A rose by any other name

By Ishtar_moon

Capitulo 2. Little girls are made of sugar and spunk.

El alba me alcanzo de regreso a casa un lunes en la mañana. Regresaba de mi trote matutino cuando el destello del sol reflejado en los cristales negros de los edificios del centro me cegaron por un momento. Me detuve en una interseccion esperando porque el semaforo cambiara de luz cuando conciente de mi presencia me atrevi a mirar a mi izquierda donde el imponente edificio de H&D attorney emergia de los cimientos del pavimento como si lo hubiesen arrancado de Nueva York y lo hubiesen plantado alli.

Era una columna de bloques rojizos, con ventanales lo suficientemente grandes como para que un hombre de estatura mediana cupiese por ellas sin tener que agachar la cabeza. La fachada me recordaba a un hotel, con su puerta giratoria y dos maceteros de granito guardando la entrada. Tendria alrededor de diez pisos, los cuales conte brevemente con la mirada, y en la cima, sosteniendo el techo, habian gargolas en piedra que miraban a los transeuntes como aves de caza.

Tire del cuello de mi sudadera y tome un sorbo de agua de la botella plastica que habia traido conmigo. El frio de la madrugada se sentia delicioso contra mi piel. Mire el reloj digital que colgaba a un lado del edificio. Eran las seis y cuarto, en una hora parte de mi sueño se haria realidad.

Sonriente retome mi marcha, cruzando la calle y doblando la esquina una cuadra mas abajo.

Tenia tiempo suficiente para llegar a mi pequeño estudio, tomar una ducha y vestirme con el nuevo traje que compre para la ocacion.

El apartamento donde me rentaba, era muy popular entre estudiantes universitarios por su cercania al centro de la ciudad. Estaba escondido en una callejon de mercaderes, entre una tienda de farmacos naturales y un gimnasio.

La entrada era un pasillo estrecho y largo con una verja de metal como puerta. En el primer piso estaba el apartamento de la persona encargada de mantenimiento y de recoger la renta a principios del mes, junto con dos apartamentos y la lavanderia al final.

Desde que me habia mudado hace un año atras nunca supe mucho acerca de las personas que vivian en el segundo piso, mas de que uno de ellos era muy buen cocinero por el aroma a cerdo asado que siempre provenia de alli y parecia quedarce impregnado de las paredes estrechas de la escalera.

Mi apartamento estaba en el tercer piso al final del pasillo. A diferencia del resto de los demas, y una de las razones por las cuales lo escogi era porque tenia un balcon techado y privado que daba a la calle colindante y de donde se podia ver el mercado abajo y la torre de Tokyo sin imterrupciones.

Subi las escaleras de dos, aprovechando para estirar las piernas en el descanso de las mismas. Poco a poco las voces de la calle abajo se filtraban en el aire como un despertador; sin mas subi el resto de las escaleras y me encamine hacia la verja que servia de entrada a mi dominio.

Saque las llaves del bolsillo de mi sudadera y entre acompañada por el clink del metal a mi espalda.

Era bueno estar en casa.

Tres años atras habia tomado la decision de convertirme en abogada. Luego de soltar la noticia a mis padres, casi como si estuviese esperimentando una dislocacion de mi alma; me vi aturdida por el torbellino de cambios en mi vida.

Tuve suerte de poder clasificar para la unica beca que ofrecia la universidad de Eitoku cada tres años. Como requicito los ingresos de la casa tenian que estar por debajo de los niveles standar, lo cual no fue un gran sacrificio, mis padres estaban en el bordeline de la pobreza.

Segundo tenia que tener un historial de buen escalafon durante el transcurso del preuniversitario, y una conducta intachable. Cosa que no me preocupaba, ya que mi vida social consistia en un circulo vicioso de la casa a la escuela y de la escuela al trabajo de media jornada y de ahi a la casa.

Tercero tenia que pasar el examen de entrada, que no solo incorporaba preguntas academicas sino que tambien incluia pruebas de etiqueta, conocimiento de musica, una breve discusion de politica y conversaciones en ingles. Junto con la aplicacion para la beca, que incluia una foto de identificacion y reconmedaciones academicas o sociales, tenia que añadir una redaccion de tres paginas de por que habia elegido la prestigiosa universidad Eitoku.

En ese momento crei que no lograria entrar, a pesar de las noches en vela estudiando y de la generosidad de la profesora de musica en darme clases extras a pesar de que inevitablemente no tenia talento alguno para tocar un istrumento.

Pero el dia del examen, me vesti con mi mejor uniforme, me mire al espejo y vi a la muchacha de siempre sonriendome. "Tsukushi Makino, tu puedes hacerlo. Incluso la yerba puede crecer en el desierto." Y decidida tome el autobus esa mañana y cuando entre por las magnificas puertas de la ciudad que era la academia de Eitoku, senti que la suerte me sonreia.

Y fue asi, porque a pesar de los ciento y pico de estudiantes que aplicaron el primer dia conmigo, al examen solo nos presentamos diez. Al dia siguiente, encontre mi nombre entre la lista de estudiantes a quienes se le otorgo la beca, que incluia todos los gastos de las clases, los libros y hasta vivienda si se trataba de alumnos fuera del districto.

Esa mañana luego de ver el boletin a la entrada de la universidas senti que mis piernas se tambaleaban y cai al suelo como una marioneta. Aun era muy temprano para que los estudiantes entraran, y fue por eso que me deje llevar por la euforia y me tire de espaldas en el cesped con un cielo azul luminoso por techo. Recuerdo que rei a carcajadas y hasta tire un par de puñetazos al aire, todo sin saber que cerca de mi habia alguien que me miraba divertido.

Me sonroje hasta el cuello al recordar mi primer encuentro con el profesor de leyes constitucionales. "Tsukushi Makino, verdad?" Le escuche decir y de resorte me levante del suelo, sacudiendo lejos de mi todo el polvo y la yerba que se me habia pegado en mi revolcon. Avergonzada me incline en saludo. Maldiciendo mi entusiasmo por lo bajo.

"Me alegra que hayas pasado el examen." Me comento el hombre, que por su voz baja y algo cavernosa supuse tendria alrededor de cincuenta años y que hubiese comprobado si en ese momento mi verguenza no me dejaba levantar la cabeza.

"Mis intensiones por entrar a la academia Eitoku, no es solo por el prestigio, ni la historia que tiene, ni la calidad de la facultad, sino por el resultado que obtienen. Una universidad que eduque personas que comprendan los valores humanos y protegan esos derechos a pesar de las barreras sociales es en mi modesta opinion la mejor inversion academica..."

"Mi redaccion..." Balbuci anonada luego de escucharla ser recitada de memoria por el anciano. Finalmente levante la cabeza y le vi a los ojos. El profesor llevaba sus años con dignidad, a pesar de la ligera calvicie, los parpados caidos y las lineas en su boca.

"Fue la peor redaccion que ningun estudiante me haya entregado." Concluyo tajante a lo que no pude mas que contemplar embotada. "Pero la mas honesta, y solo por eso di mi voto de aprovacion. Espero que pongas todo ese entusiasmo en mejorar tu escritura y en memorizar todos los tomos de leyes. Derecho no es un concurso para conocer a tus idolos."

Mientras le veia retractarce hacia la escalinata del edificio principal no sabia que creer de el. A mis espaldas las rejas se habrieron como por arte de magia y un desfile de carros importados me pasaron por el lado ignorando mi diminuta presencia. Tuve el presentimiento de que este incidente marcaria mi estilo de vida en la universidad, pero siempre que tuviese profesores como el de leyes supuse que todo estaria bien.

Y asi fue que al tercer año de mi carrera de derecho, el profesor Hiroshi me llamo a su oficina despues de clases. A pesar de su fama y prestigio como abogado, y de los amigos- la mayoria gente que sudaba dinero- Hiroshi-sensei le gustaba su espacio y por consiguiente su oficina era igual.

Leyes constitucionales era mi ultimo periodo del dia, y aun disponia de tiempo para almorzar en el pequeño restaurante que una amiga mia de la infancia administraba, y que estaba a cinco minutos de la universidad. Como cada vez que Hiroshi-sensei me llamaba a su oficina, me di una vuelta por el restaurante de Yuki para comprar un par de dulces de sus preferidos y un par de latas de refresco de uva gaseoso que para mi sorpresa era el talon de aquiles del profesor.

Su oficina era un hueco en la pared del tercer piso con techo de catedral que almacenaba estantes enormes de libros; y para el cual necesitabas de una escalera para alcanzar.

"Makino-kun." Le escuche llamarme detras de una montaña de papeles y libros sobre el buro que tenia en el centro de la oficina y que daba la espalda a unos ventanales iguales de enormes que los libreros de donde se veia la rotonda y el jardin de rosas en el medio.

"No importa cuantas veces lo vea, aun me parece impresionante." Murmure para mi tomando la bolsa de plastico y sentandola sobre la mesa de te que tenia junto al ventanal.

"Es una pequeña replica de los jardines del palacio en Londres, pero eso es lo de menos, me trajiste mi encargo?" Sonrei .

"Por supuesto, Yuki ya los tenia listos para mi." Continue sirviendo tajadas de pie de crema de coco en un platillo de porcelana azul y el refresco en un vaso de cristal largo como un tubo de ensayo.

"No se supone que sensei no deveria comer tantos dulces?" Pregunte alarmada al verlo tomar una cucharada gigante del pie y saborear la cuchara como un crio.

"La vida es muy corta para presindir de delicias como estas. Que es lo peor que puede pasarme, un infarto?" No pude decirle que me apenaria grandemente perderlo, siendo este pequeño ritual mi unico oasis en la universidad.

"Eso seria imposible." Contrarestre yo tomando una porcion pequeña del mismo. "Primero se muere de la sobervia."

"Niña engreida, se cree que porque puede entrar como dueña de la casa me puede insultar?"

"Tome, aqui tiene otra porcion del pie, por suerte Yuki lo prepara con menos azucar porque de otra manera sus doctores ya le hubiesen ingresado." Hiroshi-sensei resongo por lo bajo, pero aun asi termino su plato y luego de limpiarce los labios con una servilleta me miro seriamente.

"No te llame solamente por los dulces." Deje a un lado los platillos sucios para dedicarme completamente a sus palabras. "Solo te queda un año y despues tendras que tomar el examen del buro para poder ejercer como abogada. "

Aun me parecia mentira, pero estaba a un paso de lograr mi meta.

"Hasta ahora le has dado de largo esperando por la mejor oportunidad, pero creo que este es el momento de que tomes la desicion de tomar entrenamiento laboral."

Mi corazon tropezo . "Pero la consejera academica me dijo que el mejor momento para ello era en el ultimo año, cuando no tuviese tanta materia que cubrir."

"Me vas hacer caso a mi o a la momia esa?" Trague en seco al verlo tan enojado y accedi.

"Hay muchas ramas que abarca la carrera de abogado, y lo que quiero que hagas es que a travez de experiencia en el campo descubras cual de esas ramas te acomoda mejor; y para que en parte sientas que todo este tiempo estudiando hasta quemarte las pestañas no fue por gusto."

En mis ojos Hiroshi-sensei era el mismo budah en persona. Mi alegria brotaba de los labios como un manantial de sonrisa. "Gracias, Hiroshi-sensei, muchas gracias."

Sensei, sonrio algo ruborizado, y para cubrilo carraspeo la garganta. "Pero no creas que todo saldra facil. Para esto tuve que contactar a colegas mios que hacia mucho tiempo que no veia. No fue nada facil encontrar una plasa de interno en la firma; tendras que hacer todo lo que te pidan, y tendras que reportarte en mi oficina todos los viernes con tu tarea de la semana." Segun iba hablando, sensei tomaba parte de la montaña de papeles sobre su buro y las embutia en un una carpeta verde la cual a duras penas cerro con una liga. Sin mucha ceremonia las planto sobre la mesa de donde aparte los platillos sucios por miedo que los quebrara del golpe.

"Aqui tienes tu curriculum para el semestre entrante, ya hable con los jefes de departamentos, y me dieron su aprobacion al respecto, lo unico que tienes que hacer es entregar cada viernes tu porcion de la tarea y venir por mas. Tendras que reportarte una vez cada quince dias a tus clases normales para tomar las pruebas pertinentes y por supuesto a las finales."

"Lo otro que tienes que hacer, es..."Dijo buscando por debajo de los papeles en su buro , en las gavetas, hasta finalmente encontrar una servilleta con manchas de tinta en el cesto de la basura y la cual estiro malamente hasta quedar legible. "Aparacerte en esta direccion en la oficina de recursos humanos a las siete y cuarto el lunes. Asegurate de comprate un buen traje. Solamente tienes una oportunidad par dar una buena primera impresion."

Algo dudosa tome la servilleta y a duras penas pude decifrar una M casi corba y una O malformada. "Mando?" Lei en voz alta. Nunca habia escuchado de una firma de abogados que fuera por ese nombre. Hiroshi-sensei me arrebato la servilleta, se acomodo los espejuelos que traia colgando de la punta de la nariz y leyo claramente.

"H and D Attorney. Que mando ni mando."

"EN SERIO!" Grite azorada, y me abalance al cuello del profesor abrazandolo descomunalmente. "Hiroshi-sensei, no me importa que el resto de la escuela diga que usted es una yegua vieja, para mi es la mejor yegua del potrero!"

Luego de eso sufri una pequeña contucion cerebral gracias a los nudillos huesudos de sensei, pero mi sueño de trabajar en la misma firma que Shizuka-san trabajaba me levantaba del suelo como si le hubiese arrancado las alas a Hermes y las hubiese pegado con goma loca a los costados de mis zapatos.

Ni siquiera la cara asqueada de Yuriko- una de mi compañera de clases en historia del arte- al verme saltar por los pasillos me derrumbo el animo. "Yuriko-saaan!" Grite en perfecta sincronia y la agarre de las muñeca dandole un par de vueltas, y soltandola haciendole perder el equilibrio.

"Esta loca!" Escuche que una de las chicas que siempre andaba pegada de Yuriko le decia a la otra. "Deve ser cierto eso que es amante de la yegua vieja."

Me detuve en medio salto y gire hacia ellas. "Mas que eso, mis queridas goblins, yo soy la fan numero uno de la yegua vieja!" Y esperando que Hiroshi-sensei saliera de su oficina y me arrebatara la alegria a garrotazos, me aleje dando zancadas y riendo de lo lindo.

Por supuesto que ni el momento en el que me secaba el pelo frente al espejo , ni en el momento en el que diligentemente me vestia con la camisa blanca, la chaqueta crema, la saya de tubo –que podia usar sin reparos gracias a mi rutina de ejercicios, o en el momento en el que me ponia los zapatos de tacon que limpie de polvo amorosamente, pude imaginarme que esa mañana de Lunes seria la primera de muchas en las que me arrepentiria de levantarme de la cama.