¡ . gracias! No tienes ni idea de lo feliz que me hizo tu review y decidí seguir escribiendo para ti. Así que, por favor, sigue leyendo para mí.

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Este huracán lleva tu nombre

Cap. 2

Primero un huracán, ahora una tormenta de meteoritos.

Viernes

Después del incidente del hospital, no he vuelto a verlo. Y me alegra que sea así porque jamás le perdonare que entrara a la sala de emergencia conmigo aún en su hombro y gritara: ¡SALVEN A MI MUJER QUE SE ME MUERE! El doctor no ha dejado de reírse en todo el rato que me atendió. Yo no le encontraba nada de gracia.

Le di una última calada al cigarro y lo apague en el cenicero que me regaló un pariente lejano. Mi celular comenzó a gritar en busca de atención. Miré la pantallita, era mi madre.

-Dilo.

-Nurcia pasará el fin de semana en tu piso.

-¡Qué! No, mamá. Tú y yo nos amamos, no me puedes hacer esto. Por favor.

-No me trabajes el sentimiento – gruñó ella - No puede ir a Barcelona con tus tíos por su examen y tú eres la única familia que tiene allá. Sé buena y piensa que sólo serán dos días.

-Adiós a mi precioso fin de semana.

-¿De qué demonios hablas? Todos los días son fines de semana para ti.

Me reí. Estaba en lo cierto.

-Ya entendí. ¿A qué hora llega?

-Sobre las 11 de la mañana.

-Bien, cuídate má.

-Tú también.

Y cortó la comunicación.

Nurcia es totalmente opuesta a mí. Es una chica explosiva que no se puede estar quieta ni por 10 segundos. Va demasiado rápido por la vida. No es que este en contra de lo que hace, sólo que no es mi estilo y detesto cada vez que alguien, así sea mi sangre, intenta a la fuerza arrastrarme a su ritmo.

Examine la habitación de invitados. Estaba plagada de libros y discos de vinilo. Me puse manos a la obra. Después de unas cuantas horas estaba lo suficiente ordenada como para que alguien pudiera dormir dos días sin peligro a morir aplastada por un laúd de literatura y buena música.

Sábado

El frenético ruido del timbre me indico que Nurcia acababa de llegar.

-¡Ya va!

Abrí la puerta. Ahí estaba ella con su ancha sonrisa y su ajustada blusa rosa que amenazaba con explotar en cualquier instante. Se abalanzo sobre mí.

-¡Priiiiiiiima!- jadeo.

-Hola Nurcia, también me alegro de verte- murmure intentando separarla de mí.

-Tu genio de ogro jamás cambiara- dijo ella alejando un poco su cuerpo del mío- pero no importa. Así te quiero.

-Como debe ser- le respondo con una sonrisa. Nurcia no es una mala chica, en el fondo también le quiero.

Mire la maleta de ruedas que estaba a su espalda. Un escalofrío sacudió mi columna vertebral.

-Tranquila, realmente me quedare hasta el Domingo- dijo ella que había seguido la dirección de mis ojos.

-¿Entonces por qué tanto equipaje? - inquirí no muy confiada de lo que me decía.

-Una mujer siempre debe estar lista para cualquier eventualidad- recitó- he traído desde el bañador hasta lencería sexy.

Le sonreí, aunque realmente no entendía lo que pensaba, y le mostré su habitación. Abrió mucho los ojos cuando vio la colección de libros que se esparcía decorativamente por el cuarto.

-Esto es el doble... no... Como el cuádruple de lo que vi la última vez que estuve aquí. ¿Los has leído todos?

-Sí. ¿Cuál es el objetivo de comprar libros si no los vas a leer?

-Estas más grave de lo que imagine- chasqueo su lengua de manera des aprobatoria.

-En fin, la cocina está al lado. Eres libre de tomar lo que quieras.

Sus ojos se iluminaron. En su casa nunca le dejaban comer más de las calorías necesarias, así que mi cocina definitivamente era una tentación llena de chocolates, dulces y grasa.

-Aun me cuesta creer que seas tan delgada cuando comes pura porquería- dijo ella mientras abría una lata de Pringles Clásica.

-Calla y disfruta de esto- le conteste medio atragantada de gomitas de ositos.

Nos pasamos buen rato comiendo golosinas y quedamos en ir de compras al supermercado ya que Nurcia insistía que por lo menos debía alimentarme correctamente por dos días. Que viva la doble moral.

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Por la noche...

-Nunca había visto tan verde mi refrigerador.

-¡JA! Y espera a probar mis ensaladas, se te caerán los dientes de la emoción.

En ese momento sonó el timbre. Miré desconcertada a mi prima. No esperaba visitas, nunca tenía alguna para empezar.

-Tranquila sé karate, atacare sí es necesario- dijo ella y corrió a la puerta.

Sabía que su finta de heroína era sólo porque la curiosidad le carcomía el alma.
Escuche el click de la puerta al abrirse y, seguido, un grito terrible partió el aire.

Corrí como posesa hacia la puerta.

-¡RUBÉN SUELTA A MI PRIMA!

Maldita sea tremendo susto me había llevado y sólo era el idiota ese abrazando a mi prima... Esperen...

-¡NURCIA SUELTA AL VECINO!

Si revisaba correctamente la escena era MI prima la que estaba ultrajando al pobre. Rubén llevaba una cara tan avergonzada y las manos en alto que era obvio que él era la víctima.
La separe como pude. Estaba pegada como una lapa a su cuerpo. Malditas hormonas locas de adolescentes estúpidas.

-¿Qué rayos te pasa?

-¡¿Qué que me pasa?! ¡¿Realmente estas preguntando eso?!

Nurcia no le quitaba los ojos de encima a Rubén. Era un hombre guapo, pero tampoco tanto. Él seguía en el umbral de la puerta con su cara de susto. Me dio penita.

Fulmine con la mirada a la loca y ella me devolvió el gesto, indignada.

-¿Cómo es que no me lo dijiste? ¿Querías quedarte con él en secreto?

El labio me tembló de cólera. De qué mierda hablaba.

-Decirte qué, más vale que me lo expliques antes que te vote a patadas.

-¡Es el RubiusOMG!

La mandíbula se me desencajo.

-¿El quién qué?

-¡El Rubius burra! ¡Es el Youtuber más famoso de toda España, hasta la abuela lo conoce!

Le miré. ¿Ese chico ruidoso era un famoso? Ni en el sueño más loco lo hubiese adivinado.

-No tenía la más mínima idea.

-Tuuuuuuú- bramó ella, pero la risa de Rubén la distrajo.

-Perdón- se disculpó- no quería reírme, sólo que esto es un poco, ya saben, loco.

-Oh no, disculpa a la idiota de mi prima. Si tuviera un ordenador estoy segura que te reconocería- chilló ella.

Eso me picó. No necesito de ordenadores, ni de tv. Son basura comparados con un libro y sí Rubén no es el ganador de un Premio Novel de Literatura cómo diablos pretende que lo reconozca.

-Suficiente- dije- Me da igual lo que sea que seas. ¿A qué viniste?

-Adoro cuando me tratas así.- dijo él rascando su nuca. Le sonreí sarcásticamente en respuesta- sólo venía por un poco de azúcar.

En su mano sostenía un pote rojo que ponía en letras raras "azúcar"
Estiré mi mano y me lo entrego.

-No lo violes en lo que voy a la cocina-amenace a Nurcia.

-Claro que no... A no ser...

No termine de escucharla, me urgía que esos dos volvieran a sus casas. Llene el tacho hasta casi reventar, no me apetecía otra visita sorpresa. Volví a la entrada con paso veloz.

-...entonces mañana a la 1- terminó de decir la chica. Rubén sólo asintió sonriendo. Yo levanté la ceja.

Nurcia sí que ligaba rápido.

-Aquí tienes- dije como sí no hubiese escuchado nada.

-¡Oh! Gracias- él miró curioso el rebosante tarro- Creo que te has pasado un poco.

-¿Tú crees?

Negó con la cabeza, resignado y se despidió con una mueca rara. Nurcia se desarmó de risa, yo cerré la puerta.

-¿No me vas a preguntar que pasará mañana a la 1?

Su sonrisa coqueta me daba la respuesta.

-Nope, no tiene nada que ver conmigo.

-Ohhh claro que sí nena.

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Domingo

Nur, como la llamaba la mitad de la familia, se había levantado temprano para ir al gimnasio y luego pasaría a dar su examen de admisión para la Universidad. Me había dejado la tarea de ordenar y limpiar toda la casa porque hoy a la una de la tarde el Señor Rubén vendría a almorzar lo que sea que mi prima preparara. Sí accedí a hacerlo fue porque ella dijo que Rubén era para ella lo que Saramago es para mí, un ídolo. Cómo negarle a alguien la oportunidad de almorzar con esa persona a la que admiras tanto.

Varias horas después...

-Sí, estas totalmente hermosa- repetí por décima vez.

-¿No me hace ver gorda este corte?

-En absoluto, hasta una Barbie sentiría celos de tu figura.

-Tú no sientes celos de ella- apuntó mordaz.

-Yo no soy una Barbie.

Me sonrió.

-¿No deberías comenzar a cocinar?- seguí, ya eran las doce y media y ella seguía mirándose al espejo.

-No te preocupes, ayer en la noche deje casi todo listo - me miro por el espejo- Sólo hay una cosa más que te quiero pedir.

-Ugh, qué puede ser.

-Cuando él llegue ¿puedes ir a comprar un vino al centro?

-¿Hasta el centro? Me tardare por lo menos una hora- conteste sin entender.

-Exacto- y sonrió pícara.

Era una pilla total.

A la una en punto el timbre sonó. Cuando Rubén entró al comedor con Nurcia colgada de su brazo no pude evitar pensar que se estaba esforzando. Llevaba una camisa tan planchada como su sonrisa. Me alegre por ellos, harían una bonita pareja.

Le salude amablemente y seguí el plan.

-¡Oh! ¡Qué buen vino es el que están vendiendo en el centro! Quedaría fantástico con las brochetas, ¿verdad Nurcia?

-Sí- chilló ella- ¿Lo comprarás?

-Claro que sí.

-Te acompaño entonces.

Las dos lo miramos, Rubén sólo sonrió ingenuo.

-Nah, no es necesario. Eres el invitado de honor. Volveré de inmediato.

Corrí a la puerta antes que pudiera decir algo más. Con esto Nurcia me debía una bien gorda. Con lo que me gusta ir al centro.

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Hacia tanto que no iba a esa parte de la ciudad que me entretuve bastante viendo las nuevas tiendas que habían abierto y me volví loca al ver la gran feria de libros que habían abierto en medio de la calle. No fue tan malo como pensaba que sería. Me demore mucho más de una hora, así que me compré una gran hamburguesa porque dudaba que hasta esta hora me estuvieran esperando para almorzar. Si es que esos dos ya no se estaban comiendo. Compre la botella de vino y al parecer era bastante popular porque ya no quedaban muchos. Tomé un taxi para volver rápido y mucho más cómoda, tanto, que me quede dormida.

No faltaba más de una cuadra para llegar y el taxista me ha despertado y ha dicho que no podía avanzar más, que algo había pasado y los bomberos habían cerrado la calle.

Le he pagado y he bajado del vehículo un poco atontada. ¿Bomberos? ¿Ambulancia? ¿Mis vecinos afuera? Se me ha ido todo cuando he visto el humo negro salir por la ventana de mi piso. MI PISO. NURCIA.

Atravesé las cintas y empuje a la gente que estaba acumulada. Un musculoso bombero me ha cogido del brazo parándome.

-¡MI PRIMA! ¡SUELTAME MALDITA SEA! - grité.

El bombero dijo algo en un idioma que no entendí por los nervios, pero me señalo la ambulancia. Ahí estaban. Nurcia llorando en los brazos de Rubén. Corrí hacia ellos. Mi pobre prima me ha visto y se ha puesto a chillar aún más fuerte. Rubén sólo me miraba.

-Nur- la llamé dulcemente, ella me miró. Tenía manchas negras por todo el rostro, por el hollín y todo el maquillaje que se le había corrido, por el resto parecía entera- tranquila, no ha pasado nada. Lo importante es que estés bien.

Volvió a llorar con más fuerza. Pude ver como sus uñas de clavaban en los brazos de mi vecino y este resistía como un caballero mudo.

-Nur... Calma, ya está todo bien- la consolé tocándole la cabeza.

-No... nada esta bien- lo dijo con un hilito de voz- Tus... tus...

-Este incendio no habría sido tan complicado sí no hubieran habido tantos libros en la habitación de al lado.

Eran dos bomberos hablando mientras se dirigían hacia el camión rojo. Mi cerebro analizo palabra por palabra, y cuando terminé mi análisis el llanto de Nurcia confirmo mis sospechas.

Entré al edificio corriendo, hice caso omiso a los gritos de la gente y volé hasta lo que era mi piso. La puerta estaba rota. A pesar de que el fuego ya estaba totalmente extinguido se podía sentir el calor y el humo se condensaba con violencia en la cocina o lo que quedaba de ella. La sala se veía sin muchos daños, sólo la madera del suelo estaba completamente mojada, estropeada, pero lo único que querían ver mis ojos era el cuarto de invitados. La adrenalina me empujo y ahí estaba yo, mirando lo que quedaba de mi valiosa y preciada colección de años de lectura. Mis libros, mis amados libros, todos destrozados y mojados. El vinilo de pasos dobles que me había regalado mi abuela estaba tirado sobre ellos como una cruz.

Caí de rodillas.

¿Por qué había pasado esto? Yo sólo quería una vida tranquila. Yo no molesto a nadie, lo único que pido es que no me molesten a mí. ¿Por qué? ¿Por qué había pasado esto?

De pronto sentí los delgados y temblorosos brazos de mi prima rodearme el cuerpo.

-No me toques.

La voz me salió tan helada por la impotencia que hasta a mí me sorprendió. Nurcia sollozó y balbuceó un perdón tan doloroso que me enervó la sangre.

-¡Te he dicho que no me toques!- y de un empujón me solté de su agarre.

-¡Eh! ¡Que te estas pasando!

Rubén estaba parado un poco más lejos. Se colocó al lado de Nurcia y le volvió a prestar su pecho para que llorara. Cerré los ojos, la que debería estar llorando así era yo, no ella.

-No... Esta bien, lo merezco. Rubén, tú no sabes nada de mi prima. Sus libros... Ay sus libros- logró decir y siguió llorando.

Suspiré. El humo comenzaba a molestar mis pulmones. Me puse en pie y salí de ahí. No tenía caso lamentarme, ni culpar a alguien.

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-Richie, te lo pido. Debe haber alguna forma. Mis padres no pueden saber sobre esto.

Un nuevo problema había surgido. A pesar de no haber sido un incendio catastrófico, sino más bien un accidente producido por una distracción al dejar flameando una sartén y un horno prendido a máxima potencia para una cocción más rápida, el piso había quedado en malas condiciones y definitivamente no me permitirían vivir ahí hasta que estuviera arreglado. El problema radicaba en que si mis padres se enteraban me mandarían un pasaje para que volviera a casa con ellos. Y eso NO pasaría.

-No puedo dejar que te hospedes en un hotel - dijo Richie, el dueño del edificio e íntimo amigo de mis padres- Se los prometí. Eres mi responsabilidad. Deberás volver con ellos, no hay otra opción.

Me mordí el labio. Todo eso era cierto, si mi papá terminó convenciendo a mi mamá de que me podía quedar a vivir sola en España, fue únicamente porque Richie les juró que me cuidaría como sí fuera su propia hija. Mis esperanzas se comenzaron a hacer añicos.

Un carraspeo de garganta llamó mi atención. Los dos miramos a Rubén. ¿Cuanto llevaba ahí?

-Yo no quería espiar, pero he terminado escuchando todo- dijo ligeramente cohibido- Y bueno, tengo una idea.

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Lunes

Estoy tirada en el suelo de esta nueva habitación, respirando hondo. Sigo sin entender cómo en dos días mi vida pudo haber cambiado tanto. Hasta el Viernes, antes de toparme con el nuevo vecino, mi vida era tal cual quería. Tranquila, sin altibajos, sin problemas. Éramos sólo mi mundo y yo. Mis libros y yo. Mi música y yo. Mis cigarros y yo. Y ahora sin previo aviso, todo se había quemado. También estaba quemando mi relación con mis padres porque les estaba mintiendo descaradamente y si se enteraban jamás podría verlos a la cara.

Nurcia acababa de marcharse a su casa con la solemne promesa de no contarle a nadie lo ocurrido. La pobre aún no podía mirarme a los ojos. No importó cuantas veces le dije que no estaba molesta. Ella siguió torturándose con lo ocurrido. Nunca le vi tan triste.

Se abrió la puerta.

-El desayuno está listo.

Miré a Rubén. Él levantó la ceja.

-¿Qué cojones haces tirada en el suelo? - dijo medio riéndose.

-Meditaba- le dije tomando su mano que me invitaba a ponerme en pie.

-¿Tan malo es?

-Es mi única opción- la voz me salió raposa- pero estoy agradecida por esto.

Vivir con Rubén hasta que las refacciones de mi piso concluyeran era algo que nunca jamás en toda mi existencia hubiera imaginado.

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¡Wuuuu! Y así empieza una vida! ¿Qué les pareció? ¡Déjenme saberlo en sus reviews por favor!