Ingresé a realizar la operación, y podría decir que por primera los nervios invadieron mi cuerpo, siempre he sido la mejor de mi clase, me recibí en Harvard con honores, no pude fallar, ni faltar a una sola clase porque perdía mi beca completa, fui a estudiar hasta con 41º de fiebre, o también asistí el día que un auto se cruzó en mi camino y yo y mi bicicleta fuimos a volar, me fracturé tres costillas, pero sola me amarré un faja y concurrí a clases. Se que todas esas cosas no me garantizan de que logre ser la mejor cirujana, ni que quedé permanente en el programa, pero si de algo estoy segura es que no me voy a dar por vencida nunca.

-Dra Fabray ¿está lista?- la voz de Grey me devolvió al mundo, miré hacia abajo, el paciente estaba esperando por el primer corte, y por decisión de Meredith fui yo quien lo realizo, una vez que el bisturí corto la piel, la confianza y la seguridad retomaron a mi cuerpo, despejando cualquier clase de nervios que había sentido al principio.

Veinte minutos después de ese corte, nuevamente tomé el control dando la estocada final a ese órgano "adorno" que tenemos en el cuerpo.

-Muy bien doctora, realmente lo ha hecho bien- y me sonrió, fue la primera vez en dos meses que le veía una sonrisa dedicada a alguno de sus internos a la Dr Grey, y saber que había sido para mí, me infló aún mas mi orgullo.

-Gracias- solo eso pude decir, ya que ambas ya estábamos enguajandonos las manos, y listas para dejar el lugar.

Grey salió primero y yo después junto con los enfermeros. Me dirigí a los lockers donde tenía guardada mi ropa, me vestí tranquilamente, y después de mucho dudarlo, decidí que merecía ir un rato al dichoso bar donde estaban las demás. Tomé el celular y llamé a López.

-Fabray- su voz se notaba un poco sobreexcitada,-¿Ya mataste al pobre señor Green?- y rió estrepitosamente.

-Eh, no, pero ¿dónde estás? comenzaba a dudar si ir o no a su encuentro. A lo lejos escuche como Santana forcejeaba con alguien.

-¿Hola?-

-¿Berry? ¿Eres tú?-

-Si perdona, pero Santana está muy tomada, y de verdad que necesito ayuda para llevarla a casa, no quisiera molestarte, pero ¿podrías venir?- lo que me faltaba a mí a los 24 años ser la conductora designada.

-Eh, bueno, ahora voy- y corté un poco indignada. No me gustaba ni buscar a mi hermana en la escuela, y ahora tengo que hacerme cargo de una persona que apenas conozco.

Me dirigí caminando hacia el bar, porque ni pensar en tener un automóvil, lo que me pagan en el hospital apenas y me alcanza para vivir en una residencia llena de internos, en uno de los barrios más baratos de todos, comer y lo que resta se lo envío a mi hermana pequeña.

Vi a través de la vidriera del bar, y encontré a López en seguida, bailaba desaforada encima de la barra, ya sin la remera puesta, y a punto estaba de sacarse el sostén, cuando Berry la jaló brutamente de uno de sus brazos y se la tiró encima, no pude contener mi carcajada, cuando ambas cayeron al piso fuertemente.

Ingresé rápidamente.

-Vamos- fue lo único que dije, tomé a Santana de un brazo y la arrastre hacia afuera, Berry nos seguía con la cabeza gacha, creo que se avergonzaba un poco de la situación y de su amiga. –¿Tienen algún auto?- miré a Berry.

-El de Santana, está aparcado por allí- me señaló el lugar y pude ver el flamante Porsche último modelo, color dorado, de verdad que en mi vida me había subido a un auto así, y no pude con la tentación.

-Dame las llaves Berry- le exigí, quería conducir ese auto ya, por fín iba a tener una recompensa por todo esto.

-No las tengo, las tiene ella- señalo a López que vomitaba como desquiciada en el cordón de la vereda.

-López pásame la llave de tu auto-

-Ni loca, a a a esoooo lo maneejo solo solo yo- y nuevamente volvió a vomitar.

-Ni loca me subo contigo manejando, me das las llaves, o directamente llamo a una ambulancia y que te lleve directamente al Hospital, donde ingreses en ese estado, da por finalizado el programa, y tu oportunidad de ser cirujana, porque difícil que te admitan en algún otro lugar después de esto- no era capaz de hacer algo así, pero la amenaza era sólida, y por la cara de Berry estoy segura que se lo creyó.

-Toma- Santana me tiró las llaves al fin, parece que de verdad se creen que soy mala.

-Berry tómala de un lado, que yo la levanto del otro- nos pusimos en posición y cargamos a Santana hasta el auto, abrí la puerta delantera, corrí el asiento y la desplome en el asiento trasero. Nosotras nos ubicamos adelante, y por fin tuve esa preciosura entre mis manos, lo encendí y creo que tuve que hacer fuerza para cerrar la boca porque era tal la emoción que sentía que de seguro que hacía un gritito de alegría muy fuera de lugar.

-Bien ¿donde vive?- ahora que lo pienso no había dicho ni hola. Y había sido bastante cortante con Berry.

-Vivimos juntas, no muy lejos en Queen Anne, yo te voy indicando- no puede creer que vivan ahí, es el barrio más caro de la ciudad, pero como sea no se de que me sorprendo viendo lo que estoy manejando.

-Perfecto- no quiero ni mirar a Berry.

-¿Tú vives muy lejos?- realmente después de ver este auto, y escuchar en donde viven, no tengo muchas ganas de decir donde me estoy alojando, pero nunca he estado avergonzada de lo que soy y no puedo empezar hoy.

-He si del lado contrario, en el barrio internacional- si en un barrio donde está lleno de inmigrantes, los que más abundan son los chinos, japoneses, indios, y algunos latinos.

-Ah, y en ¿qué te volverás?-

-En el transporte público como voy y vengo todos los días del hospital- fui cortante, ya no me gustaba que estemos hablando de mí.

-Si quieres, puedes dejar el auto de San y llevarte el mío, total mañana me lo devuelves-

-Creí que te caía mal, o es que a todas las personas que detestas le quieres prestar tu carro?-

-Contigo no se puede, solo estoy intentando ser amable, y agradecerte de alguna forma que me hayas ayudado- ok puede que tenga razón, y me pase de descortés, pero no me gusta hablar de mi vida, ni en donde vivo, ni como me muevo por la ciudad, ni de nada.

-Ok tienes razón, pero igual, te agradezco Berry, pero volveré como siempre-

Un par de indicaciones más y llegue a destino, si el auto era lujoso y exclusivo, la casa donde vivían no se quedaba atrás, dos plantas, de un blanco inmaculado, dos columnas impresionantes como entrada, y encima un balcón redondo que te invitaba a pararte a observar en él.

-Te ayudo a bajarla- le sugerí, mientras Berry ya corría su asiento hacia atrás, para comenzar a sacar a Santana de su refugio, una vez fuera, la colgamos nuevamente en nuestros brazos y la llevamos hacia adentro, y ya esta vez ni me sorprendí porque me esperaba ver los muebles más modernos y hermoso, los espacios grandes y armoniosos, los cuadros de artistas reconocidos y todo lo que veía a mi paso, sin lugar a dudas tienen mucho dinero, o al menos López tiene mucho dinero.

-Déjala durmiendo en el sillón nomás- solo asentí y seguí las indicaciones de Berry. –De verdad que muchas gracias Quinn- fue la primera vez que dijo mi nombre de pila, y no sonaba para nada mal en sus labios debo reconocer.

-Ya está, la próxima vez que no tome tanto- me estaba girando para salir, cuando su voz volvió a interrumpirme.


-Quinn, si quieres puedes dormir aquí, hay lugar de sobra- ni sé porque la estoy invitando, pero debo considerar que a pesar de que no es la más simpática del mundo, hoy me ayudo y mucho.

-He muchas gracias, pero de verdad que prefiero ir a mi casa, y dormir en mi cama- y me sonrió, como lo hizo hoy temprano cuando espiaba a la Dra Robbins.

-Bueno pero entonces te llevas mi auto, no quiero que estés a estas horas en las paradas de transporte, no sabes lo que te puede pasar en esos lugares, has visto la cantidad de personas que ingresan al hospital apuñaladas por estar esperando que pase el transporte a la madrugada, no puedo permitírtelo- cuando terminé y pude tomar aire, vi la cara de estupefacción de Fabray y me di cuenta que me había excedido un poco.

-He Berry, no sé muy bien lo que dijiste, pero gracias, me iré- y la vi alejarse y salir por la puerta. Tuve ciertas ganas de salir tras ella, y obligarla a que me haga caso, o al menos que descanse aquí. Pero desistí, demasiado con que no me haya tratado de tucán o me haya hecho alguna de esas bromas insoportables en todo este tiempo.

Me giré y observé a Santana roncando, en el sillón, y sin pensarlo demasiado me retire del salón hacía mi habitación.

Definitivamente la noche no había sido ni de cerca lo que yo esperaba, necesitaba salir a despejarme, hacia casi dos meses, desde que había empezado el programa que ni a tomar una cerveza había ido, y cuando San apareció hoy con la idea de salir, me pareció lo mejor que podía pasarme. Pero como siempre la realidad nunca es lo que esperábamos, me pasé dos horas viendo como San se arrastraba por una camarera que ni siquiera la miró mientras se hundía en el alcohol recordando a su ex novia, de verdad que necesita sexo urgente, y para no ser tan injusta yo también lo necesito.

Y de golpe apareció Fabray tan cortante conmigo como siempre, no se rió ni una sola vez, y lo que más me sorprendió es que no hizo ni una sola broma de esas que acostumbra. Pero debo aceptar que le tengo que agradecer realmente todo lo hizo, si no hubiera sido por ella lo más probable es que Santana ya estuviera desnuda encima de la barra bailando como loca sin importarle absolutamente nada.

Y cuando estaba dejándome llevar por el sueño y el cansancio de mi cuerpo, la cara de Fabray nuevamente impactó en mi mente, y recordé que se había ido a la madrugada sola, y podía pasarle cualquier cosa. Intente con mucho esfuerzo no pensar en eso, necesitaba dormir, pero esa imagen no se me iba de la mente y no me quedó otra más que accionar.

Baje las escaleras, vi el cuerpo de Santana que seguía moribundo babeando en el sillón, rebusque cerca y lo vi, su celular. Lo desbloqué y entre directamente en su agenda. Guardé el número en mi celular, y volví a mi habitación para hacer lo que necesito para poder dormir.

-Fabray ¿llegaste?- le mandé un mensaje de texto.

-No doy información de mi vida a la gente que no conozco-Q

Me maldije internamente por no firmar el mensaje, era obvio que ella sabía que era yo, pero no iba a desperdiciar el momento de gastarme otra broma.

-Soy Rachel- fue lo único que le contesté, después de escribir y borrar mil y una vez la posible respuesta, me odiaba por ponerme así con ella, la necesidad de no sé, no parecer tonta, o que me respete o que se yo, pero lo único que lograba es hacerme ver más tonta aún.

-Si Berry ya llegue, ahora quiero lograr dormir- Q

Bueno ahora si podré dormir, pero igualmente detesto su frialdad.

-Que descanses y de verdad muchas gracias por ayudarme hoy- R

No obtuve respuesta, y no es que me sorprendiera, pero por algún motivo esperaba que me contestara un "deja de molestar" al menos.

No pude dormir mucho, o al menos no lo que mi cuerpo necesitaba cuando la alarma de mi celular ya estaba molestándome. Me levanté lentamente, me duche, y baje dispuesta a comprar café para llevar así ahorrar tiempo e ir tomándolo en el auto. Pero para mi sorpresa el cuerpo de Santana seguía inconsciente en el mismo lugar donde la dejamos anoche. Y me sorprendí porque San por más loca y borracha que fuera, nunca pero nunca ha sido irresponsable con su trabajo, ama la medicina y es completamente dedicada.

-San, es súper tarde, en quince minutos debemos estar en el hospital, vamos levántate- insistí moviéndola con fuerza.

-Mmmm ya Dani, déjame dormir un poco más- "Dani" la ex de San, una estúpida engreída que se creía que porque era abogada podía llevarse el mundo por delante.

-No no soy Danielle, soy Rachel y necesito que te levantes ya porque vas a faltar o llegar tarde y hoy nos toca con la Dra Yang, y a no ser que quieras olvidarte de pertenecer al programa- y no terminé la frase porque al fin Santana había procesado la información que le estaba brindando.

-No no no puede ser, no podemos llegar tarde la china esa nos mata-

-Por eso apúrate, y ni se te ocurra decirle "china" porque es más estadounidense que tú-

-Ok, da igual tiene esos ojos raros, que son de chinos, y punto, como sea tenemos que estar a tiempo, que me di cuenta que mi verdadera vocación es cardio- yo la miré un poco raro, desde siempre hablaba de ser neurocirujana, que su talento era el "destrozar cerebros" obviamente que en su mente lo de destrozar era algo así como ser la mejor.

-y ¿qué pasó con neuro?- le preguntaba mientras la perseguía por la casa siguiendo cada uno de sus pasos mientras se ponía acorde para ir a trabajar.

-No, ayer me di cuenta de que en realidad no es lo mío- había algo que no me convencía pero lo dejé estar.

A la velocidad de la luz salimos cada una en su auto, porque hoy San solo tenía 12 hs de trabajo mientras que a mí me tocaban 24.

Ingresé corriendo al hospital, me cambié, busque mi tablet, y corrí hacia donde nos encontraríamos con la Dra Yang, pero para mi sorpresa no había nadie. Mire para todos lados, mientras esperaba que llegara San para no estar sola, pero los minutos pasaban y nada, saque mi celular para enviarle un mensaje, pero cuando estaba a punto de proceder, fui interrumpida.

-Rachie, ¿tú estás con Yang también?- me giré para ver quién me llamaba tan cariñosamente dentro de este hospital.

-Oh Brittany- claro que iba a ser ella, es la única de todas las personas que ingresaron en el programa que es amable, buena, sensible, y comunicativa, todos los demás hacen competencia en inmundicia. –Si estoy con Yang pero no sé donde están los demás, estaba a punto de escribirle a Santana por si ella sabe algo-

-Oh mira ahí está Quinnie seguro que ella sabe- cuando miré a Fabray un calor subió a mi cuerpo, no sé porque pero de repente tenía vergüenza de verla. -¡Quinnie!- vi como Fabray se giró y miro a Brittany sonriendo.

-Dra Adams- ¿Adams? Si el apellido de Brittany es Pierce. Y vi como se acercaba. –Berry- me dijo cuando pasó para saludar a Brittany con un beso.

-Quinnie ¿no sabes dónde está la Dr Yang y los demás?-

-Oh si la Dra me dijo que la esperáramos unos quince minutos que ya regresaba- Fabray me miró y yo por instinto agache la cabeza. –Berry ¿qué tal está López?-

-¿Le pasó algo a mi Santi?- mire a Brittany, y de verdad que por su bien espero que San nunca escuche que Brittany le dice "mi" ni "Santi".

-Eh no no le pasó nada, y se levantó bien, gracias por preocuparte Quinn- tengo que admitirlo me gustaba decirle Quinn, era a la casi única que no me animaba a llamarla por su nombre de pila y una vez que rompí esa barrera no quiero volver a la frialdad de los apellidos.

-Ok mucho mejor, los demás ya vienen fueron por café- se adelantó a mi pregunta.

-Puedo preguntar ¿porqué le dices Adams a Brittany?- odiaba quedarme con intrigas, era más fuerte que yo buscar saber todo. La vi sonreír con suficiencia, como si hubiera sabido desde antes que preguntaría tal cosa.

-Por "Patch Adams", ya sabes el doctor que curaba con la risa, además de la medicina, y ella es muy así- y se encogió de hombros mientras mis ojos iban de ella hacia Brittany, y si tenía toda la razón del mundo.

-Tienes razón-

-Lo sé Tucán, nunca me equivoco con los sobrenombres- nuevamente, La Detesto.