¡Por fin la segunda parte!
Como les mencioné en el cap anterior casi nunca me salen bien lo cálculos... ¡así que serán tres capítulos!
Ya pasó mucho tiempo y no quería que esperaran más así que este capítulo no ha sido beteado, una vez que lo haya sido volveré a subirlo :)
Espero que lo disfruten.
Una cosa más, sería genial si escuchen la canción que ahí aparece, es muy bonita y una de mis favoritas. No es necesario que lo hagan, pero creo que aumenta el sentimiento de la escena. Es la que aparece casi llegando al final.
¡Otra vez: Feliz cumpleaños, querida Velocicaptor!
Una advertencia, para evitar confusiones debo aclarar, la historia esta escrita en primera persona, y el fic esta diseñado como si Jean está contando una historia; es por eso que habrán pausas en donde él hará comentarios.
Se llama "Stuck on the puzzle" y es de Alex Turner.
Aquí: /watch?v=zOiCIugAISg (solo pónganle el youtube y el .com) Háganlo por favor, me harían muy feliz.
Y sin más, que disfruten la historia.
Atrapado en un rompecabezas
¿Qué puedes hacer para conseguir que otra persona te ame? ¿Cómo podría lograr que mi mejor amigo cayera por mí?
Te contaré un secreto, generalmente las personas que me conocen creen que no tengo sentimientos o que no me importan las opiniones de los demás, y sinceramente no lo hacen… la mayoría del tiempo.
Se me ocurrió una idea —no es la más brillante, te lo digo desde ya—: haría que Marco pensara que yo era el tipo más malo y genial de toda la maldita academia. Él se enamoraría de mí, al ver mi magnanimidad…
Esa fue una de las cosas más tontas que hice en mi juventud.
Pero pensé, ¿cómo lograría ser genial? Tal vez organizando una fiesta con alcohol y música en mi casa cuando mis padres estuvieran fuera de la ciudad.
Estúpido y cliché, ¿verdad?
El año nuevo había llegado y pasado, las vacaciones de navidad terminaron y los días siguieron iguales; Armin tenía las mayores notas, Sasha y Connie preferían estudiar el piso, Eren era el blanco de los regaños de Levi… parecía que nada había cambiado.
Me tomó un poco de planificación, pero lo logré al final; esperé a que todos los chicos estuvieran reunidos en Utgard para dar el aviso de las buenas noticias.
—Ey, ey, escuchen esto —dije, sonriendo de lado como siempre lo hacía—, dentro de tres semanas mis viejos van a salir de la ciudad y ya saben lo que significa, ¿no?
Todos parecieron entender lo que acababa de decir, empezaron a gritar y a silbar, noté que Marco solo se limitó a sonreír; aun así, continué hablando.
—¡Exactamente! La casa Kirschtein dará la fiesta más loca, ¡y todos ustedes idiotas están invitados!
Reiner y Eren chocaron sus bebidas y Connie comenzó a golpetear la mesa de la emoción, siguiendo el juego, yo me paré y me incliné, recibiendo la ovación de todos; las chicas estaban igual de emocionadas e Ymir silbó con dos dedos en su boca. Me acerqué a Marco y le susurré.
—Cuando dije idiotas, me refería a todo el mundo menos tú de idiota. —Marco se empezó a reír, este tipo conseguía que yo hiciera las cosas más tontas por él, pero ni en un millón de años podría odiarlo—, quiero decir, estás invitado pero no eres idiota ¿de acuerdo?
—No te preocupes, te entendí Jean.
Parecía un niño enamorado.
El gerente comenzó a reprendernos, alegando que hacíamos mucho ruido; todos aceptamos pero cuando el hombre se giró, Connie y yo le mostramos nuestro dedo medio.
—Solo de recordar que mañana debo quedarme a detención otra vez, arruina mi humor; todo es culpa de Levi… —se quejó Eren.
Los demás nos quejamos —incluyendo a Ymir—. Últimamente Eren no paraba de hablar de nuestro gruñón profesor; era obvio que el idiota estaba terriblemente enamorado de Levi, solamente que aún no lo sabía. Tenía algunos destellos de mi vida anterior, aunque algunas cosas se me dificultaba entenderlas.
Sabía que Eren y el sargento Levi habían estado juntos.
Sabía que Eren había muerto.
—Ya empezó… —remarqué.
—Ni siquiera lo entiendo, ¿por qué yo? No soy el primero en llegar tarde a su clase, no es justo ¿sabes? —siguió el tipo con rostro de zoquete.
—Si yo también fuera tu profesor te odiaría por esa cara que tienes —me burlé, estaba seguro que él no recordaba que antes había sido un titán.
—¿Tienes algo que decirme? ¡Dímelo a la cara!
—¡Dije que…! —Comencé, pero Marco me tomó por los hombros pidiéndome que me calmara.
Y lo hice, demonios este tipo me tenía controlado solo por su meñique.
Lo odié por eso, solo que no realmente.
Los días pasaron, conseguir las bebidas fue suficientemente fácil; Ymir conocía a un tipo que trabajaba en un bar. El precio por todos los barriles de cerveza y alcohol fue ridículamente alto. La lesbiana pecosa decía que era debido al hecho que éramos menores de edad… Pero puedo quitarme mi nombre si Ymir no ganó un poco de "comisión" con ese trato.
El día de la fiesta llegó, todos me había prometido que irían; francamente no me importaba un carajo si todo el mundo iba o no. Si Marco no llegaba ¿cuál había sido el punto?
La música era alta, las ropas eran cortas y el alcohol caía como fuentes de agua. Mi sala estaba completamente llena de adolescentes sudorosos ¡y ni siquiera conocía a la mitad de ellos!
Las noticias de mi fiesta se distribuyeron como un incendio en un bosque; se había dicho que yo era millonario y que mi casa medía más de tres campos de fútbol. Un tipo hasta me preguntó si yo tenía una pista de ski personal… ¡¿Quién diablos tiene eso?!
Me le quedé mirando como si hablara en otro idioma, estaba a punto de golpearlo por ser tan idiota hasta que con la esquina de mi ojo noté a un chico extraño intercambiando "algo" con otro. Me acerqué a ellos de golpe, y les pregunté qué estaban haciendo.
El chico extraño me ofreció éxtasis.
¡Había éxtasis en mi jodida casa!
Se lo quité todo, no me importaba si él terminaba matándome, solo quería deshacerme de eso. No quería que todo mi futuro se arruinara solo por una estúpida fiesta que había organizado. Para mi suerte él me llegaba hasta los hombros, así que pude intimidarlo y echarlo.
Él negaba a irse, me amenazaba diciendo que le diría a sus "amigos más grandes" para asesinarme.
No es tan grave… Luces como si has visto un fantasma o algo.
Ya, ya, no es para tanto; sigo vivo… ¿ves?
Y no soy idiota, no dejaría que se fuera de esa manera; así que como buen chico quebré mi "alcancía" y le di algo de dinero.
¿Cuánto crees? ¿Cinco centavos?
Hablamos de éxtasis, perdí el dinero que había ahorrado en tres meses; sin contar lo mucho que había gastado en todo el alcohol.
Esa puta fiesta me dejó en bancarrota.
¿Pero qué puedo decir? Estaba enamorado…
Él contó el dinero renuente hasta el último centavo, luego me miró y me dijo.
—Aquí hay más que suficiente, mira, te regresaré lo innecesario…
Pero entonces miré al pecoso que se dirigía a mí.
¡No podía verme mientras hablaba con un negociante de drogas!
Empujé al tipo y me dirigí a Marco, él me saludó con una sonrisa; y yo solamente me quedé boquiabierto.
Se me olvidó mencionar algo antes… Marco había participado en las pruebas para el equipo de fútbol americano, "Los Cazadores" o alguna mierda así. Pecas había quedado en el equipo y ahora entrenaba casi todos los días, es decir que estaba en constante "actividad física."
Demonios, se miraba tan jodidamente sensual.
Todo ese entrenamiento le había construido unos enormes y masculinos hombros, los músculos de sus brazos estaban tan hinchados que parecían que romperían su camisa, sus piernas se veían tan fuertes que seguramente podrían aplastar un bebé…
De acuerdo, pésima analogía.
Pero tú me entiendes.
Cuando él se me acercó, no pude escuchar lo que estaba diciendo, estaba demasiado enfocado en lo maravilloso que era su cuerpo. Joder, parecía un extraño pervertido, seguramente. Pero Marco, Dios lo bendiga, era más denso que un niño; así que estoy seguro que no se dio cuenta.
Pero debía parar eso de ser un pervertido.
—¿Disculpa? —dije después de un rato, al fijarme que no estaba escuchando nada de lo que decía.
—Excelente fiesta, Jean, ¡todo la academia está aquí! De verdad, te luciste esta vez —elogió, exclamando cada palabra para hacerse escuchar arriba de la música.
Mi sonrisa creció cinco veces al escuchar eso.
—¿Qué te parece? ¿La estás pasando bien? —pregunté, notando que una botella de cerveza estaba en su mano.
—¡Claro! No soy un gran fan de las fiestas pero… —No terminó, en su lugar dijo: —. Creo que yo soy de esos que prefieren quedarse en casa y jugar videojuegos.
¿Qué?
Seguía sonriendo pero estaba seguro que mis ojos gritaban.
'¡Hice esta fiesta de mierda por ti!' Exclamaba mi mente '¡Para que me amaras!'
Ahí me di cuenta que todo esto había sido una pésima idea… pero ya era demasiado tarde. Debía trabajar con lo que tenía, podía usar mi carisma con Marco, ¿por qué no?
Me reí con él y le dije que saliéramos de la sala de estar, el ambiente estaba cálido seguramente por los fluidos que se estaban intercambiando entre los invitados. Hice una mueca de asco y tomé a Marco por los hombros, guiándolo hacia la alberca de afuera.
Había adolescentes ebrios ahí también, pero por lo menos el sonido de la música no era tan alto.
Lo llevé a una mesa de ahí, era de hierro y tenía un parasol clavado en el centro; él y yo nos sentamos, con nuestras respectivas bebidas —yo había tomado otra botella de cerveza de la cocina— sin que nadie nos molestara.
—Marco, te ves muy bien esta noche —dije con seriedad.
¡Joder, eso había sonado tan cliché! Esto había sido estúpido, nunca debí organizar la fiesta. Ahora si mis padres se daban cuenta, estaría completamente perdido; y me enviarían a la escuela militar.
—Gracias, amigo —respondió pecas—. Tú no estás nada mal.
Marco se rio entre dientes y mi pecho dio un vuelco, sus blancos dientes me tenían hipnotizado.
—¿Qué? —Pregunté yo— ¿Qué es tan gracioso?
La melodiosa risa se escuchó otra vez y sentí mis labios estirarse con los segundos sin estar realmente consciente. Marco se peinó los cabellos hacia atrás pero unas cuantas hebras regresaron para adornar su rostro. No sabía cuántas cervezas se había tomado, pero sus mejillas estaban rosáceas; mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—Nada —sonrió con complicidad—, nada.
—Marco, debo hablar de algo- quiero decir, necesito hacerte una pregunta… bueno… —Me estaba atascando con mis palabras—. Escúchame-
—¡Ymir! —saludó mi mejor amigo, agitando la mano para llamar la atención de la fastidiosa chica lesbiana y con pecas.
—¡¿Pero si no es el hombre del momento?! —Dijo Ymir con una sonrisa, pero su tono parecía altanero… o tal vez así sonaba su voz normal—. Al parecer que tú seas un ricachón finalmente nos benefició a todos por primera vez.
—Ey, Ymir —dije, ni siquiera molestándome en esconder la irritación en mi voz, mi momento completamente arruinado. Topé la cerveza en mis labios y la engullí.
La morena caminaba con una mano entrelazada con Christa y la otra entrelazada con un coctel de vodka seguramente mezclado con jugo de frutas. Ymir se dejó caer en otra silla al lado, luego tomó a su pequeña novia y la sentó en sus piernas. La de los enormes ojos protestó pero no pareció molestarle después de unos segundos.
Yo miré a Marco, buscando algún indicio de "homo" en sus facciones. ¿Le disgustaba ver a las lesbianas por ser homofóbico? ¿O le atraían por ser un hombre heterosexual? Mi amigo solo sonreía y tomaba pequeños sorbos de su botella; no lo podía leer y me estaba volviendo loco.
¿Y si Marco solamente era un muy buen amigo?
¿Nada más?
Tragué mis problemas y me reí fuertemente, enmascarando mis miedos por una máscara de orgullo. ¿Qué había esperado con todo esto? Había una razón por la que el optimismo no era uno de mis fuertes… porque simplemente no valía la pena tenerlo.
—¡Mikasa! —llamé a la chica de cabellos negros quién acababa de salir a la alberca; ella siempre había sido un placer para los ojos.
No voy a mentir, ella se miraba hermosa, no recuerdo que estaba usando pero debió causar una gran impresión en mí. Estoy seguro que la miré de pies a cabeza porque cuando acordé, mi mejor amigo me había golpeado en el costado con su codo. Le sonreí con socarronería y el frunció un poco los labios.
—Parece que babeas por ella—me dijo en mi oído.
Su voz y aliento cayendo en mi piel despertó escalofríos; no, no estaba babeando por Mikasa. Quería gritárselo pero ¿cuál era el punto?
—¿Dónde está el idiota de tu hermano? ¿Vino a mi fiesta al menos?
La chica Ackerman asintió con la cabeza y tomó un sorbo de su vaso de plástico color rojo y orillas blancas. Dijo que Eren estaba seguramente entre la multitud que bailaba en mi sala de estar, que seguramente vendría a saludar si no se asfixiaba antes en el ambiente tan encerrado y cargado entre las cuatro paredes.
—¿Tú bailaste? —pregunté, haciendo conversación solamente, no quería llegar a ningún lugar con esa inocente pregunta.
Mikasa negó con la cabeza de lado a lado.
—Tengo una idea —sonrió Marco—, ¡Jean, ¿por qué no bailas con Mikasa?!
'¿Qué?'
—¿Qué? —Pregunté— ¿Por qué?
¿Él quería que bailara con Mikasa? ¿Por qué?
—No hay razón —dijo el chico de cabellos negros y sonrisa angelical.
No supe qué decir, en el fondo me sentía estúpido. Obviamente Marco quería que bailara con Mikasa, una vez le comenté a mi amigo lo linda que ella era; los ojos bourbon solo me miraron y me sonrieron: "Ustedes harían una linda pareja", había dicho. Quería golpearme a mí mismo, seguramente él creía que todavía quería algo con la hermanastra de Eren.
No podía estar más equivocado.
Estaba por aceptar, porque no necesitaba verme como un perdedor que no quería bailar con una chica… Afortunadamente se escuchó el grito de Connie mientras se reía a carcajadas, llamó la atención de todos, el enano sin cabello señalaba algo en el techo de mi casa, estaba a un lado de la alberca.
Ahí, en el tejado color naranja estaba parado Armin puto Arlert sin zapatos y con la sonrisa más grande que alguna vez le había visto. El pequeño rubio se acercaba a la orilla y se preparaba para saltar a la piscina. Todo el mundo vitoreaba como dementes y aplaudían mientras que otros decían: "¡Salta! ¡Salta!"
No tengo idea qué tan ebrio debes estar para hacer eso… o si solamente lo haces por impresionar a alguien.
Sí… Definitivamente yo podía identificarme con lo último.
Armin saltó y el público se enloqueció más. Cuando era niño intenté hacer eso, mis padres no solían estar en casa y las mucamas no ejercían tanta autoridad como para decirme que no; lo hice y caí en la piscina. Estaba seguro que Arlert estaría bien.
Aun así… sabía que el impacto con el agua era doloroso.
Todos los presentes nos quedamos en silencio.
El golpe sordo y sonoro del cuerpo frágil de Armin en el agua fue lo necesario para hacerme saber cuánto le había dolido. El chico salió de la alberca con una sonrisa y el público se enloqueció nuevamente. Ahí note que Annie se le acercó con una media sonrisa.
Sabía que todo había sido por impresionar a alguien.
Malditos sean nuestros corazones por sentir y malditos sean nuestros cerebros por querer hacer algo al respecto.
El zumbido de la fiesta volvió a la normalidad y los chicos reunidos ahí comenzamos a hablar. Mikasa se había sentado frente a mí y Marco —por la falta de sillas— se sentó en mi asiento, a mi lado. Christa se había retirado para traernos bebidas a todos en algún punto, no estoy muy seguro; ni siquiera recuerdo de lo que hablábamos.
Pero Marco… Podía sentir en donde su pierna hacía contacto con la mía, me era imposible fijarme en algo más. Lo miraba de reojo, cuando él charlaba con Ymir o con Mikasa, su manzana de Adán se movía y las esquinas de sus labios siempre se curvaban para delinear una hermosa sonrisa. Puso su mano en su muslo sin pensarlo, su dedo meñique hacía contacto con mi pierna.
Quería prestar atención a lo que decían pero no podía dejar de sentir ese pequeño tacto caliente sobre mí.
'Maldita sea.'
—¡Christa te fuiste hace mucho! —Reclamó Ymir de repente— ¡No me digas que te quedaste a servir bebidas!
Miré a la pequeña chica y noté que detrás de ella estaba el idiota de Jaeger, hacía pucheros como si fuera un niño malcriado; cruzaba los brazos y parecía que tenía una vara atrapada en el culo. Me era muy molesto…
—¡En serio! —se quejaba la alta pecosa trayéndola a sus brazos otra vez—. Eres demasiado buena para tu propio bien.
…Y nunca he sido bueno escondiendo lo que siento.
—Eren, relájate —llamé, sabiendo muy bien qué efecto lograría en Jaeger, pero no me molestaba, de hecho eso era exactamente lo que quería; qué alguien más se sintiera como un pedazo de mierda sin ninguna razón—, siéntate, tómate una cerveza.
Le hice una demostración, tomando de mi bebida y sonreí socarronamente. Noté que hasta sus orejas se coloraron de rojo de la ira.
—¿De qué hablas, Jean? —Se metió Ymir, con una expresión casi como la mía— ¡Bambi no puede manejar su alcohol!
La chica y yo irrumpimos en risas recordando que antes ése mismo día, descubrimos la poca experiencia que él tenía bebiendo. El sabor le parecía horrible y tomaba de varios minutos para tragar un sorbo. La alta morena ahora lo llamaba Bambi, porque su madre estaba muerta.
Eso parecía demasiado cruel, incluso para mí.
—¡Púdrete, Jean! ¡Ymir y tú solo son palabras! —Señaló en mi dirección y en la de la pecosa.
Las risas de todos los que estábamos reunidos se habían callado y ahora solo se mantenían al margen; atentos a lo que pasaría luego, ahora que las tensiones estaban altas. Miré como Marco me miraba expectante, podía leer sus ojos, me decían que parara, que no lograba nada discutiendo con Eren.
Pero yo simplemente no podía quedarme callado.
—Ése eres tú, Jaeger, no soportas ni un solo trago. ¡Acéptalo!
—Estoy seguro de que sé aguantar más que tú, ¡caballo!
Eso lo hizo para mí, todo sentido común que me había quedado se ahogó en mi maldita piscina. No dejaría que ese maldito idiota me llamara de esa forma frente a Marco. Mi dignidad estaba en juego ahora, y como te he dicho antes, puedo ser muy orgulloso. Me puse de pie, con intención de golpearlo; no iba a ser nuestra primera pelea, al fin y al cabo. Levanté mis puños y apreté mis dientes con enojo, una ola de calor se vino sobre mí, y respiré por la nariz.
Iba a propinarle un golpe en su mandíbula hasta que sentí dos pesadas manos en mis hombros, el acogedor toque hizo que me detuviera en seco; las grandes manos apretaron un poco y mi mente se puso en blanco.
—Jean, basta, nos estamos divirtiendo; no arruinen esto con una infantil pelea.
Miré a un lado para ver los grandes ojos bourbon gentiles rogándome que me detuviera. Suspiré, dejando que mi enojo se evaporase, cerré los ojos y me concentré en aquellas manos con pecas en los nudillos que tanto quería alrededor de mis dedos. Todo esto había sido por él y estaba a punto de arruinarlo. Marco era bueno para mí, no necesitaba más pruebas para saberlo.
Entonces escuché a Eren mascullar algo similar a "cobarde" y "cara de caballo."
Oh no, no lo golpearía; si lo hiciera entonces Marco nunca se enamoraría de mí. Aun así, debía vengarme… Y sabía exactamente cómo.
Sonreí otra vez, ideando un plan en mi cabeza.
—Te diré qué, si crees que soportas más tragos que yo, entonces me disculparé. ¿Qué dices?
No había manera que Eren me ganara, el idiota no había tomado nunca hasta ese día. Además, Marco me miraría cuando triunfara e indubitablemente se enamoraría de mí. Porque… siendo honestos, no hay nada más sensual que un hombre en completo control de su alcohol.
¿No?
—Quiero que te hinques y digas: "Eren Jaeger es mejor que yo en todo" —dijo el castaño, yo solo imaginé a él diciendo esas palabras; con mi nombre, claro—. ¿Aceptas?
—Acepto.
En minutos la fiesta parecía haberse pausado y todos nos rodeaban a Eren y a mí; chicos de los que no recuerdo sus nombres estaban abriendo las cervezas que se utilizarían, el DJ había bajado la música a un pequeño cotilleo. Connie hacía apuestas con otros más.
—No lo hagas, Jean, no vale la pena —me decía Marco.
—Pecas, estaré bien —aseguraba—, solo quiero patearle el enano trasero a Eren.
Subí mi mano para acariciar su bronceada mejilla pero me acobardé en el último segundo así que solo revolví sus cabellos azabaches con fuerza.
—Deja de ser un santurrón —me burlé—, a nadie le agradan.
Marco frunció sus labios y me miró con desaprobación, movió su cabeza de lado a lado y murmuró algo como: "Haz lo que quieras".
—¡De acuerdo! —Exclamó Ymir la autopostulada árbitro— ¡Los dos participantes a sus esquinas!
Los vasos estaban en la mesa, gotas de cervezas se derramaban por los llenos que estaban y la superficie de plástico se perlaba por la temperatura. No sentía mis dedos de la intranquilidad. Miré a Marco en el público, la sonrisa que me causaba extraños sentimientos en mi estómago se había esfumado y no pude evitar sentir mi corazón hundirse con eso. Esto no iba a impresionarlo.
Pero ya era demasiado tarde.
—¡Caballeros! —llamó Ymir, él y yo tomamos un vaso en nuestras manos— ¡A beber!
Al principio fue pan comido, los tres primeros vasos los tragué como si fueran agua; el sabor no era dulce, pero había algo adictivo en la cerveza. Entre insultos y miradas de odio Eren y yo llegamos al número seis; mis piernas se comenzaban a tambalear y mi cabeza se movía para todos lados. Pero preferiría caer en un coma etílico antes de perder contra ese bastardo. Yo llevaba la delantera por un vaso entero. Jaeger iba por el noveno y yo por el décimo.
Mis ojos insistían en encontrarse con Marco, así que perdí la cuenta de las veces que miré al pecoso. Me miraba con preocupación, tenía un pie adelante y otro atrás, como si estaba listo para atraparme si me caía al piso.
Mi cabeza estaba llena de imágenes borrosas y confusas, mi camisa se pegaba a mi cuerpo, empapada de cerveza; lo gracioso es que no recuerdo cuando la cerveza se cayó de mi boca. Ya estaba cerca de ganar, podía saborear la victoria en mi lengua… y sabía a jodida cerveza.
Pero luego… Eren, siendo el bastardo con deseo suicida que era, tomó una botella de vodka y la puso en sus labios, dando enormes tragos del líquido incoloro.
¡¿Qué diablos?!
Eso claramente estaba contra las reglas, mis ojos se abrieron con sorpresa y miré a la réferi. Ymir se carcajeaba al vernos, gritando con emoción ante las ridiculeces que estábamos haciendo. 'A la mierda' pensé e imité a Eren tomando un sorbo puro de vodka, sentí el tortuoso y sinuoso camino hasta mi faringe; no estaba acostumbrado a ese alcohol así que me pareció que actuó al instante.
Todas las cosas se comienzan a poner borrosas a partir de ahí.
Sabía que mi aliento apestaba a alcohol, cada respiro que daba el olor se quedaba en mis narinas, me restregaba los ojos y no podía pararme sin tambalear. Sabía que estaba ebrio; recuerdo decirle algo a Eren, pero nunca supe qué fue lo que salió de mi boca que no fuera mi hálito etílico.
De lo que si me acuerdo era de alguien gritando en algún momento: "¡Los policías! ¡Alguien llamó a los policías y vienen para acá!"
'¡Maldita señora Goldstein!' pensé.
Mi senil vecina judía había llamado a los polizontes. Nunca había tolerado el ruido y me aborrecía a mí más que a los nazis. Vivía con miles de gatos y tenía una fortuna; la fósil tenía hijos y nietos pero era demasiado egoísta como para heredar algo de su dinero, por eso nadie la visitaba.
Que en paz descanse.
Entonces… por unos segundos no sabía lo que esas palabras habían significado, pero cuando mi cerebro las digirió mi mundo se puso de cabeza y me sentía tan helado que estaba seguro que mi sangre se había convertido en hielo o en vodka.
Como te dije, las imágenes se ven como si fuera un bosquejo que nunca fue completado; mi cerebro ha intentado recuperarlo todo pero estoy seguro que algunas cosas han sido imaginadas. Me pareció gritarle a todos que se llevaran todo el alcohol que pudieran cargar, quería evitar todo el daño colateral posible; ¿y los invitados? Evidentemente me escucharon, después de todo: ¡Alcohol gratis! ¿Quién se negaría?
Todos se dispersaron como si fueran roedores con un felino al acecho, me pareció ver a Reiner y Bertholdt corriendo por su vida pero no estoy muy seguro, un rastro de agua me indicaba que Armin había escapado también, noté como Connie se caía al suelo y Sasha le pasó encima, el tipo raro que había vendido drogas salió por la ventana.
Eso me recordó… Hurgué la bolsa de mi pantalón y me congelé cuando palpé las pequeñas pastillas.
Si la policía me encontraba con eso iría a parar a la cárcel.
Mi cabeza estaba confusa, me pareció ver a Ymir corriendo no estoy seguro adonde, yo le grité y ella me miró. Saqué la bolsa llena de drogas y la lancé en su dirección, me dedicó una mirada confusa.
—¡Feliz navidad temprana! —le grité.
Ella me sonrió y me saludó con los dedos de su mano, luego se perdió en el enjambre de adolescentes.
Para cuando los policías tocaron el timbre de mi casa, la mayoría de invitados habían desaparecido, respiré profundamente, yo no podía esconderme en ningún lado: El capitán se hunde con su barco y esa mierda.
Caminé tropezándome con los sillones y con botellas vacías de cerveza, todas estaban regadas por el piso y yo estaba más ebrio que un marinero. Todo lo que pasó a continuación se siente como un sueño, probablemente lo sea; pero sentí una gran mano familiar en mi hombro.
Me giré para encontrarme con un par de enormes ojos y unas mejillas llenas de pecas.
—¿Marco? —Dije, como para asegurarme que no era un bello espejismo el que miraba—. ¿Te quedaste? Estás loco, cuando la policía te vea serás mi cómplice y llamarán a tu madre también.
—Está bien —aceptó, y yo me controlé para no quedarme boquiabierto—, que la llamen, estoy dispuesto a recibir mi castigo pero no te dejaré solo.
'Maldita sea' pensé 'Maldito seas, Marco Bodt'
—De acuerdo… si me sigues insultando tal vez sí te deje —dijo él haciendo un ridículo puchero.
El alcohol me estaba haciendo hablar de más.
El timbre de la puerta se transformó en golpes secos y desesperados en la entrada; los policías estaban ansiosos por entrar pero yo me tomaba mi tiempo mirando los labios de mi mejor amigo.
Te lo repito nuevamente: para ese entonces mi cerebro estaba delirando así que probablemente se trató de un espejismo; pero, acerqué mi rostro al de él y le robé un beso. Fue rápido y descuidado, me precipité a sus labios y lo tomé por sorpresa.
Quisiera recordar cómo se sintió.
El alcohol te hace sentir entumecido, no sentí si sus labios eran cálidos, o suaves. Hasta el día de hoy no sé si no fue más que un sueño. Marco abrió sus ojos el doble y abrió la boca, a punto de hablar… pero fue interrumpido por los fuertes golpes de las personas de afuera; solo hasta ahí escuche un:
—Señor y señora Kirschtein abran la puerta o entraremos por la fuerza.
Abrí la puerta y dejé entrar mis problemas.
Los policías rápidamente supieron que se trataba de una típica fiesta de adolescentes cuando sus padres no están. Ellos se encargaron de llamarlos y decirles las noticias, papá y mamá regresaron de inmediato de su viaje para "castigarme". Marco estuvo todo el tiempo conmigo, me sonreía cada vez que yo lo miraba.
Pero nunca mencionó nada acerca del beso.
Comencé a pensar que nunca sucedió.
¿Sabes lo horrible que se siente estar de resaca y que tus padres insistan en regañarte?
Te aconsejo que nunca lo hagas, no es bonito.
El castigo consistió en quedarme encerrado por meses en mi habitación, solo podía salir para ir a clases. Era horrible, pasaba acostado en mi cama y mirando los pósters de la pared, ahí descubrí que Morrisey el vocalista de los Smiths, tenía un ojo más grande que el otro; y que Mikey y Gerard Way tenían similares labios —y eso era lo único en lo que se parecían—. También me di cuenta que me gustaban los rockeros.
Escuché todas las canciones de mi ipod, iphone y mp3. Fui despojado de mis videojuegos y televisor así que no podía hacer más; comencé a dibujar, un hobby que había abandonado desde que conocí a Marco. Pero por alguna razón, mi mano había olvidado como hacer otro dibujo que no fuera el pecoso de cabellos negros; lo extraño era que… me sabía su rostro de memoria, podía identificar como eran sus ojos y su nariz —las pecas eran otro tema completamente aparte—, miraba las fotos de mi teléfono celular para acordarme de los adorables y ridículos puntos que lo hacían ser Marco.
Era un puto acosador.
Él me llamaba por teléfono y chateábamos por mensajes, el tema del beso nunca salió. Yo preferiría morir antes de recordar algo tan vergonzoso y Marco… probablemente no se acordaba; o tal vez nunca ocurrió, al fin y al cabo.
Después de unas cuantos días, de tener una sola vía entre la academia y mi cuarto, me cansé de esas putas cuatro paredes. Extrañaba hablar con personas que no fueran mis mucamas o mayordomos, y también extrañaba el café de calidad, no la mierda que servían en mi casa; mis padres no estaban, de todas formas.
Los primeros días de mi castigo ambos se habían turnado para quedarse en casa a vigilarme, aunque eso duró muy poco. Dejó de importarles después, ¿pero qué más era nuevo? Estaba seguro que podía realizar otra fiesta y ellos no moverían ni un músculo.
Ceguera selectiva, supongo.
Me vestí y me arrojé un jersey negro, un gorro rojo y mis siempre confiables converse, salí de mi cuarto con cuidado; la mucama era más dura que mi madre, así que debía evitarla a toda costa. Afortunadamente para mí, salí de mi vacía casa con éxito.
Me dirigí al lugar con el mejor café a la redonda: Utgard.
No era como si esperaba que él estuviera ahí.
Fui y me senté en un taburete por la barra como un completo perdedor, pedí un doble espresso para compensar la falta de cafeína en mi sistema los últimos días. Di el primer sorbo y me supo a gloria, sentí como si todas mis neuronas despertaban al mismo tiempo y mi vista mejorara. Ya no me importaba tanto estar solo.
Luego escuché como si fuera llamado por ángeles.
—¡Jean! —Ah, no, se trataba de Marco.
Mucho mejor que unos ángeles de mierda.
Tragué el café que estaba en mi boca y le saludé; noté que todos estaban ahí, así que me levanté y caminé hacia nuestra mesa de siempre. Les hice saber a todos lo que había pasado cuando se fueron, como era de esperarse, los cabrones estallaron en risas. Demonios, ¡había encontrado un condón usado en mi cama, carajo!
Al parecer le pertenecía a Reiner o Bertholdt.
Eso casi me hace vomitar el café que tomaba.
Pero me hizo reír, todos nos estábamos carcajeando y bromeando; en verdad había extrañado a esos zoquetes, aunque nunca lo admitiría. Miré a mi alrededor, Marco se había sentado a mi lado, su pierna junto a la mía; su pie jugaba con el mío, pero él no parecía consciente de hacerlo.
Sentí esa sensación extraña en mi pecho. "Mariposas" o alguna gilipollez así.
Quería matar a esos malditos insectos.
—Par de maricas.
Las palabras provenientes de esa ronca voz cayeron en mi cabeza como si fueran una tonelada de ladrillos. ¿Hablaban de mí?
Giré mi cabeza y miré a un grupo de tipos sentados en la mesa de al lado, se veían asquerosos; un gordinflón con un rostro con más agujeros que la luna, otro tipo tenía una uniceja… eran muchos y yo los odié desde el momento que los vi.
—¿Dijiste algo, amigo? —dijo Reiner.
Miré a mi amigo; nunca lo había visto tan molesto, la mueca de su boca estaba tan fruncida que parecía que dolía; sus cejas estaban dobladas con intensidad y las narinas estaban expandidas. Sus manos se convirtieron en puños y venas comenzaron a hincharse en sus brazos.
Yo pensaría dos veces antes de meterme con él.
—Par de asquerosos maricas —escupió el idiota de mierda.
—Vuelve a decirlo —amenazó el rubio—, te reto.
Reiner nunca había sido cruel con nadie, ayudaba a quienes tenían problemas, se ofrecía para hacer favores; era uno de los amigos más gentiles de todos, era raro las veces que yo me metía con él. Si Marco era Jesús, el rubio era algún discípulo.
Por lo menos en esta vida.
¿Y ahora este tipo se atrevía a llamarle nombres y a mirarlo de menos por su preferencia?
Como si todas las buenas acciones y todas sus virtudes se fueran al caño solo porque le gustaban los chicos.
Qué estúpido.
Bertholdt se apresuró a callarlo, él tenía la cabeza más fría, pero ya era demasiado tarde para Reiner.
—Quiero que lo diga, Bertl —razonó el musculoso rubio.
—¿Te gusta que te traten mal? ¿Te excita? —bufó retorcidamente él; respiré profundamente y flexioné mis puños, me estaba costando no arrojarme al tipo y golpear su cabeza hasta reducirla a una gomosa pulpa.
El cuerpo a mi lado se puso de pie y en menos de un segundo escuché la voz de Marco.
—No estamos buscando pelea —dijo; su tono era serio, más duro que lo que yo había escuchado antes.
—Ve a chuparle el pene a alguien, maricón —se burló otro tipo rubio que estaba sentado.
Perdí mis estribos ahí.
—¡Hijo de puta! —grité con rabia. Me pareció escuchar la voz de Eren también.
Quería matar a estos payasos.
—Te destrozaré tanto el rostro que ni tu abuela podrá reconocerte —advertí, intentando concentrar todo el veneno que podía en cada sílaba.
Los pedazos de mierdas que estaban sentados se rieron.
—Discúlpate con mi novio —ordenó Reiner, la tensión era palpable y yo sujetaba el borde de la mesa con fuerza, expectante de cualquier movimiento que podría ser una excusa para romper el rostro de todos esos homofóbicos de mierda—, o me veré obligado a golpearte hasta que quedes en el suelo.
Nosotros y los de la mesa de al lado nos quedamos en silencio, todo dependía de lo siguiente que ese regordete tipo dijera. Cualquier comentario iba a dictar si nos moliéramos a golpes o saliéramos caminando tranquilamente por la puerta. Tragué con fuerza, sentía mis dedos helados, quería hundir mi puño en su asquerosa boca… solo necesitaba las palabras necesarias.
—¿No es una excusa para tocarme, marica?
Bingo.
Reiner se vino en el tipo a golpes, con el rostro enrojecido y entrecerrando los ojos; yo me arrojé a la mesa, desesperado por pelear, me di cuenta que lo hice al mismo tiempo que Bertholdt y Eren. Con la esquina de mi ojo miré a Marco teniendo a uno castaño, su brazo estaba alrededor del cuello del tipo impidiéndole la respiración.
Descubrí que prefiero sobre cualquier cosa al Marco gentil y gracioso, no al atleta que se mete en peleas.
Yo era un caso aparte, ¡estaba defendiendo a mi pecoso!
Perdón… al pecoso.
Tomé a uno de ellos por el cabello y azoté su rostro en la superficie de madera, él tiró de mí y consiguió que los dos cayéramos en la mesa, dándole vuelta. El mueble me cayó encima, pero no acabó ahí; el mismo tipo me la quitó de encima y me golpeó en la nariz.
Estaba seguro que había escuchado algo crujir.
Y para confirmarlo, comencé a sentir unas gotas bajando de mi nariz.
El tipo me volvió a golpear y cuando separó el puño de mi rostro, noté mi sangre en sus nudillos.
¡Estos tipos eran deportistas! Jugadores de fútbol de otra academia, eran tan enormes como Reiner o Marco; y yo… solo digamos que nunca sobresalí en ningún deporte.
Para mi sorpresa alguien me quitó al tipo de encima, giré mi rostro para encontrarme con Jaeger, asentí en reconocimiento y aprecio a lo que había hecho… aun así no me agradaba para nada. Pero supongo que el enemigo de tu enemigo es tu amigo, ¿o no?
—¡Paren de una vez! —gritó el gerente haciéndonos detener en seco.
Acto seguido fuimos escoltados afuera del café —muy maleducadamente déjame decir— y se nos prohibió la entrada. Yo estaba furioso, ahora sería imposible tomar el mejor café que había probado en mi vida.
Al día siguiente el director Erwin Smith nos llamó a su oficina, al parecer el excomandante y "Capitán América", Erwin se dio cuenta de nuestro pequeño percance y nos expulsó de nuestras actividades y clubes extracurriculares.
Yo resoplé, no estaba en ninguno para comenzar.
Marco por el otro lado, estaba devastado; lo habían expulsado del equipo "Los Cazadores". Ahora tenía todas las tardes libres así que siempre iba a mi casa… yo no podía estar más feliz.
Quiero decir, ¿Marco? ¿En mi cuarto? ¿Todas las tardes de la semana? Era un maldito sueño hecho realidad.
Estábamos en mi cuarto escuchando a los Artic Monkeys —una de mis bandas favoritas, pecas los escuchaba porque yo lo obligaba—, acostados en mi cama; compartiendo el par de audífonos.
—Qué grupo de idiotas —musité sin aviso.
—¿Huh? ¿De qué hablas, Jean? —preguntó Marco un poco más alto de lo necesario, mientras que en nuestros oídos resonaba la canción "Do I wanna know?"; una de mis canciones favoritas.
—De los tipos de Utgard, aún me enfurezco cada vez que recuerdo las palabras que les dijeron a Reiner y Bertholdt…
Marco solo bajo la mirada.
—… o lo que te dijeron a ti —terminé.
—La gente estúpida dice cosas estúpidas —murmuró—, mi mamá siempre me lo dice.
—Pero, ¿no te enojas? —Quise saber.
—¿Por qué debería hacerlo? Quiero decir, sí, lo que dijeron de verdad fue una mierda… pero no me avergüenzo de ser quién soy. Además, si respondo con la misma moneda o si empiezo una pelea; es solamente demostrar que lo que sea que ellos digan, me importa lo suficiente como para perder mi tiempo compartiendo palabras; o peor, golpes.
Me quedé callado, porque primero: Marco tenía razón, como siempre. Casi me hizo sentir como mierda el haberme metido en la pelea… casi. Y segundo porque ahora sabía que pecas era… gay.
—Espera —interrumpí—, ¿realmente eres gay?
Un aplauso para Jean Kirschtein, el galán del siglo.
—Pensé que era obvio —dijo Marco—, ¿por qué? ¿Actuarás extraño ahora?
—No, diablos, ¡claro que no! —exclamé reaccionando demasiado y odiándome por eso—. Es más, debo decirte algo y-
—Nunca te lo dije porque sé que tienes sentimientos por Mikasa —continuó el pecoso, y me calló al instante—, siempre me hablabas de lo linda que es y lo sexy que es Annie…
Lo de Leonhardt había sido una sola vez, ¡no podía creer que lo recordara!
—Eres heterosexual, Jean, y tal vez ibas a creer que yo podía desarrollar sentimientos por ti y te incomodarías. Pero ese no será el caso, te lo prometo.
Siempre creí que lo de "sentir tu corazón quebrarse" era imposible, una idiotez y muy improbable… aun lo creo; porque, lo que sentí en ese momento no fue como si un pedazo de vidrio se quebrara; si no, como si mi pecho era absorbido por un agujero de gusano, devorado en milisegundos y dejando a su paso un hoyo negro.
La manera que Marco me había tratado… era solo él siendo un chico bueno; eso era todo.
Mierda…
—No lo sé, Pecas —dije sonriendo, sintiendo que cada palabra era otra lanza para mi pecho—, soy irresistible.
Él solo se rio.
—Eres mi mejor amigo, ¿lo sabes, verdad? —mencionó Marco como si estuviera diciendo un secreto.
Amigo… ¿tal vez eso sería suficiente?
—Marco —mascullé y luego hice una pausa de no sé cuánto tiempo, mi amigo esperó pacientemente—, ¿recuerdas qué fue lo que pasó cuando los policías llegaron a mi casa después de la fiesta?
—Si mi memoria me sirve, ellos llamaron a tus padres y te dieron una larguísima charla acerca de los estragos que produce el alcohol.
—Lo sé, pero… ¿recuerdas lo que pasó antes? —probé esta vez, dejando de sentir la punta de mis dedos de lo frío que yo estaba.
Marco se quedó en silencio, yo solo podía escuchar mi corazón latir dos veces por segundo en mis oídos; podía jurar que sentía como la sangre era bombeada por todo mi cuerpo.
—Estabas muy ebrio —dijo el chico de cabellos negros, estábamos sobre la cama así que giré mi rostro para ver su perfil; su nariz era larga y se curvaba de una manera muy adorable. Arrugaba su entrecejo, probablemente recordando los hechos de esa noche—, me maldijiste un par de veces.
Los dos nos echamos a reír; sí, eso se escuchaba como algo que yo diría. Pero yo necesitaba saber qué era lo que Marco había opinado del beso que le había dado.
—¿Y luego? –Necesité saber.
—Te dije que si me insultabas te dejaría solo.
—No lo hiciste —le dije dando media vuelta para mirarlo de frente; él giro su rostro y nuestros ojos se encontraron—, ¿y luego?
—Y luego abriste la puerta para que los policías entraran.
¿Huh?
—¿Estás seguro? —pregunté comenzando a confundirme.
—Muy seguro —afirmó con una sonrisa que me robó el aliento.
Así que… ¿el beso nunca pasó? Fue mi imaginación todo este tiempo, la realización de que ese preciado gesto había sido solo un deseo fantasioso me cayó encima como un balde de agua fría.
—Oh, entiendo —murmuré.
La canción había cambiado, esta vez era de Mineral, la letra de la canción Unfinished nunca antes me había parecido tan triste; moví mis labios articulando las palabras sin decir una palabra:
"I wish you could put your ear up to my heart and hear how much I love you."
Recuerdo la letra aún.
Decidí que seguramente solo debía esperar un poco de tiempo, mi enamoramiento pasaría y me olvidaría de Marco. Un chico o una chica arrebatarían mi atención y sería feliz con esa persona.
Sí, eso no iba a pasar.
Marco tenía una manera de atraparme cada vez que me escapaba de su agarre; con palabras amables, actos desinteresados y un cuerpo de dios atlético.
Me tenía completamente fascinado.
Tiempo después me encontraba en el salón de clases, química había terminado, el profesor Mike había confundido los componentes de una reacción causando una solución inflamable. La sustancia le había explotado en el rostro, prendiendo en fuego su barba.
Armin, siendo el chico bueno que era, había corrido a su ayuda y guió al pobre hombre a la enfermería. La clase terminó temprano y algunos chicos corrieron a las máquinas expendedoras para comprar alguna botana; yo no tenía hambre pero le di un poco de cambio a Connie porque él nunca tenía dinero, prefería gastarlo en hierba que en comida.
Estaba ensimismado en mis pensamientos, mirando afuera de la ventana, preguntándome cómo alguna vez pude contemplar la idea que tenía alguna oportunidad con Marco. Yo, un pedazo de mierda con una actitud de cretino, con una persona genuinamente gentil como él… ¿En qué estaba pensando?
Daba golpecitos con mi lápiz en el escritorio, estaba dibujando los ojos de Marco otra vez; tenía mi cabeza apoyada en el dorso de mi mano mientras miraba hacia la nada.
Una mano en mi hombro me sacó de mis pensamientos.
—Ey, Jean —saludó Marco con una sonrisa.
—¡Marco! —grité, la sangre viajó rápidamente a mi rostro mientras cubría los garabatos con mis brazos.
—¿Estás bien? —preguntó con inocencia, yo solo moví la cabeza de arriba abajo con rapidez; el nerviosismo salía por mis poros, estaba rogando para que Marco mirara en otra dirección para guardar mis embarazosos dibujos.
Para mi suerte Historia dejó salir un gritito por haber visto a una araña en la pared, mi mejor amigo dirigió sus ojos a su dirección y yo hice un puño con la página de mi cuaderno. El pecoso me miró nuevamente y yo arrojé el pedazo de papel debajo de mi asiento, sonreí completamente libre de culpa.
Marco me creyó o simplemente eligió ignorar mis dibujos.
Nuestra amistad seguía siendo la misma, yo iba a su casa y mirábamos series estúpidas, él iba a la mía y jugábamos videojuegos. Quise que todo fuera igual, pero una parte de mí nunca se recuperó del hecho que Marco jamás se sentiría atraído hacia a mí.
Simplemente no era su tipo.
Y si eso no es horrible, no tengo idea qué lo es.
—¿Quieres ir a mi casa esta noche? —Ofreció— Transmitirán "Sharktopus" en el canal de ciencia ficción.
'No' Quise responder 'Salir contigo es terrible para mi sanidad, nunca seré lo suficiente, nunca regresarás mis sentimientos. Cada vez que estamos solos yo solo imagino cómo se sentirían tus labios en los míos. Pero cuando hablas de cualquier otro chico, cuando solo su nombre toca tus estúpidos labios yo muero un poco más; cada vez que me imagino otra mano que no sea la mía entrelazándola con la tuya, acariciando tu dorso, siento que quiero arrancar toda mi piel.'
—De acuerdo —dije con una sonrisa de lado—, ¿qué tan mala es?
Las películas tontas siempre eran las mejores para mirar.
—Es terrible —Marco dejó salir una risita que me hizo sonreír como zoquete.
Cuando salimos de la academia, pecas me acompañó a mi casa, para recoger algo de ropa y pijamas. Llegamos al hogar Bodt, Mary me abrazó en cuanto me miró, tenía puesto un vestido rosa que la mamá de Marco siempre le hacía usar, su negro cabello estaba largo y usaba dos coletas a los lados de su cabeza.
Yo la levanté del piso y le di una vuelta en mis brazos, luego la bajé al suelo; Marco podía mantenerla en sus brazos, porque él tenía más músculos que yo. Pecas desapareció, seguramente había ido a la cocina a conseguir botanas; yo me sentía a gusto en su casa, amaba sentir ese ambiente "hogareño".
—Ey, pequeña Mary —saludé revolviendo sus largos cabellos azabache—, ¿qué tal la escuela?
Ella dio un pequeño salto para alcanzar el sillón en el que yo me había sentado; se tardó un poco en alcanzar el respaldo y cuando lo hizo, sus pies colgaban junto al bordeado del encaje de su pequeño vestido. Mary se cruzó de brazos y sus pequeños labios se fruncieron en un puchero adorable, arrugó el puente de su nariz y en medio de sus cejas. Era la imagen encarnada de Marco; quizás por eso me resultaba tan adorable.
—Las niñas de mi escuela son tontas —terminó haciendo una mueca.
—¿Por qué? —Pregunté con cuidado, concluyendo que seguramente debería patear los pequeños traseros de sus compañeras por meterse con la pequeña Mary.
No me importaba un carajo que fueran niñas.
Bueno… tal vez sí.
—No me dejaron jugar con ellas hoy —murmuró jugando con sus regordetes dedos.
Yo esperé a que ella elaborara.
—Estaban jugando a ser princesas… ¡pero yo no quería ser una! Solo se quiebran las uñas y toman té, ¡es aburrido!
Yo sonreí, enternecido con esa niña; pero le seguí el juego.
—Entonces, ¿qué querías ser tú?
—Godzilla.
Tomó de toda mi fuerza de voluntad para no estallar en risas, no quería hacer sentir mal a la dulce chica; no cuando había abierto su pequeño corazón para mí. Por alguna razón, su respuesta era exactamente lo que mi "mejor amigo/chico que amaba" diría… y lo amé aún más por eso.
—¡¿Qué tiene de malo Godzilla?! —exclamé, indignado; contorsionando mi cara para sacarle una pequeña risita a Mary.
—¡Lo sé! —gritó ella—. Yo dije eso y me dijeron que Godzilla era para niños y para perdedores; y luego le llamaron "feo lagarto".
—Ni mierda, Godzilla es lo máximo —dije, como si fuera lo más obvio; Mary se rio, cubriendo su boca con la palma de su mano, sus mejillas colorándose de rosa.
—Jean, ¿puedes no maldecir frente a mi hermana? —vino la voz de Marco, entró a la sala de estar con dos bolsas grandes de bolitas de queso—; no quiero escuchar a Mary decir esas cosas, ¿de acuerdo?
—Bien, bien —aseguré—. Entonces… ¿Sharktopus?
—Sharktopus —declaró, como si fuera una respuesta profunda.
—Marco —llamó su madre, pecas hizo una mueca mientras le daba la espalda y luego se dio media vuelta para encararla.
—¿Sí?
—Me prometiste que limpiarías el ático hoy, hijo y- Oh, ¡Jean! Qué bueno que nos visites. —Notó mi presencia y me saludó moviendo su palma, seguramente pasaba tanto tiempo ahí que ya no era necesario recibirme, eso no me molestaba, todo lo contrario; me hacía sentir parte de una familia.
—Ma, tengo visitas. —Marco me usó como excusa, yo me reí entre dientes.
—Oh, bien, eso es mejor —asintió Margaret Bodt—; Jean, apuesto que tu quisieras ayudarle a Marco a deshacerse de todos esos cachivaches, ¿verdad? Tú eres un buen chico, no como mi hijo —arrugó el entrecejo mientras miraba al chico de cabello negro, Marco hizo un puchero y se cruzó de brazos.
Sonreí ante lo equivocada que estaba, también ante toda la situación; si se tratara de mi madre haría que las sirvientas prepararan algo para mis invitados y ni en un millón de años dejaría que vieran los "cachivaches" de mi casa. Construiría una gruesa pantalla de humo para evitar hacer parecer que nuestra casa era todo menos perfecta.
Me abrazaría con una sonrisa y les diría a mis invitados cómo nos reunimos para cenar como "una familia feliz" al final del día, en donde cada uno hablaba acerca de su día. Sería hogareño, envidiable, impecable… y falso.
La familia Bodt no era así, era imperfecta, pero era real.
—Con gusto ayudaré, señora Bodt —acepté, sonriendo más de lo que planeaba.
La señora con pecas me sonrió y golpeó con cariño la cabeza de Marco.
—¿Por qué no eres un poco más como Jean?
Mi mejor amigo abrió los ojos con sorpresa y burla, nadie nunca antes había dicho eso de nosotros dos. Yo me reí hasta que pequeñas lágrimas salieron de mis ojos.
Ambos nos dirigimos hacia un pasillo del segundo piso, ahí en medio del techo estaba un cuadro con un pequeño cordón; Marco lo alcanzó sin problemas, bajó una escalera desplegable y la situó en el suelo, me dio los honores de subir primero. Le hice un gesto grosero al levantar mi dedo medio y le dije que debía estar demente si esperaba que yo subiera ahí primero.
Él se encogió de hombros y subió.
Necesitaba parar con eso de comportarme como un mierdecilla.
Subí cuando Marco me dijo que no "había moros en la costa"; lo que fuera que eso significara.
Lo primero que hice fue estornudar, una y otra vez. Marco, el idiota, se rio de mí; después abrió una ventana que estaba al frente de la casa, el aire entró en la habitación y el ambiente dejó de sentirse tan cargado. La luz entró y miré mis alrededores, todo estaba lleno de polvo y las paredes eran adornadas con esquilas de telarañas. Había muchas cosas amontonadas en las esquinas; bicicletas, ropas y una guitarra.
—¡Qué genial guitarra! —me emocioné dirigiéndome al olvidado objeto revestido de una gruesa capa de polvo.
—Era de mi padre —aceptó Marco, noté que sus palabras se escuchaban monótonas, muy diferente al tono alegre que siempre enriquecía su voz—. Creo que la olvidó aquí hace años.
—¿Quieres romperla? —pregunté, inseguro de qué hacer—. Puedo ayudarte si quieres.
Me encantaba romper cosas.
Para mi decepción, el pecoso movió la cabeza de lado a lado; no voy a mentir, una parte de mí quería quebrar cosas, pero supuse que sería en otra ocasión.
—¿Qué quieres hacer con ella? —cuestioné, arrepintiéndome en el fondo. Era una guitarra Rosewood, estaba un poco gastada pero debía de costar más de mil dólares. Seguramente el padre de Marco tenía prisa por irse de ese lugar, al haber olvidado tal objeto de valor ahí.
Mi mejor amigo se quedó pensativo un rato, arrugaba el entrecejo como si se debatiera entre dos opciones imposibles o como si recordara algo no muy placentero. Conté los segundos mientras me perdía en sus enormes ojos intensos, después de un rato él dejó salir un suspiro pesado y dijo:
—Quédatela, Jean.
Yo estaba boquiabierto. Podía tocar la guitarra pero nunca lo había intentado con una tan profesional como esa, mi madre no perdía tiempo haciéndome perseguir ese talento; era poco elegante y rebelde, así decía ella. Sin embargo, esa era exactamente la manera de describirme a mí.
Jean Kirschtein: poco elegante y rebelde.
—Bromeas, ¿verdad? ¡Marco no me puedes dar esto! Es demasiado para que lo gastes en mí. Quédatelo, pecas, véndelo y cómprale algo lindo a tu madre y a Mary.
El chico de cabello negro se rio.
—Por más que me enternece que te preocupas por mi hermana y mi madre… —dijo él, yo miré hacia otro lado mientras sentía una ola de calor recorrer mi rostro hasta las orejas—… Es una guitarra muy linda, aunque los recuerdos que la acompañan no lo sean, no quiero que pase a manos de desconocidos, que seguramente no la tratarán como se debe. Así que, quiero que sea tuya, Jean.
—Pecas…
—Quiero que la cuides y que me la regreses cuando te la pida, ¿trato hecho?
—Trato —acepté.
—Tengo una idea —se rio Marco—, en agradecimiento; ¿por qué no tocas algo para mí? —sonrió inocentemente, como siempre lo hacía.
Un día Marco sería capaz de asesinar a alguien y salirse con la suya. Lo único que debía hacer era mostrar esa hermosa sonrisa y todo el universo caería a sus pies.
Bajamos del ático, el cambio de atmósfera fue agradable, fuimos a su cuarto para que "yo estuviera cómodo". Él se sentó en la cama, subiendo sus rodillas a su pecho mientras me miraba fijamente; ocultaba su boca en el brazo que reposaba encima de su articulación.
Era tiempo de la función.
La única canción que pasaba por mi mente era una que siempre recordaba cada vez que pensaba en Marco.
Toqué los primeros acordes y moví las cuerdas con mis dedos. Convenía mucho con toda esta situación, cada vez que recordaba mi enamoramiento sin esperanza… sentía que estaba atascado en un rompecabezas. Suerte para mí Alex Turner cantaba mis sentimientos.
—"I'm not the kind of fool who's gonna sit and sing to you, about the stars, boy" —Miré a Marco y me sonreía como siempre, yo no podía callarme, solo esperaba que él no descubriera que la canción trataba de él—. "But last night I looked up into the dark half of the blue…"
Giró su cabeza, como un cachorrito, seguramente meditando en cada palabra.
—"And they'd gone backwards…"
Entrecerró los ojos y yo sonreí.
—"Something in your magnetism must have pissed them off, forcing them to get an early night."
Comencé a caminar mientras tocaba, me acerqué a la cama porque quería profundizar esto, quería que Marco supiera que era él quién me hacía actuar de esta manera; era él quién acaparaba toda mi atención cada vez que escuchaba música, cada vez que tocaba, que dibujaba.
—"I have been searching from the bottom to the top… for such a sight"
Me senté a su lado y sus enormes ojos se posaron en mis labios, me emocionaba que él me mirara con esa intensidad.
—"As the one I caught when I saw your fingers dim in the light" —Él era el sol y yo solamente sobrevolaba en su órbita… aunque los demás siempre clamaban lo contrario—. "Like you're used to being told that you're trouble."
Comencé a moverme en un suave vaivén al ritmo de la canción.
—"And I spend all night… stuck on the puzzle"
Bajé la guitarra y me senté a su lado
Él se dejó caer en la cama, estirando sus largas piernas en el colchón; yo no pude hacer más que imitarlo. Ambos quedamos acostados y mirándonos a los ojos, sonriéndonos.
Era cursi, ridículo y estúpido… pero me encantaba estar ahí, sin decir nada.
No soy experto en cosas sentimentales, no sé decir las palabras adecuadas que alguien necesita escuchar a veces, el romanticismo siempre ha encontrado una manera de eludirme, casi siempre digo la cosa equivocada porque no pienso antes de hablar y las películas románticas me parecen más aburridas que los documentales; pero…
Yo sabía que en ese momento íbamos a besarnos.
Me acerqué y Marco no se movió, esto era… aquí comenzaríamos a salir y él correspondería mis sentimientos…
Fue entonces cuando esos ojos bourbon se abrieron con sorpresa, se había dado cuenta de lo que estaba a punto de pasar y se miraba… absolutamente aterrorizado.
…
Todo pasó muy rápido después, probablemente porque el nudo de mi garganta era tan grande que sentía que me ahogaba. Marco se puso de pie y empezó a tomar mis cosas velozmente, yo contaba mis respiraciones. Pecas tomó mi chamarra con el emblema de Rose estampado en la espalda y se giró, mirándome a mí; se veía inquieto.
—Jean… umm… ehh… ya es tarde y… ¿qué tal si posponemos sharktopus? —Se tropezó con su propias palabras y caminó hacia la puerta— Te- te mandaré un mensaje más tarde o… ¿sabes? Mejor nos vemos mañana en la academia.
Estaba por abrirme la puerta para que yo me fuera.
—Marco, espera —llamé.
La espalda de mi mejor amigo estaba tensa, sus hombros encogidos y puños cerrados; se miraba pequeño de esa manera. En cuanto me encaró se me heló la sangre, ahí supe que nada saldría bien; debí haberlo dejado hasta ahí, regresar a mi vacía casa y enterrar "lo que pudo pasar" en lo más profundo de mi ser, debí callarme al ver el rostro de Marco.
—Eso… —comencé, nunca fui bueno en ocultar las cosas que pienso—, ¿qué fue?
—No sé de qué hablas —fue la respuesta de Marco, tan rápida y segura que me hizo sentir que un agujero comenzaba a devorarme nuevamente.
Aun así, seguí.
—Sí lo sabes. —Fruncí mi ceño e hice puños de mis manos, estaba comenzando a ponerme furioso, no estaba acostumbrado a los desamores—. Todo lo que ha pasado aquí… —Hice una seña entre los dos—. Sabes exactamente lo que está pasando.
—Jean, yo-
—Me gustas, Marco —confesé—, no porque aceptas todas mis mierdas y mis equivocaciones sin decir nada… todo lo contrario, tú me corriges y regañas más que todos. Tú me conoces como nadie más, mis demonios, mis pesadillas, mis miedos; tú eres el único que está consciente de la horrible persona que soy… y aun así te quedas. Sé que no soy un gran premio, o el chico que quieras presentarle a tu familia, soy egoísta, enojado, malcriado, siempre hiero a las personas y generalmente no estoy consciente de lo que estoy diciendo hasta que las palabras salen de mi boca…
Pecas no se movía, ni cambiaba su expresión así que seguí explotando.
—No me debes nada y aun así siempre me sonríes, cuando me cago en cualquier situación siempre aceptas la culpa conmigo; de alguna forma siempre esperas lo mejor de mí, aunque sabes que soy un bueno para nada. Odio la frase "me haces una mejor persona" es demasiado cursi y no es mi estilo, pero ¡es exactamente lo que siento cuando tú estás conmigo!
»Y debes ser un idiota si no lo has notado, me opacas con tu brillante luz, y no me molesta. Sé que… sé que tú sientes lo mismo; vamos, la manera como somos cuando estamos juntos, ¿no sientes que hay un magnetismo entre nosotros? Mis ojos buscan los tuyos cuando estamos lejos, tu sonrisa me cautiva aunque vistas el casco del equipo de fútbol y yo esté a metros de distancia, sentado en las escaleras… es el destino. Nos llevamos bien y nos complementamos…
No tenía idea qué más decir, esa había sido mi gran confesión, sin banda sonora, sin luces que hicieran cálida la habitación; sin toda esa mierda hollywoodense que "debe pasar" para que la vida acabe en un "final feliz". Detesto esas películas; en ese momento Marco debía correr hacia a mí y besarme, confesando que él también me había amado todo ese tiempo, que éramos perfectos para el otro y que seríamos felices juntos.
En lugar de eso, fui recibido por un silencio ensordecedor que hacía que mi corazón se encogiera con cada latido que daba, mi mejor amigo no corrió hacia mí con una sonrisa en los labios, sino que se sentó sobre su cama con una cara de preocupación.
—Yo… —musitó él—… Jean, eres mi mejor amigo…
'Mierda' pensé, eso no había comenzado bien.
—No sé qué haría sin ti, te quiero mucho —siguió pecas—, pero…
—No de la misma manera —terminé, ahorrándole a él las palabras. Yo sabía que si las escuchaba venir de él nunca podría recuperarme—, no te gusto como tú lo haces a mí, solo soy un amigo más.
—Detente ahí Jean, no es eso lo que estoy-
—No importa las palabras que uses, Marco, eso es lo que me dirás. Esta conversación no tiene otro desenlace que yo cruzando esa puerta con un sabor amargo en la boca y nuestra amistad arruinada. Ahórratelo y dime solamente que no regresas mis sentimientos.
—Jean, déjame hablar… ¿me intentas decir que nuestra amistad se ha basado en este enamoramiento?
Apreté mis dientes cuando escuché la palabra enamoramiento. Pero Marco estaba equivocado, él me agradó desde antes que descubriera que me gustaba; me molesté con ese comentario.
—¡¿De qué hablas?! —grité, había olvidado completamente que la madre y hermana de Marco estaban en el piso de abajo— ¡¿Acaso me crees así de horrible?!
—No —respondió el chico de cabello negro—. Es solo que… Jean, tú eres un chico listo, amigable, apasionado y fiel pero…
—¿Qué? —quise saber, sabía que la respuesta me arruinaría, debí salir de esa habitación el minuto que Marco no me había respondido con una afirmación a mi "confesión de amor"; ahora ésta se había convertido en la peor conversación mantenida entre dos personas en la historia de las "conversaciones incómodas".
—Te enamoras fácilmente —me dijo, tenía una mueca de lástima que solo me hizo enfurecerme más. Estaba por gritarle, y seguramente arrojar lo que me encontrara al suelo, pero él siguió hablando—; Mikasa, Annie, por unos días te sentiste atraído hacia Eren, Mina, Sasha… La lista sigue. Lo que quiero decir es que, tal vez es una "fijación" hacia a mí, amigo, te pasará con los días.
'No, no, no, no, no' Lo estaba entendiendo todo mal. No era una fijación, yo lo amaba; yo amaba a Marco, a mi compañero de Rose y a mi amigo que fue asesinado por gigantes. Lo había conocido por suficiente tiempo como para saber que esto no se iría a ninguna parte.
—Marco, no…
—Está bien, sé que tú eres bisexual, ¿recuerdas cuando me lo dijiste? —Yo moví la cabeza lentamente, asintiendo—. Te atraen las personas bonitas y por eso lo considero un halago —sonrió con tanta amabilidad que por un segundo olvidé que me estaba rechazando—. Probablemente comenzaste a pensar esto cuando yo te dije que era homosexual.
'Esto empezó desde mucho antes' pensé.
—¡Esto es real! —Intenté nuevamente—. ¡Vamos, organicé la fiesta por ti!
—¿Qué?
Maldita sea, no podía callarme, sabía que al decir eso solo me estaba avergonzando, pero ya era muy tarde para detenerme, la represa se había comenzado a quebrar.
—¡Así es! Toda esa fiesta, fue para que tú te enamoraras de mí, me metí en una pelea para defenderte y toqué una canción con la maldita guitarra para ti, ¡carajo!
Marco se quedó boquiabierto, sus ojos parecían que se iban a salir de sus orbitas, por fracciones de segundo creí que eso había bastado para hacerlo cambiar de opinión.
—No me debías nada, Jean, fue lindo de tu parte; pero todos nos metimos en esa pelea al mismo tiempo. Yo… no tenía idea que sintieras eso —miró al suelo un rato, como si las palabras para parar esto y retroceder el tiempo estuvieran ahí—, apuesto que harías lo mismo por cualquier otra persona.
Yo estaba a mi límite, sentía que mi sanidad y dignidad habían recibido demasiados golpes por una noche.
—Olvida esto… fue un error. —Dejé de ver sus ojos, no especifiqué si hablaba de mis sentimientos hacia él o si de toda nuestra amistad; en ese momento ni siquiera yo lo sabía.
Esta vez fui yo quien se dirigió a la salida, tomé mis cosas sin mirar a Marco, ya no tenía las energías para ver su sonrisa y saber que jamás me pertenecería.
—Jean, espera…
—No —paré, extendiendo una palma para que no se me acercara—, yo… solo déjame que me vaya. Al menos dame esa oportunidad, de salir con el rostro en alto, Marco. No me des esa mierda que seguiremos siendo amigos, por lo menos no hoy…
No quería que nuestra amistad terminara, sabía que Marco me había rechazado con tanta amabilidad como solo él podría agregar a una situación como ésta. No estaba enojado con él, ¿cómo podría estarlo? Estaba furioso conmigo, porque fui tan idiota de haber derramado mis sentimientos y arruinar lo único bueno que tenía mi vida.
Salí de la habitación, y bajé los escalones; Marco no me siguió, me repetí que eso era lo mejor. No quería su lástima, no quería que el sintiera la necesidad de recoger los pedazos rotos que él mismo había quebrado sin saber. Tal vez, esto no estaba destinado a suceder, seguramente en esta vida tampoco debíamos estar juntos y esto era para lo mejor.
Mi orgullo y mi necesidad de decir lo que pienso me habían costado mi mejor amigo…
No me encontré ni con Mary ni con Margaret; agradecí eso. Salí de la casa de Marco y me puse mi chamarra; la tarde estaba fría, pero yo me sentía entumecido. La piel de mi rostro parecía que carecía de nervios y un hormigueo recorría todo mi cuerpo.
Estaba a una manzana de mi casa cuando me di cuenta que mis ojos ardían, los froté con el talón de mi mano con fuerza y vi luces atrás de mis parpados. Suspiré con pesadez mientras abría la puerta de mi hogar.
Había olvidado que esa noche mis padres tenían una elegante cena con sus socios y colegas del trabajo; mamá me dio una mirada de desaprobación y yo entendí que debía esconderme en mi habitación. Aunque antes le dije a uno de los empleados del banquete que me llevara un plato de comida a mi cuarto; que luego arrojaría a la basura por la falta de mi apetito.
Cuando entré a mi pieza, cerré la puerta y me arrojé a la cama, con la luz de la habitación apagada miré la pantalla de mi celular; arrepintiéndome un segundo después por la intensidad del pequeño aparato.
Revisé los mensajes; uno de Connie, algunos de Reiner, Eren y Armin.
Ninguno le pertenecía al chico de pecas.
Arrojé el teléfono a la pared y miré el techo…
Connie tenía a Sasha; Reiner a Bertholdt; el trío de Mikasa, Armin y Eren ni siquiera valían la pena ser mencionados; nunca tuve hermanos y mis padres se habían casado más con su trabajo que con ellos mismos.
No era la primera vez que me encontraba en esa posición.
Y aun así… nunca antes me había sentido tan solo.
'Mierda'.
Tú pregunta fue si alguna vez me he arrepentido de algo en mí vida… Bueno, me arrepiento de haber salido de la cama ese día.
¿Qué tal?
No me odien °n° Espero que les haya gustado, intentaré actualizarlo pronto.
Mientras tanto... Estaría más que feliz al oír de ustedes , opiniones, preguntas, ¡mejorarían mi día con un pequeño review! (aunque sea para que me arrojen piedras)
Y espero también que las canciones que mencioné les hayan gustado, personalmente me gustan mucho.
Nos leemos luego.
