Tras haber leído la carta de Katniss hasta aprenderme cada palabra, punto, acento y coma que había en ella, me preparo mentalmente para soportar el día que me espera. Hoy tendré que ver a los demás tributos, los chicos que en unos pocos días estarán buscando mi muerte a toda costa. Hoy me siento más consciente de que esto no es un juego, a pesar de que el Capitolio siga llamándolo así. De que esto es más que ir por ahí con un traje bonito saludando a todos, de que esto es algo retorcido donde tienes que matar a niños para sobrevivir, solo para la diversión de unos cuantos.
Y de que yo formo parte de esto ahora.
Claro, yo sabía que formaba parte de este maldito circo desde el momento en que mi nombre fue llamado en la Cosecha, pero nunca se sintió tan real como ahora el hecho de que tendré que matar a 23 seres humanos para volver a casa.
Quizá solo sea porque antes no habia deseado ganar y que ahora haya una razón. Una razon que me ha devuelto las ganas de vivir, de luchar.
Decido que es el momento apropiado para ir a desayunar. Necesitaré mucha fuerza de ahora en adelante.
Me cambio rápidamente por la ropa que me dejaron para hoy y guardo la pequeña carta en una de las bolsas de mi pantalón. Será algo así como mi amuleto de la buena suerte.
Salgo de mi habitación en dirección al comedor, prestando atención a cualquier señal de que otra persona ya se haya levantado. Ayer me fui antes de terminar la cena, asi que no sé si Haymitch dijo alguna hora para vernos a mi compañera de Distrito y a mi y darnos algunos consejos antes de que nos fueramos al entrenamiento.
Cuando llego a mi destino, comienzo a servirme un gran plato lleno de huevo, salchichas y unos pastelitos de naranja. Pienso en el pan rancio que estaria desayunando en estos momentos de no haber sido escogido.
Supongo que al menos me siento feliz de poder disfrutar comida tan sabrosa, aunque muera en dentro de una semana.
Haymitch y mi compañera de Distrito, Amy Foxstar, llegan a desayunar cuando me estoy sirviendo mi segunda porción se salchichas. Pasamos varios minutos en silencio, concentrados en comer, hasta que Haymitch comienza a hablar.
- ¿Y bien? -suelta sus cubiertos, mirándonos atentamente-. ¿Qué saben hacer?
Amy y yo nos quedamos en silencio, ninguno de los dos estaba dispuesto a decir la respuesta: Nada.
-Oh, vamos -dice Haymitch, perdiendo la paciencia- algo bueno deben de tener, aunque sea mínimo. -silencio- Bien, bien -suspira, seguramente pensando que somos un caso perdido, como los tributos anteriores. Y los anteriores a esos, y la lista sigue -Entonces solo vayan, aprendan prácticas de supervivencia y de combate. Si ven que algo se les da bien, guardenselo para la sesión privada. ¿Entendieron?
-Si -respondemos Amy y yo al mismo tiempo.
Me levanto para regresar un rato a mi cuarto, antes de que tenga que ir al entrenamiento, pero Haymitch me llama.
-¿Si? -pregunto.
-Quisiera hablar contigo a solas, después de la cena.
-Claro -digo, no muy seguro de qué contestar, y me voy a mi cuarto.
El entrenamiento fue bastante duro. Tener que soportar las burlas de los tributos profesionales cuando me caí intentando escalar una red, tener que aprender sobre el uso de armas increíblemente mortíferas que con tan solo sostenerlas me daba asco y después las preguntas de Effie sobre cómo nos fue habían terminado con todos los ánimos que tenía.
Estaba agotado, y todo lo que quería era tumbarme en mi cama y olvidarme del mundo.
Sin embargo, en el desayuno le prometí a Haymitch que hablaríamos y aquí estoy, siguiendolo por un corto tramo de escaleras que según él llevan al tejado
Cuando al fin llegamos me asombro con la maravillosa vista que hay desde aquí.
-Escucha, muchacho - dice Haymitch interrumpiendo mi observación del lugar, recordandome que me trajo aqui no para darme un tour, sino para hablar-. El viento hace el suficiente ruido para que los micrófonos del Capitolio capten nuestra conversación, asi que podremos hablar sin problemas.
-¿Qué necesitas? -pregunto desconfiado. No me da buena espina que busque un lugar apartado de los oidos del Capitolio, significa que nuestra charla tendrá un rumbo muy diferente a las pocas que hemos mantenido hasta el momento.
-Quiero que respondas con toda la sinceridad posible -dice lentamente- ¿Tenias algún tipo de relación con la avox de ayer? Katniss Everdeen, si no me equivoco
Su pregunta me toma con la guardia baja
-¿Qué? -pregunto estúpidamente.
-Lo que escuchaste -pone los ojos en blanco-. ¿Era tu amiga? ¿Novia? ¿Amante?
-Yo... -mi mente intenta dar sentido a por qué estamos teniendo ésta conversación y si debería contestarle con alguna mentira. Al final, decido ser sincero - Ella y yo nunca nos hemos hablado, pero he estado enamorado de ella desde hace 11 años.
-Vaya, muchacho -se sorprende- Lamento escuchar eso.
-Si, si, lo que sea -no quiero que me tenga lastima, ni a mi ni a mi trágica historia de amor, si asi se le puede llamar. Suficiente con la que ya me tengo yo-. De todas formas, ¿Para qué querías saber eso?
-Bueno, sólo queria asegurarme de que olvidaras todo tipo de relación que hubieses tenido con ella, porque cualquier tipo de interacción que no sea para que le des una orden podria traerles problemas. A los dos.
-¿Acaso nos castigaran con algo peor que ser un sirviente mudo por el resto de la eternidad o ir a una arena donde lo mas seguro es que te maten? -pregunto irónicamente.
-No subestimes los metodos de tortura del Capitolio, Peeta -es todo lo que dice.
Nos quedamos varios minutos así, inmóviles y en silencio, hasta que decido preguntarle algo que no me cuadra.
-¿Cómo sabias su nombre?
Se encoge de hombros
-La vi varias veces en el Quemador, donde voy a comprar mi licor, intercambiando carne por algun producto. Era muy famosa por ahi.
Decido que es momento de terminar nuestra extraña platica, asi que tras un pequeño ''Buenas noches'' me retiro a mi habitación por fin.
Ahora todo lo que quiero es estar solo y descansar.
Pero claro, las cosas siempre suceden al revés de lo que quiero, porque cuando abro la puerta de mi cuarto me doy cuenta que hay alguien más ahi, esperándome.
-Katniss -susurro sorprendido.
