"Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido, de esos que nadie confiesa haber leído."

Elegía de lo Lamentable – José Ángel Buesa.


En voz baja

Capítulo II

Austero

Se había grabado en su memoria ya, la imagen de su madre corriendo desesperadamente a su busca, el terror reflejado en su rostro al verla subir a la máquina del tiempo y el alarido que soltó cuando jaló de la palanca roja.

Como si hubiera salido victoriosa de un encuentro, de una batalla de poder, se bajó de la máquina y apoyó sus manos en la cadera. El cielo estaba igual de oscuro que cuando se marchó de su línea temporal, al parecer el horario era el mismo e incluso tal vez la época del año. Lo único diferente resultaba ser el paisaje que, a diferencia del verde y poblado en el que ella vivía, era estéril e inhóspito.

—¿Dónde estoy? —le preguntó al hombre que la acompañaba.

—En la Capital del Oeste, o lo que era.

Bra abrió los ojos, perpleja. Sabía bien que en esa otra realidad las cosas no habían salido tan bien como en la suya. Que su padre en ésta, había muerto al igual que Gohan y los demás. Y que sólo quedaban Bulma, Milk y él, su otro hermano Trunks.

—Vaya… —dijo sin mucho interés—. Bien, ¿dónde voy a dormir?

Trunks soltó un pesado suspiro y acarició su frente. Era la primera vez que veía a la que pudo haber sido su hermana y no parecía más que una niña caprichosa y consentida, pero tenía razón en una cosa, debían ir a dormir.

—La máquina del tiempo consume mucha energía en cada viaje y sólo puedo hacer dos consecutivos, uno para ir y otro para volver a mi línea de tiempo original… Mañana hablaré con mamá para saber cuándo puedo llevarte de vuelta a tu hogar —desganado, volvió el aparato una cápsula y lo guardó en su mochila.

—¿Y dónde vives?

—A varios kilómetros al sur, ¿sabes volar?

Con autosuficiencia se cruzó de brazos, caminó unos pasos hacia adelante y miró nuevamente el cielo, alzando luego un pequeño vuelo, demostrándole así a Trunks cuál sería su respuesta. Él soltó un escurridizo quejido que Bra pasó por alto y sin dejar de mirarla, se alzó en el aire.

—Sígueme —le dijo y se marcó por el cielo, dejando una estela blanca detrás de sí.

Bra luchó consigo misma para igualar la velocidad del otro, pero por mucho empeño que puso en ello no lo igualaría jamás con su falta de entrenamiento. Trunks se giró, sin querer imaginó que la muchacha sería algo más fuerte por ser hija de Vegeta y derrochar tanto de su carácter por doquier. Paulatinamente ralentizó su velocidad, quedando casi a la par de ella, pero un par de veces en las que se giró a sonreírle atentamente, ella desvió la mirada, rechistando un "Ash" muy típico de su madre.

No fue mucho el tiempo que les tomó llegar a la modesta Corporación Capsula, ubicada en una ciudad que parecía un pueblo y que ni siquiera se comparaba con uno de los barrios de lo que antes era la Capital. Aunque de todas formas, C.C., seguía siendo el edificio más grande que se podía apreciar.

Trunks aterrizó, las calles apenas sí tenían luces y casi no había vehículos estacionados fuera de las casas. Bra sintió un escalofrío y se abrazó a sí misma, parecía una ciudad abandonada.

—La gente no sale mucho de noche, aún es un poco peligroso —comentó él, al ver la mirada extrañada de la muchacha.

Ella no contestó, sólo siguió los pasos del otro y se adentró en su morada.

Por dentro el aspecto era más cálido de lo que se observaba por fuera, habían varias luces encendidas de media intensidad que pintaban las paredes de color caramelo, varias flores en maceteros y un sofá largo color marfil, frente a un modesto televisor.

Trunks colgó su mochila y le pidió a ella que lo acompañara por un pasillo, mencionándole que deberían guardar silencio porque su madre quizás estaría durmiendo. Al final del pasillo abrió una puerta y encendió la luz, levantando la perilla junto a la entrada.

No se parecía para nada al cuarto de su hermano. En el que estaba ahora parecía sólo haber lo necesario, un escritorio con unas capsulas, unos cuadernos, un closet y una cama de dos plazas. Por fortuna parecía tener baño privado.

Él caminó hasta el closet y sacó unas sábanas y una colcha, le señaló la cama con una cálida sonrisa y se sonrojó.

—Seguramente debes tener más comodidades en tu casa, pero puedes dormir en mi cama mientras estés aquí.

—¿Y tú? —preguntó ella sin soltar expresión alguna.

—Dormiré en el sofá, es bastante cómodo —dijo y caminó hasta la salida.

—Deberían considerar construir un cuarto de invitados.

Él se sonrió y la miró por sobre su hombro —. Lo tendré en cuenta.

Cuando escuchó la puerta cerrarse detrás de ella se encontró en total silencio, salvo por los pasos de Trunks que iban alejándose lentamente. Miró a los lados, en la mesa de noche junto a la cama había un despertador programado a las 07:00 A.M, que rápidamente desactivó. Se sentó en la cama y se hizo rebotar, pero indudablemente no era de la misma calidad del colchón de su cama. Revisó los cajones, como había hecho husmeando el cuarto de su verdadero hermano y, al contrario de éste, no habían condones ni lubricantes, o servilletas. Se levantó y caminó serenamente hasta el escritorio, donde encontró un par de dibujos que parecían ser diseños de edificios y uno que otro prototipo de nave, pero lo que llamó su atención en particular fue una especie de agenda que abrió y descubrió hojas percudidas escritas casi hasta el final. Descubrió luego revisar con la mirada que se trataba de un diario íntimo. Aunque le sorprendió que mantuviera uno de esos considerando su edad y el hecho de tratarse de un hombre. Lo dejó en su lugar y se volvió a la cama, debía dormir un poco ya que ésta sería la primera noche de unas vacaciones de su familia. Se sonrió, ya no habría mamá quejándose de su falta de interés en el estudio ni rezongando sus tardanzas o desorden. Contrario a eso probablemente debía estar sufriendo su partida, extrañándola y reprochándose el haberla maltratado de esa manera, de juzgarla por fumar cuando ella misma lo había hecho y probablemente a su edad. Tal vez hasta podría fumar con libertad ahora que era inalcanzable.

Luego de buscar entre la ropa de Trunks alguna camiseta para dormir, tomó una, color celeste y se metió a la cama, que no era incómoda e incluso tenía el aroma del nuevo Trunks colado entre las hebras de su almohada. Aroma particularmente agradable, aunque se cuestionó si él usaría colonias como las de su hermano y luego resolvió que probablemente no.

Al contrario de lo que ella pensaba, tardó mucho en dormirse. Las manecillas del reloj le taladraron la cabeza durante lo que le pareció una eternidad, fue al baño un par de veces y se movió de lado a lado de la cama. Puso la almohada a un lado, del otro, sobre y debajo de su cabeza pero nada parecía ayudarle a conciliar el sueño.

Antes de que pudiera darse cuenta el sol entraba sin permiso en el cuarto, y ella se cubrió hasta la cabeza con las mantas. Sintió como tocaban la puerta de varias veces y como su madre le preguntaba si se levantaría, entonces dudó sobre la pequeña aventura que se había dado el día de ayer, y con fastidio se encorvó en la cama, cubriéndose más. Creyendo que despertaba de un sueño extraño.

—Voy a pasar —advirtió su madre.

Sorprendida observó el revoltijo de sábanas, puso los brazos en la cadera por la poca disposición tan atípica de su hijo. Pero al girar el rostro e inspeccionar la habitación y encontrarse con un diminuto jean y un minúsculo top rosa se dio cuenta del género de lo que se encontraba acurrucado y quizás escondido entre las sábanas.

—Oye mamá, espera un segundo —dijo Trunks acercándose por el pasillo, algo acelerado—. Hay algo que debo explicarte.

Bulma se sonrió, la falta de interés de su hijo para conocer a una mujer la tenían realmente preocupada y toparse con la que quizás fuera su futura nuera de una manera tan precipitada no hizo más que emocionarla.

—¡Tienes novia!, ¿por qué no me dijiste antes? Mira las fachas en las que estoy, ¡aún no he preparado el desayuno! —se quejó empuñando sus manos con fuerza.

Trunks se abochornó e hizo un paso hacia atrás, había salido temprano a comprar varias cosas para el desayuno de su "hermanita" y olvidó avisarle a su mamá que tendrían un tercero en la mesa esa mañana y probablemente varias mañanas más.

—No, no —se apresuró a decir—, no es lo que estás pensando, ¡no es mi novia!

La mujer frunció el ceño, bastante más arrugado que el de la otra línea temporal, y lo miró de manera reprobatoria. Ella no había educado a su hijo para negar de tal manera a una mujer y mucho menos frente a la aludida.

—¡Ya mismo me la presentas, Trunks!

—¡Cálmate, mamá! —le pidió asombrado por la indignación de la otra.

Las cobijas se cayeron al suelo, dejando a la mitad de la cama a una jovencita de unos 18 o 19 años como máximo, con el pelo lacio y largo hasta la cintura, revuelto y enredado, vistiendo una camiseta de Trunks y aparentemente sin pantalones puestos. Sin prestar atención al dúo que tenía en frente, bostezó y se refregó los ojos.

—Ash… mamá, ya voy —dijo entre bostezos.

Los bellos en los brazos de la mujer se erizaron, se quedó perpleja y miró a su hijo a punto de tener un tic en su ojo derecho.

—¿Qué… qué tan en el pasado fuiste?

—¿De qué hablas? —cuestionó confuso y ambos se volvieron a la mujercita. —Oh, no, no mamá, no eres tú… Es la hija de Vegeta y Bulma de la otra línea del tiempo.

La mujer soltó un suspiró y se irguió nuevamente, se cruzó de brazos y le sonrió a la muchacha que aún no le prestaba demasiada atención. La similitud entre ambas era impresionante, su sólo rostro era un viaje al pasado para ella y sólo la voz parecía diferenciarlas.

—Prepararé el desayuno y me lo explicarán todo, ¿de acuerdo?

Su hijo asintió y le entregó las bolsas de compras a su madre, que se retiró tranquilamente. Él se acercó con cautela hasta Bra y se sentó sobre una de las esquinas de la cama.

—¿Dormiste bien?

—Tengo sueño, es muy temprano.

—Son las nueve de la mañana.

—¡Pero es domingo! —refunfuñó ella golpeando sus puños contra la cama.

—Mi mamá nos preparará algo de comer, cuando te vistas —dijo observando la ropa tirada en el suelo—, ven a la cocina con nosotros.

Bra sentía que había dormido quizás cinco minutos cuando el sol se le plantó en el rostro desfachatadamente. En casa, las cortinas de su cuarto eran gruesas de modo que por dentro aún parecía de noche así el sol le golpeara la ventana por sí mismo.

Por muchas quejas que puso, tenía hambre. La noche anterior no había cenado y ella tenía un porcentaje de saiyajin deambulando en su cuerpo que se hacía presente en la mesa.

Se volvió a vestir sus jeans y su top rosa ajustado, se colocó sus medias negras y sus botas de tacón y cordones. Fue al baño y usó el cepillo de dientes de Trunks con un poco de desagrado, usó su peine para arreglarse el cabello y se lavó el rostro antes de salir.

Su sentido del olfato la guio hasta la cocina, donde Bulma preparaba aún algo en una sartén de un lado de la habitación, y del otro, Trunks la esperaba en la mesa, bebiendo una taza de café. Al entrar volvió a sonreírle, cálidamente como lo eran cada una de sus sonrisas, pero ella no modificaba su expresión muy a menudo, por lo que sencillamente resolvió sentarse en la esquina de la mesa y comenzar a comer.

—Ya le expliqué a mamá el pequeño problema que tuvimos —dijo él y se sintió presa de la mirada matadora de Bra—. Podrás volver a tu casa en un par de semanas —se arrimó a ella mientras su madre no los observaba y le susurró al oído—, no te preocupes, no le conté sobre los cigarrillos.

Bra se extrañó y no supo si la palabra que buscaba él era un sentido "gracias" que no le dio, pero su mirada cómplice y su ligera sonrisa de satisfacción no parecían requerir más de ella. De modo que asintió muda.

La madre de Trunks se veía más avejentada que su propia madre, no parecía tener un problema con sus canas, ni tener los ánimos de ocultar sus ojeras con maquillaje como lo hacía la suya. Llevaba un mono de trabajo color azul y el cabello completamente recogido. Era extraño ver la naturalidad con la que se movía en esas condiciones, cuando, si fuera su madre, estaría totalmente escandalizada y encerrada en el baño arreglándose para estar glamorosa a la vista de todo el mundo.

Comió lentamente, aunque gran cantidad, mientras observaba al hombre del futuro con el que había viajado y lo diferente que se veía de su propio hermano a pesar de ser prácticamente el mismo. Su modesto desayuno en nada se comparaba a los de Corporación Capsula, faltaba su padre obviamente y las toneladas de comida que le correspondían a él. Faltaba el sonido del teléfono de casa, sonando y sonando sin parar, el del celular de Bulma y sus llamadas corporativas y el de Trunks y los dos suyos, el de la empresa y el de la noche. Aun así y a pesar de todas las diferencias, parecía que la compañía que se hacían esa Bulma y ese Trunks era igual de armoniosa que la de su familia en cada mañana, incluso más. Más sencilla igual.

Imaginó a su hermano, arreglándose la camisa y cuidando de no mancharse mientras devoraba velozmente todo a su paso, colocando una graciosa servilleta sobre el último botón de su camisa. Mientras que el que tenía frente parecía bastante menos acelerado para comer, casi como ella y hasta más calmo que su padre, el varón saiyajin con mejores modales en la mesa que conocía.

—Aun no te he preguntado tu nombre —dijo Bulma con una ligera sonrisa.

—Me llamo Bra.

Ante la corta respuesta de la mujercita, Bulma sonrió. Si bien en aspecto era una réplica de ella en su juventud, tenía mucho del carácter de Vegeta y parecía imitar el tono con el que él hablaba también.

—¿Y qué haces?, ¿vas a la escuela?

—Terminé la preparatoria hace unos días.

—Bueno, qué pena que tengas que pasar tus vacaciones aquí. No hay muchas cosas divertidas qué hacer. Realmente Trunks y yo nos pasamos mucho tiempo trabajando… Pero de verdad es un gusto tenerte con nosotros mientras se recarga la energía de la máquina del tiempo.

Bra masticó lenta e incómodamente su comida y luego de tragar soltó un dudoso "gracias".

—Trunks, yo tengo mucho trabajo que hacer con el surtidor de energía para la ciudad, ¿por qué no la llevas a dar una vuelta?, seguro se divertirán. Además tú hace mucho no sales con amigos.

—Seguro, mamá.

La calma y armonía que había entre ellos dos la ponía bastante incómoda. Pero sin dudas necesitaba algo que hacer durante el tiempo que estuviera allí.

—¿Tienen Wi-Fi? —preguntó ella, sacando del bolsillo su celular y las miradas de confusión de Bulma y Trunks la dejaron helada. Abrió los ojos ampliamente y se dio cuenta de que ni siquiera tenía señal—. Oh Dios, no me digan que no hay internet…

—Bra… —comenzó Bulma—, verás en nuestra línea del tiempo, Goku no venció a los androides… Trunks lo logró mucho tiempo después de su llegada y lamentablemente, durante esos años en los que 17 y 18 fueron invencibles, destruyeron la mayor parte del planeta… Probablemente la compañía telefónica que le da servicio a tu teléfono ya no existe o nunca existió, y quizás quienes crearon lo que llamas Wi-Fi, murieron o no lo crearon en nuestra realidad. Lo siento.

La mujercita arrugó el ceño con amargura, guardó su celular en el bolsillo una vez más y notó que traía consigo su billetera.

—Al menos dime que mi dinero aún sirve aquí —rogó sacando unas tarjetas de crédito, débito y varios billetes.

Bulma balbuceó, ciertamente durante tantos años de vivir suministrando agua y comida o intercambiarla por materiales de construcción había hecho que el dinero en moneda y papel se devaluaran demasiado, pero Bra tenía más de lo necesario en su billetera como para vivir durante varios meses. Y si eso era lo que cargaba sólo en billetes, no quería imaginar lo que debía tener en créditos en su tarjeta de débito, pero que seguramente no le servirían allí.

—Sí, el dinero en efectivo lo puedes usar.

—Entonces vamos de compras —le dijo a Trunks y él se sonrió.

—De acuerdo, si eso quieres.

Luego de terminar de comer, Trunks se apresuró a levantar la mesa y juntar las sobras que luego guardó en el refrigerador. Se ofreció a lavar los platos pero Bulma amablemente lo rechazó para que pudiera acompañar a Bra en sus compras.

Al salir de casa, el atento caballero de melena lila le avisó a su madre que volvería temprano, lo que hizo a Bra arquear una ceja. Una vez fuera ella lo miró de reojo, se veía tranquilo y algo animado, al sentir sus ojos sobre él se giró y le sonrió una vez más, pero ella esquivó la mirada y siguió caminando.

—Hay pocas tiendas aquí. No todas las casas de la ciudad tienen electricidad aún, es en lo que estará trabajando mi madre hoy.

—¿Qué es lo que haces tú? —preguntó mirando la fachada de las casas más cercanas.

—Bueno, después de los androides sólo he tratado de ayudar a mi mamá a reconstruir la ciudad… Juntamos comida para quienes más lo necesitan y levantamos casas para los que no tienen. No podría decirlo en pocas palabras porque aún queda demasiado por hacer y muchas veces viajamos a otras ciudades para ver qué podemos hacer por ellos.

—No te pareces mucho a mi hermano.

Trunks soltó una risa poco audible —. Es que la vida de tu hermano es diferente.

Tras caminar varias cuadras se encontraron con un par de tiendas pequeñas y puestos comerciales sobre una discreta plaza, por los que deambulaban diversos grupos de personas.

—Necesitarás algo más abrigado, me sorprende que aún no haya nevado.

El aire se sentía templado a frío, más no helaba y era extraño considerando la época del año. Bra llevaba puesto una de sus prendas favoritas, una blusa strapless de color rosa con escote en forma de corazón, muy ceñida al cuerpo y que dejaba sobresalir de su ombligo el piercing colgante que se había hecho a los 16 años. Bra estaba tan segura de su cuerpo que ni siquiera usaba brasier, sus pechos no demasiado grandes no precisaban de soporte alguno para mantenerse en su lugar, aunque cualquier correntada fría dejaría al descubierto lo que ella no traía puesto.

Caminaron juntos hasta los puestos comerciales, pero no encontraba exactamente lo que estaba buscando. La ropa reveladora que generalmente usaba y conseguía en las casas de diseñadores caros en la Capital, parecían ya no existir en ese lugar, como su inexistente compañía telefónica. Luego de buscar y buscar tratando de disimular su desagrado, se quedó con una camisa blanca, una playera amarilla, unos pantalones negros al cuerpo y unos short color caqui en oferta.

—Esto te quedaría bien —le dijo Trunks acercándose con una cacheta de cuero oscura.

Bra se acercó y la miró, la tomó entre sus manos y le recordaba a una que su padre tenía guardada en el closet de su cuarto. Se la probó y resultaba ser un par de talles más grande de lo que ella necesitaba, terminando a la mitad de la línea de su trasero y las mangas cubriéndole hasta los nudillos.

—Creo que no soy muy bueno con los talles —dijo sonriendo y se acercó para devolverla, pero ella detuvo su mano con la propia y él la miró algo sorprendido.

—La quiero.

Él se alejó —. Pues, te queda muy bien.

Luego de que Bra pagara por sus compras y se llevara su nueva chaqueta puesta, Trunks decidió darle a la jovencita un recorrido por su ciudad. En caso de que un día quisiera salir de paseo y volver a casa en otro momento.

—Aún no quiero regresar —le dijo Bra al ver que no quedaba mucho por recorrer—. Vamos a otra ciudad.

El otro, que caminaba con las manos dentro de sus bolsillos, presionó los labios mientras pensaba a dónde podría llevar a una adolescente malcriada de paseo.

—Hay una feria no muy lejos de aquí, pero no tiene muchas atracciones.

—Vamos.

Él se sonrió y alzó vuelo aún con las manos escondidas en sus pantalones guerrilleros y se giró en el aire, hizo una seña con la cabeza para que ella lo acompañara y la inexpresiva mujercita lo siguió, cobijando sus manos en los bolsillos de su nueva chaqueta de cuero. Trunks, que llevaba las compras de la joven Bra, acomodó la bolsa entre su cuerpo y su antebrazo para que la presión del aire no la despedazara. Ésta vez supo qué velocidad tomar para no dejarla atrás, aunque la miraba de reojo preguntándose si no estaría esforzándose para alcanzarlo a él. Al llegar a otra ciudad que quedaba a unos veinte minutos a vuelo, aterrizaron cerca del muelle. Se notaba considerablemente más grande que la anterior y Bra supuso que un día, ambas ciudades habían estado unidas pero gran parte de la ciudad había sido reducida a cenizas.

—Al menos tiene una "Rueda de la Fortuna" —comentó Bra para sí misma caminando unos pasos hacia adelante.

Sintió la mano del otro en su cintura y se giró por sobre su hombro, él le sonrió invitándola a la entrada. Sin dudar él sacó su billetera y le entregó varios billetes al hombre de traje blanco y rojo que le dio a cambio dos tickets con una enorme sonrisa, parecía suponer que eran novios. Un cartel cercano indicaba que sería la última semana de la feria y que por ello tenían varias promociones en los juegos.

—¿Qué te parece dejar "La rueda de la Fortuna" para el final?

—Me parece bien —musitó ella.

A unos pasos casi en el centro de los juegos, había una casilla amplia repleta de premios. Bra se acercó para descubrir varios juegos de ingenio y habilidad y se dijo a sí misma y con gracia la facilidad que tendría ella para lograrlo. Levantó su dedo índice a uno de los hombres que trabajaban allí y él se le acercó.

—¿Cuál quieres probar?, tienes cinco oportunidades en cada uno.

De entre todos había uno que le llamaba la atención especialmente, se trataba de una figura de metal doblada de forma inexacta varias veces. El juego consistía en pasar un círculo, también metálico, por todo el trayecto de la figura sin tocarla. El círculo tenía una pequeña pieza a cada lado para que ella pudiera sostenerla y de fallar en la tarea, una luz roja se encendería en la base de la figura. No parecía difícil, pero lo que lo hacía un reto era que la tarea se debía completar mientras la figura rotaba en su base.

Bra lo señaló con confianza y el encargado le entregó el pequeño círculo para que empezara. Pasados unos centímetros, la luz roja apareció, tomándola por sorpresa. Podría jurar que no lo había rosado, pero tal vez le faltó concentración. Recorrió en retroceso la figura y, tomando su segunda oportunidad, volvió a empezar. Casi a la mitad del recorrido, la luz roja se prendió nuevamente y ella rechistó. Tercera y cuarta ocurrió exactamente lo mismo, y se la notaba tan ofuscada que Trunks se sintió en obligación de acercarse a ella para tranquilizarla.

—Si te molestas no ganarás —le dijo apoyando los codos sobre la mesa de madera—, tranquilízate y verás que llegarás al final.

Bra tragó saliva e intentó relajar sus precipitadas respiraciones, avanzó lentamente y con el ceño fruncido, señal de su total concentración y en las curvas más difíciles escuchaba como Trunks le repetía "tranquila, despacio, eso es", lo que extrañamente le ayudaba a su respiración.

La luz verde se encendió cuando llegó al final y tocó la base, al mismo tiempo que dos campanas sonaron sobre su cabeza y ella alzó la mirada.

—¡Tenemos una ganadora!, ahora puedes elegir tu premio —dijo señalando los muñecos de peluche más pequeños.

—Felicidades —le dijo Trunks.

—¿Cuántas veces debo ganar para llevarme el más grande? —preguntó con la mirada encendida por el reto, mientras que a su compañero se le desencajó la mandíbula.

—Oye, está bien. Los que puedes llevarte también están muy bonitos.

Bra puso de un golpe el dinero sobre la mesa, que sobresaltó a su actual hermano y se hizo para atrás.

—¿Cuánto? —le preguntó con un tono severo al encargado de la exhibición.

—Las cinco veces… —dijo después de balbucear.

Dejó al descubierto su larga cabellera de particular color cuando se quitó la cacheta y se la dio a Trunks como si se tratase de su perchero personal. De haber tenido mangas largas se las hubiera remangado, pero como traía su escotado strapless no hubo necesidad. Extendió la palma de su mano al encargado y arqueó una ceja, esperando que dejara de tomarse su tiempo para darle la figura de círculo metálico y comenzar la tarea. Después de salir victoriosa de las primeras dos rondas, Trunks notó que comenzaba a ganarle la presión y volvió a recurrir a la técnica que la llevó al triunfo la primera vez. Se colocó a su lado y le dijo palabras de apoyo, en un tono calmo y sereno de voz. Llegó casi al final de la quinta ronda en cuestión de segundos, se había memorizado cada curva peligrosa y cómo debía moverse para acompañar el circuito de la manera más adecuada. La comisura de su labio se arqueó levemente en una disimulada sonrisa cuando escuchó a Trunks decirle "ya casi lo tienes" con emoción y al ver finalmente la luz verde por sexta vez junto con esas molestas campanas alzó los brazos en el aire con los puños presionados y gritó "¡SÍ!" con fuerza y emoción. Antes de que pudiera darse cuenta, Trunks la había alzado en el aire sostenida de las rodillas, casi dejándola sentada sobre su amplio hombro, la gente se había reunido a su alrededor después de la tercera victoria y esperaban casi tan ansiosos como ellos dos, que saliera invicta del quinto encuentro con ese maldito juego. Y mientras desconocidos la festejaban, el encargado tomó un regordete unicornio rosa y se lo entregó. Realmente, a Bra no le podía interesar menos el obeso animal de peluche, pero sí le indignaba no recibir el mejor de los premios. Lo tomó como pudo, casi abrazándolo y Trunks la puso en el suelo.

—No olvide su otro premio —dijo el encargado, señalando los más pequeños.

Bra hizo una seña de desinterés con los hombros, por lo que Trunks señaló uno cualquiera y lo recibió.

—¿Ahora a dónde vamos? —preguntó con una ligera sonrisa.

—Creo que es la primera vez que te veo sonreír desde que llegaste.

Bra se ruborizó y frunció el ceño nuevamente, se giró y pensó en elegir por ella misma la próxima atracción. Aunque no había mucho que le emocione, las "Tazas locas" no le resultaron muy "enloquecedoras", su padre mecía su cuna con más violencia que las piruetas que daban esas máquinas, el "Paseo del Terror" parecía hecho para niños de cuatro años. Buscando un juego que le divirtiera se topó con dos postes de dos metros y medio de alto, uno de color rojo y otro de color azul. Se quedó inmóvil mirando las marcas amarillas en cada uno y la campana redonda en lo más alto.

—Te advierto que si quieres jugar a eso, perderás.

Y no había cosa que molestara más a Bra que le dijeran las cosas que no podía hacer. Hurgó en su bolsillo y tomó dos billetes arrugados, se acercó rápido al joven que custodiaba los martillos y le enseñó el dinero.

—Dame dos —le dijo.

Trunks se acercó riendo nervioso —Era una broma, Bra, no es necesario —comenzó pero la mirada fulminante de la más joven lo obligó a callar.

El muchacho le dio el martillo azul a Trunks, que lo tomó y luego de dudar un poco, le dio a blanco sin mucho esfuerzo haciendo que el medidor tocara un cuarto de la altura total del poste.

—¡Así no! —le reclamó ella—, veo lo que haces, hazlo bien.

Trunks soltó un sentido suspiro, no le gustaba la idea de ganarle a la pequeña Vegeta en un encuentro deportivo de cualquier tipo, se rascó la nuca y se irguió frente al blanco ubicado en el suelo. Al golpearlo la campana voló al cielo junto con el medidor, el encargado cayó de bruces y Bra se acercó a Trunks para entregarle el animal de peluche, se hizo para atrás, tomó el mazo rojo y se precipitó con furia al blanco, pero el medidor no llegó ni a la mitad del camino.

Los ojos de ella se agigantaron, no podía ser que existiera tal abismal brecha de poder entre ellos dos. Entonces tomó el mazo con más fuerza y volvió a darle al centro, pero el resultado fue similar. Ofuscada, se cruzó de brazos y siguió caminando, mientras que Trunks recibía un premio que rechazó por haber destruido medio juego.

Prosiguió con su molesto andar y escuchó los pasos acelerados del clon de su hermano acercándose a ella pero guardando silencio al mismo tiempo. La miraba por el rabillo del ojo de vez en cuando sin saber exactamente qué debía decir. Todo podía caer mal a los oídos de la caprichosa princesa, por lo que lo más sensato sería guardar silencio. Pasaron cerca de un puesto de comida y pensó en comprarle un algodón de azúcar, entonces se alejó sin decir palabra y Bra sintió cómo se distanciaba.

Un repentino dolor en la boca del estómago la incomodó y entrecerró los ojos, tal vez Trunks se había hastiado de ella y la estaba dejando sola, pero al cabo de unos segundos alzó el mentón y caminó con mayor determinación aunque no tuviera un destino planeado. Dio vueltas hasta que llegó al final del muelle, a unos metros de la Rueda de la Fortuna y vio junto a un exhibidor vacío un grupo de cinco adolescentes, esos del aspecto que su padre detestaba. Ella miró los tatuajes del más alto, de cabello negro y camiseta negra sin mangas, que fumaba y parecía mirarla debajo de sus gafas negras.

—Hola, bonita —le dijo ladeando una sonrisa.

Bra miró a un lado pero Trunks estaba fuera de vista, entonces regresó la mirada al muchacho que la había saludado.

—¿Te perdiste? —preguntó y los demás rieron.

—Por supuesto que no.

—¿Y, qué haces tan sola? —cuestionó de manera sugestiva, pero la mirada de ella se perdió en la ceniza que se acababa de caer de la punta de su cigarrillo. Tanteó el bolsillo trasero de su jean pero no estaba la cajetilla que su madre le reclamó antes de irse de casa. Soltó un insulto por lo bajo y miró por el rabillo del ojo a la distancia, el muchacho sonrió—. ¿Quieres? —ofreció su atado, del cual salía con ligereza uno de los filtros color madera.

Bra se acercó un paso y extendió la mano, volvió a girar pero Trunks no parecía acercarse, entonces lo tomó y el muchacho le ofreció un encendedor que le regresó luego de encender el cigarrillo y dar la primera pitada. Cerró los ojos y disfrutó del humo saliendo por los orificios de su nariz. El de tatuajes sonrió al verla tan relajada y le preguntó su nombre mientras fumaba su propio cigarrillo.

—Bra —respondió ella sintiéndose un poco más cómoda.

—Ahora explícame qué hace una chica tan linda como tú aquí, sola.

—Yo no dije que estaba sola.

—¿Se enojará si te encuentra con nosotros?

—No es algo que me interese —contestó esbozando una sonrisa satisfecha y ligeramente maldadosa.

Él se sonrió e hizo la cabeza hacia atrás para apoyarla contra el puesto vacío y sobresalió su manzana de Adán. Era el tipo de muchacho que exudaba la palabra "peligro" por cada poro y que si su padre encontrara con ella, le rompería las piernas antes de preguntar su nombre. Al cabo de unos segundos de silencio, él levantó su mano derecha y le mostró una bolsa de papel madera que escondía una botella debajo.

—¿Quieres? —le preguntó y Bra dudó. Sabía que si no aceptaba se burlarían de ella por cobarde y esa no era de las cosas que más le fascinaban en el mundo. Lo miró nuevamente a los ojos y él volvió a sonreírse y levantó los hombros—. Da igual —tomó un trago de la botella oculta y volvió a ponerla de lado. Se pasó un dedo debajo de la nariz y se le acercó no sin antes pasar la botella a otra mano. Se le plantó en frente y fumó otra pitada—. ¿Qué haces ésta noche?

—Cenar en mi casa —respondió Trunks acercándose con un algodón de azúcar, la cacheta de Bra y el unicornio de peluche bajo el brazo.

El de tatuajes se hizo hacia atrás alzando las manos y con el rostro lleno de diversión.

—Tranquilo, amigo. Sólo preguntaba.

Trunks tomó la mano de Bra que aún sostenía el cigarrillo, suspiró y la miró a los ojos. Lo tomó con desagrado aunque intentó disimularlo y lo tiró al suelo para luego apagarlo con un pie.

—Al menos no lo hagas frente a mí, vámonos.

Bra se giró mientras era arrastrada lejos del grupo y el muchacho se despidió de ella con la mano.

—No me hicieron nada malo —dijo ella con tranquilidad.

—Estaban bebiendo y te invitaron cigarrillos.

—Yo no bebía.

—Ese no es el punto.

—Me dejaste sola.

Él se detuvo y la miró, pasó la mirada por el suelo un instante casi asumiendo la culpa de aquel encuentro, como por inercia.

—Lo siento…

Ella no se deshizo del agarre que él tenía sobre su muñeca, que extrañamente le resultaba familiar, quizás por ser tan territorial como su padre. La mirada no era la misma a pesar de las obvias similitudes físicas, y el color de esos ojos no era como el de su madre, sino como el de su abuela que sólo recordaba en fotos. Pero la manera de mirar no era como nada que ella hubiera visto antes, ni siquiera en su propio hermano, que tenía una especie de chispa que lo hacía más "humano", por describirlo de alguna manera, más normal o más terrícola.

—Aún nos falta la Rueda de la Fortuna —propuso él casi disculpándose una vez más.

Bra medio sonrió, Trunks era demasiado sincero al pedir perdón que reprimió esa parte suya que en otra ocasión se hubiera soltado de una sacudida y marchado gritando "¡tú no eres mi padre!". Él dejó ir su mano con delicadeza y sonrió ampliamente, le mostró los tickets y le invitó del algodón rosa que traía.

—Fui a comprarlo para ti, ya debes tener hambre.

Por segunda vez en el día de sus labios se escapó una ligera sonrisa algo avergonzada. Tomó el algodón entre sus manos y siguió a Trunks hasta la entrada del juego. Luego de entregar los boletos, se subieron a una de las coloridas casillas y el encargado cerró la puerta detrás de ellos. Aunque era relativamente temprano, ya el cielo se había teñido de naranja y rosa, y a la vez comenzaba a ennegrecerse el cielo, el invierno les pisaba los talones. Una de las respiraciones de Bra se marcaron en la ventana, y Trunks notó entonces lo desabrigada que estaba.

—Toma —le dijo abrigándola, lo que la tomó por sorpresa.

Su piel blanca se tiñó de un suave color rosa en las mejillas y delicadamente se cubrió los brazos mientras miraba por la ventanilla, mientras se silenciaba un "gracias" mentalmente.

—Eres raro.

La voz suave de Bra capturó la atención del otro, que observaba el caminar de la gente en el muelle, desinteresadamente. Se giró a verla pero ella seguía con la vista en el ocaso.

—¿Por qué "raro"?

—Nunca conocí a alguien como tú.

Él se rió—. Entonces tú también eres rara.

—Yo soy diferente, no rara —contestó girando su rostro.

—Sí, definitivamente.

El aire que respiraba se le quedó estancado en la garganta. Probablemente no existían palabras para definir la conversación que sostenía y que probablemente tendría hasta que llegara el momento de marcharse. Ese Trunks era tan familiar y a la vez tan nuevo y extraño. Su amabilidad y la calidez que emanaba como una órbita la hacía sentir cómoda, segura. Pero no era la misma sensación de complicidad que tenía con su hermano, aunque realmente fuera él, dadas otras circunstancias.

Bra desechó sus enmarañados pensamientos al notar que no llegaría jamás a una conclusión. Ambos eran su hermano y a la vez sólo uno lo era, pero éste nuevo Trunks tenía algo diferente que le intrigaba.

No encontraron demasiado tema de conversación el resto del tiempo que pasaron en la cabina. Él le preguntó por sus amigos de la escuela, sus notas y pasatiempos. Ella le preguntó por las obras benéficas en las que participaba, por los dibujos en su escritorio y por el trabajo de su madre. Cuando él le cuestionó si tenía novio, ella se sonrió y bajó la mirada aunque no supo por qué, ya que no lo tenía ni había nadie de su interés en el planeta. Ella hizo la misma pregunta pero la respuesta de él fue más clara y planeada, "no estoy muy al pendiente de esas cosas".

Al bajar buscaron un cesto para tirar la varilla del algodón y caminaron hasta la salida y a una distancia prudencial iniciaron su vuelo hasta el hogar de Trunks. Los atrapó la noche al regresar a Corporación Capsula, aunque aún no era hora de cenar. Aterrizaron cerca de la plaza que visitaron temprano pero ahora los comerciantes levantaban sus puestos, la hora insegura se estaba acercando. Las mujeres caminaban a paso rápido y sin mirar a los ojos, y los hombres caminaban aparentando tranquilidad como si fuese un escudo que impedirían que un ladrón les hurtara. Al cabo de unas cuadras no había más que silencio casi aterrador. Bulma los esperaba con la cena lista y Trunks dejó las compras de Bra sobre su cama junto a los premios del juego de habilidad en el que había participado. Los dos se limpiaron las manos y se acercaron a la mesa. Bulma miraba a Bra como maravillada mientras ella le conversaba sobre su banal vida mortal y aburrida, lo que la hizo sentir aún más cómoda que antes. Al terminar la cena Trunks recogió la mesa una vez más y limpió los platos, Bulma se despidió de ambos y se fue a dormir a su dormitorio en el primer piso. Ligeramente incómoda, Bra se acercó al de cabello lila, caminando a pasos cortos y medidos.

—Te… ¿te ayudo en algo? —balbuceó.

—Gracias, ya casi termino. Deberías ir a dormir, o si quieres darte una ducha, toma las toallas de mi closet.

Ella asintió y se retiró a la habitación de Trunks, haciendo caso de su sugerencia se dio una ducha y se vistió otra vez la camiseta celeste que usó de pijama la noche anterior.

Ésta vez sabía que tardaría en dormirse. Se acostó en la cama y miró el techo, ¿qué estaría haciendo su papá en ese momento? ¿estarían preocupados? ¿la echarían de menos? Se incorporó sobre la cama y sentada, frunció el labio. Comenzaba a extrañar su hogar. Fue entonces cuando hoyó los pasos de Trunks caminando hasta el sofá en el que durmió la noche anterior y sin querer, volvió la vista hasta el diario que había hojeado anteriormente. Se levantó cuidadosamente y lo tomó entre sus manos, se regresó a la cama, prendió el velador y comenzó a leer.

"Hoy Gohan me enseñó a volar"

Estaba escrito en unas letras infantiles.

"Me dijo que concentre mi ki pero tardé casi todo el día en lograrlo, pensé que no podría. Mamá me dijo que debía tener paciencia, que mi papá era un hombre muy poderoso y que seguramente yo igual lo seré."

Bra se sonrió, seguramente era un recuerdo de su infancia. Se saltó unas hojas, casi al medio del diario.

"Cuando la transformación se esfumó y me desperté no tenía nada más que angustia y dolor, el dolor más profundo que he sentido jamás en toda mi vida. Las ganas de vivir desaparecieron. No sé si desde entonces he caminado vacío en busca de una razón para seguir viviendo porque parece que cada vez que encuentro una, temo me la arrebaten de la misma manera. Ni siquiera quiero ver a mi madre, pues temo que la encuentren y la asesinen para torturarme. Si yo hubiera sido más fuerte, Gohan seguiría vivo"

Ella se quedó helada y cerró el pequeño cuaderno, lo colocó debajo del velador y se acomodó para dormir pero no podía cerrar los ojos. La caligrafía había mejorado notablemente, pero se notaba que aún no era el hombre que había conocido, quizás incluso era menor que ella. Cerró los ojos con fuerza, la diferencia entre ambos Trunks estaba delimitada por el sufrimiento de uno de ellos, casi mártir de un mundo apocalíptico. Una lágrima se escurrió por su mejilla. Ella también lo sentía mucho.


Continuará.


N/A: Muchísimas gracias a todos los que me dejaron comentarios en el capítulo anterior, me hicieron re feliz todos y cada uno de ellos. Espero nuevamente haberlos al menos entretenido con este capítulo, sé que el próximo es mucho mejor y que les gustará (sí, le tengo mucha fe). ¡Nos leemos la próxima semana!