Los personajes de Bleach pertenecen a Kubo Tite y la historia es una invención de mi loca mente.

ACLARACIONES: Lo que está entre paréntesis, cuando habla un personaje son pensamientos del mismo personaje.

Lo que está en cursiva es POV de Ichigo en este capítulo.

Lo que está en negrita son letras de canciones. En este capítulo use dos letras. La primera es una adaptación hecha por mi amiga Carrie del opening 19 de Naruto shippuden -Blood circulator- del grupo Asian Kung fu Generations. La segunda canción está dentro del POV de Ichigo y se llama "Canción del adiós" del grupo "Los Nocheros", es un grupo de folcklore de mi país, Argentina. Las letras de las canciones son solo lo que está en negrita.

Sin más los dejo con el capítulo.

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Capítulo II - Al cerrar la puerta

Cuando la calma llegó medianamente a él, regresó a la mansión Kuchiki esperando no encontrarse con Rukia en ese preciso instante, pues no estaba preparado para verla luego de las últimas revelaciones y acontecimientos que había sufrido. Y al mismo tiempo aunque era contradictorio, quería buscarla y pasar todo el tiempo que pudiera con ella antes de marcharse para poder atesorar en su mente y en su corazón, cada recuerdo a su lado, cada sonrisa, y no era de masoquista, pero también cada grito y cada pelea con esa enana mandona y desquiciada. Una tenue sonrisa casi imperceptible tiro de sus labios al pensar en eso, pero primero enfriaría sus ideas completamente para poder actuar como siempre, porque sabía que si ella lo viera en ese estado, lo leería como un libro abierto como siempre, porque si alguien podía descubrir el torbellino de emociones y confusión que tenía, esa, era sin dudas la pequeña shinigami.

Entró completamente mojado. Sintió la mirada de todos sus amigos sobre él. Sobre todo la sorprendida de Inoue, a la que vio intentar decir algo, pero un toque en su brazo por parte de Ishida la frenó. Agradeció internamente que ninguno mencionara palabra alguna sobre su apariencia; imaginaba y sabía de sobra que su aspecto no era el mejor, ya que además de estar empapado tenía los pies completamente embarrados. En ese instante apareció Byakuya, que no evitó poner mala cara al ver como estaba el piso de su sala por culpa del Kurosaki, quien pasó apurado por su lado ignorando el "niñato irrespetuoso" que mencionó el noble para dirigirse a su persona, y solo hubo un pequeño cruce de miradas que ambos dejaron allí por la paz.

Se cambió luego de un necesario y aliviador baño, y se tiró en el futón tapándose los ojos con su antebrazo. Ignoró completamente cuando lo llamaron a cenar, lo que menos tenía era apetito, así que se hizo el dormido; lejos no estaba de eso, pero no podía hacerlo en ese momento que por su mente solo pasaban más problemas y responsabilidades que afrontar. Estos tenían que ver con su familia y una conversación nada agradable que había tenido en la mañana temprano con su padre, y que desató el principio de su caos mental. La misma se rememoraba en su cabeza en esos instantes.

Ya sabía por propia boca del mismísimo Isshin Kurosaki que ellos eran miembros de clan Shiba, que Kukaku, Ganju y el fallecido Kaien eran sus primos. Ahora comprendía esa familiaridad en la locura de Ganju, era igual de desquiciado que su padre. Kukaku era el equilibrio entre ambos, aunque no sabía hasta que punto por lo poco que la conocía, y en cuanto a Kaien, suponía que era el más normal de la familia por lo que había oído de él. Se preguntaba si en verdad el parecido sería tanto, pero hay cosas que es mejor ignorar, y esa era una de ellas para él. Su padre estaba instalado en casa de sus sobrinos resolviendo asuntos referentes al clan, y que lamentablemente le incunbían y afectarían a futuro.

La verdad es que vivir una vida normal en el mundo humano era algo que se estaba complicando y a punto de no suceder si no hacia algo. Quizás sí la situación fuera distinta no le habría molestado, pero dadas las circunstancias, era algo que él no podía permitir. Una estancia permanente en Soul Society era completamente contraproducente para su salud mental, la cual dicho sea de paso, estaba a punto de colapsar.

Los ancianos querían que Isshin tome de nuevo el puesto de cabeza de familia y todos estaban de acuerdo con eso, incluso Kukaku —actual líder— deseaba que eso ocurriera. Si el ex capitán del décimo escuadrón y padre del héroe de la Sociedad de Almas —como escucho que lo llamaban— recuperaba su puesto en la cabecera jerárquica, el clan también lo haría. El problema residía, claro está, en sus hijos humanos, más en específico en la gemelas, y que él no las dejaría solas por supuesto, así que la idea era que todos los Kurosaki se muden a Soul Society, algo en lo que Ichigo discentía y se lo planteó a su padre provocándose una discusión demasiado sería entre ambos.

Flashback

—No entiendo cual es tu problema Ichigo. Los últimos años te las pasado aquí más que allí. Incluso cuando perdiste tus poderes tu mente vivía aquí. Te conozco, soy tu padre y no puedes negarlo—. Lo miraba seriamente.

—No se trata de mi sino de las niñas. No puedes arrastrarlas con nosotros viejo. Ellas tienen una vida diferente y no tiene porque cambiar—. Ichigo caminaba en círculos completamentamente alterado.

— ¿Cuán diferente es Ichigo?. Los poderes de Karin crecen de manera acelerada como los tuyos, incluso tomó tu lugar durante 17 meses aceptando de sí misma lo que antes negaba. Y Yuzu, su percepción a veces es tan fuerte que en cualquier momento no solo sentirá las almas sino que podrá verlas.

—Eso no es motivo para que renuncien a sus vidas y a sus sueños. Además, ¿quién te dice que yo quiero quedarme aquí?. Yo, quiero tener una vida normal, terminar el instituto, ir a la universidad, trabajar, salir con mis amigos. Esas eran palabras vacías carentes de sentimientos, y repetidas como las órdenes dadas a un autómata.

—¿De verdad soportarías una vida lejos de todo esto?. ¿Por cuánto tiempo Ichigo?. Piénsalo bien. Una vez que Urahara y Yoruichi se recuperen completamente, la Senkaimon se abrirá por última vez y solo podrán entrar y salir por razones de fuerza mayor los shinigamis con estricto permiso, de otra forma el equilibrio no se podrá restablecer.

—Entonces yo cruzaré cuando la abran y no regresaré—. Dijo con la mirada más fría que pudo poner y su padre lo miró incrédulo.

—Es mi obligación quedarme y devolver el honor que nuestro clan perdió por mi culpa y…

Un sobresaltado pelinaranja lo interrumpió. — ¡Maldición!. ¡Estas hablando como Byakuya!. ¡Me importa un carajo el clan y su honor!. ¿Me entiendes?. ¡Tu familia somos nosotros!—. Se llevó una mano al pecho, gritando alterado.— ¡NOSOTROS, TUS HIJOS! y tu nos estas poniendo por debajo del honor y lo que los ancianos te exigen—. Le dolía sobremanera la situación y las palabras de su padre, pues nunca se las espero.

—Estás siendo irracional Ichigo—. Su hijo estaba muy beligerante y a la defensiva. No comprendía porque tanta reticencia de su parte a la idea. Sabía que era un gran cambio y que iba a negarse de primera, pero no así de ese modo. —La decisión que estoy tomando es pensando en ustedes y en su futuro. Tu como mi descendiente y sucesor deberías entenderlo y apoyarme.

Eso último derramó el vaso de la paciencia de Ichigo. — ¡NUNCA!. Yo no me voy a convertir en un noble al que solo le interesa el estatus del clan al que pertenece.

— ¿Por qué no ves el lado positivo de esto Ichigo?. Sí nuestra familia recupera su lugar volverá a estar a la misma altura que los Kuchiki y entonces nadie se negará a que tu y Rukia...— fue interrumpido de nueva cuenta por su hijo.

—Alto ahi viejo— debía detener esas palabras de su boca. No necesitaba, mejor dicho, no quería escuchar lo que iba a decir. —No sigas con tus locuras ni te hagas ilusiones vanas. Solo te dire que hay cosas que tu no sabes que pasaron y que estan pasando—. Su padre lo vio como pidiéndole que se explicara. —Y tampoco te las diré porque son mis asuntos—. Hizo una pausa y continuó con tono calmado. —Comprendo lo que dices respecto a tus obligaciones, pero no son las mías. Yo regresaré, a mi lugar, con mis hermanas. —Si me necesitas— llevó una mano a su pecho señalándose —yo siempre voy a estar papá, pero no hay que adelantar las cosas, dejanos vivir nuestra vida allá. Se que no soy mayor de edad pero puedo cuidarlas. Confía en mí por favor—. Lo miro a los ojos de forma suplicante.

—Déjame pensarlo Ichigo, yo no quiero separarme de ustedes. Son mi mayor tesoro, todo lo que me queda de Masaki—. Dijo con gran pesar y sentimiento dejando a su hijo solo al costado del río.

Fin del flashback.

Y ese fue el comienzo de su caótico día que estaba reviviendo antes de dormirse. Realmente su cabeza y su corazón eran un completo caos y estaban divididos en dos, pero para bien o para mal él ya había tomado su decisión y las cartas ya estaban echadas. Ahora debía jugar con la mano que le había tocado y no irse al mazo, como decía esa famosa analogía con los juegos de naipes, cuando alguien se acobardaba.

Sintió un escalofrío recorrerle por la columna vertebral, le pesaba todo el cuerpo y el cansancio lo consumía, así que se acurrucó más tapándose con la delgada manta, sin ánimos de buscar otra más gruesa y haciéndose un ovillo se durmió.

A la mañana siguiente, le costó despegar los ojos y levantarse, le dolía la cabeza y todos los músculos, y a pesar de tener frío se despertó sudado por lo que sospechó que tuvo fiebre durante la noche. Definitivamente no había sido buena idea caminar tantas horas bajo la fría lluvia. Ya era cerca del mediodía y había dormido más de la cuenta por lo que se levantó. Al pasar por el comedor se encontró con el dueño de casa.

—El desayuno se sirve a una determinada hora y esa ya paso hace rato. Como verás todos partieron a sus labores y tu eres el único que quedó holgazaneando—. Mencionó indiferente cuando lo vió.

—Ya Byakuya, lo que digas, me duele la cabeza y no estoy para aguantar uno de tus sermones— se masajeó la sien cerrando un momento los ojos— y no te preocupes que no voy a desayunar, tengo que ir a ver a mi padre—. Dió unos pasos para irse, pero se tambaleó al pasar por su lado y el Kuchiki lo atajó del brazo.

—Pues así no llegarás muy lejos Kurosaki. No vas a salir de esta casa sin comer algo primero, estoy seguro que ayer no probaste bocado y no solo en la noche—. Mencionó fríamente.

—No necesito que te preocupes por mi, no soy un niño y puedo cuidarme solo—. Lo miró con el ceño fruncido como era habitual en él, encontrándose con la mirada decidida del capitán Kuchiki.

—No es preocupación, es buena educación. Te estás hospedando en mi casa y no puedo permitir que un invitado de mi hermana se desmaye en la calle porque no se alimento.

—Estoy bien y no tengo hambre. Solo necesito que el aire me pegue en la cara para quitarme el abombamiento que tengo—. Le respondió sin ganas de discutir y tratando de irse.

—No voy a repetirlo Kurosaki, siéntate a la mesa— su voz sonó autoritaria e Ichigo vio que no se podría marchar sin hacer lo que le exigía el pelinegro.

Definitivamente este tampoco sería un buen día. ¿Desde cuando obedecía al estirado de Byakuya?. Esos no eran buenos indicios, no tenía hambre pero tampoco tenía fuerza ni ánimos para contradecirlo, así que tomó asiento frente al noble a esperar que trajeran el bendito desayuno que lo retenía de seguir su camino; el mismo fue traído minutos después. Byakuya examinaba unos papeles mientras bebía el té que pidió, e Ichigo sin muchas ganas hizo lo mismo. Ninguno de los dos se dirigió la palabra, pero de cuanto en cuanto cada uno observaba lo que hacía el otro, pues era extraño que el capitán no estuviera en su escuadrón, y en cuanto a Ichigo, su semblante estaba bastante desmejorado, sin embargo parecía que entre ellos se había desarrollado una silenciosa tregua, quizás efecto de los últimos acontecimientos.


Caminó por las calles del Seireitei inmerso en sus propios pensamientos, esperaba obtener una respuesta positiva de su padre. Necesitaba su voto de confianza, pero en realidad el no pensaba retractarse de la decisión que había tomado y no iba a retroceder en ella. Aunque pareciera un adolescente rebelde por su actuar, sus razones distaban mucho de aquello. Era plenamente consciente de la carga dolorosa que implicaba que su familia se fraccionara de esta manera y nuevamente era su culpa; pero ciertamente él no podía quedarse en Soul Society, y sí, era egoísta, porque tampoco podía volver al mundo humano solo, necesitaba al menos a sus pequeñas hermanitas a su lado o se derrumbaría completamente, el hecho de tener que cuidarlas y protegerlas le daría la fortaleza de seguir adelante día a día.

Tan ensimismado iba que no se dió cuenta de lo corto que se le había hecho el camino y ya se encontraba en la puerta de los Shiba, se adentró y ahí estaba su padre sentado en el comedor, conversando con Kukaku que al verlo se retiró dejándolos solos.

Ichigo se sentó al lado de su padre, quien antes de hablarle lo observó por bastante tiempo, a lo que Ichigo no dijo nada. —No porque no le resultara molesto sinó porque él hacía lo mismo—. Ambos analizaban el semblante del otro, sus gestos. Eran más parecidos de lo que a Ichigo le gustaría reconocer. Sus facciones eran iguales, solo difería el color de cabello y ojos, pero cuando ambos estaban serios su semblante era el mismo. Tenían la misma determinación y convicción a la hora de luchar y proteger a los que querían. Y sobre todo para ambos su familia era la prioridad.

—Has crecido mucho, hijo— lo miró directo a los ojos — y estoy muy orgullosos del hombre en el que te has convertido. Eres decidido, protector; has sabido superar los obstáculos que te ha puesto la vida delante. Y se que te oculte muchas cosas de tu pasado, pero fue porque quería protegerte, a ti y a tus hermanas. Hubiera preferido que no tuvieras que enfrentar todo esto—. Vio en su hijo intenciones de hablar e hizo un ademán para que no lo haga y lo deje continuar. —Aún así, se que esta fue tu elección, la que te llevó a ser quien eres ahora. Y por eso también se que no puedo decidir por tí aunque piense que quizás te estés equivocando. Por eso tienes mi apoyo para seguir tu camino de ahora en adelante. Vuelve al Mundo Humano y cuida bien a tus hermanas Ichigo.

—Gracias papá—. Fue lo único que pudo responder el muchacho. Sus ojos tenían lágrimas que amenazaban con salir de la emoción y el alivió al mismo tiempo, pero también sentía dolor por tener que alejarse de su padre al que solo atinó a abrazar como no lo hacía desde niño.

Estuvieron así por varios minutos hasta que Isshin Kurosaki mandó a volar a su hijo de un golpe al piso.

Ichigo se levantó de un salto sobándose la parte afectada. — ¡¿Qué te pasa viejo demente?!. ¡¿Es qué no puedes tener más de cinco minutos de seriedad?!. — Estaba molesto y con su ceño completamente fruncido.

Su padre se cruzó de brazos y con la hilaridad habitual en su rostro le dijo — es solo una advertencia estúpido hijo, sí le llega a pasar algo a tus hermanas o a la casa en mi ausencia, me las pagarás. ¿Entendido?.

Lo miro serio y con una media sonrisa. —Eso no tienes ni que mencionarlo. Te garantizo con mi vida que las voy a cuidar—.

Los ojos de uno estaban fijos en los del otro.

—Lo se hijo—. Dió media vuelta sobre sus pies saliendo al encuentro de su sobrina en el patio y dejando a su hijo solo en el comedor viendo su espalda cruzar el portal.


Habían pasado dos semanas. Todo estaba listo para el regreso a casa. Kurosaki Isshin había hablado con Kyoraku para comunicarle que él se quedaría en Soul Society permanentemente y al mismo tiempo le solicitaba permiso para ir al Mundo Humano todos los meses a ver a sus hijos. Lamentablemente su petición fue denegada ya que en el estado en el que se encontraban no podían abrir la Senkaimon con tanta regularidad por el desequilibrio de energía —esto era algo que ya sabía, pero debía intentarlo—. Luego de una reunión con Mayouri y Urahara le propusieron que cruzara con Ichigo y sus amigos, se quedara seis meses con su familia y luego debería esperar un año para que se volviera a abrir la puerta y cruzar nuevamente a verlos.

Era un precio demasiado alto a pagar, mucho tiempo separado de sus retoños, a cambio le proponían que podía comunicarse todas las semanas telefónicamente. El decimosegundo escuadrón se ponía a su disposición para ello por órdenes del comandante general —lo que no le hizo mucha gracia al científico— e Isshin había aceptado. Así que ahora se encontraba junto a Urahara, Yoruichi, Ryuken, Yukio y Riruka —los arrancar Nell y Grimmjow ya se habían marchado ni bien terminó la guerra abriendo su propia garganta rumbo a Hueco Mundo— esperando a los otros jóvenes para que Kyoraku abra la Senkaimon rumbo al Mundo Humano.

Ichigo estaba con Rukia que había tomado la mañana libre para pasar junto a su amigo antes del tan odiable adiós para ambos. Caminaban en silencio por las afueras del Seireitei disfrutando la tranquilidad de saberse solos los dos. La shinigami rompió el silencio. —Ichigo—le llamó.

—Mmm.

—¿Cómo es eso que tu papá se queda a vivir en Soul society y te deja a tí y tus hermanas solos en el Mundo Humano?.

Se llevó una mano a la nuca y miró al cielo. —Pues, no somos niños y el tiene responsabilidades aquí con el Clan Shiba.

Detuvo su andar. — ¿Clan Shiba?. ¿Qué tiene que ver Isshin-San con el Clan de Kaien-Dono? —. Lo observó desconcertada.

—El viejo es el anterior jefe del Clan Shiba. Kukaku, Ganju y Kaien son sus sobrinos—. Explicó naturalmente.

— ¡¿QUE DIJISTE?!. ¡¿ENTONCES KAIEN-DONO ES TU PRIMO?! — grito deteniendo su andar.

Los ojos de la shinigami estaban tan grandes como platos y miraba anonadada a Ichigo que se llevó ambas manos a las orejas.

— ¡Dilo más fuerte que medio Soul Society no se enteró enana endiablada!. ¡Me dejaste sordo,maldición! —. Dijo metiendose el dedo meñique en el oído.

— ¿A quién le dices enana endiablada?. Zopenco—. Se paró con los brazos en jarra delante de él.

—A ti— se agacho a su altura —. ¿O ves alguna otra enana endiablada por aquí?.

— ¡Que yo no soy endiablada! — junto su frente a la de él enfrentándolo más.

—Ya era hora Rukia—. Ichigo enderezó su postura y con una sonrisa sobradora le palmeó la cabeza cual cachorro obediente solo para burlarse más de ella. —Por fin reconoces que eres una enana.

Le dió un golpe en el estómago que lo hizo doblar de dolor. —Eso te pasa por idiota—. Se dió media vuelta cruzándose de brazos. — Y no cambies de tema. ¿Por qué nunca me dijiste que eras pariente de Kaien-Dono?.

—Porque hasta hace poco me enteré—. Se encogió de hombros.

Rukia volteó a verlo tomándolo de la barbilla examinándole el rostro con cara seria. — ¿Estás seguro que son familia?. Porque yo no veo el más mínimo parecido.

Ichigo le quitó la mano frunciendo el ceño —¡Déjate de tonterías Rukia!. Te digo que sí y punto. Ya deja el asunto ahí y si tienes dudas pregúntale al viejo luego.

—En fin. ¿Cómo es que aceptaste tan fácil irte al Mundo Humano y dejar a tu papá aquí sabiendo que las puertas se cerrarán quien sabe por cuanto tiempo. Sería más razonable que se muden todos a Soul Society, todavía tienen tiempo de cambiar de decisión. O incluso serías tú quien se podría quedar y que tu papá volviera para cuidar de las gemelas.— Vio contraerse el rostro de Ichigo al escuchar las últimas palabras que ella mencionó y se hubiera querido morder la lengua para no decirlas.

Sabía muy bien que Ichigo adoraba a su familia y lo que significaba para él que la misma se separara. Pero sí lo pensaba bien imaginaba que los motivos que el pelinaranja tenía estaban relacionados con las palabras dichas por Yhwach. ¡Cómo quería en ese momento poder decirle: Debes Ser quien quieres ser, ver las posibilidades delante tuyo, creer que esta irrealidad te salvará!.Pero ¿con qué derecho podía decirle eso? cuando ella misma se preguntaba ¿Qué es lo que esperas de ella en realidad? cada vez que fantaseaba en su mundo de ilusiones.

Ichigo le tomó de la muñeca haciendo que detenga sus pensamientos y lo mirará. —Las cosas deben ser así Rukia.

—¿Desde cuando las aceptas así de fácil?— su semblante demostraba la incredulidad ante lo que oía.—Antes de darte cuenta ya estabas solo, suspirabas y lamentabas tu suerte. ¿Y ahora?.

—A veces la realidad te golpea y simplemente entiendes como deben ser las cosas. Tu siempre lo dijiste, somos de mundos diferentes, y yo debo seguir mi vida en el Mundo Humano—. Se notaba el pesar en sus palabras y aunque intentaba disimularlo no lo estaba haciendo muy bien.

Los ojos de Rukia se abrieron de sorpresa y al mismo tiempo un dolor empezó a surcar su pecho.— Nunca esperé esa respuesta de tu parte, pero es verdad— dijo con toda la entereza de la que disponía en ese momento y desviando la vista para no perderla.

Ichigo puso una mano en la mejilla de ella y la miró a los ojos diciéndole con los suyos: Ven ya y ve bien que pronto todo va a ocurrir, dos son los que lucharán hasta morir. Y sus labios le dijeron —No será para siempre Rukia, algún día terminaré aquí—. Unió su frente a la de ella, cerrando un momento sus ojos y frenando su corazón desbocado.

La shinigami se separó un poco y secó con su manga las lágrimas que amenazaban con salir para después golpearle el pecho con el revés de la mano y poniendo su mejor sonrisa decirle —Ni creas que voy a esperarte idiota, y será mejor que tardes más de 50 años en venir aquí o juro que seré yo quien te maté de vuelta.

El rió sonoramente —por supuesto que sí, es una promesa, solo esperame.

Se quedaron viendo silenciosamente, como estudiando cada parte del otro, cada facción, cada detalle para guardarlo en su memoria cual retrato imborrable pintado al óleo; él quería recordar a la enana mandona que trajo luz a su vida, y ella al niñato idiota que le mostró ese otro mundo. Pues nuevamente esta era la despedida, y los dos sabían que no volverían a verse en muchísimo tiempo, más del que en realidad quisieran reconocer. Y cuando volvieran a estar cara a cara todo habría cambiado aunque no lo quisieran.

Eran dos corazones latiendo sin parar en sincronía, con los mismos deseos e ilusiones. Con los mismos sentimientos secretos que no podían confesar. Ichigo flotaba en una burbuja en la que solo existía la mujer delante suyo. Esa de cabellos azabaches y piel tan blanca como la más pura nieve y brillo de porcelana; con los ojos más increíbles que jamás haya visto de un amatista convertido en índigo cuando destellaban enfado.

Rukia estaba absorta en los ojos mieles más tiernos que había visto en su vida. Ojos que demostraban dolor, amor, dulzura, determinación y protección; y en ellos veía que su portador, ese muchacho de cabellos tan naranjas como el mismísimo sol, estaba completamente perdido y le pedía que no lo soltará, que no lo dejara caer nuevamente.

Violeta y miel se fundieron uno en el otro sin tocarse, sin rozarse. Porque entre ellos existía una unión que no necesitaba ni siquiera palabras para lograr comunicarse. Por eso él entendió cuando ella le dijo sin siquiera mover sus rosados y pálidos labios: —No sabes ni donde estas, escucha atentamente te están llamando. Ve con ellos y deja de estar suspirando.

El miel no quería despertar, no quería volver a la realidad. Pero el violeta insistió: —Vierte con la sangre en tu corazón la ocasión cuando ardías con pasión. Recuerda cada vez que he estado a tu lado, conecta tu pasado con tu ahora yo y observa como se va el dolor. Si tu corazón no crees poder sanar. Deja que lo intente, lo voy a curar.

—Eso ya lo hiciste hace tiempo— le dijo el miel cubriéndose con la niebla de las lágrimas que lo opacaban —pero temo cuando no estés.

Tomó su mano —Eso no puedes saberlo. El tiempo corre y jamás se detendrá, pero aleja a la oscuridad. La lluvia ya paró, podrás continuar con tu camino, dejó de llover en ti,—. La burbuja se reventó cuando escucharon a lo lejos las voces que cada vez más insistentemente los llamaban. Él deshizo la conección y miró a su alrededor.

(Tu mano ha soltado la mía Ichigo y el frío volvió a mi corazón. Nos queda poco tiempo y aún hay algo que debo decirte, un último pedido que debo hacerte en realidad), ese fue el pensamiento de Rukia antes de hablar —Ichigo, se que duele, aún así debes seguir, se que sin mi podrás vivir. No llores más en soledad, no te lastimes nunca más. Jamás te prives de amor. Deja atrás todo tu odio. Date una oportunidad, dásela a Orihime—. Decir esas palabras dolió más de lo que nunca había pensado, pero había tenido que hacerlo. Conocía bien los sentimientos de su amiga y por eso mismo sabía que la pelinaranja sería una buena compañera para él, alguien que supiera por todo lo que había pasado y pudiera apoyarlo de ahora en adelante y ser su sostén en aquellos momentos difíciles.

Ichigo bajó la vista y luego la levantó para mirarla seriamente clavando sus ojos amielados en los amatista de ella, y le contestó con total convicción y determinación en sus palabras diciendo lo que había estado rondando por su mente —solo si tu aceptas a Rengi.

Rukia apoyó una mano en la frente de él y otra en la suya.

—¿Qué haces enana?—. Dijo quitándole la mano pero sin soltarla esta vez.

—No, no tienes fiebre. Entonces te volviste loco. No hay otra razón para que digas semejante estupidez— sentenció seriamente, y soltándose se cruzó de brazos y cerró los ojos poniéndose de costado, demostrando completa seguridad en lo que decía.

—¡Enana del demonio! ¿Por qué no me tomas en serio cuando hablo?— Se alborotó los cabellos con ambas manos. Esa mujer lo sacaba de quicio y acababa de romper el momento.

Le miró con la mayor naturalidad y pasando por alto el insulto le contestó —Renji es mi mejor amigo, casi mi hermano. Es absurdo lo que dices.

—Orihime es lo mismo para mi— le rebatió del mismo modo.

—Por supuesto que no, no desvies el tema—. El rumbo de la conversión se estaba bifurcando y no quería hablar de ella misma.

—No lo hago, solo estaré tranquilo si él está a tu lado para cuidarte.

— ¡No necesito que me cuiden, no soy ninguna debilucha! — puso sus brazos en jarra y se inclinó hacía adelante frunciendo el ceño de forma muy semejante a la que él lo hacía.

—Lo sé—. Suspiro. —Pero es preferible casarse con un amigo a que te obliguen a casar con un desconocido. ¿No crees?—. Volvio a fijar sus ojos en los de ella.

Rukia relajó sus facciones, no entendía la actitud que estaba tomando Ichigo. —No digas tonterías, nadie me obligará a casarme, Nii-Sama no lo permitirá.

—Rukia eras tu la que no prestaba atención en clase, no yo— dijo con algo de ironía en su voz y picando con el dedo índice su frente haciéndole fruncir el ceño nuevamente a la joven, que a pesar de su enojo lo dejó hablar, quería saber a donde iba ese idiota. —Eres la princesa guerrera de un clan noble, su última descendiente— su voz era suave y dulce —ni siquiera Byakuya podrá impedir que te casen. Y esos sujetos no te dejarán seguir siendo una shinigami. A la larga, y aunque no quieras, te convertirán en una esposa de adorno, una muñequita de la cual presumir...

Ya era suficiente, al diablo la paciencia con ese idiota —¡Deja de decir tonterías…!—. Ichigo esta vez no le permitiría que lo interrumpa, le tapó la boca con su mano para silenciarla e ignorando sus forcejeos, continuó. —Al lado de Renji, seguirás siendo tú Rukia. La enana violenta, gritona y orgullosa que eres— ella se removió incómoda tratando de golpearlo sin conseguirlo —pero también la mujer más valiente y fuerte que conocí, simplemente Rukia, Mi Rukia— acarició su mejilla suavemente, lo que hizo distender a la asombrada joven. Su piel era tan suave, quería recordar para siempre esa sensación.

—Solo promete que si llega ese día harás lo que te pido—. Dicho esto la soltó.

Lo que le dijo y la forma en que lo hizo la había dejado petrificada, pero reaccionó a tiempo, (si en esas estaban, dos podían jugar el mismo juego) pensó. —Solo si tu aceptas a Orihime— habló con superioridad alzando una ceja. Seguro que ganaba la partida, pero grande fue su sorpresa al oír como respuesta…

—Acepto.

Rukia vio en la mirada de Ichigo que no estaba hablando en broma. Cuando salió de su estupor cerró los ojos un momento para volver a abrirlos y regalarle una tierna sonrisa. Una de las últimas que le daría para quedar sumidos en un profundo silencio cortado nuevamente por las voces de sus amigos que ahora se encontraban ya muy cerca.

—LLegó la hora—. Habló la pequeña shinigami.

—Así parece— fue la escueta respuesta de Ichigo y sin que Rukia se lo espere se acercó a ella y besó su mejilla muy cerca de sus labios. Ese pequeño toque sería agua en el desierto que le tocaba atravesar en el futuro. Ambos levemente sonrojados se dirigieron las últimas palabras y miradas, que ya se habían dicho en exactamente las mismas circunstancias tiempo atrás.

—Adiós Ichigo.

—Gracias Rukia.

—Kurosaki-kun, Kuchiki-san, por aquí— gritaba Inoue agitando una mano en alto muy risueñamente como siempre. Atrás de ella estaban Ishida, Chad y Renji.

Caminaron lentamente hacia ellos. Orihime dejó escapar unas lágrimas y estrechó en un fuerte abrazo a Rukia que le correspondió aprovechando para decirle en el oído sin que nadie más oyera —cuídalo Inoue. Va a necesitarte mucho.

—Te doy mi palabra Kuchiki-san de que daré mi mejor esfuerzo—. Eso dejó conforme a la shinigami que le sonrió tiernamente y luego fue a despedirse de sus otros dos amigos.

Renji se acercó a Ichigo y le dió una palmada en la espalda que por poco le saca los pulmones. —No comparto tu decisión, pero eres mi amigo y te deseo suerte.

Ichigo le respondió con un asentimiento de cabeza y lo miró fijo. —La dejo en tus manos Renji. Cuídala.

—Eso no tienes ni que decirlo— se vieron directo a los ojos y sonrieron de lado ambos.

—Lo se. Nadie la va a cuidar mejor que tú de eso estoy seguro—. Puso una mano en el hombro del pelirrojo apretándole fraternalmente.

—En eso disiento contigo. Conozco alguien que daría la vida por ella tanto o más que yo— dijo volteando la vista hacia a su pequeña amiga.

—Si te refieres a Byakuya, se que la cuidará, pero…

Renji lo cortó negando con la cabeza y riendo. —No hablo del capitán, sinó de tí. No hay nadie mejor que tu para cuidarla. Pero… acepto hacerlo en tu ausencia y hasta que llegue el momento en que tu seas nuevamente su guardián. Y no se diga una palabra más—. Cruzó el brazo por sus hombros para caminar juntos hasta el lugar en el que se abriría la Senkaimon.

Una vez llegados, Ichigo tuvo que frenar de una patada al loco de su desquiciado progenitor que se tiró encima de Rukia con lágrimas en los ojos diciendo que su hijo era un estúpido que estaba dejando atrás a la mujer de su vida. Luego de un par de golpes y gritos compartidos entre padre e hijo —que Rukia grabó en su mente como una de las más tiernas películas vistas en su vida— los dos recobraron la compostura.

En ese momento llegó una alborotada Rangiku arrastrando del brazo a Toshiro —llegamos a tiempo capitán, mire no se han ido— mencionó muy emocionada y con lágrimas en los ojos se tiró a los brazos de su amiga Inoue.

Con ellos también venía Soi Fong, que amenazó a Urahara diciéndole que no se atreva a tocarle un solo pelo a Yoruichi, además de advertirle que no le haga faltar su leche diaria y su lata de atún, a lo que la mujer gato sonrió alegre por la preocupación desmesurada que mostraba su pupila, pero que agradecía sinceramente.

Por el otro extremo llegó un desorientado Kempachi —seguido por Ikkaku y Yumichika— en busca de una última pelea con el sustituto, lo cual se vió frustrado por órdenes del comandante para suerte y alivió del Kurosaki que exhaló un notorio suspiro.

Kyoraku desenvainó su zanpakuto y abrió la enorme Senkaimon que fue cruzada por Yoruichi, Urahara y Ryuken en primer lugar, seguidos por Yukio, Riruka, Chad, Uryuu y una llorosa Orihime. Isshin antes de partir miró a su tercera hija enseñándole el pulgar y asegurándole que usaría ese mes entero para tratar de convencer a su hijo de mudarse a Soul Society. El último en ingresar a paso lento fue el shinigami sustituto Kurosaki Ichigo dejando un pedazo —sino todo— de su corazón allí con Kuchiki Rukia, la mujer que cambió su mundo para siempre.

Al mismo tiempo Rukia miraba la espalda de sus amigos, en especial la de aquel pelinaranja al que sabía que nunca olvidaría por más distancias que hayan de por medio, y su corazón en cada latido suplicaba no me olvides Ichigo y aunque sea una última vez por favor voltea y veme. Y como si él la hubiera escuchado —como siempre— se detuvo girando sobre sus pies y fijó sus húmedos ojos en los de ella al momento que la puerta se cerraba.

—Sin dudas voy a extrañar a ese idiota—. Mencionó Renji con una sonrisa. —Nos vemos al rato.

Rukia solo asintió en silencio y agradeció el gesto de su amigo. Ellos dos eran los últimos que quedaban en el lugar. Necesitaba un momento a solas para pedir un deseo al viento en voz alta —Ichigo recuerda el amor que nos dimos tu y yo. Espero y brille aun en tu dolor—. Una lágrima traviesa rodó por su mejilla y al quitarla con su mano —y ante su asombro—se cristalizó. La apretó fuertemente contra su pecho, esa lágrima de cristal aquamarina con toques amatistas y ámbar era la materialización de sus sentimientos hacia él.


En la ciudad de Karakura ya es de noche y en la calle solo estan dos personas, padre e hijo, parados en la puerta de su casa. Al entrar dos jovencitas, una de cabello castaño con lágrimas de felicidad en sus ojos, y otra morocha se abalanzan sobre su hermano en un fuerte abrazo que él corresponde.

Su padre los observa con una gran sonrisa en el rostro sin quitar la vista de ellos. La castaña mira a su papá y lo llama con un gesto de su mano para que se sume al abrazo. Generalmente él diría algo gracioso o molesto, pero no quiere romper ese bellísimo momento en familia, así que silenciosamente se acerca y acuna entre sus brazos a sus tres hijos, los tres hermosos tesoros que le dejó su amada Masaki. El grato momento se rompe cuando sienten olor a quemado provenir de la cocina y la joven Yuzu corrió desesperada a salvar la comida, cosa que no pudo realizar con éxito. La cena terminó siendo pizza y mil disculpas de parte de la pequeña, lo que era absolutamente innecesario.

Tienen muchas cosas que hablar, pero esta noche no. Esta noche es la primera de los próximos seis meses que pasarán los cuatro juntos, por lo que a pesar del cansancio y la congoja Ichigo solo pide le den tiempo a bañarse y cambiarse de ropa. Karin lo conoce bien, es la que mejor lo hace y sabe que carga un gran peso sobre su espalda, también notó lo raro que estaba su padre. Decide guardar sus preguntas para el día siguiente, no sabe porque —quizas es un presentimiento— pero desea atesorar este momento como si fuera uno de los últimos que va a tener en familia. Este sentimiento la aterra, intenta no pensar en ello y disfrutar. Las respuestas ya llegarán… a su debido tiempo.

Ichigo subió las escaleras y se detuvo frente a su habitación. Abrió lentamente dando dos pasos dentro del cuarto y encendiendo la luz. Al cerrar la puerta la realidad cayó sobre él...

Caminé rumbo al ropero para buscar ropa y los recuerdos se agolparon en mi mente: Ella saltando del armario y matándome del susto. Ella escondiéndose de golpe cuando entraban mis hermanas al cuarto. Ella tirada en la alfombra o en mi cama haciendo dibujos de horrorosos conejos. Ella, siempre ella...

¿Cómo puede el alma de una persona cruzarse en la vida de otra y marcarla de esta manera?.

¿Cómo puede meterse en tu corazón y despertar sentimientos a los que temes ponerle nombre?.

¿Cómo te digo adiós Rukia y acaso te quiero todavía?.

Sí en 17 meses no te olvide no sé si he de olvidarte alguna vez. Pero te digo adiós, tengo que hacerlo.

Me duele el pecho de solo pensarte, de solo recordarte. De solo saber que este lugar es tu lugar, pero que no pude traerte de regreso aquí por más que lo intenté y fui detrás de tí. No sé si me quisiste y por eso lo hiciste, no sé si te quería y por eso lo hice, o tal vez nos quisimos demasiado los dos y por eso lo hicimos, y por eso nos dejamos, porque el amor es libertad… ¿Verdad?...

Lo que sí sé, es que este cariño mío apasionado y loco me lo sembré en el alma para quererte a ti, la mujer que cambió mi mundo aquella noche atravesando mi corazón con una espada.

No sé si te amé mucho y por eso te seguí a la guerra, no sé si te amé poco y por eso ahora te deje. Lo que sí sé es que nunca volveré a amar así, porque tú Rukia eres mi primer amor. Lo acepto y me rindo a reconocer lo que mi corazón clama a gritos y mi mente calla a martillazos. Y ahora en completa soledad, vuelvo a aceptar que no se si podré con la velocidad del mundo sin ti.

Me queda tu sonrisa grabada en el recuerdo y el corazón me dice que no te olvidaré por más que mi mente se empeñe en hacerlo, pero al quedarme solo en el silencio de esta habitación que fue nuestra habitación, y sabiendo que te pierdo,quizás comience a amarte como jamás te amé.

Por eso, te digo adiós y acaso en esta despedida mi más hermoso sueño muera dentro de mí esta noche, pero te digo adiós para toda la vida aunque toda la vida siga pensando en ti, porque sé que cuando ella termine, tu estarás allí…

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Gracias a quienes llegaron al final de este segundo capítulo. Espero les haya gustado y no les haya resultado pesado o por momentos muy meloso.

Falta un poco para la acción pero les prometo que llegará.

Disculpen si hay algún error, es que lo subi del celu porque la net se me bloqueo.

Saludos y hasta el capítulo 3. Natsumi :D