Los personajes de "Seiya" (Sailor Moon) y "Zero" (Vampire Knight), son propiedad de Naoko Takeuchi y de Matsuri Hino, respectivamente.

Escrito por:CEE

Capítulo 01: Promesas

****MARION****

"Nada dura para siempre" –dijo Zoey al despedirse de mi como lo hicieran aquellos sujetos que se tomaron la molestia en ofrecerme sus genes. De mi querida y dulce madre tan solo había recibido cartas y mensajes insípidos que se me hacía cada vez más pesado de leer. De mi padre… bueno, el tipo y yo nos veíamos un par de veces al año. Desde el divorcio, decidieron –sin contar con mi fútil existencia –no verse la cara y la perfecta excusa era verme lo menos posible para "no correr el riesgo de coincidir". Me pregunto para qué truenos se casaron dos cabezotas que no se soportaban ni en retrato y encima tener una prole que solo le haría la vida mas desgraciada. Aquella majestuosa casa me hacía sentir patéticamente sola y, para más inri con la huida de mi adorada nana, muy bien sabía que todo se me vendría abajo.

–Venga, cambia esa cara Srta. Marion. Vendré a visitarte, te lo prometo. Sólo estaremos alejadas unos pocos kilómetros.

Su largo cabello rubio estaba envuelto en un moño muy elegante. Era la primera vez que la veía peinarse de ese modo. Parecía feliz de irse. Quien no, con lo tedioso que podrían resultar los berrinches constantes de una "niñata rica y malcriada". Desde muy pequeña estuvo a mi lado. Fue la única figura maternal que tuve. ¿Quién me iba a regañar ahora por hacerle bromas pesadas al viejo decrépito de Zeus, nuestro mayordomo? No sabía cómo diantres me las iba a apañar sin esa horrible mandona y estricta… aunque muy en el fondo…dulce mujer. Zeus, mantenía su cara de gendarme, frente a la puerta, esperando con una maleta en cada mano. No querría presenciar una escenita de la arrogante cría de los amos. Tampoco es como que yo iba a darle gusto de verme llorar. Eso nunca. Por muy enojada que estuviera, por muy humillada que me sintiera… jamás lloraría ante nadie. No esperaba ni deseaba la compasión de ninguna persona de las que me rodeaban. Incluso en el internado de élite, Sunrise, en donde tan sólo estaría unos meses más –por fortuna –sólo se acercaban a mí por el grado de nobleza de mi familia. Todo eso me enfermaba.

–Perdona si no te acompaño, Zoey –Le dije con un nudo en la garganta, intentando que mi voz sonara lo suficientemente firme para evitar un efusivo abrazo inspirado por la lástima. Tuve éxito –Zeus… trata de no arruinar el paquete que te pasé anoche –agregué, pretendiendo que "todo estaría bien" tampoco podía bajar la guardia con ese mico que me sonreía como si le estuviese haciendo alguna gracia. –Es frágil –puntualicé –si sabes lo que significa esa palabra.

–Claro, claro, no se preocupe my lady –contestó con su amable y ronca voz, sonriendo junto a Zoey, quien le devolvía la sonrisa, rompiendo el hilillo de fuerza que tenía para continuar con mi farsa.

Subí las escaleras sin mirarlos. Casi corrí. El nudo se hacía mayor a medida que subía hasta mi habitación. Creí escuchar pasos tras mío y me apresuré a entrar y cerrar la puerta contra mi espalda. Me deslicé sobre ella hasta quedar en cuclillas con el rostro bajo, lo que provocó que la melena carmesí se me viniera a la cara y empezaran a pegárseme las hebras como hiedras. Estaba cabreada. Escuché el sonido del coche que se había puesto en marcha y me levanté de un tirón para espiar por la enorme ventana de cristal. Zoey miraba en mi dirección. Me aparté de su campo de visión, al correr las cortinas, pero abrí un huequillo para espiarla. El vidrio se subió y el taxi se alejó con la única persona que me impedía vivir a mi manera. Pero, entonces lo supe. Eso no era lo que quería realmente. Corrí a la puerta y abrí tan apresurada, que arruiné el picaporte. –A veces mi propia fuerza me asusta, pero no reparé en ello. Me subí al brazo izquierdo de las escaleras y me deslicé sin problemas hasta el fondo, como acostumbro hacer desde que tengo uso de razón –bueno, de la memoria. La alfombra apenas amortiguó el guantazo en las asentaderas, pero no era momento para lamentarse por un simple dolorcito resultado de una mala coordinación. Salí de la mansión con la esperanza de volverla a ver. Sólo quería decirle que lo sentía. Que no quise decir esas cosas. Que no odiaba a mi padre, por haberse casado por enésima vez ni a mi madre por haberme dejado sola tanto tiempo. Que no quería. Que no quería que… me dejara ella también. Que yo… le quería mucho.

Me detuve en medio de la gran carretera, lejos de la mansión. En menos de un minuto estuve como a tres kilómetros de allí. Sin embargo ya era tarde para disculparme. Ya Zoey no estaba. Me demoré mucho en bajar, quizás. Quería tener alas para poder alcanzarla, pero sólo tenía unas estúpidas piernas largas y flacuchas que no me respondían como esperaba.

El cielo se llenó de nubes negras. Para cuando me vine a dar cuenta, ya tenía la lluvia encima. Los truenos no me asustaban en lo más mínimo. Zoey se dignó en explicarme con palabras sencillas y elocuentes, la teoría de las cargas eléctricas y negativas; y el efecto que tendrían al hacer contacto entre sí. De esta manera disfrutaba de las tormentas sin preocupaciones. O talvez me estaba preparando el terreno para algo más. ¿Pero qué podría ser peor que esto? Estaba sola… otra vez… recordé las últimas palabras de nana cuando enterrábamos los restos de mi pony Lestat, en el jardín trasero: "nada dura para siempre". Esas palabras me martillaban los sesos. ¿Por qué PIIII me tenía que decir eso precisamente?

Algo húmedo y cálido me salía de las cuencas confundiéndose con la lluvia que caía en mi cabeza como cataratas en una piedra. Después de todo, para Zoey siempre fui solo una niña testaruda. Siempre me lo decía cuando se enojaba. Como aquella vez, cuando escapé del internado con el niño moreno de ojos azules, y llegué a casa con él todo enlodada. Arruinamos el tapiz que había adquirido mi padre en una subasta de baratijas de la condesa de "no sé donde". Los padres del niño moreno resultaron ser los coleccionistas de arte de la gran casa de la esquina, quienes vivían viajando, así que teníamos varias cosas en común, a parte de los mismos traviesos diez años. También era mi primer y único amigo. Pese a que Zoey no estaba tan de acuerdo con esa extraordinaria amistad, terminó queriéndolo casi tanto como a mí. No olvido esa vez en la que casi nos pilla en la oficina del director, cuando cumplimos los quince. Él quería probar sus dotes innatas de "Detective" y mostrarme un descubrimiento que hizo, pero en lugar de eso, los descubiertos fuimos nosotros. Me pregunto, qué hacía nana allí. Era obvio que iba a por algo o… por "alguien". ¡Pobre nana!; chantajeada por dos criejos adolescentes. Vaya… ha pasado mucho tiempo de eso.

Un relinche repentino me sacó de mis pensamientos, pero no voltee a ver quien era. De seguro era Zeus con su cara de mico. Luego sentí que las cataratas de mi cabeza cesaban y algo suave la cubría. Zeus no es tan amistoso. Voltee esperanzada de ver de nuevo esos ojos dulces que hacían contraste con ese pelo tan lacio y rubio, pero en su lugar vi otros muy zarcos y... realmente lindos. Su pelo negro azabache estaba todo empapado; a cuestas llevaba una extraña mochila en forma de guitarra. Llevaba puesto un impermeable negro y se había despojado de la capucha para cubrirme de la lluvia. Había crecido bastante estos últimos veranos. Se veía aún más guapo.

–Hola Rufous –Saludó a sabiendas de cuanto odiaba ese apodito. Miré de soslayo la montura del caballo. Tenía una oportunidad única para hacerlo perder el equilibrio y entapizar su angelical cara de lodo… pero la dejé pasar. ¿Me había vuelto blanda?

–Vamos, entremos pronto o pescaremos un resfriado.

"No puedes hacer nada cuando se pones así, ¿verdad?

–Quería refrescarme un poco –Dije en voz alta. Él me miró confundido. Luego solo sonrió.

–No cambias nunca ¿eh Marion? Tan despistada como siempre jeje.

¿En verdad tenía tan bonita voz? Bueno, es cierto que era el vocalista de la banda sonora del instituto. No en vano sus padres lo habían inscrito en la mejor academia de música de Viena. Aunque ninguno de los dos estábamos tan contentos de alejarnos uno de otro.

– ¿Estabas estudiando el clima o algo así? –agregó como si quisiera arrancarme una sonrisa de mis labios mudos. "Debería hacerte caer"

– No, es solo... es solo –No pude seguir. Mi voz era un caos

–Vaya, si no te conociera, diría que no estás nada feliz de verme.

Y sí que lo estaba, pero este definitivamente no era mi mejor día. Todo lo que deseaba ahora era deshacerme de ese maldito nudo que se atascaba en mi tráquea y no me dejaba respirar. Se acercó y me quitó el flequillo empapado de la frente con sus cálidos y largos dedos, sonriéndome como cuando éramos unos mocosos. Se sintió bien. La lluvia continuaba, pero el dolor de mi tráquea cedió un poco y estornudé.

–Necesitas quitarte esa ropa mojada o enfermarás. –Me rodeó con su brazo e invitándome a montar su purasangre.

Me dejé guiar por él hasta que llegamos a la mansión. Allí nos esperaba Zeus, en el portón, con un paraguas.

– ¿El señorito Seiya se quedará esta noche? –dijo colocando la chaqueta empapada en el vestíbulo, mientras Seiya sacaba una guitarra de la mochila.

–No quiero causar molestias, Zeus. Solo he venido a traer a la doncella "sana y salva" – dijo como si se tratara de una obra épica o alguna PIIII parecida.

–Prepáranos un té, Zeus –dije en voz baja, pero parecía que me había tragado un motor de arranque en mal estado –date prisa, tengo frío.

–Si, mi lady, enseguida –Fue a la cocina en compañía de dos mucamas.

– ¿Estás segura que quieres que me quede? –había un deje de picardía en su pregunta.

–Puedes usar el cuarto de huéspedes o el mío. –le decía mientras subíamos las majestuosas escaleras de estilo barroco del siglo XIV – Me cambiaré en el gimnasio.

– ¿Dónde está Zoey? –Me detuve para sostenerme del balaustre, en el último escalón – ella… se fue a casa de su madre.

–Ah… ¿y cuando regresa? –Voltee para contestarle.

–No te preocupes, esta vez no tendrás que irte volando por la ventana. Reprimí una sonrisa al recordar aquel frío domingo en que nana casi lo mata por un mal entendido.

En verdad se nos hizo tarde apurando los detalles de una obra que debíamos montar y el se durmió en mi cama, con el brazo derecho apoyado en mi cintura. Fue muy gracioso ver como el jovenzuelo se disculpaba, mientras yo fingía dormir y Zoey lo atacaba con la fusta de la espada de mi padre.

Como adivinando mis pensamientos, Seiya me sonrió de vuelta. Al entrar colocó la guitarra a un lado del tocador y empezó quitándose las botas, lo cual me daba tiempo suficiente de salir antes de ver algo que por –y solo por –respeto no querría ver.

–Tranquila, mi ropa está seca y el pantalón también es impermeable –me dijo sonriendo, mostrando un par de deliciosos hoyuelos.

– ¿Qué es tan gracioso? –Me vi rápidamente al espejo, apreciando el tamaño desastre que había hecho la lluvia con mi pelo –demonios, por eso odio llevarlo largo.

–Espera, primero tienes que secarlo –dijo despreocupado, cogiendo una toalla seca y quitándome el cepillo de la mano. Se sintió muy bien. Me encanta que me rasquen la cabeza.

–Amm, Seiya –Dije mirando y tocando su largo pelo mojado –creí que te lo habías cortado –estaba aún más largo que la última vez, pero a diferencia del mío, lucía perfecto así mojado y olía rico.

–Pues… no he tenido tiempo de ir con el peluquero con esto de los exámenes de fin de curso, pero si no te gusta…

Agarró unas tijeras e hizo ademán de hacer un "sacrilegio" con tan linda cabellera, enseguida ya estábamos como dos mocosos peleándose por tener el peligroso utensilio en la mano. Solo que él tenía ahora más ventaja por su estatura. ¡Que injusto!

–Que me las des, tonto –le reprochaba con nuevas energías. Pelear –y ganar –era mi lema. Así era de obstinada. Nana decía que me parecía mucho a mi madre, la elegante señora de pelo rojo con ojos azules y que sólo heredé de mi padre la fuerza. Me pregunto si alguna vez aquel mujeriego enfermizo fuera fuerte. Creo que nana no quería admitir que yo era un bicho raro.

–Te harás daño con ellas, Rufous –dijo alzando las tijeras muy alto –Sólo bromeaba con lo de cortarlo, ¿no te parece que se ve muy sexy así?

Su sonrisa era impecable cuando me hacía enojar a propósito. Lanzó las tijeras al tocador y quedaron fácilmente enganchadas... en el estómago del señor Orejas.

– ¡Gol! Ups, no te preocupes, te compraré un conejo de verdad. A este se le salieron las tripas –señaló, mientras intentaba componer el peluche. Suspiré.

La calefacción, ayudada del acalorado disgusto entre en serio y en broma que cogí, me secó por completo. Me quité la camisa, olvidando que tan sólo traía una blusilla de lencería debajo. Me la había mandado mi madre el año pasado. Era un recuerdo de la princesa "no me acuerdo que". Lucía bien en mí, pero solo me gustaba por lo cómoda que era. Seiya me miraba como si viera a alguien más. Puso la silla al revés y puso la barbilla encima del espaldar. Yo le ignoraba como podía, terminando de secarme el pelo con el secador de mano.

– ¿Sabes que en el Sunrise, todos creían que éramos novios o algo así? –dijo de repente, dejándome, para mi sorpresa… sorprendida. ¿A qué venía eso?

–Eso no te impidió que ligaras con todo el equipo de danza, ¿o si? –Total ¿A mí que más me daba con quien salía?

–Pues la verdad ninguna de ellas me interesaba de mucho –dijo, parándose despacio de la silla. –ninguna logró que mi fuerte corazón se debilitara.

–Pues vaya corazón de acero que tienes –dije casi a manera de reproche.

Era un chico encantador bastante popular y guapo como para no dejarse querer por una hermosa señorita de sociedad. Pero, claro, Seiya siempre fue diferente del resto, no buscaba solo belleza. Sentí curiosidad de saber qué buscaba en una mujer. A simple vista se veía como si empezara a interesarme en mi mejor amigo, pero era otra cosa. Teníamos mucho de no platicar cosas de este tipo. Se sentía raro pensar en ciertas cosas, ya que después de todo éramos de sexos opuestos. Sin embargo, mi curiosidad sobrepasaba los límites del raciocinio y la lógica. Al fin le pregunté:

–Amm, ¿Qué buscas en una mujer, Sei? –traté de que mis palabras sonaran lo más imparcial posible, pero él siempre sabía qué se escondía detrás de cualquier pregunta que le hiciera. Lo hacía en aquel entonces cuando éramos como uña y mugre… y lo estaba haciendo justo ahora. Se acercó a mí despacio y por primera vez, me sentí… ¿tensa?

–Si no estás preparada para escuchar una respuesta. Te sugiero que no hagas la pregunta –dijo sonriendo y sentándose en el suelo con las manos hacia atrás. Lo estaba disfrutando –elemental, mi querido Watson.

–Cerebro de maní –le arrojé el secador de mano a la cara, pero lo atrapó con facilidad y reía con más ganas.

–Siempre quise decírtelo, pero dudaba en que creyeras que sólo eran puras mentiras.

– ¿Decirme qué? –Pregunté casi en un susurro y él se puso de pie, frente a mí, jugando con el cordón del secador y luego dejándolo para contestar.

–Pues… a decir verdad…desde que te empezó a crecer el pe…

Le interrumpí de manera instintiva con una recia bofetada, al darme cuenta de que sus ojos se metían en mi blusa. Mi torso estaba al descubierto de manera más o menos... sugerente. Fue tan rápido que apenas si tuve tiempo de arrepentirme.

– ¡I- Iba a decir "pelo", maldita sea!

Avergonzado, se frotó la mejilla. Pese a que fue solo un momento, la sentí tan suave que sentía remordimientos, pero es que vistas las circunstancias, no podía pensar…otra cosa, menos algo tan obvio. Me sentí muy avergonzada por haber pensado mal de él. Seré idiota.

–Antes lo usabas como un varón, ¿recuerdas? –dijo mas calmado y algo meditabundo, agregó: –Me gustan más las chicas de pelo largo.

–Ah… era eso –dije al fin, aliviada.

–Quería decírtelo porque no me gusta tener secretos con mi mejor amiga.

Sí, era un alivio que yo estuviera equivocada, pero también me sentí decepcionada. Hasta ahora ninguno de los chicos que se me habían insinuado valía la pena. Solo eran lindos por fuera, nada que ver con sus estúpidos cerebros que solo pensaban en dinero, fama y tenerme como trofeo. Sin duda, Seiya sería el más idóneo, para alguien como yo. Pero ni por asomo me arriesgaría a perder a mi mejor amigo. Además estaba casi segura de que no era del tipo de Sei. Así que solo me relajé y me dejé caer en la alfombra.

–Es cierto –continué –Cuando nos conocimos, llevaba un chicle pegado en el pelo que no salía ni con gasoil, pero me consolaste diciendo que crecería y que pese a que lo cortamos en exceso, era tu color favorito.

– ¡Valla perla, recuerdas cada detalle!

–Sip –Sonreí– recuerdo como destripé al pobre Sr. Orejas.

–Pues, de hecho… señorita "Puño de acero" –dijo dándome un suave golpe en la coronilla de la cabeza –solo lo dije para que no lloraras.

"Será capullo"

–Quiero decir, me encanta tu color, pero no tengo uno favorito… todavía. Para mí lo que importaba era que una persona tan linda dejara de preocuparse por lo de afuera y consiguiera sonreír.

Seiya miraba con el rostro melancólico las finas gotas de lluvia resbalando por la ventana. Yo me acerqué a él, tocando delicadamente su mejilla lastimada. Estaba tan cálida y tan suave que me sentí culpable. Soy tan impulsiva.

– ¿Por qué te lo dejaste crecer? –Empezó a acariciar con sus dedos las puntas aún húmedas – ¿Fue por mi? –Preguntó con aire casanova.

–No en realidad –dije pensando en el hermoso pelo de nana.

– ¿Ha pasado algo, Marion? –preguntó serio.

Aún no estaba preparada para hablar al respecto. Ese nudo me empezaba a asfixiar. La puerta se abrió en el momento preciso. Di gracias a Dios por mi torpeza de esta tarde.

–Ah, lo siento, se abrió apenas toqué –dijo el viejo apenado –Aquí está su té, mi lady; no quedó como los de la señora...

–Es una lástima no probar su delicioso té –interrumpió Seiya advirtiendo la decepción de mi rostro –pero habrá que conformarse hasta que venga.

"Habrá que conformarse"

No me quedaba de otra, tendría que conformarme y convencerme de que ella no volvería aun si mi cuerpo accediera a una máquina del tiempo y volviera a ser la nena desprotegida que necesitaba tanto de ella. Ahora me convertía en mujer. Pronto entraría a la universidad. Tendría que aprender a valerme por mí. No quería defraudar a Zoey. Ni a mí misma.

–Me temo, señorito, que eso no será posible –dijo el viejo imprudente.

– ¿Euh? No entiendo, Zeus. ¿Que quier...

– ¡Ella se fue, cerebro de maní! –Intervine sin más –Se fue porque se hartó de mí, pero como vez ya he crecido y no necesito niñeras. Estoy mejor sola que mal acompañada. Gracias por tu visita, después de no verme ni llamarme en los últimos años, ahora, si me disculpas…

Quebrándose mi voz con la última frase de la yuxtaposición, salí de allí después de tan patética escenita. Me siguió, pero traté de ignorarlo. Me detuvo alargándome una mano por el brazo y me atrajo hacia él.

–Y dices que ya "creciste" –me reprochó –Deja de actuar como una niña malcriada, puedes enfermarte saliendo tan tarde con este frío y esa lluvia.

– ¿Y a ti que? Después de todo tú también…

– ¿Yo también que? –Preguntó con un deje de ira en la voz –¿Qué me reprochas?

–Yo… pues… –mi vocabulario se empequeñeció de pronto. No tenia derecho a reclamarle nada. Él no tenía la culpa de mi mala suerte.

–Si lo que quieres es llorar, pues hazlo de una vez.

– ¡Llorar es de cobardes, suéltame ya!

–Ya basta de reprimirte. Es bueno llorar de vez en cuando si la situación así lo requiere, es de humanos, idiota.

Dudé. Pero ya no aguantaba más, la verdad. Me abracé rápidamente a su pecho como último refugio. No podía recriminarle ese trato. Me lo merecía, aunque no fuera capaz de reconocerlo. Tal era mi ego y él lo sabía. Me sentí mucho mejor al descargar todo eso que me calcinaba. Era una forma dura de madurar, pero sirvió más de lo que esperaba. El me abrazó con mucho más fuerza, sin preguntarme nada. Menos mal, porque no podría hablar –ni quería hacerlo –en esos momentos.

– ¿Creíste que volví solo para visitarte? ¿O… a recibir un tortazo?

–Pues…. –dije bajando el rostro – ¿No lo piensa dejar pasar?

–Conseguí el permiso de escoltarte a Enxel en cuanto termines el instituto.

– ¿Enxel? –Pregunté sobresaltada – ¿y cómo caray entraré yo a esa universidad?

–De la misma forma que entré yo –Dijo divertido.

–Pero que idiota soy, como pude olvidar que soy UN MALDITO GENIO –enfaticé.

–Rufous, –dijo poniéndose un dedo en la nariz y cerrando los ojos –escúchame. Solo tienes que tratar de no dormirte en clase y…–traté de interrumpirlo, pero el tapó mis labios con la otra mano –tomar notas, sobretodo. No te haz dado cuenta, pero tienes potencial, "señorita crecidita" puedes estudiar la carrera que siempre soñaste.

– ¿Criminología? – Dije por joder

–Se acabaron los cupos –contestó rápidamente.

–No pensabas estudiar eso, ¿o si?

– ¿Quien sabe? –Dijo rascándose la cabeza.

– ¿No tienes idea, no es así?

–No importa lo que quieras estudiar, yo siempre estaré ahí para ti.

...................Continuará…...................