N/A:

Autora: White Aconite (Kyomi).

Beta: Black Requiem (Anna).

Género: Sobrenatural, misterio, acción, humor, drama, AU, dark fic, shonen ai.

Rating: +16

Advertencias de capítulo: palabras altisonantes, violencia, gender-bender.

Disclaimer: tú y tus abogados me obligan a admitir que Hetalia no me pertenece, sino a la ingeniosa mente de Himaruya-sensei


Room 204.

By: White Aconite.

Capítulo 2:

Child´s garden.

Marchaba furioso, sin saber a dónde acudir dado que carecía de alguna cartera que solventara siquiera un austero desayuno de algún local cutre. Resopló frustrado por haberse marchado de aquella habitación sin haber tomar ventaja de la hospitalidad -nótese el sarcasmo- de sus amables anfitriones. Ahora no podía regresar a solicitar alimento por el orgullo que dictaba sus acciones, incluso aunque sus tripas estuvieran insistiendo por nutrientes; prefería morir de inanición que ver la cara de ese molesto escoses de mierda.

Tal vez era hora para volver a casa tratando de ignorar aquel molesto pensamiento. Ansiaba estar en su ostentosa casa de estilo georgiano con los confortes de un sitio cálido donde descansar.

Quizá el cretino escoses tenía razón en atribuir su confusión a una crisis, por lo que podría resolver rápido aquella inquietud y dirigirse a la calle Grosvenor.

No en balde era un Kirkland. En sus venas corría sangre de nobleza, y debían demostrar superioridad ante los demás, aunque sea falsa, para que nadie pueda ir en contra suya. No podía mostrar debilidad y tampoco ausentarse irresponsablemente de sus deberes. Si tenía inquietudes debía aplacarlas dentro de su mente sin dejarlas tomar rienda en su vida.

Eso era un Kirkland, un soberano de todo hasta de su propia vida.

Sin embargo, tomó justamente la ruta contraria lejos de su hogar.


-Arthur Kirkland, perteneciente a una de las familias de gran prestigio y opulencia de Londres. Los miembros de la familia han llegado a ser duques, marqueses y lores en general. Se graduó como el mejor de su clase y fue recientemente aceptado en la universidad de Oxford al otro lado del mundo. Si no fuese por su desaparición estaría disfrutando de su primer semestre en Derecho.

-En pocas palabras, un creído londinense con afán de distinción que puede permitirse comprar camisas en Jermyn St., los trajes en Savile Row, las gabardinas en Aquascutum, las botas en Lobb y el foie gras en Fortnum´s –resopló el otro.

Ambos estaban a las afueras de la propiedad Kirkland. La residencia no podía ser calificada como humilde y sencilla, era la perfecta ejemplificación de lo que debía ser una residencia para nobles.

A Scott le tocaba los nervios estar tan temprano en semejante sitio. Agradecía que a esas horas no fuese transitada por ese montón de gente frívola y superficial que les mirara con recelo. Ese sitio brillaba por ser nada barato y en definitiva no entendía como los residentes podían acudir a esas tiendas con precios prohibitivos y gastar su fortuna en esos sitios; prácticamente debías ser casi realeza para permitirte comprar en un lugar así.

-Atento –susurró Glen en cuanto vio salir de la residencia a dos personas.

Rápidamente por la apariencia de ambos, pudo reconocerlos como los gemelos Bryan y Ryan Kirkland, hermanos mayores de Arthur.

Según las investigaciones de Glen, éstos se encontraban en su último año de estudios en Administración y el otro en Relaciones Internacionales; las opciones profesionales no eran del todo una sorpresa ya que se estudiaban con el objetivo de fortalecer el imperio Kirkland.

Los gemelos comenzaron a caminar por la avenida dirigiendo hacia algún indeterminado sitio por lo que no tuvieron más opción que seguirles de cerca hasta entrar a un restaurante. Internamente agradecían haberse vestido de manera adecuada ya que los comensales de ahí, a pesar de llevar ropa casual, no perdían la elegancia y el porte en sus atavíos.

Se sentaron una mesa detrás el dúo. Scott hizo una mueca al ver acercarse al mesero y luego echó chispas al ver el menú ¡El solo pedir un té en ese sitio les saldría caro! pero no era como si tuviesen opción si es que querían ahorrarse las sospechas. Todo sea por el afán de investigar.

-No estoy seguro, podría estar en cualquier parte –oyeron hablar a uno que parecía más conciliador que el otro que guardaba una mirada rencorosa en sus ojos. A pesar de los numerosos rasgos que compartían como el pelo rojo obscuro, rostros pecosos y de complexión robusta, eran la mirada de sus orbes jades que los distinguían uno de otro–. Nunca debimos hacerle eso a Arthur.

-Es tarde para lamentarse nuestras decisiones, Ryan. Si padre se entera de nuestra traición sin duda seremos desheredados. Solo debemos encontrarlo antes que todos y enviarlo de regreso a ese lugar de donde escapó.

-¡¿Pero no se te hace extraño?! –La situación exprimía su cordura y no se molestó por haber alzado la voz– ¿Que esa mujer se nos apareciera justamente cuando ansiábamos que Arthur desapareciera y ofrecernos esa vía mientras nuestras mentes estaban nubladas por el enojo y la decepción?

Scott vio a Glen tensarse y, en mucho tiempo, distingue como el rubio aprieta su mandíbula sin la impasibilidad de siempre.

-Si no hubiésemos dado una decisión apresurada cegados por las emociones del momento, no estaríamos en este dilema ahora – la voz le sale menos uniforme de lo que había planeado, pero poco le importa ya que su corazón ya no puede soportar más.

-Si hubiera sido así, nos habrían hecho a un lado como objetos inservibles para la familia –la frase sale violenta ya que para él tampoco es fácil, sin embargo, siempre piensa en el bienestar de su gemelo antes en la de sí mismo.

Si las cosas hubiesen seguido su rumbo, sería Ryan el primer afectado y él no lo permitiría. Era el único en quien podía confiar y sostenerse en ese mundo hecho de apariencias y traiciones.

-No huyas como nenaza. Un Kirkland jamás se retracta, eso es de cobardes –solo ve como el rostro inexpresivo de su gemelo está a punto de explotar.

-¿Y que si soy un cobarde? ¿Te desharás de mí como lo hicimos con Arthur? –su voz dolida se quiebra. –Aunque no nos lleváramos tan bien o que tuviésemos distintas madres, sigue siendo nuestro hermano, nuestra sangre. No tenemos garantía del trato que le han dado en aquel lugar. Si ha huido debió haber sido por algo.

-Vamos Ryan, tú también visitaste conmigo las instalaciones y la doctora Alice es confiable… –apenas fue capaz de terminar aquella frase antes de haber sido levantado de la solapa para luego enfrentarse a unos ojos verde botella, facciones rígidas y un aura asesina. Como un monstruo a punto de matar.

-¿Has dicho Alice? ¡Repíteme el nombre, maldito hijo de puta! –exigió mientras zarandeaba al otro tal cual muñeca de trapo.

Una mano en su hombro calma la ira contenida del pelirrojo y con una mirada le pide silenciosamente que baje al otro.

-Descuiden, su secreto está a salvo con nosotros. Pero deberán revelarnos la ubicación de estas instalaciones –si bien su tono era calmo y apacible, sus ojos no reflejaban el mismo sentimiento; contenían una rabia mayor a la de Scott.


Creía que estaría a salvo a plena luz del día en vías concurridas. Pensaba que si se mantenía alerta sin levantar sospechas, no atraería la atención, pero sobretodo, estaba seguro de que si se mantenía alejado del distrito donde residía podría perderse en toda esa inmensa ciudad de las garras de sus buscadores…

Si. Había sido ingenuo.

Pero hey ¿Cuántos miles de habitantes hay en Londres y cuantos distritos tiene éste? ¿Cómo pudieron dar tan rápido con él? Ahora echaba a correr para perder la furgoneta que momentos antes le había cerrado el paso mostrando a los mismos hombres de la noche anterior. Sino hubiese sido por su agilidad y flexibilidad, producto de sus años de gimnasta, no habría podido colarse entre tantos brazos y echado a correr.

No era huir, sino retirarse estratégicamente dado que si se quedaba a pelear concluiría en algo bastante parecido a lo de esa madrugada.

Arthur se mordía constantemente el labio inferior, tratando así de ahogar las muchas maldiciones que pensaba y gritaba en su interior mientras incrementaba su velocidad. Dio gracias a que su condición física no se hubiese perdido con el breve tiempo que se mantuvo inactivo, lo que le permitió alcanzar cierta rapidez. Sabía de sobra que gozaba de un cuerpo sano, mas tampoco ignoraba que había un límite en su resistencia; prueba de ello eran las grandes bocanadas de aire que respiraba tras haber corrido casi dos manzanas.

Sin importarle si el semáforo se hallaba en rojo o en verde, el ingles atravesaba las carreteras, con la mirada hacia delante y sin voltear siquiera a la furgoneta que le seguía de cerca. Por eso mismo, cuando llegaba al final de un paso de peatones, era consciente del bullicio que había ocasionado detrás suya, pero a estas alturas le era imposible detenerse y mucho menos pedir disculpas; al menos nadie había salido herido, incluido él.

Pensó haberlos perdido cuando unas manos surgieron de la oscuridad y le arrastraron a un callejón. Tratando de gritar y de aplicar las lecciones de boxeo que cierto americano idiota le había enseñado, acertó debajo de la barbilla de su captor.

-Tzk, coño ¿Pero se puede saber qué sucede contigo, imbécil? –se detuvo al reconocer aquella grave voz, aunque casi de inmediato surgió un deseo por continuar llenando de golpes la cara del escoses que le sujetaba.

-¿Q-qué haces acá? –preguntó en atropellos dada la falta de aire.

-Estaba buscándote y te vi corriendo –sus sentidos desarrollados le advirtieron de la cercanía de los centinelas por lo que nuevamente haló del rubio corriendo entre los estrechos pasajes.

Arthur no tenía idea de donde le llevaba pero, al estar agotado y ser asechado de sospechosos sujetos, se dejó guiar por los pasajes que Scott reconocía como la palma de su mano.

–Mierda… ¿Dónde están?

– ¿Quiénes?

– ¡Mis sentimientos! –exclamó el pelirrojo recorriendo con sus ojos las callejuelas. – ¡El coche, estúpido! ¡El maldito coche para sacarte de aquí!

Sonaba serio y bastante ansioso lo que no le dio buena espina.

–Esos tipos no son como los de la noche. Alguien te está buscando y ha llamado a personas peligrosas para atraparte. Te dejarán hecho mierda si te dejas atrapar por sujetos así.

Le sintió tensarse bajo su fuerte mano, mas no se dignó en voltear a verle. Si lo que Glen imaginaba era realidad, entonces debían conseguir un escondite donde no encontraran por el joven hombre. No sería fácil cuando habían movilizado el submundo para atrapar al rubio.

Chasqueo los labios molesto –Maldito Glen. No sé qué entiende por conducir una vuelta a la manzana… –murmuró sus maldiciones sin menguar el paso.

Escuchó los apresurados pasos persiguiéndoles y, antes siquiera de buscar una nueva vía de escape, se encontraron rodeados por cuatro matones de gran tamaño con semiautomáticas en sus manos.

El panorama no pintaba nada bien para ellos, ya que Arthur no se sentía del todo enérgico por auxiliar al otro en la inevitable afrenta tras horas de extenuante escape sin tregua a un merecedor descanso reparador; eso sin mencionar el hecho que aún continuaba famélico. No estaba en su mejor condición y menos en una pelea a mano armada.

–Bien señores, los felicito por encontrarnos. Ahora, si quieren vivir para contarlo, les recomiendo hacerse a un lado.


El interrogado calló tras los certeros, y hasta elegantes, golpes que había asestado Glen. Aunque no era su manera de hacer las cosas, si insistían no rehuía una pelea. Bostezó demostrando su desidia, molesto. Lo que más quería era finalizar con la búsqueda del chico e irse a descansar. Tal vez tomaría algo lo suficientemente fuerte como para freírle las neuronas.

Rio antes este pensamiento tan inusual en él.

Tenía muchos sentimientos encontrados y odiaba sentirse sin el control de éstos. Tal alteración sólo podía ser producto de ella, de Alice.

Tras haber escuchado la confesión de los gemelos, podía sentirla cerca, casi como si pudiese rozar su tersa piel y escucharla susurrar en su oído para soltar una de esas inocentes risillas.

La imagen de aquella quien le había robado el corazón se deshizo con la vibración de su smartphone guardado en su bolsillo. Lo sacó con aburrimiento para leer el contenido del mensaje enviado por su colega neet japonés.

–Gracias Kiku –gesticuló al saber la ubicación exacta de no solo Arthur, sino también de Scott.

Volvió a su sencillo Lada Priora tras la leve irrupción con el mercenario y se dispuso a movilizarse con el vehículo donde su compañero aguardaba.


Al principio, Arthur no sabía a qué atribuir la sobreconfianza del pelirrojo en la batalla, sin embargo ahora, era merecida tal arrogancia.

En las manos de su defensor se encontraba una pistola que había logrado arrebatar a uno de los hombres en un santiamén. Ocupó un agarre de azada no sólo para librar el arma de la muñeca de su oponente, sino para encubrir su propio cuerpo en lo que recuperaba la pistola semiautomática.

Los hombres apenas habían podido reaccionar ante este inesperado movimiento, intentando levantar los cañones de sus armas, empero, Scott desarmó al resto disparando con una puntería inigualable hacia las manos poseedoras con el armamento.

Con el cartucho vacío, se dio impulso para golpear con el mango de su arma en las cabezas ajenas. Esquivaba sin problema alguno los puñetazos de los maleantes debido a cómo la gran complexión de sus cuerpos les jugaba en contra, sumado al hecho el haber recibido el disparo hiriendo sus miembros más hábiles.

Hubo alguno que intentó disparar con su restante mano, no obstante, Scott había previsto tal movimiento por lo que usó el cuerpo de quien estaba enfrentando como un proyectil tras golpearlo con toda su fuerza.

Arthur no podía creer la bestialidad de aquella fuerza bruta. Había lanzado casi sin esfuerzo a alguien que le doblaba en peso y el pelirrojo se veía fresco, ansioso por despedazar al resto que se encontraba disperso en el suelo. Casi parecía inhumano.

–En verdad que es fuerte.

Volteó al no reconocer la voz para ver de frente un puño que se estrelló en su cara. El cuerpo se estrelló con el muro que tenía a sus espaldas y cayó como una muñeca rota. Maldijo por lo bajo dispuesto a pararse, pero fue pescado por el cuello siendo levantado entre su agresor y la pared.

–Pero sigue siendo mortal –dictaminó el hombre de antifaz y, dicho lo anterior, lanzó tres disparos que acertaron en la espalda del escoces a la altura de su corazón.

El grito de espanto de Arthur se quedó ahogado en su garganta ya que el otro le estaba estrangulando. Pataleó sintiendo que perdería la consciencia en cualquier momento mientras el otro le observaba con una simulada sonrisa tras haber atrapado a la presa por la cuál recibiría un buen botín.

No quería que terminara ahí… ¡Habían matado a alguien por su culpa! No permitiría que le regresaran a ese horrible lugar.

"Regresa".

No quería mirar a esos orbes esmeraldas que le miraban con curiosidad e interés.

"Mi pequeño Arthur".

No quería seguir encerrado en ese cristal descubierto a cualquier designio de…

"Eres mi mayor orgullo".

–A-Alice…

A pesar de que el nombre hubiese sonado con lastimero gemido, llegó a su memoria la voz cantarina y sibilante que carecía de verdadera calidez. Una voz que le acojonaba hasta relegarlo a un indefenso niño.

– ¿Qué murmuras? –preguntó su secuestrador.

Antes de obtener respuesta -si es que fuera posible- recibió un fuerte impacto en su pómulo derecho haciéndole despegar del suelo. La inesperada colisión libró a Arthur del agarre y, en libertad, se dedicó a toser violentamente por el agravio en su garganta.

El hombre turco se trató de incorporar dispuesto a enfrentar al nuevo adversario, sin embargo, lleno de incredulidad y espasmo, vio que quien le había herido no era ningún otro que el mismo escoses que había tiroteado instantes antes. Se encontraba erguido como si las balas incrustadas muy dentro de su carne no fuesen un problema lo que provocó su pavor.

–Sí que tienes agallas para balearme, hijo de puta –sentenció el pelirrojo tiritando del coraje –, porque tus subordinados tendrán que echarte por el retrete cuando te deje hecho mierda.

Scott estaba enojado.

El peligroso brillo del más alto heló la sangre de Arthur. Era como ver a los ojos de una criatura temible que ahora parecía acabar con todo.


En pequeño repiquete de la fina cerámica y las acompasadas respiraciones era el único sonido que las ocupantes de aquella decorada mesa emitían.

Era la hora del té y era el deseo expreso que las cinco se encontrarían tras una pausa en su extenuante trabajo, relajándose con los deliciosos aperitivos que se encontraban dispuestos encima de la mesa.

La diminuta celebración se llevaba a cabo dentro de una cúpula rodeada de fresco pasto y vegetación. El cálido aire acariciaba el follaje y emulaba empujar los cúmulos níveos del cielo, mientras que el orbe solar se encontraba en lo más alto de la bóveda, desafiando la hora que realmente era.

El reconfortante ambiente que se respiraba en aquella sala con sus ocupantes, se vio irrumpida con la llegada de uno de sus emisarios que habían requerido en pos de la captura de Arthur.

Al instante que alguien ajeno al grupo ingresó, el sistema de ventilación encareció y el bello paisaje se opacó dejando en oscuridad la habitación revelando la trampa en los paneles de las paredes que lograban trasmutar ese amplio y hasta sombrío cuarto en uno con una atractiva vista. Mientras tanto, diminutas luces iluminaron por detrás de la mesa, dejando en contraluz a las figuras dentro de la cúpula

–Lady Alice –dio una reverencia como muestra de respeto antes de rendir el informe–. Siento informarle que la captura del sujeto fue entorpecida por la aparición de dos extraños. Sin embargo aún seguimos en su búsqueda.

La figura femenina más alta salió del resguardo de las sombras interrumpiendo su agradable hora del té, tomando con sus delicadas manos el informe de su subalterno. El delineado de su bello cuerpo era acentuado con la contraluz que guarecía sus facciones.

–Dos extraños –enunció más interesadas que molesta lo que reconfortó al empleado.

–Pero que hombres más incompetentes tienes a tu cargo –dictaminó la menor de la conglomeración de sombras que descansaba en aquel páramo virtual. –Ni siquiera unos pendencieros pueden atrapar a un simple hombre.

Despidió al hombre con un gesto desidioso siendo obedecida al instante.

–Parece ser que nuestro niño sigue perdido. Ojalá puedan traerlo pronto, ha sido mi favorito de entre todos –entornó otra voz con un deje de melancolía.

–Es el único experimento que ha mostrado resultados satisfactorios.

–En definitiva, el que mejor se ha desempeñado. Solo resta recuperarlo para saber si el alma se ha mantenido intacta tras la inserción.

–Creo que puede esperar…

La figura mayor se acercó a la mesa acercándoles los archivos a las otras.

– ¿Por qué dices eso, querida?

–Nuestro niño se ha reunido con la guardería –entornó con un matiz de orgullo.

–Pensar que nuestro Arthur llegaría con Glen y Scott –dijo una más denotando el entusiasmo que sentía por sólo escuchar esos nombres.

–Todo este tiempo hemos querido verlos de vuelta.

–Es cuestión de tiempo para estar los tres juntos de nuevo.

–Nuestro objetivo casi se ha alcanzado.

–Esta vez seremos eternos y nadie podrá separarnos.

–Ni siquiera la muerte…

Fin del capítulo.


N/A:

Parece que me empeño en no respetar mis propio límite de palabras T.T luego me ahogo entre tanto escrito por ello ¬¬ bueno.

Siento la demora pero estuve hospitalizada más de una semana por andar descuidando mi salud y en fin, mi enfermera no me dejaba que me trajeran la lap T.T. Debía venir Cortejo a la Inglesa antes que ésta pero no encuentro la méndiga usb entre tanto tiliche… algún día ordenaré la montaña de desorden (se hace la desatendida).

Lo bueno es que ya estoy en casa y para las que leen los otros fics esperen unas cuantas horas a que escriba la parte que me falta y se lo envié a mi beta de la tierra de los canguros para que me reenvíe el fic con los horrores de ortografía corregidos y publico Ojos ajenos ¿vale?

Tuve un arranque de inspiración hablando con mi enfermera Beatriz (Bea de cariño… ya saben que siempre ando acortando nombres _ _;) que me escuchaba sobre mis historias (obviamente ocultando el género de mis personajes) y dándome algunas ideas. En fin, la pasé genial con esa mujer especie Hanji Zoe de SNK XD solo falta agregar el factor yaoi y seremos inseparables jaja. Algún día haré un personaje basado en ella.

Agradezco en serio los reviews, favorites y follows TwT enserio me motivan a escribir más aunque esté con un pie en el cementerio XD nah pero me entenderán que es bonito que alguien más le gusta lo que escribes, en especial cuando lo haces para ti misma sin esperar retribución, y ver mi muro de reviews impresos y pegados me inspira a escribir más.

Un último aviso antes de irme: estas dos semanas no estaré actualizando ningún fic porque estaré en finales y quiero concentrarme para salir lo mejor posible y evitarme regaños innecesarios que me impidan escribir a gusto durante vacaciones. Por favor séanme pacientes u.u

Como adelanto solo puedo decir que en la siguiente tendremos a Arthur travistiéndose XD nah pero algo así :3 y tendremos la aparición otro personaje femenino muy cercano a nuestros detectives. ¿Quién quiere hacer apuestas?

El siguiente título será Número 308: Regarde la lune.

Sin más, les mando un besote. Reviews, sugerencias, críticas son bienvenidas

Chao chao ^^