Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

En ésta historia, los protagonistas son humanos.

La historia está escrita desde en tercera persona.

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Capítulo 2.

- Rosalie, a donde vamos?

- Ya lo verás.

Había empezado a llover, pero eso no parecía importarle a la joven pareja, que caminaba por las solitarias calles, como si fuera uno de esos días tan soleados que solía hacer en Holliwood.

Rosalie tiró de su novio hasta un estrecho y oscuro callejón y, una vez allí, le empujó hacia una pared y empezó a besar a su chico.

- Eres una temeraria. – dijo Edward, aunque en ningún momento dejó de besar a la chica. – vayamos a mi casa.

- No quiero hacerlo con tus padres allí. – empezó a quitarle la camiseta a Edward, pero este la detuvo.

- Vayamos a mi apartamento.

- Pensaba que estaban pintando.

- Les daré un descanso. Vamos. – volvieron a cogerse de la mano y empezaron a correr, como si de repente se hubieran dado cuenta de que estaba lloviendo.

No dejaron de correr hasta que llegaron al apartamento. Edward les dijo a los trabajadores que se fueran y que descansaran durante un par de horas. Cuando el último trabajador cerró la puerta, Edward cogió a Rosalie en brazos y la dejó sentada sobre la mesa.

- Porque no nos vamos de vacaciones? – Rosalie se quitó el vestido empapado que llevaba y se quedó solo con un pequeño tanga rojo.

- Mis padres no van a darme más dinero. – dijo quitándose la camiseta. – voy a tener que empezar a buscar un trabajo.

- Y si te digo que conozco una forma de ganar dinero sin tener que trabajar? – dijo empezando a desabrochar los pantalones del chico.

- Una forma fácil?

- Muy fácil.

- Cuéntame tu plan.

- Cuando me hayas hecho el amor.

Rosalie besó a Edward y, acto seguido, se quitó el tanga y le bajó los calzoncillos de su chico.

Los gemidos y gritos de ambos retumbaron por el salón del apartamento, el dormitorio e incluso la cocina. Siempre solían hacer el amor por todas las habitaciones de la casa.

Los pintores empezaron a llamar al timbre, pero ni Rosalie ni Edward parecieron oírles. Estaban en el cuarto de baño, dándose un baño romántico, mientras Rosalie le contaba a Edward su idea.

- Quieres que finja mi propio secuestro? Estás loca.

Rosalie estaba sentada tras Edward, con la espalda de este pegada a su pecho. Acariciaba el pecho de su chico mientras le iba contando el plan.

- Solo era una idea.

- No puedo hacerle eso a mis padres.

- Ya, pero… yo no puedo seguir pagando toda la…

- No puedo. - repitió.

- Vale, perdona. Olvídalo.

- Rosalie, creo que están llamando al timbre.

- Puede. – iba acariciando distraídamente el vientre de su chico, aunque fue bajando sus manos lentamente.

- Vámonos de aquí. – Edward se puso de pie y salió de la bañera. – Necesitamos ir a un lugar más seguro para trazar nuestro plan.

Rosalie sonrió al ver que su chico estaba considerando su idea y también salió de la bañera. Se cubrió con una toalla y besó la mejilla del chico.

- Todo irá como la seda.

- Estás muy segura de ello. Tienes alguna idea de cómo hacerlo?

- Lo tengo todo planeado.

Sin decir nada más, Edward salió del cuarto de baño, desnudo, en busca de su ropa, que seguía tirada por el salón. Ambos se vistieron y salieron del apartamento cogidos de la mano, sin siquiera dirigir una mirada a los trabajadores, que se quedaron alucinados, pero que entraron en el apartamento y continuaron con su trabajo.

- Cuando lo hacemos? – dijo Edward, veinte minutos después de haber salido de su apartamento.

Rosalie iba unos pasos por detrás de él pero, en cuanto oyó sus palabras, avanzó el espacio que les separaba, corriendo, y cogió a Edward del brazo.

- Es muy precipitado si empezamos ahora?

- Si. – guardó silencio y, a los pocos segundos, volvió a hablar, pasándose una mano por el pelo con gesto preocupado. – Donde voy a esconderme?

- En la casa de una amiga mía. Ella está en la universidad y no volverá hasta dentro de tres meses.

- Parece que lo tienes todo planeado al detalle.

- Solo un poco. – dijo Rosalie, intentando disimular una sonrisa de orgullo. – venga, vamos.

Edward se dejó llevar hasta un apartamento que había a pocas manzanas del suyo. Subieron las escaleras en silencio y sin encender la luz. Rosalie abrió la puerta con cuidado e hizo entrar a Edward.

- Tienes que quedarte aquí. Te llamaré dentro de un rato, así que pon el móvil en silencio, y vendré a verte mañana. – dijo abrazando a su chico. – empieza la operación 'dinero fácil'. – dijo, riendo por su propio chiste, cerró la puerta por fuera con cuidado y se marchó corriendo.

Edward se asomó a la ventana y vio marchar a Rosalie. Cerró las cortinas y apagó la luz. Recorrió el apartamento, intentando encender el menor número de luces posible. "Esto empieza a no parecerme buena idea." – pensó. – "No existe el dinero fácil."

Después de dar tres vueltas al piso, se dejó caer en el sofá y puso el televisor, aunque lo paró al momento y volvió a ponerse de pie. Cuando estaba nervioso y/o preocupado por algo, tenía dos formas de dejar de pensar en lo que le perturbaba, y ambas se habían marchado hacía ya una hora y media. De repente, su móvil comenzó a vibrarle en el bolsillo. Lo cogió al momento.

- Diga? – susurró, yendo hacia el lugar más alejado de la puerta.

- Soy yo. Necesito que digas algo para la grabación de la pedida del rescate. – dijo Rosalie.

- Qué? Pero porque no me lo has pedido cuando estabas aquí?

- Edward, hazlo por favor.

- Bueno, vale. Pero que digo?

- Lo que quieras. Estás secuestrado.

Edward se quedó en silencio unos segundos, pensando, y en cuanto Rosalie le avisó, habló.

- Suéltame, gilipollas. – gritó.

- Perfecto, cariño.

- Oye, Rosa… – la conexión se había perdido.

.-.-.-.-.

Rosalie fue con calma en dirección a la casa de los padres de su chico. Lo tenía todo planeado desde hacía tiempo. Llegaría a la casa, preguntaría por Edward y, cuando sus padres vieran que no había noticias de él, empezarían a preocuparse. Y cuando vieran que al día siguiente tampoco tenían noticias suyas, seguro que llamarían a la policía. "Son tan predecibles…" – pensó, sonriendo.

If I should stay,
I would only be in your way.
So I'll go, but I know
I'll think of you ev'ry step of the way.

Rosalie sonrió. Solo sonaba esa música cuando él la llamaba. Rebuscó por el bolso, desesperándose por momentos, hasta que encontró el móvil. Sonrió de nuevo al ver la foto que salía en la pantalla.

- Hola, amor. – dijo al descolgar.

- Hola preciosa. Como ha ido todo?

- Como la seda. Ya está encerrado en el apartamento, y yo voy de camino a la casa de sus padres con la grabación en el bolso.

- Si que le has convencido deprisa! – exclamó, claramente sorprendido.

- Claro que si. Edward piensa más con la cartera que con la cabeza.

- A parte de que haría cualquier cosa por tenerte contenta. – dijo ahora en un tono que rozaba la amargura.

- Sabes que solo disfruto cuando hago el amor contigo. – dijo al identificar el tono de voz de su marido. – Además, fue idea tuya que me metiera en esa familia.

- Ya, pero habíamos quedado en que nada de sexo hasta la boda, la cual no se iba a celebrar nunca.

- No empieces otra vez. Tú te tiras a tu secretaria y yo no me quejo. – dijo Rosalie, apretando el puño con fuerza, intentando que la rabia no la consumiera.

- Rosalie, dejaré de tirármela cuando tú dejes de follarte a ese niño rico. Ese fue el trato.

- Ya lo se. – murmuró. – "maldigo el día en que me dejé convencer para hacer esto." – pensó.

- Rosalie, ya sabes que yo solo te amo a ti.

- Yo también te amo. – dijo Rosalie, que empezaba a ver la mansión de sus suegros. – Tengo que colgar.

- Besos.

Rosalie borró la última llamada, como tenía por costumbre siempre que le llamaba él, guardó el móvil de mala manera en el bolso y, forzándose a sonreír, se adentró en los terrenos de la mansión de los Cullen.

.-.-.-.-.

Edward cogió su móvil un par de veces pero volvió a guardarlo al momento. "Pero que es lo que he hecho?" – no dejaba de preguntarse. – "Tengo que volver a hablar con Rosalie." – volvió a coger el móvil y marcó el número de su novia, que respondió al momento.

- Pero que coño te crees que estás haciendo? – susurró en tono de reproche. – Solo yo puedo llamarte.

- Es que no lo veo claro, Rosalie. – dijo empezando a pasearse de nuevo por el salón del apartamento. – Ven a buscarme.

- Ya es tarde para eso.

- Es que ya estás con mis padres? Por eso susurras?

- Si. Así que cuelga de una puta vez porque van a empezar a llamarte.

- Pero Rosalie, yo…

La comunicación se perdió. Edward sintió palidecer. Empezó a marearse, pensando en lo que iba a suceder y en el daño que iban a sufrir sus seres queridos por culpa de su insensatez. Por no haberlo pensado, por no haberse negado desde un principio.

- Gilipollas! – gritó, lanzándose su teléfono móvil contra una de las paredes, dejando diminutas piezas desperdigadas por el suelo.

Cayó de rodillas al suelo, sintiendo como las fuerzas le abandonaban. Cogió la cartera del bolsillo trasero de sus pantalones, la abrió y sacó una foto. La foto de las personas más importantes de su vida, a parte de sus padres. "Mis pequeños."

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Hola!

Que os ha parecido?

Espero que os haya gustado.

Aquí se ve como empezó todo.

Y también se ve que no todo es lo que parece. Que lo que cree Edward no es del todo cierto.

Y también os iréis dando cuenta de que aquí, los roles de los personajes, no son como siempre los hago. Conforme vaya pasando el tiempo ya iréis viendo a lo que me refiero.

Bueno, ya sabéis como contactar conmigo ante cualquier pregunta, duda y/o comentario.

Besitos a todas.

Livia Scofield Miller.