Un reflejo que no esperaba.
No sabía si era la luz que faltaba en la noche, o si era algo proveniente de él mismo. James estaba diferente, no como ella lo conocía. Se habían reunido para celebrar el nacimiento de Louise, todos juntos en la Madriguera. Pero la pequeña habitación que ocupaban James y Teddy parecía la más iluminada, lejos de ser la más decorada. Sólo provenía luz de una hermosa lámpara con forma de araña., haciendo recordar a Aragog en los relatos de su tío Ron y Harry. Un póster de Victor Krum de joven con la leyenda escrita pulcramente debajo rezaba: "Nuestra Gin te aplastaría, tonto Krum". Parecía como si Ronald les hubiera contagiado su odio. Odio que, de hecho, nadie sabía porqué estaba.
Los dos chicos miraban incrédulos a la niña, con camisón, la varita en mano y con los mechones de pelo pegados en la cara. Si bien no era la más bonita de las dos hermanas, su aspecto dejaba mucho que desear en ese momento. Pero lo terrible era su rostro. Ted la miraba como si fuera un basilisco, totalmente enterado de sus poderes con la varita.
Ni siquiera ella misma sabía porqué estaba allí. Tenía que avisar a Ted de algo, o era a James… no, a James no, a su primo no, al hijo de su Tía Ginny no. El grito de Victoire sacó de su ensimismamiento a Dominique. Pero antes de que ésta pudiera reaccionar, Ted tuvo que sujetar a su novia, porque de repente se había abalanzado contra su hermana, olvidando, gracias a Merlín, que sabía usar una varita. En ese entonces, nadie supo qué pasaría, porque Ronald, Harry y Bill subieron y separaron a las niñas.
-Has arruinado todo, Dominique, ahora habrá que contar toda la verdad. –dijo Victoire, empapada en llanto y totalmente transpirada.
-Te lo mereces, por traicionera. – respondió la aludida, recordando de improviso para qué se había dirigido a la habitación – Pero te dejaré la gloria, hermana, puedes contarle todo tú sola a tu novio.
