Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es una locura compartida entre DannySk y yo.
Capítulo beteado por Pichi LG (Betas FFAD) www facebook com / groups / betasffaddiction
Dedicado a Sool Onuma que me pidió una historia donde Bella estuviese con nuestro sexi papacito Carlisle, así que aquí está, cariño. Espero que la disfrutes tanto como lo hice yo escribiéndola para ti. TQM. Besos.
La historia la escribimos entre DannySk y yo. Mil gracias por rescatarme a mitad del camino, ya ves que no sabía cómo juntar a Edward y Bella, y sin tu ayuda, hubiese resultado un fic Bella/Carlisle jajaja. Mi amor por él me cegaba. Eres un amor, nena, no sé qué haría sin ti, de verdad eres la otra mitad del Dúo Malvado, y me alegro mucho poder contar contigo.
Gracias a Miry también por leer y releer la historia, luego pierdo enfoque y me orientas, así no hago quedar mal a ninguno de los personajes jajaja. Te amodoro al infinito y más allá.
Jasper y Edward se dirigieron a la puerta a recibirlas. Jazz saludó a Alice con un apasionado beso que hizo que, tanto Edward como Bella, desviasen la mirada sorprendiéndose al encontrarse ahí.
—¿Edward?
—¿Bella? —preguntaron ambos simultáneamente.
Eso hizo que la pareja homenajeada se separase para verlos interrogantes.
—¿Se conocen? —indagó Jazz. No recordaba haberlos presentado nunca, ni mucho menos que Alice lo hubiese hecho. Esos habían sido los planes años atrás, pero ahora Bella ya tenía novio y, por lo que recordaba, vivían juntos. Lo cual logró confundirlo aún más.
—Ella es la joven que te conté que tropezó conmigo y me golpeó la nariz —explicó el cobrizo—. ¿Recuerdas que te conté sobre eso? —se dirigió al rubio.
Alice, por su parte, no dejaba de ver a su amiga, pidiéndole explicaciones con la mirada. En ese momento Jasper estalló en carcajadas.
—Mira qué pequeño es el mundo, nosotros batallando para presentarlos y nunca se pudo dar, y ustedes se conocen accidentalmente —revelaba un incrédulo Jasper.
—No me contaste que conocías a Edward —reclamó Alice.
—No lo conozco —se excusó, ruborizándose ante la atenta mirada de sus amigos y el guapo hombre a su lado—. Tropecé con él a la salida del baño, luego de encerrarme ahí para llamarte y contarte sobre la cena —continuó Bella, mientras Alice recordaba esa llamada, lo que hizo que abriera los ojos de par en par—. Lo ayudé a recoger sus papeles y nos presentamos informalmente, luego regresé a la mesa con Carlisle y nos fuimos, eso fue todo —concluyó, esperando que fuese suficiente explicación para su amiga.
El relato desanimó considerablemente a Edward, quien esperaba que él hubiese tenido el mismo impacto en ella, que ella tuvo en él. Luego de ese encuentro había pensado varias veces en Bella, e incluso estuvo tentado a buscar la factura de pago de la mesa en que estuvo e indagar un poco más. Cuando al fin se animó a hacerlo, eso lo decepcionó, pues estaba a nombre de Carlisle Cullen, pero no había nada sobre la chica.
Creyó haberla visto un par de veces después de eso, pero no estaba seguro si era ella o si era correcto acercarse y entablar conversación. Incluso soñó con ella un par de veces, con su intensa mirada chocolate, el delicioso rubor que cubría sus mejillas, esos labios sonrosados que mordía nerviosamente y que él deseaba poder morder. Pero descubrir que para ella no era así lo hizo aterrizar de golpe.
Jasper notó la decepción en la mirada de su amigo, y para Alice tampoco pasó desapercibida, así que le dedicó una mirada interrogante a su prometido, quien con un imperceptible asentimiento de cabeza le dio a entender que él también estaba al tanto y le explicaría después.
Sin embargo, en ese momento, decidieron presentarlos formalmente.
—Bells, te presento a mi socio en el restaurante, Edward Masen; ella es Bella Swan, la mejor amiga de Alice —habló en tono sugerente esto último. Edward comprendió el significado de esas palabras. «Ella era la chica que habían tratado de presentarle en repetidas ocasiones.»
—Mucho gusto —saludó Bella—, es un placer conocerte en circunstancias normales —bromeó, tratando de aligerar el ambiente.
—Sí, lo es, y el gusto es todo mío —confirmó Edward, extendiendo su mano para corresponder al saludo. Cuando la tomó, esa extraña corriente volvió a recorrerlos, haciendo que ambos dieran un respingo… salvo que ésta vez el cobrizo no bromeó al respecto, por el contrario, solo se quedó con el ceño fruncido.
Alice observaba el intercambio entre ellos completamente estupefacta.
Conversaron trivialmente unos momentos antes de socializar con los demás invitados. Bella se fue a saludar a los padres de Alice, quienes la abrazaron cariñosamente y la besaban en las mejillas, haciendo que ese exquisito rubor las colorease.
Desde la otra esquina del lugar, Edward no podía apartar los ojos de la castaña, estaba arrebatadoramente hermosa, sus recuerdos no le hacían justicia a esa belleza. El traje negro que llevaba puesto marcaba todas sus curvas, dejando su espalda al descubierto, mostrando una piel blanca y sedosa. De verdad le picaban las manos por acariciarla. La veía reír abiertamente, carcajearse, conversar con las amigas de Alice, y maldijo su mala suerte por no haberla conocido antes.
Lamentaba inmensamente haber dejado pasar las oportunidades de que los emparejasen. Alice hablaba constantemente de su amiga, de lo bien que congeniarían, de lo perfectos que serían el uno para el otro, y ahora ella estaba con alguien más. En ese momento Jasper se acercó a él.
—Lo siento, Edward, no sabía que Bella era la mujer que conociste aquel día —consolaba a su amigo—, muchas veces tratamos en vano de hacerlos coincidir, y dejamos de intentarlo cuando ella inició una relación con alguien más. —Dudó un momento sobre decirle o no la situación sentimental de la chica, pero decidió que era mejor ser sincero—. Ya están viviendo juntos. Carlisle se lo propuso hace varias semanas y Alice la estuvo ayudando a embalar sus cosas. —Edward suspiró sonoramente.
—Es lógico, si yo estuviese en su lugar y tuviera su edad, ya la habría sacado del mercado también. Aunque yo hubiese optado por una opción más permanente, como el matrimonio —murmuró, tratando de sonreír para tranquilizar a Jasper. Ese día era para celebrar el futuro enlace matrimonial de sus amigos, y no lo echaría a perder dejándose deprimir—. No es como si fuese la última mujer sobre la tierra de todos modos. Ya encontraré a alguien, no te preocupes por mí. Es tu día y hay que celebrarlo.
La cena transcurrió entre miradas furtivas que daba en dirección a la castaña, un par de veces se encontró con la mirada de ella, le sonreía y volvía la vista a otro lado para no incomodarla. Pero, luego del brindis, se animó a sacarla a bailar, no tenía nada que perder.
—Todavía me duele la nariz —murmuró involuntariamente de forma seductora cerca de la joven.
Ella se paralizó ligeramente antes de voltear.
—No sabes cuánto lamento el golpe, debió dolerte mucho…
—¿Qué te parece si me pagas hoy? —De nuevo la joven abrió esos preciosos ojos como platos, haciéndolo reír—. ¿Quieres bailar?
Para su sorpresa, ella aceptó complacida. No la soltó en toda la noche, bailaron, rieron, conversaron, hablaron de todo y nada, pero nunca se mencionó el novio… No que él fuera a preguntar por el susodicho.
Al finalizar la velada la acompañó a su carro y se despidió con un beso en la mejilla.
—Espero ya haber pagado mis deudas —señaló ella sonriendo, tenía las mejillas rojas por haber bailado tanto, y el cabello adorablemente alborotado.
—¿Crees que podamos ser amigos? —preguntó esperanzado.
—Claro, Edward. —Con eso le dijo adiós, rogando a Dios volver a verla. Se conformaría con una amistad si era todo lo que podría obtener de ella.
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Bella comenzó a preocuparse cuando, al pasar los días, seguía sin poder contactar a Carlisle. Temía que algo malo hubiese pasado con él o con su hija, necesitaba hablar con su novio y despejar sus temores. Pero no tuvo suerte.
Alice continuaba haciéndole compañía, había decidido que Bella sería su dama de honor y parte de sus deberes era acompañar a la novia durante todos los preparativos. La pelinegra tenía un mal presentimiento sobre el viaje de Carlisle. Siempre le había parecido un hombre formal, maduro, responsable, y más importante aún, muy enamorado de su amiga. Pero en estas últimas semanas sospechaba que algo más pasaba en ese viaje, de ahí que él no daba la cara.
Bella estaba preocupada porque se vencía el plazo de entregar el apartamento y no tenía a dónde irse a vivir. Alice le había ofrecido quedarse con ella, pero tampoco podría ser durante mucho tiempo, ya que ésta se casaba en un par de meses más.
—Hola, Carlisle —saludaba a la contestadora de voz, nuevamente—, estoy muy preocupada por ti, cariño, no he tenido noticias tuyas, no sé cómo estás, cómo siguió tu hija. No quiero agobiarte más, pero en unas semanas debo entregar mi departamento y no tengo a dónde irme a vivir. Kate me ha llamado diciendo que si no firmamos el contrato en estos días, volverán a poner el penthouse en listado, ella lo ha tenido reservado para nosotros éste último mes. Por favor, cariño, cuando escuches el mensaje, llámame, no importa la hora. Te amo. Adiós —se despidió al oír el pitido que le avisaba que ya no grababa más.
—¿Alguna respuesta? —preguntó Alice, sacando a su amiga de sus cavilaciones.
—No, ninguna, sigue sin responder. Ya me cansé de estar teniendo conversaciones unilaterales con su contestadora. Estoy preocupada, Alice, en un mes me desalojan y no tengo a dónde ir —se quejó.
—Tranquila, encontraremos una solución juntas, no te preocupes por eso —la consolaba, devanándose los sesos tratando de encontrar la salida.
En ese momento el celular de Bella sonó, y ella chilló de alegría al reconocer el ringtone que tenía para Carlisle.
—Hola, cariño, ¿cómo estás?, ¿cómo está todo por allá?, ¿cómo sigue tu hija? —saludó, bombardeándolo de preguntas sin darle oportunidad de hablar.
—Bella —interrumpió—, déjame hablar. —La sangre abandonó el rostro de la castaña ante el tono de voz que utilizó.
—Lo siento —murmuró una disculpa y luego guardó silencio.
—Perdón, no quise ser grosero contigo, es solo que las cosas no marchan bien. El accidente de Rosalie fue muy grave, tuvo fractura expuesta en una pierna, fractura en cuatro costillas y una contusión en la cabeza que la tuvo en coma durante una semana.
—¡Oh, por Dios! —susurró la castaña, sintiéndose culpable por hostigarlo con nimiedades mientras él tenía grave a su hija en el hospital.
—Lo sé —confirmó—, cuando despertó del coma pudimos respirar tranquilos, pero aun así, las serias lesiones en la columna le causaron una inflamación, que le ha imposibilitado caminar. Eso la tiene histérica. El doctor dice que tendremos que esperar a que se desinflame para saber si la lesión será permanente o no. Le ruego a Dios que sea temporal, porque no imagino a mi hija de quince años condenada a una silla de ruedas el resto de su vida —se lamentó, y un nudo en la garganta le impidió seguir hablando.
—Lo siento tanto, de verdad. Perdóname por haberte molestado con tanta llamada, no tenía idea de que las cosas estaban así de mal.
—Lo sé, cariño, no te estoy reclamando nada. Solo llamo para avisarte que no podré viajar hasta que mi hija esté del todo recuperada, no puedo abandonarla ahora que me necesita tanto. Sin embargo, me preocupa el problema del apartamento, ¿puedes irte a vivir con Alice o alguna otra amiga mientras tanto? —preguntó, yendo directo al tema que la tenía preocupada.
—Alice se casa en dos meses con Jasper, hace un par de semanas celebraron el compromiso, y luego de la boda vivirán en la casa de Jazz. Pero no te preocupes, lo resolveré, concéntrate en tu hija y, por favor, mantenme al tanto de su progreso —pidió, liberando un poco la carga que Carlisle llevaba encima pensando que su novia se quedaría en la calle por culpa suya.
—Te ofrecería mi antigua casa, pero sabes que también la ocuparán. Perdóname, cariño, no era mi intención hacerte esto —se disculpaba con un tono de voz lastimero. Las lágrimas de la castaña se desbordaron, estaba triste y preocupada por el bienestar de Rosalie y los estragos que estaba causando en sus padres.
—No te preocupes por mí, por favor, sólo no te desaparezcas tanto tiempo. Estoy muy preocupada por ti y te extraño inmensamente —confesó, suspirando para contener las lágrimas y que él no notara que lloraba.
—Yo también te extraño, cariño, pero de verdad no tengo cabeza para nada en éste momento —se disculpó—. El estado de Rose nos tiene al borde, porque no es solo el daño físico, sino que se dejó caer en depresión ante la posibilidad de no volver a caminar. Cambiaría de lugar con ella si pudiera y evitarle ésta pena…
—Entiendo y, de verdad, no quiero ser una carga más para ti. Por favor, quédate tranquilo que sabré resolver la situación —afirmó tranquilamente, y eso pareció calmarlo un poco, ya que suspiró al otro lado de la línea.
—De cualquier manera, avísame qué vas a hacer, ¿sí? Para no estar preocupado. Y Bella… tú jamás serás una carga para mí... Te amo —declaró.
Eso la hizo suspirar tranquila, Bella prometió llamarlo en cuanto resolviese todo.
Alice, que había escuchado el intercambio, se sintió mal por dudar de Carlisle. El afecto que tenía por Edward la estaba cegando, ella todavía creía que Bella era la mujer idónea para él, algo dentro de ella le decía que ellos debían estar juntos, pero cuando Isabella volteó a verla con los ojos anegados en lágrimas, olvidó todos sus planes y corrió a consolarla. Se quedó a dormir con ella un par de noches, no quería dejarla sola en ese estado.
A diario estaba al pendiente de su amiga, platicaban durante horas, sobre todo y nada. Dos semanas más transcurrieron, y la situación seguía siendo la misma.
—No quiero recalcar lo obvio, Bells, pero el tiempo se te acaba y aún no has encontrado a dónde mudarte. Sabes de sobra que puedes venirte conmigo, ¿verdad? Al menos, mientras Jazz y yo nos casamos.
—Lo sé, Alice, y te lo agradezco infinitamente, pero no creo que sea conveniente; además, Carlisle no vendrá tan pronto como yo quisiera y tendré que mudarme nuevamente… —Se detuvo con un nudo en la garganta que le impedía hablar.
—Tranquila, Bells, tranquila. —Alice no sabía cómo consolar a su amiga, ni cómo ayudarla.
De repente se le ocurrió que Bella podría vivir en la casa de Edward. Momentáneamente, claro. Por lo menos mientras Carlisle volvía y buscaban un nuevo lugar.
Sabía que la castaña no aceptaría porque no lo conocía bien, pero eso tenía remedio; así que Alice se puso de acuerdo con Jasper para organizar salidas de "amigos". Le aclaró a Bella que no eran citas dobles cuando ella empezó a protestar y a negarse a salir en parejas con alguien que no fuera su novio, le dijo que simplemente querían compartir con las personas que más querían. Ambos estaban solos y parecían necesitar la compañía, ella necesita distraerse, y quizás Edward podría ayudarla en su búsqueda de un lugar para vivir. Entre más fueran los que buscasen, más posibilidades tendrían de encontrarlo.
Esas dos semanas salieron a cenar, a bailar, e incluso, como Edward era el padrino de Jasper, y Bella la dama de honor de Alice, los acompañaron a visitar locaciones para el evento, buscar DJ, y planear el menú. Puesto que ellos tenían restaurante se encargarían de la comida, pero Alice era quisquillosa en cada pequeño detalle, y tuvieron que armarse de mucha paciencia.
El siguiente paso del plan era que salieran ellos juntos sin nadie más que los acompañase a las tareas que Alice y Jasper les asignaban. Así nació una bonita amistad entre Edward y Bella. En esas salidas descubrieron que tenían muchas cosas en común, comidas, películas, música, forma de ver la vida, el amor, la familia, incluso simplemente disfrutaban de la compañía mutua.
Realmente Edward fue un bálsamo para la tristeza que invadía a la castaña, la relación que había tenido con Carlisle ahora se limitaba a llamadas esporádicas y cortas, algunos mensajes de texto escuetos, pero la conversación siempre giraba en torno a Rosalie.
Se sentía sobrepasada y con un mal presentimiento, realmente esperaba que todo mejorase, no solo para que ella pudiese recuperar a su novio y retomar la relación, sino porque era desgastante para los padres de Rose prácticamente vivir en el hospital y pasar su tiempo entre las cirugías a las que la adolescente se había visto sometida.
Igualmente para Edward, ella fue un respiro a su monótona vida, le ayudó a llenar ese vacío y soledad que lo había acompañado durante demasiado tiempo. Cada día Edward se enamoraba más de Bella, no se atrevía a contárselo a nadie, mucho menos a Jasper y Alice. Conociendo al huracán que era la pequeña pelinegra, sabía de sobra que le haría de casamentera, arruinando la bonita amistad que había nacido entre ellos en el proceso. Prefería tenerla de amiga a no tenerla en su vida en absoluto.
A dos días del desalojo de Bella, Alice planeó una cena en la casa de Edward, serían ellos cuatro solamente. Sus intenciones: sugerirles que vivieran juntos.
Jasper reía de las ocurrencias de su prometida, estaba convencido que Isabella saldría huyendo de la cena en cuanto se lo sugiriesen, y no creía tampoco que su amigo fuese a aceptar, pues éste no había compartido casa con nadie desde la muerte de su esposa.
Edward estaba muerto de nervios, ésta sería la primera vez que Bella estaría en su casa, ninguna otra mujer había entrado, sus ligues siempre fueron en el bar donde se encontraban o el apartamento de la chica en turno, pero jamás las llevó a su casa. Limpió y ordenó todo a su paso, cocinó, puso a enfriar el vino, compró flores para decorar la mesa, dudó sobre si debía comprarle a Bella un ramo, pero decidió que mejor no, trataría que la cena fuese ligera.
Alice y Jasper fueron los primeros en llegar, alabando la decoración y la comida que se encontraba en el horno.
Escucharon el timbre sonar y Edward corrió a la puerta… pero luego reguló sus pasos, no quería verse ansioso, por lo que cuadró los hombros y respiró hondo, revisó nuevamente su atuendo alisando arrugas inexistentes, le dio una última mirada al lugar y abrió.
La mujer en su puerta le robó la respiración. Estaba absolutamente hermosa. Iba vestida con unos pantalones de licra en color negro que se adherían a sus hermosas piernas como una segunda piel, una blusa azul pálido entallada y sin mangas que marcaba sus preciosas curvas y resaltaba la palidez de su piel. Y esos ojos… chocolate líquido.
—Hola —susurró con una sonrisa cálida antes de tomarlo por sorpresa cuando le dio un abrazo.
—Hola. —Edward extendió los brazos alrededor de su cuerpo, perdiéndose en su calidez, absorbiendo su aroma a fresas, enterrando su nariz en su ondulada cabellera donde el aroma era aún más fuerte.
Por alguna extraña razón, Bella tampoco se separó, se sentía cómoda en sus brazos, se sentía en casa, era una extraña sensación, pero esa electricidad que recorría su cuerpo cada vez que Edward la tocaba no dejaba de sorprenderla.
Lamentablemente, Alice interrumpió el momento. Estaba extrañada de que nadie entrara, tampoco escuchaba voces, así que fue a la puerta para averiguar qué sucedía.
—Edward, ¿por qué tardas tanto? ¿Es Bella quien tocó la p…? —Su sorpresa fue mayor cuando los encontró uno en los brazos del otro.
Al escucharla, ambos se separaron, Isabella se ruborizó antes de correr a saludar a su amiga y se fundieron en un abrazo eterno. Frunció el ceño en confusión al descubrir que extrañaba los brazos de Edward, pero desechó rápidamente el pensamiento.
La cena transcurrió tranquilamente, la comida estaba deliciosa, la compañía era magnífica y la conversación era amena. A propósito, Alice sacó el tema del apartamento de Bella.
—Oye, Bells, ¿ya encontraste apartamento? No he dejado de pensar en ti estos días, he revisado la prensa constantemente en busca de alguno, pero no he encontrado nada —lamentaba falsamente. Jasper rodó los ojos, sabiendo exactamente las intenciones de su futura esposa.
—Todavía no, y hace ya varios días que dejé de estar preocupada para estar al borde de la histeria. Te juro que no sé qué hacer, y estoy a un paso de estar sin hogar —se quejó.
Edward no pudo evitar preguntar.
—¿Por qué te quedarás sin hogar?
Bella suspiró sonoramente, dudando sobre qué contar.
—Hace dos meses hablé con el arrendador para entregarle el apartamento. Se suponía que ya tendría un lugar a dónde mudarme, pero las cosas no salieron como lo planeé.
Ni siquiera lo pensó antes de decirlo, simplemente las palabras salieron sin su permiso.
—¿Por qué no te vienes a vivir aquí? —soltó, aunque luego trató de explicarse mejor—. Digo... por lo menos mientras encuentras otro lugar, no puedes quedarte en la calle, y parece que te has quedado sin tiempo.
La sorpresa de Bella se reflejó en su rostro, no sabía qué decir. Le parecía inapropiado en tantas maneras irse a vivir con un hombre soltero, guapo e increíblemente sexy. Y, ni qué decir de la reacción que tendría Carlisle si lo supiese. Pondría el grito en el cielo. No obstante, Alice escogió ese momento para darle a su amiga el empujoncito que le hacía falta.
—Bells, creo que deberías aceptar la oferta de Edward. Sé que no es lo que tenías en mente pero tienes el tiempo encima y estoy muy preocupada por ti. Sería algo temporal… —fingió el tono más serio que pudo conseguir—. ¿Por qué no lo hablas con Carlisle y lo piensas ésta noche? No creo que puedas encontrar una mejor oferta.
Bella se quedó sin habla, no supo qué decir ni qué pensar. Estaba segura de que a su novio no le agradaría la idea de ella viviendo con otro hombre, sobre todo con uno que no conocía. Aunque, Alice tenía razón al decirle que tenía el tiempo encima, pues ya le quedaban dos días, así que era esa oferta o quedarse en la calle.
La cena continuó, algo tensa al principio, aunque el ambiente se fue distendiendo al pasar las horas… y las botellas de vino. Ya llevaban cuatro botellas vacías en la mesa y la quinta iba por el mismo camino que las anteriores. Reían de cada tontera que salía de sus bocas, se carcajeaban de las historias que Jasper contaba sobre la infancia y adolescencia de Edward, y lo hacían igual cuando el cobrizo contaba los momentos vergonzosos de su amigo.
No se dieron cuenta en qué momento se quedaron dormidos en los sofás mientras veían películas. El primero en abrir los ojos a la mañana siguiente fue Edward. La cabeza le martilleaba, si hubiese podido arrancársela lo habría hecho. ¡Dios! Nunca volvería a beber así. Se extrañó al sentir un cuerpo caliente a su lado, un brazo sobre su estómago y la respiración en su cuello.
Asustado, giró la cabeza lentamente para ver a la persona que estaba abrazada a él. El corazón le martilleó más rápido y mucho más fuerte que su cabeza al darse cuenta que era Bella quien estaba prácticamente durmiendo sobre él. La imagen de ella con las mejillas sonrosadas, los labios entreabiertos, la respiración acompasada, el cuerpo frágil sobre el suyo tonificado, le llenó el corazón. No tuvo ninguna duda que así era como quería amanecer todos los días de su vida, con esa chica a su lado.
Le partía el corazón saberla de alguien más, que sus besos y sus caricias eran para otro, lamentaba inmensamente el no haberla conocido antes. Pero sabía también cómo se encontraba su relación en esos momentos, el novio llevaba ausente ya bastante tiempo, y tampoco hablaban seguido. Quería que ella fuera feliz, pero egoístamente deseaba ser él la razón de su felicidad. Anhelaba ser él, más que nada en el mundo.
Se dedicó a observarla detenidamente, a grabarse su imagen, a disfrutar ese momento y atesorarlo en su corazón.
Jasper fue el siguiente en despertar, dándole una sonrisa cómplice a su amigo, al encontrarlo viendo embobado a la castaña.
—¿Te estás enamorando, no es cierto? —preguntó, acariciando con ternura la alborotada melena de una muy dormida Alice.
—¡No! —medio gritó, haciendo que Bella se estremeciera entre sus brazos y curiosamente lo estrechara más. Aquel rostro enterrado en su pecho, su calor, los hermosos pómulos y el delicioso aroma…—. Es decir… no lo sé —confesó de manera más suave, al tiempo que deslizaba un mechón alborotado detrás de su oreja. Bella sonrió ligeramente y entonces susurró: Edward. Al principio no lo comprendió muy bien pero, cuando miró a Jasper y su boba sonrisa, entendió que ella realmente había dicho su nombre.
—Pues con suerte, ella también, Edward. —El aludido suspiró sintiendo una opresión en el pecho.
—No lo sé… Bella está con otro hombre y yo…
—No me vengas otra vez con la historia de Irina. —Edward ocultó sus ojos, concentrándose en aquellas ondas marrones que parecían un nido de pájaros sobre la cabeza de Bella.
—Solo por un momento ponte en mi lugar.
—Lo hago. Estuve ahí, ¿recuerdas? Pero tienes que entender que no le puedes guardar luto para siempre, y realmente no creo que seas feliz con la vida que tienes, en el fondo sé que quieres más.
Edward suspiró. —¿Y qué puedo hacer si Bella ama a otro?
—Tienes una buena oportunidad a partir de hoy. Ella se mudará a tu casa. Aprovéchalo, Alice y yo te ayudaremos, créeme que ella está más que ansiosa de hacerla de Cupido.
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Los días al lado de Edward eran ligeros, divertidos… eran buenos. Bella no quería aceptar que lo que al principio le había parecido una descabellada idea, ahora se estaba convirtiendo en otra cosa. No sabía qué pensar de la extraña actitud de Alice y Jasper. Los visitaban constantemente, veían películas, partidos de fútbol, cenaban juntos y aquello se sentía tan normal… Y definitivamente eso no estaba bien.
Esa noche le dijo a los chicos que se sentía mal, e ignorando la mirada acusadora de Alice y los ojos preocupados de Edward, se encerró en su habitación y llamó a Carlisle. Lo necesitaba, lo extrañaba, entendía perfecto que estuviera con su hija, pero las llamadas cada vez eran menos frecuentes y más cortantes.
Carlisle, quien siempre había sido cariñoso y se preocupaba por ella, sonaba distante, como si en realidad no estuviera ahí.
—No sé qué esperas que te diga, cariño. Estoy agotado y esto es solo el principio. Rosalie no puede caminar y apenas está empezando a recuperar la movilidad de los brazos, pero no soporta las terapias de rehabilitación y sus gritos y llantos nos tienen a Esme y a mí desesperados.
Esme.
Antes ni hablaba de ella. Sabía que había estado tan enamorado de esa mujer que solo se interesó en su dinero, que divorciarse había sido lo más difícil por lo que seguramente él habría pasado. Por lo mismo, estaba segura de que ya no la quería, que la había superado. Pero ahora, mientras escuchaba a Carlisle hablar de su hija y de Esme, se preguntó si realmente no se le estaría escapando algo.
—¿Pero entonces, cuándo regresas?
—No lo sé, cariño. ¿Crees que estoy aquí por gusto?, ¿crees que dejé la promoción de mi libro a medias solo por gozar unas vacaciones? Comprendo que sea difícil para ti llevar nuestra relación a distancia, pero también es duro para mí. Te amo, no tienes idea de lo mucho que te extraño, pero no puedo abandonar a mi hija cuando más me necesita.
—Sabes que no es eso lo que te estoy diciendo…
—No puedo escoger entre tú o mi hija, cariño —interrumpió.
—Y no te estoy pidiendo que lo hagas, es solo que te extraño, Carlisle. Pasamos de prácticamente vivir juntos a estar a miles de kilómetros de distancia —renegó, y se quedó callada un momento—. La boda de Alice es éste fin de semana —soltó, cambiando de tema y esperando cortar la tensión.
—Lo siento, cariño… no quería portarme así. ¿Tan pronto se casa?
—Han pasado tres meses ya —dijo en tono monótono.
—Lo sé y te juro que haré lo posible por estar ahí…
—¿Es… es decir que no es seguro?
—Es que no sé cómo se lo tomen Rosalie y Esme. —Se detuvo al escuchar el bufido de Bella—. Olvídalo, tan solo dime dónde será, haré un esfuerzo sobrehumano por ir, cariño. En cuanto esté allá hablaremos. Todo se solucionará, lo prometo.
Después de que colgaran, Bella sollozó buena parte de la noche. Carlisle ni siquiera sabía dónde estaba viviendo, no había tenido el coraje de contarle la verdad, no que él se hubiese molestado en preguntarle tampoco, pero comprendía que él no estuviera tan involucrado en la relación como ella. Sabía que cuando su novio viniese a la boda, tendría que ser sincera, si realmente quería que superaran todo, la honestidad era la mejor política.
—¿Bella? ¿Estás bien, puedo pasar? —Esa voz, esa dulce y aterciopelada voz. Bella cerró los ojos con fuerza mientras se tapaba la cara con una almohada para que no la escuchase llorar y, cuando repentinamente el colchón se hundió a su lado, gritó aterrada lanzándose hacia atrás.
—¡Edward! ¿Por qué entraste? ¡Dios mío! —Se puso una mano en el pecho—. Realmente me asustaste.
—¿Por qué estás llorando? —Desconcertada, se llevó una mano a la mejilla.
—Yo… no, no lo sé —balbuceó, limpiándose los restos de lágrimas.
—¿Hablaste con él? —Tan solo la mención implícita de Carlisle la hizo romper en llanto.
Edward no dijo nada. La sostuvo toda la noche entre sus brazos y, cada vez que se rompía a llorar, la estrechaba con fuerza, susurrándole palabras tranquilizadoras al oído al tiempo que acariciaba su melena. Odiaba ver a Bella de ésta manera, pero más odiaba a ese cretino. ¿Por qué no solo terminaba con ella y ya? Tenía meses desaparecido. ¿Acaso la mantenía por si se quedaba solo y viejo? Bella era mucho más de lo que ese hombre podía merecer.
¿Cómo podía explicarle a la castaña sus sentimientos? Ya no se estaba conformando con solo ser su amigo, adoraba cuando cocinaban juntos por la mañana, cuando compartían un sándwich rápidamente en las tardes o cuando cenaban donas glaseadas por la noche. Le encantaba compartir detalles con ella, platicarle todo lo que había hecho durante el día y escucharla a ella, sus lindas quejas respecto a su jefe, o cómo se había cansado al ir con Alice a todas las tiendas en busca del mejor vestido de novia, los arreglos florales o los manteles de mesa.
Llevaban casi dos meses viviendo juntos, y parecía como si estuvieran casados. Honestamente, adoraba eso. ¿Qué iba a hacer si Bella se iba justo ahora?
—No me gusta tu novio, tiene demasiados meses fuera y sin preocuparse realmente por lo que te pasa —susurró, deslizando de arriba abajo una mano por su pequeña espalda.
—Es por su hija, la pobre no puede caminar. Es normal que no tenga cabeza para pensar en mí.
—¿Y la esposa? ¿Acaso no ha estado con ella también durante todo éste tiempo?
—Exesposa, y sí. Tienen que estar juntos para ayudar a Rosalie.
El cobrizo suspiró. —Bella… no quisiera decírtelo, pero dicen que donde hubo fuego, cenizas quedan.
—No con él. Créeme que le costó mucho dejarla como para volver con ella, sería ridículo, ¿no crees? —preguntó, sus ojos anegados en lágrimas lo conmovieron.
—Tienes razón, sería ridículo.
—Él solo… Olvídalo, será mejor que me duerma, estoy alucinando, pero gracias por escucharme como siempre, Edward.
—Por nada, Bella… siempre que quieras —murmuró contra su cabello, el olor a fresas de su champú se coló por su nariz, inhalar ese aroma se le había vuelto tan natural como respirar—. Cuando quieras, además de quejarte, puedes desquitarte… —dejó la palabra flotando en el aire.
—¿Desquitarme, cómo? —Bella, que aún estaba en sus brazos, se giró quedando demasiado cerca de su rostro.
—Tú sabes cómo. —Jugueteó con el borde de su blusa. Bella dejó escapar un delicioso chillido antes de comenzar a darle pequeños golpecitos en el pecho.
—Nunca le haría eso a Carlisle —afirmó, riéndose mientras echaba los brazos alrededor de su cuello fingiendo que lo quería ahorcar. Edward suspiró al tenerla de esa manera, tan solo tenía que inclinarse un poco y podría besarla.
—No sé qué esté pasando por esa mente pervertida tuya, pero yo estaba pensando que podías decirle que has estado viviendo con otro hombre todo éste tiempo —susurró, mientras tocaba su nariz.
—Dejaré esa arma secreta para más tarde —canturreó acercándose más, sus ojos chocolates y profundos mirándolo tan transparentes y claros, su boca carnosa, sus mejillas aun rojas después del llanto, y en ese momento no lo pensó.
Tiró más de su cintura y la besó.
Bella parpadeó confundida, un momento estaban jugando y al otro… Edward sujetó sus mejillas, arrastrándola a su cuerpo duro y cálido. Todo su ser se sacudió como si hubiera recibido una descarga y se encontró incapaz de empujarlo, de detenerlo, de decirle que no.
Los labios de Edward eran suaves como pétalos, y mientras dejaba que aquellas manos grandes recorrieran su cintura, no pudo evitar estremecerse. Inconscientemente gimió en su boca, provocando que con un jadeo violento él profundizara el beso y… ¡¿Qué rayos estaba haciendo?! Mientras Carlisle estaba sufriendo con su pobre hija, ¿ella estaba… engañándolo? Parpadeó como saliendo de un trance, no podía hacerlo. Empujó a Edward con decisión.
—¿Por qué hiciste eso? —inquirió en un jadeo ronco al tiempo que se levantaba de la cama tocándose los labios.
—Lo siento, Bella… es que yo… ¡Diablos! —Pasó una mano por su cabello—. No debí hacerlo, no de ésta manera, pero es que me gustas mucho y me dejé llevar, te juro que no fue mi intención… —Edward hablaba rápidamente, producto de los nervios.
—Creí que éramos amigos —sollozó.
—Lo somos. Realmente lo lamento…
—No, Edward. Yo lo siento… Sabía que nunca debí haberme mudarme contigo. —Éste abrió los ojos como platos.
—Bella, no es eso. —Se puso de pie, pero cuando quiso sujetarle las manos, la joven retrocedió—. Por favor, te juro que no volveré a malinterpretar las cosas.
—No te preocupes, me mudaré éste fin de semana. Estoy segura de que Carlisle vendrá a la boda y al fin nos iremos a vivir juntos.
—Creí que te había dicho que no era seguro. —Su tono, por algún motivo, sonó desafiante, haciéndola enfurecer.
—Creíste mal. Y si no quieres que ahora mismo me vaya a un hotel, me harás el favor de irte para poder descansar.
Después de que corriera a Edward… de la que en realidad era una habitación de su propia casa, Bella no durmió nada. Por la mañana, las ojeras en sus ojos eran purpuras y profundas. Alice iba a matarla.
Por suerte su amiga estaba más preocupada por su propio aspecto y no le prestó mucha atención. Con las prisas, los nervios y demás, no tuvieron tiempo ni de platicar.
Bella se miró frente al espejo, su vestido lila se ajustaba perfectamente a cada curva en su cuerpo y los tacones altos le estilizaban la figura. Se había hecho un moño alto, dejando caer pequeños rizos por su rostro.
Suspiró de nuevo, eran ya las doce y Carlisle no le contestaba. Continuó marcándole de forma insistente, y cuando iba a comenzar la misa, Bella comenzó a palidecer, se sentía doblemente traicionada. Por Edward, al decirle que sería su amigo cuando en realidad quería otra cosa, y por su novio, al prometerle que vendría… En ese momento su celular sonó, haciéndola dar un respingo.
"Estoy en el aeropuerto… Isabella, tenemos que hablar."
Carlisle
La joven frunció el ceño, el mensaje había sonado muy formal, pero a veces él era así, por lo que no le dio mucha importancia, estaba demasiado eufórica de que al fin hubiera llegado. Emocionada le mandó la dirección del salón para que se vieran en la fiesta.
Se alisó rápidamente las inexistentes arrugas en su vestido, y cuando iba a salir al pasillo que la llevaría al corredor de la iglesia, se quedó sin aliento al ver a Edward. Estaba recargado contra la pared, el traje oscuro le sentaba de muerte, marcándole esos anchos hombros y sus ojos se veían profundos y verdes, era como un ángel perdido.
—¿Q-Qué haces aquí? —preguntó, antes de aclararse la garganta.
—Eres mi acompañante, tenemos que entrar juntos, ¿recuerdas? —Los círculos bajo sus ojos le dijeron que él tampoco había pasado una buena noche.
—Sí, discúlpame.
—No te preocupes. —Y cuando le ofreció el brazo, su boca se torció ligeramente en una sonrisa. Esa a la que se había acostumbrado con suma facilidad.
—No solo por esto… Por lo de anoche.
—Quisiera no hablar de eso —murmuró mientras caminaban.
—Yo sí. Me diste alojo y yo… simplemente no debí comportarme de esa manera.
—Y yo no debí besarte, fue mi error.
Bella mordió su labio ante lo que iba a decir.
—Carlisle está aquí, vendrá al baile. —El cuerpo de Edward se tensó, de manera casi imperceptible pero estaba ahí, en su ceño fruncido y en su boca dibujando una fina línea.
—¿Eso quiere decir que te irás del departamento?
—Ésta misma noche.
Edward terminó de caminar cual zombie hasta al altar. Durante toda la ceremonia, se sintió como si estuviera soñando, bueno, más bien como si estuviera viviendo una pesadilla. Ahí, viendo a Bella con aquel precioso vestido, con su sencillo peinado y su hermoso rostro, se dijo que no podía amarla más. Le había roto el corazón con tan solo tres palabras: «Carlisle está aquí.»
Finalmente se la llevaría lejos, se irían a vivir juntos, pasarían… ¡Diablos! Ni siquiera quería tener esos pensamientos en plena boda. Por Dios, ¡sus mejores amigos se estaban casando! Debería estar feliz, sonriente y concentrado. Pero tuvieron que hablarle dos veces para que entregara el anillo, se tropezó un par de veces cuando bailó con la hermosa novia, y su discurso deseándole suerte a su mejor amigo no se había escuchado como había imaginado. Sus ojos revoloteaban hacia todos lados buscando a Bella. Definitivamente era un masoquista, ¿o por qué más querría verla al lado de otro?
La joven prácticamente había desaparecido, y eso lo tenía nervioso, Bella nunca se iba sin avisar… Caminó por el vasto jardín del salón, incapaz de seguir sentado un minuto más sin saber de ella.
.
Bella estaba sintiéndose desesperada y se rehusaba a mirar otra cosa que no fuera su celular, Carlisle le había dicho que estaba por llegar y él simplemente no… El rubio apareció cerca de una colina por donde había una hermosa fuente. El traje azul profundo que llevaba resaltaba su brillante y hermosa cabellera, así como sus implacables ojos azules. La joven sonrió con dulzura, lo había extrañado demasiado. Comenzó a caminar hacia él, y cuando menos pensó se encontró corriendo para alcanzarlo.
—¡Oh, cariño, cuánto te extrañé! —sollozó, abrazándose a él con fuerza. Por un momento Carlisle la sostuvo también, haciendo que se sintiera en el paraíso.
—Yo también, amor. No sabes cuánto… Pero tenemos que hablar.
—Lo sé —sorbió su nariz—, pero más tarde. Vamos a que felicites a Alice…
—Tiene que ser ahora, cariño, por favor. —La separó delicadamente de su cuerpo y su tono dolido la alarmó un poco.
—¿Q-Qué ocurre?
—Es mi hija, Bella. El doctor dice que nunca volverá a caminar, las terapias le están ayudando a recobrar la movilidad de los brazos, pero es un proceso lento y doloroso —explicó con voz llorosa—. Rosalie me ha pedido que no la abandone, que me quede a su lado —sollozó, por unos minutos no pudo hablar, el nudo en la garganta se lo impedía—. Cariño… me mudaré definitivamente a San Francisco —declaró, y el castillo de naipes que ella construyó se derrumbó.
—Pero… ¿y tu libro?, ¿la gira?, ¿el contrato con la editorial? —preguntaba, tratando de darle razones para que se quedase. Sabía que era egoísta querer arrebatarle su padre a Rose, pero ella también lo necesitaba, lo amaba, y en el amor y la guerra todo se vale, ¿cierto?—. ¿Y nosotros?, ¿qué hay de mí, has pensado en mí?
—Claro que lo he hecho, y mucho, pero son dos amores completamente diferentes, Bella, y no puedo abandonar a mi hija nuevamente, no cuando más me necesita. Antes de ser un hombre, soy padre, cariño. De verdad, espero que puedas comprenderlo. Le espera un largo camino por recorrer, y no puedo abandonarla a su suerte, ¿qué diría eso de mí, como hombre, como padre? Los hechos dicen más que mil palabras. ¿Realmente quieres a tu lado a alguien que es capaz de darle la espalda a un hijo en su momento de mayor necesidad?
«Sí»,quiso decirle «si con eso puedo estar contigo siempre»… pero vio en el rostro del hombre que amaba el dolor, la angustia y el conflicto en que se encontraba, dividido entre dos amores. Eso le partió el corazón. Entonces decidió aligerar su carga, darle la paz que necesitaba y ayudarle a escoger el camino correcto.
—Tienes razón. No puedo ser la causante de más dolor en la vida de tu hija. Nuestras situaciones son tan distintas; ella te necesita como padre, alguien en quien apoyarse para superar todos los obstáculos. En cambio yo necesito al hombre, al amigo, al amante, para compartir nuestras vidas, apoyarnos, aconsejarnos y amarnos en los brazos y caricias del otro. —Un desgarrador sollozo abandonó sus labios y, con el alma hecha pedazos, le dejó ir—. Te amo, Carlisle, y no dudes por un segundo que te querría a mi lado de cualquier forma que te pudiese tener, pero no así. Jamás vas a ser feliz a mi lado, porque la culpa y el dolor no te lo permitirán, la única manera de que puedas serlo es si haces lo correcto, porque así eres tú… —Se abrazó a él y se permitió llorar libremente, ya que esta era su despedida.
Por un momento, quiso plantearse otras opciones para no separarse de él. ¿No podría ella también mudarse a San Francisco? ¿No podría traer a su hija a Nueva York? Pero el problema no era ese, no se trataba de una ubicación geográfica, sino de las prioridades de cada uno. Y ella sabía que Carlisle moriría por su hija antes que cualquier cosa, que aún en el mismo lugar, el tiempo y el amor serían de tiempo completo para Rosalie, así que no insistió más.
—Eres una magnífica mujer, Isabella, y espero que puedas encontrar al hombre que te haga feliz, alguien para quien puedas ser su prioridad y pueda amarte como te mereces. Hubiese dado mi alma por ser ese hombre… —lamentó, sin poder separarse de ella, se sentía tan bien tenerla en sus brazos, sabía que sería la última vez que estarían así—. Tristemente, llegamos demasiado tarde a la vida del otro, pero eso no me impidió enamorarme de ti profundamente. —Barrió con el pulgar sus lágrimas—. Eres muy joven, cariño. Estoy seguro de que a tu edad, tu mente funciona como un colador, me olvidarás muy pronto. Perdóname, nunca quise hacerte daño. —Dicho esto, la besó, con toda la desesperación, la tristeza, dolor y amor que tenía, hasta que tuvieron que separarse en busca de aire.
Ninguno dijo nada más, no era necesario, con una última mirada, se dijeron adiós.
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Cuando Edward encontró a Bella sentada en una banca lejana, el crepúsculo bañaba su rostro. Su cabello castaño brillaba con destellos rojizos que nunca había visto, sus manos hechas puños sobre su regazo y sus pequeños hombros sacudiéndose ligeramente, le dijeron que todo estaba muy mal.
—¿Bella? —Ella cerró los ojos negándose a mirarlo.
—¿Qué haces aquí, Edward? ¿No deberías estar bailando o algo? —Su voz sonó ronca, como si tuviera la garganta seca.
—Alice y Jasper partieron ya rumbo a su luna de miel, te estuvieron buscando, pero les dije que Carlisle había venido. Me pidieron que te dijera adiós y que te verían a su regreso —murmuró, viendo los últimos destellos del sol.
—Ya no pude despedirme de mi duende —sollozó. El cobrizo se sentó a su lado y pasó un brazo sobre los hombros de la castaña.
—Tranquila, ella entenderá, dijo que lo había visto —bromeó, robándole una pequeña sonrisa. Sin poder evitarlo, la atrajo hacía sí—. ¿Es tonto si te pregunto por qué lloras?
—La tonta soy yo —lloriqueó contra su pecho.
—No digas eso.
—Carlisle se fue definitivamente. No pude pedirle que se quedara.
Por alguna razón, aquello que había anhelado escuchar desde hacía meses, hoy no le provocó ningún goce.
—Lo siento muchísimo, Bella.
—¿Podrías tan solo sacarme de aquí, llevarnos a casa?
Edward no debería sentirse justo como se estaba sintiendo, Bella había dicho «llevarnos a casa» y su corazón se había hinchado como si le hubiera dicho que aceptaba casarse con él.
Condujo en silencio mirándola de vez en cuando, había dejado de llorar y tenía la mirada fija en la ventana. En ese momento, Edward deseó ser un lector de mentes y saber qué estaba pensando para poder ayudarla, deseaba reconfortarla como fuera, odiaba verla así.
Durante mucho tiempo la tristeza la acompañó, por las noches la escuchaba sollozar y le dolía que estuviese pasando por eso.
Poco a poco la actitud Bella fue mejorando. Una noche, al llegar a casa, pensó que Bella se encerraría en sí misma en esa burbuja que lo alejaba completamente de ella, como venía haciendo los últimos meses, pero no fue así. Cenaron, charlaron, incluso Edward la convenció que le debía un baile, y mientras se movían al compás de la música en los brazos del otro, se juró que haría hasta lo imposible por conseguir que ella lo amara tanto como la amaba él.
Comenzaron a pasar más tiempo juntos, ahora sin la compañía de sus amigos, eran solo ellos dos, acompañándose en su realidad. Cada día, al salir de su trabajo, Bella se iba al restaurante a ayudarle, ella quería retribuirle en algo el inmenso apoyo y cariño que él siempre le demostraba. Ya fuese ayudándole a cuadrar la caja, hacerle de anfitriona o incluso hasta de mesera un par de veces cuando hacía falta personal, allí estaba, no se despegaban ni a sol ni a sombra.
Ya un año había transcurrido desde la ruptura con Carlisle. Y, aunque Edward había hecho un esfuerzo inhumano por no volver a besarla, siempre se encontraban en ocasiones que parecían las propicias para hacerlo, incrementando la tensión sexual en el ambiente.
Bella no era ajena a estos momentos, pero al final, todo terminaba en miradas profundas, bocas secas y una que otra tos que intentaba disimular la falta de aliento.
Esa intensa atracción que surgía entre ellos al estar cerca era muy fuerte, y llegó el día en que Bella no pudo resistirlo más. Desde aquel beso previo a la boda de Alice y la despedida de Carlisle, el contacto físico entre ellos parecía estar esperando el momento o la chispa para detonar.
Y así, un día al llegar del restaurante, apenas pusieron un pie dentro del apartamento, Bella se abalanzó a sus brazos y su boca encontró con facilidad la suya.
—Bella —jadeó sorprendido entre sus labios—. No debería… tú no quieres esto…
—Tú no sabes lo que quiero —gruñó, mientras se peleaba con el nudo en su corbata—. ¿Es que no lo sientes tú también?
—¿Cómo?
—La tensión en la que hemos vivido el último año, el anhelo que crece cada día más... el deseo que tenemos el uno por el otro... ¡por favor no pienses más!
Era estúpido estar cayendo en lo que parecía ser una trampa, porque cuando Bella se diera cuenta de que esto se estaba convirtiendo en algo más que sexo, se sentiría horrible con ella misma.
—¿Estás segura? —preguntó en tono ronco mientras le desabrochaba el vestido.
—Más que nunca.
Después de todo era hombre y era un egoísta. Tendría de Bella lo que tanto quería y, con suerte, le demostraría cuánto la amaba una y otra vez, hasta que no solo olvidara su nombre sino al imbécil de su exnovio, entendería que Edward estaría para siempre con ella.
Entraron dando tumbos a la habitación del cobrizo, en una maraña de manos y caricias. Cuando estuvieron completamente desnudos, Edward literalmente veneró el cuerpo de la castaña. Besando con delicadeza cada parte de su cuerpo, desde sus suaves manos hasta la punta de los pies, era perfecta. Sus pechos cabían perfectamente en sus manos, y cuando se llevó un pezón a la boca, la joven se arqueó bajo su cuerpo haciendo que sus sexos entraran en contacto.
Había estado con mujeres antes y nunca se había sentido así, incluso con Irina, y después de que ésta muriera, una parte de él también había muerto. Se sentía incompleto. Pensó que nunca podría sentirse así, hasta que Bella había llegado a su vida y ahora, con suerte, se quedaría con él para siempre.
Bella jadeó apretando las sábanas, aquella lengua la estaba matando. Mientras Edward jugueteaba con sus pechos, descendía por su estómago e incluso más allá, se quedó sin aliento. Dejó escapar un largo gemido cuando el cobrizo introdujo un dedo dentro de ella, y cerró fuertemente los ojos al sentir su lengua acompañando sus manos.
Ni por un momento le pasó por la mente que lo que estaban haciendo estuviera mal.
Había pasado demasiado tiempo desde la ruptura, demasiadas noches preguntándose qué estaría haciendo, demasiadas lágrimas, y simplemente el que la hubiera dejado era una muestra más que lo de ellos no estaba destinado a durar. Lloró por él durante mucho tiempo, pero nunca se sintió sola, Edward siempre estuvo ahí con ella.
Cuando éste presionó su clítoris, se corrió largamente, arqueándose contra él mientras una sucesión de descargas le robaban la respiración.
—Eso fue… —jadeó sin aliento. La sonrisa torcida de Edward apareció, esa que ahora tanto amaba, y no pudo contenerse en tirar de ese alborotado cabello para encontrar sus labios.
Se besaron con urgencia y, mientras Edward se posicionaba correctamente sobre ella, no pensó que esto fuera lo que parecía una noche de sexo y nada más. Realmente quería estar con él, por lo que representaba para ella, por lo mucho que la había cuidado y por todo lo que le había demostrado en el pasar de los meses. Era un hombre magnífico, que extrañamente parecía querer estar con ella, y comprendió que sería realmente tonta si lo dejaba ir.
—Te amo —susurró Edward en su oído para luego repartir besos por su cuello, y Bella no pudo más, un sollozo escapó de su pecho—. ¿Hice algo mal? Bella, no llores por favor, sabía que no debíamos hacer esto, no debí ser tan débil, no debí decirte eso, yo…
Ella puso un dedo en sus labios.
—No estoy llorando porque esté confundida, estoy llorando porque… no me había dado cuenta de esto que teníamos, porque no merezco que seas tan dulce conmigo después de cómo me porté contigo. —Hundió los dedos en su cintura, haciendo que aquel enorme peso volviera a cubrirla—. Quiero estar contigo porque también te deseo, por favor, Edward.
—¿Estás segura? —preguntó de nuevo, escudriñando dentro de sus ojos, y ella asintió.
—Sí, por favor.
Entonces él volvió a posicionarse y lentamente fue penetrándola. La joven mordió su labio puesto que hacía demasiados meses no había estado con nadie, pero Edward fue lento, y al mismo tiempo que se empujaba dentro de ella, repartía besos por todo su rostro, le acariciaba los pechos, le susurraba que era hermosa y pronto se encontró jadeando contra su pecho.
Sus cuerpos encontraron el vaivén perfecto y mientras se miraban a los ojos, Bella supo que querría estar con él todo el tiempo que fuera posible, que en algún momento se había enamorado de él, y tan asustada y triste como estaba, no había querido aceptarlo.
Se había enamorado de esa dulce sonrisa, de sus pláticas, de sus comidas, de la forma en la que velaba por ella sin ser nada, y entonces, se dio cuenta de que lo amaba mucho antes de lo que había querido reconocer.
—También te amo, Edward —gimió, tomándolo por completo y, cuando el calor se volvió insoportable, se corrió de nuevo arqueándose bajo su cuerpo.
Edward apretó los dientes sintiendo cómo de estrecha era Bella. Había estado tratando de calmarse, tratando de no pensar en eso durante todo el acto, pero escuchar sus gemidos, sentir sus pequeñas manos vagar por su espalda, y cuando ella le dijo que también lo amaba y lo había presionado dentro de aquellas estrechas paredes, no pudo soportarlo más y se vació dentro de ella. Fue magnífico, fue perfecto.
Aún jadeando puso los brazos alrededor de la chica y se besaron largamente de nuevo, toda la noche fue como un sueño. Ella lo buscó a horas inciertas de la noche y él muy temprano en la mañana, por lo que ambos habían amanecido entre gemidos.
—¿Te quedarás conmigo? —preguntó Edward, estrechándola fuerte entre sus brazos.
—Si eso quieres…
—Para siempre.
—Para siempre —confirmó ella.
Tres años después.
—Les dije que el bautizo era a las diez —murmuró una molesta Alice, alternando la mirada entre ella y Edward.
—Lo siento —contestó el cobrizo con una sonrisa—. Es que Carlie es muy escurridiza, Bella me dejó la tarea de cambiarla mientras se encargaba de Emily.
—Te admiro, Edward. Alice y yo apenas y podemos con el pequeño Landon, ¡y ustedes con gemelas! —canturreó Jasper.
Bella sonrió a su amiga quien le guiñó el ojo antes de darse media vuelta y caminar rumbo a la iglesia. El pequeño Landon se veía precioso en sus ropones blancos, su cabello oscuro como el de Alice y sus ojos azules e intensos como Jasper.
Mientras estaban en misa, la pequeña Emily se entretuvo con el medallón que su padre le había regalado hacía un par de horas, en él venía una pequeña foto del día de la boda de Edward y Bella. A Edward le encantaba esa fotografía así como a Emily, por lo que había sido el regalo perfecto para ella. Bella sonrió mientras acariciaba el cabello cobrizo de su esposo.
Carlie roncaba plácidamente en los brazos de su marido, sus rizos chocolates eran igual a los de Charlie, su abuelo, y cuando subió los ojos por ese torso esculpido que estaba bajo aquella impecable camisa blanca, hasta la afilada mandíbula, se encontró con que Edward le estaba sonriendo de forma torcida, haciéndola ruborizar.
—Te amo, pero preferiría que no me vieras así, al menos mientras estemos en misa —murmuró en una voz baja y seductora que la recorrió como una descarga.
Bella sonrió mientras sacudía la cabeza, nunca pensó que iba a ser así de feliz, que un corazón roto pudiera sanar de esa manera, que se casaría y que tendría a dos preciosas hijas del hombre más maravilloso de la tierra, y mientras veía a sus mejores amigos bautizar a su bebé, cerró los ojos y dio gracias a Dios por tener más de lo que nunca había soñado.
Lo último que supo de Carlisle a través del periódico fue que había vuelto con Esme. Supo también que Rose nunca volvió a caminar, pero que eso no fue impedimento para que sus padres la apoyaran y sacaran adelante.
Después de misa, fueron a casa de Alice, donde hubo un convivio por el bautizo y las niñas jugaron hasta quedar totalmente exhaustas, cosa que rara vez pasaba, las gemelas siempre tenían energía para continuar en la casa, pero no ésta noche. Así que, después que las arroparon, Edward la abrazó y mientras caminaban a su habitación con los brazos del cobrizo rodeándola por detrás, le susurró—: Esta noche era para descansar, nunca logran dormirse las dos al mismo tiempo, pero no puedo esperar. —Su voz era urgente mientras paseaba los labios por su cuello.
—Espera… —susurró Bella escurriéndose de entre sus brazos, corrió hacia una pequeña cómoda en su recámara y sacó un hermoso estuche para su esposo.
—¿Qué es esto? —preguntó extrañado.
—Ábrelo.
Dentro del estuche había una hermosa cadena y tenía las letras "para siempre" moldeadas al final. Edward parpadeó confundido ante semejante regalo.
—Una vez me dijiste las dos palabras que necesitaba para seguir viviendo —contestó su mujer encogiéndose de hombros—. Dijiste que me querías para siempre.
—Y así sigue siendo. Te amo. —Atrayéndola a sus brazos, la besó con todo el amor que sentía.
Bella era su para siempre, su otra mitad, aquella que nunca pensó que pudiese tener, la castaña y sus hijas eran todo lo que nunca esperó. Y mientras besaba a su esposa con hambre, pensó que el destino siempre puede conspirar para que de alguna manera todos alcancemos la felicidad. Ahí, en esa pequeña burbuja que formaba con Bella, Edward se dio cuenta de que se iban a amar para siempre.
FIN.
Bueno, espero que les haya gustado. El final es cortesía de DannySk, porque yo realmente no quería que Carlisle y Bella terminaran, insisto en que lo amo demasiado, pero sé que aman los finales felices entre Edward y Bella.
Mil gracias por las alertas y favoritos, también por sus comentarios, me encanta leerlos. Son un verdadero amor todas ustedes por apoyar nuestras locuras.
Hasta la próxima. Besos.
Sarai.
