Declaración: ni la serie de televisión "VICTORiOUS" ni ninguno de sus personajes me pertenece.
Nota del autor: ¡Un gigante "hola" a todo el mundo! ¿Cómo están? ¿Me extrañaron? Espero que me respondan: "¡sí, mucho!". Jaja XD OK: aquí estoy para traerles a ustedes la segunda parte de "Señorita Burbujas". Antes de que comiencen a abuchearme y tirarme cosas, les pido mil disculpas por no haber actualizado la historia el primero de Julio, cómo estaba previsto ¿OK? La escuela no tuvo nada que ver con el retraso, sino que el mismo se causó por un asunto referido a la creación de ésta parte del fanfiction: se me estaba complicando el tema de la reescritura. Con la parte de la traducción, no tuve problemas, pero la reescritura se me complicó por momentos, lo cual llevó a que la actualización de "Señorita Burbujas" se atrasara... Pero ya está acá la segunda parte, así que léanla y disfruten ¿de acuerdo? Una cosa más, antes de los deje con la actualización: no sé para cuándo estará la tercera y última parte de éste fanfiction. Es qué comencé a trabajar en un one-shot especial y quiero terminarlo, para luego si dedicarme a pleno a traducir y reescribir la última parte de "Miss Bubbles" ¿OK? ¡Así que yo no quiero que después nadie se venga a quejar de la tardanza, porque ya están todos avisados! Jeje :-P Sin más que agregar, los dejo con la historia. ¡Nos estamos leyendo! ;-)
SEÑORITA BURBUJAS – PARTE 2 / INICIO
Odio Educación Física. De en serio la odio. De entre todas las asignaturas, que tuve y sigo teniendo, Educación Física es la que siempre he aborrecido más... La única cosa que yo deseaba poder hacer el día de hoy, Viernes, era quedarme en casa, tirada en la cama, leyendo un libro o algo por el estilo. Había incluso planeado no venir a Hollywood Arts, pero mamá insistió en que no podía concluir mi primera semana, en ésta nueva escuela, con una inasistencia sin justificación. Así que a las 07:30 AM, entró en mi cuarto, levantó las persianas de mis ventanas, descorrió mis pesadas cortinas negras y me dijo que me levantara, duchara y vistiera, porque el desayuno estaría listo en unos veinte minutos... A veces no sé porque la amo tanto...
Aunque si soy sincera, tengo que admitir, que ésta primera semana, en ésta nueva escuela, no ha sido la peor primera semana, en una nueva escuela, que he tenido... Aunque también... Desde mi primer día aquí, en Hollywood Arts, Cat ha sido tan pegajosa cómo lo puede ser un chicle atorado en las suelas de tus zapatillas favoritas. ¿Saben una cosa? Creo que esa comparación le queda a ella, cómo anillo al dedo; porque parece ser, que todo lo que usa es rosa... O por lo menos, ese es el color principal de casi todo su guardarropa.
Honestamente, no sé porque no le he dicho, a mi pelirroja compañera, que se largue de mi lado o que no quiero estar con ella, cada vez que me recibe y despide, a la entrada y salida de la escuela, respectivamente, con un fuerte abrazo; o cuando toma mi mano para caminar por los corredores, ya sea que estemos yendo de un salón de clases a otro, al Asphalt Café para ingerir nuestros respectivos almuerzos, o incluso, al baño de las chicas, aunque una de nosotras (yo casi todas las veces) no tenga ganas ni necesite ir... Tal vez eso se deba a que Cat es la única persona, en ésta nueva escuela, a quien puedo considerar, abiertamente, cómo una amiga. Y por si se lo preguntan, la respuesta es "sí": casi vomité la primera vez que ese pensamiento cruzó por mi mente. Al igual que casi vomité la primera vez que la escuche decirme "amo a los cachorros".
La clase de Educación Física terminó hace un buen rato, pero recién ahora comienzo una lenta caminata desde el gimnasio interno que tiene la escuela, hacia las duchas. No quería ducharme al mismo tiempo, que el resto de mis compañeras. Es que ellas están... Tan llenas de vida, que me asquean. No del mismo modo en que Cat lo está, pero ustedes me entienden ¿no? En fin, para hacer algo de tiempo y esperar a que demás otras chicas terminaran de ducharse y se fueran, me ofrecí a guardar los materiales deportivos que utilizamos en la clase: en su mayoría, colchonetas azules, con el logotipo de la escuela en amarillo, y alguna que otra pelota de baloncesto.
Abro la puerta que conduce a las duchas y entro. Lo primero que veo ahí es... A mi compañera antinaturalmente pelirroja, cerca de la zona en donde se encuentran los casilleros personales, depositando su bolso en uno de los bancos de madera, abriéndolo y comenzando a sacar su cambio de ropa. ¿Por qué todavía sigue aquí? Cat entró con las demás chicas, así que yo pensé que ya estaría de camino a su casa, no en las duchas, sola. Cuando se gira hacia su derecha y se da cuenta de que estoy aquí, sus ojos brillan de una manera especial y me regala una pequeña sonrisa. Pareciera ser que está muy feliz de verme... Siempre tiene esa expresión en el rostro cuando me ve llegar a Hollywood Arts y corre a abrazarme. Todavía no entiendo cómo es que no le he dado un puñetazo en el rostro, cuando hace eso... En fin, asiento a manera de saludo, para que sepa que si la he visto, y me dirijo directamente hacia mi casillero personal; el cual resulta estar unos metros a la izquierda, del de ella. Que suerte la mía ¿no? Bueno, saco todo lo que tengo adentro de mi bolso de mano y lo acomodo ordenadamente dentro del casillero que me asignaron, dejando únicamente afuera lo que necesitaré durante y después de la ducha: una barra de jabón neutro y dos toallas, una grande para el cuerpo y otra mediana para la cabeza. Me doy media vuelta, para entrar en una de las duchas y... Ahí está la pequeña pelirroja, en frente mío, todavía con la ropa de Educación Física puesta. ¿Acaso estará esperando algo? Porque si es así, no tengo ni la más remota idea de lo que puede ser.
– ¿Jade? – Me dice luego de haber estado un minuto mirándome en completo silencio. ¿Pueden creerlo? ¿Acaso piensa que me volví ciega mientras ordenaba mis cosas? Les juro que Cat, cada vez que abre la boca, es cómo si se abriera la Caja de Pandora: una nunca sabe lo que puede salir de ahí adentro.
– ¿Sí, Cat? ¿Necesitas algo? – Le respondo con dos preguntas en tono sarcástico. Una de las cosas que me gusta de mi pequeña compañera, es que parece ser inmune al sarcasmo. Y cómo esa es mi lengua nativa, puedo hablarle en ella sin temor a represalias, por parte de mi oyente. Aunque... Unas cuantas veces me ha preguntado "¡¿Qué se supone que significa eso?!" a los gritos, cuando le hablo de manera capciosa. Solo espero que ésta vez, no sea una de esas veces.
– ¿Puedo bañarme contigo? – ¿Qué? La verdad, no me esperaba eso. Parece que pudo decodificar mi expresión facial de "mi no entender", porque enseguida agrega esto. – Es que éste lugar me da un poco de miedo... – Me dice con ésta expresión en su rostro, cómo si fuera una niña pequeña, aterrada por mirar alguna película de terror, y no una quinceañera que está a punto de darse una ducha en la escuela. "Adorable" es la palabra que la describe perfectamente en éste momento.
Entiendo porque éste lugar le puede resultar aterrador a la pequeña pelirroja: la única luz que hay, es la natural, que entra por unas pequeñas ventanas rectangulares, las cuales están casi pegadas al techo. Los pocos tubos de luz que hay, parecen haber dejado de funcionar hace un par de años. Además, la pintura opaca de las paredes y el techo, junto con los azulejos oscuros, no ayudan mucho que digamos, a mantener el lugar bien iluminado. Si a eso le sumamos el hecho de que las duchas están, a excepción de nosotras dos, desiertas, parecería que toda la habitación fue extraída de una de las escuelas de Silent Hill... Pero de todas maneras, reflexiono sobre su petición por un momento, dado a que yo nunca he hecho algo por el estilo. O sea, nunca he compartido un baño con nadie. Ni siquiera con mamá, cuando yo era pequeña. Y ya que estamos en el tema, por si se lo preguntan, la respuesta es "no": tampoco me he bañado a mi hermanito, Sean, por más que tenga cuatro años... Sin embargo, ducharme con la antinaturalmente pelirroja no va a hacerme ningún daño ¿cierto? Es decir... ¡Estamos hablando de Cat! Seguramente va a tener tanto miedo y vergüenza, que entrará a la ducha con la ropa puesta.
– Seguro, Cat: no hay problema. – Finalmente le respondo mientras me quito la camiseta, la cual está empapada de sudor. ¡Ugh, odio el sudor! Ésta es otra de las razones por las que odio Educación Física: es la única clase que me hace sudar. – Desvístete que yo te espero. – Agrego antes de comenzar a sacarme las zapatillas, los calcetines y el pantalón, quedándome únicamente con mi sujetador deportivo negro y mi bóxer para chicas, también negro, puestos... Supongo que tú podrías decir que el negro es mi color favorito.
Mientras doblo y guardo la ropa que me saqué, dentro de mi bolso de mano, miro a Cat y veo cómo se está desvistiendo muy lentamente. Parece bastante insegura de lo que hace: actúa cómo si tuviera miedo de que alguien entrara de repente en las duchas... Mientras la observo atentamente, me doy cuenta de cuan atractiva es, con esas proporcionadas curvas que tiene aquí y allá... OK: tengo que dejar de mirarla. Tengo que dejar de hacerlo, pero... ¡No puedo! Su belleza es cautivadora. Pero... ¿Qué? ¡WOW! ¡¿A qué no adivinan que hay debajo de la ropa de gimnasia, de mi compañera?! Mejor se los digo, porque nunca lo van a descubrir: un sostén push-up, el cual hace que sus senos parezcan un poco más grandes de lo que en realidad son, y una tanga. Bien... ¿Quién lo hubiera pensado? La dulce e inocente Cat parece no ser tan inocente después de todo. Lo que no me sorprende es que su conjunto de ropa íntima sea de color rosa y tenga brillitos. Su sujetador y su tanga se parecen a ella: son aniñadamente sexys.
Levanta la vista de una pila de cosas, compuesta por sus calcetines, ropa de gimnasia y zapatillas, y me atrapa con las manos en la maza: mirándola fijamente. Me regala una tímida, y debo agregar, coqueta sonrisa, mientras que sus mejillas se tornan del mismo color que su tenido cabello... Por Dios, creo que me mojé...
Sacudo mi cabeza un par de veces, para lograr sacarme la sonrisa y los cachetes colorados de Cat, de mi mente. Tomo mis dos toallas y mi barra de jabón neutro, para luego irme a esperarla en la entrada de una de las regaderas. Ella ésta por alcanzarme, pero se da medía vuelta y regresa a su casillero para sacar una última cosa de su interior: una lufa, con la forma y los colores para semejarse a una catarina... Yo quería decirle "¿no es un poco infantil?", pero luego de dos segundos de reflexión, decidí no hacerlo: había muchas posibilidades de que me ganara un "¡¿Qué se supone que significa eso?!" de parte de la pequeña pelirroja. Por fin entramos a la ducha, acomodamos nuestros productos de higiene personal en un esquinero de plástico que hay adentro, y por último, colocamos las toallas en las barras correspondientes para ellas. Me quito las últimas piezas de ropa que tenía puestas y las coloco cerca de las toallas, lejos de los chorros de la regadera, para que no se mojen. Cat hace exactamente lo mismo... Por muy difícil que sea, logro concentrarme para mantener la vista en su rostro, así mis ojos no recorren libremente toda la extensión de su cuerpo...
– ¿Qué es esto? – Le pregunto, quitándole la infantil lufa de su mano, mientras que, con la que me queda libre, abro la canilla de la ducha. Al instante, una lluvia de agua tibia cae sobre nosotras, refrescándonos. Sé lo que están pensando: "¿por qué le hiciste esa pregunta, si claramente tú sabes que eso es una lufa?" Bueno, pues verán... Algo le tenía que decir a mi compañera y eso fue lo primero que se me ocurrió, que no tuviera relación alguna con ninguna parte de su sexy cuerpo ¿entienden?
– ¡Oh, esa es la Señorita Burbujas! – Me responde, para luego añadir una de sus típicas risas bajas, sofocadas. Enarco mis cejas y niego con la cabeza, no pudiendo creer lo infantil que puede resultar la pelirroja a veces. En estos primeros cinco días de escuela, que he pasado junto a Cat, siempre he descubierto algo nuevo sobre ella, que me sorprende. Y gracias a la regadera, he descubierto que le puso nombre a su esponja de baño. Es de no creer... Ahora mismo estamos completamente mojadas. Mi compañera retira su lufa de mi mano, toma mi barra de jabón neutro del esquinero de plástico, en el que yo la había colocado, y procede a restregar el producto de higiene personal en la Señorita Burbujas. Supongo que se habrá olvidado de que trajo su propio jabón líquido... Bueno, no pasa nada. Me doy vuelta y cierro la canilla, para evitar desperdiciar el agua que todavía sigue estando medianamente caliente. Me giro otra vez y veo cómo mi compañera estira la mano, con que sostiene la lufa, hacia mi cuerpo... No estará esperando bañarme ¿o sí? No: seguramente no. Lo que quiere hacer es prestarme a la Señorita Burbujas, para que me friegue con ella. Sí: seguramente sí. Estiro mi mano para tomar la lufa y... Cat comienza a fregar el interior de mi brazo, de manera lenta y suave. En cuanto sus intenciones me son claras cómo el agua que nos moja, la detengo, agarrándola por las muñecas.
– No. – Le digo de manera dura y tajante, antes de soltarla. Sus brazos se mueven paralelamente de forma pendular, hasta quedar inertes a los costados de su cuerpo. La Señorita Burbujas descansa en el húmedo suelo. ¿Saben que hace la pequeña pelirroja ahora? Me mira de la misma forma que lo haría un cachorrito, si éste quisiera que le rasquen la panza, luego de que uno le dice "no". ¡Oh, mierda! ¿Va a hacer eso todo el tiempo? Verán, ésta no es la primera vez que ella me da esa mirada. Siempre la hace cuando quiere que yo haga algo, a lo cual me he negado con anterioridad. Y en cada una de esas veces, he terminado complaciendo su pedido... Pero una cosa es dejar que, el miércoles después de clases, le de unas cuantas lamidas a mi helado, y otra muy diferente es, dejar que me bañe usando una lufa con forma de catarina. Así que le repito lo que le dije antes, para que entienda que está vez, la decisión final será mía y que ninguna de sus tiernas expresiones faciales me hará cambiar de opinión. – No...
– Pero... ¿Por qué no? – Me pregunta con una mirada inocente en su rostro. Oh, por Dios... ¿Por qué tiene que hacerlo todo tan difícil? ¿No podría simplemente aceptar un "no" cómo respuesta?
– Porque... – Exhalo fuertemente por un momento, antes de continuar. – Mira, ya es bastante incomodo para mí estar aquí, así... – Puntualizo señalando la desnudez de nuestros cuerpos. – Contigo. – Agrego, empezando a irritarme por toda la situación en la que yo sola me he metido. ¿Por qué le habré dicho a Cat que nos podíamos bañar juntas? Creo que juntarme con ella me está ablandando... Me doy vuelta y en cuanto estoy por abrir de nuevo la canilla de la ducha, siento sus manos sobre mis hombros.
– Jade, tienes que relajarte... – Sus dedos comienzan a masajear de manera suave, pero precisa, el área en donde se encuentran. – Estás un poco tensa. Puedo sentirlo. – ¡¿Y cómo quieres que no esté tensa, si me estás tocando, cuando ambas estamos desnudas y mojadas, en el cuarto de duchas femeninas de Hollywood Arts?! Su masaje prosigue y lentamente la contractura de mis músculos comienza a ceder más y más. Mi cuerpo se relaja completamente, hasta el punto en que debo apoyar las manos en la pared, para mantenerme estable. No sé si Cat llegue a ser una gran artista, pero cómo masajista profesional, estoy segura que nunca le faltarán clientes. Sus manos se separan de mis hombros y antes de que pudiera girar mi rostro, para ver que anda haciendo ahora mi pequeña compañera, siento algo húmedo, frío y rasposo contra mi espalda: la Señorita Burbujas... – ¡Perdón! – Se disculpa, al notar cómo un escalofrío recorre mi cuerpo. Retira la lufa de mi piel y siento que mi espalda es cubierta por algo cálido y suave: un cuello, dos senos, un vientre y algo de cadera. La pelirroja me abraza por detrás. – ¿Mejor? – Me pregunta por sobre mi hombro izquierdo, antes de depositarme un pequeño beso en el. Muerdo mis labios para suprimir un gemido, que casi se me escapa por entre ellos, y asiento con la cabeza, en forma de respuesta. Cat vuelve a reírse por lo bajo, mientras abre la canilla de la regadera. Deja que la cálida lluvia nos moje por unos dos o tres minutos y luego, cierra la llave que le da paso al agua. Por tercera vez en mi vida, mi compañera apoya a la Señorita Burbujas contra mi piel.
Primero siento la lufa contra mi vientre. Movimientos circulares lavan mi piel. Luego, la Señorita Burbujas asciende hasta llegar a mis senos. Un torrente de sensaciones estalla en mi interior y nuevamente debo morder mis labios para suprimir los gemidos, que pugnan por salir de mi cavidad oral... Durante todo el proceso de lavado, Cat sigue pegada a mi cuerpo, brindándome su calor corporal. Si solamente supiera las cosas que estoy experimentando en éste momento... Seguramente, no las entendería. O mejor dicho, no las entiende; porque mientras que para mí, todo éste asunto de bañarnos juntas se ha vuelto un poco sexual, para ella parecer ser algo que todas las chicas de quince años hacen. Pero bueno... Por lo menos está evitando tener un contacto semidirecto con mi... Ya saben... "Zona privada"... Menos mal que lo hace, porque sino la Señorita Burbujas va a terminar teniendo barba y no creo que... ¡OK, ya es oficial: esto se ha vuelto muy sexual! ¿Qué? ¿Qué por qué digo eso? Porque a la Señorita Burbujas seguramente le ha crecido una barba, en los dos últimos segundo. Por eso lo digo.
Luego de pasar un par de minutos más lavándome a conciencia, Cat se separa de mí. Yo me quedo cómo estoy, de frente a las canillas y con ambas manos apoyadas en la pared, por unos cuantos segundos más. Inspiro y exhalo lenta y profundamente, intentando que ésta pequeña excitación que siento, por todo el toqueteo recibido, se me vaya. Aunque es bastante difícil lograr eso, sobre todo porque me toco... Ya saben... Ahí abajo... ¡Por Dios, todavía no puedo creer que mi compañera haya hecho eso! Finalmente, me giro: ahora estamos cara a cara. Toma mi mano derecha y coloca a la Señorita Burbujas sobre ella, mientras enarca su ceja izquierda y me dedica una sonrisa cómicamente seductora. Oh, Dios mío: ahora quiere que la bañe... Primero, mojo un poco la lufa. Segundo, coloco una porción abundante del jabón líquido de la pelirroja, con aroma a tuti-fruti, en la Señorita Burbujas y lo refriego con la mano, hasta que la esponja está completamente hinchada por toda la espuma que hay en su interior. Tercero, comienzo a lavar a mi compañera...
– ¡Jade, no tan fuerte! – Se queja luego de dos segundos. – No soy un plato sucio al que debes que lavar, sino una persona... Que está sucia y a la cual, debes lavar. – Agrega y vuelve a reírse por lo bajo, de su propio chiste, al igual que lo hizo cuando se presento el Lunes, durante el almuerzo.
– Lo siento, Cat. – Me disculpo, mirando la mancha roja que se extiende por su espalda, ahí donde la fregué con más fuerza de la necesaria.
– ¿Me das un beso curativo? – Me pregunta con su mirada de cachorro regañado. Cierro los ojos, exhalo un gran suspiro de incredulidad y niego con la cabeza, porque sigo sin poder creer ésta situación en la que yo sola me he metido... El beso es muy rápido. Mis labios tocan su piel por un microsegundo y ya. Pero eso es más que suficiente para que una sonrisa "muestra hoyuelos" se haga presente en su rostro y sus mejillas se pongan coloradas.
Retomamos el baño. Todo el tiempo me está mirando, observando detenidamente cada uno de mis lentos y suaves movimientos. Y esto es solo posible, porque mi cuerpo no está pegado al de ella. La cercanía entre nosotras hace que nuevamente un torrente de sensaciones estalle en mi interior, así que intento que haya una distancia segura entre las dos. Pero de todas formas, existe algo de contacto entre nuestros cuerpos, aunque esté mediatizado por la Señorita Burbujas. Igualmente, la lufa no es un impedimento para que sienta lo firmes que son sus pequeños senos, lo duros que son sus grandes y rozados pezones, lo torneadas que están sus piernas, seguramente por tantos años de asistir a clases de baile... Ni lo suave que es su depilado... Ya saben... Sí: yo tengo alfombra y ella, mármol. Pueden reírse todo lo que quieran, pero depilarme me genera un mal dolor. Y si me afeito... No tienen ni idea de la picazón que eso me causa. Así que sí: dejo que el pasto crezca en mi campo y solamente lo podo regularmente, para que no sea una jungla.
– ¿Jade? – Llama mi atención con una pregunta, mientras estoy fregando nuevamente su espalda.
– ¿Sí, Cat? – Le respondo interrogativamente, al tiempo que cuento las pecas que tiene sobre los hombros.
– Tengo frío... – Me dice, mientras agarra con ambas manos el brazo derecho, que tengo desocupado, y lo atrae contra su cuerpo. Para ser más exacta, contra su pecho. – Abrázame... – Susurra luego de unos segundos de vacilación.
OK: esto ya se está saliendo de control. Lo que quiero decir es que, ya no sé qué pensar de todo esto. ¿Acaso las amigas hacen esto? Porque yo creo que no. Si fuera que estamos en la playa, rodeadas de otras personas y con nuestros bikinis puestos, entendería que mi compañera se comportase un poco insinuante y provocadora. Pero no estamos en la playa, rodeadas de otras personas, ni tampoco estamos usando bikinis: estamos en las duchas femeninas de la escuela, completamente solas y debo agregar, a pesar de que sonará redundante, completamente desnudas. Pero... La mirada de Cat denota una genuina inocencia, lo que me hace dudar sobre si ella tendrá otras intenciones con respecto a esto. Igualmente, eso no importa: la duda que su mirada me genera no es lo suficientemente grande cómo para aceptar su petición, por lo que le respondo con una negación hecha con la cabeza.
– No intentes presionarme, Cat... – Le digo antes su mirada insistente. Ella comprende la profundidad de mis palabras, pero de todas formas, no suelta mi brazo.
Termino de bañarla rápido, para que no tenga más frío. Dejo a la Señorita Burbujas en el esquinero de plástico y abro la llave que le da paso al agua caliente. Para ésta hora del día, ya está tibia. Pero es más que suficiente para quitarnos de encima el frío que comienza a entumecernos los músculos. Para ahorrar agua y tiempo, nos metemos juntas debajo de la regadera. Cada una ayuda a la otra a quitarse la espuma y el jabón que tenemos en el cuerpo. Yo mantengo mis manos alejadas de las partes privadas de Cat, pero ella no hace discriminación y toca todo lo que puede, aunque "no se le pasa la mano" ¿entiendes?
Ya estamos limpias. La infantil pelirroja cierra la canilla. Recogemos nuestros productos de higiene del esquinero y nuestra ropa interior del suelo. Salimos de la regadera envueltas en nuestras respectivas toallas. Mientras cada una se seca, no nos decimos ni una palabra. Detesto admitir esto, pero... Estoy un poco excitada por la experiencia que acabo de vivir. Giro hacia mi derecha, mientras me visto, para mirarla. ¿Acaso ella se siente de la misma manera: confundida y excitada por toda la exposición y el toqueteo íntimo que hubo entre nosotras? No: por supuesto que no. ¡Solo mírenla: su única preocupación en éste momento es, ponerse una tanga color turquesa, de manera correcta! Dios, es tan hermosa... ¡Mierda! Giro la cabeza hacia cualquier otro lado lo más rápido que puedo. Escucho una de sus risas ahogadas a mis espaldas y mis mejillas se encienden cómo carbones que son revividos, con un suave soplido. Y todo porque me atrapó mirándola fijamente, otra vez...
SEÑORITA BURBUJAS – PARTE 2 / FIN
Nota a los lectores: ¿Ya llegaste hasta acá y te vas a ir sin dejar un "review"? ¡Vamos! ¿Qué te cuesta? Yo no pido que me dejes EL "review", sino que me dejes UN "review". No me importa que sea cortito o sencillo, sino que sea sincero y exprese lo que en verdad piensas sobre mi trabajo. Y... Si además me tiras una crítica constructiva o algún consejito para mejorar mi escritura... Bienvenidos sean. Jaja XD
Agradecimientos: a las siguientes personas les agradezco de todo corazón, las apreciadas y valoradas palabras que dejaron en los comentarios que escribieron para la primer parte de "Señorita Burbujas": arandiagrande, DESTACADO117, iRoss14, mafer199, sabrina bayonet y Sue Hopkins. ¡De verdad, muchas gracias! Espero volver a leer palabras suyas muy pronto. ¡Los quiero mucho! ¡Abrazos, besos y cariños para todos! :-)
