Disclaimer: Hetalia ni LatinHetalia me pertenecen. El personaje Tierra del Fuego es de mi loca creación.
Advertencia: La ternura y lo tsundere del hijo de M&M. Lo buen padre que puede lograr ser Arthur.
Babysitting
Hoy era el primer día, mañana sería el segundo y se iría a casa con sus padres, pensó aun durmiendo, pero no podía continuar. Era de día. Abrió los parpados lentamente mientras iba sentándose, bostezó, se desordenó la cabellera, miró a su lado y la isla no estaba. ¿No estaba? Pestañó tres veces seguidas. Pudo haber ido al baño…
Se oyó unos ruidos de destrozos en el living, acto seguido le llamó la atención, y preocupado fue a ver, al llegar, se encontró con una pequeña destrucción de sillones, cortinas, y figuritas de costoso material. ¡¿Pero qué mierda?
―Yo no fui… ―la voz provenía detrás de su espalda algo ligera, actuando a mirar enseguida, ahí yacía el menor un tanto nervioso― fue Como tú…
― ¿Cómo tú? ―se preguntó. No recordaba que hiciera algo así en su propio living a no ser estar ebrio… ¡Ah, se refería a la oveja! Estúpido Arthur― La oveja… ―respondió para él mismo.
―Me levanté hacer pipí, hice y escuché ruidos, vine y encontré a Como tú…
Luego Inglaterra buscó a la dueña del desorden escondida entre las cortinas. Al diablo en no tocarla, la tomó en sus brazos y la dejó en el patio trasero, era lo mejor que podía hacer antes los reclamos y pataletas del isleño. Le tomó la mano y entraron a tomar desayuno.
Si bien, no sabía cocinar o mejor dicho, sabía cocinar horriblemente mal, pero sí hacer un buen desayuno.
― ¿Qué quieres hacer hoy? No creo que quieras estar todo el día en casa. ―dijo Arthur antes de llevar una tostada a su boca.
―Me da igual. ―dijo indiferente balanceando los pies que no llegaban al suelo.
― ¿Quieres ir al Castillo de Harry Potter? ―tal vez eso le encantaría.
―No ―al parecer no―. Quiero ir donde mi tío abuelo Prusia.
―Tu mamá dijo que se encuentra muy ocupado.
―Donde tío Escocia.
―Menos, ese imbécil indujo a tu mamá al cigarrillo.
―Tío Gales, tío Irlanda. ―que insistente con los hermanos del inglés.
―Menos también ―dijo a regañadientes, no quería enojarse, asique iba hacer otra propuesta― ¿Te gusta el parque de diversiones?
―Bueno. ―dijo sin más.
Mientras seguía con la gran plática habían tocado el timbre. Inglaterra se levantó y fue a abrir. Mierda, ahora entraba otro niño malcriado.
― ¡Hello England! ¡Vengo a molestarte! ―exclamó desafiante apuntándolo con el dedo índice en la entrada de la puerta.
― ¿Qué haces aquí Sealand? ―¿acaso sus padres no lo vigilaban? En un día se sentía cansado con el hijo del argentino y del chileno, y para colmo lidiar con su hermano menor.
―Vengo a decirte que tengo listo mis preparativos para ser un gran país y dominar el mundo, hasta puedo provocar una tercera guerra mundial, desu yo. ―extendió una sonrisa dejando de apuntarlo.
― ¿Por qué no regresas a tomarte la leche? ―no tenía tiempo para escuchar sus tonterías en ser un país, jamás lo sería, y él se encargaría que nunca lo fuera.
― ¡Cállate! Ya veras, cuando sea un país, el mejor de todos, llegaras a mis pies pidiéndome ayuda. ―apoyó sus manos a ambos lados de las caderas sintiéndose orgulloso.
Un repentino tic en el ojo del inglés se hizo presente.
―Sí, bien por ti, buena suerte, bye ―dijo con voz pesada y cansada. Iba a cerrar la puerta, pero Sealand entró a la fuerza―. ¡Hey son of the devil! ―exasperó.
―No he tomado desayuno, tomaré algunas cosas para comer. ―decía burlón y contento entrando a la cocina.
― ¡Ven aquí! ¡Sal inmediatamente de mi casa Sealand! ―Arthur cerró la puerta sin saber por qué lo hizo si lo echaría enseguida. Corrió hacia él.
Sealand buscaba comida dentro del refrigerador, de repente sintió una presencia desconocida, si alguien lee estuviese viendo con sumo cuidado e interrogación. Con la duda en su conciencia, giró un poco su cabeza, encontrándose con un niño rubio.
Tierra del Fuego, antes de que la micronación entrara sin previo aviso, alimentaba a Como tú, hincado frente a la ovejita, mirándolo sonriente. Cuando el chico entró, se puso de pie como modo desconcertado.
― ¿Es tu hijo? ―preguntó Sealand notando el gran parecido de ambos rubios, y sosteniendo una manzana, luego de un rato de procesamiento en el cerebro.
― ¡¿Qué? ¡No! ―reaccionó Arthur con un leve sonrojo, pues ya tenía suficiente con pensar en que fuese su hijo sin saberlo.
― ¿Entonces quién es? ¿Otra creación tuya? ―al decir esto, sintió una gran alegría. Dejó la manzana sobre la mesa, y se acercó al pequeño tomándolo de las manos, él por su parte, se tensó por el contacto― ¡Eres otra micronación, al igual que yo, desu yo! ¡Nosotros dos seremos unos grandes países, crearemos un gran imperio!... ¿Por cierto, cómo te llamas?
―Ti-Ti-Ti-Ti-Tie-Tie-Tie… ―pobrecito, las palabras no le podían salir, nunca tuvo a alguien tan cerca como un niño aparte de turistas en la isla.
― ¿Tititititietietie? Qué nombre tan raro para una micronación… ―hasta pensó el tonto nombre que le había dado Inglaterra, claro, creyendo que era su nueva creación de fortaleza.
Carlitos se encontraba inmóvil. Él era más alto, fijándose en el cierto parecido que tenían. Sospechaba a sus propias mejillas ardiendo de vergüenza, confusión, al punto de desmayarse… ¡Aun no le soltaba las manos!
El europeo, gracias al cielo, reconoció las expresiones en el rostro del argentino-chileno o viceversa, en cualquier minutos se desmayaría. Accedió a quitar las manos de la micronación de las del afectado con un bloqueó emocional, donde cogió las de él, separándolo.
― ¿Así que es tu hijo? ―volvió a preguntar― ¿O nueva micronación? ―a la segunda interrogativa fijó sus azules orbes en el pequeño escondido detrás de las piernas de Inglaterra. Eso verificaba que era su hijo.
―No es mi hijo y no es una micronación ―comenzó a contestarle. Sealand ya no entendía nada, ¿entonces que era? ¿nuevo país?―. Es una isla ―decía mirando al nombrado mientras le acariciaba el cabello―, es hijo de Martín y Manuel… ¿lo has escuchado? ―volvió a fijarse en el otro rubio.
―Algo… ¿Entonces no es tu hijo ni micronación? Bah, y yo pensando en un nuevo hermanito, desu yo. ¿Cómo te llamas? ―fue dando saltos hacia el menor, quien ocultó el rostro en las piernas del británico.
Manuel tenía razón al referirse que con personas que jamás había visto no les hablaba y/o simplemente se escondía.
―Hey. ―Sealand lo llamó para que le respondiera. No hubo caso.
―Su nombre es Isla Grande de Tierra del Fuego, su nombre humano es Carlitos.
― ¿Así que eres una isla? ―cruzó sus brazos sobre el pecho― Mi nombre es Sealand, soy un gran país, desu yo.
―No es cierto ―corrigió Arthur, luego bajó su altura frente al argentino-chileno―. Sealand es una fortaleza. Luego no lo necesité y se autoproclama como un país, pero obviamente yo me opongo.
― ¡Soy un país! ―se defendió.
Arthur botó aire. ― ¿Por qué no vas a jugar con tus juguetes? O ve con tus padres.
―Quise venir a molestarte. Mis padres ya saben que estoy aquí. Y no me iré porque tengo a un nuevo amigo, desu yo. ―se inclinó hacia rubiecito con las manos detrás de la espalda, sonriéndole.
Inglaterra pensó que sería bueno que tuviera amigos, mal que mal estaba rodeado de adultos, y quizás con Sealand tendría una buena amistad.
― ¿Estás seguro que no es tu hijo? ―volvió a cuestionar.
― ¡No es mi hijo!
―Mi papá…es Argentina… ―al fin estaba hablando. La timidez fue reemplazada por la seriedad fría― No lo confundas con alguien tan idiota…y pirata. ―dijo y se alejó de las piernas del mayor.
Ese chiquillo es cosa seria, pensó Sealand. ¡Genial! Otro más que detestaba a Arthur.
― ¿Te vas a quedar entonces? ―preguntó Arthur evadiendo lo dicho por Tierra del Fuego.
―Sí. ¿Van a salir?
―Tenemos pensado ir al parque de diversiones.
― ¡Quiero ir, desu yo! ―saltó y alzó los brazos.
―Como quieras. Si quieres pueden jugar, tengo que hacer las cosas. No hagan nada malo, sobre tú Sealand. ―fulminó con la mirada al nombrado advirtiéndole si hacía cualquier broma en contra de su persona, lo lamentaría, lo acusaría con Suecia, dando el resultado de un buen castigo. Después los dejó solos para ordenar la casa.
―Oye… ¿Y qué haces aquí en casa del idiota? ―Sealand comenzó la conversación mirando a la oveja quien comía verduras en su plato.
―Mi mamá me dejó con él, yo no quería.
―Ah… ―murmuró. De repente recordó su manzana, la cogió de la mesa y se le ocurrió algo normal― Sentémonos, así nos conocemos mejor y planeamos como molestar al idiota. ―había dicho tomando asiento. El isleño aceptó su invitación.
―Sos… ¿hermano del pirata?
―Se podría decir que sí. Él me creó, pero el muy idiota me abandonó. Ahora tengo los mejor padres del mundo, papá Suecia y mamá Finlandia, mi mamá es muy tierno y cariñoso, mi papá también…aunque…da algo de miedo a mi mamá…
― ¿Por qué? ¿Se llevan mal?
―No, no. Sucede que…papá es buena persona, pero su mirada da miedo a mi mamá. Lo bueno es que se quieren mucho, desu yo. ¿Y que ahí de los tuyos? Sé que ellos no se llevan muy bien. ―dio un mordico a la fruta.
―Es verdad…no se llevan bien, pero se quieren mucho aunque mamá lo niegue. Mi papá lo ama mucho.
―Para ser tan chico sabes mucho, desu yo.
― ¿Chico? Soy más grande que vos.
― ¿Eh? No es cierto, desu yo.
― ¿Cuándo te construyeron? ―cualquiera podría decir que estaba represando el ego de Martín. Su rizo se curvó más, el ego aumentaba.
―En 1942.
―Soy mayor que vos, me descubrieron en 1520.
― ¡¿What? ¡¿Tan viejo eres? ¡Pero pareces de seis años, desu yo! ―exclamó sorprendido. El otro niño únicamente levantó los hombros y los dejó donde mismo, no tomándole atención al asunto― Bueno…eres bajo de estatura… ¿Por qué tu mamá te trajo?
―Creo que mamá y papá y mis tíos fueron a una fiesta para adultos hecha por tío Luciano o algo así, por eso me dejó aquí. Contame de vos, ¿eres una especie de principado?
―Yes. Principado de Sealand, un lindo país que algún día será reconocido, desu yo. Me puedes llamar Peter.
―Ojala fuera así, che.
― ¿Nos unimos para crear el mejor país del mundo? ―le prepuso entusiasmado.
―Yo solo soy una isla…
― ¡¿Y qué importa? El tonto de Gilbert también quiere volver a ser un país, podemos unirnos.
―Tío abuelo Gilbert no es tonto, él es grandioso ―le corrigió. Odiaba cuando la gente hablaba mal de Prusia, porque era su tío abuelo y era amigo de su mamá―. No sé si aceptar, mamá Chile se enojará mucho conmigo…también papá Argentina.
― ¿Qué desean para almorzar? ―Arthur apareció sin el pijama puesto, no piensen mal, estaba vestido con ropa casual.
― ¿Vas a cocinar? Que asco. ―repudió el principado, tenía sus obvias razones.
―No voy a cocinar, pediré comida ―lo hacía más por Carlitos que por Peter, cualquier cosa cocinada por él mataría al mayor―. ¿Te gusta la comida mexicana? ―le preguntó al hijo de Manuel.
―Eh…un poco…es que… ―dudaba― Tío Pedro me dio eso…
―Ay, pero que lindo eres. Nada comparado con Manuel y con Martín. ¿Te gustan las enchiladas?
― ¿Qué es eso?
― ¿No lo conoces?
―No…
―Ps, es una rica tortilla o masa…am…enrollada con muchos alimentos por dentro. Te gustará.
―Oka. Quiero comer eso, tío Pedro.
―No le eches tanto chile. ―aconsejó Itzel a su hermano.
― ¿Le va a echar a mamá? ―se preguntó inocente.
―Claro que no sobrinito. Chile es una salsa picante.
―Ah…
Rato después.
― ¿Te gustó las enchiladas? ―preguntó Pedro.
― ¡La wea está picante! ¡No me gusta!
― ¡¿Qué? ¡No puede ser! ¡Waaa~!
―…Te dije que no le echaras tanto chile.
―No me gusto. ―cerró los ojos al solo recordar.
― ¿Y comida peruana? ―preguntó el inglés.
―Em…
―Eres la cosita más linda que he conocido. Me alegra ser tío, pe.
―Tengo hambre.
―Puedo cocinar cualquier cosa, menos comida chilena ni argentina.
―Uhm…mi mamá me dijo que cocinas bien, y que tus comidas son muy ricas.
―Sí. Te preparé algo muy delicioso.
Al rato después.
―Se ve rico.
―Se llama frejol colado. ¿Está bueno?
― ¡Sí!
―Eres un encanto, pe.
―Tío Miguel cocina muy bien pero…no creo que otra persona cocine como él. ―por supuesto que nadie cocinaría mejor que el peruano.
― ¿Comida francesa? ―ofreció otra vez. Si no quería que otra persona le cocinara comida peruana, entonces al francés quien vivía más cerca.
―Sí. Tío Francis cocina muy bien, me gusta mucho. Además él vive cerca de vos. ―al fin.
Inglaterra ordenó al menor a ducharse mientras hacía la llamada a Francia, el pequeño acertó y se fue al baño.
Inglaterra cogió el teléfono marcando el número. Espero a que contestara.
―Bonjouuuuuur ―la vos sonó sensual, donde al británico no le agradó―. Quien sea que esté hablando con Francis, tienes mucha suerte.
―Deja de hacerte el galán, wine bastard. ―como odiaba que ese idiota del vino se creyera el más lindo y caballero, porque de caballero no tenía nada de nada.
― ¿L'Angleterre? ―se preguntó sabiendo la respuesta.
―Sí. ―afirmó.
― ¿Para qué llamas? Últimamente no me has llamado mon amour… ¿deseas algo que hermano mayor te pueda dar? ―dijo picaron.
―No necesito nada tuyo imbécil. ―dijo con repugnancia.
―Bien ¿y para que llamas aparte de escuchar mi voz?
― ¿Puedes traer comida? ―dudo en el momento rascándose la mejilla con el dedo índice.
― ¿Qu'est-ce? ―no comprendía.
―No lo malinterpretes. Sucede, que estoy cuidando al hijo de Martín y Manuel…
― ¡¿Carlitos? ―Francis exclamó feliz sin dejar de terminar al inglés.
―Sí, sí. ―acertó sin ánimos.
―Ma petit Carlitos no le he visto hace dos meses ―la alegría se sentía a través del auricular, hacía tanto sin verlo. Deseaba abrazarlo, tocarle un poquito ese rizo heredado de los hermanos italianos a Martín y de Martín al pequeñín―. Bueno, creo que quieres que lleve comida por el estómago de mi sobrino, ¿verdad?
―Lamentablemente…sí.
―Très bien. No demoraré mucho en llegar.
―Ah, oye, somos tres.
― ¿Tres?
―Sealand está aquí, y se hicieron amigos. Asique trae para tres porciones.
―Como digas mon amour, nos vemos. Au revoir. ―con lo último dicho, colgó el teléfono.
En el tiempo de esperar de la llegada de Francia, Arthur se acomodó en el sofá a ver televisión. Los menores platicaban en el dormitorio sobre el nombre de la oveja.
―Mis padres también tienen una mascota, es una perrita, se llama Hanatamago ―decía Sealand jugando con la ovejita arriba de la cama, ella balaba―. ¿Cómo se llama tu oveja?
―Como tú. ―respondió sencillo.
― ¿Se llama como yo?
―No. Se llama como tú.
― ¿Sealand?
―No. Como tú, se llama Como tú.
―Por eso Sealand, desu yo. ―antes se encontraba contento que esa oveja se llamara "Sealand", pero hasta lo que sabía, el único "Sealand" era él. ¿Entonces…? No comprendía.
―Beee~. ―baló Como tú.
―No te entiendo. Me dices que se llama como yo, pero no es así…
―Mirá, che. Sí que sos boludo.
―No te entendí lo que dijiste, da igual.
―Escucha con atención. Mi oveja no se llama como vos, ni como yo, ni como nadie. Se llama Como tú. ¿Entendés?
―No… ―negó con la cabeza.
A Carlitos no le quedaba otra alternativa para entrarlo a entender.
―Como tú, ven aquí. ―se había levantado caminando hacia la puerta. Ella lo siguió al oír su nombre.
― ¡Ya entendí, desu yo! ―ya era hora.
El timbre y unos golpecitos en la puerta sonaron. Arthur fue abrir y ahí estaba Francis con una gran bandeja cubierta en las manos.
―No demoraste tanto. ―le dijo Arthur dejándolo pasar.
―Todo por alimentar al hijo de Argentina, no puedo hacerlo. ―surcó los labios, luego buscó con la azulina mirada al pequeño, al no encontrarlo, le entregó el almuerzo a las manos de Inglaterra.
―Thanks. Ahora vete.
― ¿Y mi propina?
― ¿Cuál propina imbécil? No dijiste nada sobre propina.
―Pero quizás…otra propina. ―se le había acercado susurrando y acariciándole el rostro. El inglés se tensó un poco, ya que alguien le salvó.
― ¡Tío Francis! ―su salvador era la isla.
― ¡Mon petit! ―Francia dejó hacer su depravades para agacharse y recibir en sus brazos al rubiecito del rizo― ¿Cómo has estado?
―Bien. ―respondió encontrándose en sus brazos.
― ¿Quién es? Ah, el otro idiota. ―dijo Sealand sin ánimos.
― ¿Mamá y papá se han portado bien contigo? ―volvió a preguntar, dios, lo adoraba tanto.
―Sí. Pero mi mamá aún sigue diciendo que no debo juntarme contigo.
―No le hagas caso. Manuel es muy gruñón y sobreprotector, no como Martincito. ¿Cómo lo has pasado con Arthur? ¿No te ha hecho nada malo?
―Jamás le haría algo malo, no como tú pervertido. ―respondió Arthur todavía cargando la bandeja.
―Le estoy preguntando a Carlitos, no a ti…Inglaterra ―entrecerró los ojos despreciándolo, luego miró al menor―. ¿Y?
―Uhm…no me ha hecho nada ―contestó―. En todo caso…es aburrido.
― ¡Jajajaja! Lo es, lo es.
― ¿Cómo puedes decir eso? No soy aburrido, es más, ayer la pasamos muy bien, le conté un cuento, conversamos de muchas cosas ¿verdad? ―dijo sonriéndole al menor.
―No. ―lo negó.
―No mientas. Ahora nos llevamos mejor.
―No. ―negó otra vez. Francis reía por dentro, pues obviamente esos dos no se llevarían bien ni aunque el Papa se lo pidiera.
― ¡Maldito crío! ―exclamó enojado por negar su amistad el cual iba naciendo― Como castigo no iremos al parque de diversiones.
― ¡¿What? Enano, dile que le caes bien, desu yo. ―intervino Sealand queriendo ir al parque. Tierra del Fuego lo observó, también quería ir al parque.
―Nos…―moduló nervioso. Se lamentaría tanto por esto― llevamos un poco bien…
Francia se sorprendió. Tal vez era el fin del mundo. En fin, no le dio más importancia.
―Como sea, vamos almorzar asique vete. ―ordenó "amablemente" Inglaterra al francés.
―Sirve tranquilo, déjame estar un ratito más con él. ―pidió Francis abrazando fuertemente sin dañar el cuerpo del isleño.
Arthur suspiró resignado, se fue con Sealand a la cocina a preparar el almuerzo.
Francia bajó al pequeño. Lo miró contemplándolo en su momento. Sonrió.
Había preguntado en conocer la Torre Eiffel, donde el mayor le propuso en las vacaciones ir juntos a conocer la hermosa París.
Los pómulos del país se tornaron rojizos, cerró los ojos para llevar su mano a la cabellera el menor, desordenándole un poco. Él por su parte sonreía, pero sintió algo no normal.
El dedo pulgar junto con el índice comenzaron a frotar el rizo de Tierra del Fuego.
―Eres tan lindo, me gustaría que fueras más grande. ―decía Francis tocándole el rizo.
El pobrecito del rubiecito se sentía extraño, luego fue jalado sintiendo…algo muy extraño para su corta mentalidad de niño.
―Ah…tío Francis…q-qué…
―Vous êtes un charme (Eres un encanto).
― ¡Waaaah! ¡Francis, ¿Qué mierda le estás haciendo? ―Arthur al ver esa acción tipo "España le toca el rizo a Lovino para 'esas cosas'", se aterrorizó y se enojó. Dejó el plato que llevaba sobre la cabeza de Sealand quien también llevaba dos platos en cada mano. Corrió hasta agarrar al francés… ― ¡No vuelvas a venir, maldito pervertido! ―y lo hecho de la casa sin antes darle una buena patada en el trasero que lo hizo volar trecientos metros lejos de la puerta. Cerró bruscamente.
Peter ya estaba colando el almuerzo, debería dedicarse a malabarismo, ¿no?
― ¿Te encuentras bien? ―estaba preocupado por lo que hizo el idiota del vino. Se agachó, observándolo. El pequeño tenía las mejillas rojas como tomates.
―S-Sí…no sé qué fue eso…pero…cada vez que me toca el rizo…siento cosas…raras…se siente bien, pero no sé por qué… ―dijo todo inocente.
―Tranquilo, prometo que nadie te tocara el rizo. ―le regaló una sonrisa, sin embargo Tierra del Fuego no sabía a lo que se refería, y menos sabía que esa era su zona erógena. Sin querer el mayor, pasó su mano por el cabello para hacerlo sentir mejor, sin malas intenciones, pero el mundo quiso otra cosa.
Gimió, el pequeño gimió involuntariamente. Sin querer pasó a llevar el rizo.
― ¡I'm sorry! ¡Perdón, no quise! ―Arthur se alteró y se puso de pie, nervioso y sonrojado― Me-Mejor vamos a al-almorzar ―rápidamente cogió la mano de Carlitos yendo a la mesa. Al sentarse, se maltrataba psicológicamente―. Soy un pervertido, soy un pervertido, soy un pervertido, soy un pervertido…le toqué el rizo…se lo toqué como Francia… ¡Pero fue un accidente!... Soy un pervertido…sus padres me van a matar…
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N/A: Jajaja…pobre Arthur, ahora es pedófilo al igual que Francis. Obvia que el padre es Martín… ¿de quién más sería?. Sealand entra en acción, Carlitos necesita un amigo ¿no? Aasdadasd, me di cuenta que esto puede ser shota, pero no lo pondré, quizás para otros fic's o qué sé yo… SealandxTierradelFuego… ¡Que crack! xD
Buenos, gracias por sus review's, me dan ánimo para continuarlo.
Sigan dejando, le das amor y mucho ego a Carlitos.
Nos vemos!
¿Review's?
