Septiembre: extra.

Cuando Ludwig, Feliciano y yo entramos al Colegio W, el año pasado, fundamos la Sociedad de Manga que fue idea de Feli. Arthur fue muy amable y nos permitió seguir con ese club, pero a falta de miembros y la insistencia de Ludwig, lo dejamos y decidimos ayudar al periódico escolar. Les faltaban miembros y estaban a punto de disolver el club. Sin embargo, de momento el único que apoya al periódico soy yo, pues mis amigos no se pueden ver la cara.

―Kiku, ¿me estás escuchando?―la voz de Alfred sacó a Kiku de la cuarta pared.

―Sí, Alfred, disculpa…

―No importa, entonces, ¿qué dices?

―Hmm… ¿sobre qué?

Alfred rodó los ojos, pero ya estaba acostumbrado a que Kiku se perdiera en sí mismo a veces.

―Dejar el periódico. Si ellos no te apoyan, no los apoyes tú.

―No puedo, Alfred. No estamos hablando de apoyar a Ludwig o Feliciano… me comprometí con el club.

― ¡Pues que alguien más se encargue, no importa! ¡Te estás saltando todas las prácticas y el domingo jugamos!

―Solo las matutinas…

― ¡Son importantes!

Kiku, que hasta ahora nunca había podido poner resistencia cuando Alfred se mostraba tan renuente, no pudo decir nada en contra.

― ¡No pueden negarse! Todos aquí aman el beisbol y quieren que lleguemos a la final.

―Ya… ya entendí… veré qué hago―dijo Kiku en un apuro por evitar la mirada hostigante de Alfred―Y, ¿no tienes clase?

―Ah, no. Le di a Artie un mensaje de la directora y cuando fui al salón me dijeron que no había clase. ¿Necesitas ayuda?―Alfred no pudo evitar notar que Kiku tenía el escritorio repleto de papeles.

―Oh… Si estás libre, me vendría bien. Para el receso debe tener listo mi aporte para un artículo.

Desde que Alfred entró al Colegio W, llamó la atención de todos sus compañeros de curso. Además de ser carismático y de buen ver, ya era regular en el equipo de beisbol y apenas iniciaron las clases el mes pasado. También tenía muchos amigos en segundo y tercer curso. Eso era normal, pero las personas con las que Alfred más se llevaba eran miembros del consejo estudiantil. Pero a pesar de siempre querer ser el centro de atención, Alfred no hacía nuevas amistades fácilmente, pues sabía lo superficiales que eran sus compañeros.

―La chica que me invitó a salir ayer…―dijo Alfred una vez terminaron el deber de Kiku.

― ¿La de moño?

―La de cabello corto―respondió sin darle importancia―Creo que ella iba sobre ti.

―No tiene sentido. Ella quería salir contigo.

―Para acercarse a ti.

― ¿De verdad crees que alguien me elegiría sobre ti?―preguntó Kiku sonriendo. Alfred devolvió la sonrisa, sin embargo el comentario parecía no hacerle gracia.

―No digas tonterías, eres la estrella del equipo.

―Si buscas que te de cumplidos, me decepcionas―ambos empezaron a reír, cuando alguien llegó por la espalda de Kiku y lo abrazó.

― ¿De qué se ríen? ¿Han visto a Yao? Creo que me está evitando, no lo encuentro…―el muchacho habló rápido y con energía, usual en él.

―Hm… Yongsoo… ¿podrías…?―Kiku con trabajo se estaba acostumbrando a los repentinos abrazos de Feliciano, a pesar de conocer a Yongsoo desde antes.

― ¿Hm? ¿Qué pasa?―el joven apenas dejaba que Kiku respirara.

―Apártate, Im, molestas―Alfred reaccionó lo mejor que pudo, e incluso intentó ser amable en su petición. Intento fallido.

―Entonces tú estás todo el tiempo molestando―Yongsoo hizo pucheros, y puso más fuerza en su abrazo― ¿Por qué tú si puedes abrazar a Kiku?

Alfred se ruborizó― ¡Cómo sea! ¿No ves que no puede respirar?

Yongsoo liberó al pobre muchacho que ya se estaba poniendo de todos colores, y volteo alrededor―Entonces, ¿Yao?

―Creo que lo vi camino a la cafetería esta mañana, junto con Xiaochun―Kiku habló luego de aclararse la garganta un poco, y Yongsoo desapareció en el acto.

―Tus vecinos no terminan de agradarme…

― ¿En serio? A mí me parece que Yongsoo y tú son muy parecidos―con ese comentario, Alfred frunció el ceño como si hubiera comido algo ácido pensando que era dulce, y Kiku río con ganas. Luego de un rato, Alfred debía irse a su aula.

―Mañana, después de entrenar… ¿te gustaría ver una película o algo?

Kiku sonrió al ver como el rostro de Alfred se llenaba de color mientras hablaba.

―Por supuesto, si no te molesta.

―Para nada―el muchacho sonrió de oreja a oreja, para después irse brincando sin esconder su alegría.

Kiku nunca pensó que su relación con Alfred sería agradable de nuevo, pues hubo un tiempo en que estaban en malos términos. Ya ni siquiera recordaba por qué había sido aquella discusión, y estaba seguro de que era mejor así. Sin embargo la amargura volvía a su vida cuando recordaba la situación de sus amigos.

―Kiku―el susurro de una familiar voz lo llamó.

―Ah, Hola, Lovino―lo saludó después de calmarse por la sorpresa.

―La situación empeoró, esos dos me enferman con solo verlos―el joven se acomodó en el pupitre como si estuviera en su habitación.

― ¿Y eso significa…?―Kiku temía lo peor, y al parecer puso una expresión de susto, pues Lovino se corrigió en el instante.

―Oh, no. No de esa forma. El bastardo y mi hermano por fin aclararon las cosas, en este momento andan por ahí tirando miel―Lovino fingió nauseas mientras hablaba.

―Vaya, esas son muy buenas noticias.

―No estaría muy seguro―rió el muchacho―Van a estar muy ocupados sentados bajo un árbol besándose como para ayudarte con el periódico.

―Bueno…―Kiku tartamudeó―Ludwig sabe ver las responsabilidades…

―Y se deja influenciar por su vida privada muy fácil.

El comentario de Lovino fue, como siempre, directo y certero. A pesar de ser Ludwig muy estricto con seguir las reglas, cuando se trataba de Feliciano, le era inevitable dejarse llevar por sus sentimientos.

―Tranquilo―Lovino se levantó, y sonrió amable―Seguro nada va cambiar mucho. Son unos idiotas, después de todo.

―Eso espero―ver la relajada sonrisa del joven que usualmente estaba con el entrecejo fruncido era en verdad reconfortante.

―Debo irme, ¡nos vemos!―Lovino se fue y Kiku se despidió agitando una mano. Entonces Ivan entró al salón de clases y se sentó en el pupitre detrás de Kiku.

―Hola, Kiku―saludó el muchacho.

―Buen día, Ivan―y para la suerte de Kiku, la conversación no continúo.