Buenas tardes a todos! Bueno... dependiendo de qué hora del día sea, puede que estén leyendo esto de mañana... o en la madrugada... ¡Como sea! Venía a actualizar un poco este fic, que le estoy tomando cariño de tantos arreglos que le estoy haciendo xDDD. Como será que esto era un one-shot y terminé por alargarlo un poquito más xD. Descuiden, no creo que supere más de las 10.000 palabras, y si lo hace, pues... ¡Qué bien xD!

No hay lemon aún en este fanfic, así que por favor, tengan paciencia y no se preocupen, porque ya está escrita esa parte ¬¬... aunque sea en mi cuaderno de Matemáticas xDDD.

¡Disfruten!


Amnesia

Capítulo I: La persona especial

... al cruzar la puerta de la agencia de detectives le recibió la mirada inquisidora de Ran. No pudo más que decirse por dentro cuán hermosa era, nunca dejaba de maravillarse de tener una compañía tan valiosa como ella.

- Hola, Ran-neechan –saludó con una sonrisa.

Esta lo observó por unos segundos, atenta a sus reacciones, a lo cual se sintió algo incómodo cuando ella se fue acercando hasta que ambas narices se toparon.

- ¿Q-qué? –balbuceó apenas, al tenerla tan cerca. Intentaba mirarla a los ojos, pues llevaba encima un escote que le hacía ver una leve línea oscura que se hundía bajo la prenda y el tener aquellos gemelos tan cerca de su pecho tentándole a verlos era casi una tortura.

- Lo sabía –se dijo con aire triunfal.

- ¿Eh? –se extrañó el detective. No tenía idea a lo que ella se estaba refiriendo, ni aún lo sospechaba a pesar de la extraña sensación de que en algún tiempo lejano existía un secreto el cual todos habrían olvidado, lo que lo ponía nervioso.

- Vamos, no te hagas el tonto –nuevamente aquellos ojos claros le atravesaron de pies a cabeza -¡Olvidaste que hoy es tu cumpleaños!

- ¿En serio? –el muchacho no supo por qué en esos instantes se sentía como un verdadero idiota –Pues…

- Por favor… ¿si eres tan buen detective cómo puedes relacionar la fecha de la muerte de Holmes en Reichenbach Falls con tu cumpleaños? ¡Serás cabezota!

La joven, de veintiséis años continuaba viviendo con su padre, más por gusto que por necesidad, o más bien, la necesidad de su padre de tener una mujer que cuidase de él. Había crecido apenas unos centímetros más desde su adolescencia, en contraste de Conan que era bastante más alto a pesar de ser menor y le quedaban algunos años más, pero no era eso lo que más le preocupaba, sino era esa extraña actitud que estaba teniendo con él, y no solo aquel día, sino era algo que se venía arrastrando hacía algunos años, en especial en aquella misma fecha.

Antes era muy cariñosa con él, como quien trata a un hermanito menor al cual debe defender, pero a medida que iban sucediendo una a una las primaveras, fue cambiando. En un principio tenía un aire melancólico, esperando algo junto a la ventana, observando algún punto inexistente más allá de un horizonte naranja. Estrechaba para sí un pequeño celular; Conan siempre se preguntó por este aparato, como si algo tuviera que ver con él o… con otra persona muy, pero muy cercana; cada vez que se daba el valor para preguntar el significado de sus rituales, algo le impedía dirigirle la palabra, y cuando ella se daba de cuenta de lo preocupado que estaba por su persona, se revolvía cariñosamente el cabello, diciendo cosas como "ya volverá…", "¿… acaso pensará en mí?" u otra clase de frases que murmuraba entre dientes, las cuales del pequeño detective no les encontraba ni un sentido.

Años más tarde, sin embargo, la mirada pasó hacia él mismo, vigilando sus acciones, movimientos y palabras. Aún seguía siendo un chiquillo perspicaz, una de las pocas cosas que había conservado de su personalidad, además de su pasión por los casos y el misterio. Se graduó de la primaria y en la licenciatura estuvo Ran, junto a dos personas más: un hombre y una mujer, que parecían ser parte de algún rincón recuerdo nebuloso que se perdía en su cabeza. Los tres aplaudían con entusiasmo, mientras él recibía el diploma, un poco aburrido, con la curiosa sensación de haber vivido el mismo episodio en algún tiempo lejano.

Y nunca pudo olvidar, cómo la mujer desconocida, cuyo cabello castaño claro caía en caracol sobre sus hombros se abrazaba a su compañero con lágrimas en los ojos.

Esta escena…

Le eran muy familiares…

Ran le abrazó, a lo cual recibió su gesto con un leve rubor. La mujer le sonrió, contenta, pero no pudo evitar pensar que tras esa sonrisa se escondían aires de nostalgia.

- Felicidades de nuevo, Conan-kun… -le dijo con voz quebrada.

Felicidades de nuevo…

¿De nuevo...?

- ¿Conan-kun?

Un llamado del presente le despertó de sus pensamientos. Se encontró con Ran, quien lavaba los platos que habían quedado del desayuno y nadie pudo lavarlos por las prisas.

- ¿Sí? –fue su lacónica reacción.

- Hoy voy a salir –le comentó, sin apartar la vista del lavavajillas –Debo juntarme con alguien especial para mí...

- Ah… ¿Especial? –aquel adjetivo no le gustaba nada. Ran se relacionaba muy poco, desde que las diferencias con Sonoko se fueron marcando, y no podía imaginar quién sería aquella persona especial -¿Y se puede saber quién es?

La joven rió con ganas, pues al parecer el chico no había notado el celoso tono de su voz.

- No te preocupes –contestó alegremente –Podrás verla porque tú irás conmigo.

- ¿Enserio? –Conan arqueó las cejas, algo confundido –Vaya… ¿cómo es?

- Oh… es alguien muy especial, ya te lo dije. Te gustará, tienen mucho en común, bastante, diría yo…

Aquello último lo dijo con tanta seriedad, que el adolescente no pudo evitar preocuparse cuando ella se dio vuelta en redondo, como si le diera vergüenza que la viese llorar.


La primavera había llegado a Beika, junto con el sol anaranjado derritiendo la nieve que se escondía por los resquicios más ocultos. Ya por el anochecer el ambiente de la ciudad era gélido y una neblina densa cubrió la urbe con la sutileza de un manto lechoso.

Una pareja transitaba con calma por las alamedas del distrito: Ran invitaba a su compañero a que la siguiese, guiándole al tironear del abrigo insistentemente.

Apenas se lograba ver más allá de la punta de sus narices, sino que Conan se dejaba llevar por lo que parecía ser la certeza de la joven mujer de conocer el camino de su destino. Confiaba en su convicción, aunque por dentro no quería ir a ver esa persona especial. Pronto comenzó a imaginar caras probables, como el Doctor Araide que venía con más insistencia a pedirle matrimonio a Ran o al galán Hondou Eisuke, convertido en todo un agente de la CIA que persistía en entablar una relación sentimental. Aquellas suposiciones le hacían estremecerse de rabia, pues –según él –se había enamorado de la joven Mouri desde el primer instante que le recibió en su hogar –aunque no recordaba muy bien cómo – y desde entonces no había podido sacársele de la cabeza que algún día ella se fijaría en su persona, a pesar de la diferencia de años…

Y si aquellas deducciones no eran ciertas, entonces empezó a imaginar caras ficticias, las cuales besaban a la mujer que amaba desde la infancia y le sonreían de manera burlesca. No, sacudió su cabeza. No era el momento para sentir celos de fantasmas, de todas formas, podría ser cualquier otra persona, como Sonoko, alguna otra vieja amiga o su madre, la Abogada Kisaki. Mas, ¿qué razones podría tener para no decirle inmediatamente su nombre? Alguna broma de mal gusto, pensó, ya sabía lo pesada que era a veces Ran, en especial cuando sorprendía a Kogoro con sus bromas con el fin de sacarle ese insano alcoholismo, pero… ¿qué había de gracioso en todo esto?

Definitivamente, las deducciones no se aplican en la lógica del corazón…

Se detuvieron, en lo que parecían ser las grandes puertas de una mansión: firmes barrotes de hierro, algo oxidados y dañados por la acción de los vándalos que intentaron hurtar sus tesoros. Nada se lograba ver de la residencia más allá de la espesa bruma, nada que se levantara más allá de los altos muros de concreto. Pero solo había una verdad: era una morada deshabitada hacía ya muchos años.

El aura triste que emanaba de la vivienda hizo que al muchacho se le pusieran los pelos de punta.

- Oye, Ran-neechan –preguntó Conan en un hilillo de voz, como si tuviera miedo de recibir una maldición de lo que estuviera al otro lado -¿Qué lugar es este?

La mujer no respondió, sino que atinó a sacar una llave dorada cuidadosamente pulida, del bolsillo de su abrigo rojo. Introdujo ésta en la cerradura metálica, dándole vueltas en sentido del reloj, hasta que las portezuelas emitieron un leve sonido que indicaba que habían sido abiertas y estas se separaron, crujiendo ruidosamente, como si se quejaran de un largo abandono.

Ran le cogió la mano, dedicándole una mirada que parecía ajena a su personalidad.

- Ven –ordenó gravemente.

Y juntos ingresaron en el oscuro recinto que la gente, pero no el tiempo olvidó.

Fueron siguiendo el sendero de puertas, de cuyos lados crecían todo tipo de hierbas y malezas. El pasto lucía descolorido y sin el cuidado que requería. A Conan atrajo su atención a un árbol colosal que debía medir varios metros de alto, pues se perdía más allá del lúgubre vaho que todo lo escondía.

- Vaya que jardín más descuidado –se quejó el adolescente –El dueño debe ser alguien bastante negligente y perezoso…

- Pues… tenlo en cuenta para cuando lo conozcas. Es aquella persona especial de la cual de hablaba. Hace mucho que se fue y no ha podido mantener su casa durante los últimos años…

- No me digas –comentó burlesco –No parece ser el tipo de lugar en el cual una mujer pueda vivir…

- ¿A qué te refieres con eso?

- Nada, cosas sin sentido –en realidad no quería reconocer que los celos se lo comían por dentro, que esa persona especial fuera alguien con el suficiente dinero para darse la gran vida en viajes y que dormía bajo techos lujosos como la casa que poco a poco se iba haciendo visible en cuanto se adentraban más en la neblina.

Definitivamente era una gran mansión, de estilo occidental. Un poco desteñida por las lluvias del invierno, pero dejaba ver que en algún punto del pasado había sido un lugar lleno de vida. Para sorpresa del joven detective, Ran, con la sutileza de un mago experimentado sacó otra llave, aún más bella y resplandeciente que la anterior, y con ella abrió la bella puerta de madera que daba a la entrada de la preciosa casona.

Se quitaron los abrigos y bufandas y los colgaron en un viejo perchero junto al pasillo que se perdía en penumbras. Conan probó el interruptor que debía encender las luces del corredor, sin embargo, estas no respondieron.

- Es inútil –fue la seca explicación de su compañera –No han pagado la luz en años, así tampoco el agua ni ningún otro servicio.

El adolescente no entendía el por qué Ran conocía tan bien cada sitio por el cual iban pasando. Sentía como si hubiese retrocedido diez años, pero no se sentía como un niño. Cada rincón de la casa estaba ordenado, cada cosa en el lugar que seguramente debía de corresponderles, sin embargo, estaban cubiertas por una gruesa capa de polvo.

Recorrieron juntos cada habitación. Conan se extrañó ante aquel cambio, puesto que anteriormente la mujer parecía estar segura de cada espacio que pisaban, mas ahora iban como por azar en la oscuridad, y haciendo pequeñas paradas, en las cuales ella parecía estudiar meticulosamente las expresiones de su rostro. Pensó en lo obvio, que lo más seguro es que se habían perdido o estaba buscando a aquella persona especial por los rincones de la casa.

Mas otra posibilidad era que…

… quizás…

… lo hacía de forma premeditada por él…

Pero si era así, entonces… ¿para qué?

Hasta que finalmente, se detuvieron.

Los ojos le brillaron de alegría al verse rodeado por gigantescas estanterías que se alzaban en lo alto de lo que era una antigua biblioteca. Como todo lo demás, también lucía abandonado. Reconoció varios de los títulos de los libros, todos de misterio, además de otros que parecía ver visto en otra vida. Se abalanzó contra la primera colección de Sherlock Holmes que reposaba entre la serie de Akechi Kogoro y Narraciones Extraordinarias de Poe.

Hojeó las páginas de cada una de las novelas pertenecientes al Canon Holmesiano, hasta llegar a El Signo de los Cuatro. Al abrirlo, había algo escrito en él, a lo cual un escalofrío recorrió por toda su espina dorsal:

Para mi hijo, Shinichi, que espero que te conviertas en un talentoso actor como tu madre o me superes como un renombrado escritor.

Felices siete años te desea tu padre:

Kudo Yusaku

(Año 19XX)

Shinichi…

Le sonaba ese nombre. Hizo un esfuerzo por hacer memoria, mas lo que consiguió fue que una migraña le traspasase la cabeza.

Así que esta casa era del famoso escritor Kudo Yusaku…

Seguía sin entender el significado de todo esto, el por qué Ran le estaba mostrando todas aquellas cosas. Por más que le diera vueltas en la cabeza, no encontraba razón lógica a nada de lo que estaba a su alrededor, pero no comprendía que cada mota de polvo, página u objeto le traían a la mente un sentimiento de llamado, porque siendo inertes, tenían vida, y al tocarles era como si vibraran de alegría de estar una vez en mismas manos que con tanto cariño habían sido tratados.

Siete años...

Siete años, debía haber tenido en aquel entonces el dueño del libro, se notaba por el descuido con el que habían sido tratadas las páginas, con restos de mermelada, migas de pan y las huellas de los deditos infantiles que habían manoseado ansiosas las páginas.

Y haciendo cálculos, por la fecha que ponía al pie de la dedicatoria, el muchacho debía tener en la actualidad:

Veintisiete años...

Un año más que la edad de Ran.

- Así que esto debe ser de la persona especial de la que tanto me hablas -dijo, intentando aparentar indiferencia en sus palabras, sin darle la cara para que la mirada no le delatase los sentimientos de celos que lo quemaban por dentro -Tiene buen gusto, lo reconozco. Ambos compartimos el mismo libro favorito... ¿a qué se dedica?

- Es detective -contestó la joven, sin muestras de ninguna emoción en su tono -No fue ninguna de las cosas de las que pensaron sus padres, pero aún así, era un buen mentiroso y un excelente actor.

- ¿Mentiroso?

- ¿Acaso no te has dado cuenta? -su voz adoptó un tono quebradizo, a lo cual Conan temió que en cualquier momento se echase a llorar -Era tan bueno hilando mentiras, que terminó por creer su propio engaño...

El muchacho no dijo nada. Le costaba procesarlo todo, ¿qué tenía que ver él en todo esto?

- La verdad siempre sale a la luz... decía y a pesar de todo, quiso jugar al mismo juego que tramaban los criminales que atrapaba en cada caso, mas no sabía que aquí la víctima era también el detective, porque lo asesinó rompiendo su corazón en mil pedazos...

- ¿Quién es Shinichi, entonces? -exigió con violencia, ya hastiado. Le molestaba que hablaran en difícil.

Y el decir ese nombre le causaba una incomodidad sin límites.

Ran frunció el ceño, con fastidio.

- Sácate los lentes y cierra los ojos-fue su orden.

Y lo hizo, más por su curiosidad innata que por cualquier otra cosa. Sabía que pronto ese desgraciado aparecería, porque podía ver en los ojos de la mujer ese brillo de ilusión, que le delataban sus ansias por ir a su encuentro. Estaba enamorada y él no era esa persona especial, a quien amaba y seguramente este también la quería; se besarían en frente suyo y le darían la noticia que pronto se casarían, dejándolo solo con Kogoro en la desolada Agencia de Detectives. La sola idea lo repugnaba y solo rogaba al Cielo que se lo tragase la tierra antes de hacer cualquier otra tontería por impedir la felicidad de Ran.

Tras la oscuridad de sus párpados esperó, que la verdad se presentara delante de ellos y que no le doliese tanto cuando viera cómo le robaban la poca felicidad que le quedaba.

- Ábrelos.

Y vio.

Ran sostenía un cuadro. Un cuadro, hermoso, ovalado, con arco de plata que enmarcaba la imagen en una tela pulida de un joven adolescente de su misma edad: castaño, de ojos azules claros y mirada penetrante, chispeante a veces, otras profunda; llevaba puesto su mismo uniforme del Instituto Teitan y mostraba a todas luces una expresión sosprendida.

Quiso acercarse para estudiar mejor la pintura, que había sido pintada con sumo realismo, mas al extender su mano, el chico al otro lado de la tela hizo el mismo ademán, con su mano opuesta.

Probó, una vez más, la naturaleza de aquel retrato mágico que emulaba todos sus movimientos con fiel apego al personaje. Guiñó, se ladeó, pestañeó, para solo sacar en limpio de que era un eximio imitador.

Finalmente, palpó con la mano derecha la fina tela: era lisa, fría como el hielo, resbaladiza a su tacto. Sus dedos se unieron a los que eran de la pintura, y al separarse, un rastro de su calor quedó estampado encima, hasta desaparecer segundos más tardes.

Porque no era una pintura...

Me imita porque es un espejo...

Observó con gravedad a Ran. Gruesas lágrimas resbalaban por las mejillas de la mujer, la cual sonrió, satisfecha.

- Entonces... yo soy...

- ¿Quién diría que en diez años tú seguirías igual de joven y yo más vieja?

- Pero... -el adolescente rió con incredulidad -tiene que ser una broma, sí yo soy Conan...

- ¿Realmente es así?

- ¡Es absurdo...!

- Y se invierten los papeles... -comentó Ran, rodando los ojos hacia el techo.

- ¿Cómo voy a ser Shinichi? ¡Tengo apenas diecisiete y él debería haber terminando la universidad!

- Tienes razón, debería.

- ¿Qué pruebas tienes?

- Esto -señaló el espejo.

- ¡No es suficiente!

- Tu rostro, la actitud, esa engreída personalidad y su manía por los misterios...

- ¡Hay cosas que...!

- Los dos tienen las mismas habilidades heredadas de Yusaku y Yukiko...

- ¡Pero...!

- El cabello del padre, el rostro de la madre...

- ¡Puede ser que...!

- Un increíble inventor de historias que se las puede tragar medio mundo y una actriz capaz de engañar como el mismísimo Kaito Kid...

- ¡Cualquiera puede...!

- Ambos cumplen años el cuatro de mayo...

- ¡Siempre hay gente con el mismo cumplea...!

- Se creen los mejores cantantes y miran en menos a la música, pero los dos tocan con la misma pasión el violín...

- Yo no sabía que él...

- Y lo que me hace estar más segura... -se fue acercando, sigilosamente hasta acorralarlo entre ella y la estantería. La mirada suspicaz de Ran daba miedo a cualquiera que se le acercase, de modo que Conan fue retrocediendo, hasta chocar con los libros del mueble y haciéndolos caer encima suyo. Dolorido por los golpes, se tumbó en el piso, sobándose la coronilla, cuando los ojos de la joven Mouri penetraron los suyos -Que no puede ser posible que me haya enamorado dos veces de la misma persona.

Ya esperaba recibir una dura patada de su parte, sabiendo cuales eran sus reacciones, en especial si alguien le mentía, mas en lugar de eso, sintió el dulce y cálido sabor de sus labios, que tantas veces había estado tentado a probarlos cuando dormía con ella en sus años de primaria.

Apretó los párpados, incrédulo. No podía pensar con claridad, como en cada situación que le involucraba a ella. El corazón le daba tumbos dentro de su carne, al tenerla tan cerca, practicamente encima suyo.

Quiso dejarse llevar, mas algo le dolía por dentro: la idea de que no le estaba besando por ser Conan, sino porque estaba segura que él era Shinichi...

Y la avalancha de recuerdos se desbordó por su cabeza como ríos de miel.

¿Por qué de miel? Porque en cada escena, estaba Ran: dulce, tierna, molesta, llorando, como fuese que estuviera, allí estaba: La aventura que tuvieron de pequeños a los siete años y la puesta de sol; el que su mejor amiga durmiera plácidamente en su hombro en el viaje a Nueva York; la cita juntos en Tropical Land... el haberse convertido en Conan, todos sus momentos juntos, durmiendo en la misma cama, bañándose en un solo estanque... y cuando le reveló por primera vez, sin saber que era Shinichi, que estaba enamorada de su amigo de la infancia... y el caso en Londres, la declaración que le hizo en su cuerpo original, el gran amor que sentía por ella...

Aún así, le invadieron los...

Celos.

- ¿Qué sucede, Shinichi? -el joven había cortado el beso de manera abrupta, dejando a Ran confundida por su comportamiento.

- ¿Me amas?

La mujer pestañeó, extrañada por la pregunta.

- Por supuesto que sí... -contestó con una sonrisa.

- Te estoy hablando en serio... ¿me amas a mí o a Shinichi?

- ¿Pero de qué hablas? ¡Tú eres Shinichi!

- Puede que así sea... -no entendía por qué el tono de su voz era violento y que le estuviese temblando el cuerpo -Pero eso fue en el pasado: Shinichi está muerto, así es, murió, aquel mismo día que fuimos a Tropical Land, y su cuerpo quedó allí, en la sombra como alimento para el pasto. Esto es lo que soy ahora. ¿Quién es Shinichi? Cenizas. Yo soy Conan, Ran, ¿comprendes? ¡Soy Conan! Tú amas a Shinichi, al idiota que te hizo daño aún estando muerto ¿Quién es Conan? El hermanito menor que estuvo enamorado de ti desde el primer día que recibiste en tu casa, y ahora lo ves como un reemplazo más de un imbécil que quiso jugar a los detectives, ¿es eso? Pues... bien...

El muchacho salió por la puerta, temblando de rabia, dejando a la joven Mouri con lágrimas en los ojos. No resbalaron, había aprendido a contenerlas luego de tantos años. Ahora, que había encontrado a su amor, resulta que este ni siquiera tenía el valor de reconocerse así mismo...

Porque una mentira mil veces repetida... se transforma en verdad...

Un portazo sonoro resonó por la triste mansión...

Y Conan echó a correr sin rumbo fijo por las alamedas de Beika.

Continuará...


¡Oh, vamos Shin xD!

Disculpen, es que a veces este tipo se pone algo difícil ¬¬... ojalá me perdonen el OOC de este personaje ^^; es que a veces me saca de quicio ¬¬... pero bueno... creo que luego de diez años habrá cambiado algo de su mentalidad... en especial si desde entonces pretende ser una persona totalmente nueva...

Y a los lemoneros... esperen, que ya viene lo ácido xDDDD.

Almas generosas, reviews please :D . Igual quisiera saber sus opiniones si va bien todo o si quieren que cambie algunas cosas... consejos xD!