Los personajes de Ranma no son de mi propiedad. Escribo con fines de entretenimiento y AVISO que esta historia tiene gore, lemon con contenido explícito. Está ambientado en un Universo Alterno y los personajes no tienen sus personalidades originales. Clasificación M
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• 02 •
En plena mañana, la agente Tendo y el agente Saotome se abrían paso entre los policías que ya se encontraban ahí, los paramédicos llevaban en la camilla a una niña como de trece años, que lucía brutalmente golpeada, los parpados los tenían tan hinchados que parecía que le iban a explotar los ojos, los labios partidos y sangrantes, una oreja la tenía prácticamente echa tiras, su frente la tenía echa gajos, con piel colgante, su rostro mostraba cortadas pequeñas pero profundas, sus hombros estaban morados por los duros golpes, el cabello estaba teñido de sangre apenas se notaba el color rubio de la pequeña. Movía la cabeza todavía consciente, balbuceando y quejándose de dolor. Ranma sintió que se le fragmentaba el corazón al ver a la pequeña en aquella condición.
—¡Vamos, vamos, sigue viva! —Apresuró el paramédico que subió a la chica a la ambulancia.
—¿Qué es lo que ocurrió? —Preguntó Ranma al policía más cercano, tratando de no verse afectado por la situación deplorable de la niña—. Somos agentes de la Unidad de Investigación Especial —mostró la placa.
—La operadora recibió una llamada de una empleada de limpieza del hotel y encontramos a la niña en ésas condiciones, pero lo que quedó ahí adentro es… —informó el policía, la voz se le quebró y en sus ojos se asomaba terror y tristeza mezclado.
—¿Qué más encontraron? —quiso saber el joven agente.
—No puedo describirlo, no tengo estómago para eso, será mejor que lo averigüe por usted mismo, agente —el policía se metió en la ambulancia, donde se quedó inmóvil mirando por el parabrisas sin expresión.
Una mujer de alrededor cuarenta años, temblaba de pies a cabeza, tenía puesto el uniforme de intendencia del hotel, estaba llorando descontroladamente, junto a ella se encontraba un paramédico que le hablaba dulcemente, pero la mujer era un mar de lágrimas, estaba desquiciada sin aceptar ayuda de nadie.
Ranma sintió pena por la pobre mujer, pero Akane lo detuvo.
—Está conmocionada, lo mejor es que le administren un fuerte calmante —anunció la peliazul con un tono de voz muy neutral.
—¿Qué es lo que vio para que esté así? —Preguntó Ranma a su compañera esperando una respuesta.
—Lo tenemos que ver por nosotros mismos, Saotome —indicó Akane, quien rápido interrogó a uno de los oficiales y éste le informó donde.
Había una multitud de gente acumulada en la entrada del hotel, diciendo cosas, algunos incluso llorando. Aquel repugnante hecho le había revuelto el estómago, ver a ésa niña molida a golpes le causó escalofríos al pensar con qué clase de persona tuvo que toparse la jovencita para que la masacraran cruelmente. Apretó los puños con fuerza, si encontraba al responsable, mínimo un buen golpe le soltaría en la cara. Soltó un suspiro ahogando su enojo.
—Debes de aprender que no te tienes que tomar los casos como personales —advirtió Akane que se abría paso entre el gentío—. ¡Señores, cierren la boca! —Les gritó a la multitud, logrando llamar la atención—. Debido a lo que acaba de suceder, ninguno de ustedes sale del hotel, serán interrogados, todos aquí son culpables hasta que se demuestre lo contrario.
Hubo un grito de indignación, miradas de confusión ante lo dicho por la agente.
—En mi país es diferente, ahí todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario —Habló un joven de cabello rubio muy apuesto abriéndose paso para quedar a la vista de Akane.
—En el mío no —contestó Akane con un deje de molestia.
—Nous ne pouvons pas rester ici, nous devons prendre un avion en trois heures —habló una linda chica y su acompañante asintió con la cabeza.
—Alguien que me traduzca —Akane miró a una empleada del hotel que supuso que era la recepcionista, la chica entendió que se refirió a ella y negó con la cabeza.
—Dijo que no pueden quedarse aquí porque tienen que tomar un avión en tres horas —tradujo el rubio y desafiando a Akane al mirarla con aquello ojos azules claros.
—Diles que ése no es mi problema, en unos minutos vendrán oficiales a tomarles sus declaraciones, así que nadie sale del hotel —les informó Akane.
—Necesitaremos las cámaras de vigilancia del hotel —expresó Ranma al gerente.
—Sí, lo que sea necesario, agente, venga conmigo, lo llevaré a la sala —señaló el gerente—, queremos que este crimen no quede impune.
—Saotome —llamó Akane—. Los agentes Tadashi y Fujima se encargaran de eso, ya vienen en camino.
La chica caminó hacia el gerente y lo miró duramente, haciendo que éste se encogiera, intimidado.
—Lo del crimen es lo de menos, lo importante es que el hotel no se vea envuelto en un escándalo tan brutal y después de esto no tenga una mala imagen. Me gusta su entusiasmo para cooperar —la peliazul le dio unos golpecitos en el pecho al gerente.
Los agentes se dirigieron a la habitación que les habían indicado, Ranma se sintió mareado al instante cuando el olor a sangre invadió su nariz, pero eso no fue nada a comparación al ver lo que estaba en aquel cuarto. Había sangre esparcida por las paredes, las sabanas estaban empapadas de sangre, restos de cerebro regado por doquier, en la pared estaban clavados los globos oculares como si los estuvieran viendo, más específicamente, como si lo estuvieran observando a él, de forma escalofriante. Tragó saliva duramente para esquivar el vómito que ya le estaba surgiendo en la garganta. La imagen ya de por sí era bastante perturbadora, entonces vio algo que no podía creer, el cuerpo desnudo y desmembrado de una adolescente, a quien la cabeza le habían cercenado pero no la vio en ninguna parte de la habitación. Se llevó la mano a la boca aguantando las arcadas ya a punto de sacarlo cuando estuvo a punto de pisar un dedo. Fue aterrador ver en cuantas partes habían cortado el cuerpo de ésa adolescente. Respiró hondo para recuperarse, tenía los ojos llorosos por eludir el vómito pero tenía el sabor agrío y corrosivo en la garganta.
Akane observaba la escena con mucho cuidado, sin moverse del lugar para no alterar la escena, era cruda y brutal, pero a diferencia de Ranma, ella estaba tranquila, inmutable, sin sentir las ganas de devolver el estómago.
La unidad de criminalística llegó y lo hicieron a un lado, casi sacándolo del cuarto, cosa que agradecía internamente. Empezó a respirar como si no lo hubiera hecho en varios minutos, con desesperación, entonces más recuperado se asomó para ver lo que sucedía adentro.
—¿A que le llamas a esto, Tendo? —Cuestionó una chica de ojos avellana, que no se quitaba el cubre bocas.
—Una completa porquería y sadismo —respondió Akane, escudriñando el cuarto a detalle.
—Un enfermo psicópata —apuntó la criminalista.
Ranma se recargó en la pared que daba al pasillo, nunca en su vida había visto algo igual y eso lo había impacto de sobremanera.
Akane se quedó parada dentro de la habitación tomando fotos con su móvil, pero también observaba la escena, grabando mentalmente cada detalle, la posición de los restos de la victima, sólo la cabeza no estaba ahí a lo que le llevó a pensar que estaría en el cuarto del baño o el asesino se la había llevado como trofeo.
—Hemos buscado la cabeza de la jovencita pero no la encontramos, al parecer era gemela de la otra chica que se llevaron al hospital —calló, su voz se había transformado en un hilo de pesar—, no, de verdad que no entiendo semejante acto, en este tiempo que he trabajo nunca me he topado con un caso así —los ojos de la criminalista se estaban inundando de lágrimas. Sacó una foto y se la mostró a Akane.
Ranma atraído por la tristeza de la voz de la mujer, se animó a ingresar de nuevo a ésa habitación infernal.
Akane y Ranma vieron la foto, ahí había dos chicas de doce años abrazadas, riéndose muy alegres, ambas de cabello rubio y de ojos azules, lo llevaban trenzado de lado, una del lado derecho y la otra del lado izquierdo. Ranma sintió que le apretaban el corazón, no soportó mucho para sentir como sus ojos se humedecían y la garganta se le hacía pequeña que hasta le dolía, miró a Akane esperando ver en ella indignación, pero en el rostro de su compañera no se asomó ni una pizca de compasión, ni de nada.
—Les daremos más detalles cuando hayamos terminado. No me imagino como está la pobre empleada que descubrió ésta masacre —dijo la mujer quien soltó un pesado suspiro.
—Los dejaremos hacer su trabajo —finalizó Akane, se dio la media vuelta, y Ranma la siguió.
Al estar en el pasillo, Ranma se recargó sobre la pared, sintiendo un gran pesar por lo que había visto. Cerró los ojos, rogando a dios de que aquello se tratara de una pesadilla, pero al abrirlos se dio cuenta de que estaba en la horrible realidad. Entonces se percató que su compañera no estaba ahí, la buscó con la mirada y alcanzó a ver cuándo una puerta se cerraba.
Abrió aquella puerta y vio a Akane observaba la habitación que estaba muy limpia e impecable.
—En vez de estar mirando, ve a checar las otras habitaciones —le ordenó Akane.
Ranma salió de inmediato y fue a checar la habitación continua, pero no pudo abrir la puerta, se encontraba cerrada, intentó con la del otro cuarto y pasaba lo mismo. Después de intentarlo con cinco habitaciones continúas y que ninguna cedió, se preguntó cómo es que Akane había abierto en donde se encontraba.
La chica caminó hacia él, pasó una tarjeta y luego la puerta cedió. Seguro Akane había extraído la tarjeta del gerente sin que se diera cuenta.
—Observa a detalle sin alterar nada.
—Entiendo, no soy un novato —contestó Ranma, sintiendo que su compañera lo hacía de menos.
—Bien, sólo haz lo que te digo —Akane esbozó una media sonrisa.
Después de revisar los cuartos de aquel piso, no encontraron nada extraño, salvo que las habitaciones no parecían haber sido usadas en la noche.
…
Akane iba conduciendo el coche y a cada alto del semáforo le daba una mordida a su hamburguesa, del lado del copiloto iba Ranma quien después del duro día, no tenía nada de apetito. Su celular sonó, pero se encontraba tan sumergido en sus pensamientos que no lo escuchaba.
—Llegamos al hospital donde trajeron a la chica —indicó Akane a su compañero—. Tenemos que saber cuál es su estado de salud.
—Eh… ah, sí —Ranma se sacudió la cabeza para despejarse un poco—. ¿Tendrás una aspirina? La cabeza me va a estallar.
—No, pero en el hospital apuesto a que tienen muchas. Andando…
Se encontraron con los padres de la chica, estaban visiblemente destrozados, la madre lloraba intensamente mientras que un joven la consolaba, aunque éste también lloraba pero no tan fuerte como ella.
—Buenas noches —habló Ranma buscando el tacto suficiente para tratar con ellos—. Somos los agentes de UNIVE, nosotros investigamos casos…
—¿Y por qué no salvaron a mis niñas? —exclamó un hombre que se encontraba recargado en la pared, estaba iracundo y se le dejó ir a Ranma, dándole un golpe en la mejilla, tumbando al agente contra el sillón de la sala de espera.
—Sasuke, por favor, mantén la calma —exigió la señora que se levantó y agarró a su esposo por los brazos, mirándolo fijamente.
Ranma se sobó la mejilla adolorida, pudo sentir todo el coraje que el señor tenía guardado, la frustración y el dolor de que una de sus hijas estuviera muerta y la otra al borde de la muerte.
—¿Cómo está la joven? —Preguntó Akane, que al principio se mantuvo al margen, pero ahora llamó la atención de ellos.
—Está muy grave, la están operando, perdió un ojo… —la señora se desbordó en llanto, hundiéndose en el pecho de su esposo.
—¿Es verdad? —Preguntó el joven que estaba con ellos—. De lo de mi otra hermana… qué…
—Sí, es cierto —respondió Akane que no espero a que el muchacho terminara la frase—. Está muerta.
—Lo sentimos mucho —habló Ranma, dedicándole una mirada inquisidora a Akane por su falta de tacto.
El jovencito se dejó caer en el sillón, mirando a un punto perdido, totalmente descolocado. A los pocos segundos empezó a llorar descontroladamente. La señora se había desmayado pero por suerte su esposo pudo sostenerla, con ayuda de Ranma la colocaron en el sillón, una enfermera llegó a socorrerla.
—Esto es una pérdida de tiempo, no podemos interrogarlos así —señaló Akane a la familia, ganándose una mirada de desprecio por parte del marido de la señora desmayada, sin importarle lo que sintieran se dio la media vuelta para irse.
—En verdad disculpen, haremos todo lo posible por atrapar al culpable, se los prometo —Ranma vio como el joven lo miró con cierto agradecimiento.
Se fue corriendo y alcanzó a Akane en el ascensor. Estaba molesto con su compañera que no aguantó más.
—¿Acaso no tienes ni una pizca de tacto, compasión, empatía o algo? ¿Siempre eres tan fría e indiferente con casos así? ¿Cómo rayos puedes ser una buena agente con ése carácter tan poco humano que tienes? —Le expuso, jadeando por lo rápido que habló.
Akane tenía los ojos abiertos, sorprendida por tal reclamación. Frunció el ceño de inmediato.
—¿Y tú quién crees que eres para hablarme así, eh? ¡A ti qué diablos te importa cómo me comporto o cómo soy! —Lo miró como una fiera a punto de atacar a su presa.
El elevador se abrió y ella caminó tan rápido que pronto cruzó la puerta del hospital. Él la siguió, seguía enojado con Akane, ahora entendía porque le dijeron que tuviera paciencia, pero con ella era imposible. Ella se subió al vehículo, la alcanzó y trató de abrir la otra puerta, pero estaba cerrada, entonces la peliazul bajó el cristal.
—Ni creas que te voy a llevar a tu casa, Saotome —le dijo y tras de eso, arrancó, dejando a Ranma en medio de la calle.
Ranma dio una pataleta, Akane también era una maldita insoportable. Era una bruja, más que eso, no encontraba una palabra adecuada para describirla. Suspiró hondo para tranquilizarse. Seguía insultando a su compañera mentalmente, llamó al primer taxi que vio.
Su esposa, su dulce esposa le haría olvidarse de su horrible día. El escalofriante caso de las gemelas, del comportamiento tan frío de su compañera, del golpe recibido por parte del padre de las niñas, de todo. Sólo ella podía darle ésa calidez y confort que necesitaba en ésos momentos.
…
Llegó a su departamento, y el olor de una deliciosa sopa inundó su nariz al instante, era agradable haber llegado a casa, fue cuando el apetito despertó, en todo el día no había querido ni tomar agua porque le causaba nauseas, pero ahí el ambiente era totalmente distinto, dulce y hogareño. Una bella joven de cabello castaño amarrado en una coleta alta, de ojos verdes, vestida de un pantalón negro y una blusa color vainilla corrió hacia él y lo abrazó alrededor del cuello, dándole un par de besos fugaces en la boca, él correspondió encantado. Entonces la besó profundamente.
—Mi amor, qué bueno que llegaste, hace rato te marque a tu celular, me preocupé porque no me respondiste —lo miró con ternura, sus ojos brillaban de alegría de tenerlo ahí.
Parecía muy lejano la última vez que vio ésa dulce mirada, pues en el transcurso del día sólo veía frialdad y hielo en la mirada de su compañera Akane. Pensar en ella de inmediato le causó malestar.
—Ukyo, tan sólo de estar contigo mi mundo adquiere un nuevo color —le dijo, abrazándola por la cintura y levantándola un poco, besándola apasionadamente.
—Oh, qué dulce mi vida —Ukyo le sonrió con ternura—. Vamos a cenar, hice un estofado que te aseguro te va a encantar —le guiñó el ojo.
—Seguro que sí, todo lo que tú cocinas siempre te queda delicioso —Ranma se dejó llevar por su linda esposa hasta la cocina.
…
Akane estaba sentada en su sillón, mirando por la ventana, escuchando las sirenas de las patrullas cuando pasaron por donde vivía, hasta que el ruido se fue ahogando. Tenía en su mano derecha una botella de whisky.
—Estúpido, ¿cómo se atreve a decirme esas cosas? —recordó con amargura lo que Ranma le dijo en el elevador.
Tocaron a su puerta y se levantó, sólo se había dejado puesto la blusa que le llegaba sólo unos centímetros debajo de su ropa interior, tenía la blusa desabrochada hasta la mitad de los senos. Abrió la puerta y le sonrió coqueta al repartidor de pizza que quedó boquiabierto al ver a tan sensual mujer, con un cuerpo despampanante.
—¿Cuánto es por la pizza? —Preguntó Akane con una voz dulce e inocente.
—Eh… eh —el chico miraba las torneadas y blancas piernas de su clienta—. No, no es nada, me retrasé y… y cuando llega después de la media hora la pizza es gratis…
—¿Seguro? —Preguntó Akane que de sus senos extrajo su monedero—. Por mí no hay problema de pagarte.
—No, que diga, sí, estoy seguro —parecía que iba a desmayarse al ver como se le descubría un poco el seno a Akane.
—Gracias, qué lindo —Akane le sonrió y cerró la puerta.
Vio por el visor y el chico seguía ahí, con cara de atolondrado, unos segundos dio media vuelta y se marchó.
Akane sonrió divertida. Era consciente de su belleza y del despampanante cuerpo que poseía.
Después de comer tres rebanadas de pizza, guardó el resto en el frigorífico, y volvió a sentarse en su sillón individual, mirando a través de su ventana el caos urbano, lo que la noche ocultaba.
Recordó la escena del crimen como si la estuviera viendo, imágenes rápidas que se quedaban quietas en las partes más grotescas del suceso.
Se levantó y caminó hacia la sala, donde había aventado el resto de su ropa, del bolsillo del pantalón extrajo el celular y de ahí se dirigió a su habitación.
…
A la mañana siguiente, Ranma llegó al hospital para saber el estado de la niña. La madre tenía los ojos rojos e hinchados, bien remarcados por las ojeras, con la mirada perdida, el padre no estaba con ellos, el hijo mayor apenas llegaba con un vaso de té que le puso a su mamá en las manos y tuvo que hacer que ella lo agarrara, la señora ni siquiera reaccionaba.
—¿Cómo sigue tu hermana? —Preguntó Ranma despacio.
—No hay muchas esperanzas, le destrozaron los huesos de las piernas y las costillas, le cortaron las puntas de los dedos… —el chico calló y tragó saliva, sus ojos se tornaron llorosos—. Mi padre está con ella, dicen los médicos que es muy probable que ella no sobreviva —miró al agente—. Quiero justicia, sí no la hay por parte de ustedes, yo mismo mataré al desgraciado que le ha hecho esto a mis hermanas —la sed de venganza eran notables en sus pupilas.
—Lo encontraremos y te aseguro que tendrá la pena máxima —aseguró Ranma con firmeza.
Se quedó un poco más, hasta que su celular sonó, era un número desconocido. Torció la boca al identificar la voz de su compañera.
—Sí, voy para allá —Ranma se levantó y vio al chico—. Me tengo que ir, pero sí necesitas algo, aquí tienes mi tarjeta, estaré al pendiente.
—Gracias.
…
Llegó al hotel donde se había cometido el infame crimen, allí había patrullas, notó a la pareja de franceses que hablaban en su idioma, parecían molestos, al fondo estaba Akane que escribía en su libreta muy concentrada, se dirigió hacia ella y la saludó pero ella ni un sonido hizo. Le molestó pero era mejor hacer que no pasaba nada entre ellos.
—La niña está muy delicada, creo que no va a sobrevivir —comentó, apesadumbrado por el hecho.
—Es normal, después de la brutal golpiza que recibió —respondió su compañera sin mostrar ninguna emoción y sin despegar el bolígrafo del papel.
—¿Acaso tienes un bloque de hielo en vez de corazón? —Ranma le bajó la libreta de un manotazo y la miró molesto, estaba a nada de empezar a odiarla.
Akane lo observó con el mismo desdén, su comentario le había molestado, pero más que le hubiera interrumpido en su escritura.
—Agente Tendo —habló uno de los oficiales—. El joven rubio de allá quiere hablar con usted —señaló al mencionado.
El rubio se encontraba cerca de los franceses y le movió la mano en son de saludo. Akane se dirigió hacia el chico, pero al pasar al lado de Ranma, le dio un empujón con el hombro.
—Bonjour, mademoiselle —saludó el rubio que incluso hizo una leve caravana—. Los franceses quieren decirle algo.
—Buenos días —respondió Akane seria, se sentó frente a la joven pareja, tomó su libreta lista para apuntar—. ¿Qué es lo que quieren decirme?
La chica empezó a hablar, luego su compañero también hablaba, completando lo que ella decía, al tiempo, el rubio le traducía a Akane, la peliazul prestaba mucha atención a los ademanes y gestos que hacían la pareja extranjera, le pedía que continuaran con el relato, hubo un momento en que la chica francesa habló demasiado rápido que incluso el rubio pidió que fuera más despacio, parecía desesperada y quería llorar, seguro por el impacto del crimen. Terminó de hablar ya con las lágrimas resbalando por su pálido rostro, entonces su compañero de viaje la abrazó para consolarla.
—Gracias por su ayuda —les dijo Akane, levantándose para irse.
—Merci pour votre aide —les tradujo el rubio.
El rubio le siguió el paso hasta alcanzarla.
—La pobre chica está muy asustada, dice que no había visto algo así en su vida, ayer pasó por la habitación cuando estaba abierta y quedó en shock, lo bueno es que su novio la acompañaba y la quitó de inmediato de ahí. Esperan que haya justicia —relató el joven.
Akane asintió con la cabeza después de oírlo.
—Es lo más cercano que pude averiguar —expresó el joven.
—Creo que esto no le concierne, señor… —Ranma se puso al lado del rubio.
—William Maxwell —se presentó el rubio—. Sé que esto no debe involucrarme más allá que un testigo…
—Así es —interrumpió Akane—. En verdad agradezco que me haya ayudado a traducir lo que ellos nos dijeron, es tomada como declaración, estoy al tanto de que también la suya ya fue tomada.
—Bueno, yo de todas formas estaré aquí en Tokio unos días más y seguiré hospedado en éste hotel del terror y no por voluntad, todos queremos largarnos de aquí, incluso el gerente nos ofreció noches gratis por no abandonarlo, pero así nos hayan ofrecido todo un año, creo que nadie quiere quedarse en un lugar donde ocurrió un asesinato tan brutal. No podemos irnos por qué así nos los pidieron sus camaradas —William señaló a un oficial de policía que se encontraba del lado derecho cerca de Ranma.
—Gracias por su aporte, señor Maxwell, si sabe algo que pueda ayudar a la investigación será bienvenido, tome mi tarjeta.
Ranma miró con extrañeza como la voz de Akane había cambiado ligeramente cuando habló de la tarjeta, y hasta pudo notar cierto coqueteó en su mirada hacia el rubio. Su pensamiento se disolvió cuando su móvil sonó, era un número que no tenía registrado, pero respondió, sintió un nudo en la garganta cuando escuchó al hermano mayor de las gemelas.
—La niña… ha muerto —anunció con un pesar en el alma, sintiendo que el mundo se volvía gris ante sus ojos.
Akane bajó la mirada en son de pésame, pero no tardó mucho en recuperarse y mirar hacia su compañero de ojos negros y cabello castaño.
—Nada, en las cintas de video no hay nada, es como si esas niñas hubieran sido transportadas a la habitación por un fantasma —se veía desconcertado.
—Las declaraciones de todos los que huéspedes coinciden —informó el otro compañero de cabello negro y ojos achocolatados—. Ninguno escuchó ni vio nada raro.
—Los franceses dicen que escucharon unos gemidos cuando pasaron por la habitación, pero pensaron que se trataba de una pareja teniendo sexo, por lo que siguieron su camino al elevador —Akane señaló a la pareja extranjera.
—¿Es todo? —preguntó Tadashi, sus negros ojos denotaban decepción.
—Sí, tenemos un caso difícil —suspiró Akane.
—No hay nada respecto al asesino, ni huellas, ni pelo, ni si quiera una gota de sudor o algo, los de criminalística todavía no terminan —puntualizó Fujima.
—Cuando tengan el reporte, tráiganmelo —Akane se dio la media vuelta.
—¿A dónde vas? —Preguntó Tadashi.
—A darles el pésame a la familia de las gemelas —siguió andando.
Ranma estaba ensimismado en sus pensamientos cuando vio a su compañera marcharse.
—¿Qué hay de la empleada de limpieza? —Les preguntó a sus compañeros.
—Tuvo una fuerte crisis nerviosa que fue a parar al hospital, el mismo donde se encuentra la niña —informó Fujima.
El agente, les agradeció con un movimiento de cabeza, y corrió tras de su pareja.
Ranma se subió al auto, la miró por el rabillo del ojo, ella estaba escribiendo en el móvil hasta que lo apagó y lo dejó al lado de la palanca de velocidades.
—Te dije que no te tomaras los casos como personales —habló Akane quien lo miró.
Ranma no podía descifrar aquella mirada, era carente de emociones. Él tragó saliva, todavía su garganta estaba seca y le dolía.
—Tenemos que atrapar el asesino de las gemelas —respondió el joven quien se puso el cinturón de seguridad.
—Eres demasiado blando —continuó Akane—. Así no llegaras muy lejos.
—¡Yo no soy blando como piensas! La diferencia entre tú y yo, es que yo sí siento, me duele ver la muerte tan horrible que tuvieron éstas jovencitas cuando apenas empezaban a descubrir el mundo, el dolor tan grande que está sintiendo su familia, la crueldad del asesino; y tú, eres más fría que un tempano de hielo, una miserable mujer sin una molécula de compasión…
Ranma se quedó callado, pues ya tenía el rostro de Akane casi pegado al suyo, los ojos castaños de su compañera llameaban en furia silenciosa pero peligrosa.
—No me colmes la paciencia, Saotome, estoy que me lleva el diablo de tener como compañero a un idiota sentimentalista que cree que el mundo puede mejorar con sólo dar unas palmaditas en la espalda de la gente. No sé dónde estabas, sí en un lugar lleno de hadas y unicornios que corrían sobre los arcoíris, donde lo más malo era no responder a un saludo, pero ahora ya no estás ahí, te encuentras en un lugar maldito, donde te toparas con cada alimaña que hará cosas como esta o peores, sí no quieres ser un agente de la unidad, renuncia y busca una profesión que vaya más acorde a tus personalidad, como ser un payaso —Akane pronunciaba cada palabra con ira contenida, apretaba la solapa del saco de su compañero casi a punto de rasgarlo.
—Soy capaz de volverme mejor agente que tú Tendo, sin dejar de ser un humano que sabe amar —respondió Ranma que apartó a Akane—. No quiero que hables con la familia, déjamelo a mí.
Akane le dedicó una mirada de odio que sintió que era atravesado por una fría mano y le apretaba el corazón. No dijo nada y puso el auto en marcha. El trayecto fue de lo más silencioso y tenso.
…
El día había terminado, era más de la media noche. Se encontraban en la comisaría, viendo las fotos que tenían sobre el crimen, las grabaciones de video, las declaraciones de los huéspedes y empleados del hotel. Veían cada detalle y paraban la grabación cada vez que les parecía ver algo sospechoso, pero como Tadashi había dicho, no había nada.
—Mañana a primera hora hay que ir al departamento de vigilancia vial —Hamasaki tenía unas profundas ojeras que lo hacían ver más viejo—. Tendo y Saotome, vayan a la escuela de las niñas y pidan información respecto a ella. Tenemos que hablar con la familia para que nos permita investigar la computadora de las niñas y ver los celulares.
—El hijo mayor de la familia está dispuesto a apoyarnos en todo —habló Ranma, haciendo que Hamasaki lo volteara a ver.
—Muy bien, bueno muchachos, han trabajado muy duro, vayan a descansar, mañana a primera hora los quiero aquí —les dijo el capitán.
En seguida se desplegaron de la sala, dejándola vacía en poco tiempo, sólo Hamasaki se quedó ahí, observando las grotescas fotos del caso.
—¿Después de tanto tiempo, te siguen causando conmoción? —Preguntó Akane que se quitó el saco, estaba acalorada por lo largo que resultó el día.
—Casos así siempre me van a causar escalofríos, Tendo —respondió el capitán girando para verla.
Akane rodó los ojos con fastidio para luego dejar escapar un pequeño suspiro.
—Hasta mañana, capitán, espero que esas imágenes no perturben su sueño —se despidió Akane, llevando su saco en el brazo.
La agente se desabrochó los primeros tres botones de su blusa, luego dejó su placa sobre su escritorio junto a su pistola. Se recargó en su escritorio, apoyándose de sus brazos para estirar un poco la espalda. Cerró los ojos por unos segundos, sentía que se le cocían de cansancio. De repente se acordó de algo que debía de decirle a Hamasaki, por lo que giró sobre su propio eje, pero se topó con Ranma quien parecía esperarla, ella perdió el equilibrio por el susto cayendo hacia atrás, su compañero al tratar de agarrarla también se tambaleó, los dos terminaron en el escritorio, Ranma encima de ella, el joven agente tenía su mano bajo la cabeza de Akane para evitar que se golpeara, su rostro y el de ella estaban muy cerca, capaces de sentir el aliento del otro chocando con su piel.
Ranma miró a detalle a Akane, era sin duda alguna, bellísima, poseedora de una piel perfecta y unos ojos muy hermosos. Retiró aquellos pensamientos al recordar a su dulce esposa quien era también bella y no sólo por fuera, también lo era por dentro, cosa que Akane sí estaba muy lejos de serlo, Akane estaba podrida por dentro.
—Disculpa, no quería asustarte —dijo Ranma algo apenado, la ayudó a levantarse.
—Pensé que ya te habías ido —Akane sonreía levemente y miró de pies a cabeza a su compañero, había un brillo malicioso en su mirada.
—No, me quedaré a trabajar toda la noche.
—Bien, buena suerte, Saotome.
…
Los días transcurrieron rápidamente, la unidad se encontraba muy frustrada por no encontrar nada, era el asesinato perfecto. A pesar de los desvelos, del desgaste físico y mental, ellos seguían en el caso, tratando de encontrar aunque fuera la más pequeña pista respecto al asesino.
Akane estaba sentada en su escritorio, respondiendo mensajes que le llegaban, sonreía levemente. Se levantó y sólo avisó que saldría un momento. Ranma pensó que se trataba de trabajo, por lo que decidió seguirla.
La peliazul llegó al hotel, en la entrada estaba William que al verla sonrió ampliamente.
Ranma sintió raro al ver como Akane y William se besaban intensamente. Estaba indignado, se encontraban trabajando muy duro en la investigación y Akane andaba perdiendo tiempo valioso con ése sujeto. Le hirvió la sangre de coraje, ¿cómo podía la mejor agente hacer eso en plena investigación? Cuando urgía encontrar al asesino de las gemelas.
Los siguió sigilosamente hasta que entraron a un bar. El lugar estaba casi a oscuras de no ser por las luces multicolores que de repente se encendían y bailaban por el local, la música era agradable. Entonces los vio, en la barra, platicando muy amenamente, al fin vio que ella sonreía, se veía linda, extrañamente más hermosa. Se reprendió a él mismo por pensar en Akane de ésa forma. Vio cuando William le acariciaba la pierna de forma juguetona, ella se acercó a él y lo besó, pero luego él empezó a besar el cuello de Akane mientras la mano del rubio iba desabotonando la blusa desde abajo sin que la peliazul se opusiera, pero de repente lo separó para beber de su copa.
Era una pérdida de tiempo estar ahí viendo como su compañera le importaba poco el caso. Mejor iba a regresar para continuar con la investigación.
Recibió una llamada que le alegró, era su amada esposa, tuvo una plática fugaz pero confortante.
—También te amo —finalizó Ranma.
—Saotome, ¿qué haces aquí? —Preguntó Akane que iba con William, éste la agarraba de la cintura.
Ranma sintió que se le bajaba la sangre a los pies.
—Vine a buscarte, tenemos que continuar con la investigación —respondió el ojiazul que no pudo mirar con enojo a su compañera y al rubio.
—Por supuesto, pero eso no me encadena a la oficina las veinticuatro horas —contestó Akane—. Tú sigue, yo mañana estaré con ustedes a primera hora —dijo, meneando la mano restándole importancia al asunto.
—Está bien —aceptó Ranma que se dio la media vuelta listo para marcharse.
Iba a cruzar la calle, pero se tiró al suelo cuando un auto negro llegó casi derrapando cerca de la banqueta, llevaba el cristal abajo del lado del copiloto y un sujeto enmascarado se asomó sacando una pistola con silenciador para disparar hacia la entrada del bar donde estaba Akane y William.
Ranma sintió que el corazón se le detenía en ése momento, entonces volteó a ver a William tumbado en el suelo y Akane quien estaba agachada con el arma en las manos, una mirada decidida y calculadora, sin meditarlo apretó el gatillo, disparando hacia el enmascarado,, vio el momento en que la cabeza del enmascarado se echaba para atrás por el impacto recibido, Akane siguió disparando pero el auto siguió su rumbo dejando rastros de llanta en el pavimento, seguro tomó por sorpresa al conductor que hubieran matado a su compañero. Akane bajó el arma y se ponía de pie, mirando hacia el vehículo negro desapareciendo por las calles.
—¿Estás bien? —Ranma se levantó de inmediato y fue con su compañera, examinando que no hubiera salido lastimada.
—Perfectamente —respondió la chica de ojos castaños, respiraba un poco rápido, cerró los ojos unos instantes y al abrirlos se le notaba una ira infernal.
Tirado en el suelo y ovillado, se encontraba William que temblaba violentamente por el miedo.
Ranma quien respiraba agitado, empezó a calmarse, admirado de la templanza que mostraba Akane.
—La bala no le dio a nadie, y parece que no se percataron del ataque —informó Ranma, viendo por todos los lados, no había gente ni autos, adentro del bar seguía como si nada hubiera pasado—. Qué raro.
—Es mejor así —respondió Akane que guardó su pistola en el cinto de su pantalón. Luego ayudó a levantarse a William, le dio una bofetada para que reaccionara—, regresa al bar y tomate un tequila para bajarte el susto.
Prácticamente lo empujó dentro del establecimiento.
—Vámonos, Saotome —Akane se dirigió al su auto.
Ranma estaba tensó y las manos le temblaban un poco, miró a Akane que estaba tranquila, encendiendo el coche. Él seguía impactado, la bala pudo haberle tocado a Akane, pero ella fue muy rápida. Se preguntó si había intención de matar a Akane o a William. Respiró hondo para tranquilizarse, ni si quiera se había dado cuenta que ya se habían alejado un tanto del bar.
—Mataste al sujeto que te disparó —señaló Ranma, ella apenas hizo un sonido con la garganta—. Tienes muy buena puntería.
—La mejor —contestó ella.
Entendió que Akane tampoco era humilde.
—No es la primera vez que intentan matarme —comentó Akane mientras detenía el coche cuando el semáforo así lo indicó.
Ranma se estremeció, ella lo miró sin demostrar ninguna emoción, como sí su naturaleza fuera más allá de un ser humano normal. El atentado era contra Akane y ella parecía no importarle que estuvo a punto de perder la vida. Estaba impresionado realmente impresionado.
—Aunque he de confesar que hoy casi lo consiguen —una media sonrisa se dibujó en su rostro—. No soy una presa fácil de cazar —sonrió amargamente.
Saotome se quedó pensativo. A lo mejor todo eso tenía que ver con su forma de ser. Alguien a quien quieren asesinar constantemente no debe de demostrar sus debilidades. Había sido duro con ella desde que empezó a trabajar a su lado, diciéndole cosas, sin saber la razón que había orillado a su compañera ser así de fría, aunque también debía haber razones por la cual querían matarla.
—Akane —la llamó, olvidando que debía de hablarle por su apellido, hasta que ella le diera ésa confianza de dirigirse por su nombre—. Yo quiero disculparme por todo lo que te he dicho, sólo que…
—Me da igual, es lo que piensas de mí, y te diré algo, no eres el único que piensa eso, pero al menos eres el primero que lo expresa y me lo dice en la cara, al menos tienes el valor de hacerlo —orilló el vehículo para estacionarse, no le importaba que le llamaran por su nombre—. Ranma —le habló.
El chico se sorprendió al escuchar su nombre en la voz de ella, sintió que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Aquello había sido de lo más extraño.
—Trabajo para hacer justicia, pero eso a veces arrastra enemigos muy peligrosos que te pueden llevar a la muerte. Yo no tengo miedo, el miedo lo perdí hace muchos años —Akane miró hacia el frente.
Había una cinta amarilla indicando precaución y al lado un cartel donde pedían disculpas pues estaban trabajando en el mantenimiento de una alcantarilla.
Akane abrió los ojos como platos, sin decir nada, se bajó del vehículo, Ranma extrañado por ello, también la siguió. La peliazul se paró junto a la alcantarilla que estaba hundida y brotaba agua.
—Debemos regresar a ésa habitación del asesinato —dijo Akane tan de repente, con los ojos bien abiertos.
—Hemos estado ahí varias veces, no hay nada…
—Claro que debe haberlo, algo que nosotros pasamos por alto —Akane regresó al coche corriendo.
A Ranma no le quedó más que seguirla.
…
Cada vez que volvían a esa habitación, Ranma tenía un crudo recuerdo de la escena del crimen, era como si lo estuviera viendo, a pesar de que la habitación se encontraba completamente limpia. Suspiró para armarse de valor.
Los dos agentes examinaron la habitación, centímetro a centímetro, tentando el suelo, removieron la cama nueva que había sustituido a la de la escena del crimen. Akane le indicó a Ranma que buscara en el baño.
Ranma no le encontraba sentido a ello, pero obedeció. Cuando se recargó con todo su peso sobre la tina que estaba casi pegada a la pared, sintió que se había movido, curioso por ese descubrimiento, la empujó y descubrió que efectivamente la tina se movía.
—¡Akane!
Akane llegó de inmediato, Ranma mostró lo de la tina.
—Ven, vamos a moverla —Akane y él empezaron a jalarla, ejerciendo toda su fuerza, logrando que poco a poco ésta empezara a ceder.
Se detuvieron, jadeantes por el esfuerzo, Akane se pasó la manga del saco sobre su frente para quitarse el sudor.
—Es pesada —le dijo Ranma a Akane.
—Pero podemos hacerlo —Akane se quitó el saco y con energía renovada volvieron a intentarlo, hasta que finalmente lograron destapar un agujero que había debajo de la tina.
Ranma observó a su compañera, ahora comprendía la insistencia de ella por revisar una vez más ésa habitación. Se formó una teoría que seguro coincidiría con su pareja.
Vio a Akane, notablemente sin aliento por el gran esfuerzo que hizo, el sudor recorría por su frente, su cuello, por lo que la agente tuvo que limpiarse el sudor con la manga de su blusa. La vio dar un largo suspiro para tranquilizar su respiración. Tenía que admitirlo, Akane puso más entusiasmo que él a la hora de jalar la tina y podía decir sin tapujos que había sido ella la que ejerció más fuerza y logró mover la pesada tina.
—Agente Tendo, acabo de encontrar una entrada a la habitación que no estaba a la vista de nadie —informó Akane por celular, todavía jadeante.
—Eso explica por qué nadie vio nada y no hay registro en los videos del hotel —indicó Ranma, dejando de ver a su compañera.
Akane se sentó en el inodoro, pensativa mientras veía aquel agujero, luego clavó sus castaños ojos en Ranma y dijo:
—Los franceses dijeron que escucharon gemidos pensando que una pareja estaba teniendo relaciones sexuales, pero los cuerpos de las gemelas no mostraban rastros de violación ni una agresión sexual —se quedó callada durante unos segundos, profundizando la mirada en Ranma.
—A lo mejor no fue uno, sino dos quienes cometieron el crimen —puntualizó Ranma, entendiendo lo que Akane quería decir.
Akane asintió. Era un pequeño avance a su investigación.
…
…
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Continuaré con la historia sin duda. Si hay alguien que le parezca ofensivo por favor de abstenerse de comentar insultos y faltarle al respeto a los demás, puede expresar su inconformidad pero de buena manera. Gracias. Hasta la próxima actualización.
