Capítulo 2:Dos mundos diferentes
Kitana y Jade aún recuerdan ese momento, el momento en que sus vidas estuvieron a punto de ser arrebatadas junto con las de sus compañeros. Después de asesinar a casi todos los guerreros de Raiden, la ex reina de Edenia, Sindel, atacó a su propia hija y a su amiga, dejándolas malheridas a ambas, pero la intervención del chamán Nightwolf y su posterior sacrificio para destruir a la malvada mujer evitaron una muerte segura.
Al regresar Raiden y Liu Kang, el dios del trueno usó sus poderes para curar a ambas edenianas. La princesa de Edenia quedó devastada cuando su amado Liu Kang murió accidentalmente en un enfrentamiento con Raiden para evitar que él atacara a Shao Kahn. Al principio odió a la divinidad pero luego comprendió que solo había sido un desgraciado accidente, que no era la intención.
Mientras Johnny Cage y Sonya Blade se quedaron en Earthrealm para tratar de reparar los destrozos que dejaron los tarkatanos tras su paso por Nueva York, Kitana y Jade pudieron recuperar parte de lo que en el pasado fue Edenia y ahora, junto a un puñado de gente que había logrado escaparse de la tiranía de Shao Kahn, intentaban restaurar parte de lo que había sido su hogar.
Como tributo a aquellos hombres que dieron su vida por la causa, las damas encendieron nueve velas, representando a Jax, Kabal, Sub-Zero, Stryker, Smoke, Kung Lao, Liu Kang, Nightwolf e incluso Sindel, para que su alma pudiera descansar en paz a pesar de todo el daño que ella misma hizo.
La princesa no pudo evitar derramar varias lágrimas, no solo por la pérdida de su hombre, ni ella misma podía explicarlo, era como una sensación extraña, como una profunda depresión invadía cuerpo y mente de la mujer, como una angustia cuyo motivo era completamente desconocido.
- Kitana ¿Estas bien? – preguntó Jade a su amiga, cuyos ojos miel estaban aún llenos de lagrimas.
- No… - respondía la princesa. – No estoy bien, no puedo dejar de llorar…
- La muerte de Liu Kang te afectó mucho pero…
- No, no es solo por Liu Kang, es por otra cosa.
- ¿Qué?
- No… no lo sé…
Mientras tanto en Outworld…
No sabía cuánto tiempo estuvo derramando lágrimas, las horas pasaban pero el dolor seguía en su corazón. Mileena se levantó de la cama cansada y con su mirada apagada.
- Nadie me quiere. – Pensaba la fémina. – Nadie me da muestras de cariño, ni mi propio padre Shao Kahn me ha dicho algo bonito alguna vez. ¿Cómo puedo hacer que alguien me quiera?
La hibrido edeniana-tarkatana dio vueltas alrededor de su cuarto preguntándose lo mismo una y otra vez como esperando una respuesta que parecía no llegar nunca, con sus ojos naranjas, aun llorando, miró el espejo roto y vio su reflejo multiplicado varias veces por las rajaduras, sus dientes tarkatanos se veían perfectamente, luego contempló el velo azul ensangrentado que le había pertenecido a Kitana, recordó el bello rostro que mostraba ella cuando se lo arrancó en un combate y se lo quedó como trofeo, un rostro muy diferente al suyo. Ella no quería sabe nada más y tomó la máscara azul y salió del cuarto corriendo, nadie pudo detenerla en su marcha, ni Baraka, ni Skarlet, ni Reptile, todos intentaron impedir su huida pero no lo lograron ya que la mujer se transportó lejos.
Los baldíos y los paramos era un lugar solitario, perfecto para que ella pudiera reflexionar sobre todo. En su mente miles de idea se le cruzaban en la cabeza. Sin dudar sacó uno de sus sais y lo colocó sobre su muñeca, sentía el frío metal tocar su vena apenas cubierta por la piel.
- Tal vez así ponga fin a mi dolor. – dijo mientras presionaba más la cuchilla.
Pero recuperó la cordura y soltó el sai entes de que llegara a herirla.
- ¿Pero que estoy haciendo? No puedo matarme, soy una guerrera, debo morir como una… y ya sé cómo.
Una sonrisa se dibujó en su rostro de dientes puntiagudos y nuevamente usó su poder de teletransportación, desapareciendo en una nube rosa como su ropa.
De nuevo en Edenia…
La gente había podido construir un pequeño palacio para su princesa, no era muy ostentoso pero era el hogar ideal para una persona aristocrática. La princesa no lo había pedido y no tuvo otra opción que aceptarlo, Jade obviamente también viviría en el pequeño palacio como guardaespaldas y amiga íntima de Kitana.
La mujer de azul se dedicó a divagar sobre toda la situación: como ayudar a su gente, qué hacer ante un ataque, como entrenar a las futuras tropas, eran miles de problemas para una sola mente. Al ver la preocupación de su amiga, Jade se ofreció a entrenar a los próximos guerreros de Edenia para alivianar algo el peso que la princesa cargaba en la espalda.
Kitana se fue a su habitación a descansar un poco, se acostó en su cama, cerró sus ojos y dejó que el sueño lentamente la llevara. Ella no veía una pequeña nube rosa que surgía en medio de su cuarto, lentamente una figura conocida hizo aparición.
La princesa despertó al sentir el metal en su cuello, se levantó sobresaltada y miró al intruso que sostenía un sai contra su garganta.
- ¡Tú! – apenas gritó la mujer ya que la cuchilla hacía más presión en su cuello delicado.
- Hola hermanita, demos un paseo. – dijo la voz con un tono infantil.
Jade sabía que Kitana se había ido a descansar pero la extrañó al ver como pasaban las horas y la princesa no salía de su habitación. La gente se acercaba al palacio con peticiones y la ninja esmeralda no podía hacerlo todo, era el momento en que debía aparecer la mujer indicada para la tarea.
Preocupada por todo el tiempo transcurrido la edeniana corrió por el pasillo del palacio hasta llegar a la habitación de su amiga, ella sabía que debía respetar su intimidad pero ahora era tiempo de quebrar esa regla. Fue enorme su sorpresa al hallar la cama vacía, tan vacía como el resto de la habitación.
El corazón de Jade se achicó ante el hallazgo, sus ojos verdes se abrían a más no poder. De inmediato se puso a recorrer todo el palacio gritando el nombre de Kitana. Angustiada y cansada la mujer regresó a la habitación de su amiga para toparse con un papel que estaba sobre la almohada.
"Hola Jade, mi hermanita está conmigo. No te preocupes, no la llevaré con mis amigos para darle una "fiesta de bienvenida". Si la quieres volver a ver, ven a Outworld, en los baldiós, el lugar donde me venciste una vez y desde siempre juré destrozarte junto con Kitana. No habrá nadie más, solo será entre tú y yo.
Ven pronto, de lo contrario mi hermanita va a sufrir mucho, besitos".
La carta no tenía firma, pero no era necesaria, la mujer apretó el papel entre sus manos morenas mientras de sus labios, con enojo, salió un nombre, un solo nombre:
- Mileena…
Fin de capítulo.
