Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo la historia es mía y uno que otro personaje.
Capítulo 2.
Absurdo
EPOV
Llego a casa a eso de las 8 pm.
Mi cuerpo, cansado y adolorido, sintió el calor de hogar apenas puse un pie en la entrada. Cada tarde después de impartir clases de gimnasia, llegaba ansioso a casa para poder sentir lo mismo. No era fácil tratar de convencer a un grupo de chicos, algunos perezosos, otros no tanto, trotar 40 minutos a la redonda. Siempre me unía a ellos, pero en ocasiones simplemente debía dejarles a solas.
Era tan difícil tratar con adolescentes, a pesar de que los conozco mucho más de lo que imaginan; sé lo mucho que creen odiar a estar edad, sé que les fastidia que los manden y por supuesto, sé cómo ellos piensan de los profesores. Tengo una hija adolescente.
Soy bien recibido por el huracán Alan y el huracán Colin, mis dos sobrinos de cuatro años. Se aferran a mis piernas entre gritos para llamar la atención del resto. Para mi suerte, es Rose quien viene a mi rescate, tomando a cada niño de los brazos y luchando con su paciencia.
Rose es mi cuñada, la esposa de mi hermano mayor, Emmett.
Con el ajetreo de los niños, mi madre viene enseguida y me abraza por la cintura. A pesar de que no soy un niño, ella nunca quiere entender que ninguno de mis hermanos lo somos ya, pero nadie le dice nada para no romper su corazón.
Mi padre está sentado junto a la mesa con el periódico de la tarde, mientras Alice charla con Emmett en sus respectivas sillas. Miro la silla vacía junto a ella.
—¡Papá, llegaste!
Elif trae una bandeja y copas para el agua. Me acerco y con cuidado deposito un beso en su frente, aprovechando además de observarla el día de hoy.
Sonreí.
Para mí había sido un total privilegio verla crecer. De hecho, me sentía un poco triste al darme cuenta que cada día era menos niña, pero su alma seguía siendo la misma. La recordaba corriendo por los jardines, tropezándose y jugando con los animales. Y ahora estaba en esa difícil etapa de la adolescencia, dónde comenzaba a complicarse la vida. A veces no le entendía todo lo que le pasaba, pero trataba de siempre hacerle saber que yo estaba para ella en todo sentido.
Su rebeldía, sus palabras hirientes que no quiere decir. El aro en la lengua que se hizo sin su consentimiento, y respaldada por Alice.
—Ven aquí. —después de acomodar las copas, la envuelvo con los brazos por un minuto— ¿Qué tal la escuela?
—Uh, bien. Lo normal. —respondió lo evidente. No insistía porque sabía que a ella nunca le gustaba que me metiera en sus asuntos.
Esme pone una fuente de ensalada en medio de la mesa y la plática de la cena comienza sin mucho esfuerzo. La mesa es enorme y siempre está llena. Mis padres no cesan en la tradición de siempre cenar en familia, todos juntos, como en las fiestas de fin de año.
Vivimos todos juntos en la misma casa; Emmett, su esposa Rosalie y los gemelos. Alice, Elif y yo. Prontamente se nos uniría Jasper. Mi madre quería mantener a la familia unida, y nadie puso objeción en ello. Nos tuvimos que mudar a una casa mucho más grande cuando la familia se empezó a agrandar, y era bastante cómoda. Situada en un extremo de la ciudad cubierta por la vegetación.
Mamá despeja su garganta cuando todos nos hemos quedado en silencio.
—Mañana instalaremos nuestro puesto en la feria anual. —anuncia con entusiasmo.
—¿No es la venta de garaje? —inquiere Emmett.
—No, querido, sería venta de garaje si vendemos en casa.
—Yo te acompaño, mamá. Tengo tiempo mañana. —le digo.
Alice se nos une también, ofreciendo su ayuda.
—Yo trabajo, pero Rose puede ir —se disculpa Emmett mirando hacia Rose, que asiente en respuesta.
La feria anual estaba destinada a recaudar fondos para la ayuda solidaria y llevábamos varios años ayudándoles en familia. Mamá nunca se lo pierde. Ella vende ropa usada en buen estado, juguetes de los chicos, cuadros de pintura, etc.
—Gracias por la ayuda, como siempre. —dice con una sonrisa, chocando la copa de vino con mi padre.
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NarradorPOV
Más tarde esa noche, cuando casi todos se fueron a dormir, Elif entró al cuarto de Edward y lo esperó mientras se bañaba. Llevaba escondida la fotografía dentro de su pijama, cuidadosa no hacer ruido y asegurarse que la llave de la ducha siguiese corriendo. Caminó de puntillas hasta el armario y se subió arriba de un banquito igual que cuando era niña.
Sacó la fotografía de Isabella de su ropa, la misma que se la mostró el día en que la conocía.
Con un estruendo el cual maldijo, cerró la caja y escondió el banquito rápidamente antes de que fuese descubierta. Evitó pensar en ello, e incluso, evitó pensar sobre quedarse con la fotografía. Edward salió del baño en ese momento, encontrando a Elif sentada sobre su cama con la vista fija en el suelo.
—¿No puedes dormir?
—¿Tengo que tener insomnio para venir a verte, papá?
—Claro que no. —responde divertido— Antes que se me olvide, mañana estaremos temprano en pie, para ayudar a tu abuela.
Elif hace un mohín, pero asiente de todos modos.
—No es el panorama que quería tener un fin de semana.
Edward suelta una risita.
—Ni tan temprano será… a las ocho puede ser.
—¿A las ocho? ¡Estás loco!
—La feria empieza a las diez, y te conozco lo suficiente para saber que eres lenta para vestirte y tomar desayuno.
—Uf. —recuesta la cabeza en la almohada— Me haría la enferma si no supiera que es para ayudar a la abuela. En fin… —de un salto se pone de pie— me voy a la cama.
Besa a su padre en la mejilla y este la abraza antes de irse. La ve desaparecer por la puerta y un suspiro se escapa de sus labios.
Él era solo un joven indisciplinado cuando Elif nació, conquistando de inmediato su corazón. Tuvo que convertirse en padre soltero a los 18 años, ser buen estudiante y un trabajador ejemplar para el resto. Todo al mismo tiempo. Aunque valía la pena cada vez que llegaba a casa y veía los ojos de su hija. Nada podía ser tan malo. Nada era tan importante como ella.
Incluso, mucho más importante que todo el dolor que Bella Swan le causó alguna vez.
No eran novios ni nada formal, eran dos adolescentes que se atraían demasiado. Las hormonas jugaron con ellos y se rindieron. El problema era que los padres de Edward nunca iban a ver bien si él mantenía una relación sentimental con ella. Se llevaban por pocos años, pero Bella en ese entonces tenía 13 y él 15, y la diferencia era evidente. Al menos en aquel tiempo.
Además, era la mejor amiga de Alice y eso era suficiente para hacer un pare a sus sentimientos. Estuvo perdidamente enamorado de Bella durante tanto tiempo que estaba acostumbrado a verla desde lejos. Sin embargo, cuando ella cumplió los quince, las cosas comenzaron a cambiar. Bella dejó de ser y actuar como una niña y él estaba en esa etapa de no callarse nada. Terminó confesándole sus sentimientos en la escuela sabiendo que ella podía romperle las ilusiones en dos segundos. No obstante, eso no sucedió, porque Bella también sentía lo mismo que él.
Empezaron al revés. Ella quedó embarazada al poco tiempo y la vida les cambió de una manera impresionante. El padre de Bella estaba tan furioso con ellos que le prohibió a Edward acercarse a su hija. Cuando estos finalmente arreglaron la situación, estaban dispuestos a intentarlo en serio. Se querían mucho, pero estaban muy asustado con el bebé en camino.
Se prometieron tenerse el uno al otro para siempre, e incluso si ya no fuera sentimentalmente, sí para lo que él bebé necesitara.
Y luego ella desapareció.
Elif llevaba unas horas de nacida cuando Bella arrancó del hospital. Edward estaba devastado. Era como si se la hubiese tragado la tierra. No entendía las razones que tuvo para irse así. Las promesas rotas que se habían hecho… siempre creyó que su familia estaba detrás de ello porque Bella no desapareció sola, ellos también lo hicieron.
Edward tuvo la esperanza de ver volver a Bella a pesar de que Elif ya tenía un año. A veces se la imaginaba en su puerta, llorando y disculpándose de su error. Pero eso nunca ocurrió.
Edward apoyó la cabeza en la almohada, relajado y apartando la imagen de Isabella de su mente. Recordar cosas del pasado no era tan bueno a veces, menos recordarla a ella, así que decidió esfumarla como hacía siempre. Esfumarla de su corazón.
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EPOV
Después de dar vueltas en la cama la mitad de la noche, decido bajar a la cocina por un vaso con agua. Encuentro a Alice tarareando una canción mientras sirve leche caliente en una taza.
—¿Insomnio?
—Ahá. —respondo, sacando el jarrón de agua de la nevera.
—Yo también. Los planes de boda me tienen loca.
—Qué extraño eso en ti —me burlo, ganándome un codazo por su parte— Me alegra saber que tú y Jasper se lo estén tomando en serio. Me gusta él para ti.
—Lo dices porque es tu amigo.
Me rio— Y bueno, se necesita mucho coraje para casarse contigo.
Alice no alcanza a darme un codazo cuando me aparto con el vaso.
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Son las 6 de la mañana cuando decido levantarme de la cama. No logré vencer el insomnio por la noche y solo pestañé un par de horas. Siempre me pasa cuando tengo ese tipo de recuerdos en mi cabeza. Esos tristes y poco claros recuerdos. Con verdadero pesar, tiendo la cama y cepillo mis dientes en unos minutos.
Elif viene saliendo del cuarto de baño del pasillo cuando salgo de la habitación, y ella no me nota por ir distraída.
—Eh, te ves rara.
—Y tú fatal.
Le doy un beso en la mejilla.
—Sí, gracias
—¿No pudiste dormir?
Toma un poco de su alborotado cabello y lo retuerce con las manos.
—Algo así, pero nada del otro mundo. —le quito importancia— Te ves triste hoy. ¿Te pasa algo?
Elif rueda los ojos, apartándose de mí al instante.
—Cosas tuyas.
—¿Segura?
—¡Edward! ¿Estás levantado? ¡Necesito tu ayuda! —Alice grita desde el primer piso.
Dejamos la conversación hasta ahí y Elif aprovecha su salvada para ir a su habitación.
Lo cierto es que ella ha estado actuando extraño en los últimos días. Mi madre dice que es el colegio que la tiene estresada. Alice piensa que es la edad. Yo digo que algo hay que no quiere decirme. Anda en las nubes, distraída, triste. Intenté otras veces preguntárselo, pero siempre evade la respuesta.
Bajo a la cocina mientras veo el fallido intento de mi hermana al desarmar la mesa de picnic.
—Te juro que esta cosa me odia ¡Me odia!
Frunzo el ceño para no reírme.
—Lo complicas todo, Alice. —tiro las patas de la mesa para dejarla sujeta contra la pared del mueble.
Mis padres recogen montones de bolsas con ropa mientras me arreglo con la mesa. Sin embargo, la cocina se nos hace pequeña cuando a mi madre se le ocurre ponerse a planchar justo a nuestro lado, aún si tiene un cuarto de planchado.
Elif y Emmett le ayudan con la ropa, y en pocos minutos tenemos todo listo para meter todo en el furgón. De algún modo nos acomodamos todos en los asientos, unos más apretados que otros, pero cómodos al fin y al cabo.
La mayoría de puestos son familiares como el nuestro. Padres de familia, hijos e incluso nietos. Se ayudan entre todos. Nuestro puesto es el más colorido; atrapa sueños en los bordes en la entrada, luces de colores, inciensos.
Elif pone los ojos en blanco cuando la mandan a reorganizar la ropa. Si hubiese sido por ella, se sienta en la silla y mira el celular todo el día. Al menos en eso estamos de acuerdo con mi madre. Mientras más tareas se le encargue, menos tecnología en su cerebro.
Nos va bastante bien las primeras tres horas. Vendemos atrapa sueños por cantidades, cuadros de pintura y unos pantalones viejos de Carlisle.
A la hora de almuerzo todos estamos exhaustos. Alice se deja caer en la silla de playa. Elif se toma toda el agua de su botella como si fuera el último sorbo del planeta. Mi madre no se detiene, esperando que aparezca algún otro cliente. Carlisle llega con la comida caliente a nuestro puesto.
Está repartiendo lo que nos corresponde cuando escucho una voz a la distancia:
—¡Mira, pero qué lindura de cerditos!
Una mujer mayor sostiene un figurín de cerditos en una alberca.
Analizo su rostro extrañamente familiar.
Esme mira a mi padre. Mi padre mira a Alice y Alice me mira a mí antes de volver a la mujer.
—¿Nany?
La anciana levanta la vista del figurín. Su ceño se frunce hacia Alice, como si no pudiese recordarla. Mi corazón late demasiado rápido.
—Nany, querida. ¿Te acuerdas de mí? —le pregunta mi madre, sorprendida de verla.
Entonces Nany se fija en mi madre, y todo le cuadra. Su expresión de desconcierto cambia a la sorpresa máxima.
—¡Esmeralda Cullen!
Grace Higginbotham, más conocida como Nany… la abuela materna de Bella.
Ni siquiera me muevo para saludarla. Estoy tan impresionado de verla de nuevo. No es tanto por ver a Nany, sino lo que eso conlleva. Automáticamente se me vienen todos nuestros momentos juntos en la niñez. Lo que eso significa… lo que significa para Elif.
Su cara sigue tan lisa como hace 14 años.
Siempre le tuve mucho aprecio a Nany porque en cierto modo, también fue una abuela para mí. Fue ella quién nos ayudó a Bella y a mí con Charlie. Era ella la que se metía en problemas por nosotros, culpándose de todo y aconsejándonos de cómo ser más discretos una próxima vez.
—Santo cielo, el tiempo no pasa por ti. —le dice a mi madre y se abrazan.
Alice no se aguanta y se acerca rápidamente.
—Dígame que se acuerda de mí.
Nany, con su humilde y amorosa sonrisa, le toma la mano.
—Es imposible olvidarme de alguien tan loca como yo.
No sé qué hacer. Sé que debo saludar, ser amable, pero me siento tan a la deriva. Tantos sentimientos encontrados, tantas preguntas que quiero hacer al mismo tiempo. ¿Es correcto? ¿Es a ella a quién debo hacerle estas preguntas? Creo que no.
Nany se voltea a verme, como si me hubiese reconocido enseguida.
—Los años tampoco pasan en ti, muchacho. —reconoce.
—Me da… mucho gusto volver a verte, Nany. —digo con sinceridad.
—A mí también. —contesta— Y ahora que te veo mejor… ¿qué hiciste con tus piernas de gallo y las espinillas? ¿eh?
La mayoría ríe.
Carlisle le pasa una silla a Nany con amabilidad, ella se sienta y empieza a hablar como siempre. Si hay algo en esa señora es que siempre tiene algo para decir y uno nunca se siente incómodo con ella. Hablan sobre la vida y la kermés. Esme le cuenta que tiene 3 nietos y que Alice está pronta a casarse. Ella poco habla de su familia y a pesar de que Edward estaba intrigadísimo en saber, no pregunta.
—¿Andas solita? —Esme le tiende un vaso con agua.
—No pues, con los pies y el bastón.
—¡Nany!
—Oh ¡Aquí, pecosita 2!
Su vista se va hacia la chica pelirroja en medio de la kermés.
—Espera, espera, espera ¿esa es Renesmee? —Pregunta Esme aún más sorprendida.
Edward abre más los ojos porque no cree que esa fuese Nessie, la niña de 6 años que dejó de ver hace tanto tiempo. La chica que se acerca es delgada, pelirroja y con pecas en el rostro. Sus facciones son las mismas, eso fue lo único que distingue de Ness.
—¿Nessie? ¡No puedo creer lo enorme que estás! ¡Te ves hermosa!—Alice chilla viéndola.
Pero Renesmee parece un poco perdida en su lugar.
Esme se pone delante de ella.
—Supongo que no te debes de acordar de nosotros. Soy Esme, yo te conocí cuando apenas caminabas.
Nessie sonrió con amabilidad.
—No, la verdad no recuerdo.
—Es que pecosita 2, eras una bebé chillona y moquienta, eso recuerdan de ti.
—También te quiero, Nany
Hay rasgos, pocos eso sí, que a Edward le recuerdan mucho a Bella.
Renesmee está absorta mirando detrás de Esme.
—Oye ¿nos conocemos de algún lado?
Está hablándole a Elif.
Todos se vuelven a mirar entre ellos, más nerviosos que curiosos.
Y Elif está pálida como la cal.
—No, no creo…
—¡Ya me acordé! Tú fuiste a mi casa el otro día… ¡Sí! Me preguntaste…
—¡Pecosita 2, no agobies a la pobre muchacha! Si apenas y nos hemos reencontrado.
Edward mira a Elif y tiene la sensación de que quiere que la tierra la trague. Hay algo raro allí, algo raro que Elif oculta. Traga saliva con dificultad volviéndose a Renesmee que sigue muy fija mirando a su hija. Luego Elif da media vuelta y se va del puesto como alma que lleva al diablo. Podría haberla seguido pero se queda de pie, delante de Nany y Renesmee, escuchando como discuten.
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Llegan a casa agotados de tanto trabajar. Rose había llegado a media tarde con los niños y había sido de gran ayuda. Ahora están descargando todo lo que no se vendió de la kermés, pero Edward necesita hacer algo pronto, necesita hablar con Elif que desde que había pasado ese suceso, ella no había dicho ninguna palabra en todo el camino de regreso.
Ayuda a su madre con las bolsas, a Carlisle con la mesa y a Alice con las sillas. Cuando están todos dentro, Emmett se percata de inmediato que algo raro pasa, pero no dice nada. Elif está subiendo las escaleras cuando Edward la llama. Baja con la vista fija en el suelo y las manos en los bolsillos.
Está consciente de que tiene a toda su familia escuchando la conversación.
—Elif ¿Quieres explicarme qué pasó esta tarde?
La chica dibuja un círculo con la zapatilla.
—No sé de lo que hablas, papá.
—¿Por qué esa chica te conocía?
Escucha los murmullos de Emmett sobre qué carajos pasa.
—No lo sé.
Edward aprieta la mandíbula.
—Sabes lo que odio cuando me mientes, Elif.
Ve como traga con dificultad, sus mejillas excesivamente rojas.
—Puede que yo… haya hecho cosas a escondidas —Suelta con voz débil.
El cobrizo no sabe si sigue sintiendo el suelo sobre sus pies, pero sigue viendo a su hija que se mueve de un lado a otro.
—¿Qué cosas?
—Edward ¿por qué no hablan a solas?
—Esme —Interrumpe Carlisle.
Elif cierra los ojos cuando dice:
—Busqué a mi mamá biológica.
Silencio absoluto. La chica abre los ojos nerviosa de sus reacciones, pero no hay ninguna reacción. Probablemente todos saben lo que viene a continuación.
Elif prosigue:
—Me dieron esa dirección, así que fui… pero la señora me dijo que ya no vivía ahí, que era su hija, entonces… le pedí la dirección de dónde podía encontrarla pero no quiso dármela —Edward ya está con los puños apretados de coraje, no iba a hacerle nada a su hija, por supuesto, la rabia y el coraje era consigo mismo— y ahí conocí a Renesmee… le inventé una historia como que yo le había pedido un favor a su hermana, y luego ella me dio la dirección de donde se había mudado.
—¿Fuiste?
—Sí —Asintió levemente— La vi.
El cuerpo se le hela, es probable que a su familia también le haya pasado lo mismo.
—¿Viste a Bella? —La voz de Alice se quiebra cuando pronuncia su nombre.
—Sí… —Elif suspira— Yo necesitaba hacer esto, papá —Ahora está mirando a Edward con los ojos llenos de lágrimas— Necesitaba preguntarle por qué lo hizo.
Escucha sollozos de su madre, pero está tan absorto viendo a Elif que no pudo moverse.
De alguna forma encuentra su voz:
—¿Te lo dijo?
Se sorbe la nariz.
—Sí. —Ella suspira limpiándose las lágrimas de la cara — Perdóname, papá.
Sube corriendo las escaleras.
Hubo completo silencio desde que se escucha el portazo en el cuarto de Elif. Alguien palmea su espalda con cariño y tuvo que pestañear varias veces para darse cuenta de que se trata de su padre. Él está frunciendo los labios y asintiendo en señal de apoyo, luego lo deja donde está para encerrarse en su estudio. Alice no le dice nada, ella, su madre y Rose se van para terminar de ordenar. El único que no se ha ido es Emmett. Éste le dice unas pocas palabras que no escucha y lo arrastra hasta la sala del piano. Prepara dos vasos de whisky con mucho hielo. Se sientan en el sofá a beber en silencio.
El primer mes de vida de Elif, Emmett llevó a Edward a un bar para beber hasta perder la razón. Quería que su hermano por una vez en la vida olvidara un poco los problemas, y estaba en lo cierto. Fue la primera noche donde no pensó ni en Bella, ni en pañales, biberones, llantos y vacunas. Y esta noche es una de esas veces. Sin embargo, no quiere emborracharse porque tiene un tema pendiente con Elif. No sabe cómo preguntarle, no sabe qué decirle. Se siente furioso al darse cuenta que su hija ha hecho todo esto sola, sin el apoyo de nadie. Probablemente él le hubiese dicho "no" de inmediato si se lo preguntaba y ahí estaba el error. No puede imaginarse lo que ella sintió y pensó al encontrarse cara a cara con la mujer que le dio la vida, pero la misma que la abandonó.
Cuando empezó a crecer pensó que Elif no necesitaba de una madre. Tenía a Esme, a Alice y supuso que ella encontraría en donde refugiarse. Pero Edward estaba totalmente equivocado en eso, Elif fue creciendo y se daba cuenta de lo incómodo que era para su hija el hecho de no tener mamá. No le gustaba participar en los programas del colegio para el día de la madre, tampoco le gustaban las películas familiares. Y es que Elif nunca se atrevió a preguntar por una madre hasta que cumplió los 8 años.
Hay cosas que te complican la vida y a Elif preguntando por Bella.
Recuerda que ambos estaban en la playa paseando a Sandie, su perro mascota de entonces. Estaban corriendo detrás del animal mientras reían y luego Elif se tropezó en la arena, dio una voltereta que hizo que el corazón de Edward se detuviera en un segundo. La niña dio la vuelta y quedó sentada en la arena con los ojos bien abiertos. Cuando él llegó hasta ella ya estaba llorando con las rodillas raspadas. Trató de soplarle pero la pequeña no paraba de llorar.
Entonces Edward empezó a cantar la canción de Esme: sana, sana colita de rana, si no sana hoy, sanará mañana.
Los lagrimones de Elif dejaron de correr y ella miró fijamente a su padre.
—Las mamás de mis compañeras también cantan esa canción —Luego se quedó hipando mientras sobaba su rodilla— Papá ¿por qué no tengo mamá?
Se quedó sin aliento mirando a su hija. Amaba lo azules que eran sus ojos, su pelo rubio caía ondeado en un listón rosa.
Inhaló profundamente para responder.
—Porque a veces no se puede tener papá y mamá al mismo tiempo.
Eso no era suficiente para Elif.
—Tengo amigas que tienen papá y mamá, otras que tienen solo mamá, pero yo tengo solo papá.
Suspiró viendo que Elif estaba arrugando la frente, claro indicio de que estaba molesta.
—No es malo no tener mamá, Elif. Te hace ser una chica especial.
Esa fue su respuesta, esa fue la respuesta durante años, pero Elif tiene 14 ahora y recién se da cuenta de que al fin y al cabo, no es suficiente. De modo que tuvo que buscar por sus propios medios una respuesta que él no pudo darle… porque tampoco sabe por qué su hija no tiene mamá.
Bebe un segundo vaso de whisky justo cuando Carlisle entra al cuarto de piano. Emmett termina de beber de su vaso para irse y dejarlo a solas con su padre. Carlisle es una persona muy serena, siempre tiene la palabra justa en el momento justo. Él fue otra de las personas en el cual se apoyó cuando no sabía de dónde apoyarse.
—Día difícil —Dice con una sonrisa triste.
Edward está fijamente mirando el hielo en su vaso.
—¿Qué hago ahora, papá?
Carlisle tiene los brazos apoyados en sus rodillas y sus manos están entrelazadas.
—Hacer lo que tienes que hacer.
—¿Y qué tengo que hacer? ¿Qué demonios tengo que hacer?
Su padre suspira.
—Ser sincero con Elif.
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Tarda 10 minutos en tocar la puerta de la habitación de su hija. Mientras tanto da vueltas por el pasillo como un desalmado, pensando y pensando en las palabras más adecuadas, pero luego se da cuenta que nada de eso sirve, puesto que con Elif nunca se sabe si vas a terminar en una discusión fuerte o calmada. Ella siempre lo deja con la palabra en la boca.
Elif está sentada de piernas cruzadas y mordiéndose el labio por la ansiedad. Sostiene con fuerza la almohada en sus brazos, siguiendo los pasos de Edward que caminan para sentarse en la cama. No se dicen nada por un momento; mirarse el uno al otro es suficiente para decirse un millón de cosas. La realidad es esa: Elif ya no es una niña y él tampoco es ese adolescente de 18 años que apenas sabía mudar un pañal sucio.
Elif carraspea, tomando la palabra.
—Lo siento mucho, papá. Es en serio.
En un intento de calmarse, cierra los ojos.
No, no es posible que esté lamentándose.
—No tienes por qué sentirlo, Elif. Soy yo el que debe pedir disculpas.
Ella frunce el ceño.
—¿Por qué?
Al ser grande, parece que todo fuese más fácil, pero no lo es. Si Elif fuera una niña, también se vería complicado con explicarle algunas cosas.
—Porque debí haberte hablado de tu madre desde un principio. Si eso hubiese pasado, entonces tú no hubieses tenido que buscarla a escondidas.
Alcanza la mano de su hija, dándole un leve apretón.
—Tampoco insistí en que me hablaras de ella.
—Eso es porque sabías mi respuesta. —Se miran el uno al otro— Voy a ser súper sincero contigo, Elif… yo tampoco supe por qué ella se fue.
Agita la cabeza, sonriendo sin muchas ganas.
—Siempre fue esa mi sospecha.
Hay un breve silencio a continuación.
—¿Puedo preguntar qué fue lo que te dijo?
Elif encoje los hombros, los ojos fijos en el movimiento de sus temblorosas manos.
—Miedo… que era demasiado joven. Ya sabes… es la excusa de todas —Arruga los labios— No lo sé, papá. Me dejó pensando.
—¿Pensando? ¿Qué cosa?
—Qué se yo. Ella dijo algo así como… las cosas no siempre son lo que parecen. —Resopla— Te lo juro, papá, que antes de conocerla imaginé la situación un millón de veces. Quería gritarle, quería decirle cuanto la odiaba, que era un ser humano horrible —Los ojos de Elif se llenan de lágrimas— sin embargo no pude hacerlo. Y eso me hace sentir muy mal conmigo misma porque ella se merece todo mi desprecio.
Edward reprime el impulso de llorar como ella, en cambio, envuelve en un abrazo a su hija, que llora desconsolada en su hombro.
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No está seguro de lo que hace, pero al fin y al cabo ya se encuentra aquí. Aun sostiene el papel con la letra de Elif en lápiz rojo. La dirección y número de la puerta donde vive Bella. Tal vez es una completa estupidez que él deba buscarla. Ella eligió ese destino y es absurdo obligarla a enfrentar su propia cobardía.
Aclara su garganta al tiempo que da dos golpecitos a la puerta. Se obliga calmarse por Elif y porque no quiere sufrir un paro cardíaco aquí mismo. Tan pronto como escucha los pasos cerca de la puerta principal, su aliento se atasca en su garganta al punto de que sus labios se secan completamente.
El rostro de Bella Swan nubla su vista y ella se queda estática delante de Edward.
No hay una lista de cosas sobre qué debe hacer cuando te reencuentras con tu ex. Menos una lista para explicarte cómo tratar a la madre de tu hija.
Aquí está ella… después de tanto tiempo.
El cambio que ha tenido en 14 años es en verdad muy notorio. La de entonces chica de listones y sonrisa ingenua, no queda nada. Está frente a frente a una mujer hecha y derecha; su cuerpo voluptuoso de una forma que le adecua muy bien. Está seguro que debe estar tan pálido como ella en este momento. Vuelve a aclarar su garganta, los segundos pasan y ellos siguen mirándose estupefactos.
—Bella —Es lo primero que sale de su boca.
El pecho de su ella se eleva a gran velocidad.
—¿Qué… haces aquí? —Tartamudea y Edward se percata que sigue marcándosele una línea en la frente cuando está nerviosa.
Da un paso al frente.
—Hay muchas razones por las que estoy aquí.
Bella empuja la puerta hacia atrás.
—Adelante.
—No voy a quitarte mucho tiempo. No quiero que creas que vengo a invadir tu linda vida, solo quiero cerrar esto lo antes posible.
Bella ni asiente ni niega. Cierra la puerta, posterior a seguir a Edward hasta el sofá.
El inmueble huele a nuevo. Un poco de pintura y las cajas que aún no desempaca. Las paredes tienen una tonalidad neutra, el brillo perfecto en las ventanas corredizas. El sofá es suave y cómodo, aunque cómodo es la palabra que él utilizaría en este momento. Nota que Bella se sienta lejos de él a propósito, tal vez para que no viese lo histérica que se encuentra. Lo supone porque hubiese hecho lo mismo en su lugar.
Pasados unos quince minutos, ella aclara su garanta.
—Viniste a hablar de Elif —No es una pregunta, es una afirmación.
—Sí —Contesta de forma inmediata— por ella estoy haciendo esto —Eleva el rostro y se queda fijo en los ojos verdes de Bella. Lo único en ella que no ha cambiado. Es lo único que hace la diferencia. Le parece increíble que aquella mujer sea la misma chica de antes— A Elif le diste tu versión absurda del abandono, y yo vine porque quiero saber la verdadera razón.
Bella sacude la cabeza, sorprendida.
—¿Qué quieres decir?
Se pone de pie de un salto, acercándose y sintiendo esta extraña energía que provoca su cercanía. Como un imán llevándolo hasta su presencia. Bella se sujeta de la mesa, aguantando la respiración.
—No te creo nada. No me compro la excusa barata y cliché que le diste a Elif. ¿Por qué lo hiciste, Bella? ¿Por qué nos dejaste?
Holaaa...
Quiero agradecer el recibimiento de esta historia en Facebook, al igual que la opinión sobre el fic. Yo tampoco nunca encontré historias donde sea Bella la que abandona y creo que la cosa debe ser equitativa, de modo que puse a escribir.
Cata: Te respondo aquí porque me escribiste en anónimo. Pues... sí, tiene final feliz. No me gustan los finales tristes y masoquistas, para eso tenemos la vida real ¿no? jajja
También aclarar que aquí la única víctima es Elif, no piensen que Bella lo sea, aunque puede que sí, ojo puede que lo sea, eso lo veremos más adelante y como transcurre todo, sea como haya sido, tenía puesto bien los 16 años pero tampoco olvidemos que a esa edad o las cosas son blanco o negro, muchas veces tomamos decisiones a la ligera o bajo la opinión de terceras personas.
Me cuentan que les pareció, nos leemos pronto
Besos
