Capitulo 1

Baje del auto riéndome de las bromas de Alice y de Rosalie, ellas llevaban las bolsas para preparar las comidas, mientras que yo solo tenía en las manos las llaves del auto.

Mire el cielo, este estaba nublado, aunque no era de extrañarse pues casi siempre en Fork lo estaba. Riéndonos caminamos hacia la entrada de la casa, antes que pudiéramos llamar a los chicos para que nos ayudaran con las bolsas, escuchamos tres voces masculinas exclamar exaltadas, mientras bajaban del segundo piso.

¡Ya basta! –grito una dulce voz aterciopelada- no hablemos mas de eso ¿sí?

¿Por qué no? –respondió una voz burlona.

Emmet para –dijo otra voz tratando de mantener la calma.

Pero Jasper –dijo la voz burlona- no sé porque Edward se pone así, sí después de todo gano la apuesta, gano mil dólares y un gran a…

¡Cállate Emmet! –grito Edward con furia- ¡O te juro que te romperé la cara aunque después Rosalie me mate!

Ja ja ja –rio Emmet con sorna.

¡Ya basta, las chicas están por llegar! .dijo Jasper preocupado- Y si Alice se entera de esa estúpida apuesta, de la que por cierto yo no estuve de acuerdo, nos mata a los tres…

No solo Alice, Rosalie también se apuntaría –señalo Emmet sonriendo- Si las chicas se llegan a enterar de la pequeña apuesta, nos matan

Mi corazón latía con violencia. ¿De qué apuesta hablaban? ¿Qué aposto Edward?

Ya -dijo Edward furioso- paren por favor. No hablemos más de eso...

Por supuesto -dijo Emmet esta vez más serio- Nadie tiene porque enterarse nunca de que Edward aposto mil dólares a que conquistaba a Bella y que se la llevaba a la cama... -lo último lo dijo con malicia.

CALLATE! -rugió Edward como una fiera- ya te he dicho que las cosas...

Escuche las exclamaciones ahogadas de Rosalie y de Alice, el caer de las bolsas, vi voltear a Emmet, Jasper y a Edward y mirarnos asustados, vi como las bocas de los tres se movían rápidamente... Mi corazón latía desaforadamente, no quise ver más, ni oír mas, no quise sentir más... y corrí, corrí... y como nunca no caí al suelo, llegue al auto, entre y lo encendí entre sollozos ahogados y acelere.

Iba dejando la mansión Cullen atrás a una velocidad vertiginosa, las lágrimas caían una y otra vez, las palabras se repetían en mi cabeza, rasgando mi corazón si eso era aun posible...

Nadie tiene que enterarse nunca de que Edward aposto mil dólares a que conquistaba a Bella y se la llevaba a la cama...

¡Maldito! ¡Maldito Edward! - llore furiosa- soy una estúpida, estúpida, ¿cómo alguien como él se iba a fijar en alguien tan normal como yo? ¡ESTÚPIDA!

Las lágrimas resbalaban lentamente, mi celular comenzó a sonar desesperadamente, supe quien era y no conteste, para que torturarme mas... golpee el volante con fuerza mientras chillaba

¡ESTÚPIDA!

Recordé los dos días anteriores y sentí mi corazón partirse más. Sus besos, sus labios, sus manos y lengua recorriendo mi cuerpo, en nuestra unión... lloraba y no podía controlarme, acelere mas mientras que golpeaba una y otra vez el volante, con furia y rabia, la radio se prendió y en todo el auto se escuchaba una canción.

Él me mintió, él me dijo que me amaba

y no era verdad, él me mintió

no me amaba, nunca me amo...

Bella, te amo, ahora tu eres mi vida... no sabes cuánto te amo... mi Bella

¡MENTIROSO! -grite mientras aceleraba mas y daba una vuelta por una curva, las llantas rechinaron, el auto patino, algo golpeo mi cabeza, el auto dio varias vueltas, el olor a gasolina era insoportable y de repente sentí que volaba, no sé cuantos minutos tarde en caer, pero al sentir la acera golpear mi mejilla todo dejo de tener significado, todo daba vueltas, imágenes de mi vida aparecieron en mi cabeza, antes de que todo se volviera oscuridad y frio. Mis ojos se cerraron y ya no pude ver más.

El dolor hizo que gimiera suavemente.

Tranquila -dijo una voz desconocida que me reconforto- Ya vamos a llegar.

¿Llegar? ¿A dónde? -quise preguntarle, pero el dolor me hizo gemir otra vez.

Cierra los ojos y trata de dormir -dijo la misma voz- tienes heridas muy fuertes, pero al parecer nada de consideración -sentí cierto tono de duda en su voz al decir lo ultimo- vas a estar bien -quiso darme ánimos.

Yo no estaba tan segura, pues todo mi cuerpo dolía, mi cabeza casi estallaba, trate de levantar mi mano para tocarla, pero este movimiento hizo que gimiera otra vez...

Pero todo era nada comparado con el dolor agudo que había en mi alma y en mi corazón.

¡Edward!

Cerré mis ojos y mordí mis labios para evitar gritar el dolor que me producía el solo pensar en Edward, pero esto no evito que mi mente volviera a la primera vez que lo vi...

Mi amor te espero tantos años

lo supe cuando te vi.

Mi amor te soñó en tantos sueños

estas aquí...

Cante yo mientras bajaba del avión y caminaba hacia la plataforma para recuperar la maleta, luego busque con la mirada a mis dos locas amigas...

Mi amor te pensó tantas veces

y ya te reconocí

Mi amor te invento desde siempre

llegaste aquí...

Esa estrofa era mi parte favorita. La voz de Federico o bueno de Juan Gil Navarro, era hermosa, aunque mucho más hermoso era el actor. Yo lo adoraba en el papel del príncipe de Floricienta, bien hubiera querido un príncipe así.

Mis amigas, Alice y Rosalie se reían de mí, porque no entendían como una señorita de diecisiete años se ponía ver una novela infantil, hasta que vieron a Federico y ambas también cayeron ante el encanto de este, pues además de ser guapo era muy buen actor.

Recuerdo muy bien como las tres lloramos cuando Federico murió y no hubo el final feliz esperado. Jure que nunca más iba a volver a ver Floricienta por matar al príncipe y cuando llego la segunda temporada solo mire unos cuantos capítulos, pues por más que el Conde era guapo y a veces tierno, no pudo llenar el vacío que dejo el único y verdadero príncipe Federico.

Mire otra vez a mi alrededor y vi a dos chicas acercase a mí, me abrazaron con fuerza.

- Alice -dije yo riendo mientras miraba a mi bella y pequeña amiga de cabello negro corto.

- Bella -dijo está emocionada- no sabes lo feliz que me hace que estés conmigo aquí. Ya tengo arreglada la agenda de actividades, hoy descansaras pero mañana iremos en auto a Port Ángeles a comprar un nuevo guardarropa para ti...

-Alice -me queje. Como pude olvidar la pequeña fijación que Alice tenia conmigo, ella pensaba que yo era su muñeca, en tamaño natural, a la que elegía la ropa que ponerse y comprarse, y todo esto ante mi horrorizado consentimiento, pues una mirada llorosa de esta hacia que yo aceptara cualquier cosa que ella me propusiera.

-Basta Alice –dijo Rosalie riendo ante mi cara de susto- ¡O vas a hacer que Bella se suba a otro avión para volver a Phoenix!

-¡Bella no me haría eso! – exclamo Alice- ¿no es así Bella? – con un tono de voz lleno de ternura y con la cara de cachorrito mojado.

-No Alice –dije sonriendo, luego mire a Rosalie y no pude evitar sentirme apesumbrada, al imaginar lo mal parada que quedaría si alguien me comparaba a la escultural rubia que era Rosalie.

-Vamos a casa –dijo Rosalie y las tres nos dirigimos al hermoso convertible amarillo.

Mientras manejaba me iban contando que nos íbamos a hospedar en la casa de Alice, la mansión Cullen, junto a Jaspes, Emmet y Edward.

Alice Cullen y Rosalie Halle eran primas y amigas. Por lo que sabía el papa de Alice, Carlisse Cullen, había tenido una prima que se había casado con su mejor amigo, de esta unión se generaron dos retoños, Jasper y Rosalie, ambos muy rubios y guapos.

Rosalie era mayor que Jaspes por dos años, Jasper tenía la misma edad de Alice y entre ellos había una relación que superaba a la familiar, pues ambos estaban enamorados.

Yo conocía a Jasper, pues este siempre iba a visitar a Rosalie y a Alice al colegio, así que gracias a la interferencia de mis amigas hice buenas migas con él.

Jasper era al igual que su hermano en cuanto al atractivo, pero además tenía un aura muy tranquilizadora, era amable y alegre, pero a veces era muy serio.

Alice tenia la misma edad que yo, pero a diferencia mía, ella no era hija única, tenía un hermano mayor llamado Emmet.

Emmet era un chico muy guapo, pero a la vez intimidante debido a su corpulencia y fuerza, pero eso era cuando no lo conocían también como ahora ella lo hacía, pues era muy cariñoso y su comportamiento era muy infantil, parece un oso, así lo llamaba Rosalie, quien por cierto era la dueña de su corazón..

Rosalie y Emmet eran pareja al igual que Alice y Jasper.

Con Emmet también me llevaba bien, él era muy parecido a Alice en cuanto a comportamiento, pues era un imparable apostador, alegre, bromista y yo lamentablemente era su principal fuente de entretenimiento, pues mis continuas caídas y metidas de patas, hacían de mí un blanco muy fácil para sus bromas y apuestas.

En cuanto a Edward no sabía nada de él, excepto que era primo de Alice, por parte de madre. Había quedado huérfano a una edad muy temprana, por lo que había sido adoptado por la familia Cullen. Seguí llevando su apellido paterno con orgullo y se dedica a tocar piano profesionalmente. Por lo demás no lo había visto nunca, sabía que visitaba a sus primas en el colegio, pero cada vez que iba, yo nunca estaba presente. Por lo cual Edward Anthony Masen-Cullen era un completo misterio para mí.

Al llegar a la mansión Cullen me quedé con la boca abierta, era una casa muy grande y bella. Jasper y Emmet nos estaban esperando con una hermosa sonrisa en el rostro.

- ¿Y Edward? -preguntó Alice mientras abrazaba a Jasper.

- Está adentro tocando el piano -respondió éste- Hola Bella.

- Hola Jasper.

- Bella, ahora que estas aquí ya puedo comenzar a apostar -dijo Emmet burlón- Jasper te apuesto cinco dólares, a que Bella se cae tres veces y que rompe uno de los jarrones de mí casa.

- Emmet -dije ruborizada, porque lo mas seguro es que eso ocurriera.

- Osito, no digas esa cosas de Bella -dijo Rosalie llamandole la atencion- No le hagas caso y entremos.

Al entrar en la casa noté que todos los muebles y adornos eran muy caros, en mí fuero interno roge que no rompiera nada, pues dudaba poder pagarlo.

- Primero -dijo Alice mirandome- será mejor que subas a tu cuarto y te des un baño de agua caliente.

- No, creo que primero tiene que comer -opinó Rosalie- pues no debe de haber probado nada de la comida del avión, que por cierto es horrible y después que se bañe, pues de lo contrario se quedará dormida apenas salga del baño.

- Mi osita tiene razón -señalo Emmet, mientras le daba un beso en la mejilla.

- Yo no lo creo -intervino Jasper- primero tiene que bañarse y cambiarse de ropa.

- Exacto -dijo Alice mirandome y frunciendo el seño- esa ropa está completamente arrugada.

- Debe comer -repitió Rosalie enojada.

- Bañarse -gruno Alice.

- Comer

- Bañarse

Vi a los cuatro discutir sobre lo que yo debería hacer, hubiera dado mí opinión, pero preferi no hacerlo, pues ninguno me hubiera hecho caso.

De repente escuche el suave sonido de un piano. Eran mis notas preferidas de Claro de luna, me deje llevar por ellas hacia una habitación y entré. En el encontré un piano de cola hermosimo y grande, quién maravillosamente tocaba el piano era un chico. La música embargaba mí alma y a la vez me hizo recordar a Reneé, mi madre, esa era su canción preferida.

De repente dejó de tocar de golpe, alzó la mirada y me vio directamente a los ojos. Por un momento me perdí en sus hermosos ojos verdes y me quedé sin aliento, mientras mi corazón latía desaforadamente.

- ¿Quién eres tú? -dijo el chico con una voz aterciopelada pero llena de fastidio.

- Yo… -tartamudeé- este… vengo con Alice, me llamo Bella, Isabella… - me sentía una estúpida, además él no dejaba de mirarme con clara desaprobación, pero a pesar de eso no pude evitar sonreír.

- Debí imaginármelo –dijo el chico mientras se paraba del banco.- Otra de las amigas de Alice –estaba furioso- así que tú has preferido atacarme de frente…

- ¿Qué? –pregunte sin entender nada.

- Lamento informarte –prosiguió él, como si yo no hubiera hablado, lanzándome una mirada fría y despectiva, que recorrió mi cuerpo de arriba abajo- que no eres de mi tipo…

- ¿Qué demonios...? -repetí yo esta vez sí muy enojada por su manera de comportarse, estaba dispuesta a decirle unas cuantas verdades pero fui interrumpida por Alice, quien entro a la habitación.

- Bella, así que estabas aquí –miro hacia el chico y prosiguió- Edward también tú estás aquí, me alegro, para así cerrar las formalidades de caso, permítanme presentarlos. Bella –me miro- él mi otro hermanito Edward –dirigió su mirada a él y con una sonrisa concluyo- Eddy, ella mi mejor amiga Isabella, pero todos le decimos Bella…

- Que ni bien llega comienza a perseguirme –reclamo Edward furioso.

- ¿Qué? –pregunto Alice muy sorprendida mientras me miraba.

- No es así Alice – me apresure a negar, aunque sentí que mi rostro se enrojecía- Tú sabes que yo no hago esas cosas…

- Tranquila Bella – dijo una calmada Alice, luego miro hacia su "hermanito" con cierto enojo y prosiguió- Edward estas equivocado, Bella no es de esas…

- ¿Qué? ¿No es igual a tus otras amiguitas, Jessica y Lauren, qué no me dejaban en paz, que me perseguían y me acosaban…? –señalo este con amargura y fastidio.

- Primero que nada Edward -dijo una muy exasperada Alice- ellas no eran mis amigas, eran unas compañeras de clase e íbamos a hacer un trabajo grupal, por eso vinieron. Yo no tengo la culpa que ellas se hayan enamorada de ti, en tal caso la culpa es tuya por ser tan guapo –al decir esto último se rio, luego ya más seria prosiguió- Bella no es igual que ellas…

- Eso dices tú –señalo un muy irónico Edward.

- La conozco, no es de esas – defendió Alice.

- Pues bien cuando comience a perseguirme y a acosarme, tú te harás cargo –dijo Edward enojado, camino hacia nosotras pero antes de que saliera, logre recuperarme y dije:

- No te preocupes Edward, yo no pienso perseguirte, ni nada por el estilo.

Él me miro y con una sonrisa de lado, llena de desconfianza y malicia se fue.

Al parecer no me había creído.


Hola aquí comienza la historia, espero que les guste y que puedan comentar, pues el prefacio es un poco intricado y muy críptico… a partir de ahora la historia se desenredara y veremos que es lo que ocurre con Bella…

Besosss…