-"… ¿Convoca una junta?"-

Hibari asentía ligeramente…con el simpar brillo malicioso de sus ojos, veía a Reborn pensar en una solución ante el problema que acontecía. Problema que al parecer, Hibari no tenía tiempo para esperar a que se resolviera solo. El guardián estaba algo inquieto. Quería regresar a su cuarto lo más rápido posible. Sabía que a esa hora Hibird debía estar dormido y en ese preciso momento cabeceaba lentamente en el hombro del carnívoro, silbando muy quedito…el himno que le enseñó a cantar.

-"No ha dejado de mandar invitaciones…"-. Reborn volteó cuando le oyó decir eso, el cuarto de juntas estaba muy solo y únicamente Hibird le pudo notar un poco de angustia en el fondo de la iris. Las hojas que estaba sacando Kyoya de un pequeño folder, tenían un color quemado y tinta china que formaba letras grandes, curveadas y muy claras…Lo cual significaba, que querían hacer del documento lo más formal posible. Sólo logró que Reborn afilara los ojos. –"Y no parecen dar su brazo a torcer….Lo quieren"-.

Hibari le lanzó una pequeña carpeta…de la cual las hojas fueron despojadas y leídas por el niño que se había quedado callado desde hace unos minutos.
No estaba haciendo movimiento alguno. Solo leía. Ni los ojos presentaban un reflejo de su actual aspecto interior…únicamente la sombra de las letras que ya estaban procesándose en su cerebro.

-"…Hay algo…"-

El guardián lo contempló con interés. En lo que lo hizo, Reborn ya había dejado esos papeles sobre la mesa y suspiró.

-"Quiere algo que no es sólo negociar"-

-"Pude ver eso"- Se oyó hablar a Hibari con un aire despectivo. Inmediatamente, el niño tomó la palabra.

-"No esperaba menos de ti...pero si es que Tsuna ya las leyó, seguramente debió haber sido capaz de percibir lo mismo…Si no es que algo más."- Se sentó en una de las sillas mientras Hibari lo seguía con los ojos. Entonces se levantó el sombrero, procurando no molestar a Leon, para poder ver al guardián directamente a los ojos. –"Esta familia Fattoge es famosa por jugar muy sucio…han matado muchos jefes de la mafia subterránea. Se han hecho ricos por métodos ilícitos, más de los que nosotros podemos llegar a usar…Están enfermos por dinero"-

El otro hombre chistó. –"Malditos herbívoros…"-

-"Deberían encontrar su lugar… ¿No crees?"- La sonrisa de Reborn no se hizo esperar…salió proclamando la idea por la que Hibari había recurrido a él desde un principio.

-"¿Qué dices…niño?"-

-"Tsuna es el que debe decidir"-

Se pudo oír a Hibari suspirar…viendo a Reborn con ganas de una mejor aportación, se quedó ahí por un buen tiempo…sin escuchar el pequeño estomago de Hibird gruñir.

-"No seas impaciente Hibari…Sabes que Tsuna siempre deja que te diviertas… "-

Viéndose un poco más aliviado, Hibari habló. –"Herbívoros como esos…lo mejor que pueden hacer es morir. Me cansé de sus interrupciones"-

Reborn tuvo que aguantar su risa. Sabía que la única razón por la que estaba tan molesto, era porque precisamente a la hora en que escuchaba el Himno de Namimori, la gente de la familia Fatogge se acercaba a la mansión para dejar las invitaciones. Interviniendo con sus ruidos, su diaria meditación.

Consecuentemente, imperdonable.

-"Creo que quieren dinero, posición…renombre… Por cosas de esas, no me sorprende que traten de alcanzar al jefe de la familia más poderosa del mundo"-

Cerrando los ojos, Hibari se dio la vuelta. Había oído demasiado por un solo día. Además de que poco le interesaba, el niño ya le había dicho que se podía hacer. Ahora ya tenía prioridades…como atender el estomago de Hibird.

Abrió la puerta y dejó a Reborn solo con su característica sonrisa en el rostro.

-"Esa familia Fattoge debería andarse con cuidado. No debe hacerse enemigos con nadie. Mucho menos con los Vongola…esperemos que sepan lo que hacen."-

Se puso el sombrero en la cara y los pies en la mesa para descansar un rato. Sin oír las protestas de Leon, ni el rechinar de la silla mientras se balanceaba.

xXx

Como siempre, en la oficina siempre había mucho maldito trabajo.

El mismo cansancio apresaba Sawada Tsunayoshi. Como odiaba a veces haber dejado que Reborn lo manipulara de esa manera…aunque…de no ser asi, seguramente no hubiese pasado la preparatoria. Desde ese punto de vista…su tutor cumplió bien con su trabajo y siempre lo hizo estudiar. Por los métodos más descomunales sí, pero al menos lo logró hacer. Cosa que ni soñando lo hubiese logrado con cualquier otra persona.

Sonrió. –"Pero ya estamos aquí…"-.

Con eso, se concentró en la lectura y firma de documentos que tenía que acabar. A veces eran casi interminables, otras muchas veces…se topaba con avisos y escritos que ya estaban vencidos del tiempo que estuvieron esperando su nombre para que fuesen autorizados. Muchísimas propuestas pasadas…
Lástima. Deberá ser para otra ocasión.

Se le hacía raro. Italia nunca estuvo tan movilizada. Llena de gente que pedía y pedía…pocos que rechazaban….Bastantes agradecidos con las benevolentes obras del Signor Sawada Tsunayoshi, Capo Decimo della famiglia Vongola.
Políticos…Presidentes provenientes de Italia y extranjeros solicitando su apoyo en sus proyectos…millones de solicitudes para entrar a la familia. Y todo "bajo la tierra".

Nunca dejaba de impresionarle, como para muchas personas su existencia era perecida a la de un salvador, un ícono…un semidiós trajeado que controlaba Italia de pies a cabeza. Una verdadera figura de la vida Italiana contemporánea. Un auténtico líder.

Pero tampoco dejaba de ser noticia…saber que eliminaron a algún colega en servicio, tratando de eliminar la competencia. O enterarse que su familia logró arrastrar edificios enormes y enteros con fuego. Dándole muerte a cientos de personas.
Saber que en sus manos corre mucha sangre también lo llenaba de angustia y culpabilidad.

La fortaleza que el jefe se sacó para soportar todo eso….Nadie nunca se atrevió a preguntar de dónde la sacó.

Uno por uno, los papeles se fueron yendo junto con los que debían ser mandados. Con su firma quedaban listos para continuar con su misión y procurar cumplir lo que habían venido a hacer.

El Guardián del Trueno esperaba afuera. Vigilando con celo la puerta que guardaba la cosa que más adoraba en el mundo entero: Su jefe.
Siendo su mano derecha, no podía darse el lujo de apartarse de ahí. Menos sabiendo que hay un montón de incompetentes cerca de su Décimo. En especial una alimaña en forma de Piña que había estado rondando por ahí últimamente. JAMAS dejaría ese puesto para dejarlo expuesto a un peligro de ese tamaño.

Excepto… por los recesos para ir al baño. Que únicamente los tomaba para complacer a su jefe, pues fue la condición para que pudiese estar ahí afuera. Nunca se atrevería a molestarlo.

…¿Molestarlo? Bueno, eso nadie lo puede saber con certeza… Pero el Tsuna que él estaba pretendiendo guardar con tanto fervor, no estaba completamente ahí presente.

Él estaba… en parte, pensando en el dia anterior.

-"…Así luce más tu cara"-

Mukuro se había estado comportando muy extraño. De la nada se aparecía en su oficina o en el comedor para sentarse junto a él y platicarle de cosas que antiguamente no tendrían relevancia alguna, como si solamente quisiera hacer tiempo para…-
¿En qué estaba pensando? Mukuro obedecía el dicho tanto como él: "es bueno tener a los amigos cerca, pero aún más a los enemigos." Tener a Mukuro bajo el mismo techo no solamente significaba que estaba bajo constante amenaza. Pero que también tendría acceso a la información de la familia, aunque a ese precio, pueda saber los movimientos más privados del hombre…planear un contra ataque si lograba deducir lo que pensaba.

Entonces estaba dejando, literalmente, que alguien de su misma familia lo abrazara con un cuchillo en la espalda.

Era un riesgo necesario para tener a salvo al resto, que sabía jamás lo dejarían solo.

Mukuro podría tener en su espalda varias armas para matarlo cuando quisiera, pero era difícil que encontrara el momento perfecto para salir con las manos limpias de culpa.

Que al final…Ser culpable siempre le valió un comino.

Agitando su cabeza, que ya le dolía, prefirió seguir trabajando.

xXx

El jefe salió de su oficina con los ojos hinchados y la mano en la cabeza. Dormir tarde nunca había sido su fuerte y al fin entendió que las consecuencias de su ineptitud le estaban pegando. Como pensó una vez: Las horas que se usan de más…cobran y cobran caro.

Después de esa noche de poco sueño y una visita no muy agradable en la mañana…La cabeza le dolía con una presión que ya no era graciosa, ni agradable…mucho menos soportable.

Salió con una mirada al piso y pocas ganas de sonreír, paso a paso, el camino a su cuarto estaba más cerca pero lo sentía muy lejano por el palpitar en sus sienes mientras marchaba. Le impedían continuar con la facilidad de hace unos días…Cuando no hacía trabajo en la tarde.

Simplemente necesitaba descansar.

Tenía la esperanza de haber logrado escapar de Gokudera mientras estaba en el baño-

-"JYUUDAIME!"-

...Fue muy lento…

Llegó desde atrás con los pantalones medio abajo/medio arriba y una cara de terror al verle el dolor en los ojos y en la cabeza. Y eso no era nada bueno.

-"Mande Gokudera…"- Cerró los ojos al tratar de verle con claridad.

-"JYUUDAIME?!...SE ENCUENTRA BIEN?!..."- Bajó la cabeza. Tsuna logró ver en su mirada que no estaba para nada tranquilo. –"Algo….algo le hizo ¿verdad?"- Pisó con fuerza el suelo y alzó la voz –"¿¡¿¡¿¡QUE LE HIZO ESA MALDITA PIÑA?!?!?!"- Sacó literalmente de la manga, cuatro dinamitas que humeaban en la misma ira que salía de los labios de Gokudera…listo para perseguir a aquel que se hubiese atrevido a lastimar a su preciado jefe.

-"N-Nada Gokudera….solo me hizo dormir"-

-"¿Enserio Jyuudaime?"- Increíble, así como salieron, se esfumaron las armas.-"El…Le hizo… ¿Dormir?"-

-"Bueno, no me puso una pistola en la cabeza Gokudera…sólo…me incito a hacerlo….Tenía ganas de…"-.

Su guardián de la tormenta no se veía del todo convencido, le miró con ganas de saber…que no estaba nada claro el problema, sospechar de Mukuro siempre había sido más fácil. Pero a juzgar por la cara tan sufrida de su jefe, prefirió obedecer.

-"En ese caso…Jyuudaime…confío en usted…pero no durmió lo necesario…hoy se levantó muy temprano y no creo que llegó ni al segundo sueño…"-.

Tsuna no tenía energías para responderle. Solamente para darle una sonrisa mientras su guardián le devolvía otra, amablemente hizo una pequeña reverencia. –"Dicen que el que calla otorga"- Lo tomó del brazo y comenzó a escoltarlo. –"Vamos Jyuudaime, es hora de que al fin descanse"-.

Comenzó a llevárselo a su cuarto. Mientras que, a cada paso, Tsuna se sentía más débil. Y más enfermo.

xXx

-"¿Mukuro-sama?"-

Chrome trataba de contactarlo en la privacidad de su cuarto…entre la negrura de las sombras que usualmente le acompañaban, buscaba la voz de el hombre que le había dado una oportunidad de vida; su dueño. La única persona que simbolizaba el principio y fin de su mundo.

Pero no encontraba una respuesta. No la encontró, al menos, hasta que cerró los ojos.

Y apareció la figura de un hombre vestido de blanco, entre un verde infinito y un cielo estrellado.
Como atrapado en su propia conciencia, un viento de pura cortesía incitó la confianza de la joven, bailando entre sus piernas, le dio a entender que ahí estaba su Señor y que separara los pies del suelo.

Entonces ella corrió hacia él. Halagando al hombre que al parecer no tenía un porte del todo muy sano, volteó hacia ella. Su cabello largo y azul le adornaba los hombros como si fuesen cascadas frescas pero sin brisa, rodeando la musculatura que hacía de él el hombre que portaba el anillo compartido de la niebla, Mukuro alzó una mano para tocar la de ella que trataba de alcanzarlo como si fuera un espectro.

Separó los labios para decir su nombre mustiamente-"C-Chrome…"-

-"¡M-MUKURO –SAMA!"-. Respondió la chica encantada, sin darse cuenta de la cansada voz de su maestro, tomó su mano que estaba igual que fría que su ojo izquierdo. Mientras veía con gusto infinito la hermosa sonrisa de su dueño.

-"… ¿Pasa algo querida?"-

-"Ah…p-pues… E-Estaba preocupada…s-sobre…-"-. Se interrumpió al oírlo reir. –"¿D-dije algo indebido Señor?"-

-"Todo lo contrario…"-Se acercó a ella sin perder la sonrisa, tomando su otra mano…logró fijar su atención y mirada. Notando sus pupilas un tanto hinchadas y rojizas. Delatando que la chica estuvo llorando. -"Mi Queridísima Chrome: Si hay alguien a quien no podrás jamás engañar es a mí. Algo te turba"- Ella bajó la mirada. –"¿Qué pasa?"-

-"E-Es…Y-yo…"- Atropellaba las palabras, desviaba la mirada, movía las manos… Las manías de Chrome eran comunes para Mukuro y aún con esos detalles seguiría viéndola con el mismo cariño que habia aprendido a tomarle. Era como su hermana pequeña, la mujer que más apreciaba en el mundo entero.

-"S-Solo quería saber cómo estaba Mukuro-sama…S-Se ha estado exigiendo tanto…"-

-"Sólo lo necesario"- Le soltó de las manos, le dio la espalda dejándola con la siguiente oración en la boca y una nueva preocupación alzándose en su pecho. –"Nada por lo cual preocuparse…mi dulce Chrome"-

-"Ah…eso se oye muy bien"- Suspiró tan quedo como los susurros del viento por sus piernas. –"¿Se siente mejor?"-

El otro hombre sólo sonrió. –"..Mejor…"- Se vió en su cara una expresión de esfuerzo similar al que haría una mujer a punto de perder el conocimiento. Y Chrome pudo verlo.

-"Está muy débil Mukuro-sama…no debe hacer esfuerzos extras por-"- Calló…sabía que la mirada que el hombre le acababa de lanzar era la misma que tenía el día que nubló el cielo y juró odiar a un cierto alguien. –"L-Lo lamento…"-.

Él volteó en la distancia….sonriendo gradualmente hasta que ese cielo estrellado comenzara a agrandarse.

-"Están aquí."-

Mukuro volteó hacia ella sonriéndole. Pero no era de sus gestos alegres…era más bien una mueca que escondía tras ella una intención infernal. Mukuro sabía cómo y cuándo vestirse de cordero. –"Vamos"-

Y Chrome le creyó.

Comenzaron a caminar en el cielo que ahora lloraba fuego.

xXx

-"Stiamo cercando il Signore Tsunayoushi Sawada"- Se oyó la voz de un hombre haciendo eco entre las paredes secas de la pared exterior de la mansión Vongola.

Frente a una puerta cerrada y un chico con los brazos cruzados, con una herida en la barbilla y la sonrisa más sincera que habían visto, se erguían dos hombres trajeados sin cabello. Al parecer, sus zapatos los habían boleado antes de salir, brillando igual que sus cabezas, tenían las piernas derechas y estaban como plantados en el suelo. Sin pretender irse pronto.

-"El jefe no está recibiendo visitas"- Dijo Yamamoto mientras se balanceaba a su lado derecho, sin desclavarles los destellos negros y filosos de sus caras. –"Pero le diré que vinieron. ¿Para quién trabajan?"-

Uno de ellos se aclaró la garganta. –"Somos subordinados del jefe de la familia Fatogge; El señor Stefano Grotte. Esperamos que pueda comentarle al Señor Sawada de nuestra visita"-. Hizo una señal y el otro hombre se acercó a Yamamoto para tender su mano que sostenía una carta con una presentación impecable. Le dio a entender que la tomara. Y así lo hizo. Para después volver con su aparente gemelo. Sin inmutarse.

-"Esperamos que pueda atendernos después…Discúlpenos por cualquier molestia, nos retiramos"-

-"Vayan con cuidado"- Yamamoto les despidió como cualquier otro mortal, Viéndolos sin hacer ninguna mueca, se subieron a su auto negro y partió junto con otro montón de coches que desfilaron detrás de él, hasta desaparecer detrás de las rejas.

Solo entonces el joven pudo ver con cuidado la carta... Envuelta en terciopelo rojo cobrizo que brillaba igual que sus ojos al sol, era adornada con un sello particular y resaltaba con letras de oro el nombre del chico que estaba protegiendo.
Entonces algo no le supo bien. Y prefirió entrar antes de seguir sospechando de cosas que no tenía conocimiento.

xXx

-"Tsuna debería saber que vinieron a visitarlo"- Dijo Reborn a las afueras del cuarto del jefe, exponiéndole su punto de vista al italiano que no le dejaría molestar sus sueños.

-"Pero ha estado muy cansado estos días…Sr. Reborn…"- Dijo con aires pausados para no agotar su corta paciencia. –"Espere hasta mañana… y tal vez esté con más energías para- ¡ACK!"

-"Italia no espera"- Dio un paso haciendo que Gokudera se moviera, tocó la perilla de la puerta y sonrió al ver su rostro. Completamente aterrado. –"Debe aprender el precio de ser jefe"-. Así asió la perilla dorada y la giró para poder abrir la puerta. Siendo recibido por el crujir de una madera vieja que astillaba la pared al tratar de darle paso al niño.
Impresionado, veía como en la cama el jefe que estaba presuntamente descansando veía a la ventana. Trajeado y con aires de melancolía.

-"Reborn"-. Le dijo sin necesidad de voltear al verlo, sabiendo que el visitante tenía una sonrisa en el rostro y aire de noticias. –"¿Algo pasó?"-.
El chico se dirigió hasta la silla preferida del décimo para sentarse en ella. La que estaba justo enfrente de su cama. Para suspirar a todas sus anchas. –"Esta vez, vinieron unos gatos de la familia Fatogge, Tsuna…"-.
-"Voy a suponer que les urge hablar conmigo, ¿Son los que convocan una junta?"-.

-"¿Te interesan?"-

-"No más de lo que se debe. Considero que su insistencia se debe a causas dentro de su familia"-.

-"Yo quiero creer que sientes más que eso"-.

Como si le hubiese leído la mente, Tsuna se volvió hacia él –"Definitivamente, debo aceptar esa junta"-.

-"¿Qué te hace decidir eso?"-.

-"Mis propias intuiciones"-. La respuesta fue definitiva. Y eso Reborn ya lo sabía, haciendo un vano esfuerzo por ocultar su sonrisa, volvió a hablar. –"¿Sabes cuáles son sus condiciones?"-

-"No me interesan. La familia Vongola es la que debe fijarlas"-.

Reborn no quería admitirlo, pero verdaderamente fue de las pocas veces en que su pecho se infló del orgullo –"Así es, ¿Entonces? ¿Vas a aceptarla?"-

Sawada Tsunayoshi suspiró mientras sonreía al tomar el saco del buró de su cama. –"Evidentemente. Veré si mañana alcanzo a confirmar Ó, Si puedo, que sea hoy mismo. Hay cosas que deben ir descartándose. No sabemos en qué nos pueda beneficiar hablar con esta familia"-.

-"Bien dicho Tsuna…"-

Ambos se miraron. Como confiándole algo a un amigo del alma. Un algo tan obvio y a la vez tan profundo que solamente se puede descifrar con la fuerza del entrecejo afilando la mirada. Como si el fondo de la pupila lanzara códigos personales.

-"Me voy a la oficina"-

-"¿A trabajar?... ¿tan pronto?"- Dijo el niño tratando de provocarlo.

-"Tengo que…Ah, tuve la noticia que mi madre vendrá pronto a visitarnos."-

-"Oh si, Fuuta me dijo algo así… ¿Quieres hacer algo al respecto?"-

-"Si. Cuando llegue al país quiero que manden una escolta completa a por ella. Habrá que dar esta orden ahora para que no se pase por alto…"- Suspiró mientras se acercaba a la perilla dorada de la puerta. –"Nos vemos"-

Y salió sin ver la gran sonrisa que había plantado en el rostro del niño.
Lo dejó con la voz de Gokudera fundiéndose con las pisadas en el eco del pasillo viejo.

xXx

Un mutismo completo gobernaba el salón del gran jefe de la familia Vongola.

Libros, hojas, plumas…todos esperando a que llegase su dueño y usara de ellos para romper con esa elipsis de sordera infinita.

Y así como se rompe una burbuja; El quieto rumor de la madera vieja chocando contra otra se hizo notar. Y los pedazos de seda azul que colgaba del hombro de Mukuro se asomaron primero que él.

-"..¿Oh?..."-

Pasó en silencio y cerró el portón recargándose en él. –"¿Tan fatigado estabas?..."- Dio unos cuantos pasos hacia el escritorio de su jefe. Con movimientos felinos, calculadores y hasta se podría decir que coquetos…Mukuro caminó a la mesa de caoba negra que ahora brillaba con gusto bajo el sol de la tarde. Pasó su mano acariciando la madera lisa y, dócil a su tacto, sonrió.

Siguió tocando los anteriores terrenos palpados por el chico de veintidós años hasta llegar a la silla.

Sabía, que ese respaldo y tela cargaban con la sangre y almas de los que quisieron vivir y morir por ella. Que soportaba el peso de las más duras decisiones que se habían llevado a cabo dentro de la familia, que guardaba en su ser la mismísima esencia del tiempo. Y sí. Todo caía en hombros de Tsuna. En un chico que terminó sorprendiéndolos a todos, teniendo las fuerzas necesarias para cargar con todo ese peso.

-"Justo cuando pensé que Sawada Tsunayoshi había hecho de este lugar su segunda habitación…"-. Se dijo a sí mismo el de ojos bicolores, acomodándose en la mesa y cruzando las piernas. Como esperando.-"De él se pueden esperar muchas cosas…debo suponer…"-. Siguió repasando las líneas casi borrosas de la mesa vieja con sus dedos alargados y fríos. Casi sonreía al tacto. Sólo él sabría si de ternura o maldad.

Fue cuando escuchó el rechinar de la madera de la entrada que alejó la mano de esa mesa vieja y posó sus ojos hacia la derecha. Otros destellos de colores más fijos le habían visto y mostraron una sorpresa inmediata al verlo a un lado de su área de trabajo. Por un momento se sintió invadido.

-"¿Qué necesitas Mukuro?"-

Dibujándose entonces otra sonrisa afilando su rostro, Mukuro se dirigió al librero. –"¿Oh?... ¿No estabas muy cansado?... ¿Tsunayoshi-kun?"-. Se recargó en él, que a pesar de viejo tenía las fuerzas para soportar su peso. –"Te oyes cansado si no es que nervioso"-.

-"Pueden ser muchas cosas…"- Dijo un Tsuna casi molesto, al sentir su apariencia abofeteada mientras caminaba hacia su escritorio negro.

El peli azul rió.-"El cabeza de pulpo está afuera. ¿Me equivoco?"-

El jefe no le dio respuesta verbal, pero sí el gusto de verlo nervioso.
Era un paisaje favorable, según los bicolores ojos del guardián. Ahora mismo, estaba en la misma oficina privada y callada de un Sawada Tsunayoshi medio despierto medio cansado y con el lamebotas del jefe detrás de las pesadas puertas que guardarían los gritos ahogados que estaba planeando oír.
No se sentía la presencia de ningún otro guardián cerca, ni de el bebé, ni de nadie.

Estaban solos.

Resultaba más fácil de lo imaginado.

-"Si no tienes asuntos pendientes conmigo, sería bueno que me dejaras trabajar en paz"-

-"Pues yo no veo que tengas que hacer nada importante"-.

-"Que no lo veas no significa que no exista."- Decía el castaño mientras con su pluma propinaba un buen golpe de tinta a las pacientes hojas. –"Además, ¿Qué puedes saber tu?"-

Tsuna entonces juró haber oído nada. Pura sordura. Los segundos más instantáneos de su vida fueron de los más largos que pudo haber recordado.
De no haber sido por voltear al escritorio…de no haber sido por la cara delatadora de su guardián, Tsuna no se hubiera dado cuenta de que algo había pasado. Cuando vió esa mueca de terror en la cara de Mukuro, esa que comenzó a brotarle desde lo más profundo del alma, terrible, enmarcando como un sentimiento extraño. Como mezclas de frustración y profunda angustia. Cosa que sólo sus ojos, sus destellos rojo y azul, pudieron explicar con tanto detalle.

Y no, Tsuna pudo haber jurado oír pura sordera después de que su cabeza azotara el suelo. Después de que su guardián (él y su mueca) se despegara del librero para correr hacia él.
Lo abrazó con fuerza, dando la espalda a la ventana que se rompió cuando estaba sobre el jefe, que sólo recuerda haber olido lotus, sudor y perfume.

Y en el suelo vió unos pocos papeles volando, la silla tirada, cristales cubriendo la alfombra…y el cuerpo de Mukuro sobre el suyo. Jadeando como enfermo, tratando de respirar.

Para cuando Tsuna comprendió lo que había pasado, se incorporó para atender a Mukuro. Sí, la sangre estaba brotando de la herida en el hombro derecho con fuerza, la bala le había destrozado la carne haciendo un pozo profundo hasta el hueso. Mientras trataba de detener el brote tan abundante, comenzó a hablarle. –"¡Mukuro! …. ¡Mukuro responde!"- .Como pudo, el otro hombre olió miedo en la voz. Como de esos pavores que te enfrían la carne.

Pero no tuvo la fuerza para articular palabra.

Tsuna se quedó entre los vidrios, sangre y hojas esperando que el espanto y la sordera se fueran. Era una tarde maldita y así como lo parecía: El comienzo de una guerra.


N/A:

Al fin ... xD.
Pido una disculpa por la tardanza, sé que no es el capítulo más largo...pero estoy poniendo mucha atención al hilo de la historia para que sea de lo más sustanciosa posible. Aún no sé si terminarla en tragedia o en lo contrario...pero mientras tanto quiero tener una historia bien hecha para que la puedan disfrutar más 8D.
En unas semanas comienza mi etapa de universitaria, así que por eso les rogaré un poco más de paciencia :D. Mientras tanto, trataré de escribir todo lo que pueda para dejarlos con algo que leer. Y en este depa me tengo que dedicar a cazar interneeeet hohohoho. Es deporte nacional, aún así espero no seguirlo haciendo. xD.

De antemano, gracias por leer lo que hago, por comentar y geh, simplemente TODO.

Nos veremos en mis siguientes historias/oneshots/actualizaciones. Hasta entonces. :)