CAPITULO I: UN NUEVO COMIENZO
El Sol de España…
Eso pensaba Shura de
Capricornio mientras se protegía de la intensa lluvia bajo un gran
paraguas. Tras haber pasado un tiempo en los Pirineos, su lugar de
entrenamiento, el joven había tomado un avión y se había plantado
en la capital de España.
No tardaría en tomar otro vuelo que lo
devolvería a Atenas, al Santuario, pero había decidido pasar sus
últimas horas en su país natal, paseando por el centro de Madrid.
A
pesar de la lluvia que caía, el capricorniano notaba las miradas de
las mujeres que también caminaban, más o menos deprisa por el
centro. Sin embargo, le resultaban poco más que indiferentes. Se
sabía atractivo, pero nunca le había dado importancia; era un
Caballero de Athena y un fiel cumplidor de las Leyes del Santuario,
entre las cuales estaba el Voto de Castidad, cuyo castigo, si se
incumplía, era la muerte.
- (debería regresar ya… sólo Saga y Aioria permanecen junto a Athena… ¿En que estaríamos pensando para dejarla prácticamente sola durante tantos meses?) – Otro pensamiento cruzó por su mente – (¿Aioros, dónde diablos te has metido? Sé que no estás muerto, amigo mío… ya no lo estás…) – aún se sentía culpable por lo ocurrido aunque hubiera sido la versión malvada de Saga quien lo instigase.
Estaba a punto de
utilizar la velocidad de la luz para regresar al aeropuerto, cuando
de pronto, un paraguas abierto rodó hacia sus pies, al tiempo que
una mujer gritaba desesperada.
Shura dejó caer su propio
paraguas. La mujer que había gritado estaba despatarrada en medio de
la calle y rodeada por cuatro extraños. El capricorniano sintió un
cosmos hostil y se fijó en aquellos. Eran cuanto, dos hombres y dos
mujeres.
* * *
Unos pasos firmes resonaban en el tramo de escaleras que llevaba de la Casa de Libra hasta la de Escorpio. El dueño de aquellos pasos, cubierto por una capa con capucha, se detuvo al llegar ante la entrada del Octavo Templo.
- ¡Af! No siento el cosmos de ese mocoso… no debe haber regresado aún… ¡tarde como siempre! Aunque por una vez me veré libre de sus bromas pesadas… ¬¬
Se introdujo en el Templo y empezó a caminar en la semioscuridad de aquél, vislumbrando los motivos que decoraban las columnas y paredes.
- (Desde luego… hay que tener mal gusto…)
No se fijó que en la oscuridad reinante, entre unas columnas, unos ojos rojos lo observaban.
Sólo le faltaban unos metros para alcanzar la salida cuando…
- ¿A quién llamas mocoso, Shura de Capricornio?
Una voz maliciosa se dejó escuchar justamente en su nuca, haciéndole dar un bote hacia delante de varios metros, con lo cual su capucha cayó de su cabeza, revelando, efectivamente, a Shura de Capricornio.
- ¡Jum! Esta vez he vuelto antes que
tú, cabritillo… - se carcajeó la voz del Caballero de Escorpio.
-
¡maldito mocoso! (otra vez me ha pillado desprevenido con esa
capacidad suya para enmascarar su cosmos) ¡sal de donde estés para
que pueda cortarte en pedazos!
- calma, calma, Shura… con esa
mala leche un día te va a dar un ataque al corazón…
-
¡GRRRRM…! – el cosmos del capricorniano brilló en la palma de
su mano.
- ¡Vale, vale! ¡Pardon, pardon! – Se disculpó en
francés, cubriéndose por si a Shura se le ocurría soltarle un
Excalibur, de lo cual lo creía muy capaz – sólo bromeaba, ¡mon
amie!
Shura lo miró, planteándose lanzarle un Excalibur,
pero acabó por contenerse.
Él también hablaba francés, lo
había aprendido durante su entrenamiento en los Pirineos, y sabía
que Milo hablaba muchos idiomas, a parte de su griego materno, pero
le enfurecía el uso que su compañero le daba al francés en
particular: normalmente, para seducir a las mujeres, que caían
rendidas a sus pies cuando lo escuchaban.
- Shura: ¡déjate
de sandeces y ven conmigo! ¡Hay algo que debo comunicarle sin falta
a Athena! ¡Algo grave!
- Milo: ¬¬ ¡ayh que ver cómo te gusta
mandar, ni que fueras el Patriarca! ¡Qué conste que voy contigo
sólo para enterarme de lo que le vas a contar a Athena!
También Camus y Aphrodite se unieron al cortejo. En cuanto al resto, tan sólo se reunieron junto a las puertas de la Sala del Patriarca: Mü, Saga, Aioria, Shaka y Dohko, ya que el resto de Caballeros Dorados no habían regresado aún al Santuario.
Las puertas se abrieron y los Caballeros entraron dentro. Sentada en el Trono, Athena les dio la bienvenida con una calida sonrisa. Junto a ella, vestido con una túnica de Patriarca aunque no ejercía el cargo, se encontraba Shion.
- ¡Bienvenidos, amigos míos! ^^ Me alegro de que hayáis vuelto de vuestros viajes.
- Hay algunos que no han regresado aún, Athena – remarcó Shura. – Ya deberían haberlo hecho.
- Athena, Aldebaran regresará mañana, al parecer, su avión desde Brasil se retrasó – informó Mü.
- ¿y para qué tiene la velocidad de la luz ese botarate? A veces pienso que hay quien no debería seguir llevando una armadura dorada…
- al menos Aldebaran no tuvo que convertirse en polvo estelar para que le entrara en la cabeza que Athena era quien decía ser… ¬¬ - contraatacó Milo – así que deja de hacerte el importante…
- por favor… dejad de pelear – pidió Athena, preocupada - ¿alguien sabe algo de DeathMask?
- me temo que no, Athena – respondió Aphrodite de Piscis con un mohín cursi – dijo que iba a volver a Sicilia, pero no hemos vuelto a saber más de él…
La diosa se mordió un labio, preocupada.
- Deberíamos enviar a alguien a buscarlo…
- DeathMask volverá cuando tenga que volver, Athena… creo que sería mejor que escucharais lo que he de informaros…
- ¿Qué ocurre, Shura? – Dijo Shion.
- Antes de regresar, decidí que quería ver Madrid, la capital de España. Paseando por el centro, me encontré con unos tipos encapuchados, de los que sólo se diferenciaban quienes eran hombres y quienes mujeres. Atacaron a una mujer y sus cosmos eran terriblemente hostiles, pero de pronto, antes de que yo pudiera hacer nada, desaparecieron sin tocarle un pelo a aquella joven.
- Extraño – comentó Dohko.
- (y… ¿si tiene que ver con lo que yo vi en las estrellas? Debería contarlo, pero… no me creerán… me tomarán por mentiroso o por loco, y lo cierto es que lo merezco…) – Saga cerró los ojos, apretándolos con fuerza, de lo cual Athena se percató.
- ¿Hay algo que quieras decir, Saga?
- … No, Athena – el geminiano volvió la vista con amargura – (todo lo que hice… ¿por qué se muestra tan amable conmigo? Ahora mismo debería estar encerrado en el Cabo Sunion, no aquí…)
- Saga no conseguirá superarlo nunca – le comentó Camus a Shura en voz baja.
- ¿Y qué quieres que yo le haga, Camus? – Le contestó el otro en el mismo tono bajo. – Muchas veces le he dicho que deje de culparse por lo que ocurrió, que todos comprendemos que no era él mismo quien hizo aquellas cosas, pero no quiere escucharme.
- tal vez si regresara Aioros todo se arreglaría, pero…
Shura no contestó. Ciertamente, quizá la vuelta de Aioros de Sagitario repararía la maltrecha alma de Saga, ya que a él sí que le prestaría oídos, más aún cuando el Caballero de Géminis deseaba por encima de todo, el perdón de su amigo; sin embargo, aunque no se le podía achacar toda la culpa, Aioros también había sido amigo de Shura y él, sin hacer ni una sola pregunta, no dudó un instante en perseguirlo por el simple rumor de que había intentado matar a Athena y acabar con su vida.
- Bien, creo que deberemos estar alerta por sí esos encapuchados vuelven a actuar. Shaka, Mü, vosotros sois los mejores telequineticos que tenemos en el Santuario, sobretodo tú, Mü. ¿Podríais rastrear la huella psíquica de esos encapuchados?
- Por supuesto, Athena, lo hare – contestó Mü con su rostro siempre sereno.
- Como gustéis, Athena – por su parte, Shaka, con sus ojos permanentemente cerrados, levantó el rostro con cierta altanería.
- ¿quién aguanta a este tío? – Comentó Milo.
- yo me ocuparé de buscar en los antiguos pergaminos de la Biblioteca del Santuario. Sin duda, Shura podría describirme esos cosmos – se ofreció Dohko.
- Gracias, Dohko… pero sólo por precaución. Los demás manteneos vigilantes.
- sí, Athena – declamaron todos.
- podéis marcharos… y si sabéis algo de DeathMask por favor, comunicádmelo enseguida.
Los nueve Caballeros Dorados de servicio en el Santuario hicieron una reverencia y se dispusieron a marcharse. Cuando lo hacían Athena llamó a Saga.
- Saga, espera, por favor… - el geminiano obedeció sin dudarlo un momento. – Quiero hablar contigo, Shion, por favor, retirate tú también.
- Athena, ¿creéis que es prudente que os quedéis sola con él? – Bajó el tono de voz, pero Saga lo estaba escuchando todo – sé que no era dueño de sus actos cuando hizo lo que hizo, pero no podemos confiar en que…
Los hombros de Saga se hundieron visiblemente, Athena observó a Shion con severidad.
- ¡Shion! Intento que Saga recupere la seguridad en sí mismo… ¡y sí, confío en él!
- Ammm… perdonadme, Athena… - con cierta culpabilidad, mirando de reojo a Saga, quien continuaba parado frente a las puertas, con los hombros totalmente hundidos – con vuestro permiso, ayudaré a Mü en la tarea que le habéis encargado…
El ariano se marchó, por medio del teletransporte, dejando a la joven diosa sola con Saga. Athena recorrió la larga alfombra que había entre el trono y las puertas hasta llegar junto al Caballero.
- Saga…
- Ya habéis oído a Shion, Athena, no es prudente que os quedéis a solas conmigo… no soy de fiar… - contestó con tristeza.
- No le hagas caso a Shion, Saga… - intentó otra táctica – Saga, mírame… Mírame…
- Athena… - pero se volvió para mirarla –
- ¿por qué no iba a confiar en ti si eres uno de los Caballeros junto a quien más protegida me siento? Ahora confía tú en mí, ¿qué es lo que te preocupó durante la reunión?
- Athena… Athena… - se decidió a contárselo, aunque aún con reticencias - no lo vais a creer, pero poco antes de que ocurriera eso en Madrid, vi un gran peligro en las estrellas. Algo que amenazaría el mundo en muy poco tiempo.
- ¿lo viste en las estrellas? ¿Por qué no me lo habías contado?
- porque los mensajes de las estrellas están reservados al Patriarca del Santuario, no a un usurpador…
- Saga, por favor, no te hundas bajo ese cumulo de autocompasión…
- Siento habérmelo callado, Athena… ahora, ¿puedo retirarme?
- Si, por supuesto.
- Athena, no deberíais añadirme a mí a vuestras preocupaciones, no merece la pena – se marchó.
- Claro que lo merece, Saga… Aioros, ¿dónde estás? Saga no me escucha ni siquiera a mí, pero sé que tu presencia le tranquilizaría… vio el peligro en las estrellas, eso significa que es el elegido legitimo al puesto del Patriarca, pero no creo que pueda convencerle para ello…
La diosa se recluyó en sus habitaciones, pensativa y preocupada. Pasaron dos semanas sin que nada ocurriera… ¿Quiénes eran los tipos que Shura encontró en España? ¿Logrará Athena que Saga salga de su depresión?
Fin de Episodio; Episodio Siguiente: II Venida del Pasado
