Los personajes Seiya (Sailor moon) y Zero (Vampire Knight), son propiedad de Naoko y Matsuri Hino respectivamente.

Capítulo 02"Sombras del pasado"

segunda parte

*** ZERO,POV ***

Eran mediados del siglo XV.

En una pequeña ciudad de Rumania, Cerca del río Muren. Cerca del bosque, se alza un gran castillo, el que fuera un día mi hogar, del cual ahora ya solo quedan los restos.

Me crié como un "señorito de buena cuna, o eso era lo que me recordaba mi madre, la Baronesa de aquel lugar, cuando hacia algo que ella tachaba de incorrecto. Era el primogénito e hijo único del Barón, lo que conllevó a que me educasen sólo y estrictamente para ser el sucesor del título otorgado a mi padre, desde que apenas nací. Mi infancia transcurrió en un sin fin de reuniones políticas, juicios, bailes y cenas sociales, profesores, libros de latín, clases de esgrima y reglas protocolarias. Sin contar con las largas expediciones de caza a las que me sometía mi padre, convencido de la importancia que tenia en la vida de un caballero saber el arte del tiro con arco , la caza del ciervo y demás. Nunca tuve amigos, ni un tiempo para mi mismo, en el pudiera jugar sin que nadie tuviera un par de ojos puestos sobre mí. Cada segundo de mi vida era un recordatorio de reglas que en ese tiempo no tenían sentido alguno para mí. No se daban cuenta que predecesor o no, seguía siendo un simple niño que quería correr libre por las praderas, reír y soñar.

Todo fue cambiando, conforme fui creciendo. La pequeña paz que había en aquel lugar fue despareciendo con el transcurso del tiempo. Una batalla había comenzado entre la iglesia, y el pueblo, las mujeres que creían brujas las condenaban a la hoguera en la plaza del pueblo, organizando todo un espectáculo de ello. Habían también comenzado a multiplicarse los casos de muertes por extrañas criaturas que succionaban la sangre de sus victimas, estos eran calificados con el nombre de vampiros. Aunque en mi mundo estos rumores permanecían lejanos, mi vida ya era lo suficientemente parecida a un infierno como para poner atención a ese tipo de sucesos. Yo seguía implacable cumpliendo con mis deberes con obediencia, pero con la edad también aprendí algunas artimañas para escaparme de vez en cuando de mi jaula de oro. Cuando lo hacía corría al bosque, a un lugar que descubrí en una de mis escapadas, había un pequeño lago situado en el centro de un claro. Me gustaba sentarme allí, cerca de la orilla y observar el reflejo del agua. Había días que estaba tan calmado que se podía ver el reflejo del cielo y de los árboles tan nítidos como si los observaras a través de un espejo. Me encantaba quedarme allí escuchando el suave susurro del viento entre las hojas de los árboles, y el incesante cantar de los pajarillos, sin nadie que me dijera como actuar, sin ordenes, sin reglas, sin el infierno que me rodeaba día a día, el único lugar donde me sentía yo mismo, el único lugar donde no me atormentaba estar rodeado de gente y sentirme solo. Pero nunca me llegué a imaginar que realmente, ese lugar me deparaba más de lo que tenía planeado. Uno de esos días en los que me escabullí del castillo aprovechando la hora en que todos dormían la siesta de la sobremesa, me encontré con una pequeña sorpresa.

A la orilla del lago en el lugar donde me solía sentar, una niña de larga cabellera roja recogida en una cola de caballo, ocupaba mi lugar arrodillada tarareaba una alegre canción mientras frotaba unas prendas sobre una tabla de lavar. Me quedé allí entre los árboles observándola con curiosidad, pero con el suficiente miedo como para no acercarme a ella, pudo pasar como una media hora, hasta que la vi meter la ultima prenda sobre un gran barreño, se incorporó y sacudiéndose el vestido cargó el inmenso barreño sobre su pequeña cabeza, se metió la tabla bajo el brazo y cuando iba a comenzar a caminar, comenzó a tambalearse, tropezó con una piedra y cayó de bruces, esparciendo toda la ropa lavada por el suelo. Me quedé un instante allí paralizado sin saber que hacer, pero cuando la escuché llorar se me partió el alma, y me acerqué a ella.

─¿Te has hecho daño? ─le pregunté tímidamente con la voz temblorosa mientras recogía la ropa del suelo y la volvía a meter en el barreño. Ella dejó de llorar de momento, y me miró con curiosidad.

─¿Y tu quien eres? ─me pregunto entre sollozos.

─Disculpa no me he presentado correctamente-contesté un poco nerviosos, aquella situación me resultaba tan extraña. ─ Me llamo Zero─dije al fin, extendiendo le la mano, ella me miró extrañada y comenzó a reírse sin tomar mi mano.

─ ¡Qué raro hablas! ─dijo con una mirada pícara─hablas como si fueras un principe─ entonces abrió los ojos como platos y me preguntó─¿Eres un príncipe?

─No─contesté de inmediato, aunque era el sucesor del Barón, aunque viviera en un castillo y mis prendas fueran como las de un príncipe, no me gustaba ser recordado por algo tan superficial como un titulo de la nobleza.

─Ah, vaya!...-dijo con desilusión. Esto me hizo sentir mal, ¿había contestado correctamente? Este tipo de situaciones no era usual para mí. Hablar con alguien que no sabía quien era yo, en cierto modo me inquietaba y me fascinaba al mismo tiempo.

─ ¿Por qué pensaste que era un príncipe? ─ pregunté tímidamente con curiosidad intentando arreglar aquella carita de desilusión. Ella me miro con aquellos grandes ojos verdes que brillaron como dos soles.

─ Bueno...pues...porque los príncipes de los cuentos... ─ vaciló un momento y vi como su carita se sonrosaba dulcemente.─ siempre aparecen a ayudar las damiselas en apuros.

No se el motivo, pero aquella ocurrencia me hizo reír. Una risa salió de mi garganta una risa sincera y sin esfuerzo. Ella me miró como si no entendiera el motivo de mi risa, entonces, decidí ponerme serio y seguirle el juego, me incline haciendo le una reverencia

─ Si, es así mi lady, soy el príncipe especializado en la ayuda de las damiselas que tienen apuros con las prendas, y los utensilios de lavar, si me permite ayudarla ─ terminé incorporándome y agarrando el barreño. Ella me miró divertida.

─ Eres un niño raro ─ dijo riéndose ─ pero me gustas ─ se incorporó y me tomó la mano ─ Yo soy Nerea, ¿Quieres ser mi amigo?

¿Amigo? Esa palabra sonó como algo tan lejano, tan extraño, pero me gustaba como sonaba, sentí como mi cara se iluminaba mientras repetía mentalmente la palabra amigo.

─ ¿En serio quieres que sea tu amigo? ─ pregunté todavía incrédulo. Ella me miró extrañada y comenzó a reírse de nuevo.

─ ¡¡¡Pues claro!!! ─ cogió la tabla del suelo se la volvió a meter debajo del brazo y tomó mi mano libre tirando de ella ─ por aquí, príncipe de la ropa ─ dijo divertida mientras se dirigía a un sendero.

Conversamos durante todo el camino, fue una conversación sencilla de llevar, simple... en la que me sentí yo mismo, en la que no tuve que estar pendiente de lo que decía, ni de lo que hacia. Volví al castillo con una felicidad que nunca había sentido. ¡¡¡Tenía una amiga!!!

Los días pasaron y las escapadas eran cada vez más continúas hasta que llegaron a convertirse en una malacostumbre, cada vez que tenia un momento, me escabullía para verla. Siempre nos citábamos en el claro. Charlábamos, reíamos, y a veces me llevaba algún libro y le leía historias, otras veces las citas se convertían en lecciones de lectura y escritura, era una chica inteligente y aprendía con rapidez. Mi vida había dado un vuelco, me sentía feliz en aquellos pequeños momentos en los que era nulo a la realidad que me rodeaba.

Como cada día la acompañé hasta el último árbol del sendero que llevaba a su casa

─ ¿Vendrás mañana a la fiesta? ─ Preguntó con el entusiasmo de siempre, yo vacilé un momento, y ella pareció notarlo, porque pude ver como sus grandes ojos verdes se entristecían de momento ─ Es un día importante, habrá una gran fiesta, y estaremos todos juntos, haremos una graaan hoguera y nuestro abuelo contará historias de esas antiguas, así conocerás a mis primos, ellos quieren conocerte, ¿sabes? les he hablado mucho de ti.

Yo la miré dudoso, no se si sería buena idea, pero siempre que ponía esa cara no conseguía decirle que no, inspiré profundamente y le dije al fin:

─Bueno...no te aseguro nada, pero te prometo que lo intentaré ─ su carita se iluminó de nuevo, me besó la mejilla rápidamente y salio corriendo, mientras sentía un rubor subir hacia mis mejillas

─ Ya verás, ¡¡¡te va encantaaar!!! ─ decía mientras llegaba pegando pequeños saltos a la esquina de su casa.

Estaba por darme la vuelta, cuando el estruendo de unos cascos de caballo irrumpió en la explanada que había frente a la casa de Nerea. Me volví para ver horrorizado como los caballeros de mi padre y unos monjes sacaban a rastras a una mujer de unos 30 años, de larga cabellera castaña con unos ojos muy parecidos a los de Nerea. Por lo cual supuse que era su madre o su hermana, y era cierto lo que temí, pocos segundos mas tarde mi amiga salió por la puerta de la casa corriendo desesperadamente

─ MAMAAA, MAMAAA, NOOO, NO SE LA LLEVEN, ELLA NO HIZO NADA, ELLA ES BUENAAA…─ Gritaba entre sollozos mientras pataleaba entre los brazos de uno de los soldados que la había levantado en alto en la mitad de su desesperada carrera, la madre miró hacia atrás, extendió un brazo hacia ella y acarició su mejilla dulcemente, y con una calma sorprendente le sonrió con ternura y le dijo:

─ No te preocupes mi niña, que mamá volverá pronto... ─ Acto seguido un soldado tiro de ella brutalmente tirándola al suelo que calló de rodillas, ella se levantó con naturalidad soportando el dolor , solo cuando le dio la espalda a su niña ,dejó correr las lagrimas silenciosas por su rostro. No quiso que pudiera ver el dolor reflejado en su rostro, no quiso que su hija recordara el rostro de su madre en pánico, y abnegado en lágrimas. Caminó silenciosa soportando los insultos y blasfemias de los monjes mientras miraba al cielo pidiendo una respuesta, así entró en el carro de madera, y la puerta se cerró. En ese momento el soldado que sostenía a Nerea la soltó en el suelo, ésta comenzó a golpearlo, gritando mil verdades que solo los niños saben decir, el soldado entonces la miró con despreció y la golpeó con un brazo haciéndola caer al suelo. Ese fue el momento en el que me dí cuenta de que eso no era una mala pesadilla, resurgí de un sopletazo a la realidad cuando vi a Nerea caer al suelo rebotando, con su linda carita arrugada de pena, debía hacer algo,¿ Acaso no era yo el hijo del Barón?, tenía que detenerlos, salí de detrás del árbol donde presencié toda la escena y corrí hacia donde mi amiga se encontraba situándome ante Ella con los brazos abiertos.

─ ¡Os ordeno que os detengáis! ─Grité intentando parecer autoritario, pero hijo del Barón o no, cierto era que no dejaba de ser un niño que apenas acaba de cumplir los diez años de edad. Todos quedaron estupefactos ante mi aparición ─ Debéis soltadla ahora mismo ─ continué tratando que no me temblara la voz; intimidado al tener tantas miradas sobre mí.

─ Señorito... ¿Pero que hace usted aquí? ─ Preguntó uno de los guardias incrédulo-se supone que deberíais estar en el Castillo.

─ Lo que yo haga aquí es asunto mío ─ contesté ─ y como hijo del Barón ordeno que soltéis a la dama y a su hija.

─ Señor no podemos hacer tal cosa, su padre nos a ordenado... ─ contestó él, pero yo no atendía a razones.

─ Ella es mi amiga ─ dije mientras ayudaba a Nerea a levantarse del suelo que se aferró a mi brazo temblorosa ─ Y os aseguro que Ellas no han hecho nada.

Uno de los monjes me miró horrorizado, como si lo que dije fuera algo terrible.

─ Por el amor de Dios, lo han embrujado, ¡¡Esa niña es también la hija de Satanás!! ─ dijo mientras alzaba una cruz de madera al cielo y se persignaba repetidamente.

Se escuchó un revuelo de murmullos, entonces uno de los guardias, al que conocía bien se adelantó montado en un majestuoso corcel hasta situarse frente a mi.

─ Señorito, ¿Sabéis lo que vuestros padres dirían si supieran que estáis aquí?, creo que ya ha sido bastante por hoy ,vuestra ridícula actuación debe parar, ahora tiene que venir con nosotros ─ dijo mientras me levantaba con un brazo y me situaba sobre su caballo, a pesar de mis inútiles esfuerzos por soltarme.

─ Ordeno que me soltéis, ¡os lo ordeno! ─ Grité desesperado el me agarro por el cuello de la camisa, acercó su rostro al mío y me dijo muy seriamente:

─¡¡Ya está bien!! ─y yo comprendí entonces que lo que había hecho era una tontería. Comenzó a hacer caminar el caballo despacio e hizo un gesto a sus hombres─¡Y la niña también! ─le dijo a uno de ellos, que la cogió en brazos mientras pataleaba gritando mi nombre, el caballo comenzó a galopar, alejándonos del lugar, viendo como metían a Nerea en el mismo carro donde se encontraba su madre, mientras yo gritaba desesperado y me revolvía sobre el caballo.

─Nooo a ella noooo,....

Cuando llegué al Castillo y contaron lo sucedido, me calló una gran reprimenda, pero no me importó en absoluto, solo estaba ansioso por saber que pasaría con ellas. Cosa que a lo mejor hubiera mejor sido no saber, cuando condenaron madre e hija a la hoguera, sentí como se rompía mi alma en mil pedazos, me maldije cientos de veces, por haber hecho aquella estúpida actuación, y me culpé por haber condenado a mi única amiga, dulce y gentil ¿Qué tenía ella que ver con demonios? ¿Qué diablos sabían ellos?

La condena sería al día siguiente. Vaya, ¡Qué irónico era todo aquello¡ El día que sería la fiesta de la hoguera -la hoguera de su muerte-,y de la que yo había sido el causante, y lo peor de todo es que mi madre me obligó a presenciar aquel horrible acto diciéndome:

─ Así a prenderás donde está tu puesto, la gente como ella no tienen valor alguno, ¡Así aprenderás! ─ Me regañaba ella severamente. Yo en un ataque de ira, rompí todo lo que encontraba por medio, y maldije a mis padres. Por supuesto no salí exento de tal cosa, me llevaron al cuarto de castigo de los sirvientes, y me azotaron ante toda la Corte, hasta que mi espalda quedo totalmente ensangrentada.

─ ¿Quieres vivir con los sirvientes? ─ Me decía mi padre mientras me pegaba con mano de acero─Pues así es como viven, así que mas vale que esto sirva a recordar donde está tu lugar.

Así fue como presencié el momento más horrible de mi vida, con los ojos hinchados de llorar toda la noche y, la espalda hecha trizas. Ellas aparecieron en ese momento, en el mismo carro en el que las habían recogido, primero bajo la madre y luego la hija, antes de amarrarlas se les dio la oportunidad de expresar su ultimo deseo, Nerea me miró entonces a los ojos. Yo no pude sostenerla y miré hacia abajo.

─ Príncipe, sabia que eras un príncipe ─ Yo miré hacia ella, sorprendido al ver una sonrisa dibujada en su cara, la miré con los ojos inundados en lágrimas ─ No te preocupes ─ Me decía mientras ataban a madre e hija al mismo poste─No tengas miedo, yo no tengo miedo, mi madre me ha dicho que iremos al cielo, y que algún día tu vendrás también y podremos jugar, solo será por un rato─Me sonrió optimista. Yo quería correr hacia allí y abrazarla, decirle a todos que los odiaba, que los monstruos eran ellos, pero mi madre entonces me agarró firmemente del brazo y presionó mi espalda haciendo que me doblara por el dolor.

Los leños comenzaron a arder y ella apoyó su cabeza sobre su madre. Escuché como le decía: ─Mama ahora si tengo miedo. ¿Llevará mucho tiempo hasta que lleguemos al cielo? ─preguntó con la voz temblorosa.

─Cierra los ojos y se valiente mi niña─contesto ella con los ojos temblorosos, por el miedo y la angustia, y tocó con sus deditos a la niña. Mientras cerraba los ojos ella también y comenzaba a tararear una nana con una dulce voz, mientras las llamas comenzaron a crecer al rededor, yo no quería ver mas y cerré los ojos lo mas fuerte que pude, cuando escuche toser a las dos por el humo, y entonces ella gritó mi nombre, no quise pero abrí los ojos y lo vi, vi los ojos aterrados y llenos de angustia antes de que fuera devorada por las llamas.

Aquel día cambió toda mi vida, me convertí en una persona totalmente diferente sobre todo conforme fui creciendo hasta convertirme en un muchacho de unos veintiún años, odiaba a todos, y me auto castigaba día tras día, no hacia caso a las clases, dejo de importarme mi puesto, me convertí en un rebelde incontrolable, a quien gustaba contradecir a todo y a todos, me gustaba organizar escándalos en las fiestas, algunos días bebía de más, y la mujeres me encontraban realmente atractivo, sobre todo por mi titulo o por mi dinero, así que yo las utilizaba de la misma manera que ellas se interesaban por mi. Si cuando tenia diez años a mi padre le dio por cazar brujas, ahora le dio por cazar vampiros, que por lo visto se multiplicaban en la zona, y parecía ser una gran batalla, mi padre se encontraba ya muy mayor y solo esperaba que expirase el ultimo aliento para tener un poquito de felicidad.

Esa noche después de escaparme de una de esas estúpidas fiestas, no sin antes haber hecho alguna tontería y haberme bebido unas copas de mas salí a pasear por el bosque, parecía una noche tranquila, la luna brillaba con todo su esplendor y el aire era calido, cuando de pronto de la nada surgió una dama entre los árboles,no se si era producto de las copas que llevaba de mas pero poseía una belleza extraordinaria, se acercó a mi, y me tendió la mano sonriéndome misteriosamente, yo la tomé sin rechistar, me besó en los labios y la hice mía. Solo recuerdo despertarme a la mañana siguiente en mitad del bosque, mis ropas a un lado, pero la dama había desparecido.....

...................continuará................