Aquella noche el frío era insoportable. ¡Si tan solo no hubiese peleado por el estúpido pomelo ahora no se encontraría en esa situación! Pero tenía tanta hambre. Tenía hambre desde que puso un pie en aquel terrible lugar.

Nate River tenía contactos. Muchos, demasiados tal vez. Y uno de ellos le había ayudado a conseguir pruebas falsas. Pruebas que inculpaban a Light de entrar en un tienda de gasolinera y robar una botella de vodka. Claramente el supuesto video, donde el castaño cometía tal acto, nunca le fue mostrado.

Todo lo que podía recordar era a Near, tomando su teléfono móvil y llamando a sus agentes. – Está acá en casa, señores. Es un gran dolor para mí, pero pueden venir y llevárselo. – Luego se giró con una sonrisa triunfante a Light. – Mejor alista tus pertenencias, harás un viaje y no sé por cuántos días.

Se le acercó y tomó al chico por la mandíbula. – A menos claro que te arrodilles ahora y me supliques por clemencia. – Apretó el agarre. - ¡Anda! ¡Suplica! – Gritó, lanzándolo al suelo.

-¡Basta, Nate! – Intervino Misa empujándole con todas sus fuerzas.

-¡Tú cállate, perra anoréxica! – Le propinó una cachetada, enviándola al suelo.

-No te interpongas, madre. – Finalmente pronunció el castaño, poniéndose de pie y ayudando a la rubia a levantarse. - ¡No me vencerás, Nate River!

El hombre de cabellos platinados le miró con odio al escuchar cómo le había llamado. - ¡Maldito bastardo maleducado! ¡Soy tu padre!- Iba a darle una bofetada, pero Light le detuvo la mano.

-¡No! ¡Mi padre es la justicia! ¡Mi padre era y será siempre Kira! Y voy a ir a Fuchu, ¿sabes por qué? Porque ya no te tengo miedo, y voy a enfrentarte hasta las últimas consecuencias.

Y no hubo tiempo para más. Los agentes de la policía llegaron y se llevaron al castaño engrilletado.

Light odiaba verse a sí mismo tan vulnerable. La camisa arrugada y salida del cinturón de sus pantalones, sus cabellos despeinados, luciendo todo él como un rebelde y un ladrón. Quizás aquello era una delas principales cosas que heredó de su padre, el sentido de necesitar verse inmaculado en su aspecto.

Fue entonces cuando todo comenzó.

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Al entrar en la prisión, fue llevado a una habitación donde le quitaron toda la ropa, le inclinaron en una mesa de metal con olor a óxido y le metieron dos dedos en el culo para asegurarse que no llevase nada oculto. Light apretó la mandíbula para no gemir por el dolor.

Luego le entregaron un uniforme azul. Un pantalón, una camiseta y una camisa. Nada de bóxers o interiores. Seguramente, creían que podías esconder algo en ellos. Le lanzaron un libro pequeño en el que se suponía estaban todas las reglas de la prisión. Solo tenía una oportunidad para leerlo, en medio de aquella débil iluminación.

Mientras preparaban su papeleo, el castaño abrió el libro y comenzó a leer las reglas principales:

-No moverse dentro de las celdasdurante el período de reflexión o estudio. Esto incluía estar sentado en posición de loto, sin recostarse en la pared, sin alzar la vista del libro y sin mirar hacia la ventana.

-No ir al sanitario o utilizar el lavamanos sin permiso de un guardia. Además, se podría bañar una o dos veces por semana dependiendo de su comportamiento.

-Trabajar ocho horas diarias en las áreas designadas.

-Dos veces por semana, podría escribir una carta a su familia bajo la vigilancia de un guardia. Todo en papel, jamás utilizar una computadora.

-Jamás decir su nombre, únicamente nombrarse así mismo bajo el número asignado por la prisión de Fuchu.

-Prepárate para mañana. – Le dijo uno de los guardias, palmeándole el hombro. – A partir de hoy, eres el prisionero 1263. – Entregó en sus manos una pastilla de jabón, un cepillo de dientes, un dentífrico y una toalla. Después le guió hasta una de las celdas. Estaban dispuestas en corredores enormes, pequeñas puertas de metal con barrotes hasta la mitad, la parte inferior completamente cerrada y una pequeña ventanilla en el medio. – Aséate para dormir y buenas noches.

El castaño obedeció. Se cepilló los dientes y se acostó en los tablones que formaban la única superficie en la que se podía dormir, al frente había una pequeña mesa de madera y el espacio sobrante no alcanzaba a medir ni un metro.

Esa noche hacía frío y todo lo que tenía para cubrirse era una manta delgada y vieja, doblada en la cabecera de lo que podía llamarse "intento de cama". Se hizo un ovillo sobre las tablas, cerró los ojos tan fuerte como pudo e intentó dormir. No quería temerle a ese lugar.

Y los días pasaron, en cada uno se le exigía trabajar en la construcción de piezas de repuesto para automóviles. Las manos y los brazos le dolían por lo pesado de las jornadas mas estaba decidido a no quejarse. Era el hambre lo que hacía todo realmente difícil. La comida consistíaen un pequeño tazón de arroz y otro con sopa de miso. Si tenían suerte, era posible que se les premiara con alguna fruta para la refacción a mitad del día.

He ahí el pomelo.

Uno de los guardias entregó la fruta a Light. No obstante uno de los prisioneros, Shinku Tagayaku, amenazó con arrebatarle la fruta. Light, hambriento y sin pensarlo dos veces, le dio un puñetazo en el ojo al hombre. Éste sacó una navaja de sus pantalones y le amenazó con ella.

El castaño decidido a no dejarse vencer, pateó la navaja y le propinó un segundo golpe. Los guardias llegaron y les separaron. Pero, para mala suerte de Light, Tagayaku pertenecía a la mafia nipona y pagaba muy bien los favores dentro de la prisión, sobre todo a los guardias que le ayudaban.

Los policías dejaron al mafioso en el patio de recreo y apresaron a Light. – Ahora si te has ganado un buen castigo.

-¡Yo no hice nada! – Gritó el castaño. -¡Él tomó lo que era mío! – El golpe en la cara por parte de una macana le hizo callar.

Fue tal el impacto que el castaño cayó al suelo, a su lado cayó un lápiz que uno de sus cuidadores llevaba en el bolsillo. Light intentó recogerlo para usarlo en su defensa, mas otro de los guardias lo interceptó y se lo arrebató. Cabe resaltar, que el castaño sujetó con tal fuerza el instrumento que le quebró la punta. ¿Para qué podía servirle la punta de un lápiz? No lo sabía, pero lo dejó caer intencionalmente dentro de uno de sus zapatos para evitar perderla.

Acto seguido, Light fue arrastrado hasta el cuarto de las duchas, donde recibió un baño de agua helada con todo y la ropa puesta. Por momentos, los guardias detenían su rostro debajo del enorme chorro de agua, provocándole la sensación de ahogarse. - ¡Por favor! ¡No más! – Gritaba cada vez que le era posible, aun cuando cada grito le costaba un golpe en el abdomen, los cuales difícilmente podía identificar si eran hechos con un garrote o con los puños.

Acabaron cuando estaba a punto de desmayarse. Sentía que la tortura había durado una eternidad. Entonces le llevaron a su celda y lo lanzaron dentro de ella con la amenaza de dirigirse a la mesita de inmediato, sentarse como era mandado y permanecer en silencio.

Callado, quieto, congelándose, escuchando sólo el sonido de su respiración entrecortada. Cada vez odiaba más a Near. Temblaba de pies a cabeza, incapaz de calcular siquiera el tiempo. Solo sabía que el hambre le consumía y que apenas podía pensar por el dolor que sentía.

Iba a darse por vencido, a aceptar la consecuencia de recostarse en la pared cuando escuchó la puerta de la celda abrirse. – Veo que no has tenido un buen día. – Dijo el guardia, quien como siempre arrastraba el carrito de libros, ofreciendo uno a cada reo para el período de estudio. En otros momentos, el castaño hubiese sonreído pensando que aquel era el único lugar en la tierra donde veía libros de papel todo el tiempo. Light también reconoció la voz del hombre, era el guardia que le diera la bienvenida el otro día. -¿Quieres uno, 1263? Ya que no podrás cenar por el castigo, cuanto menos podrías leer un poco.

El castaño asintió como pudo y se giró hacia el carrito. Apenas prestaba atención a los títulos, la concentración no estaba de su lado.

Uno de ellos llamó su atención, decía: "Crímenes sin resolver dentro del régimen de la justicia japonesa". Light cogió el ejemplar con la mano temblorosa. – Gracias. – Susurró y volvió a su postura anterior.

Una vez el guardia se hubo marchado, Light abrió el libro y comenzó a dar un vistazo al índice. En él se mencionaban los títulos de varios misterios policíacos de los que había escuchado hablar y, al final de la lista, la palabra más poderosa para él: "Kira".

Sus temblorosos dedos intentaron precipitarse al número de página que dictaba el libro. – Página 348. – Repitió mentalmente, buscando avanzar tan rápido como le era posible. Incapaz de hacerlo, dio vuelta al libro. Desde la contraportada le sería más fácil alcanzar la página pues se trataba del último relato. Sin embargo al abrirlo, se encontró con que la última página estaba numerada como 347. ¿Acaso su mente le había jugado un truco?

Abatido, bajó la vista y se encontró con una libreta negra. Eso no estaba antes ahí, podía jurarlo. Deslizó los dedos sobre la portada, era de un material similar al cuero y con la leyenda "Death Note" grabada en ella.

¿Qué era aquello? ¿Había tomado dos libros por accidente? Abrió el nuevo libro y notó que toda la escritura estaba en inglés, las primeras páginas eran negras y parecían ser una especie de reglamento. Quizás no era bueno para la Física, pero el inglés y las letras en general se le daban muy bien.

Comenzó a leer: "La persona cuyo nombre sea escrito en esta libreta morirá." Seguro aquello era todo un juego de los prisioneros. No obstante, al continuar revisando las páginas, pudo percatarse que todo lo demás estaba en blanco. Regresó a las reglas y continuó leyendo algunas. De acuerdo a éstas, la persona escrita moría en el transcurso de 40 segundos por un ataque al corazón, si la causa de muerte no era especificada. También se debía conocer el rostro de la víctima y tenerlo en mente al momento de escribir su nombre. ¡Vaya objeto curioso! Quería leer más, pero el dolor del cuerpo le obligaba a ralentizar la respiración y su vista se tornaba borrosa.

-1263.-Llamó otro guardia a la puerta de su celda. El castaño giró el rostro para verle. – Ven. Te daré algo de comer.

Light, reuniendo todas las fuerzas que tenía, se puso de pie y fue hasta la puerta y la pequeña ventanilla. Imaginaba que estaba prohibido, pero en aquella ocasión levantó la vista hacia el hombre. Su nombre era Tamako Lee, su rostro era difícil de describir. Era el rostro de alguien que disfrutaba llamarse a sí mismo la ley.

El hombre le entregó un tazón de arroz. Light lo cogió sin importarle que no le diese siquiera una cuchara, comenzó a comerlo con los dedos. Tenía un sabor extraño, saladamente desagradable y un agua amarillenta al fondo. - ¿Qué tal sabe la orina, 1263? – Preguntó con una mueca cinismo antes de emitir una sonora carcajada.

El joven dejó caer el plato al suelo, asquedo, sintiendo arcadas y a la vez la necesidad de mantener aunque fuese aquello en el estómago. El guardia se alejó riendo.

Light se llevó una mano al pecho, mientras se arrastraba hasta el escritorio. Ahí sujetó su cabeza, halándose los cabellos. Sentía que se volvería loco, que el corazón se le detendría por la rabia, que su garganta se cerraría por el esfuerzo que hacía para respirar. – Maldito… Maldito… - Susurraba tan bajo como podía.

Entonces recordó la libreta. Podía ser solo una broma, pero nada se perdía con escribir en ella y desahogarse. Escuchó a alguien más pasar frente a la puerta. ¿Con qué podía escribir el nombre? Pensó en su sangre, pero no tenía nada para cortarse.

-La mina del lápiz.- Musitó, agachándose tan lentamente como le era posible para que sus movimientos no fuesen advertidos. Tomó la mina de dentro de su zapato, abrió la libreta en una de sus páginas blancas e intentando que nadie lo viese, escribió: "Tamako Lee, se tropieza en el baño, se golpea la cabeza con el borde del retrete y muere ahogado con el agua de éste." - ¿Cuarenta segundos, no? – Mentalmente comenzó a contarlos, imitando el ritmo del reloj.

Nada. – Lo sabía. No podía ser real. – Pensó.

Una de las alarmas de emergencia se detonó en ese instante, gritos se esparcieron por todo el lugar y se escuchó una carrera apresurada. Y él se quedó quieto. Su corazón se aceleró y su respiración se quedó atrapada en su garganta. ¿Había funcionado?

-Los humanos son tan interesantes. – Dijo una voz delante suyo con tono picaresco. - ¿Quién diría que el pequeño Light resultaría tan astuto?

El castaño levantó la vista y hubo de contener un grito al ver a la criatura que había dicho semejante cosa. Tenía la piel azulada, el cabello negro despeinado, sus largos brazos acababan en dos especies de garras, dos alas negras enormes y los dientes puntiagudos.

Quería preguntar algo, cualquier cosa. Sin embargo, sus pensamientos se fueron al carajo al escuchar la voz de uno de los guardias, chillando como un cobarde. -¡Tamako! ¡Tamako está muerto!