Mavis cerró el libro con un suspiro. Era imposible concentrarse.
Había elegido pasar el día en la biblioteca del castillo, llenando su cabeza con conocimientos de libros que había leído, probablemente, más de cuatro veces desde que había llegado a Fiore. Ese lugar era su favorito en todo el reino. Jamás le había costado sumergirse en la lectura. Cada vez que iba hacia ese sitio lo hacía con una gran emoción y sonrisa. Podía estar parada, sentada, recostada sobre el piso, incluso de piernas cruzadas sobre la mesa, como lo estaba ahora. Era libre de leer de la forma en quisiera y eso la reconfortaba.
Sin embargo, su mente no parecía dispuesta a colaborar con ella ahora. No desde que aquel mago oscuro había atacado la nación que gobernaba. Más de una semana había transcurrido ya desde ese incidente. Luego de su encuentro con Zeref, las tropas del emperador se habían retirado, incluyendo a aquellos terribles magos de los que él estaba tan orgulloso. Los Springgan 12. Rumores habían corrido sobre ellos en distintas naciones, pero el poder que este grupo emanaba no se asemejaba en lo más mínimo a lo que había escuchado decir por ahí.
Con otro suspiro dejó el libro que llevaba a un lado y se recostó sobre la mesa. Se sostuvo la mejilla con la mano, apoyándose sobre el codo, mientras miraba hacia el infinito. Ese hombre le había prometido que regresaría, pero hasta ahora no había tenido noticias en absoluto de sus movimientos. El recuerdo del beso que compartieron cruzo a una velocidad impresionante por su cabeza, haciéndola sonrojar.
Su primer beso. Y vaya que iba a recordarlo.
— Pensé que iba a interrumpirte— Yuri ingresó a la biblioteca.
— Para nada, solo ando algo distraída— Le dedicó una sonrisa —¿Todo va bien con Rita y Makarov? —
— Ellos han desembarcado sin ningún problema— Se dejó caer sobre una silla, con las piernas abiertas a cada lado y los brazos apoyados sobre el respaldar.
— Me alegra oír eso. Para ser sincera, temía el que no fuéramos capaces de volver a verlos—
— Afortunadamente para el reino el peligro ha pasado— Yuri espero un segundo antes de continuar— Ahora… Es tu seguridad la que me preocupa— Su mirada se tornó seria, al igual que toda la expresión en su rostro—Sé has tomado una decisión y que incuso si deseas retractarte, sería imposible hacerlo…—
— Jamás lo haría— Lo interrumpió negando con la cabeza.
— Eso no cambia el que desearía que así fuera— Apretó la manera de la silla con sus manos— Ese hombre… sabes lo que busca, ¿no es cierto? —
— Bueno yo…— Decir todas las posibilidades que habían cruzado por su mente era una locura, más cuando conocía exactamente a cuál de ellas Yuri se refería.
— Escucha— Yuri mantenía una actitud entre seria e incómoda ahora— Jamás he hecho esto en mi vida y… eres como una hermana, es decir, como una chica hermana. Probablemente no exista alguien más que pueda decirte esto, así que, como hermano mayor ficticio, creo que es mi deber…— La risa de Mavis interrumpió su discurso.
— Lo siento. Debiste haber practicado mucho antes de venir aquí— Los colores subieron inmediatamente al rostro de su amigo.
— ¡Pero que molestosa eres! Reina o no, sigues siendo una mocosa— Se cruzó de brazos molesto, haciéndola reír— Estaba hablando muy en serio, Mavis— Ella dejo escapar el aire.
— Yuri, sé a lo que te refieres— Mavis dirigió la mirada al piso mientras hablaba— Yo… realmente no puedo dejar pensar en eso tampoco. Admito que estoy algo nerviosa, pero, aun así, no pretendo dejar que mis temores me lleven a evadir la responsabilidad que asumí— Clavó la mirada en su compañero con firmeza— Voy a cumplir el trato con Zeref—
— ¿En verdad crees que puedas llevar esto lo suficientemente lejos? — Sus palabras la dejaron perpleja por un momento— Te lo dije, Reina o no, aún eres una niña— Terminó en un tono de voz suave.
— ¿Tengo otra alternativa? — Ambos permanecieron por largo tiempo en silencio— ¡Oh! Lo olvidaba— De un salto se dejó caer de la mesa— Tengo un regalo para Makarov— Con renovada alegría se dirigió a los estantes. Yuri la observó perplejo por un momento y luego sonrió. Solo Mavis podía cambiar tan rápidamente de humor— ¡Aquí está! — Caminó con un ligero sonrojo hasta su amigo— Este es un libro muy especial, habla sobre una gran batalla y un rey dispuesto a todo para proteger al pueblo que amaba— Extendió el libro hacia él— Las Crónicas del Rey Makarov—
Yuri tomó el libro con una sonrisa aún más grande. Mavis era oficialmente la madrina de su hijo y quien había nombrado al pequeño. Una vez había mencionado el porqué de aquel nombre, por eso, el que el primer regalo que recibiera su hijo fuera ese libro, era un acto bastante especial por parte de la jovencita. No podía negar que Mavis era encantadora cuando se lo proponía.
— Es todo un privilegio, su alteza— Respondió tomándolo de sus manos.
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La noche cayó rápidamente en Fiore. Después de pasar un par de horas más divagando en lo mismo, Mavis decidió dejar el tema del Emperador a un lado y tratar de relajarse mientras tanto. Estiro los brazos sobre su cabeza cuando salió al aire libre. No había terminado siendo un día tan malo, después de todo.
Antes de irse a dormir había decido ir a tomar un baño en la laguna que estaba en el bosque, y no había tardado mucho en llegar a su destino. En cuanto se deshizo de la ropa, se lanzó al agua sin perder más tiempo. La luna iluminaba el lugar por encima de ella, mientras nadaba de un lado a otro. Este era otro de sus lugares favoritos. Un espacio donde había compartido grandes momentos con su mejor amiga Zera, antes de que esta desapareciera.
Cuando su piel se hubo arrugado lo suficiente por el agua, decidió salir a tumbarse un rato en el pasto. Podrían haber pasado minutos o horas, probablemente nunca lo sabría, antes de que las pisadas detrás de ella la alertaran de su presencia.
— Zeref— Se puso de pie con los ojos totalmente en blanco. Frente a ella estaba aquel mago oscuro, luciendo totalmente impecable como la primera vez que lo había visto. Sus vestimentas habían cambiado, era cierto. Su ropa no era tan elegante como la de aquel entonces, pero aun así lo hacían lucir serio y bastante imponente.
— Parece que me has estado esperando. Lamento la tardanza, Mavis— Aquel tono gentil con el que se dirigió a ella la sorprendió por completo. Esta no era la misma actitud del hombre que había amenazado con acabar con su reino hace algunos días.
Pronto se dio cuenta de su propia situación.
No llevaba más ropa encima que aquel ligero vestido que se apegaba a su cuerpo por los restos del agua. Un frio viento circulo en ese momento, haciendo que su cabello, aun goteando, se balanceara en el aire y obligándola a abrazarse a sí misma para mantener el calor.
— ¿Ah? — Preguntó el emperador al verla— No debes preocuparte por el clima, pronto no tendrás problemas para entrar en calor— Una ligera sonrisa apareció en el rostro del mago, haciendo que un escalofrió recorriera a la reina.
— Así que al fin has venido— Fue lo único que atinó a decir. Él caminó hacia ella con paso lento.
— Tenía algunos asuntos que atender— Zeref pasó por su lado dejándola desconcertada por un momento. Cuando estaba a punto de regresar a ver a donde había ido, sintió el cuerpo de él pegarse a su espalda.
— Me alegra que hayas decidido venir a tomar un baño, pero la próxima vez, preferiría que no vistieras nada en absoluto— Las palabras susurradas en su oído enviaron una oleada de nervios a su cuerpo. Sin darse cuenta había empezado a apretar los puños. Solo se detuvo cuando las manos de él alcanzaron las suyas, haciéndola deshacerlos lentamente mientras entrelazaba los dedos con los suyos.
— Lamento que estés asustada— El tono gentil de antes había regresado— Pensé que había sido lo suficientemente claro cuando dije que te tomaría a ti en vez de a tu reino— Se presionó aún más contra ella— Un trato es un trato, Mavis. Entiendes eso, ¿verdad? —
— A la perfección— Respondió. Él seguía sosteniendo sus manos, mientras deslizaba la nariz por las hebras de su cabello suelto, aspirando el aroma de su pelo.
— Entiendo que estés preocupada, los rumores sobre mí son bastante malos—
— Mmm…— Se tomó un segundo para mantener la compostura, cuando el calor de los labios de él acaricio su oreja— No creo en los rumores— Él la forzó a dar la vuelta entonces.
— ¿Y por qué estás temblando? — Sus ojos se encontraron.
— Quizás porque jamás he hecho esto— Se observaron fijamente por un momento, hasta que él soltó sus manos para tomarle el rostro.
— No es muy diferente para mí— Pronuncio antes de unir sus labios.
Él la besó con demanda, obligándola a abrir la boca. Mavis llevó las manos hasta su pecho, en un acto reflejo por poner distancia, pero no supo que más hacer. Él siguió devorando su boca con ansiedad, al principio, hasta terminar en un lento ritmo, tomando con delicadeza sus labios, estirándolos, saboreándolos.
— Hay tantas partes de ti que voy a probar hoy…— Susurró contra su aliento. Ella lo miraba con las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y una expresión de inocencia. Habían pasados siglos desde la última vez que había podido tocar a una persona, pero podría jurar que aquella chica era más hermosa que cualquier mujer que alguna vez hubiera estado en su cama.
La tomó de la mano, internándose en el bosque, no caminaron mucho antes de llegar a un espacio bastante grande, rodeado por arboles tan altos que apenas y si dejaban ver el cielo a través de sus hojas. Mavis contuvo el aliento cuando Zeref se detuvo. Delante de ellos había una cama espaciosa, con un dosel transparente cubriéndola.
— Supuse que necesitaríamos comodidad— Un destello de color rojo cubrió sus ojos cuando acercó de nuevo hacia ella.
Zeref entrelazo sus dedos de nuevo acercando sus labios peligrosamente a los de ella, pero desvió la boca hacia su cuello bajando lentamente por el mismo. Podía sentir como la respiración de ella se agitaba con cada caricia que le daba. Cuando hizo un recorrido con la lengua sobre su clavícula, Mavis lo tomó del rostro apresuradamente, uniendo sus labios en un beso desesperado.
Mavis no tenía idea de lo que hacía. Cuando vio la boca de él descender sobre su cuerpo no pudo evadir el deseo de apartarlo en seguida. No tuvo tiempo para pensar en su siguiente movimiento. Simplemente actuó por impulso, agarrándolo por la cara y atrayéndola hacia ella. Pero él se dio cuenta de su juego y en medio de aquel beso sintió como algo era atado a su cuello.
Se apartó inmediatamente de él llevando sus manos a la garganta.
— ¿Qué es esto? — Preguntó tocando el collar que había aparecido de pronto
— Una reliquia mágica— Cuando él apoyo la mano en su hombro para acariciarlo un escalofrío delicioso le recorrió el cuerpo— Hace que sensaciones como el pudor y la vergüenza se anulen, liberando a la persona que lo lleva de sus más profundos deseos—
Mavis dejó escapar un gemido cuando Zeref enredo los dedos en su pelo, atrayéndola más hacia él. Su cuerpo se sentía caliente, casi desesperado por alivio. Cuando la otra mano de él se posó sobre su cintura, ella se removió inquieta, molesta por la fina tela que la cubría y apartaba su cuerpo desnudo del toque de él.
No podía pensar libremente. Todo su razonamiento, sus nervios y miedos habían desaparecido. Su propio cuerpo no parecía suyo. Había un calor creciendo con intensidad entre sus piernas, recorriendo su cintura, llegando a su pecho, haciendo sentir sus senos pesados, sensibles...
— Ahora podremos continuar sin más interrupciones— Sus bocas se unieron en un nuevo beso.
Mavis se entregó por completo ante ese contacto, dejando que los labios de él la acariciaran por completo. Pronto sus lenguas se encontraron en una batalla, donde el único triunfo que ella esperaba, era poder aplacar ese calor en su cuerpo que se intensificaba cada vez más y más. Casi sollozo cuando Zeref se alejó de ella.
El alivio momentáneo que su boca caliente le había brindado, desapareció en seguida, haciéndola caer en la desesperación. Agarrándolo por el cuello de su ropa, intentó atraerlo de regreso, pero él se negó a unir sus labios de nuevo.
— No de pie, Mavis— Zeref la alzó en sus brazos hasta llevarla a la cama. La dejó caer sobre las sábanas para luego trepar por en medio de sus piernas. El pecho de ella bajaba y subía. Sus ojos estaban brillantes, llenos de deseo y excitación. Volvió a llevar la boca a su cuello lamiendo y mordiendo el mismo camino que antes había trazado. Beso sus hombros, el contorno de su rostro, la comisura de sus labios... Ella se aferraba a él mientras tanto, con sus brazos rodeándole la espalda, manteniéndolo cerca.
No tuvo mucho tacto para apartar el pedazo de vestido que cubría sus senos. Ella soltó un grito entre gemido y sorpresa. Había una parte de ella que aún deseaba resistirse y él lo sabía. Así que decidió darle exactamente lo que ella rogaba: su boca sobre su cuerpo.
Mavis gimió extasiada cuando la lengua de Zeref se encontró con su pezón izquierdo. El mago lamia con delirio aquel botón tan sensible, tomándolo entre tanto y tanto con sus dientes. Cada vez que el apartaba tan solo un centímetro la boca de sus senos, ella se impulsaba hacia adelante ofreciéndoselos nuevamente. Necesitaba desesperadamente sentir el aliento cálido que rodeaba sus pezones, la humedad de su saliva sobre los mismos. Cada vez que él se apartaba era una locura. Aquel fuego incontrolable, que solo podía calmar con el tacto de él, regresaba con más fuerza, hasta el punto de hacerla llorar.
— Por favor... Por favor...— Su voz suplicante salió entre lágrimas. Él volvió a mordisquearla en aquel lugar tan sensible.
— ¿No es suficiente? — Preguntó sin dejar de pasarle su húmeda lengua por los senos.
— No, no lo es...—
— De acuerdo— De un tirón aparto el vestido que llevaba por completo de su cuerpo, dejándola totalmente desnuda ante él. La recorrió con la mirada desde la cabeza hasta la punta de los pies. Su cuerpo era maravilloso, excitante. La palidez de su piel en contraste con largo cabello rubio y sus grandes ojos esmeraldas, la hacían completamente irresistible. De no haber sido una reina, probablemente otro ya hubiera hecho suyos esos atributos.
Pero teniendo en cuenta su título, era comprensible que no hubieran experimentado aquellas cosas antes.
— Me parece algo injusto que estés completamente desnuda mientras yo cargo aún toda esta ropa— Él se acercó tentadoramente a sus labios— Estás de acuerdo, ¿no es así? — Ella asintió antes de entregarse por completo a su boca.
Mavis llevó las manos de nuevo hacia el pecho de él, abriendo su camisa y aflojando cada botón que le impedía el paso. Algo recorrió su cuerpo, cuando las yemas de sus dedos pudieron por fin acariciarle todo el pecho desnudo. El sentir cada uno de los músculos de él contra la palma de su mano, envío una onda de excitación a su propio cuerpo.
— Buena chica— Susurro él contra su boca, cuando Mavis se deshizo por completo de la ropa. Le apretó los senos con las manos haciéndola soltar un largo y excitante gemido antes de posicionarse detrás de ella.
Mavis se encontró a si misma recostando la espalda sobre pecho de Zeref, mientras la boca de él recorría desde su oreja hasta la parte trasera de su cuello y bajaba las manos hacia su entrepierna.
— ¡Ah! — Se arqueo contra él, cuando un par de dedos hicieron presión sobre su clítoris. Pronto Zeref comenzó un masaje muy suave sobre esa parte, mientras que con la otra mano acariciaba sus labios, pasando otro par de dedos por en medio de ellos, sintiendo cuan húmeda ella se había puesto.
Zeref se deleitaba con los sonidos que ella emitía. Por fin, todos los siglos que habían pasado en soledad, sin poder disfrutar del calor de los demás, parecían disolverse con solo tocar su cuerpo. Había pasado días enteros pensando en ella, recordando su bonita cara y el suave tacto de su piel contra las manos. Ahora mismo, no quería desperdiciar un solo centímetro de su cuerpo. Él podría pasar la eternidad eterna tocándola, disfrutando del roce de su propia piel contra la de ella.
Los mismos dedos que se movían de arriba abajo entre sus labios pronto dejaron ese juego para abrirlos. La otra mano de Zeref se presionaba sobre el botón de ella, trazando lentos círculos sobre el mismo. Un dedo acaricio cuidadosamente su entrada, haciéndola soltar gemidos aún más altos. Cuando él supo que ella estaba cerca de alcanzar su primer orgasmo, introdujo el mismo en su cavidad.
Mavis se revolvió violentamente contra él. Su mente estaba por completo nublada, no podía pensar en absoluto antes de reaccionar. Había tantas sensaciones recorriendo sus cuerpos que no podía enfocarse en ninguna. La boca de Zeref seguía alimentando de caricias su cuello, mientras que las manos de él se mantenían haciendo cosas exquisitas entre sus piernas. Sintió como aquella ola de placer que había estado presionándola crecía más dentro de ella, cuando algo se introdujo en su interior para volver a salir y entrar incontablemente veces.
Zeref mantuvo su espalda presionada contra el pecho de él, imposibilitándola de poder escapar. Ella estaba tan dopada de placer que su cuerpo cedía completamente ante él. El intruso en su interior se deslizaba con cierta facilidad gracias a su propia excitación, pero aun así podía sentir cuan apretadas estaban las paredes a su alrededor. Si la tomara directamente ahora, posiblemente le causaría algún daño. Y aunque la idea de sentir a ella rodeándolo era tentadora, no tenía ninguna intención de verla sufrir.
La velocidad con la que aquel dedo entraba y salía de ella aumento, junto con la presión y los movimientos de la otra mano en su clítoris. Mavis se arqueo desesperadamente, anhelado alcanzar algo que ni ella misma conocía. Aquellas caricias parecían estar matándola. Ella luchaba fuertemente con las mismas, rehusándose a rendirse tan rápido ante ellas.
— Shh… Querida— El aliento del mago rozo una vez más contra su oreja— No es necesario pelear. Debes dejarte ir— Hubo algo que se removió en su interior ante aquellas palabras. Él seguía entrando y saliendo de entre sus piernas, torturándola con lo que hacía. Mavis levantó la cabeza mientras mordía su labio inferior y un calambre le recorría las piernas.
Sintió claramente el momento de su liberación. El pecho de Mavis bajaba y subía con agitación, haciendo tintinar el collar en su garganta. Sabía que el alivio que estaba experimentando ahora era momentáneo y que pronto el mismo fuego que había logrado liberar de su cuerpo regresaría.
Ella se apoyó contra él totalmente exhausta, con gotas de sudor resbalando por su cara. Pocos fueron los segundos en que su cuerpo se mantuvo en calma, antes que otra ola de calor empezará a recorrerla.
— Zeref...— Su mente hizo que susurrara.
Pronto empezó a revolverse de nuevo entre sus brazos, anhelando encontrar alguna manera de calmar la ansiedad que le provocaba. Mientras se movía de un lado a otro, cayó en cuenta de la mano que aún se encontraba entre sus piernas. Pensó que el mago iba retomar las caricias que antes le había ofrecido, cuando lo sintió extraer el dedo de su interior, pero contrario a lo que esperaba, no se hundió en ella de nuevo. Simplemente lo retiró por completo, dejándola llena de frustración.
— No, no, por favor— Le rogó mientras él jugaba con ella, acariciándole el ombligo con una mano y el interior de las piernas con la otra.
— ¿No fue suficiente, Mavis? — Le dijo antes de retirarse de su espalda y volver a colocarse frente a ella— No desesperes. Tengo tantas maneras de cumplir tus deseos— Trazó un camino de besos por cuello, descendiendo por su clavícula hasta llegar a sus senos. Paso la lengua solo una vez por su pezón izquierdo, haciéndola gemir, y continuó su camino.
Depositó besos en su cintura y en todo su vientre, dejando rastros de humedad allí por donde pasaba su boca. Ella no tenía idea que él simple contacto de la piel alrededor de su ombligo era suficiente para llevarlo a la locura. Cuando la lengua de él entro en contacto con el pequeño botón entre sus piernas, las escucho soltar un alto y agudo gemido.
Mavis arqueo la espalda extasiada. Un solo toque de aquella húmeda boca sobre su punto más sensible había vuelto su vista nublosa y su cuerpo tenso. Cuando él descendió hacia su clítoris de nuevo ella se removió salvajemente contra las sabanas. La boca de él la tomaba de la misma manera en que lo hacía cuando la besaba, apretando los labios alrededor de su carne, haciendo movimientos rápidos con la lengua, estirándola un poco con sus dientes.
— ¿Ahora es suficiente? — Preguntó él, en medio de sus piernas, viendo como sollozaba de placer con los ojos cerrados.
— N-no lo es— Le respondió temiendo que se apartara.
Zeref removió su cuerpo, sin despegar la boca de su intimidad. Mientras su lengua seguía trabajando con ella, subió una mano hasta colocarla en su entrada, guiando un dedo hacia su interior.
— ¿Y ahora, Mavis? — Empezó a hacer movimientos con él, simulando penetrarla. El dedo salía y entraba en ella, resbalando lentamente en su interior.
— ¡A-Ah! — Mavis no era capaz de formular ninguna palabra. Los únicos sonidos que salían de su boca eran gemidos. Al no tener otra respuesta por parte de ella, decidió introducir un segundo dedo en su interior.
Ella se movía frenéticamente contra su mano y su boca, sin dar muestras de incomodidad o dolor por su acción. Zeref mantenía clavada la mirada en su rostro, atento a cualquier signo negativo que ella pudiera mostrar, mientras seguía barriendo la lengua en aquel lugar tan sensible y movía los dedos en su interior.
Mavis trato de concentrarse un poco en su alrededor, luchando contra la niebla que parecía dominar su mente. Abrió los ojos tratando de enfocarse en algo, pero cuando bajo la cabeza para observar lo que aquel mago oscuro estaba haciendo, se cruzó con sus ojos, lo cuales la miraban fija y profundamente.
Zeref sintió una conexión inmediata en cuanto las pupilas verdes de ellas se encontraron con las oscuras de él. Ella parecía estática, incapaz de retirar la mirada. Aprovechando su distracción y mientras sus ojos se mantenían clavados en el otro, llevó un tercer dedo a su interior.
Mavis tomo aire al sentir como el espacio en su interior se estiraba y apretaba otra vez ante el nuevo intruso. Cuando él empezó a salir y entrar en ella, perdió por completo la concentración que había logrado hace unos momentos. El movimiento de la lengua de él contra su clítoris tampoco se quedaba atrás. Pero, aun así, no era suficiente.
— ¡Por favor! — Gritó en suplicio, cuando el alivio que parecía estar tan cerca de ella, no llegaba lo suficientemente rápido. Él comenzó a acelerar los movimientos entonces. Pero cuando ella estuvo a punto de alcanzar el orgasmo, retiró la boca y la mano.
— ¿Por qué? — Mavis le preguntó mirándolo a los ojos, cuando él se dejó caer sobre su cuerpo. Los mechones de cabello que caían por su rostro le daban una apariencia más oscura a sus expresiones, pero aun así, ella era capaz de ver sus ojos.
— Puedo darte mucho más que esto, Mavis— Guio el miembro hasta su entrada, acariciándola sin introducirse en ella.
Ella suspiro extasiada, cuando la punta de su hombría empezó a moverse en círculos alrededor de su entrada. Él estaba jugando con ella, torturándola con ese lento movimiento. Se movió despacio de nuevo, dejando que un poco de él se introdujera en ella, pero se retiró de nuevo, repitiendo la acción una y otra vez.
— Por favor, Zeref— Escucharla decir su nombre en aquel tono suplicante envío una oleada de placer directo a su miembro. Casi estuvo a punto de ceder y brindarle lo que deseaba, pero logró contenerse lo suficiente para seguir torturándola.
—Dime lo que quieres, querida— Introdujo otros centímetros de él en ella.
—Yo... te quiero a ti— Mavis mordió su labio inferior cuando se retiró de nuevo— Solo a ti...— Terminó en un susurro, abriendo los ojos y clavándolos en los de él, mientras con sus manos lo tomaba del rostro y lo acercaba a su boca.
Zeref dejó los juegos a un lado y se introdujo en ella, rompiendo el beso cuando ella necesitó apartarse para gritar de placer. Él la tomó de las piernas, haciendo que le rodeara las caderas con ellas, mientras se introducía con lentitud, luego con rapidez, y una vez más con lentitud en su cavidad. Podía sentir como las paredes de ella se apretaban y se abrían a su alrededor cada vez que entraba y salía. Era una sensación exquisita.
Ella mantenía los brazos alrededor de su cuello, con la espalda arqueada hacia él y la cabeza echada hacia atrás. Él bajo su boca hasta el medio de sus pechos, dejando rastros de saliva por toda la zona. Como él esperaba, aquella caricia atrajo su atención. Cuando ella lo miro a la cara, él le tomo el rostro evitando que le apartara la mirada.
— Mírame, querida— Aumentó la velocidad de las embestidas, haciéndola abrir la boca por la agitación— Observa como tomo todo de ti— Él se hundió profundamente en ella haciéndola gritar. Escalofríos recorrieron todo su cuerpo, cuando ella alcanzó por segunda vez su liberación. Mavis sintió como espasmos sacudían su cuerpo, mientras el calor entre sus piernas explotaba. Sus paredes latían, apretándose alrededor de él con fuerza, como si quisieran exprimirlo de toda su semilla. Excepto que una vez pasado el momento, se dio cuenta que él seguía tan duro como al principio.
Mavis dejó escapar un grito de sorpresa cuando Zeref la tomó de la cintura, rodando hacia un lado y dejándola encima de él, aun invadiendo su interior.
Él comenzó a mover las caderas, enviando una ola de excitación dentro de ella, pero paró abruptamente cuando ella empezó a acompañarlo en sus movimientos.
— Te daré la oportunidad, Mavis— Él la sostuvo fuertemente de la cintura, dejándola incapacitada para moverse— Puedes levantarte e irte ahora o quedarte y terminar con lo que estamos haciendo. Pero...— Trazo un camino con las yemas de los dedos por su cintura, pasando por en medio de sus senos, hasta llegar a su cuello— Tendrás que hacerlo sin esto— Con el pulgar acarició la joya que guindaba de su cuello.
Ella se quedó muda, observándolo con los ojos totalmente abiertos. La niebla que antes se había adueñando de su mente, había perdido poder sobre ella. Zeref la estaba mirando fijamente, esperando su respuesta. Los ojos de él brillaban con expectación. Ella levantó una mano hasta el rostro de él entonces, y lo acarició con ternura, provocándole una gran conmoción.
— Realmente... ¿lo necesito? — Con esas palabras, aquel collar que rodeaba su garganta se rompió en cientos de pedazos, cayendo entre ellos y perdiéndose en medio de las sábanas.
Zeref se sintió confundido, al percatarse que la magia que había desecho aquella bisutería provenía exactamente de ella. Y por si eso no fuera poco, dejó caer su boca hasta la de él, atrapándolo con sus labios en un beso suave, lleno de ternura. Él aflojó el agarre en su cintura, entonces y retomó de nuevo los movimientos con sus caderas.
Ella suspiro de placer en medio del beso, mientras apoyaba una mano en su pecho para mantenerse firme. Cuando separaron sus bocas, él la hizo retroceder hasta quedar sentado, depositando besos en su garganta y en su barbilla, mientras la apretaba contra su cuerpo con los brazos rodeanle la cintura.
— Espero que estés consciente de que esta vez no fui yo quien te tomó a ti— Murmuró contra su cuello— Sino tú quien se entregó a mí— Ella no le respondió en seguido, pues una ola de placer se apoderó de ambos, haciéndolos alcanzar la liberación entre movimientos frenéticos y respiraciones agitadas.
Mavis sintió claramente como él se deshacía en su interior y sus paredes palpitaban a su alrededor. Los párpados se le volvieron pesados entonces y poco a poco su vista se nubló. Dejándose llevar por el cansancio, apoyó su cabeza sobre el hombro de él y susurro entre sueños:
— Lo sé—
.
Notas de autor:
Tengo la ligera impresión de que algunas personas vendrán a insultarme por este lemmon...
Pido disculpas por si los personajes fueron sacados exageradamente de su personalidad original. Simplemente no encontré otra manera de relatar esto. Sin embargo me siento contenta de haber completado este capítulo! [:
Dejenme saber si les gustó, lo odiaron o quieren saber más. ¡Nos leemos!
