hola!

Primero que nada, muchas gracias a todos los que leyeron y comentaron! :D

La realidad de esto es que no planeaba subir este capítulo hasta que no estuviera terminado, es decir, iba a ser un capítulo bastante largo donde narraría tooooodo el pasado para luego comenzar con el presente. Pero bueno, no lo pude aguantar. Estaba demasiado feliz ayer cuando volví de ver la peli "Cómo entrenar a tu dragón" y me dije, ¡LO SUBO! (Acostada en mi cama), realmente lo intenté, LO INTENTÉ TODO, desde mi celular. Pero no podía. Me subía todo sin formato y espacios, y puuuuffff, no. Y hacía mucho frío para levantarse xD, así que hoy en la mañana mientras desayuno y deseo fervientemente que la churrería de la esquina tuviera delivery (?), subo el capi! YEY

En fin, dejando de desvariar, comento un poco sobre la historia: el principio tal vez les pueda resultar algo pesadongo porque no hay mucho diálogo, sino mucho pensamiento y bizarreadas psicológicas, pero yo me divertí mucho escribiéndolo! XD, pero en fin, luego me dirán lo que les parece.

La segunda parte, donde ya planeo terminar el pasado, es mucho más interesante ;D

'

'

'

'

''


El sol se colaba donde quiera que se encontrara, podía sentirlo en sus ojos todavía cerrados, y a pesar de los infructuosos esfuerzos que estaba haciendo para poder moverse aunque sea un poco, no lo lograba.

¿Estaría muerta?

La rabia corrió por sus entrañas ante ese pensamiento. ¿Muerta sin luchar? Ni loca

No, se dijo a sí misma con convicción. Luego de la muerte no debería haber dolor, ¿no? Pues le dolía cada parte de su cuerpo, incluso los ojos.

Quiso utilizar su instinto para olfatear al menos el lugar, pero sorprendentemente, se sintió… vacía. ¿Qué sucedía?

El férreo control sobre sus sentimientos que había implementado tantas décadas ayudó para que no cayera en la desesperación que esa situación le estaba ocasionando. Tenía que enfriar su mente y pensar con claridad. Dónde estaba y quiénes la tenían, en esos momentos debía ser relegado a otro plano. Su parte impulsiva quería destrozar a todo aquél que había osado dejarla tan indefensa, pero su instinto de supervivencia le dijo que lo primordial era el pensar cómo escapar… dadas las circunstancias.

Lamentablemente, el único instinto que en ese momento le estaba funcionando era el asesino, aún cuando no tuviera forma de llevarlo a cabo.

Los mataré mientras me arrastro, malditos, pensó con amargura. Quiso rememorar los sucesos, pero su mente estaba en blanco.

De pronto, su alrededor se volvió sofocante y no supo cómo, pero la fuerza volvía vertiginosamente a su cuerpo. Otra presencia estaba en ese lugar con ella, lo sentía, deberá a haberse puesto en guardia pero algo le decía que no era peligroso. Decidió quedarse quieta y esperar, ante cualquier movimiento inesperado, mataría a quien fuera. Las preguntas, vendrían después. Había dejado de molestarle el quedarse sin respuestas.

—¡Estás despierta! —el sonido de la voz fue demasiado para sus maltratados oídos, le llevó mucho de sí misma no inmutarse mientras su cerebro retumbaba.—. Dormiste mucho. Yo quería despertarte, pero el abuelo me dijo que no debía. Fue aburrido.

El niño bufó, y ella se preguntó cuánto tardaría en irse si pensaba que seguía dormida. Olfateó suavemente el aire para poder saber a qué clase pertenecía ese joven, pero volvió a su desastrosa realidad de que no sentía nada. Sus instintos estaban dormidos casi por completo. Casi.

—¡Oyeee! Sé que estás despierta, tu respiración se siente diferente —genial, simplemente genial, ahora a los niños también les enseñaban esas cosas de pequeños. La percepción de los alrededores no se enseñaba hasta después de un par de décadas de vida—. ¡Oyeeee!

Sintiéndose irritada, comenzó a abrir los ojos. La luz le lastimaba las pupilas, pero no le importó, quería saber dónde estaba. Después de todo, si estaba en compañía de un infante, no podía ser tan malo, ¿o sí?

Lo primero que vio, luego de que la niebla que cubría sus ojos se dispersara, fue el techo. No estaba al aire libre, era una casa. ¿Qué tan grande debería ser para poder estar dentro?

Giró su cabeza y una mata de cabello rosado cubrió su visión. Parpadeó para captar mejor la imagen, y lo siguiente que distinguió fue a un niño con una amplia sonrisa en su rostro que la miraba como si ella fuera un enorme trofeo.

La idea golpeó en su mente con fuerza. ¡Un niño humano!

Eso no era posible, la miraba con total admiración, sin siquiera un poco de miedo, siendo que ella podría comerlo de un solo bocado.

Quiso levantar todo su cuerpo, una idea muy mala se estaba formando en su mente y lo vio todo rojo. Un terrible mareo la invadió cuando logró ponerse en vertical. Lo que estaba debajo de su cuerpo, un material mullido y cálido había resultado ser una cama. Una pequeña cama de… humanos.

Alarmada, miró al frente y lo que vio congeló sus entrañas.

El espejo, colocado estratégicamente frente a su cama le devolvió una de las imágenes más atroces que jamás pudo haber visto.

La joven de cabello rubio, y aterrorizados ojos chocolates le devolvía la misma expresión.

Levantó sus… ahora manos, y tocó su rostro. Ya no había escamas, ahora tenía ángulos extraños en todos lados.

Sin poder evitarlo, la desesperación finalmente se desbordó de su cuerpo e hizo lo que, en otro momento, se mataría a sí misma por hacer.

Gritó. Y gritó y siguió gritando.


Soushi suspiró y miró a la joven mujer que seguía destrozando todo a su alrededor.

Había logrado sacar a Natsu de la casa, y sólo había conseguido alejarlo alegando que sería lo mejor para la chica. Que necesitaba estar sola.

Habían pasado ya un par de horas de aquello, y observando a la chica rubia, temió que serían unas cuantas más. Apoyado como estaba en la pared, estrechó sus ojos. Había intentado razonar con ella, pero la chica simplemente lo había lanzado a un lado, con una asombrosa fuerza y lo había ignorado, comenzando a golpear todo a su alrededor, prácticamente dando tumbos, arrastrándose y cayendo a cuatro patas. Se estaba haciendo daño, pero eso no parecía importarle. Tenía en el rostro, una expresión que bordeaba la locura. Creyó poder controlarla cuando se calmara, son embargo todo aquello estaba resultando mucho más difícil y extraño de lo que parecía.

Cuando la habían encontrado en esas condiciones hace cinco días atrás, temió lo peor. La adolescente era bonita y su cuerpo lo suficientemente exuberante para despertar en los hombres cualquier tipo de perversión, pero luego de haberla traído y de ser revisada por la anciana curandera del pueblo, se tranquilizó al saber que no había sido violada, ni había sufrido ningún otro tipo de abuso. Sin embargo, luego de que durmiera durante días sin siquiera despertar, sí lo alarmó. Ese día había ido a buscar nuevamente a la curandera para saber si podían hacer algo, y le reiteró por millonésima vez a Natsu que no se acercara a la chica. Hasta entonces, refunfuñando y todo, el niño lo había obedecido, pero cuando regresó y escuchó el estruendo que salía de esa habitación, el miedo lo invadió. Ese renacuajo estúpido…

Nunca olvidaría su rostro cuando entró. Natsu estaba agazapado en un rincón con el rostro bañado en desconcierto y temor. No era fácil infundirle terror a ese niño, así que por eso al menos, podría darle crédito a la la forma en la que gritaba, era evidente que algo había acontecido, o simplemente la adolescente estaba chiflada.

Se dijo que era el momento de frenar toda esta locura cuando ella comenzó a dibujar en el piso de madera con sus uñas una especie de círculo mágico.

Se acercó y la tomó de los hombros. La chica se removió inquieta, con demencia, pero algo en los ojos del viejo Soushi la hizo detenerse.

—Ya es suficiente —dijo sin dar lugar a réplicas—. Si no hablas conmigo, me temo que no podré ayudarte.

Ella sólo lo miró. Y lo miró. Y lo miró, como si él fuera algún bicho extraño.

Se preguntó entonces si la chica tendría algún problema cerebral, o no entendía el idioma.

Ella lo observó mientras él iba hacia una esquina y de un cajón sacaba una caja. Se puso en guardia, era un simple humano, pero lo que le estaba pasando no tenía nada de simple.

Soushi se sentó en el suelo junto a la joven, y abriendo la caja de primeros auxilios para tratar las heridas que se había hecho, decidió comenzar por el principio.

—¿Cómo te llamas? —forcejeó con uno de sus brazos, la chica era terca, pero él lo era aún más. Cuando supo que no le haría daño, cedió sólo un poco para que el viejo comenzara a aplicarle una extraña crema—. Sé que no eres muda —volvió a hablar el anciano luego de esperar una respuesta—. Te escuché gritar, creo que todo el pueblo te escuchó. Tienes unos buenos pulmones ahí. Eso es bueno.

Ella no respondió, pero Soushi no se sorprendió. Esperaba eso. Siguieron en silencio mientras él curaba sus heridas. Su experiencia le dijo que ella no había cedido ni un ápice. Solamente estaba evaluando la situación.

—¿En dónde estoy? —su voz había sonado algo ronca, forzada pero el tono obviamente era de demanda.

Así que por las malas, pensó Soushi divertido. La chica no sabía dónde se estaba metiendo

—¿Cómo te llamas?

La vio fruncir el ceño y se regodeó internamente. Adoraba molestar a las personas.

—¿En-dónde-estoy? —repitió entre dientes, acentuando cada palabra.

—Oh, niña, esto es muy fácil. Me dices tu nombre para que yo pueda ayudarte. No es como si ya no te hubiera rescatado, ¿sabes? La gente últimamente está perdiendo un par de palabritas muy pero muy importantes para el planeta. ¿Sabes acaso cuáles son? —se permitió mirarla una vez más y notó la forma en la que presionaba su mandíbula. Se lo comería crudo si pudiera—. Gracias y por favor.

Los ojos castaños de la rubia echaron chispas. Tan fuertes y potentes, que de haber sido una maga, estaría seguro que lo habría chamuscado. Oh, qué divertido.

La vio entonces tratando de ponerse de pie, pero sus esfuerzos eran inútiles. Que cosa rara, sabía a ciencia cierta que nada malo sucedía con su cuerpo, estaba en óptimas condiciones. Podría estar algo débil por no haber probado bocado en esos días, pero nada justificaba esa falta de… equilibrio.

No se movió para ayudarla, que es lo que cualquiera haría en esa situación. Sabía que la chica, cualquiera fuera su motivo, estaba librando una lucha interna, y mientras ella se arrastraba patéticamente, fue cuando vio casi con claridad cómo algo dentro de ella se quebró. Como si su orgullo se doblegara y admitiera que era mejor decirle su nombre que arrastrarse por el suelo. Quien lo hubiera dicho.

—Lu…—todavía le dolía hablar, pero le dolía más su roto orgullo al saber que su única oportunidad de seguir adelante y averiguar qué diablos sucedía, era contar con la ayuda de ese humano, por ahora. Su nombre, preguntó. No le gustaba su nombre, sonaba demasiado… blando—. Lucy. Mi nombre es Lucy.

El viejo sonrió ampliamente. Las cosas empezaban a avanzar. A pesar de la reticencia de la chica, la ayudó a levantarse y la sentó sobre la cama.

—Entonces, Lucy. ¿Quieres contarme qué te sucedió y por qué le hiciste esto a mi casa?

Lucy lo ignoró por un momento y por primera vez pudo apreciar la suavidad de la cama bajo su cuerpo. Un cuerpo que no era suyo, se recordó.

—No quiero —pero a su pesar, era lo suficientemente inteligente para saber que necesitaba respuestas, sobre muchas cosas, y ese viejo era el comienzo. No andaría con rodeos, no era su estilo. Resopló y forzó a sus palabras salir de su boca—. Soy un dragón y no tengo la menor idea de por qué estoy aquí y mucho menos en este débil cuerpo.

Aunque tal vez, sólo tal vez, debería haber tenido un poco más de tacto.

Natsu miró al horizonte una vez más. Había pasado mucho tiempo desde que su abuelo le había dicho que saliera de casa y se moría de ganas por regresar y saber cómo estaba ella.

No le había hecho nada… ¿o sí? Sólo había querido saludarla cuando se dio cuenta de que se había despertado. A lo mejor la chica era como su abuelo, pensó, quizás ella no era muy sociable apenas se despertaba y por eso se había puesto histérica. Pero le dio mucho miedo en un momento, ella era una chica delgada y se veía pequeña, aunque fuera más alta que él, pero por un momento creyó verla enorme… de alguna forma extraña, una forma conocida…

—Natsu —miró hacia debajo de la copa del árbol en la que se encontraba, y vio a la curandera Kaede—. Tu abuelo dijo que regresaras. Todo está en orden.

Su corazón comenzó a latir lleno de emoción. Al fin podría conocer a la chica, podrían ser amigos y entrenar juntos. Algo dentro suyo le decía que de alguna manera, ellos se conocían. O algo así.

Mientras bajaba con destreza, pensó que a partir de ahora, todo sería divertido.


Un mes después…

Soushi miró el antiguo libro que tenía ante sí con cansancio. La pila de libros que se encontraban detrás de él había sido inútil y le había quitado más tiempo que el que deberían.

Observó el exterior a través de la ventana. Natsu, como siempre alegre, intentaba de animar constantemente a Lucy a entrenar con él. Centró su atención en ella que lo ignoraba olímpicamente; lo cierto es que lo que le había contado era realmente descabellado, de hecho, una persona normal la habría tomado por demente, pero él sabía que lo que la chica decía era verdad. Podía verlo en las profundidades chocolates de sus ojos, y en la orgullosa postura de su cuerpo, un cuerpo que apenas estaba acostumbrándose a utilizar. De todos modos, no le contó demasiado.

Chica lista, pensó. Le dijo lo necesario para que él decidiera si creerla o no, y casi lo hizo a cuentagotas.

De acuerdo, ella era un dragón. Eso podía creerlo. Le preguntó por qué se encontraba en forma humana y esa parte era la que Lucy no recordaba. A regañadientes admitió que los dragones experimentados podían tomar forma humana cuando quisieran, pero que a ella jamas le había interesado aquello. No se lo había dicho tan directamente, pero sintió de su parte un leve resentimiento hacia los humanos. La ironía de su situación era que ahora la rubia era uno de ellos y no tenía la más mínima idea de como volver a ser lo que era.

El anciano mago quiso golpearse a sí mismo, en un momento de suma estupidez, le había ofrecido ayudarla con eso. Era obvio que el orgullo de la mocosa le impediría aceptar su oferta, pero Soushi no le dio ninguna alternativa. Argumentó lo lógico, lo que era evidente, ella no sabía siquiera mantenerse en pie sin temblar, no entendía nada del mundo humano y estaba prácticamente indefensa sin poder utilizar su magia de dragón. Ya de por sí, había sido una gran temeraria al confiarle a él su situación... De cierta manera.

Afortunadamente, Lucy no solo tenía orgullo en esa cabeza suya, sino que también era muy inteligente así que de una manera tácita admitió que él tenía la razón.

Todavía no comprendía como es que se metía con un mocoso mas cabeza dura que el otro, pero ya no tenia remedio. Había dado su palabra y ayudaría a la chica a volver a su forma de dragón, por muy demente que eso sonara.

Sin embargo había otra cuestión que también lo preocupaba. Natsu, a pesar de tener solo nueve años, estaba reaccionando hacia la joven como un pavo real en celo. Siempre queriendo llamar su atención a toda costa.

Aun recordaba el casi primer encuentro. Las chispas que volaron entre los dos esa vez aun le causaban escalofríos.

Flash Back

Apenas había terminado de curarle las heridas a esa terca muchacha cuando Natsu ingresó a la habitación. Se la quedó mirando como un fiel ciervo a su diosa, avanzando hacia ella tan lentamente que el anciano se sintió fuera de lugar.

—Soy Natsu —se presentó antes de que ella siquiera lo mirara, evidentemente, la pared detrás de él era mucho más interesante que el muchacho. Soushi casi sintió lástima por él–. ¿Tú cómo te llamas?

Ella no le contestó, de hecho lo ignoró olímpicamente.

Aquí vamos de nuevo, suspiró el anciano.

—Su nombre es Lucy, y se quedará un tiempo aquí, con nosotros.

—¿De verdad? —preguntó emocionado—. ¡Qué genial, Luceee!

Por primera vez, ella lo miró con molestia.

—Es Lucy.

—Sí, Luce.

—No. L-u-c-y. Lucy.

—Luce —el niño miró a su abuelo, sus ojos verdes llenos de confusión—. ¿Cuál es la diferencia?

Soushi se encogió de hombros y dijo simplemente:

—Mujeres, chico. Nunca vas a entenderlas. Domar a un dragón seguramente sería más fácil que entender a una mujer —sus ojos brillaron con humor, mientras la rubia hervía de rabia—. Ni hablar si tratas con una mujer dragón. Eso sí que debe ser complicado.

Si supieras, renacuajo, pensó.

Natsu sacudió su cabeza.

—Luce —una amplia sonrisa bobalicona apareció en su rostro—. Seremos amigos.

Por segunda vez, Lucy posó su helada mirada en el pequeño. No aparentaba tener más de ocho o nueve años. Su cabello era de un extraño color rosado y su expresión demasiado risueña para su gusto.

Y… Soushi pudo percatarse de un potente cambio en su actitud. La postura de su cuerpo se volvió rígida y su aura oscura. Comenzó a temblar levemente. Si no hubiese estado completamente en guardia, atento a ella, todo aquello habría pasado desapercibido para él.

Otra cosa más para sumar a la lista de lo extraño. Diablos, sólo era un pobre viejo, por qué todos los chiflados le tocaban a él.

—Ese —Lucy señaló a Natsu—. Ese retazo de tela que tienes ahí…

—¿Eh? —se miró a sí mismo—. ¿Mi bufanda?

La rubia siguió observando con esa inquietante aura. Parecía que lo destriparía si pudiera. Ni siquiera le contestó, solamente lo miraba, como si estuviera rememorando algo, y Natsu, ajeno a todo aquello que pasara por la cabeza de la chica rubia, continuó:

—Me la regaló mi padre. Él es un dragón, Luce —contó emocionado, pero su semblante se ensombreció un poco—. Aunque hace un tiempo que me dejó aquí y no ha vuelto aún. Sé que algún día volverá por mí, y seré muy fuerte para entonces.

Soushi tosió desviando la atención de la joven de Natsu, algo le decía que en cualquier momento le saltaría al cuello.

—Lo cierto, Lucy, es que Natsu se crió con un dragón —dijo con intención. Por el momento, no quería que Natsu supiera lo que sucedía—. Es un dragon slayer de fuego.

Flash back end.

Aún no podía quitar de su cabeza la expresión de auténtica soledad que vio en Lucy en ese momento. Fue apenas un instante, una décima de segundo, porque ella se recompuso, y con toda la dignidad que fue capaz de juntar, les pidió, más bien, ordenó que la dejaran sola.

El pobre niño no entendía nada, estaba tan desconcertado que no habló todo el resto de la tarde. Tal vez la decepción también había dado su parte.

Lucy no salía nunca de la habitación, siempre que la encontraba en su interior, estaba cerca de la ventana, y cuando le preguntó el por qué, le respondió: Para poder escapar, si lo necesitara.

Era lista, eso se notaba, y él siempre lo tenía en cuenta. Sabía perfectamente que ella seguía intentando, a escondidas, volver a su forma. Había visto los dibujos de sellos mágicos en el suelo, debajo de su cama, pero evidentemente nada funcionaba.

Al principio se preguntó por qué no escapaba e iba a otro sitio, era evidente que odiaba todo lo que la rodeaba; pero con el paso de los días comprendió que Lucy había resignado parte de su orgullo en pos de su ayuda; de alguna manera sabía que él haría todo lo posible.

No pasaba tiempo con ellos, y cuando le llevaba alimentos a la habitación, no tocaba ni probaba bocado hasta que él no hubiera salido. Había aprendido a andar, al menos un poco mejor; no pedía la ayuda de nadie, y si osaban acercarse a ella, simplemente los alejaba de un manotazo.

Le había prohibido a Natsu acercarse a la rubia si él no estaba presente, y por sorprendente que fuera, el niño lo había aceptado. Tal vez la decepción de que Lucy no fuera tan amigable como él esperaba era la que le había quitado el interés. No lo entendía, y tampoco pretendería hacerlo.

Soushi se pasó las manos por el rostro. Había tantas cosas que quería preguntarle a Lucy, tantas cosas que quería saber de los dragones, pero la principal era si sabía algo sobre el grupo de dragones que habían desaparecido hace ya dos años, de los cuáles, Igneel había sido parte.

Quizás el hecho de que estuviera familiarizado con los dragones facilitaba que asimilara las noticias descabelladas.

La imagen que le devolvía el exterior no era muy favorable. Esta vez, Lucy había accedido a salir, luego de las incansables solicitudes de Natsu. Como de costumbre, se la veía amargada, aburrida y terriblemente irritada con el mocoso. Era como si tuviera algo personal con él.

Se había prometido a sí mismo que ayudaría a esa chica, algo dentro de su pecho le decía que lo que estaba sucediendo marcaría un antes y un después.

Sólo esperaba llegar a tiempo.


Natsu le sonrió nuevamente a Luce; sabía que ella no le daría una sonrisa de regreso. Todavía no entendía qué le sucedía a Luce, había resultado ser rara, para nada como había pensado que sería. Quizás la hubiese preferido más alegre y que le gustara tener aventuras. Tal vez que también fuera una maga como él, pero Luce apenas y se movía. Era como la tortuga de mascota que el abuelo tenía, a veces pensaba que era peor, al menos la tortuga no le gruñía cada vez que se acercaba.

Lo único Way en esa Luce eran sus gruñidos. Había intentado imitarlos, pero a ella le salían demasiado bien.

Mientras pensaba, creó una bola de fuego con sus manos y comenzó a pasarla de una mano a la otra.

Realmente quería que Luce fuera más alegre y que sonriera. Nunca la había visto sonreír.

Hizo desaparecer la bola de fuego y se tocó el pecho, ya no sentía ardor, pero una extraña calidez seguía allí. Es la alegría de haber encontrado a Luce, se dijo.

—Luceeee, estoy aburrido. Hagamos algo divertido.

La miró con una tonta sonrisa esperanzada, pero ella le volteó el rostro como muchas otras veces. ¿Acaso sería posible que Lucy lo odiara? ¿Por qué?

Frunció el ceño pensativo, no fue su culpa haberle visto las boobies... y algo más, había sido ella la pervertida que se quedó dormida en esas condiciones.

—¿Cómo fue el dragón contigo?

Luego de casi nunca escucharla, que le dirigiera la palabra lo ponía muy contento. Luce quería saber de él.

—Igneel era bueno conmigo —contestó con simpleza—. Lo conocí desde siempre y crecí con él. Nunca me dio miedo —miró a Luce brevemente para saber si lo estaba escuchando, y efectivamente tenía toda su atencion—. Me enseñó casi todo lo que sé ahora. Es el único padre que conocí.

—Y luego te abandonó.

Esas palabras fueron como un cuchillo para él. Miró a Luce con enojo.

—¡Igneel no me abandonó! —gritó—. Él se fue porque seguramente algo pasó, sino nunca me dejaría si no fuera así. Volverá por mí, lo sé.

Una mueca cruel apareció en el rostro de Luce.

—¿Por qué no te abandonaría? Él es un dragón, mucho más fuerte que un simple humano como tú. ¿Acaso crees que realmente un dragón consideraría a un patético humano su hijo? Sólo eres un niño tonto que hace pequeños truquillos de magia. Debes saber desde pequeño tu lugar en este mundo, nunca estarás a la altura de un dragón y mucho menos serás tan fuerte como él.

Natsu encendió inconcientemente sus puños. La rabia lo hizo temblar. ¿Qué diablos le sucedía a esa tonta?

Una sonrisa llena de crueldad apareció en el rostro de Lucy. Era realmente triste que la primer y única sonrisa que le hubiera visto fuera por algo tan horrible como lo que le estaba diciendo.

—¿Piensas luchar? —fue entonces que Natsu se percató de que había encendido todo su cuerpo, habían algunas cosas que aun no podía controlar y la más complicada de todas eran sus sentimientos. Lucy se levantó del suelo donde estaba sentada y comenzó a alejarse de él—. Te recomiendo que dejes de hacer magia, podrías tomar alguna de las típicas profesiones humanas porque te tiene que quedar bien claro que la brecha entre los dragones nunca, en toda la historia se va a acortar, aún cuando soñadores imbéciles como tú y tu estúpido padre dragón piensen que ambas especies pueden convivir.

El desprecio impregnado en esas palabras hizo que Natsu se quedara estático en su sitio, la rabia le llenaba las entrañas y el pecho le ardía dolorosamente. Sentía unas traicioneras lágrimas queriendo colarse por sus ojos, pero las tragó como el hombre que era.

Lucy aun estaba a un distancia prudente así que le gritó lo suficientemente fuerte para que lo escuchara:

—¡Eres una bruja horrible y cruel! Deberías tener cuidado porque las verrugas se te van a notar. La primera ya se puede ver bien grande en tu fea nariz.

Vio con regocijo que Lucy llevaba disimuladamente una de sus manos a la cara. Pero cuando se quedó sólo miró hacia la copa del árbol. Cuando quería pensar, escalaba a lo mas alto donde el más puro de los vientos le sacudía el cabello y las ideas, sin embargo ahora no podía, su pecho ardía demasiado y el dolor no era solo físico.

No le habían dolido tanto las palabras de Lucy, la bruja Lucy ahora, porque sabía que eran mentiras. Lo más doloroso había sido darse cuenta de todo el sufrimiento que podía ver a través de las profundidades chocolates de los ojos de Luce. De la tonta Luce.


—He avanzado un poco —comentó Soushi esa noche a Lucy—. No fue mucho, pero hay una antigua leyenda, un sello milenario de un enorme poder.

—¿Sabe cómo romperlo?

—No. Aún no, aunque tampoco estoy seguro de...

—Entonces no me interesa —Lucy se dio la vuelta y se sentó en el alfeizar de la ventana, mirando hacia el exterior, las estrellas brillaban mucho esa noche. Si el anciano humano no le brindaría una solución, no le importaba seguir manteniendo la conversación.

—Algún día, muchacha, te golpearás las narices con esa actitud tan fea que tienes —replicó Soushi—. Claro, ignora al viejo que es la única persona en este mundo que puede ser capaz de ayudarte.

—Yo no le pedí nada.

Ignorando sus ácidas réplicas, Soushi prosiguió:

—Hasta ahora, todos los sellos que pueden ser utilizados en criaturas mágicas, siempre tienen una restricción. Pudieron haberte encerrado en un cuerpo humano, pero no robarte tu poder mágico. Nada en este mundo puede hacer eso; sí pueden agotarlo temporalmente, pero no robarlo —la observó con atención, la chica se había acostumbrado solamente a usar túnicas como ropa, decía que todo lo demás era demasiado complicado—. No entiendo por qué no puedes utilizar tu magia. Incluso en ese cuerpo, podrías ser muy poderosa.

—No me interesa poder hacer magia en este débil, patético e incómodo cuerpo humano. No pretendo estar así mucho tiempo.

—Pues mocosa deberías considerar el aprender a depender de tu fuerza en esta forma. No sabemos cuánto tiempo llevará el que vuelvas a la normalidad y está más que claro que alguien te quiere borrar del mapa, por lo que te hicieron.

—Usted no sabe nada.

—Oh, no sé nada, claro que no, pero hay que ser un completo retrasado mental para no darse cuenta de que no tienes muchos amigos. Quizás se deba a tu brillante y afable personalidad. Tal vez, sólo tal vez los que no quieran asesinarte simplemente te ignoren —se encogió de hombros—. No sé, sólo digo.

Lucy no sabía si sentirse molesta o divertida con ese viejo entrometido. No tenía ni idea.

—Veo entonces por qué usted puede soportarme —tomó una pose pensativa—. ¿Cómo le dicen ustedes, los humanos? ¡Ah, sí! Un clavo saca a otro clavo, ¿no?

Una perezosa sonrisa surcó el rostro del anciano.

Touché, niña —concedió, y añadió—: Has molestado a Natsu.

—¿Al chiquillo?

—No es fácil hacerlo enfadar tanto. Realmente admiro esa capacidad que tienes; Natsu es el niño más despreocupado que he conocido, y sin embargo tú en tan sólo dos minutos lograste lo que yo no lograría en diez vidas.

—Los dragones podemos vivir más años que cualquier otra criatura —Desinteresada, Lucy volteó nuevamente a la ventana—. Además, sólo lo puse en su lugar.

—Vaya, vaya. Y permítele a este pobre viejo ser un poco chismoso: ¿qué lugar es ese?

Ella lo miró, sus ojos eran como lanzas, filosos. Un brillo dorado relampagueó momentáneamente en su iris.

—Los humanos nunca podrán alcanzar el nivel mágico de un dragón. Jamás. Sí pueden llegar a ser poderosos, pero sólo entre humanos. No hay siquiera punto de comparación entre nosotros. Sólo saqué esos sueños absurdos de su cabeza.

¿Qué te han hecho, chica?

Sentándose en la cama, Soushi entrelazó sus manos. Un anillo dorado con una llamativa piedra azul brillaba en su dedo anular.

—Dudo que hayas sacado esos sueños, como los llamas, de su cabezota. Te sorprenderías de todo lo que un ser humano puede ser capaz de hacer, sobre todo por aquellos que ama. Sé a ciencia cierta que los dragones son seres territoriales, dictadores natos. ¿No es por ello que se inició esta absurda guerra? La permanente lucha del "yo tengo la razón y tú no". Lo malo, fue que todos pensaban lo mismo y podíamos llegar sólo a dos conclusiones: o todos tenían la razón, o ninguno la tenía. Una guerra de inteligencia, mi querida Lucy. Una guerra en la que los humanos quedamos en medio como meras herramientas del azar. Diablos, ¿a quién rayos se le ocurrió nombrarnos mientras mantenía una discusión? Y luego dicen que nosotros somos los que iniciamos contiendas inútiles.

—La supremacía de los dragones sobre los humanos es un hecho.

—Por supuesto, vete por la tangente —se mofó Soushi—. La supremacía de los humanos también es un hecho sobre las cucarachas, pero no por ello pisamos a todas las que vemos. Sin mencionar que es asqueroso.

—En realidad, déjeme poner en duda la superioridad de los humanos sobre las cucarachas.

Vaya, la chica también tenía sentido del humor.

—Dime, chica dragón, ¿de qué lado estás? ¿Aplastemos a los humanos o convivamos con ellos?

Lucy lo observó largamente.

—Ninguna de los dos. Como usted dijo, no porque podamos vamos a pisar a todas las cucarachas que vemos. Sería asqueroso.

Soushi levantó una fina y blanca ceja.

—¿Ahora descendimos al nivel de las cucarachas?

—Más bien diría que las descendí a ellas al nivel de un humano —acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja, era muy molesto que se colara y rozara su rostro. Vio que el anciano iba a replicar, así que añadió rápidamente—: De todos modos, ¿qué queda por hacer? Sé que usted sabe algo que no me está diciendo.

Soushi suspiró.

—No llegué a agotar todos mis recursos aún para sacar conclusiones precipitadas sobre la situación.

Lucy se estaba impacientando, detestaba los rodeos.

—¿Pero…?

—Pero —repitió—. Siento que hay algo demasiado oscuro detrás de todo esto. No… no parece algo personal, si fuera así, no te habrían dejado abandonada; te tendrían como prisionera, tal vez te estarían torturando… o cosas peores, pero sea quien sea la persona o… cosa que te selló, es obvio que tenía otros planes.

Lucy sabía que lo que el anciano decía era cierto. No sabía quién podría haberla traicionado, mucho menos cómo la habían atrapado con la guardia baja. Aunque estaba segura de que se arrepentirían por haberla subestimado.

No tenía la más mínima idea de que era lo que debería hacer. Si se quedaba, sentía que dependía demasiado de ese humano, y si se iba… no sabría por dónde comenzar. No podría volver al nido, ese era el último lugar al que iría. No sabía quiénes eran sus amigos, y quiénes sus enemigos. Dudaba, incluso, de que tuviera amigos.

Tal vez, por el momento, esto no era tan malo.


Bueno, no tengo mucho más para decir, sigo deseando churros como hace 5 minutos atrás, pero en la vida uno no tiene todo u.u

Como verán, nada es un secreto. Por ahora. Todo está dicho, menos a Natsu.

En un principio, en mi cabeza, la idea de todo esto era la misma, pero la historia iba por otro lado, tal vez cuando termine esto haga algo así como un alternativo para que lo vean.

En fin, chicos y chicas, el próximo (o sea, la otra naranja de este xD) está casi listo en el horno! así que es muy probable que salga cuando nadie se lo espere (!)

SALUDOS Y FELIZ FIN DE SEMANA A TOOOODOOOS!

(Detesto saber que todavía tengo que cocinar y lavar la ropa u.u)