Capítulo 2
Otro día, otro dólar que no es suficiente para ella y su nuevo caso en marcha.
Su alta no había avalada por su médico pero por su tono de voz tan autoritario no dejó dudas a nadie en el departamento de policía que iba a tomar el caso que se presentaba esa mañana muy temprano.
Nick Hofmeister fue su Waterloo por razones que creyó haber dejado atrás, bien guardadas en el contenedor de cosas a olvidar en favor de concentrarse en el aquí y ahora. No solo la enfadaba pensar en lo que Nick había hecho por ella y su carrera fugaz en el cine para adultos; le molestaba pensar, que atraparlo por el asesinato de un joven cuyo único pecado había sido ser hijo de un famoso, le seguía pareciendo bien poco comparado a todo lo que ella hubiera hecho con el paparazzi cinco minutos a solas en el cuarto de interrogatorios con las cámaras apagadas.
Le enfadaba todavía más darse cuenta que, al final, ella pudiera haber pensado eso, haber hecho menos a la víctima, cuando este era un joven sin culpas.
Todo sucedió porque Nick Hofmeister, conocido reportero por llevar las noticias más picantes a sus seguidores en la red y vender otros artículos a otros diarios virtuales llenos también de noticias frívolas, había hecho salirse del carril a un joven que aparentemente no estaba haciendo nada más que conducir de regreso a casa sin compañía de guaruras que, en su posición de hijo de actor famoso, debía de necesitar pero por una vez que quiso ser uno más entre la gente lo tuvo que pagar muy caro.
En el caso ya estaba Dan Espinoza cuando ella llegó. No tuvo ni que cruzar palabra con este para averiguar lo que pensaba "¿No deberías estar recuperándote?" y lo iba a escuchar de la boca del mismo Dan cuando este se distrajo con un paparazzi afroamericano que no dejaba de tomar fotos. Ella se distrajo con el pasar a su lado de Nick Hofmeister, esposado, cabeza gacha como nunca lo había visto, siendo escoltado por un agente hacia la patrulla.
Esperó a que el sospechoso fuera dejado dentro del auto y sus cercanías despejadas para acercarse. Abrió la portezuela para introducirse con este en el asiento trasero para evitar tener que sacarlo y que intentase huir aprovechándose de su brazo lastimado.
No tuvo por qué, como confirmaba ahora que lo miraba tan de cerca.
Nick estaba tan acabado que ni respirar podía.
Aspiró hondo. — Ahora si lo lograste, Nick: Querías tanto una noticia que mataste por ella.
Nick le devolvió la mirada, menos poderosa por supuesto, antes de fijarla sobre la tela del asiento. — Tienes razón. Ahora sí que me pase.
Ella lo observó, sorprendida, antes de volver a arremeter. — ¿Cómo? ¿Ahora lo sientes?
— Pues si ¿Qué más necesito para darme cuenta de la realidad? Soy una basura.
Seguía sin convencerse. — ¿Qué te hace pensar que lo eres? —La mirada de aquel, extrañado, la hizo reformular. — Después de tanto tiempo.
Escuche, sé que he estado fatal pero ahora… Ahora sí que no tengo reparo. Voy a confesar, confesare todo. Lo que sea por ese muchacho. —Lo miró todavía sin comprender y este tuvo que seguir. — Es mi modo de reparar todo lo que hice. Lo que les he hecho a todos dándole la oportunidad a alguien más.
Aquel calló repentinamente, como si se diera cuenta de que dijo algo que no debía. La miró queriendo asegurarse de que no se hubiera dado cuenta lo que sin embargo hizo. Cuando estuvo a punto de presionar para saber más alguien la tomó del hombro. Volteó y ahí estaba Dan.
— Sal de ahí.
Espinoza cerró la portezuela antes de hablar. — No estás dada de alta, este no es tu caso y tú eres la menos capacitada ¿me falta algo que agregar?
Sí —Le hizo señas para que se alejarán un poco del coche patrulla. — ¿Qué tal una hora extra en el cuarto de interrogatorios para Nick? Si me hubieras dejado un segundo más con el habría tenido su confesión.
— Ya confesó haber provocado el accidente.
Viró los ojos. — Eso lo dijo al aire.
— ¿Ahora dudas de mi capacidad deductiva?
¿Cuál? — No, lo que pasa es que a mí me dijo algo diferente.
— Sin testigos, sin procedimiento policiaco, sin…
— ¿Puedes dejar de enumerarme mis errores?
— Deja de cometerlos.
— Hofmeister encubre a alguien. Cuando lo presione dijo que reparaba sus errores dando a alguien más una oportunidad.
— ¿Y te dijo quién?
— Si me hubieras dado tiempo…
— Sabes que con este tipo de casos, con la farándula detrás, no podemos tomarnos mucho tiempo.
— Entonces lo hacemos rápido y mal.
No —El otro cruzó los brazos sobre su pecho. — Lo hacemos por la vía legal, efectiva, sin dejar chance de que el caso se derrumbe.
Se frustró, estuvo a punto de contestar algo más pero se detuvo viéndolo ya infructuoso. Dejó caer su brazo libre con fuerza sobre su costado. Meneó la cabeza antes de asentir. — Bien, te lo dejaré a ti, como debe ser, pero procura…
— Hacerlo bien, lo tengo.
Cuando estaba por irse reparo en el auto del paparazzi en la escena del crimen, dejado por los oficiales que entonces ponían más atención en el auto del chico. Cuando se acercó pudo vislumbrar algo arriba de la guantera. Se cercioro de que no hubiera nadie cerca, sacó su celular y tomó fotos.
Rauda intentó subirse a su propio coche pero el cabestrillo se lo hacía difícil. Sentada ya delante del volante prestó atención al dolor que entonces le punzó junto al recuerdo.
Jimmy.
Otra cosa para olvidar.
Los días en el hospital se le fueron rápidos con eso de que ocupo su tiempo intentando explicarse a sí misma el vacío en su memoria que se producía entre el momento entre que Jimmy le disparaba y Jimmy moría.
Le pregunto a su médico por la ubicación exacta del disparo y este le pidió permiso para tocarla. Se lo concedió y tuvo la solución: Había sido más arriba de la línea del escote. Con la placa ahí, decía el médico, hubiera sido golpe de suerte y no tendría que habérselas visto negras pero como no es de las que la portan todo el tiempo esto mismo casi le causa la muerte.
Mencionada la posibilidad de estar muerta inquirió solo para asegurarse si la herida pudo haber sido fatal.
"Fulminante", le contestó.
Al no contar con tiempo de sobra para pasar a la morgue y descubrir todo el examen al cuerpo de Jimmy además de que el informe al final había sido rellenado por Dan quien se encargó de todo por su convalecencia, no pudo descubrir mucho sobre qué tan certero había sido su disparo pero, pensó, no mucho puesto que aquel gastó sus últimas fuerzas en dispararle.
Lástima de últimos minutos de vida. Pensó mientras se orillaba a unas calles, más delante de la escena del crimen.
Hablando de minutos, "el" no le había concedido más minutos que los de esa tarde cuando se despertó.
Decidió marcarle.
La llamada tardó en ser contestada por lo que empezó a sospechar que todo había sido un engaño para entretenerla para que "aquel" pudiera fugarse como tanto juraba pero al final fue respondida.
— ¿Diga?
Su voz sonaba quebrada.
— Mickey, soy yo. Chloe…
Decker —Ahora si sonaba animado. Iba a continuar pero escucho unos carraspeos en el otro lado de la línea. — ¿En qué te puedo servir, cariño?
— No de mucho si haces esa voz de mujer.
— No sé a qué te refieres.
No puedo creer que estuve a punto de invitarte a almorzar —Hubo un grito de felicidad al otro lado de la línea. Tuvo que apartar el oído del auricular para recomponerse del susto. — ¿Pero qué te pasa?
— Es la primera vez que una chica me invita a salir.
— ¿Qué? ¿Los demás eran hombres?
— Pues…
— Cállate; mejor te doy la dirección.
Esta vez era pelirroja, ojos verdes, conjunto amarillo que resaltaba más en esa cafetería de por si fea. Miró mal al encargado que les tomó la orden y no dejaba de mirar a su "amiga". Cuando este los dejó la pelirroja se apuró a sacar un cigarro.
— Pensé que estabas acostumbrada a que te mirarán.
— Últimamente no sé ni quien soy.
— Yo sí: Un mentiroso.
Aquel detuvo su encendedor a escasos centímetros de su cigarro. — ¿A qué te refieres?
Otra vez esa voz quebrada. Casi podía escuchar el lado masculino aflorarle a esa pelirroja de labios frambuesa. —A que dijiste que terminado lo de Jimmy te ibas de Los Ángeles.
Volvió a sonreírle. — Bueno, con Jimmy terminado ya no vi porque pirarme.
— No puedes burlarte de un muerto aun si este te mató primero.
— Le apuesto a que no puede pasar el almuerzo sin decir "Muerto".
No es gracioso —Tomó un sorbo a su café. —No cuando tengo un caso como ese en manos.
— ¿No ha pensado en cambiarse al departamento de anti drogas o así?
— Lo pensé pero no quería verme en uniforme de colegiala para una redada policial.
— Estoy segura que se hubiera visto hermosa.
— Cállate si no quieres ser el próximo muerto.
— Listo, gane: usted paga el desayuno.
No contestó nada. Volvió a concentrarse en su café.
Después de lo que considero un largo rato volvió a hablar. — Tengo un problema.
Primera lección: no puede arreglarlo descargando la munición en él —Su expresión de enojo debió ser tal que hizo que aquel se enseriara a la par que apagaba su cigarro presionando la punta contra la mesa. — ¿De qué va ahora?
Dio un largo suspiro. — Es sobre este chico, en la mañana temprano, intentaba escapar de los paparazis montado en su coche pero se desconcentró y pues…
— Lo leí; una tragedia.
— Sí, todo por culpa de Nick Hofmeister.
— No creó haber escuchado de él.
— Es un paparazi que no tiene sentido de la moral a la hora de conseguirse los encabezados jugosos para su página web de noticias. Me dan ganas de romperle el cuello.
— No puedes hacerlo con ese cabestrillo.
— ¿Quieres comprobarlo?
— Primero termina tu historia.
Otro suspiro. — Actué como una tonta allá, en la escena del crimen, subieron a Hofmeister a la patrulla y yo me atreví a subirme solo para actuar como la ruda diciéndole "Querías tanto una noticia que mataste por ella" — Los ojos de Mickey reflejaban comprensión y esto la alentó a seguir. — Y el solo dijo "tienes razón".
El llegar de su desayuno dio un tinte más dramático.
Mickey esperó a que se quedarán otra vez solos para preguntar. — ¿Lo odias solo por lo que le hizo a esos famosos? No me malentiendas. Sé que meterse en la vida de la gente no es correcto aun siendo famosos…
— Claro que no.
—…Pero siento que tú hablas de eso como si quisieras decir que Nick te hizo algo. Que ya es personal todo el asunto o al menos eso das a entender si dices que fuiste capaz de encararlo solo para decirle lo que pensabas.
Miro unos segundos su plato. — Antes de que Trixie naciera, antes de que yo siquiera me metiera a la policía… Hice algo —Advirtió los ojos castaños bien fijos sobre ella. Pasó saliva. — Era más joven, tenía sueños con ser actriz y pensé en entrar por la puerta grande, así de tonta era si pensaba que… Desnudarme para una película era la puerta grande.
La pelirroja tardó unos bocados en comentar algo. — ¿Qué hizo la cucaracha con eso que te molestó tanto?
Agradeció internamente que no preguntará nada por el filme. — Mi padre murió poco después de eso, asistí al funeral y Nick estuvo ahí para tomarme fotos.
— Lo siento...
— Rompí la lente de su cámara.
—…Por el que tuvo que recoger los cristales y su dignidad del piso.
Cuando terminaron Chloe se ofreció llevarlo a su casa ya que lo vio llegar en taxi. Este se negó.
— Anda, te conté el secreto de mi vida y tú no quieres que vea donde vives. No debe estar tan mal.
Yo también te conté un secreto —Señalo su propia falda amarilla no sin haber dejado primero aflorar su voz masculina.
Cruzó sus brazos. — No es igual. Tú disfrutas con eso.
— ¿Quién dice?
La sonrisa amarga no le dejó modo de como contestar. Volvió a enfocarse en su problema. — ¿Tú crees que alguien pueda arrepentirse y querer pagar por sus errores?
— ¿Después de tocar fondo? Sí, mucha gente hace eso cuando esta por morir.
Pero el, Nick, no está por morir. —Empezó a andar hacia su auto acompañada por el otro. — Solo mató a un chico…
— ¿Solo?
— Es decir, que ha hecho tanto mal que no creó que este sea el fondo.
¿A dónde crees que deba llegar para mostrarse en serio arrepentido? —Se recargó contra la puerta de su coche mientras dejaba que la pelirroja continuara. — Chloe, sé que lo que te hizo pudo haber sido lo peor para ti pero, no puedes tomarte esto como algo personal. Nick mató a un chico, uno que no tenía la culpa de lo que su padre fuera. Terminó con una vida y tal vez con la de la familia del fallecido que no podrá evitar reparar siempre en la pieza faltante. Si eso no es lo peor que ese hombre pudo hacerle a otra persona entonces no sé cuál sea tu percepción de tocar fondo.
— Encubrir a alguien.
¿Qué? —El grito de aquel fue muy agudo. Le hizo seña de que bajará la voz lo cual hizo. — ¿Cómo puedes pensar eso?
Por esto —Sacó su celular y le mostró lo que había en su galería.
Aquel miró el elemento unos segundos antes de verla a ella. — ¿Una colilla de cigarro?
— De marihuana.
— ¡Chloe, por Dios!
¡Escúchame! —Lo hizo detenerse en lo que podría ser otro de sus sermones. —Lo hallé en la escena del crimen, en el auto de Hofmeister.
— No quería decírtelo pero, dada tu condición, ¿no deberías estar descansando en vez de andar tras un caso?
¿Podrías dejarme terminar? —Recibió un suspiro como respuesta. — Fíjate: Son dos cigarros y un cigarro está intacto pero el otro estaba comenzado.
— Nick condujo drogado, bien.
No —Negó con la cabeza. — No tenía las pupilas dilatadas.
— Se le bajaría el efecto por causa del choque.
— No es así de sencillo. Él no tomaba eso; podía ser un mal nacido pero respetaba su trabajo. Se consideraba a sí mismo un profesional por lo que se negaba a consumir cualquier sustancia mientras estuviera activo.
— La gente suele vender sus prioridades por placer.
— ¿Ahora quien está siendo incrédulo?
Está bien —La pelirroja levantó sus manos en señal de rendición.
Chloe prosiguió. — La droga era de alguien más.
— ¿De quién?
— No lo sé pero estoy casi segura de que eran dos en ese auto.
¿Cómo lo comprobarás? —La rubia no dijo nada. Empezó a subirse a su coche para tomar rumbo a su casa.
Horas más tarde la pelirroja le hablaba desde la cocina. — ¿Sabes? Empiezo a creer que solo aceptaste que viniera porque querías probar más de mi café.
La taza de café fue puesta frente a Chloe que entonces no apartaba la vista de su Tablet. —Y para que cuidarás a Trixie —Por fin fijó su vista y una sonrisa a la niña mencionada que estaba intentando que la invitada prestará atención a la historia de su muñeca. — Trixie ve a alistarte pues tu papi no tardará en llegar.
La niña obedeció y las dejó solas lo que la pelirroja aprovechó para sentarse a tomar su taza. — ¿Papi?
Puede que ya no sea mi esposo pero sigue su padre —Aseveró mientras acercaba su Tablet para que aquella viese el último reportaje donde Robbie Russel Junior invitaba a hacer donaciones a la cruz roja aprovechándose del sequito mediático a su alrededor. — ¿Qué te parece?
—Un tipo inteligente, aprendió a cómo tratar con la fama que su padre le confería.
— A lo mejor su padre pueda decirnos algo más.
No —La roja bajó la Tablet. — Tu lo que quieres es decirle que Nick no fue. ¡Chloe, lo vas a destrozar!
¿Por qué? —Pregunto mientras dejaba caer sus manos a la tela. — ¡Él tiene que estar preparado por si el caso cambia de rumbo! Estoy segura que, más que querer arruinar al hombre que arruino medio Hollywood querrá arruinar al verdadero perpetrador.
Antes de que pudieran revirarle tocaron a la puerta y se paró a abrir no sin antes decir. — Ni una palabra: eres una amiga que viene a ver como llevo la recuperación —Escucho "Así que por eso me trajiste: para ser tu coartada" por lo bajo pero no le hizo caso por atender la puerta— Adelante, Dan.
Hola Chloe —Dan entró sin reparar en la figura del sillón. — Te veo más calmada ahora que en la mañana.
— ¿Podemos hablar de eso luego? Intento no traer el trabajo a casa. Tú sabes, con una niña de ocho años…
Cualquier indicio de pelea fue cortado con la danzarina niña que volvía con su mochila del cuarto. Saludo a su padre y este la alentó a despedirse de su madre para irse. Trixie cumplió pero antes de cruzar el umbral se volvió a ver a Mickey. — ¡Adiós, señorita Mouse!
La nombrada se sonrojo violentamente cuando Dan volteó por fin reparando en su presencia.
Chloe no pudo evitar notar a su ex esposo, anonadado al notar la compañía y a Mickey sorprendido en el acto. Nadie dijo nada hasta que Chloe carraspeó. Dan volvió en sí, avergonzado se volvió para seguir a la niña que estaba ansiosa por subir al auto. El moreno solo emitió un leve "Adiós".
Cerró la puerta. — ¿Sedujiste a mi ex esposo?
O-oye —Tartamudeó la citada. — es la primera vez que lo veo, lo juro.
No —Soltó pensativa. — Ahora que lo pienso, tienes casi el mismo efecto en todos los hombres.
B-bueno, no puedes negar que mi disfraz es muy bueno. —Contestó aquella recuperándose del susto de haber sido malentendida por la anfitriona. Entonces notó la mirada ajena sobre ella. — ¿Qué tramas?
Llegó a la casa de Russel padre no sin ayuda de Mickey que en su disfraz logró persuadir al manager del citado actor de convenir una cita. Como Chloe no estaba oficialmente envuelta en el caso era difícil llegar a tener esa oportunidad.
Su compañero la esperó en el auto, recuperándose del miedo vivido por ser reconocido como Delilah o como hombre, además de impedir que su presencia acabará afectando también al actor que entonces estaba todavía más afectado con los humos del alcohol y el luto.
Todo lo que pude decir sobre Robbie se lo dije a la policía encargada del caso, no sé qué más pueda decir —Decker veía como el contenido de la botella de licor era vaciado en lo que, aseguraba, era el tercer vaso de alcohol.
Solo le doy seguimiento —Habló con voz tranquilizadora, una que ni ella misma creía capaz de poder ejercer cuando su ansiedad por descubrir más la cubría. — Me aseguro de no dejar nada fuera. Usted sabe que las segundas opiniones no están de más.
Aquel no contestó pues dio otro largo trago a su bebida y eso la ánimo a utilizar un tono poco más duro con él. —No creo que Nick lo haya hecho.
Ni caer en la piscina hubiera hecho ese efecto en el Russel presente que la miró sorprendido. — ¿Cómo dice?
— Mire, estoy siguiendo una línea y… La confesión de Nick puede dar a entender que debió haber alguien más involucrado.
Usted —Creyó que el otro intentaba a su vez suavizar algo que de seguro pudo haber sido más hiriente que lo que dijo finalmente. — No sabe lo que Robbie pasó por culpa de mi trabajo…
Sí, lo sé —Lo cortó mientras cerraba los ojos intentando contar hasta diez antes de agregar. — Mi madre es Penélope Decker, fui seguida por los paparazis toda mi vida, verá, nosotros los hijos de famosos, a la larga, aprendemos a repartir culpas y entre las mismas entendemos que no es la de nuestros padres. Solo podemos culpar a quien haya sacado a Robbie del camino, quien en verdad lo hizo.
Permanecieron unos momentos en silenció antes que el actor finalmente dejará su trago en la mesa. — Robbie me contó que había otro paparazzi.
— ¿Tiene alguna descripción de este?
— No, como Robbie solo lo vio una vez no puso mucha atención.
Mickey seguía donde lo dejó: recostado en el asiento trasero escondiendo su cara de la vergüenza. La peluca se le caía, dejaba ver sus mechones rubios los cuales jaló para advertirle; solo recibió un gruñido de vuelta. — Levántate, ricitos, tenemos una fiesta.
— Dime que es una fiesta de verdad y no uno de tus tontos juegos de palabras.
— Es una de verdad.
— ¡Yay!
— A la que no fuimos invitados.
—…Estoy empezando a odiarte.
Era de noche aunque no lo pareciera por el sofoco de luces, era normal, estaban en el centro de la ciudad donde los centros nocturnos había por montones, unos con más estima por la calidad de clientes que tenían como se comprobaba al mirar la entrada llena de paparazis.
Otra vez —Exhaló la pelirroja. — ¿Qué hacemos aquí?
Russel dijo que a su hijo lo seguía otro paparazi aunque en el caso solo hablamos de uno detenido porque los demás estaban sueltos tomando fotos alrededor. El mismo que perpetro el accidente tuvo que haberse mezclado entre ellos —La explicación no convenció a su compañera pero no se molestó en animarla por estar concentrada en la búsqueda visual de su posible sospechoso lo que no era fácil entre el flash de las cámaras y el ajetreo de la gente.
Pronto vislumbró algo, llamó a la más alta a que se inclinará un poco para poder susurrarle. — ¿Ves al afroamericano? Él estaba esta mañana en la escena del crimen.
— ¿El? Creo reconocerlo de algún lado…
No esperó a que terminase su frase. Tanto ver al tipo lo terminó por poner nervioso, estuvo a punto de abandonar el sitio no alertar el resto. — ¡Miren, la hija de Penélope Decker!
De repente la avalancha de paparazis se fue sobre ella. Uno jaló su brazo sano lo que casi la hace soltarse para evadir con un puñetazo pero se congeló por inercia recordando que no debía caer en errores del pasado. No sabe que tanto se quedó congelada, fulminando con la mirada al tipo bajo que pretendía sacar la foto de su peor momento, hasta que alguien la tomó de los hombros mientras le decía "Decker, hay que apurarnos".
Cuando salieron a codazos de entre la gente el sospechoso ya se había metido en el auto y arrancado. Solo pudo ver las placas traseras.
En la mañana las noticias empeoraron. Ella era el encabezado en una página de chismes.
— No puede ser tan malo ¿verdad?
— Si no tomas en cuenta que todos los compañeros de Trixie tienen Internet.
Dan la terminó de decepcionar con su comentario. —Y sabrá lo de la bañera de preparatoria.
— Al menos sabrá que su madre se sigue viendo igual de bien.
— ¿Igual de bien que mi amiga a la que te le quedaste mirando embobado por cerca de dos minutos?
Mira, investigue la matricula que me enviaste —El moreno cambió abruptamente de tema sacando el archivo de entre sus cosas. Chloe lo dejó pasar. — Es de la compañía de Nick.
— ¿Igual que el auto de la escena del crimen?
Dan asintió. — El tipo que lo lleva es Josh Bryant, trabaja para Nick. Nick sigue con su historia, es un caso cerrado a primera vista pero con el hilo que tomaste ya estas amarrando todo con esto.
— Significa que…
— Que te ganare tiempo pero termina este caso cuanto antes.
Cuando llegaron Josh ya estaba hiperactivo con la cámara desde su coche. Mickey tapó la lente con su bolso. Josh estaba por ponerse ahora hiperactivo con la intrusa pero relajó la expresión al verla. Salió del auto por lo que notó a la otra acompañante, Chloe, y su sonrisa paso de amistosa a socarrona. — Buenos días, damas —Miró a Chloe. —Usted en serio no cambió desde esa película, bañera de preparatoria.
— Gracias, es lo que sucede cuando una se mantiene fuera de los problemas.
Ya lo creo —Josh analizó a Mickey, que como costumbre usaba su disfraz de mujer. Esta vez portaba peluca castaña y larga con un vestido verde que le llegaba a los pies; nada revelador pero seguía siendo muy atractiva.
Chloe aprovechó la falta de atención de Josh para ver el interior del auto a través de la ventanilla abierta y notó el cigarro de marihuana. Le lanzó una mirada rápida a Mickey que intentaba tragarse su vergüenza.
Josh pareció recobrar la razón y envolverse otra vez en el trabajo. Pasó al lado de la castaña a la que le pidió esperar mientras él se acercaba a la reja del jardín del restaurante frente al que se había estacionado. La mujer aprovechó para preguntarle. — ¿Consumes mariguana, Josh?
— Tengo receta, es para mis nervios.
Supongo —Finalmente habló Mickey con voz dulce de mujer. — Que para sostener esa cámara debes ser firme.
Como una roca —La bofetada escuchada en el restaurante apenas pudo ser percibida por Chloe y Mickey. El paparazzi había captado bien el momento con su cámara. — En este trabajo no se permite la debilidad.
¿La lealtad es debilidad? —Arremetió Decker. El moreno la miró desconcertado.
— ¿A qué se refiere?
— A que cuando Nick, que según tengo entendido te había introducido al negocio, fue arrestado, tú te dedicaste a tomarle fotos.
Bueno —Se encogió de hombros. — Fue una pena pero ¿Qué otra cosa podía hacer?
Tal vez —Interrumpió Mickey otra vez. — ¿Ayudar llamando a su abogado?
Él no quería abogado ¿No escuchaste su declaración? Él lo hizo, nena —Josh se acercó peligrosamente a la castaña y Chloe tuvo que intervenir.
— ¿Acaso Nick no significo nada para ti?
El otro se recompuso. — Fue un buen mentor, el mejor paparazi, yo lo admiro pero él fue quien me enseño que solo se puede ser una cosa —Alzó su cámara como si fuera un trofeo antes de subir al coche. —El mejor.
Arrancó y se fue.
Cuando pararon unas calles adelante Chloe pudo prestar atención a lo que la castaña intentaba enseñarle en su celular desde la mañana. — Mira, te dije que lo conocía.
Chloe vio la página que estaba en el buscador del móvil. Pertenecía a Josh. Una rápida mirada podía dejarle bien en claro con que sujeto trataban. — Tiene la primicia en todos los casos de palizas, drogadicción, suicidio… O eso parece. Siempre está ahí, en el mejor momento, mejor lugar, como si supiera de antemano lo que iba a pasar
— Conozco a un sujeto que puede saber lo que pasará y Josh no es ese sujeto.
No —Confirmo. — No lo es… ¿Qué haces?
La castaña se quitaba el cinturón de seguridad. — Lo siento, Chloe, todo esto me está dando grima ya. —Se detuvo en su hacer por intentar bajar del auto y la miró incómodo. — No te conté.
— No me has contado muchas cosas.
Escucha —La voz medio chillona le dijo que esto era serio así que se calló. Mickey aspiró profundo y soltó. — Desde hace una semana, más o menos, siento como si estuvieran caminando sobre mi tumba.
Considerando que una vez fuiste Delilah y hoy eres el "cuerpo de la cantante desaparecida más venerado del momento" tiene sentido. — ¿Por qué?
— No sé, solo… No he podido dormir, estoy aterrada, en alerta, los hombres no me dejan…
— Oye, siento mucho haberte utilizado así, no pensé…
— No, no, no. Está bien, Chloe, eres mi amiga.
La miró, absolutamente incrédula. — ¿Lo soy?
Claro —Sonrío. — ¿Quién ignora que eres un travesti que una vez fue una famosa cantante que se hace pasar por muerta? Solo una amiga.
Le sonrío de vuelta. — Si, creó que sí. Sobre tu problema, podemos hablar cuando haya terminado, hablaré con Nick, veré que entienda razones…
Gracias, amiga —Abrió la puerta del coche. — Pero no es necesario. Veré a alguien esta noche; el me resolverá mis dudas.
— ¿Es alguien muy importante?
Importantísimo —Le extendió un papel que sacó del interior de su bolsa. — Tenías razón, no más secretos. Aquí mi dirección, así puedes irme a buscar para variar un poco.
La vio abordar un taxi en la esquina.
— No puedo creer que el haya provocado todo esto.
Tú lo conoces mejor, Nick —Tomó la tablet después de que se la hayan regresado. La tenía abierta justo en la página web de Josh. Chloe siguió adelante con voz tan fría como la sala de interrogatorios. — Me dijo que estuvo bajo tu tutela. Que le enseñaste los trucos del negocio.
Pudo verlo quebrarse con eso último. El hombre pequeño tardó unos segundos en controlar sus nervios. — Josh tenía 17 años cuando lo encontré. Estaba fuera de control. Le enseñe todo lo que tuve que aprender a costa de golpes o venganzas. Quise enseñarle antes de que fuera a meterse en grandes problemas.
— Lo que terminó haciendo.
— Cuando lo hizo me llamó rápido al teléfono. Me lo confesó, dijo que ya entendía porque todas esas airosas advertencias de mi parte pero que ya era muy tarde para recomponerse pues esta vez nadie lo salvaría.
— ¿Y decidiste salvarlo?
Yo, solo —Hofmeister dio un largo suspiro. — Quise hacer algo bueno, dar una segunda oportunidad, un chance de librarse de una vida arruinada como la mía. —La miró después de lo que considero un largo tiempo. — Creó que debes disfrutar el momento: lo estoy pagando.
— ¿A costa de que Robbie Junior nunca tenga su merecida justicia?
— …
— No tengo que perdonarte, Nick, yo ya olvide lo que hiciste. No negaré que una vez pasó pues, como tú dices, fue a base de golpes que tuve que aprender pero si hay alguien que pudo haber aprendido algo de esto… Me temó que lo estás echando a perder negándote a aceptar la realidad de lo que provocas. No proteges a Josh, lo estas dañando y probablemente el dañe a alguien más.
Su teléfono empezó a vibrar en su bolsillo. Se disculpó con Nick y salió a atender.
Dan estaba muy nervioso al otro lado de la línea. — ¿Qué? ¿Josh desapareció?
— Estábamos siguiendo su auto cuando este simplemente se perdió entre el tráfico. Revisamos el GPS pero creemos que Josh lo desconectó.
¿A dónde iría? —Al minuto siguiente de preguntar eso notó el papel que Mickey le había entregado en el bolsillo de su chaqueta. Recordó que poco después de haberlo visto tomar el taxi un auto estacionado cerca arranco. — Dan, te hablo después.
Mickey pasó a comprar cosas para preparar la cena por lo que ya era de noche cuando llegó a su departamento ubicado sobre una librería que estaba cerrada por la hora. Se preguntaba si no exageraba con sus atenciones mientras buscaba las llaves en su bolso cuando escuchó una voz llamarle desde atrás.
— Delilah.
La sangre se le congeló en las venas. Pretendió no haber escuchado nada mientras insistía más en su búsqueda.
Te estoy hablando —Entonces una mano morena la sujetaba fuerte del brazo. Ahogó un grito y el hombre aprovecho a acercarla más a él en un ángulo donde la luz de la farola pudiera iluminar mejor el rostro ajeno. — ¿Por qué no me contestas, señorita?
— No sabía que me hablabas a mí pues así no me llamo.
— ¿No? ¿Acaso confundí esa naricita con la de alguna otra cantante drogadicta con trágico final?
La sangre esta vez le hirvió pero era incapaz de contestar violentamente. Apretó los dientes. — ¿Por qué no me deja sola, Josh? Estoy segura de que ya tiene suficiente problemas como para agregarle acoso y…
¿Quién te acosa? —La tomó ahora del otro brazo, con fuerza, sacudiéndola por la acción y eso hizo que unos rebeldes mechones rubios asomarán entre el castaño.
Creyó que por la poca luz no se notarían pero Josh los advirtió y terminó por retirar la peluca. — ¿Pero… eres rubia?
— Es rubio, como su padre.
La voz detrás de ellos los alertó. Josh volteó pero casi no podía vislumbrar nada entre la oscuridad y el traje enteramente negro del intruso. — Hombre, no estoy haciendo nada...
— Todavía.
— ¿Y a ti qué?
— No permitiré que nadie más pisotee mi honor. Nadie.
El moreno estaba por jurar otra vez en su contra cuando algo pareció correrle por la cara. Un hormigueo intenso que lo hizo soltar a su presa para llevarse las manos al rostro queriendo deshacerse de la causa invisible. El contacto de sus propias manos le ardió como si de repente lo pusiera contra un metal al rojo vivo. Josh grito.
¿Qué le hiciste? —Pregunto Mickey viendo como Josh se retorcía en el suelo, indeciso si detenerse el hormigueo en su piel o dejarse las manos quietas pues le ardían.
— En si no tiene nada más que la sensibilidad a su máximo nivel. Hasta el aire lo lastima.
Estas… —Las luces de unos faros acercándose la hicieron advertir el que pronto no estarían más solos. — ¡Escóndete!
¡Mickey! —Chloe bajó del auto enarbolando bien su arma contra el sospechoso tirado en el suelo. Creyó que este había recibido un golpe en los bajos por lo que se retorcía pero ya de cerca se notaba más afectado de lo que hubiera estado por haber recibido un golpe. — ¿Qué le paso?
No lo sé —Contestó Mickey esta vez con voz de hombre. — Me esperó cerca de la puerta, se me acercó y cuando creí que pasaría algo se tiró al suelo.
Josh —Se acuclilló al lado del hombre que no dejaba de revolverse. Tuvo que quitar sus manos cuando advirtió que el solo toque lo enloquecía. — Deberé llamar una ambulancia, parece que sus nervios lo afectan.
La declarada inestabilidad mental de Josh fue la prueba final con la que le dieron la libertad a Nick. Josh no tuvo que ir a prisión. Fue delegado al hospital psiquiátrico pues desde la noche en que lo internaron no pudieron hacer mucho más que mantenerlo sedado o de lo contrario asustaba a todos con sus gritos pues juraba ser lastimado hasta por el aire lo que hizo que no pudiera tener defensa cuando se presentaron las pruebas una por una lo que lo inculpaba del caso de Robbie.
Así que… ¿Lograste lo que querías? —Pregunto Mickey. Esta vez usaba ropas de hombre poco ajustadas y su cabello al natural revuelto como si acabase de despertar. Terminaban de desayunar juntos en el apartamento de este.
Chloe se limpió la comisura de los labios con una servilleta. — ¿Una mañana tranquila de desayuno? Sí.
— No me refería a eso.
Ya sé —Tomó su café. — Hospital psiquiátrico o cárcel da lo mismo: Josh está encerrado aunque —Recapacitó un segundo. — No me explico cómo en una noche sus nervios lo afectaron si estaba tomando medicamento.
— A lo mejor no lo tomaba en las dosis que necesitaba.
— Tenía la receta además de que ya llevaba un tiempo en el tratamiento. Su carrera era tan importante para el que no sería capaz de dejar el tratamiento con tal de mantenerse firme para lograr su propósito.
— Ya sabe lo que pienso.
— Sí, que todos se venden por placer. Pero Nick me dijo que para su joven pupilo esto era lo único. Su placer era su trabajo y no tenía consideraciones a la hora de obtener lo que quería.
Bueno —Mickey recogió su plató y el de Chloe. — Uno no termina de conocer a la gente.
Tienes razón —Cogió su chaqueta del respaldo. — Final poético o no, creó que Robbie descansa en paz con esto.
— ¿Con su asesino vuelto loco?
— No me digas que estoy siendo muy sádica porque te juro que me enojo.
Si se enoja conmigo ¿después quien le hará el desayuno? —Un portazo fue toda respuesta. — Que le vaya bien, detective. —Sirvió otra taza de café antes de sentarse. — Bien, dispara, justo aquí, en el corazón.
— Me temó que no te entiendo.
Suspiro.— Dime, tío, ¿Por qué he sentido en la última semana que algo malo va a ocurrir? Dijiste que me lo dirías pero solo si era en persona y no en sueños así que asumo que debe ser muy grave. Dispara.
— Tu padre regreso.
