesto no podía dejar todo botado, había mandado a los muchachos a Chicago para buscar a Candy porque la tía le había dicho que MacGreggor estaba hecho una furia y que amenazaba con armar un escándalo.
Andrew, no te burles de mí, mi hija no se hubiese ido solo porque sí, ella conoce sus obligaciones perfectamente.
Hasta ese momento Albert había dejado fuera la parte de la huida que concernía a Matt, sacar eso a la luz le parecía algo muy bajo, pero tampoco iba a permitir que ese hombre siguiera acorralándolo y haciéndolo perder el tiempo.
Edward, creo que tú y James deberían mejor ponerse a buscar a sus hijos, en vez de hacerme perder el tiempo. – le dijo Albert perdiendo la paciencia.
¿Qué quieres decir? – le preguntó MacGreggor palideciendo de pronto.
Con la intención de mantener el honor de ella he omitido el hecho de que no se fue sola, pero sí insistes en culparme a mí, entonces me temo que debo ser muy claro contigo. Anelisse y Matt huyeron juntos, ellos se aman.
Edward MacGreggor se desplomó en el sillón, sabía que lo que Albert decía era verdad.
Edward, no queremos hacer un escándalo, ni perjudicarte… - le dijo Elroy con tacto.
Me ha desgraciado.
Los jóvenes son intempestuosos milord. – le dijo George quedamente.
Les ofrezco una disculpa, y por supuesto me haré responsable. – le dijo derrotado
Edward, no es necesario, y tampoco quiero la dote de tu hija, se puede hacer un anuncio conjunto, y podemos seguir siendo socios.
¿Harías eso?
No tengo ningún problema con hacerlo. No le guardo rencor a ella, y si su felicidad es al lado de Matt, ¿quién soy yo para obligarla a ser mi esposa? Ahora sí me disculpas, tengo asuntos importantes que atender, pero George y mi tía platicarán contigo la estrategia a seguir.
Le dijo Albert mientras salía, sin siquiera echar un vistazo atrás, subió al auto que ya lo esperaba, un Audi color plata. Y salió rápidamente de la mansión, su vida dependía verdaderamente de encontrarla.
