En París

Habían sido durante la Universidad cuando Víctor y Sherlock tuvieron la idea de formar una banda, la búsqueda por un guitarrista no fue necesaria debido a que Trevor sabía que su compañero de Diseño; John Watson tocaba de manera virtuosa dicho instrumento, cuando le propuso unirse a su grupo éste acepto de inmediato. Billy que estudiaba la carrera de química junto con Sherlock le pidió a éste que le permitiera entrar también, en un principio ninguno de los tres estaba muy seguro pero en cuanto lo escucharon tocar el bajo quedaron gratamente impresionados dándole la bienvenida a All Blacks, nombre con el que en un principio había sido bautizado el grupo, cambiándolo unos días después por Dartmoor.

La química entre Sherlock y John desde que se conocieron fue notoria, volviéndolos inseparables, era difícil ver a uno sin el otro, cualquiera pensaría que Víctor se sentiría desplazado por el rubio, pero lo cierto era que éste seguía siendo el confidente de Sherlock y era quien además siempre lo animaba para que se atreviera a declararle sus sentimientos al guitarrista.

Durante el trayecto en avión de Londres a París Sherlock rozaba cada que podía la mano de John, logrando ponerlo tanto nervioso como ansioso, deseando sentir aún más de aquellas manos, fue tal su desesperación que decidió que esa misma noche después del concierto hablaría con él, sabía que había una alta probabilidad de que Sherlock no le correspondiera pero necesitaba saber de una vez por todas si tenía una oportunidad o no.

Al llegar al aeropuerto Charles de Gaulle una de las personas que los recibió fue Irene Adler quien se daba gusto tomándoles las fotos que muy seguramente serían publicadas en unas horas para anunciar la llegada de Dartmoor a París, John odiaba cuando la fotógrafa estaba cerca ya que acaparaba toda la atención de Sherlock.

Al llegar al hotel Irene le pidió al vocalista que le permitiera tomarle algunas fotos en algunas zonas del lujoso hotel, alejando al pelinegro del resto del grupo. Billy que había notado la molestia por parte de John le dio un apretón en el hombro.

— Vamos a nuestras habitaciones hay que descansar un poco antes de ir a la prueba de sonido, nos espera un largo día –dijo Víctor tras un suspiro de fastidio al ver que Irene se lleva a Sherlock.

Cuando John fue a avisarle a Sherlock que era hora de subir al escenario éste salió sin chaleco y con una cinta de piel abrochada a su cuello, el guitarrista no pudo evitar lamerse los labios al verlo, sintiendo un enorme deseo de empujarlo a su camerino y hacer con él cosas de las cuales hasta la persona más experimentada se sonrojaría.

— ¿Y el chaleco? –preguntó tratando de sonar lo más normal posible.

— En ésta ocasión saldré desde el inicio sin él ¿crees que deba regresar a ponérmelo?

— No –contestó tal vez demasiado apresurado– no, no esta bien.

— Fue idea de Irene.

— ¿Perdón? –un repentino enojo se acababa de apoderar del rubio

— Fue una sugerencia y me pareció que era buena.

— Así que ahora ella va a tomar decisiones dentro del grupo –la voz de John sonaba cada vez más molesta.

— Por supuesto que no, ella simplemente mención que en alguna ocasión debería salir desde el principio sin el chaleco, y quise intentarlo eso es todo, pero si crees que no esta bien lo descarto y listo.

— Y me imagino que esa ridiculez de la cinta en el cuello también fue su idea.

— No, eso es algo que en alguna ocasión iba a usar pero a ultima hora cambie de opinión, solo que nunca la saque de la maleta y creí que podía ponérmela ahora… ¿pensé que te había gustado?

— Pero no es a mi a quien estás intentando complacer ¿no? Es a tu querida Irene –John se encaminó hacia el escenario sin voltear a ver si Sherlock lo seguía.

John estaba furioso y Sherlock lo sabía, éste nunca antes le había hablado de esa manera por lo cual se sentía completamente desorientado, entro nuevamente a su camerino; se quitó la cinta del cuello y regreso a su amado chaleco, dos minutos más tarde estaba parado junto a John a punto de entrar al escenario, éste último se acomodaba la guitarra sin voltear a ver a su compañero, fue hasta que estaban en el escenario que se dio cuenta de que el pelinegro se había cambiado, una parte de él lo lamentaba porque se veía realmente bien, pero otra lo sentía como un triunfo sobre la fotógrafa.

El concierto había empezado algo flojo, la energía estaba muy baja y se podía sentir tanto a John como a Sherlock bastante desconcentrados, poco a poco fueron dejando a un lado lo que había pasado unos minutos antes, para la quinta canción ya estaban más animados. Pese al inicio la presentación había sido exitosa, el público de esa noche había resultado ser muy participativo llenando de energía a la banda, a tal punto que en la penúltima canción Sherlock se arrojó al publico olvidando toda prudencia, la gente de seguridad fue rápidamente a su rescate y éste regresó al escenario sin chaleco, ni muñequera y con algunos rasguños, pero muy feliz.

Ya de regreso en el hotel, durante la fiesta que les tenían preparada todos comentaban sobre la ocurrencia de Sherlock al aventarse al público, en especial porque no había sido planeado y por lo tanto había tomado desprevenidos a los de seguridad.

— Yo juraba que no ibas a regresar vivo al escenario –comentó Billy entre risas.

— Lo que me extraña es que no te hayan quitado los pantalones también –dijo Víctor también riendo.

— ¿Recuperaste tu chaleco?

— Claro Billy, ya imagino que el afortunado fan se iba a desprender de él –contestó con sarcasmo Víctor.

— Tengo dos de repuesto.

— Pues más vale que mandes a hacer otros más por si se te ocurre volver a aventarte al público –comentó John llevándose a la boca una copa de vino.

— Hola chicos –saludó Irene acercándose al grupo de amigos, todos a excepción de Sherlock voltearon los ojos, sabían lo que a continuación sucedería– ¿Sherlock querido me permitirías tomarte unas fotos? –dijo la fotógrafa pasado su mano sobre el pecho de Sherlock, quien vestía una ceñida camisa de seda azul media noche, la favorita de John.

— Por supuesto.

Sherlock caminó junto a Irene saliendo del salón mientras eran observados por John.

— Cualquiera pensaría que ya tiene suficientes fotos de Sherlock –dijo un muy molesto Víctor.

— Lo curioso es que al parecer de ustedes si, porque rara vez les pide que posen –mencionó Dimmock acercándose junto con Gregson.

Había pasado una hora y ni rastro de Sherlock e Irene, los ánimos de John de hablar con su compañero se habían esfumado, estaba por irse cuando una chica rubia se le acercó, se presentó como Mary Morstan una de las organizadoras de la fiesta, con el pretexto de saber si todo era de su agrado comenzó a coquetearle de manera descarada, media hora después Sherlock entró al salón para encontrarse con una inesperada imagen; John y Mary besándose en un sillón, el corazón de Sherlock se hizo añicos, tenía el enorme impulso de arrancar a esa desconocida mujer de los brazos de su querido John, sintió que la respiración le faltaba, como pudo llegó a la barra y le pidió al cantinero una botella de Whiskey.

John no se enteró en que momento había regresado Sherlock, llevaba ya un muy buen rato platicando con su acompañante cuando escuchó que Gregson batallaba por levantar a alguien del suelo, cuando volteo vio que se trataba de Sherlock, éste estaba tirado en el piso con la botella de Dalmore completamente vacía en una de sus manos, estaba borracho y se había quedado dormido en el piso, John se disculpó con Mary y se acercó a ayudar a Gregson, entre los dos lograron llevar al vocalista a su habitación, John le dijo al músico que se quedaría a Sherlock pues en todo el tiempo que llevaba de conocerlo éste nunca había tomado de esa manera y por lo tanto temía que pudiera convulsionarse. Como pudo desvistió a su amigo dejándolo solo en ropa interior y tapándolo con una sábana, el rubio se recostó en el sofá que estaba a un costado de la cama, entrada la madrugada escuchó que Sherlock sollozaba y hablaba entre dientes, preocupado se acercó a ver que sucedía.

— Sherlock…. Sherlock….. Sherlock ¿qué sucede? –el rubio hablaba en voz baja atreviéndose apenas a tocar a su compañero– Sherlock, por favor dime ¿que pasa? ¿qué te ocurre? ¿te duele algo? ¿te sientes mal? –John continuaba hablando en voz baja pero ahora apretaba gentilmente el brazo del pelinegro, lo que dio como resultado que éste empezara a llorar, asustándolo todavía más.

— Sherlock –John hablo con un volumen más algo pero sin llegar a gritar pasando una de sus manos por el cabello del vocalista.

— John, mi John, mi John se estaba besando con esa horrible mujer, mi John esta interesado en alguien más –dijo Sherlock entre lagrimas y aún dormido.

El corazón de John comenzó a latir a gran velocidad, Sherlock lo había visto besarse con Mary y al parecer eso lo había molestado, lo que significaba que el pelinegro si estaba interesado en él, pero antes necesitaba saber que había pasado con Irene.

— Sherlock ¿qué pasó con Irene? –preguntó sin dejar de pasar su mano por los rizos de su amigo– Sherlock ¿que hay entre Irene y tú?

Al rubio le tomó un buen rato hacer que Sherlock le contestara.

— Me tomó fotografías en la alberca y la entrada del hotel, quería fotografiarme en mi habitación pero me negué.

Sherlock continuaba llorando y de vez en cuanto mencionaba el hombre de John, éste se acostó a su lado por encima de las sábanas y lo abrazó, susurrándole que todo estaba bien y acariciando su espalda hasta quedarse dormido.

Eran las once de la mañana cuando John abrió los ojos encontrándose con la intensa mirada de Sherlock a quien continuaba abrazando.

— Sherlock –John lo soltó y se sentó casi de inmediato–, yo –la voz le salió algo ronca por lo que carraspeo antes de continuar hablando– anoche me quedé a cuidarte, tomaste demasiado y temí que te pusieras mal –el vocalista continuaba viendo a John con una mirada que el rubio no sabía interpretar– estabas un poco alterado por eso te abracé….fue para calmarte, pero me quedé dormido.

— ¿Quién es esa mujer? –pregunto por fin el pelinegro sentándose frente a John.

— Se llama Mary, es una de las organizadoras de la fiesta.

— Te vi besándola –dijo con voz afectada.

— No fue nada, solo….yo… bueno…. Estaba algo molesto y…. Bueno fue ella quien inició el beso, yo solo le correspondí.

— ¿Por qué?

— Estaba molesto ya te lo dije.

— No… ¿por qué estabas molesto?

— Porque siempre que está Irene te olvidas de todo el mundo y te vas con ella –reclamó el rubio.

— No sabía que eso te molestara.

— No solo me molesta a mi, sino a Víctor y a Billy también, esa mujer solo quiere sacar fotografías tuyas y a nosotros no nos toma en cuenta, además se la pasa coqueteándote y tú nunca le pones un alto –sin darse cuenta John había levantado la voz.

— Lo siento, nunca fue mi intención molestarlos –dijo Sherlock avergonzado– de cualquier forma dudo que vuelva a querer fotografiarnos.

— ¿Qué ocurrió?

— Anoche tuvimos una discusión, me negué a hacer algo que ella quería y…. Bueno ella se molestó bastante.

John sonrió ampliamente y Sherlock le correspondió.

— Bueno, será mejor que me vaya a dar un baño, deberías hacer lo mismo, en unas horas sale nuestro avión y aun no hemos comido nada.

— John espera –Sherlock tomó el brazo del rubio por reflejo– ¿qué hay entre Mary y tú? ¿ella te interesa? –preguntó eso último con miedo.

— No hay nada, solo fue algo del momento, ella no me interesa.

— John, yo tengo que confesarte algo.

— ¿Qué cosa?

— Bueno pues….. desde hace tiempo….. emmmm… yo….. –el labio inferior de Sherlock comenzaba a temblar, éste tenía la mirada puesta en sus manos y se notaba realmente nervioso, la imagen era de lo más adorable.

John decidió hacerle las cosas más fáciles, tomó el rostro del vocalista entre sus manos y lo beso, Sherlock se tensó ante la sorpresa, pocos segundos después le correspondió, poco a poco entre besos y caricias se fueron desvistiendo. Los jadeos y gemidos se mezclaban mientras John entraba y salía del cuerpo de su amante hasta que ambos llegaron al orgasmo.

— Te amo Sherlock.

— Te amo John.


Comentarios: En el capítulo anterior se me pasó mencionar que la vestimenta de Sherlock está basada en David Gahan vocalista de Depeche Mode.

Me hubiera gustado alargarlo un poquito más pero el tiempo ya no me alcanzaba.