ARMONÍA

II: REACOMODOS

Sala del trono, templo del Patriarca

Saga puso los ojos en blanco. Había dejado a Kostas bajo el "responsable" cuidado de su hermano gemelo fuera del templo del Patriarca, mientras él y Casandra asistían a una audiencia con el maestro Shion y con Athena. La buena noticia era que Sofi estaba supervisando a Kanon. Saga estaba molesto con su hermano desde el último regalo que les había dado, pero sacudió la cabeza, y se volvió hacia el Patriarca, sin soltar a su chica.

Lamentablemente, no era una conversación tan agradable como Saga hubiera deseado. Saori aún no había bajado de su templo, y Shion los había llamado antes de la audiencia para darles un largo y aburrido sermón sobre la paternidad responsable.

-No lo podía creer de ti, Saga, cuando me enteré de lo que había pasado- continuó Shion, mientras el santo de Géminis intentaba reprimir un suspiro fastidiado- creí que tú serías una persona más responsable. ¡Me lo hubiera esperado de Milo, no de ti! Y no te habías hecho responsable del niño-

Saga bajó la mirada, pero para ocultar su evidente fastidio. Aioros, que sabía lo que su amigo debía estar pasando, discretamente subió al templo de Athena a traer a la diosa mientras Saga era sometido a los regaños del Patrirarca.

-Lo lamentamos mucho, señor…- dijo Casandra, dudosa, en una de las pausas que Shion tuvo que hacer para tomar aire durante su regaño- pero eso pasó hace mucho tiempo, y estaban pasando cosas complicadas en el Santuario. Ya no se puede hacer nada al respecto ¿o sí? Además, yo nunca le dije que tenía un hijo, Saga no pudo…-

-¡Ese no es pretexto, señorita!- dijo Shion, interrumpiéndola mientras alzaba la voz, haciendo que la chica diera un respingo y apretara la mano de Saga- un santo dorado debería saber mejor. ¡En todos mis años como Patriarca, ningún santo de Géminis fue nunca tan irresponsable! Además, nunca imaginé que…-

-¡Saga!- exclamó Saori, llegando de pronto y haciendo callar a Shion de golpe por la sorpresa. Los presentes se volvieron a la entrada, donde acababa de llegar Saori acompañada de Aioros- ¡no lo puedo creer! ¡Eres padre!-

Casandra sonrió, y Saga estuvo a punto de sonreír también. Saori estaba tan emocionada que dejó el báculo de Niké en manos de Aioros, y se lanzó a abrazar a la pareja al mismo tiempo. Casandra estaba tan sorprendida por el súbito abrazo de la adolescente diosa, a quien apenas la había conocido hace poco una vez, que se quedó helada. Saga no dijo nada.

-¡Estoy tan contenta por los dos!- exclamó Saori en un tono emocionado, una vez que los soltó de un larguísimo abrazo- ¿dónde está tu hijo?Ya lo había visto antes, pero ¿puedo conocerlo? ¡Dí que sí!-

Una gruesa gota de sudor resbaló por la cabeza de Shion. Al demonio todo su sermón sobre la paternidad responsable. Por su parte, Saga le lanzó una mirada, y sonrió mirando a Casandra. Las puertas de la sala del trono se abrieron, y Kanon entró, llevando de la mano al pequeño Kostas, seguidos de Sofía, quienes miraban embelesados y maravillados todo su alrededor.

Saga frunció el entrecejo por un momento al recordar la razón de su fastidio con Kanon. Kostas estaba usando el último regalo de su tío: un trajecito de marinero que Casandra había visto y pensaba que se le vería adorable, y que Saga le había dicho que pensaba que era un traje de marinerito gay. Kanon, quien había escuchado el intercambio, ni lento ni perezoso había ido a comprarlo y regalarlo a la pareja, para total enojo de su gemelo y deleite de su cuñada.

-¿Más escaleras, tío Kanon?- preguntó Kostas.

-No, no más escaleras, enano- dijo Kanon, sin dejar de sonreír como tío orgulloso que era- hay alguien que te quiere conocer…-

-¿A la señorita Athena?- preguntó Kostas, y volvió su mirada hacia la diosa.

-¡Es lindísimo!- exclamó Saori, acercándose a él tras soltar a Saga y a Casandra, y se inclinó para ver mejor al pequeño- ¡es igual a ti, Saga! Bueno, excepto por sus ojos, pero el resto es igual a ti… Kostas es un… ¡mini-Saga!-

-Buenas tardes, señorita Athena- dijo Kostas, inclinándose como le habían enseñado, y Saori no pudo contenerse y lo abrazó.

Saga asintió con una sonrisa.

-Buenas tardes, Kostas- dijo Saori, mirándolo con una enorme sonrisa, una vez que lo soltó- oh, Saga, es lindísimo-

Enternecida, Saori lo abrazó otra vez. Incluso Shion se olvidó de seguir regañando a Saga y sonrió ampliamente.

-¿Se quedarán aquí en el templo de Géminis?- preguntó Shion, mientras que Saori pellizcaba las mejillas de Kostas y éste pedía auxilio a su tío con los ojos.

-Por ahora no, maestro- dijo Saga, mirando a la chica y sonriendo- Casy quiere quedarse un tiempo en su departamento, mientras… volvemos a conocernos-

-Es una pena, Saga- dijo Saori, apenas apartando su vista del niño y volviéndose a la pareja- pero Casandra y Kostas son bienvenidos en el Santuario cuando quieran venir-

Casandra agradeció a Saori, y Kostas volvió a inclinarse, para inmediatamente después correr a los brazos de su papá.

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Templo de Aries

Milo había bajado al primero de los doce templos a esperar a Aioria, pues el santo de Escorpión no podía dejar pasar un día sin importunar al León dorado sobre Marín. Sus insinuaciones se habían intensificado desde que la amazona se había ofrecido voluntaria a ir a rescatarlo cuando fue herido por los secuaces de Bellini.

-Disculpa, pequeña, sé que es tu hermano, pero seguro piensas igual que yo- le dijo Milo a Lydia, quien estaba en el templo de Aries esperando a Afrodita y a Marín para bajar a entrenar- Aioria es un cabezota de lo peor. Llevamos años mirando a esos dos gustarse, y siguen sin estar juntos-

-Estoy de acuerdo contigo, Milo. Esos dos son igual de testarudos- dijo Lydia a su vez, cruzándose de brazos. Ese día traía puesto un uniforme de entrenamiento parecido al de las amazonas, y una máscara dorada en su mano derecha. Suspiró sonoramente- ¿podemos hacer algo para ayudarlos?-

Milo iba a decir algo cuando Mu intervino, pues no le estaba gustando a donde iban esos dos.

-No creo que sea prudente intervenir en esto, señoritas- dijo el santo de Aries en tono burlón, sobre todo dirigido a Milo- no es bueno meterse en ese tipo de asuntos del corazón, y como muy bien lo saben los dos-

-Bah- dijo Milo en un tono insolente, fingiendo un bostezo- no seas tan aburrido, Mu. Lo haremos por su bien-

Su discusión se vio interrumpida por Afrodita, que bajaba a buscar a Lydia para ir a entrenar al Coliseo. Las rosas de la aprendiz seguían siendo pequeñas y sin mucho veneno, pero cada vez eran más fáciles de formar y de usar.

-Buenos días, Mu- dijo Afrodita de buen humor. Las rosas de su jardín estaban cada vez más lindas, y eso lo hacía feliz- te robaré a tu chica un rato para el entrenamiento de hoy, ya sabes-

Mu asintió tranquilamente.

-Vamos, Afro- dijo Lydia- Marín debe estarnos esperando en el Coliseo. Nos vemos al rato, Mu-

Milo sonrió abiertamente. A diferencia del día en que se conocieron, Lydia y Marín eran ya muy buenas amigas, y la amazona de Aguila solía ayudar a Afrodita con sus entrenamientos de la chica, quien había hecho muy buenas migas tanto con su maestro como con la amazona. Además, los tres compartían el signo de Piscis.

Mu le dio un beso fugaz antes de que Lydia desapareciera detrás de la máscara dorada y siguiera al santo de Piscis hacia el Coliseo, donde Marín los esperaba. Una vez que los dos desaparecieron, Milo le dio un par de codazos en las costillas a Mu.

-¿Quién iba a pensar que los santos más serios del Santuario fueron los primeros en encontrar chica?- dijo Milo, sonriendo astutamente- si Camus consigue novia, ahora sí que el infierno se va a congelar…-

Mu puso los ojos en blanco, pero volvió a sonreír astutamente.

-¿Y qué me dices de ti, Milo?- dijo Mu, entrecerrando los ojos- has salido con muchas chicas, pero ninguna dura mucho. ¿Cuándo vas a tener una novia estable?-

Milo se echó a reír.

-El día que las vacas vuelen…- dijo el santo de Escorpión, con una sonrisa pícara- ¿crees que me gustaría renunciar a mi estilo de vida?-

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Templo del Patriarca

Shion se encontraba en el templo del Patriarca, junto con Dohko. Athena ya había regresado a sus habitaciones para continuar con sus estudios, y no quedaba mucho por hacer. Solo tenían un asunto pendiente.

-Lo que sucedió con Aioros en la isla de Milos no fue una coincidencia- dijo Shion, mirando a su amigo, quien estaba de pie frente a su escritorio, cruzado de brazos- Aioros dijo que el plan de los secuestradores era forzarlo a unirse a ellos y jurarles lealtad para obtener la esfera de Arquímedes. Tengo la sospecha de que trabajan para alguien más, otro dios, porque tenían cosmos-

-Eso justamente tenía en mente- dijo Dohko, cruzándose de brazos- quizá sería buena idea llamar a los otros dos dioses, Poseidon y Hades, y explicarles la situación. Hubo reportes de que el enemigo se esté moviendo en contra de ellos también, y ambos ya han sido atacados-

Shion asintió.

-Después de que Saga y Aioros volvieron de la isla de Milos, envié a varios santos de plata a investigar lo que pudieran, pero reportaron que las catacumbas estaban ya abandonadas- dijo Shion- aunque con señales de que habían estado ahí-

-Probablemente cambiaron de ubicación- dijo Dohko.

-Sí, creo que tienes razón- dijo Shion, y suspiró- hablemos con Hades y Poseidón. Ellos necesitan saber lo que sucedió, y estar sobre aviso-

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Mansión Solo, Grecia

Julian Solo salió de su habitación y caminó hacia la sala a tomar el té, seguido de Sorento. Una vez que abrió la puerta y miró en su interior, sonrió ampliamente antes de entrar.

-Buenas tardes a las dos- dijo Julian con una enorme sonrisa- me da gusto volverlas a ver, chicas-

No obtuvo la respuesta correspondiente a la efusividad que Julian demostraba. Las dos chicas miraron a Julián, y luego se miraron entre sí con un poco de tristeza. Elizabeth solo se sonrojó, cabizbaja, y Catherine forzó una sonrisa, la cual no convencía a nadie. La única reacción favorable a la llegada del joven Poseidón fue la del pequeño perro Cavalier Spaniel que estaba en el regazo de una de las chicas.

Ruff ruff

Julian no las juzgó. Sabía que las dos habían sobrevivido un terrible accidente hacía poco menos de un año, que les había dejado estragos terribles a ambas. Elizabeth había quedado parapléjica, no podía caminar y no había vuelto siquiera a tocar su flauta. Catherine, quien se había dejado crecer el cabello desde aquella ocasión, había tenido un poco más de suerte, solo se había fracturado una pierna, y aún se recuperaba, pero los médicos le habían dicho que no afectaría su movilidad a largo plazo. La joven de cabellos oscuros se había consolado tocando el violín sin parar, y su técnica rozaba la perfección. También el sonido del violín consolaba un poco a su amiga Elizabeth.

Ruff ruff ruff

-¿Y tú cómo estás, Julian?- dijo Catherine por fin, aún con su leve sonrisa poco convincente, acariciando al perro distraídamente- muchas gracias por habernos invitado-

-Yo muy bien, pero las invité aquí para intentar animarlas un poco- dijo Julian con su mejor sonrisa y miró a las dos chicas.

Elizabeth estaba tan callada como siempre desde el accidente, y ni siquiera levantó la vista para mirar a Julián, a pesar de que antes era muy alegre y simpática. Catherine, que usualmente era seria y no hablaba mucho, había comenzado a ser más comunicativa, si acaso solo para evitar que molestaran a Elizabeth con tantas preguntas y para compensar el silencio de su amiga.

-No creo que puedas hacer mucho al respecto, Julian, pero se agradece tu intención- dijo Catherine en voz baja. Elizabeth seguía persistentemente cabizbaja- mejor charlemos de otra cosa, querido amigo. Supe que tú y Sorento reanudaron sus conciertos finalmente. ¿Es verdad?-

-Sí, así fue- intervino Sorento, lleno de emoción a la mención de la música- pero debo confesar que estoy decepcionado de no tocar contigo durante esos conciertos. El señor Julian dice que tú eres la mejor violinista del mundo. ¡No sabes cuanto deseo tocar un dueto contigo, señorita Cathy!-

Cathy sonrió levemente. Su perro, Mister Darcy, sentado en su regazo le mordió la orilla de su blusa, como reclamando atención. Cathy se inclinó besó el pelaje del pequeño perro, para revolverle las orejas y acariciarlo distraídamente. El perro se acurrucó en el regazo de su dueña de buena gana y dejó escapar un gruñido de contento.

-Sorento es uno de tus más grandes admiradores, Cathy- dijo Julian sonriendo.

-No es para tanto, Sorento, en serio- dijo Cathy, sonrojándose levemente por ser súbitamente el centro de atención y volviéndose al general marino- Elizabeth es muy buena tocando la flauta, al igual que tú-

Elizabeth dejó escapar un audible suspiro al escuchar su nombre. Catherine se mordió el labio, y se volvió para tomar su violín.

-Pero a mi también me gustaría tocar junto contigo. ¿Quieres intentarlo ahora mismo?- dijo Catherine. Sorento asintió contento y tomó su flauta. Cathy pasó a Mister Darcy al regazo de Elizabeth y, tras acariciarlo de nuevo, se levantó. Julián ocupó el lugar donde ella había estado sentada, junto a la pelirroja. Incluso Mister Darcy aprobó la noción.

Ruff ruff ruff ruff

Catherine se acomodó el violín en su cuello, y comenzó a tocar una melodía que sabía que a Elizabeth le agradaba mucho. Sorento sonrió, reconociendo la melodía, y se llevó la flauta a los labios, para acompañarla con su música. Julián Solo escuchó admirado la combinación de los sonidos de ambos instrumentos. Incluso Elizabeth sonrió un poco al escucharla, acariciando animadamente a Mister Darcy, que ni siquiera se atrevió a ladrar durante toda la canción.

Julián se preguntó si Catherine sería más de lo que aparentaba. Su música era verdaderamente excepcional. No parecía pertenecer al mundo de los mortales. Suspiró. Seguro estaba imaginándose cosas. Se corrió un poco a un lado, para acercarse más a Elizabeth, quien no se percató de lo que el joven estaba haciendo. Mister Darcy sí se dio cuenta de la cercanía de ese extraño, y gruñó por lo bajo, cosa que dejó de hacer cuando Julián le acarició la cabeza.

Sorento y Cathy dejaron de tocar, y se sonrieron mutuamente. Julian y Elizabeth aplaudieron por unos momentos. Mister Darcy brincó del regazo de Elizabeth y ladró alegremente alrededor de su dueña.

Ruff ruff ruff

-Tocas tan impresionantemente como siempre, querida Cathy- dijo Julian, casi sin aliento por lo que había escuchado- deberías compartir tu don con el mundo. Seguramente serías rica y famosa-

Catherine sonrió, y sacudió la cabeza.

-No, Julian- dijo Catherine, mirando de reojo a Elizabeth, que había dejado de sonreír y volvía a su habitual estado melancólico- no creo que sea buena idea, al menos por ahora-

-No, lo que deberías…- comenzó a decir Julián, pero el mayordomo los interrumpió, tocando la puerta e inclinándose.

-Lamento mucho molestar, señor Julian- dijo el mayordomo, inclinándose, con un tono dudoso, pues temía que Julián lo reprendiera por su interrupción- pero tiene una llamada urgente, proveniente del Santuario de Athena-

Julian frunció el entrecejo, molesto ante la interrupción, pero sabía que no podía rechazar esa llamada, así que asintió.

-Discúlpenme un momento, señoritas- dijo el joven Poseidón- ahora regreso…- y se ausentó de la sala, dejando a las dos chicas con Sorento. Catherine dejó su violín en su estuche y se sentó nuevamente junto a Elizabeth.

-¿Cómo te sientes, Elizabeth?- preguntó su amiga, justo antes de que Mister Darcy brincara nuevamente del suelo a su regazo.

-Mejor- sonrió Elizabeth levemente, mirando a su amiga- me alegra que me hayas convencido de venir-

-Mister Darcy también está contento de venir- dijo Cathy- aren't ye happy, ye wee bonnie dog?-

Catherine sonrió y asintió. Desde el accidente, Elizabeth rara vez dejaba la casa, a diferencia de Catherine, que siempre estaba buscando un pretexto para salir y despejarse. Sabia que no era saludable que su amiga se quedara tanto tiempo dentro de la casa, deprimiéndose por su suerte. No la culpaba. Ella misma se sentía horriblemente deprimida a pesar de que ya podía mover su pierna herida y cuando quedaban descubiertas las horribles cicatrices de sus varias cirugías.

Sorento se puso a tocar su flauta para entretenerlas mientras regresaba Julián. Mientras tanto, éste estaba conversando con el Patriarca Shion en el teléfono.

-Buenas tardes, señor Shion- dijo Julian, en un tono fastidiado, ya que habían interrumpido su charla con sus invitadas, y estaba ansioso por regresar- ¿en qué le puedo ayudar?-

-Lamento mucho interrumpirlo en sus actividades, señor Poseidón- dijo Shion a través del teléfono- le llamo para informarle que la princesa Athena está convocando una junta con usted y con Hades-

Julian bufó. Sabía que Athena no convocaría a una reunión si no estuviera pasando algo importante: eso habían acordado los tres dioses cuando Zeus los "forzó" a hacer la paz entre los tres y dejar de invadir la tierra. Poseidón suspiró.

-Está bien, señor Shion. Asistiré- dijo Julián, enfurruñado- ¿cuándo es la reunión?-

-Pasado mañana, al anochecer- explicó Shion a modo de disculpa- tuvimos que establecer esa hora, ya que a Hades le desagrada sobremanera la luz del sol-

Julian ya sabía eso. No tenía más remedio que aceptar.

-Ahí estaré- dijo Julian, colgando el teléfono.

El joven dios suspiró, un poco decepcionado. Realmente quería ayudar a Elizabeth a volver a sonreír. Ya había pasado un año desde el accidente, y aún no volvía a ser la chica alegre que él recordaba. Y ahora con esto, no podría llevarla a la playa como había tenido planeado.

Julián Solo suspiró, y regresó a la sala tras colgar el teléfono. Vio a las chicas e hizo una mueca.

-Chicas, surgió una eventualidad- anunció Julian. Al escuchar ello, las dos lo voltearon a ver, y Sorento irguió la espalda, un poco alarmado- tengo que reunirme con Saori Kido pasado mañana en Atenas. Lo lamento mucho-

-Oh…- dijo Sorento tristemente.

Catherine echó una mirada a Elizabeth, que había vuelto a agachar la cabeza tristemente, y después de nuevo a Julián. Ella recordaba bien a Saori, quien había sido su amiga cuando eran pequeñas. Quizá sería buena idea…

-Julián, ¿crees que… podamos ir contigo?- dijo Catherine, haciendo que Elizabeth diera un respingo de sorpresa, y que Sorento sonriera- me gustaría mucho conocer Atenas y volver a saludar a Saori Kido, ¿a ti no, Elizabeth?- añadió, volviéndose a Elizabeth. Ésta asintió levemente, sus ojos brillaron. Mister Darcy se emocionó ante la propuesta.

Ruff ruff

-Por supuesto que sí, Cathy- dijo Julian, sonriendo también- Sorento, ¿podrías encargarte de todos los preparativos? Para llegar a Atenas lo más rápido posible-

Sorento asintió y, tras una última sonrisa en dirección a Catherine, se apresuró a salir de la sala para hacer los preparativos necesarios.

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Guidecca, Inframundo

Hades colgó el teléfono, e hizo una mueca de fastidio. Athena quería reunirse con él y con Poseidón al día siguiente. No que le molestara mucho. De hecho, el Patriarca del Santuario de Athena tuvo la decencia de programar la reunión a una hora agradable para él, al anochecer, tomando en cuenta que él no tenía ningún cariño a la luz del día. No, lo que le preocupaba la razón de la reunión. Recordaba que hacía unos días que la misma Athena había ido al Inframundo a preguntar si ellos habían estado involucrados en un ataque en su contra, y sospechaba que tenía relación con eso. En ese momento le había restado importancia, pero si Athena lo había llamo, seguramente era algo importante.

-¿Mi señor Hades?- le interrumpió Hypnos. Hades se sorprendió, y volvió hacia el dios del sueño, levantando la mirada hacia él- ¿sucede algo malo, señor Hades?-

Hades sacudió la cabeza.

-No, nada malo- dijo Hades- es solo que Athena ha convocado una reunión mañana en la noche. Me preocupa lo que puede estar a punto de revelarnos-

Hypnos no dijo nada, solo asintió tristemente. Hades lo miró con curiosidad, olvidando un momento la reunión que tendría con Athena. El dios del sueño se dejó caer en una silla junto al trono vacío que estaba junto al de Hades, el trono de Perséfone, y miró tristemente ese espacio vacío.

Hades se mordió el labio. Sabía lo mucho que Hypnos amaba a su reina. Se sintió un poco culpable de haber desperdiciado tanto tiempo y no haberla ido a buscar. Se hizo a la firme idea de enviar a sus espectros a buscarla tan pronto hubiera solucionado el asunto con Athena.

El rey del Inframundo se levantó y se acercó a Hypnos. Le dio un par de palmaditas en la espalda.

-No desesperes, Hypnos- dijo Hades en un tono seguro, más para sí mismo que para el otro dios- estoy seguro de que pronto la encontraremos-

Hypnos sonrió levemente.

-Pero primero tenemos que ir a ver que sucedió con Athena. Tengo un mal presentimiento de esa reunión- continuó Hades- tú y Thanatos se quedarán a cuidar los asuntos del Inframundo, y los jueces me acompañarán-

Hypnos sacudió la cabeza.

-Si me permite, señor- dijo Hypnos- Radamantys y Aiacos están teniendo dificultades en controlar sus respectivas áreas de dominio. Incluso hubo un motín entre los muertos en los dominios de Aiacos. ¿Le molestaría que Minos y yo lo acompañáramos? Thanatos se puede quedar como regente del Inframundo mientras regresamos, con ayuda de Pandora-

Hades lo meditó, y asintió. Quizá sería buena idea que el tranquilo Hypnos lo acompañara. Además, sabía que los santos de Athena estaban molestos con sus jueces, pero más con Radamantys, no tanto con Minos y Aiacos. Pero sabía que Hypnos tenía razón.

-Está bien, llama a Minos y dile que se prepare para partir- dijo Hades, poniéndose de pie- tendremos que salir a la Tierra por el valle de Enna, en Sicilia, y de ahí viajar a Atenas. Será mejor darnos prisa para llegar a tiempo-

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena, Atenas, Grecia

Aioros sonrió y tomó la mano de Sofía. También él había ido a presentar a su chica con Athena, y ésta le había dado su bendición. Saori se había alegrado de ver a sus dos santos tan felices con sus chicas. En el fondo, sobre todo, esperaba que Saga y Casandra, que tenían un hijo juntos, decidieran casarse e irse a vivir juntos en el Santuario. Pero sabiamente, pues no en balde era la diosa de la sabiduría, aunque con su conducta no lo demostrara siempre, decidió que era mejor respetar su decisión y esperar un poco a que se volvieran a conocer entre ellos.

Aioros condujo a Sofía a través de los doce templos, y la presentó a su otro amigo, Shura. Éste no podía creer lo que había sucedido. Incluso le pareció un poco gracioso que Aioros haya conseguido una chica, cuando su hermano llevaba años tras Marín sin siquiera poderle decir nada. Nadie podría decir que el santo de Sagitario no le había dado un muy buen ejemplo a Aioria. Sofía, por su parte, no dijo nada, solo le parecía divertido las historias que todos contaban sobre el hermano de Aioros no siendo capaz de decirle a una chica sus sentimientos.

-¿Puedo conocerla, Aioros?- dijo Sofía, cuando estaban hablando sobre Marín- tu hermano me cae bien. Quizá podría hablar con ella y decirle… hacer las cosas más fáciles-

-No, no creo que sea buena idea, Sofi- dijo Aioros, atrayéndola hacia sí y besándola en la frente- Aioria y Marín tienen sinceros con ellos mismos. Por lo pronto, creo que tendrás que conformarte solo con Lydia como cuñada. Da gracias que no se puso celosa conmigo como lo hizo con Aioria en un principio-

Sofía se echó a reír. Aioros la abrazó con cuidado, pues aún tenía los brazos llenos de moretones, los cuales le habían hecho en su ultima visita al hospital, cuando la puncionaron varias veces, intentando salvar su vida.

-Vamos, te acompañaré a tu casa- dijo Aioros, sonriendo, ofreciéndole su brazo- el maestro Shion nos convocó a una reunión esta noche, y no me gustaría que regresaras sola-

Sofía asintió, tomando su brazo, y ambos caminaron de regreso a su departamento.

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Bosque dentro del Santuario de Athena

-Recuérdame, ¿porqué estamos entrenando aquí, y no en el Coliseo, como los santos normales?- preguntó Milo, frotándose la frente durante el descanso.

Aioria y Milo habían llevado su entrenamiento vespertino en aquella ocasión al bosque que pertenecía a los terrenos del Santuario por insistencia del primero. No era que a Milo no le gustara entrenar ahí, pues la sombra lo hacía mas agradable, y el fuerte sol de media tarde no los fastidiaba, pero tenía la sospecha de que todo aquello era porque Aioria estaba eludiendo a Marín.

-Ya te lo dije, Milo- gruñó Aioria de mal humor, secándose el sudor con una toalla- no quiero interrumpir a Lydia, que en este momento está entrenando en el Coliseo con Afrodita…-

-…y con Marín- completó Milo, alzando las cejas. Aioria le lanzó una mirada asesina.

-… y no quisiera estorbarles- terminó su frase el santo de Leo.

-Sí, como no, cachorro- dijo Milo, cruzando los brazos sarcásticamente- y yo soy la reina de Inglaterra-

-No lo sabía, su majestad- gruñó Aioria, intentando sonar sarcástico, pero solo se escuchaba molesto, y Milo se echó a reír.

Aprovechó que el santo de Leo estaba distraído e inclinado hacia el suelo, buscando su botella de agua en su maleta de entrenamiento, cuando Milo le dio una soberbia patada en el trasero que lo hizo caer de boca al suelo, encima de su mochila.

-¡Maldito insecto!¡Cómo te atreves, Milo!- rugió Aioria, furioso, encendiendo su cosmo e intentando incorporarse para lanzarse a la yugular de Milo- ¿porqué fue eso?-

-¡Por ser un maldito cobarde y no decirle tus sentimientos a la mujer que amas! ¡Y porque ya era hora de que alguien te diera esa patada que tanto te merecías!- gritó Milo a su vez, incluso sorprendiéndose a sí mismo, y agachándose para esquivar un derechazo de Aioria- ¡la chica te adora! ¡Desafió una orden directa de dos santos dorados para ir a salvarte! Así que deja de llorar y ve a hablar con Marín, cachorro-

Aioria se levantó, enfurruñado, y miró a Milo como si lo fuera a despedazar miembro por miembro. No lo hizo, pues sabía que, en el fondo, el santo de Escorpión tenía razón. El león dorado sabía que tenía que tragarse todo su maldito orgullo y hablar con Marín de una buena vez.

-Tendrá que ser mañana- dijo Milo, una vez que Aioria se calmó- vamos, ya casi oscurece, y tenemos la reunión con el maestro Shion-

Aioria asintió y, aún gruñendo, tomó sus cosas y se dirigió de regreso a los Doce Templos. Milo lo siguió, satisfecho de por fin haberle dado esa patada en el trasero a su amigo, y guardando esa imagen mental para la posteridad.

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CONTINUARÁ…

Notas de Autor:

Mister Darcy: es el protagonista de la novela inglesa Pride and Prejudice escrita por Jane Austen.

Cavalier King Charles Spaniel: es la raza de perros preferida de la nobleza inglesa. La reina Victoria tenía un perro de esa raza llamado Dash. Fue inventada por el rey Carlos II de Inglaterra, por eso su nombre.

Valle de Enna: valle en Sicilia, al oeste del monte Etna, es donde el mito dice que Perséfone recogía flores cuando Hades apareció de un agujero en la tierra para raptarla.

Aren't ye happy, ye wee bonnie dog?: Catherine y Elizabeth son escocesas, hablan inglés con slag propio de Escocia. Eso básicamente significa "estás contento, pequeño perro bonito?"

¡Hola a todos! Espero que les haya gustado hasta ahora. Esperé mucho tiempo para que Milo le diera a Aioria esa patada que creo que (todos) queríamos darle para que se aplique. Aioros le puso buen ejemplo y no tiene pretexto ya. Muchas gracias por sus comentarios. Nos leemos pronto.

Abby L.