Buenas tardes a todos :3
Les traigo el segundo capitulo :D Pensaba hacerlo mas largo e integrar el lemon, pero aun no termino de redactarlo, así que les dejo este adelanto. Gracias de antemano por su tiempo ;D
La descripción de la boda no es fiel a lo que seria en la vida real, es un aproximado. Pero vamos, es un fanfic, todo se vale XD y como les había dicho anteriormente, no desarrolle demasiado esta parte de la historia ;)
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.
Capitulo 2: Matrimonio
Todo estaba listo, el evento nupcial seria una tradicional boda sintoísta. Solo las personas más allegadas estaban en el templo, estos eran sus amigos y algunos aldeanos. Kagome estaba feliz y aunque le hubiera encantado realizar una boda al estilo occidental, sabía que eso sería complicado en la época feudal. Sin embargo, se sentía emocionada, todos los preparativos habían sido elaborados con cariño por la gente que ya la conocía y que ahora la apreciaban y respetaban como sacerdotisa.
La boda comenzó, Miroku oficiaría la ceremonia, quien mejor sino él, Kagome lo consideraba como un hermano. Así que, siguiendo la costumbre, el muchacho presidia la comitiva portando la vestimenta de sacerdote sintoísta. Era seguido por Kaede, ella lo apoyaría en todos los procedimientos del rito matrimonial.
Los novios vestían de acuerdo a la tradición, InuYasha con un haori negro en la parte superior y un hakama gris con rayas en la parte inferior. Llevaba el pelo suelto, nada en el mundo haría que se lo sujetara en una coleta. Además, se veía muy guapo de esa manera, no se podía negar. Y aunque parezca difícil de creer, estaba usando tabis blancos con sus respectivas getas, todo sea por hacer feliz a su futura esposa.
En cuanto a Kagome, llevaba un hermoso kimono blanco con motivos de flores rojas que la cubría hasta los pies. Calzaba tabis blancos con getas doradas. Su castaño cabello permanecía recogido y cubierto por un gorro blanco. Su andar era lento y precavido, por la cantidad de tela que tenia encima.
Ambos caminaban a la par, mirándose de reojo y sonriendo con disimulo.
Como no había figuras paternas ni familiares por parte de ninguno de los novios, es decir, el gran Sesshomaru tenía prioridades más importantes, que asistir a la boda de su fastidioso medio hermano. En la fila los seguían los que conformaban su actual familia. Sango con sus niñas y bebe, todos sonriendo. Kohaku, feliz por estar de visita en la aldea, su trabajo de exterminador lo mantiene muy ocupado. El alegre Shippo, quien sentía tanta emoción, que en cualquier momento lloraría de felicidad. La pequeña Rin, encantada de ver por primera vez una boda. El anciano Myoga, contento de ver que "el amo" InuYasha por fin sentaba cabeza. La fiel Kirara, siempre acompañándolos. Y por último, algunos aldeanos que amenizarían la ceremonia con su música.
Todos guardaban silencio, solamente los encargados de la melodía nupcial comenzaron su actividad. Miroku inició con una oración para llamar al dios que bendeciría la unión. Hizo los ademanes del ritual, al tiempo que Kaede comenzaba a servir el Sake ceremonial. La música inundaba todo, como un canto que implica seriedad y devoción.
La sacerdotisa se acerco y con formal gesto sirvió la bebida en los respectivos contenedores, ambos la tomaron en tres tiempos, repitiendo la acción tres veces. Según la tradición, los números impares atraen la buena suerte. La música seguía el ritmo de la boda sin detenerse ni un instante.
Kagome recordó fugazmente que no tendría un anillo de bodas, esa tradición occidental con la que muchas jóvenes sueñan, no se podría realizar en esta época. Sin embargo, estaba contenta con el regalo que le dio InuYasha, el cual tenía un gran valor sentimental y ella lo sabría valorar para siempre.
Ahora sigue el juramento de los novios en voz alta. Básicamente, implica la promesa de hacer todo lo que esté en sus manos para satisfacer a su pareja en todos los aspectos de la vida. Estas palabras también están dirigidas al dios que presencia la unión para bendecirla.
–Kagome, juro amarte, respetarte y protegerte por el resto de mi vida– dijo InuYasha.
–InuYasha, juro amarte, respetarte y protegerte por el resto de mi vida– respondió Kagome.
En las bodas tradicionales siempre se mantiene la seriedad y el formalismo, pero en este caso, ambos contrayentes se demostraban con cada mirada el amor que se tenían, por lo que al final de sus votos, se acercaron lentamente y un pequeño beso fue el tierno gesto que hizo suspirar a algunos de los presentes.
Miroku se aclaro la garganta para que le prestaran atención.
–Jóvenes, aun no hemos terminado, por favor sean pacientes– dijo con tono pícaro.
Los novios se sonrojaron completamente. Kaede continúo sirviendo Sake a los demás invitados para que brindaran con los novios, excepto a los niños claro está. La música fue disminuyendo lentamente.
El monje pronuncio una última bendición, ahora eran marido y mujer. Kagome e InuYasha se miraron nuevamente y sonrieron, sus rostros se acercaron y esta vez el beso fue aclamado por todos los presentes que comenzaron a aplaudir con emoción, felicitándolos cordialmente.
…
Para el atardecer, la fiesta principal ya estaba muy animada, todos comían y platicaban alegremente. Los niños jugaban despreocupados y los novios eran el centro de atención. Una gran fogata y varias antorchas iluminaban el centro de la aldea, la convivencia era cordial y aunque la bebida estaba presente, el ambiente era tranquilo y fraternal. Algunas bromas y felicitaciones entre hombres, algunas risas picaras y recomendaciones entre mujeres, etc.
…
Un poco más tarde, la celebración continuaba, pero la pareja había decidido apartarse, ya que el flamante novio comenzaba a fastidiarse del bullicio. Ya no soportaba el traje, pero en ningún momento se quejo. En cuanto a la novia, ella sí que debía estar más incómoda, por la cantidad de tela que cargaba y sin embargo, había estado sonriendo todo el tiempo. Para InuYasha, esa hermosa mueca es una caricia para su alma y el sentimiento que Kagome le trasmite con la mirada, es todo lo que necesita para saber que ha hecho lo correcto, que ahora es completamente feliz.
Ya tenían designada la que sería su choza para vivir como marido y mujer, era sencilla pero muy acogedora. Caminaron hasta la entrada de la misma y se detuvieron ante la puerta.
–Kagome, ¿Sabes que noche es hoy?– pregunto el muchacho, volteando a verla.
Kagome lo miro con una sonrisa inocente. –Es nuestra noche de bodas– contesto ella.
–No Kagome, yo hablo de esta noche– dijo InuYasha, señalándole el cielo estrellado y al mismo tiempo más oscuro que otras veces.
Ella volteo al firmamento, tratando de entender sus palabras, su silencio duro un par de segundos. De pronto hizo un gesto de sorpresa, no había luna.
–Es noche de luna nueva– dijo Kagome, entendiendo por fin la pregunta.
–Así es…– hablo InuYasha, haciendo una pausa. –Kagome, quiero que escuches mis palabras y comprendas lo que te voy a decir– continuo hablando con tono serio, pero amable.
Kagome lo miro con curiosidad, no esperaba esta situación, por un momento se sintió desconcertada. –Te escucho InuYasha, ¿Sucede algo?– pregunto.
–No sé cómo decir esto… solo espero que me comprendas– contesto el joven, al tiempo que comenzaba su transformación. El cabello blanco comenzó a caer en jirones, sus ojos se volvieron oscuros y sus rasgos caninos desaparecieron. Al final quedó un humano de largo cabello negro, que sin perder su atractivo, le dirigió una tímida sonrisa. –Quiero que esta noche te entregues al humano y no al medio demonio– dijo con sinceridad en su voz.
En ese instante Kagome soltó un suspiro de tranquilidad, se esperaba todo menos esa petición. InuYasha le había solicitado algo que ella jamás hubiera podido imaginar.
Lo miro a los ojos y volvió a sonreír. –Sera como desees InuYasha, yo te amo por lo que hay dentro de tu corazón, no por la apariencia externa– dijo Kagome. –Pero dime, ¿Por qué has tomado esta decisión?– cuestiono.
El joven se acero y la abrazo por la cintura. Sus oscuros ojos se perdieron en los de ella.
–Mi madre era humana, la persona que me hizo cambiar mi forma de ser, es humana, la amistad más valiosa que tengo ahora, es de los humanos que me rodean y mi propio corazón es tan cálido como el de un humano. Soy un mestizo que camina entre ambos mundos, sin embargo, el día de hoy me he dado cuenta que tiene más peso mi naturaleza humana y ahora que eres mi esposa, deseo que tu formes parte de ella– contesto con calma y con un sentimiento que se podía palpar en el aire.
Kagome se acerco sin dejar de mirarlo a los ojos y después se recargo en su pecho, al tiempo que él estrechaba más su abrazo.
–InuYasha, gracias por confiar en mí, acepto lo que me ofreces y así como lo he hecho desde que nos conocimos, te prometo que jamás te fallare y que siempre estaré a tu lado– expreso con cariño la joven.
–Gracias Kagome… ahora dime, ¿Te gustaría que te cargara?– pregunto de la nada el muchacho sonriendo.
– ¿Qué dices…?– contesto ella, pero no tuvo tiempo de decir nada mas, InuYasha ya la cargaba entre sus brazos para entrar al hogar, típica costumbre nupcial que también aprendió en la época actual.
La joven esposa soltó una pequeña risa, mientras abrazaba a su marido por el cuello. Noto que él la cargaba con facilidad, a pesar de estar en su fase humana. Camino dos pasos y atravesó el umbral de entrada. En el interior de la choza, una pequeña fogata en el centro, daba calor al ambiente y un suave futon al fondo, los esperaba pacientemente.
Kagome sonreía como una niña, todo había sido hermoso y este último gesto termino por encantarla aun más. InuYasha se había tomado la molestia de aprender esos pequeños detalles que a cualquier mujer emociona. Y ahora solo quedaba la demostración final que coronaba tan importante evento en sus vidas, la noche de bodas.
Continuara...
:) perdón por dejarlos emocionados, sigo redactando el siguiente capitulo y tal vez lo tenga para mañana, tal vez.
Regalenme un pequeño comentario para saber su opinión, por favor. Muchas gracias a los/las lectores(as) que me escribieron ;) Saludos.
