Disclaimer.
Los personajes aparecidos en estos párrafos no me pertenecen pues son obra y propiedad de Disney Pixar, Dreamworks y Cresida Coswell respectivamente. Esto fue escrito sin fines de lucro.
Leyenda.
Narración. – Segunda persona.
–Diálogos–
"Pensamientos"
Sueños y/o Recuerdos
Especificaciones.
Resumen. – "Fue sencillo, ella necesitaba dinero, él necesitaba una fuente de inspiración para su nuevo proyecto. Y ahora ella era el único proyecto que tenía."
Rating. – T, pero eventualmente o si la inspiración así lo desea se puede convertir en M.
Género. – Drama, Hurt/Comfort, Romance.
Pareja. – Principal. Merida DunBroch x Hiccup Horrendous Haddock the Third (Mericcup). Secundaria. Jack "Frost" Overland x Rapunzel Corona (Jackunzel), entre otras que se me ocurran.
Universo Alterno.
Nota de Autor.
No sé muy bien a donde irá esto, pero en vista de que cuando lo escribí rayé en la parte trasera de un cuaderno los posibles escenarios si la continuaba, y ustedes mis queridos lectores parecían insatisfechos y me pidieron por más, he aquí el resultado.
Disfruten de la lectura.
Portrait
.
Llevaba más de cuatro horas mirando intensamente el pedazo de lienzo colgado frente a él en el taller que le había sido asignado por los dueños de la galería a la que su representante lo había vendido, y absolutamente nada había cambiado.
Siendo honestos, hoy se cumplían tres semanas desde la última vez que había dibujado algo remotamente "decente", y desde entonces la misma blancura que lo estaba enloqueciendo seguía burlándose en su cara.
¿De qué servía tener talento si la inspiración no quería venir a tocarle la puerta?
Un gruñido en su estómago sólo le hizo notar que si no rompía con la blancura del lienzo y comenzaba a hacer algo, no podría montar una exposición, por lo que no habría dinero, y sin dinero no podía pagarse ni la comida ni la renta de su pequeño departamento, a seis calles de dónde trabajaba.
Con frustración volvió a expulsar otro suspiro, al tiempo que se llevaba una mano a los ojos, restregándolos con fuerza mientras que con la otra mano instintivamente sacó el pote anaranjado con sus calmantes del bolsillo de su pantalón.
Abrió la tapa sin pensarlo demasiado, y luego se quedó contemplando las tres pastillas reposando en su palma. Sabía muy bien que no debería hacerlo, en realidad hace mucho que debió haberlas dejado pero eso nunca lo detuvo antes.
Su subconsciente le trajo a la mente el rostro del que era su mejor amigo, con un semblante reprobatorio de su conducta y no pudo sino dudar de sus acciones, cerrando y abriendo la palma de su mano repetidas veces.
Sus ojos se alzaron hacia el lienzo unos segundos más, antes de fruncir el ceño.
"al demonio…" se dijo a sí mismo acercando las pastillas a sus labios, lidiaría con su amigo después.
Pero antes de que siquiera pudiera tragarlas, el sonido de la vieja puerta de metal abriéndose a sus espaldas perforó el silencio, y le hizo rápidamente esconder las pastillas con el contenedor anaranjado de vuelta en sus bolsillos.
–¿Eres Hiccup Haddock?– preguntó una voz femenina con un marcado acento extranjero que no pudo evitar asociar con el de su padre, en los recuerdos de su niñez.
Inhaló profundamente antes de darse la vuelta para confrontar a la desconocida que le había interrumpido, en medio de su proceso artístico.
"proceso que sigue siendo una enorme superficie blanca" le recordó una voz en su cabeza con sarcasmo.
–Sí soy yo…– soltó con resignación cuando sus ojos se encontraron con otro par de un brillante color azul, enmarcados alrededor de una salvaje cabellera de rizos pelirrojos.
En el rostro de la joven frente a él se formó una sonrisa victoriosa, al tiempo que terminaba de entrar en la habitación y se acercaba a él con paso firme y confiado.
–Qué bien, porque si hubiera tenido que tocar otra estúpida puerta para que me dijeran "interrumpiste mi arte" una vez más, conseguiría lo primero que tuviese a mano y destruiría todo el lugar…– dijo en un tono de burla y cansancio, sin quitar la sonrisa de su rostro, ojos concentrados únicamente en él.
Tragó un poco de saliva, mientras contemplaba como su presencia parecía enviarle señales de peligro al lado racional de su cerebro.
–Y estás aquí porque… – comenzó diciendo esperando que ella entendiera y se explicara, después de todo aún tenía trabajo que hacer, por mucho que quisiese evadirlo.
La sonrisa se ensanchó aún más, mientras ella colocaba sus manos a ambos lados de su cadera y ladeaba su cabeza un poco, haciendo que los rizos se deslizaran de una forma automática que atrajo su atención.
Todo en aquella desconocida parecía cobrar vida por sí mismo, y estar bajo la mirada de los ojos azules le estaba incomodando. Él nunca había sido un experto en las relaciones sociales.
–He venido por el puesto de modelo– dijo provocando un dejo de confusión en él.
–Yo no he…–
–Vine por el anuncio que colocaron en una de las carteleras de la universidad…– le interrumpió mientras sacaba un papel arrugado de una mochila que colgaba a su hombro y se lo entregaba.
Hiccup procedió a leer su contenido, y efectivamente allí estaba una petición solicitando por una modelo, garantizando un pago por su servicio y su nombre con su firma como artista sellando todo el asunto.
"No sé ya para qué me sorprendo…" se dijo a sí mismo mientras suspiraba, total y rotundamente seguro de que aquello había sido otra brillante idea de su mejor amigo. Amigo, que tenía que recordarse, estrangularía antes de la medianoche del día de hoy.
Levantando su vista hacia la chica frente a él, pensó detenidamente en la mejor forma de decirle que aquello era un error y que él en ningún momento había pedido por una modelo. Demonios, él no era bueno interactuando con alguien, y la sola idea de estar con una persona durante horas en una misma habitación mientras él sacaba su talento le horrorizaba.
Y observando una vez más el halo salvaje que la rodeaba, estaba terminantemente seguro de que no trabajaría de esa forma.
Pero antes de que siquiera dijera nada, ella había dado dos pasos más hacia él, cortando con cualquier tipo de espacio personal normal entre dos extraños y había tomado su mano en un apretón fuerte, seguro y decidido.
–me llamo Merida… espero nos llevemos bien…– dijo y sus ojos parecían brillar, al igual que su curiosa cabellera, generando otro nudo en su garganta.
–Hiccup…–
Entonces despertó con la espantosa sensación de ahogo, al tiempo que se incorporaba del suelo de cerámica, con el corazón acelerado, tosiendo con fuerza en busca de aire, y totalmente empapado de pies a cabeza. Aún sin comprender del todo que había pasado, una voz por sobre su cabeza se hizo escuchar.
–hasta que al fin despiertas, y no te atrevas a siquiera volver a caer en la inconsciencia, porque no dudaré ni un segundo en hacerlo de nuevo–
Hiccup se giró con ojos como platos hacia la figura de su mejor amigo, Jack "Frost" Overland de pie con una cubeta amarilla en una mano y un pedazo de tela negra en la otra. La luz del sol que provenía desde la puerta abierta de su estudio empalidecía aún más los blancos cabellos por encima de la mirada retadora y amenazante.
Abrió y cerró la boca repetidas veces antes de que las palabras llegaran a su cerebro.
–¿acabas de hacerme waterboarding? Sabes, está prohibido por el tratado de Ginebra, Jack–
Jack bufó frente a él, mientras se encogía de hombros.
–no ha sido nada… considéralo tu nuevo método de alarma despertadora–
–¡es un método de tortura! ¡¿Acaso enloqueciste?!–
–oh, no me vengas a reclamar a mí de locuras Haddock– respondió indicando con un gesto en la mirada los innumerables dibujos y bocetos que colgaban de las paredes del estudio, todos con la misma persona plasmada en las diversas superficies.
Eso pareció hacer un "click" en su mente, y alarmado en un total ataque de pánico, observó el piso a su alrededor, con miedo a que el agua hubiese arruinado los trabajos sobre los que había estado rodeado antes de caer presa del cansancio.
–cálmate, los he recogido antes… puedo divertirme contigo pero no arruinaría el esfuerzo que toma hacer un trabajo– le dijo en voz calmada, indicando que lo comprendía, como el artista que también era.
El chico en el suelo pudo respirar con normalidad de nuevo, y se sintió lentamente con el pasar de los minutos recuperar un poco del auto control que en los últimos meses moría con demasiada facilidad ante su obsesión.
Porque lo que tenía por la persona que le miraba en diferentes ángulos en la habitación del color del carboncillo, era una completa y terrible obsesión que le estaba carcomiendo por dentro.
–levántate, báñate, vístete y ven a comer, Rapunzel ha hecho el desayuno y estoy seguro que no has comido nada en días– dijo Jack tratando de traerlo de vuelta al presente mientras caminaba a la puerta y la mantenía abierta, esperando que su amigo le obedeciera.
Durante unos segundos la duda le hizo alternar su vista entre la puerta y el interior de donde se había estado encerrando del mundo, y soltando un suspiro, observó las palmas de sus manos, un tanto maltratadas por todas las veces que había usado las cuchillas y sus propias uñas para "destruirla".
–Supongo esto es una intervención… – soltó sin muchas ganas y conociendo perfectamente la respuesta. No tenía que alzar los ojos para saber que Jack le estaba mirando con reproche una vez más por su aislamiento.
Al momento de intentar ponerse en pie, se dio cuenta de lo débil que se encontraba y lo cansado que se sentía su cuerpo, con cada extremidad pesando horrores y el escozor de su pierna izquierda en latidos punzantes.
No lo logró a la primera, ni a la segunda, pero sí a la tercera con pura fuerza de voluntad para poder escapar de la mirada de su amigo, al menos por un tiempo, hasta que tuvieran que enfrentarse cara a cara y discutir sobre todo lo que le había ocurrido en estos meses.
Y no se sentía con muchas ganas de hablar al respecto. Especialmente cuando eran demasiado evidentes los múltiples envases anaranjados vacíos esparcidos por todo el estudio.
Con aire derrotado camino a la salida, observando de reojo a su adorada musa por unos instantes, antes de que Jack cerrara la puerta en su cara y tuviera que volver a la "normalidad" por primera vez en un largo tiempo.
.
Capítulo Uno
"The men up on the news, they try to tell us all that we will lose.
But it's so easy in this blue where everything is good. I live in a hologram with you…" — Lorde.
.
–¿Cómo te sientes? ¿Quieres un poco más de comida? ¿Te sirvo más jugo o prefieres agua?–
Ante cada una de las incesantes preguntas que provenían de la hermosa chica de rubios cabellos y ojos verdes, Hiccup negó repetidas veces con la cabeza, sin levantar la vista de su desayuno. El peso de la mirada de Jack como un taladro intentando perforar su cerebro.
Sabía perfectamente que no podría salirse de esta, cuando terminara con su último bocado tendría que dar explicaciones, y por décima vez esa mañana se maldijo por haberle entregado una copia de su llave a su prima Rapunzel, la novia de su mejor amigo.
–¿estás seguro Hic? Porque te ves muy pálido, ¿no lo crees tú también Jack?– dijo la chica con una voz llena de dulce y sincera preocupación por su bienestar.
Rapunzel Corona era su prima segunda, por parte de la familia de su madre, que nunca había conocido hasta que un día tras una corta llamada de su padre tuvo que recogerla en la estación de trenes hace ya más de 6 años. La joven de carácter risueño y alegre, podía derretir el corazón más frío que existiera y parecía traer paz a todo el que estuviera en su cercanía, un rasgo por el cual Jack se sentía tan atraído hacia ella. Desde pequeña había vivido en casa de sus padres, y en busca de independencia había ido a parar en la vida de su recién descubierto primo.
–Tal vez se deba a todas esas pastillas que se tomó…– soltó Jack en un tono mordaz, haciendo notar su disgusto con respecto al tema.
–¿es eso cierto?–
Los ojos verdes de Rapunzel se giraron de nuevo a su primo, mientras el susodicho sólo podía encogerse aún más en su asiento, tragando las migajas que le quedaban en el plato. No tuvo el valor de responder.
Unos minutos de silencio, hicieron crecer la tensión en el ambiente. Rapunzel miraba de uno a otro con nerviosismo mientras jugaba con sus manos, Jack permanecía cruzado de brazos en la silla a la derecha de él.
Entonces, no había nada más en el plato. Soltó un largo y pesado suspiro, al tiempo que dejaba el tenedor sobre el mantel y alzaba la mirada, a un punto lejos de los presentes.
–yo…– comenzó diciendo pero, ¿qué podía decir? No podía mentirle, había visto la evidencia con sus propios ojos.
Y no pudo evitar sentirse como un completo idiota, una vez más.
–prometiste que las dejarías– dijo Jack
Siguió guardando silencio.
–¡Maldición Hic!– soltó mientras le daba un puñetazo a la mesa, sin importar las palabras de su novia en contra del lenguaje que había utilizado –¡eres un maldito mentiroso! ¡Me lo prometiste, incluso lo juraste!–
–Jack…– le llamó Rapunzel con suavidad, acercándose hasta él en un intento de que se calmara
–¿Qué se te olvidó lo que sucedió el año pasado?– preguntó tomándolo por la camisa, tratando de que su amigo le viera directamente a los ojos.
–Jack, por favor…–
Sus labios seguían presionados unos contra otros. No podía contestarle, sabía que había obrado mal, y las imágenes de los recuerdos volaron como ráfagas a su cerebro.
Por supuesto que no lo había olvidado. Jamás podría olvidar el rostro contorsionado por el miedo en su padre, la desesperación palpable en los ojos de Jack al no saber qué hacer, el llanto histérico de Rapunzel y el insoportable olor de la sala de hospital.
–¡Casi te mueres! ¡Por culpa de unas endemoniadas pastillas, casi pierdo a mi mejor amigo! ¡Y parece no importarte una mierda!–
–¡Jack…!–
–¡Contéstame Hiccup! ¡Responde!–
–¡Ya basta!–
El grito de Rapunzel pareció haber hecho efecto, porque el agarre de Jack se había suavizado, al punto que ya no lo estaba asfixiando, pero seguía allí firme. Las manos de la joven reposaron confortantes sobre los hombros de su novio, en un intento porque hubiera paz de nuevo.
–maldición…– dijo Jack entre dientes soltándolo y volviendo a tomar asiento, mientras apretaba las manos en puños sobre la mesa, dejándose envolver por la serenidad de Rapunzel.
Sólo entonces alzó los ojos.
Hiccup comprendía su enojo, en realidad no le sorprendía en nada aquel arrebato explosivo. No tenía que ser un genio para no ver la desolación tras sus palabras.
Jack siempre había estado solo. Había perdido a su familia hace mucho tiempo, y había pasado de un hogar adoptivo a otro, nunca el tiempo suficiente antes de que lo regresaran con Servicios Sociales. Hiccup era la primera persona con la que había establecido un vínculo, era su único amigo verdadero. Mientras que Rapunzel era la segunda y última conexión con otro ser humano. Por eso lo entendía, para Jack no había nadie más en el mundo que ellos dos.
–Lo lamento…– fue lo único que pudo decir, con la culpa en un nudo dentro de su garganta.
Nuevamente se quedaron callados.
Inhalando profundamente, las manos de Jack se relajaron y le miró intensamente a los ojos, con la clara advertencia de que no podía hacerlo de nuevo, de que debía dejarlo. Una vez más le había perdonado, y no supo si sentirse aliviado o más culpable al respecto.
Como respuesta asintió con la cabeza.
Rapunzel sintiendo que lo peor ya había pasado, y observando el mutuo entendimiento entre ambos jóvenes, abandonó su sitio al lado de Jack y recogió todas las cosas del desayuno dispuesta a limpiarlas y dejarlas en su respectivo lugar. Pero en el camino su mirada se cruzó con la visión del estudio de Hiccup, que aún permanecía cerrado, y se detuvo.
–¿Por qué volviste a ellos Hic?– preguntó confundida girándose a verlo y aclaró –a los calmantes… pensé que estabas mejor–
Tuvo que morderse la lengua para no soltarle la verdad. Porque no se sentía con ánimos de compartirlo, porque probablemente ellos no lo entenderían.
Jack guardó silencio igualmente. Él había entrado al estudio, él había visto los dibujos, él la había visto a ella.
Sintió como el monstruo de su interior parecía despertar, y con él la ansiedad de su desesperante obsesión. En su mente su musa, le observaba con aquellos ojos azules, con la sonrisa victoriosa, los cabellos pelirrojos que como salvajes llamas quemaban en su pecho. Torturándole, destruyendo de a poco su auto control.
–Jack, tú sabes algo– aquello no era una pregunta y ante la ausencia de palabras por ambos, Rapunzel frunció el ceño y decidió tomar una respuesta por sí misma.
Con paso firme, dejó los platos en el fregadero y caminó en dirección al estudio. Hiccup abrió los ojos alarmado, y parándose de golpe había tumbado la silla al suelo, siguiendo a Rapunzel para detenerla. Ella no podía verla, no a ella.
"ella es mía…" dijo la voz de su monstruo interior pero antes de que pudiera tomar a su prima del brazo, Jack se había encargado de taclearlo contra el suelo con su propio cuerpo.
–¡Suéltame, suéltame!– gritó histérico forcejeando con todas sus fuerzas, ojos clavados en las manos de Rapunzel que tomaban el pomo de la puerta –¡no, aléjate de ella! ¡Déjala en paz!–
Pero su prima no quería entender, le estaba ignorando.
–¡Hiccup es sólo un dibujo, no es real!– repetía Jack constantemente tratando de frenarlo, pero cada vez era más difícil sujetarlo. –es un dibujo…–
–¡no, no, no! ¡Ella es mía! ¡No te le acer…!–
–Oh mi dios…– fue lo que salió de los labios de Rapunzel de pie frente a la puerta abierta y los millones de ojos que la miraban desde las paredes, el suelo, y el techo.
Enloquecido uno de sus codos impactó contra la nariz de Jack, liberándole en cuestión de segundos, para lanzarse como pudo hacia su estudio con el fin de cerrarlo. No podía permitir que la siguieran viendo, tenía que mantenerla para sí. Porque simplemente ella ya no estaba aquí.
Rapunzel no hallaba la manera de como apartar sus ojos de aquellos dibujos. Había algo aterrador en la forma en que la modelo con su cuerpo desnudo posaba en distintas posiciones siempre con la mirada fija en el espectador, siempre con la sonrisa que parecía saber algo oculto por el mundo una mueca de orgullo y burla. La perfección de los trazos delineando cada parte de la anatomía, cada hebra de cabello, la hacían real, tanto que si pestañeabas podrías jurar que estaba respirando. Pero el carboncillo que se difuminaba en sombras oscuras y deformes, que se mezclaban con lo que parecían ser manchas de sangre ceca, astillas y pedazos de tela rota, parecían consumir a la mujer en una irrealidad salvaje, distorsionada. Todas enviaban un mismo mensaje claro y conciso, alguien deseaba destruir a la modelo y ella lo estaba disfrutando.
"son hermosos…" se admitió a sí misma, comprendiendo la tristeza, la soledad y el anhelo que escondía aquella deprimente habitación. Otra vez, se sentía maravillada de las capacidades de su primo, de lo que podía crear con sólo sus manos y un carboncillo.
Entonces sintió como el susodicho la hacía a un lado de manera brusca. Le vio tomar el pomo de la puerta, con los ojos nublados en un frenesí que jamás le había visto, para finalmente cerrar el estudio con él dentro.
La chica reaccionó unos segundos después, dándose cuenta que la intervención había acabado mucho antes de lo que tenían planeado.
–Hiccup, Hiccup– le llamó varias veces contra la puerta de madera, dando suaves toques a la superficie pero sin ninguna respuesta.
–Déjalo, una vez adentro no hay forma de llegar hasta él– dijo la voz de Jack a sus espaldas, atrayendo su atención
–lo sé pero…– quería intentarlo al menos, pero todo apuntaba a que este nuevo trabajo era diferente a los anteriores y no estaban preparados para ello.
Sintió la mano de Jack tomar la suya, obligándola a mirarle a los ojos.
Su mirada era condescendiente, comprendiendo su preocupación, mientras le dedicaba una suave sonrisa. El sol que entraba por la ventana de la sala le iluminaba los cabellos, de la manera que a ella le gustaba, y en su nariz estaba la inconfundible mancha de sangre seca.
–No te preocupes por esto– soltó él rápidamente leyendo sus pensamientos, señalando su nariz –no ha sido nada, al menos no en comparación a lo que pudo haber hecho–
Frunció un poco los labios, no creyendo del todo en sus palabras, pero después de unos minutos decidió dejarlo por hoy y le devolvió la sonrisa, dándole un suave apretón a los dedos fríos de su novio.
–¿qué haremos ahora, Jack?–
Pareció pensarlo durante unos minutos.
–supongo que tendré que llenar la cubeta con agua de nuevo y el pañuelo…– un golpe rápido a su hombro –está bien… buscaré otro método para despertarle, pero coincidirás en que necesitaremos cinta adhesiva para retenerlo cuando venga el personal de la galería a recoger los cuadros–
–¿llamarás a Aster?–
Aster Bunnymund era el dueño de la galería, en donde trabajaban los tres y el responsable de la administración de todas las exposiciones que se llevarían a acabo. Amable, un poco terco y malhumorado cuando las cosas no salían como esperaba, era el mejor en su trabajo. Rapunzel le admiraba, en el mismo grado en que le respetaba.
–es lo mejor que podemos hacer, tú misma lo viste, esos cuadros están listos para una exposición y son lo suficientes como para realizar una buena subasta con ellos– explicó seriamente –además sin ellos, puede que Hiccup salga de su estudio–
Sus ojos con duda volvieron a clavarse en la puerta cerrada.
–¿de verdad lo crees?–
La pregunta había salido de sus labios en un susurro. No podía evitar tener un dejo de esperanza, eso era parte de ella, siempre debía esperar lo mejor pero por algún motivo no podía evitar sentirse insegura, después de todo habían pasado cinco meses completos desde la última vez que había visto a su primo.
"y entonces no se veía como ahora" se dijo recordando perfectamente las emociones reflejadas en los cuadros.
–No lo sé, de verdad no lo sé– fue su respuesta y supo que por la cabeza de su novio, los mismos pensamientos se estaban llevando a cabo.
Un tiempo después, cuando ambos terminaron de ordenar y limpiar lo que se había ensuciado en el departamento, tomaron sus abrigos y desde la puerta de salida se despidieron de su amigo.
–Vendré dentro de dos días Hiccup–
Las palabras de Jack quedaron flotando en el vacío, resonando en la cabeza de la persona que se encontraba recostado de la puerta de su estudio, con la mirada perdida en sus preciados cuadros.
Apretó sus manos en puño, en un impulso por contener el lado irracional que quería tomar la caja de fósforos que guardaba en la cocina y prender en fuego a su musa para que nadie pudiera tenerla.
Impotente se levantó del suelo de cerámica y se acercó lentamente al lienzo más grande en la habitación, donde ella permanecía acostada en una especie de mar de sombras y sangre que le recordaba a alguna de las obras de Klimt. Los ojos fijamente en él, la rizada cabellera como un manto que envolvía parcialmente la desnudez del cuerpo.
Recostó su frente sobre la superficie del cuadro, cerrando brevemente los ojos. Recordando el tiempo que había podido estar con ella.
–tendré que dejarte ir… voy a tener que dejarte ir…– dejó escapar en un susurro cortado, como si le costase respirar –y no quiero hacerlo... yo aún no quiero dejarte–
Depositó un suave beso a la tela.
"Merida…"
. . .
Sopló un poco de aire a sus manos en un intento de calentarlas. Se maldijo una vez más por haber dejado los guantes encima de su cama antes de salir.
Sus ojos se pasearon por la pequeña cafetería que en aquellos momentos se encontraba repleta de personas que buscaban refugiarse del frío invernal exterior. Los calentadores emitían un suave ronroneo por encima de las millones de conversaciones que se llevaban a cabo en simultáneo.
Introduciendo sus manos dentro de los bolsillos de su abrigo, caminó con calma hasta la cola frente al mostrador, sin molestarse en revisar la alta cartelera con los productos que ofrecía el lugar. Sabía perfectamente que era lo que necesitaba.
"un buen chocolate caliente…" pensó distrayéndose ante el recuerdo del dulce sabor de la bebida.
–siguiente…– dijo la voz de la persona tras el mostrador, llamando al siguiente en la fila.
Aún faltaban tres personas en fila, cambió el peso de su cuerpo de una pierna a la otra, y decidió escuchar las noticias en la pequeña pantalla que colgaba a su derecha.
–Muy buenos días queridos espectadores soy Anna Arendelle con nuevas noticias para los aficionados al arte…– dijo una chica de gran sonrisa, ojos azules y cabellos rubios-rojizos.
–siguiente…–
–el pasado lunes se hizo el anuncio de la nueva exposición que se estaría llevando a cabo este fin de semana en el Gallery Art Center–
Su celular vibró en uno de los bolsillos de su pantalón indicando que había recibido un nuevo mensaje, y apartando su vista de la pantalla, se dispuso a revisar el contenido y dar una pronta respuesta al emisor.
–Según palabras de Aster Bunnymund, dueño y administrador del Gallery Art Center, "Portrait", título con el que ha sido nombrada, será una de las mejores exposiciones que haya tenido el complejo en los últimos meses–
–siguiente…–
–El autor de esta nueva colección, no es nada más y nada menos que el célebre Hiccup Horrendous Haddock the Third…–
Su cabeza se disparó rápidamente hacia la pantalla, captando con la mirada las imágenes en donde un hombre de traje perfectamente tallado hablaba frente a un gran grupo de reporteros mientras a su lado se encontraba alguien que conocía muy bien.
El cabello castaño estaba revuelto apuntando a diferentes ángulos, los ojos de un verde bosque puestos en la audiencia, las manos a ambos lados de su cuerpo. En su rostro era evidente que prefería estar en cualquier otra parte que allí parado bajo los flashes de las cámaras.
El celular volvía a vibrar en su manos, pero ella no podía importarle menos en aquellos momentos en que los recuerdos de hace seis meses atrás le asaltaban la memoria.
–recordarán al artista de treinta y dos años por sus anteriores trabajos "Vikings" y "Dragons", también expuestos en el Gallery, los cuáles fueron un rotundo éxito y le catalogaron como uno de los mejores en el país–
–Siguiente…–
Después de un par de parpadeos, en los que siguió de pie sin moverse, en la pantalla las imágenes fueron remplazadas de nuevo por el estudio de grabación y la hermosa reportera.
–Les invitamos entonces a que se pasen el fin de semana, a la exposición "Portrait" en el Gallery Art Center, en el horario de las siete de la noche…–
–¡Siguiente!–
Con un sobresalto apartó sus ojos de la televisión y notó que ya era su turno, la persona en el mostrador le miraba con cansancio probablemente deseando que llegara su hora de descanso. A sus espaldas algunos clientes murmuraron entre dientes insultos, a los cuales se hizo de oídos sordos.
Caminó hasta el mostrador, sacando su billetera de la mochila que colgaba en su hombro.
–¿Qué desea señorita?–
–Un chocolate caliente solamente, por favor– ordenó antes que le preguntaran cualquier otra cosa y le entregó un par de billetes al cajero, su voz marcada por su acento natal.
El hombre aceptó el pago, lo introdujo en la caja registradora, hizo entrega de su factura y se giró para preparar el pedido, sin decir palabra.
Sintió como un mechón de su rebelde cabello pelirrojo se atravesaba en su cara, al tiempo que su mente divagaba en las diferentes posibilidades que la noticia de la reportera parecía haberle entregado. Sus labios componiendo lentamente una sonrisa victoriosa, que había sido plasmada en millones de lienzos por el autor en sus pensamientos.
"Parece que ya tengo planes para este fin de semana…" pensó divertida mientras abandonaba una de las tantas cafeterías de la universidad, en camino al auditorio donde tendría su siguiente clase.
.
.
.
.
Continuará...
