Los siguientes personajes del manga death note pertenecen a Oba/Obata.
Debajo de un árbol, el más frondoso de todos y lejano de Wammy's House, Linda se encontraba dibujando los últimos detalles de la ilustración de Near. Desde aquel beso no había podido dejar de hacerlo, ahora tenía más inspiración que nunca, ahora lo sentía. Él era algo así como su musa.
¿O es muso? —Soltó una pequeña risita, la palabra le resultaba graciosa. Disfrutaba estar en ese lugar, adoraba la naturaleza, aunque prefería estar adentro con Neal.
No es muso, no seas tonta. —Una voz causó que se sobresaltara, lanzando el bloc a unos centímetros de ella. Tomó el bloc entre sus manos, mientras ella lo veía estupefacta. Near nunca salía del orfanato, ni loco. Pero ahí estaba, junto a ella.
¿Qué haces aquí? —Mordió su labio inferior, mirándolo.
Es un buen dibujo. —Se encogió de hombros, sentándose junto a ella— Vine a verte.—Linda se quedó callada, ¿Qué podía decir? Nunca se preparó para esa clase de situaciones por el hecho de creer que jamás sucederían. Para su sorpresa, por fin había dicho eso, no como hace un par de días, que no le explicó por qué estaba en la puerta de su salón.
¿No dirás nada? —Near la miró y ella sintió que podía ver hasta su alma. Sus ojos eran más profundos que el mar, estaba segura de ello.
—No sé qué decir.
Eso realmente es raro. —Esbozó una sonrisa. ¡Near sonrió! Linda sintió un vuelco al corazón, no podía creerlo. ¿Estaba soñando? Porque él nunca había mostrado signos de sentir, mucho menos de sonreír, de estar contento— Linda, estoy enamorado de ti.
Abrió los ojos, todo estaba obscuro. Linda llevó una mano a su frente, estaba sudando y su corazón palpitaba a una velocidad increíble.— Fue un sueño— Una gran desilusión para ella. Suspiró, decepcionada. Todo había sido tan real, incluso pensó que fue un sueño lúcido o algo por el estilo. Pero el saber que Near podía decirle algo así, afirmaba que sí fue un sueño y que sólo en su mente algo así sucedería.— Fue hermoso— Sonrió, volviendo a cerrar los ojos.
Near se paseaba por toda su habitación, impaciente. Incluso accidentalmente pateó las piezas de su rompecabezas que se encontraba en el suelo. Era primero de enero, aproximadamente las dos de la madrugada y Nate no podía conciliar el sueño. Desde el veintitrés no había podido dormir. En su mente, la escena y la sensación del beso no era algo que fácilmente pudiera borrar, de hecho, no dejaba de pensar en lo sucedido. A pesar de no tener ningún sentimiento hacia Linda, era inevitable sentirse extraño. ¿Cómo podía haberlo disfrutado?
Eres humano—Se dijo a sí mismo. Pero eso no implicaba tener ese comportamiento. ¡Eso lo distraía! Después de todo él estaba ahí por una razón, ser el sucesor de L. Sabía que era el mejor candidato, que incluso Mello lo odiaba por eso. No podía perder por sentimientos tontos. Enojo, confusión, duda. Esos sentimientos no estaban permitidos.
Se recostó sobre su cama mirando el techo. Él no tenía sueños, pasiones, pero sí aspiraciones. Quería ser como L, ser a quien tanto admiraba. Y sabía que él no se dejaba llevar por sentimientos banales, por eso era el mejor. Restregó sus manos contra su rostro. Una cosa era sentir emociones por lo que le sucedía —y podía ocultar—, y otra, sentir emociones por alguien más.
Está mal lo sé, pero no puedo dejarlo ir. —Murmuró. Se sentía deprimido. ¿Fue tan fácil fallar? ¿Tan sencillo caer en lo que todos caen? El amor es algo efímero, tanto que no tiene caso. ¿Por qué tanto por tan poco?— Espera. —Se levantó de golpe. ¿Por qué esos pensamientos? ¡No la amaba! Y eso era suficiente. Se sintió feliz de seguir siendo él mismo. No tenía por qué preocuparse. Linda era una mujer que no tenía nada que ofrecerle, no necesitaba nada de ella.
2, enero.
Las clases dieron inicio, todos se encontraban exhaustos y sin muchas ganas de estudiar, sólo tres o cinco días tenían de vacaciones de invierno, pero no podían quejarse, tenían suerte. Mello no dejaba de bostezar, sentado en su pupitre, mientras veía a Matt jugar con su consola. No entendía cómo el pelirrojo podía estar como si nada después de haberse desvelado incluso más que él. De su pantalón, sacó una barra de chocolate que se encontraba a la mitad. Se la llevó a la boca y le dio una brusca mordida. No había nada interesante, nada nuevo. Y eso era raro, solía escuchar rumores en esas fechas. Wammy's podía tener sucesos dramáticos.
¿No hay nada nuevo? —Matt negó con la cabeza, más por inercia que por haberlo escuchado. En esos momentos Mello solía desear poder destruir esa maldita cosa que absorbía a su mejor amigo.— Ya ni me tocas por esa estúpida consola.
Matt lo miró de reojo, haciendo una mueca que parecía más una sonrisa— Siempre serás el número uno en mi corazón.
No lo parece. —Dijo en un tono molesto, mirando hacia otro lado, sin dejar de comer su barra de chocolate.— Pues yo amo más el chocolate que a ti.
El pelirrojo no dijo nada, sabía que eso le molestaría más a su amigo. Estaba acostumbrado a esas rutinas donde el rubio despertaba de malas y le reclamaba.
—Detesto dibujo, no sé por qué la tomé. Ni siquiera soy bueno. La maestra me dijo que mi gato parecía un adefesio.
En Wammy's House se desarrollan todos los potenciales de los estudiantes, incluyendo pasiones. Después de las clases, a partir de los dieciséis, se permite tomar una optativa donde pueden relajarse y disfrutar de un buen rato. Dibujo, literatura, música, deportes y comunicaciones. Son obligatorias y tomadas sólo los miércoles.
No te lo dijo así. —Matt bajó por un segundo su consola— Dijo que no era lo tuyo. Eso debiste pensar antes de inscribirte, Linda es un año menor que nosotros, idiota. —El pelirrojo sonrió ladino, mirando a su amigo.
Cállate. —Hizo bolita su envoltura y se la aventó, sin embargo Matt se hizo a un lado, cayendo en la silla de uno de sus compañeros que se encontraba vacía.
—Te gusta tanto que incluso tendrás que soportar a Near, fue una mala jugada.
La optativa con menos alumnos era dibujo, por lo que Near optó por inscribirse. No era tan malo, pero no le causaba emoción alguna, sólo lo hacía por cumplir. Por otro lado, Mello sabía que a Linda le gustaba dibujar y decidió inscribirse, sin tomar en cuenta que ella no asistirá. Near entró con un aire despistado, buscando con la mirada un lugar alejado de los demás. Contó diez personas en el salón, deteniendo los ojos en Mello, que al darse cuenta de su presencia, estiró la mano hacia él, mostrando el dedo medio. El albino ni se inmutó, caminó hacia los pupitres del lado izquierdo—toda esa fila estaba vacía— y tomó asiento.
La clase duraba una hora, la maestra Minel les enseñó más técnicas que empezaron a poner en práctica. La primera media hora daba explicaciones y la otra, debían realizarlas. Mello se esforzaba por hacerlo bien, pero sabía que no era talentoso, tantas veces tomó el borrador que perdió la cuenta. Matt estaba haciendo líneas sin sentido, ¿Por qué demonios siguió a su mejor amigo? Y Near realizaba el dibujo tan bien, pero notándose su aburrición. No entendía de qué le serviría dibujar, pero no podía desobedecer. Ellos sabían lo que hacían, eso quiso pensar.
Mira a ése bobo. —Dijo Mello, Matt alzó la mirada. Near estaba en el escritorio mostrando su dibujo y recibiendo elogios de la maestra— Ni en dibujo lo supero.
Podrías pedirle ayuda a Linda. —Dejó su lápiz en la mesa, feliz de que su amigo sacara tema de conversación.
—Lo dudo. Si se entera y obvio lo hará, de que Near viene aquí le ofrecerá su ayuda.
Podrías decir que eres el peor de todos, y no mentirías. —El rubio lo fulminó con la mirada, pero tenía razón. Podía funcionar.
La clase terminó y todos se levantaron de inmediato, a excepción de Near, que salió minutos antes. Mientras Mello y Matt acomodaban sus cosas, una joven de cabello negro y rizado, se acercó a ellos.
—¡Ustedes!
Matt la miró desconcertado, ella no solía hablarles. Si lo hacía, era porque tenía algún chisme o necesitaba ayuda— ¿Qué sucede, Samantha?
No sabrán de lo que me enteré. —Dijo con un aire aparentemente inocente.
Había atinado. Mello, negó con la cabeza molesto, no le gustaba escuchar esa clase de cosas, eran estúpidas.
—Y te afecta, Mello.
El rubio la miró confundido, haciendo una mueca de desagrado.— ¿A qué te refieres?
Diana y Jonathan me contaron que cuando iban a la sala de estar a colocar un adorno en la manija de la puerta, vieron a Linda y Near besándose. ¿No es un escándalo? —La morena gritó, emocionada. Disfrutando el momento.— ¡Quién iba a pensarlo! Él que luce tan serio e inocente. —Dicho ésto, Samantha se fue corriendo con su grupo de amigas, como si sólo hubiera ido para decirles eso. Matt no miró a Mello por unos segundos, estaba intentando comprender todo, no podía creerlo.
—Tú... ¿Crees?
Miró a Mello, que apretaba los puños y estaba enrojecido del rostro.— Las noticias si que vuelan. —El rubio tomó sus cosas y jaló a Matt de su suéter de rayas negras con rojo, dirigiéndose a la puerta.
Linda se encontraba en la sala de estar esperando a Near, sabía que él tomaba una clase extra y era de dibujo, podía ofrecerle su ayuda y pasar más tiempo con él. Había sacado el rompecabezas favorito del albino, sabía que le gustaría ese detalle. La castaña se preguntaba cómo debía actuar, ¿Eso los hacía novios? ¿O era apenas el cortejo? Nadie sabía del beso —o eso pensaba— sólo Laura, su mejor amiga.
"—Deja que él de el siguiente paso, no te desesperes"
Laura tenía razón, de él dependía su relación ahora. Se llevó ambas manos a su estómago, le dolía. Ahora entendía la frase "Amar duele."
La puerta se abrió y por inercia, Linda dirigió la mirada hacia ella. Near entró con prisa y dejó sus cosas en el sillón. Miró el suelo, se encontraba la caja de su rompecabezas favorito. No recordaba haberlo dejado ahí. Se sentó en el piso, cruzando las piernas y abrió la caja. Linda quiso saludar, pero recordó lo que dijo Laura, así que con una gran pena, se quedó callada. Nate vació el contenido, dejando las piezas esparcidas. Notó la presencia de Linda, pero ella no lo saludó. Frunció ligeramente el ceño mientras tomaba una pieza, ¿Por qué ese repentino silencio? Pero no iba a preguntar, por él, mejor; seguramente era por el beso. El día había sido largo, un poco pesado y tedioso. Lo que más necesitaba era tranquilidad y paz.
La castaña por su parte, estaba impaciente. "Seguro está nervioso" pensó, pero no era lógico, él nunca estaba nervioso. Comenzó a jugar con los dedos de sus manos, esperando a que él hablara, o al menos la saludara. Pero no hubo respuesta, y Linda, no entendía por qué.
—¿Acaso estás loco? ¡No podemos meternos en problemas de nuevo! Si vuelves a golpear a Near te darán un buen castigo.
Mello y Matt se dirigían a la sala donde se encontraba su rival y Linda. Matt estaba preocupado, por alguna extraña razón Mello lucía tranquilo, pero de igual forma, no era buena señal ir ahí— Cálmate ya.
Pasó una media hora y Near seguía sin decir nada. Linda suspiró, tal vez Laura se había equivocado, además no perdía nada, ella siempre era la que hablaba— Oye... —Frunció la nariz, no sabía muy bien qué decir— ¿Qué tal la clase de dibujo? Sabes, soy muy buena dibujando, podría ayudarte.
No es necesario, soy el mejor. —Colocó una pieza y volvió a tomar otra. "Ya te habías tardado, niña molesta" decidió seguir concentrado en su rompecabezas, no debía dar ni la mínima señal de interés.
Mientras se dirigía a la sala de estar, Near suponía que Linda ya estaba ahí. No podía controlarla, ni mandarle alejarse, porque ya lo había intentado y falló. Sólo le quedaba ignorarla lo más que pudiera y manejarlo de una forma en la que ella no se diera cuenta, pues insistiría. Básicamente debía hacer que perdiera su gusto por él, y eso era el reto más grande de todos.
A punto de ofrecer de nuevo su ayuda con otra técnica, Linda fue interrumpida por dos personas que entraron a la habitación haciendo mucho ruido, en especial el rubio. Matt y Mello —que nunca iban ahí— se lanzaron a los sillones, como si nada. Matt con su consola y Mello con su barra de chocolate. Linda iba a gritarles, a reclamarles qué hacían ahí, pero al ver que Near no hizo nada, ella también se mantuvo serena. Near debía ver que era madura.
Vaya, Linda. Qué atrevida. —Mello la miró sonriendo, burlándose de ella. A lo que Linda no entendió, ¿A qué se refería?
¿De qué hablas? —Ladeó la cabeza, concentrada más en su amor platónico que en su amigo; era tan lindo cuando se concentraba.
—Después de lo que pasó sigues viniendo aquí.
Ella siempre viene. —Interrumpió Near, molesto. ¿Qué mosco le picó al rubio? ¿Qué demonios hacía aquí? Sabía que no había venido en vano.
No hablo contigo, idiota. —Respondió Mello.
No te entiendo. —Suspiró Linda. Otra vez iba a salir con sus tonterías.
Habla del beso. —Matt decidió entrar al juego, después de todo debía apoyar a su mejor amigo. Pero aún así, el nivel veinte resultaba más interesante que discutir con Linda —una joven perdidamente enamorada— y Near —una roca.—
Near y Linda se miraron en automático con la boca abierta, incluso, se le notaba un poco a Nate la sorpresa. ¿Cómo demonios se habían dado cuenta? En ese momento, el albino tomó un mechón de su cabello; debía arreglarlo. Linda era pésima mintiendo. No podían confirmarlo, eso arruinaría todo. Era un golpe a la realidad de que realmente ocurrió.
No sé de qué hablas —Dijo él, a la defensiva.
Vaya Near, no te conocía esas mañas. —Se rió Mello, aunque tampoco lo creyera del todo, y para eso, debía sacarlo de la boca de Linda.— ¿Es cierto, Linda?
Era lógico, él se iría contra Linda. Admitía que Mello podía ser listo, pero sabía que él lo era más.— Nunca besaría a alguien como Linda, y eso tú lo sabes. ¿No es así, Mello? —Dejó la pieza de donde la tomó y dirigió la mirada al rubio, que molesto, no quería admitir que era cierto.
Linda no podía hablar y no debía. Entendió la indirecta de Near, él no quería que los demás supieran, pero le dolía que lo negara. después de todo él correspondió el beso. El albino se levantó, habían arruinado su tarde de paz. Caminó hacia la puerta y se detuvo en el umbral, y por encima del nombro, miró a Linda.
—Nunca me enamoraría de Linda, por lo tanto, no tengo por qué besarla.
Nadie dijo nada. Matt y Mello sabían que era cierto y que era más probable convertirse en sirenos a que Near y Linda se hubieran besado, Samantha era una chismosa, todos lo eran; pero Linda estaba punto de llorar, se sentía avergonzada y humillada. Por lo tanto se colocó de pie, debía aclararlo todo a solas con Near. Ignoró los comentarios de sus amigos y corrió hacia la puerta, la cerró de un golpe y buscó con la mirada al joven de cabello blanco. Estaba no muy lejos de ella.
—¡Near, detente!
El joven obedeció, se detuvo y siguió dándole la espalda; sabía que ella lo haría, era tan predecible. Linda corrió hasta estar a su lado, y con enojo y desilusión, habló— ¿Por qué negaste nuestro beso?
No tienen por qué saber —Se encogió de hombros, jugando de nuevo con un mechó de su cabello— Ni siquiera significó algo.
Linda retrocedió unos pasos, llevando su mano a su boca. ¿Cómo podía decirle eso? ¡Le dio su primer beso y él no lo valoró!— Pero fue nuestro primer beso y correspondiste. —Dijo en voz entrecortada.
—¿Y qué? Lo dices como si fuera algo importante, pero no es así. Correspondí porque sentía curiosidad, algo similar a eso.
La castaña agachó la cabeza, unas cuantas lágrimas salieron, corriendo por sus mejillas. Nunca había cometido mayor estupidez que esa. Y por primera vez, pensó que Near era un idiota. El notó que estaba llorando y si era honesto, le pareció tonto. ¿Por qué tanta conmoción? No era para tanto. Inclinó su torso hacia ella.— No llores. Yo te advertí que no sentía nada por ti. Déjame en paz, no puedes seguir creyendo que algún día estaré contigo.
La castaña se lanzó hacia él, tomándolo de su camisa blanca con fuerza, tanta que él se sorprendió. ¡No lo aceptaba! No iba a quedarse con ese triste recuerdo de su primer amor y su fallida relación, si así podía llamarle. A pesar de sus palabras, de lo cruel que estaba siendo con ella, lo seguía amando.— Lo siento Near, pero no me rendiré. Hagas lo que hagas, yo seguiré enamorada de ti. ¡No importa cuánto intentes alejarme! Sé que tal vez ahora no significó nada para ti, pero algún día, me amarás tanto como yo a ti. Esperaré el día en que me necesites, Near.
