Disclaimer: ¿Realmente es necesario que diga que Harry Potter no me pertenece?
Bien, luego de publicar esta tarde el prólogo no me resistí y he aquí el primer capítulo. Espero que sea de su agrado.
Capítulo I
Monstruo
¿Nunca te has puesto a pensar que todos tenemos un monstruo adentro? Un ser oscuro, cruel y despiadado oculto en lo más profundo de nuestra bondad, tan sólo esperando el momento de salir y destruir todo lo que amamos.
Juventud, una época inocente hasta la primera caricia erótica o bien hasta el primer asesinato que llevas a cabo. Él estaba consciente de que sus decisiones mantenían encadenado al monstruo que habitaba dentro de él, pero también estaba consciente de que ese monstruo era su verdadero yo. Porque sí, él era un monstruo y había corrompido lo más puro que había conocido y lo único que había amado. A ella.
Arrugó el periódico que yacía entre sus manos, si ese maldito pedazo de papel hubiese sido un ser vivo no lo habría pensado dos veces antes de lanzarle un Avada Kedavra. Ella… No podía ser verdad.
Hermione no podía recibir el beso, era totalmente impensable. ¿Dónde quedaban todos los lame culos que la adoraban por ser una heroína de guerra? Ah cierto, había dejado de serlo en el momento en el que se enamoró de una serpiente.
Las lágrimas bajaban por sus pálidas mejillas, como una caricia, una muy dolorosa caricia.
¿Qué carajo se suponía que hiciera? Él no podía simplemente ir y sacarla de esa maldita prisión, no sin una varita, si tan sólo… Maldijo a Merlín, Morgana y a todos los caballeros de la mesa redonda.
No le quedaba otra salida, tenía que contactar con él… Con el maldito culpable de todo ese desastre.
Era un día tranquilo, el cielo se hallaba espléndidamente despejado, el ambiente era fresco y los rayos de Sol adornaban el firmamento, más no encandilaban a quienes los observaban. Malfoy Manor se erguía imponente entre sus múltiples jardines, los rayos del Sol hacía que la blancura de la estructura reluciera, haciéndola lucir más magnifica de lo que ya era.
Él se encontraba en el jardín trasero, recostado en una silla de extensión, su mirada se hallaba perdida como de costumbre. Draco Malfoy parecía estar realmente en un lugar lejano, un lugar muy, muy lejano. Entre sus manos sostenía una figura de origami, un pequeño pájaro, con exactitud. Le daba vueltas sin cesar, de una manera muy suave, teniendo cuidado de no arruinar el papel.
—Draco, cariño —escuchó un susurro tenue bastante cerca de él, se trataba de una voz suave, dulce, una voz que él conocía. Aun así no respondió al llamado, se mantenía concentrado en la nada haciendo girar a la figurita de papel, cada vez más rápidamente.
En un segundo la figurita se dobló entre sus dedos, perdiendo así su forma y descolocando al rubio. Draco levanto el ave de origami con ambas manos y la observó dolido.
Alguien se la quitó de las manos, una mujer. Narcisa Malfoy le sonreía con tristeza a su ya no tan joven hijo, que rayos, Draco siempre sería su bebé, su pequeño, su tesoro.
Ante la expectante mirada del Malfoy varón, Narcisa desdobló cuidadosamente el papel, lo alisó contra una pequeña mesa que tenía a su lado para luego volver a doblarlo con extremo cuidado. Al culminar sostuvo la figura de papel y se la ofreció a su hijo.
Draco observó la renovada figura con la duda reflejada en su mirada, luego sonrió con ingenuidad y la tomó.
—Gracias —murmuró con vergüenza y emoción en su voz. Se dedicó a observar la pequeña figura de papel. Su madre había transformado el ave en una especie de flor, una hermosa flor. Una flor… un destello, luz, un Sol, un día como ese, risas, escuchaba el sonido de risas, olía un perfume, sentía unos labios, sangre, había mucha, mucha sangre…
Narcisa observó atónita como la mirada perdida de su hijo se enfocaba y soltaba la flor para sostenerse la cabeza.
—¡NOOOO! ¡NO SE LA LLEVEN! Yo… ¡Yo tengo que protegerla! ¡HERMIONE! ¡HERMIONE! —Draco se sujetaba la cabeza y gritaba con desesperación, comenzó a rasguñar con sus cortas uñas su fino rostro, Narcisa se sintió desfallecer de la dicha, él había vuelto, había recordado. Su Draco, estaba de nuevo con ella. —¡HERMIONE! ¿Dónde estás? ¡HERMIONE!
La señora Malfoy salió de su espasmo y se apresuró a tomar las manos de su hijo para que no continuara haciéndose daño. Draco gritaba cada vez más fuerte, con más desesperación y forcejeaba con su madre.
—Draco, cielo, tranquilízate, estoy aquí. Mami está aquí, todo está bien —decía Narcisa apresuradamente tratando de inútilmente calmar a su hijo, de pronto los movimientos de Draco cesaron dejando en su lugar sólo unos ligeros espasmos. Draco estaba llorando.
Narcisa suspiró, y lo acunó entre sus brazos mientras acariciaba sus cabellos y besaba las marcas que le habían quedado en el rostro. De pronto los espasmos de Draco cesaron y el levantó la cabeza mirando a su madre a los ojos, con esa maldita mirada perdida de nuevo.
Narcisa sintió como caía rudamente a la realidad de nuevo, su hijo no regresaría, su Draco jamás volvería a ser quien era, pensó totalmente destruida.
El final de la segunda guerra mágica había sucedido hacía ya tres años. La batalla de Hogwarts y el resto de horres permanecían aun recientes en las mentes de todos los testigos. Los Malfoy se habían salvado gracias a que Potter y sus amigos testificaron a su favor ante el Wizengamot, sin duda influenciados por la sangre sucia. Ellos no fueron los únicos mortífagos que quedaron impunes, muchos otros también se salvaron de tener su trasero en Akzaban o de ser besados por los dementores, aun así… Son los hechos ocurridos después del final de la segunda guerra los que se cuentan en esta historia.
Lucius Malfoy había muerto hacía más de un año, al verse al borde de la banca rota, odiado por su hijo y su esposa, con su apellido manchado por sangre; no dudo a la hora de acabar con su propia vida. Narcisa no soportaba a Lucius Malfoy, aun así su muerte fue un golpe realmente duro para ella, la pobre mujer ya había perdido demasiado en la guerra.
El estado actual de su hijo fue la estocada final para Narcisa Malfoy, aun así ella debía permanecer fuerte, debía estar ahí para su hijo. Maldita sea, maldita sea esa mujer… Ella… Ella era la culpable de toda su desgracia, ella había llevado a su inocente Draco a la locura, lo sabía, no había estado ahí, no conocía la historia detrás de los resultados. Pero si había algo de lo que no dudaba era que Hermione Granger era la culpable de todo. La rubia sonrió al recordar lo que hace tan sólo unas horas había leído en El Profeta. Granger pagaría por lo que hizo, eso era un hecho inminente.
Un hombre de aspecto desgarbado caminaba apresuradamente a través del aeropuerto internacional de Londres. Maldijo su suerte por milésima vez, realmente odiaba esos aparatejos muggles. Siguió caminando, llevaba una mochila en la espalda, su cabello castaño oscuro se hallaba revuelto. Era un hombre delgado, pero imponente, y porque no decirlo, atractivo. Lucía alterado, de hecho lo estaba.
—Maldición. Maldición. Maldición… —murmuraba mientras se abría paso entre la muchedumbre ¿Acaso los muggles sentían la necesidad de estar siempre unos pegados a otros como si fueran una maldita manada? Eran repulsivos. Observó el reloj en su muñeca, faltaban dos horas para el atardecer, debía encontrar a ese infeliz rápido.
Si tan sólo tuviera una varita… pensó abatido, vamos Theo, no puedes darte por vencido ahora, ya estás aquí, estás más cerca, puedes hacerlo. Puedes salvarla.
Sí, porque Theodore Nott había viajado en un avión, un medio de transporte muggle, dispuesto a salvar no sólo la vida, si no el alma de Hermione Granger.
Bien, eso ha sido todo por ahora, espero no haberlos decepcionado. Sé que tendrán mil y un dudas respecto a rumbo que podrá tomar esta historia, he de admitir que yo misma lo desconozco. Para tratar de ayudarlos a entender les diré que en efecto Hermione está en Azkaban y ha sido sentenciada a el beso del Dementor. Draco Malfoy está… Demente, perdido, loco, y bajo el cuidado de su madre. Y Theo Nott, mi querido Theodore, no pude dejarlo fuera de la historia. Theo se haya desprovisto de magia, se hallaba fuera de Inglaterra y ahora se dispone a "arreglar" lo que sea que esté pasando. ¿Quién será el infeliz que busca? ¿No tienen a nadie en mente? Poco a poco trataré de que todo se entienda, los motivos de cada situación… Dejaré que sigan siendo un misterio por ahora. Hasta pronto.
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