El hermoso cielo azul del Reino Tierra, ahora iba adoptando un tono anaranjado. Poco a poco, el sol del cielo descendía, anunciando que pronto lo noche entraría a hacer su rol.
Aunque lejos de descansar y terminar las acciones delegadas a ese día de trabajo, los sirvientes tenían bastante trabajo en las manos, poniéndose más activo. Después de todo, en breve la ceremonia de compromiso de Baatar Junior y Kuvira se efectuaría, llenando de dicha a la nación, aunque difícilmente a su familia.
A pesar de no haber escatimado en gastos, como los de las sillas, mesas, un apropiado aperitivo, música y lugar a rentar, los invitados eran sólo una parte selecta de los conocidos de todos los anfitriones.
Con un guardia en cada puerta, abertura, salida al exterior y similares, sería una ceremonia de suma excelencia y seguridad, libre de prensa o de que cualquier ajeno entrara.
Aun así, unos cuatro jóvenes lo lograron. Burlaron la seguridad de una de las formas en la que no se la esperaban. De manera aérea, filtrándose por uno de los cuartos del piso más alto. Al tener el edificio más de diez pisos, ningún cuerpo de seguridad imaginó que alguien intentaría filtrar por ahí. Aunque por protocolo, mandaron un par de tropas a patrullar.
―Ubon. ―Llamaba una de las jóvenes, quien fue la última en infiltrarse. El cuarto se notaba, era del más fino gusto. Muebles de caoba, barnizados de forma prolija. Cama voluptuosa, casi tan grande como para que los cuatro cupieran sin problemas. Cortinas de seda, podía saberlo con tan sólo rosarlas, e incluso de lejos. Pero nada de eso le impresionaba. ―Ubon, no me gusta esto. ―Aceptó la chica, agitando su corta melena castaña.
―Es lo que hay, Yura. ―Anunció la líder del grupo de jóvenes infiltrados. ―Lo necesitamos, quieras o no. ―Volteó a verla, enarcando una de sus cejas. ―Además te ves bien, no sé de qué te quejas. ―Si de algo se jactaba, que no fuese el combate, era su gusto. Realmente sentía que había escogido bien el atuendo de su camarada.
―A mí me parece lindo ~ ―Saltó una pequeña, quien no superaba los once años de edad. Agitó al compás su vestido verde, adornado con flores de metal. Con que el vestido no fuese muy largo, ni tuviese mangas, ella era feliz, manteniendo su rango de alcance y movimientos.
―Es porque no tienes vestido largo, Ayami… ―Susurró Yura, apretando levemente con sus manos su vestido. No es que no le gustase el tipo de vestido oriental, largo y abierto de una pierna. De hecho, le venía bastante bien, siendo de un tono entre verde y celeste. Pero su movilidad…
Entonces habló el único chico del grupo, Tao. Moviendo sus manos y formando ciertas señas, dio su idea.
«Con comodidad o sin ella, cumpliremos la misión, ¿No?» Tradujo su prima, Yura, un tanto fastidiada al ver la sonrisa que formaba Ayami en su rostro de porcelana, rosáceo en las mejillas.
―Si Tao insiste, ¿Cómo no lo vamos a hacer? ―Prosiguió Ubon, avanzando y meneando con ello su larga coleta, oscura como la noche y lisa como ninguna otra. ―No es que seamos un grupo que llame mucho la atención… ―Susurró, con cierto deje de sarcasmo.
Era, en cierta medida cierto, que no llamaban la atención. Una pequeña niña, vestida como las caprichosas de la clase alta, con su cabello castaño atado en dos trenzas y de ojos verdes pasaba fácilmente como ciudadana. Yura y Tao, ambos un tanto más llamativos al tener cierto parentesco con los jóvenes de las Tribus Agua, de todas formas, pasaban un tanto más desapercibidos, con pieles un poco más claras y ojos cian, además de que sus vestimentas iban acorde a la celebración.
Pero Ubon…
Su intensa mirada ámbar no pasaría desapercibida ni para un ciego. Y su larga, oscura y lisa cabellera tampoco era común. Sin duda era descendiente de la población de Tribu Fuego, ¿Qué haría alguien como ella, por ahí? La respuesta se vio en la libre migración. Con un par de telas verdes, y un tanto más claras de este mismo color, pasaría como una conocida destacable.
Saliendo de la habitación, les esperaría un largo camino hasta la sala principal, en el segundo piso, donde se efectuaría la ceremonia.
―Se supone que las patrullas están desde el noveno piso hacia abajo. ―Anunció Yura, mientras avanzaban, ahora de manera rápida, corriendo.
―Pues del noveno piso en adelante, tendremos que comenzar a usar nuestros talentos. ―Anunció Ubon, con mucha seguridad en sí misma, recibiendo una asentida por parte de todo el grupo.
Pero entonces hubo un percance. Ayami retrocedió un poco, posicionándose todos para la formación de ataque.
―Oye, Yura… ―Susurró Ayami, un tanto asustada. Aunque no perdería oportunidad alguna de fastidiar. ― ¿No que las tropas estaban desde el noveno piso hacia abajo?
Tan sólo recibió un bufido.
En el doceavo piso, se habían topado con una patrulla sorpresa. Diez contra cuatro. Se veía interesante.
―Bien, Loto amarillo. ―Habló Ubon, optando una posición de ataque. ― ¡Que no se nos escape ninguno! ―Sentenció, expulsando una llamarada de fuego desde sus manos.
El salón de juntas oficiales de la Tribu Agua del Norte presenciaba una descarada revelación. Una acalorada discusión. Un desacuerdo común.
En el gran mesón se hallaban diez hombres mayores, respectivamente concejales, y frente a ellos, las dos cabezas de la Tribu, Desna y Eska. Esta última, escuchaba todo con suma atención, siendo su mirada unas gélidas dagas, buscando el hacer sentir culpable.
― ¿Cómo es eso? ―Preguntó Desna, alzando una de sus cejas. Lo que habían dicho era tan asombroso, tan increíble, incluso para él, quien entendía de buenas a primeras. Y si bien, había escuchado, había entendido, quería verificar si el mensaje recibido era el correcto.
―Pues, gran jefe… ―Jugó con sus manos uno de los ancianos, con el nerviosismo de reiterar el veredicto que había sacado por dentro, a aquellos jóvenes, por naturaleza inquebrantables. ―No podemos arriesgarnos a perder a ambos jefes por un problema como este…
El titubeo y miedo en sus palabras logró impacientar al mayor de los ancianos, quien había tomado y propuesto en esencia, el veredicto. Elevándose de su asiento, hizo una reverencia, y prosiguió la idea del temeroso.
―El problema con los espíritus puede ser algo sumamente peligroso, y es por eso que debemos mandar a algún Jefe a acabar y solucionar aquello. ―Habló sin que su lengua se enredara, a pesar de la cólera en la mirada que residía en él. ―Pero no podemos arriesgarnos a perderlos a ambos, lo sabemos. Así llegamos al consenso de que mandaríamos a Eska.
La nombrada se elevó de su asiento, sin poder aguantar más algo como eso en su presencia. Con rudeza nunca antes vista y viveza, posicionó sus manos encima del gran mesón, logrando que aquel resonara por todo el salón.
― ¿¡Y Sialuk? ―Era lo que verdaderamente le importaba. ¿Ser sacrificada en lugar de su hermano? Eso se lo esperaba, después de todo se hallaba frente a vejestorios, conservadores y machistas. ― ¿¡Qué pasará con ella si algo me sucede!? ―No toleraría dejar a su hija desamparada.
Los hombres quedaron un tanto impresionados, incluso el anciano mayor. Nunca habían visto a la jefa Eska comportarse de ese modo.
―La princesa… ―Habló uno de los ancianos. ―La princesa tendrá todo los lujos y cuidados que sean posibles—
― ¡Eso no bastará! ―Volvió a gritar Eska. Se volvía más y más expresiva a medida que se extendía la reunión. ― ¿Se dan cuenta de que le están negando a mi hija el derecho a tener una madre, sólo por mandarme a mí? ―Desna tomó parte del ropaje de su hermana, y lo tironeó. Incluso él, a sabiendas de lo que Sialuk lo era todo para Eska, se impresionaba ante esa reacción.
― ¿Duda, acaso, de su capacidad como maestra Agua? ―Cuestionó el mismo viejo de antes.
―No es cosa de dudar o no. ―Respondió con cinismo la única fémina ahí. ―Es cosa de ver el tema con neutralidad, y darse cuenta de que la última vez necesitamos inclusive del Avatar para librarnos de una situación como esta.
―Si se pudo pedir su ayuda una vez, se podrá una segunda—
Esta vez fue Desna quien se levantó de su asiento, golpeando el suelo con el bastón de líder.
―No recurriremos al Avatar en esta ocasión. ―Dictó.
―Entonces la única forma en la que podemos asegurar una pérdida menor…
― ¿¡Pérdida menor!? ―Aquella fue la gota que rebalsó el vaso. Eska frunció el entrecejo, y lanzó lejos su silla con Agua control. Entonces abrió de par en par la gran puerta de hielo, y se retiró avanzando con furia. ―Bola de viejos machistas.
Seguida muy de cerca por Desna, el gran salón se llenó de un incómodo silencio.
―La reunión ha terminado. ―Dijo el joven Jefe antes de retirarse, y cerrar detrás de sí la puerta, siguiendo a su hermana con el fin de calmarla.
Una culpa recayó en todos los presentes, mas, no se arrepentían de su decisión. A su criterio, Desna era mucho más importante.
―Pudo haber sido peor.
Justo después de abandonar la casa del que creía, era su amigo, la joven Sato se montó en su motocicleta y abandonó el lugar, dejando a una muy sorprendida Korra atrás. No tuvo de otra que llegar a donde sabía, había ido, pero por sus propios medios.
Asami se sorprendió poco y nada al ver cómo entraba la Avatar por el balcón de su habitación. Pero de inmediato desvió la mirada.
No es que se hubiese molestado con ella. De hecho, aquella posibilidad era muy distante a lo que realmente pasaba dentro de su mente. Simplemente, no podía, no podía mostrarse bien con algo como eso ocurriendo.
Korra se acercó con suavidad a la cama, sentándose en ella, al lado contrario en el que se hallaba su pareja. En el tiempo que había estado en el mundo Espiritual había aprendido a mantener cierta distancia y respetar los deseos de Asami cuando necesitaba cierto espacio, mas, también había encontrado formas de insistir con sutileza y arreglar las cosas, juntas. Como una verdadera pareja lo haría. Y ellas eran una.
―Asami. ―Le llamó, notando cómo se sobresaltaba un poco. Lanzó un suspiro, y reposicionándose, quedó en la espalda ajena, abrazándole en un arrebato. ―Asami… ―Le hizo saber que estaba con ella.
La nombrada pronto reaccionó, encogiéndose más y comenzando a temblar. ¿Por qué no le había propinado aquella cachetada a Mako? Se sentiría menos impotente, pero, no lo había logrado.
―Asami, tranquila… ―Escuchó el susurro de su pareja, muy cerca de sí. Tapó parte de su rostro, titubeando.
―Korra, yo… ―Intentó hablar, mas, el abrazo se hizo más fuerte, más abrazador, más cariñoso.
―Lo lamento. ―Fue lo que dijo Korra, logrando sin saber, que los ojos de Asami se abrieran como nunca. ―Yo, debía decir algo en esa situación… ―Se culpaba. Aunque era cierto, debió de hacer algo al respecto de las mentiras que sabía que su supuesto amigo estaba diciendo. ―No dejaré que nadie más te pase a llevar, Asami, por favor perdóname…
El corazón de la mayor se estrujó. Le era casi imposible creer lo que estaba sucediendo.
No pudo evitar posar su mano encima de la ajena, y acariciarla. Se sentía amada, en ese mismo instante. Ese reconfortante calor estaba opacando en demasía el disgusto anterior.
―No fue tu culpa, Korra… ―Le negó la posibilidad de decir que aquello había sido por su nulo hacer. ―Yo tampoco lo detuve a tiempo. ―Aceptó.
― ¡Pero! ―Korra se hizo hacia atrás, un tanto desesperada. No le había gustado para nada ver a Asami así. Le había… Dolido…
La mayor se dio media vuelta para verle, y posando ambas manos en las mejillas ajenas, le acercó, quedando con las frentes pegadas.
―Nada de peros. ―Bien sabía del complejo de la joven Avatar por echarse la culpa de todo. Entonces le dio un suave y coqueto beso, para luego mostrar un guiño. ― Ya pasó, vale, no es culpa de ninguna de las dos.
Korra enrojeció, desviando la mirada.
―Vale…
La discusión acabó. Un nuevo beso inició, y antes de que se explayaran más, estando en la cama. Korra buscó separarse, riendo un tanto.
―Oye, Asami… ―La nombrada parecía deseosa de seguir aquella muestra de afecto.
― ¿Sí? ―Su sedosa voz empujaba a su pareja con una enorme fuerza a rendirse a sus encantos.
―Fuimos invitadas a una ceremonia de compromiso, hehe…. ―Se le había olvidado decirle a su pareja aquel detallito.
Asami abrió como platos sus ojos, y se separó. Recién llegaban y ya tenían eventos. ― ¿¡Qué!? ¿Dónde, cuándo? ―Intentó mantener la compostura.
―Eso… ―Susurró Korra, hundiéndose en sí misma. ―Hoy. A la tarde. En el Reino Tierra…
El rostro de su pareja decía todo. Tenían muy poco tiempo para arreglarse, y ciertamente, Asami prefería mostrarse digna.
No hubo tiempo de más charla, de inmediato comenzaron a arreglarse para llegar a tiempo a la ceremonia.
― ¿De quiénes es? ―Preguntó Asami en eso.
―Baatar Junior y Kuvira.
―Hmm… ¿No es un poco subido de tono el que vayas a la ceremonia de… esa mujer? ―Preguntó, frunciendo el entrecejo.
Korra se encogió de hombros, sin saber con certeza la respuesta a eso ―Pues, salió de la condena a cárcel, además… ―Soltó un suspiro, viendo con cuál vestido iría. En definitiva, le gustaba más el de su Tribu natal. Siento que iré más como apoyo para la familia… ―Opal había sido quien le había pedido que fuera, después de todo. No podía defraudar a la maestra aire.
No hubo palabra alguna luego respecto a eso. Tan sólo charlas triviales.
Cómo se esperaba, Korra terminó por usar su vestido ceremonial de matices azules, y muy poco maquillaje, por no decir nulo. Mientras Asami vistió uno formal de color carmín, con el cabello recogido en una coleta de medio lado, manteniendo su cabello ondulado.
Sin duda ambas habían quedado hermosas, a su estilo.
Korra observó a su novia, y lanzó un suspiro de enamorada, siendo extremamente sincera.
―Te ves tan bien, Asami… ―Un beso por el cumplido consiguió. Luego tuvieron que ir con todo a la pista aérea más cercana.
Era mucho más fácil ir de manera exclusiva, sin tomar tren o algún transporte público. Con todos los que tenía Asami, elegir el más rápido para llegar a tiempo, no sería un gran problema. Y a pesar de que se demoraron un par de horas, llegaron decentemente.
Luego de aterrizar de buena forma, en un auto tuvieron conducir y estacionarlo debidamente.
A Korra le sorprendían los reporteros, recién llegaban y parecían haberles estado esperando por horas. No entendía cómo el chisme se esparcía rápido.
―Vamos, Korra. ―Le dijo Asami, sonriéndole y quitándole toda atención a los muchos reporteros que sacaban fotos de las recién llegadas.
Korra asintió, y llegaron a la entrada tomadas de las manos.
―Nombre. ―Pidió el guardia, rígido en la entrada con la lista de invitados.
― ¿Esto es broma? ―Preguntó Korra, posando sus manos en su cintura. ― ¿No me cono…?
Opal irrumpió en la escena, tratando de mantener un buen semblante.
―Es el Avatar Korra y su acompañante, mis invitadas. ―Anunció. ―Lo lamento, no hubo tiempo de anotarte en la lista de invitados. ―Se disculpó, sonriendo un tanto.
El trío de jovencitas se miró entre ellas, y luego al guardia. Luego de repetir aquel acto unas dos veces, ambas jóvenes mayores pasaron.
―Opal, tanto tiempo ―Saludo Korra, entrando de buenas a primeras. Le dio un beso en la mejilla, como se acostumbraba.
―Lo mismo digo ―Sonrió Opal de vuelta, correspondiendo el gesto. ―Igual que con usted, señorita Asami.
―Es todo un placer volverle a ver. ―Simpatizó la joven.
― ¿Y Bolin? ―Preguntó Korra, mientras era guiada al salón principal, donde se efectuaría la ceremonia en breves minutos.
―Por ahí… ―Respondió un tanto resentida Opal. A ratos realmente le molestaba lo despreocupado que era, e inocente… Aunque también lo amaba. Era sumamente duro.
La joven Avatar entendió que era mejor no segur preguntando por eso, y calló, tan sólo volviendo a hablar para agradecer la escolta a su destinada mesa.
― ¿Crees que estará bien? ―Preguntó Asami a su pareja, acariciando su mano por encima de la mesa.
―No lo sé… ―Respondió Korra, titubeando. Se había fijado tanto en Opal y en las decoraciones del interior, que se le había pasado por alto, a ella y a Asami, el hecho de que tres ansiosas miradas le asechaban, siendo los emisores unos jóvenes sentados en una mesa algo más apartada, ubicada en un rincón con poco confort.
―Ubon… ―Hablaba la pequeña del grupo, más la líder no le hacía caso, se negaba a retirar su mirada de la joven que iba a ser prometida. ―Ubon, el Avatar está aquí… ―Decía con notoria ansiedad Ayami. Sus ojos habían perdido cierto brillo cuando se había percatado de la presencia de la morena allí, resaltando su sed de sangre.
Los primos, Yura y Tao, de igual forma no podían mantenerse del todo serenos. Sus miradas gélidas mostraban el odio dirigido al Avatar.
― ¿Y qué? ―Preguntó Ubon, quién si bien se encontraba como los demás, no permitía que aquello perturbara su temple.
«¿Por qué no atacamos ahora?» Preguntó Tao, sin que Yura lo tradujese en esta ocasión.
―Ya tuvimos bastantes aprietos por lo del doceavo piso. ―Anunció la joven de larga cabellera, logrando que Yura se encogiese un tanto en su puesto. ―No vamos a arriesgarnos ahora. En este momento, tendríamos un par de dificultades para lidiar con ella.
― ¿Cómo cuáles? ―Preguntó Ayami, un tanto inocente.
―Los guardias. ―Dijo Yura.
«Otros maestros» Agregó Tao.
―Y su estado Avatar. ―Terminó Ubon. ―Tenemos demasiados factores en contra.
―Y si no es ahora… ―Afiló su mirada Ayami, dejando caer levemente los párpados mientras veía cómo el Avatar reía. Cómo podía reír… ― ¿Cuándo?
Ubon pareció ser la única en percatarse de la salida de la pieza que necesitaban en ese momento.
―Cuando tengamos la fuerza, y aliados necesarios. ―Se elevó de su asiento, dirigiendo su mirada al pasillo izquierdo.
«Ella es…» Tao se sorprendió. Realmente estaba muy arreglada para esa ocasión. Aunque como toda futura prometida, se encontraba nerviosa. Tan nerviosa, que debía volver a la sala destinada tan sólo a ella.
Ubon asintió, y su sed de sangre se elevó con ella. Comenzó a caminar, escondiéndose por las sombras. Los demás del grupo le siguieron de cerca, sabiendo de más lo que debían hacer.
―Kuvira. ―Anunció Ubon, aprovechándose de lo jovial de la atmosfera de los demás, quienes disfrutaban de un aperitivo antes del comienzo de la ceremonia como tal.
―Ha paso tiempo, ¿Eh? ―Cuestionó Yura.
―Yo lo recuerdo como si fuese ayer… ―Susurró Ayami.
―Vamos a por todo. ―Anunció Ubon, sonriendo de medio lado, yéndose por el segundo piso a la sala destinada.
Sin duda, tendrían una charla bastante intensa.
