El último misterio- Majin Tantei Nougami Neuro - Fanfiction

Buenas :DD he vuelto despues de mil años con un nuevo fanfiction

adoro con toda mi alma este anime/manga. Neuro me parece uno de los personajes más bien diseñados que he visto en mucho tiempo.

me encantaría que hubiera algo más entre los dos protas jejjeje mi mente perversa lo desea jajaja MIL GRACIAS A YUSEI MATSUI POR CREAR ESTE MANGA.

AVISO AHORA QUE ESTE FIC NO ME PERTENECE EN SU TOTALIDAD. ES UN FANFICTION HECHO POR OTRA PERSONA. (EL COMIENZO) SIMPLEMENTE LO

TRADUJE AL ESPAÑOL PORQUE ME PARECIÓ SUPER PRECIOSO Y QUISE CONTINUARLO. TODOS MIS RESPETOS A LA DUEÑA DEL FANFICTION.

espero que os guste.

EL ÚLTIMO MISTERIO - NEURO X YAKO FANFICTION

PARTE 2

Neuro sonrió-Que ocurre, Yako?-La observó-Oh, ya veo-Le acercó los dedos y Yako abrió la boca para tomar los dedos de Neuro. Su lengua recorrió la longitud de aquellos dedos y el sabor del cuero de sus guantes. Le mordisqueó el final de los dientes mientras volvía a chupar intensa.

Las manos de Yako agarraron la mano de Neuro y la llevó a su pecho, buscando el contacto del demonio. Este sonrió y le apretó el pecho, jugando con su pezón ya endurecido y bajo la cabeza para besarla.

Jugó con ella, alejándose y buscándola. Aquello a Yako la hacia más deseosa, por lo que sacó fuerzas y cambió posiciones, colocándose sobre Neuro, quien se sorprendió por la fuerza de la chica, pero la dejo hacer lo que quisiera.

-El piojo toma el control -Dijo con humor

-Callate..-Respondió ella, besandolé, acallando sus comentarios. Él le respondió buscando su lengua.

Mientras lo besaba, sus manos se movieron por su pelo, tirando suavemente de él, haciendo más profundo el beso, y perdiéndose por su pecho bien formado.

Yako se permitió fantasear con el pecho duro y bien formado de Neuro, su piel era increíblemente suave, Yako se podría pasar todo el día recorriendo aquellos músculos.

No había grasa, ni piel flacida. Todo era piel dura, suave, algo pálida pero muy cálida. A ella le gustaba.

Yako abandonó los labios del demonio para recorrer su cuello con los labios, mordisqueando algunos lugares donde notaba el pulso del demonio. Siguió bajando, gustosa por la exploración que estaba teniendo. Neuro dejó que ella tuviera su momento y simplemente le permitió jugar a descubrir.

Tenía planes para ella después.

Sintiéndose atrevida, lamió su pecho, recorriendo sus pezones con la lengua y mordisqueó suavemente uno de ellos.

-Eres atrevida, Yako -Se escuchó la voz gutural de Neuro.

Sus ojos se encontraron, verde contra marrón. Yako sabía que tenía las de perder. Sentía el calor en las mejillas y los labios le dolían.

-Hora de cambiar

Neuro la sujetó de la cintura y la elevó sobre su cuerpo, de tal manera que Yako quedó de rodillas sobre el cuerpo de Neuro, más concretamente sobre su rostro. Yako quiso moverse pero el astuto demonio no la dejó, ya que enterró el rostro en la intimidad de la chica, probandola.
Yako gimió cuando sintió la lengua del demonio en su entrada, jugando con ella, como él quería, como siempre era Neuro. Él mandaba.

Neuro abrió los ojos, sintiendo como el misterio corría por sus labios, intenso, amargo pero a la vez cálido, abrazable, muy intimo. Tal como era Yako.
Los ojos astutos del "asistente" se iluminaron, y sus labios querían más.

-Ne-Neuro...-Gimió Yako al sentir sus dedos jugando con sus plieges, haciendo que su lengua fuera más dentro. Ella buscó apoyo en el sofá pero también aprovechó para tocar el pelo de Neuro, jugar con sus mechones. Le encantaba aquel pelo suave y adorable.

Cuando las piernas de Yako empezaron a temblar, Neuro la sujetó para volver a colocarla sobre el sofá y colocarse de nuevo encima de ella. Tomando el control. Adoraba el control, sobre todo si era sobre su piojo.

La observó unos momentos. El pelo desordenado, muy sensual. Sus ojos brillaban por la excitación, su boca abierta tratando de respirar, los labios hinchados por los besos. Su cuello fino, y sus pechos coronados de rosa, le llamaban a ser besados. Pensó que ella era hermosa, a su manera, tan cercana. Era una humana, extraña al principio para él pero que con el tiempo se hizo indispensable para él, además de para ejercer de cara cuando desvelaban los misterios.
Yako era importante y era COMPLETAMENTE SUYA. Ni Higuchi ni ningún otro humano de segunda podría volver a tocarla sin saber a quien pertenecía.

Yako también le observó. Y quiso babear, igual que si de un misterio se tratase para Neuro.
Le gustaba demasiado. En su mente Neuro siempre había sido atractivo. Tenía una belleza de otro mundo, demasiado para la salud mental de una colegiala como Yako.

Su cabello iluminado por la luz de la calle, con las baterías demoníacas brillando en las puntas. Aquellos ojos intensos y brillantes, que la miraban de aquella manera tan intensa, ella amaba aquellos ojos.
Su cuerpo era hermoso, cincelado por un artista italiano. Aquel pecho sin marca, con aquella piel de ensueño. Neuro era fuerte, se te notaban aquellos músculos fuertes y que siempre la habían protegido.

Pero ella quería ver más.

-Neuro...-Susurró y sus ojos se volvieron a encontrar. Yako sabía que estaba sonrojada.

-Ohh, ¿Que le sucede a mi esclavo?

-Quita..

-Tendrás que hablar más alto esclavo-Sus dedos se pasearon por sus pezones. Ella gimió.

-Los...pantalones...

Neuro sonrió.

-¿Que pasa con ellos?-Quería oirla rogarle.

-Pues...ya lo sabes..-Dijo bajito. No podía mirarle a la cara.

-Tendrás que ilustrarme, Yako

-Neuro-Dijo más alto.

-¿Si, Yako?

-Quitate...los pantalones-Dijo, bajando los ojos. Neuro le sujetó el mentón, para poder ver su rostro sonrojado y avergonzado.

-¿Quieres que me los quite, Yako?- Le mordisqueó la oreja.

Ella asintió.

-¿Cómo se piden las cosas, esclavo?

-Neuro..-Sintió como Neuro le besaba el cuello.

-Ruegame, Yako

Yako se aferró a sus hombros y acercó el cuerpo de Neuro al suyo. Se acercó a su oreja.

-Hazme...tuya, Neuro

Neuro pasó las manos por su pelo. Una sonrisa cruzó su rostro.

-Yako

La recostó sobre el sofá y cumpliendo con lo que le pidió la joven, sus pantalones volaron por la habitación. Se colocó entre las piernas de la chica, Yako movió las piernas para rodear su cintura. Sus rostros volvieron a estar cerca. Yako rozó sus labios contra los de Neuro, quien quería besarla pero ella se alejaba.

-Chica traviesa..-Musitó y sus manos volaron por sus piernas. Se colocó en posición y movió una de sus manos por su entrada, que ya estaba muy húmeda y preparada para él. Fue recomendado por un gemido de Yako- Estas preparada, Yako?

-Neuro..

Neuro no sabía ser suave, así que la penetró con un solo movimiento, ganándose un gritó por parte de la chica, que se agarró a sus brazos y clavó los dedos en los brazos del demonio.
Yako sentía un profundo dolor en su interior, unas lagrimas recorrieron sus mejilas y Neuro las limpió con la lengua, no sabiendo que más hacer para apaciguar su dolor.

-Yako?

-Estoy..bien...Neuro-Ella sonrió y se aferró a su cuello-Muévete...Neuro

El demonio sonrió y procedió a moverse en su interior. Sus manos sujetaron sus muslos y empezó un pequeño movimiento de vaivén, entrando y saliendo, prolongando el dolor, prolongando el placer.
Yako gemía, presa de las sensaciones que estaba sintiendo. Su interior estaba lleno, sentía el calor que venía del cuerpo de Neuro, todo demasiado intimo, muy cálido.
Neuro apretaba la mandíbula, presa de sus propias sensaciones, quería más de Yako, pero notaba el cuerpo tenso de la chica, se sentía demasiado caliente, tanto el interior de la chica como su cuerpo, que parecía arder en llamas.
Neuro estaba curioso, no sabía que algo así pudiera pasar en un humano. Quería zamparse ese misterio.

-Yako..-Gruñó, buscando sus labios. Ella respondió.

Sus manos se buscaban, tocando cada centímetro de piel y Neuro empezó a moverse más rápido, sin poder evitar el movimiento de sus caderas. Yako le clavó las uñas en la espalda y sus piernas le rodearon la cintura, no pudiendo sentirlo más intensamente. A Neuro le gustó ese gesto y rodeó sus caderas. Buscó sus labios de nuevo, y Yako abrió la boca, él sonrió.

-¿Como se siente, Yako? -Gruñó contra sus labios mientras una de sus manos le acarició un punto sensible.

-Ahh..-Gimió Yako. Aquel toque fue demasiado para ella.

-Tu rostro es tan lujurioso-Dijo sonriendo, apartándose de su rostro para observarla. Le acarició el rostro mientras seguía aquel pequeño movimiento en su clítoris mientras seguía moviéndose en su interior.

-Neuro...

-Parece que tienes un plan...

Yako lo apartó y lo echó sobre el sofá, el demonio sonrió en su gloriosa desnudez y la observó moverse hacia él.

-¿Que planeas, Yako?-Sonrió con un propio demonio.

Yako no dijo nada, estaba demasiado nerviosa como para hacerlo. Le observó en su gloria, con la piel perlada de sudor, el pelo despeinado y aquel colosal miembro apuntando hacia ella. Llamándola.
Lentamente se acercó y lo tomó en sus manos, acariciando su longitud, sorprendiendo a Neuro, quien no se esperaba ese acto por parte de ella, pero no iba a negarse a ese pequeño placer que su esclavo le estaba brindando.

La lengua de la chica le recorrió y con cuidado lo tomó en la boca. Neuro le sujetó la cabeza mientras ella chupaba, sintiendo el sabor de ambos.
Neuro la paró cuando estaba a punto.

-Lo deseas dentro de ti verdad? Tómame Yako

La chica se sentó en sus caderas, sus piernas cayendo a cada lado del cuerpo del demonio y elevó las caderas para tomarlo en su interior. Gimió cuando la penetró hasta el fondo, y vió como Neuro apretaba la mandibula y la miraba de manera intensa.

Se perdió en su mirada a la vez que se movía lentamente. Teniendo, por una vez, el control.

No supo cuanto tiempo estuvieron así, dándose placer el uno al otro. Al final ella calló rendida sobre él, sintiéndose amada y llena y Neuro, considerando el cuerpo de su piojo, la dejó descansar, cubriendo su cuerpo con su chaqueta y rodeándola para acercarla a él.

Yako no se podía creer que en verdad lo hubieran hecho, aun se sentía irreal, a pesar que sentía el calor de Neuro entre las piernas.
Hacer el amor con el demonio fue demasiado para ella, demasiado intenso para su cuerpo pero cada vez que él la buscaba, ella reaccionaba como si fuera la primera vez.
Sintiendo la caricia del come-misterios en su pelo, se dejo llevar por el cansancio y se durmió.