Holiss!~~ nee, muchas gracias por sus comentarios! :D


Al día siguiente no me levanté del todo bien: me dolía la cabeza además de que no había dormido nada. Así que preferí no ir a la preparatoria.

A mitad de mañana, mientras ordenaba todo el desastre que había hecho mi madre a la madrugada, me llegó un mensaje de Kidou, preguntándome si sabía dónde estaba Endo. ¿Yo debía saber? Si era Kidou el que estaba en el colegio, no yo. Le dije que capaz que estaba en hospital y le tuve que contar lo de la madre.

– Eso te hace sumar puntos Fudo… – dijo Kidou por teléfono en tono de broma, pero yo no estaba para ellas.

– No digas idioteces, mejor vuelve al salón…

– ¡Espera! ¿Vienes al entrenamiento?

– No, no me siento bien… chau… – y sin esperar más el corté la llamada.

¿Es que acaso Kidou tan solo hace bromas en los momentos menos oportunos? Le resté importancia y continué limpiando.

A los minutos, tocaron el timbre, por lo que fui a abrir.

– Hola Fudo… – era Endo, quien con una sonrisa un tanto forzada me saludaba.

– Ho-hola Endo… ven, pasa – lo invité a entrar corriéndome a un lado de la puerta.

– Perdón que te venga a molestar a la mañana – me dijo sentándose en uno de los sillones de la casa – pero te venía a agradecer que lo de ayer…

– ¿Ayer?

– Claro, primero me salvaste de que me arrollara un auto, y luego evitaste de que armara un escándalo en la clínica; además de que estuviste ahí acompañándome… – me dijo con una sonrisa.

– No-no es nada, ni te hubieras molestado en venir – le contesté – Para eso son los amigos ¿No?

– ¿Amigos…? Sí, claro – dijo inmediatamente – pero igual no estaba de más venir a darte las gracias.

– ¿Te molesta que diga que somos amigos?

– No, no, ¿cómo crees? Yo… tan solo es que nunca consideré que fuéramos amigos, tu solo te juntas con Kidou, como mucho Sakuma o Genda. Pero por mí no hay problema – completó otra sonrisa. Al fin de cuentas, tenía toda la razón.

Entonces amigos… y dime ¿cómo sigue tu madre? – le pregunté tratando de llevar a conversación por otro lado que no fuera la molestosa palabra amistad que él creía que estaba bien.

– Mucho mejor… – y me empezó a contar como estaba ella. Aparte de decirme también que había vuelto a discutir con su padre.

Nos quedamos alrededor de… no sé… ¿Dos horas? Tal vez… dos horas charlando. Y juro que podía quedarme todo el día charlando con él, o con el simple hecho de verlo más tranquilo que el día de ayer. De no ser porque todavía era capaz de controlarme, me habría sonrojado en algún momento de la conversación.

Nee Endo… – le llamé la atención antes de seguir hablando de otra cosa – ¿Por qué ayer me preguntaste de quién gustaba? – yo ya me había quedado intranquilo.

– Idioteces mías… es que Kazemaru dice que cada vez que estoy con Fuyuppe, tú nos miras como si estuvieras celoso. Por eso quería saber si gustabas de ella. Es que a veces yo soy un poco celoso – ¿yo? ¿De Fuyuka? que sea mi amiga no significa que me guste…. Y si los miro mal es porque me gusta Endo.

"No Endo, simplemente que me gustas tú y me lleno de celos cada vez que te veo con ella"

– No Endo, Fuyuka es tan solo mi amiga, nada más…

Luego de un rato, Endo avisó que ya debía irse, era casi mediodía. Le ofrecí quedarse a almorzar. No se pudo negar. Así se quedó conmigo hasta casi las tres de la tarde, cuando ya no lo pude detener, tenía que ir a ver a su madre. Simplemente lo saludé, al día siguiente nos veríamos en la preparatoria.

Y bueno, aquí llega el momento en que yo empiezo con mis dudas existenciales ¿Verdad? Donde empiezo a pensar… "Endo nunca me va a amar porque estoy enfermo…" pero no…

Cuando Endo se fue, me sentí feliz. ¿Por qué? Por el simple hecho de que ahora éramos de verdad amigos, de que ahora yo podría contar con él, de que, ahora, no era TAN lejana aquella ilusión de que me correspondiera, ahora era solo lejana…

Eso de sentir que no todo va tan mal se llama esperanza, debes tenerla desde un principio…

Ya no me hacía sentir mal el hecho de haberme enamorado de él. Porque estaba empezando a entender por qué lo amaba: porque era una buena persona, era feliz, era perfecto… bueno, tal vez no era completamente perfecto, pero era perfecto para mí. Aunque ya estaba comenzando a volar muy alto con aquello. Aún así, nadie -en ese momento- me podía quitar esa estúpida sonrisa mía de la cara.

Si soñar es gratis… ¿Por qué no permitirse soñar con algo imposible?

Tal vez yo de a poco podría empezar a lograr que él me tomara cariño. No digo que me amara, pero sí que me tomara como un verdadero amigo de su confianza. Con eso a mí me bastaba completamente. Yo, siendo su amigo, estaba completamente lleno, ya podría dormir tranquilo, no tendría esos ataques de rabia en cualquier momento ni esas tontas depresiones. Todo empezaba a acomodarse en mi cabeza y estar con él ya no me causaba tantas molestias. Endo me estaba cambiando sin saberlo. Y se lo agradecí de todo corazón…

A eso también se le llama felicidad. Es difícil de conseguir, pero vale la pena

Así pasaron un par de semanas. Realmente Endo y yo estábamos más tiempo junto. Y me gustaba. Ya sé, ya sé, soné como tontita enamorada, pero realmente ya no me ofende pensar eso. Su madre ya estaba mejor, hasta el alta le habían dado hacía unas semanas.

Varias veces se me había cruzado por la cabeza decirle lo que sentía a Endo, pero al momento me acobardaba. Todavía tenía miedo de que me viera como un enfermo. Me conformé con simplemente tenerlo como amigo. Pero en una parte de mí, aquello no era suficiente aún. Mejor así, todo tranquilo…

Pero en alguna parte, esa amistad no te hace del todo feliz

Kidou me reprendía varias veces por no querer hablar con Endo sobre el tema. Pero si yo ya tenía una buena amistad… ¿para qué arruinarla con algo que él no me correspondería? ¿De qué valía confesar un amor que él no entendería? De nada. Yo era feliz así, y así me quedaría.

– ¿Pero cómo sabes que no te corresponde si nunca te has confesado? – me enfrentó Kidou.

– Primero, es más que imposible que sea homosexual ¿Acaso tú lo eres? – Kidou me miró feo – Segundo, tiene novia. Y tercero, realmente la ama. – y esa frase me dolió en el alma, pero era la verdad y la tenía que enfrentar.

– ¿Y qué?

– Kidou…

– Bueno, tienes las de perder, ya sé… ¡Pero yo solo quería darte ánimos! – Me dijo Kidou apoyándose en mi hombro – soy tu amigo y no te desharás de mí tan fácilmente…

– Eso lo tengo claro – le contesté riendo tratando de terminar de cambiarme en los vestuarios del club de fútbol.

Volví a mi casa pensando en aquello que me había dicho Kidou, no, era casi imposible que Endo realmente sintiera algo por mí más fuerte que amistad.

Mientras hacía la tarea del instituto, sentí el timbre.

Apenas abrí la puerta, Endo se me tiró en brazos. Fue una reacción bastante extraña de él. Lo sentí angustiado. Pude escuchar unas lágrimas…

– No debería llorar por Fuyuppe, no se lo merece… Aún así lo tengo que hacer o reventaré. Y tú eres el único al que puedo recurrir ahora… – me dijo mientras trataba de hacerlo entrar a mi casa.

– ¿Qué pasó…? – le pregunté.

Me engañó…