Capítulo 2
- ¡KAGOME!- Gritó el híbrido aterrado al ver a la muchacha en verdadero peligro, y él sin poder acudir a su rescate.
No había nadie cerca de ella o con las manos desocupadas para ayudarla. Sus enemigos simplemente no lo dejaban avanzar, y por más que lograra liberarse del acorralamiento de los monstruos en ese momento, jamás llegaría a tiempo…
Kagome cerró fuertemente sus ojos esperando el impacto. De repente, sintió unos fuertes brazos masculinos rodearla por la cintura y de las piernas, elevándola rápidamente y esquivando a una velocidad increíble el mortal ataque que iba dirigido hacia ella. De alguna forma, ahora se sentía segura. Abrió lentamente sus ojos, alzó la mirada hacia él, y al darse cuenta de quien se trataba, le sonrió agradecida al joven que la sostenía entre sus brazos. El muchacho ladeó el rostro hacia ella muy intranquilo, pero suspiró aliviado al ver que Kagome se encontraba ilesa. El híbrido, a la distancia observó el heroico rescate, y se tranquilizó en gran manera, aunque aún no podía deshacerse de sus feroces atacantes.
- ¿Te encuentras bien mi querida Kagome?- preguntó Kouga preocupado, sin soltar a la muchacha.
Ella sólo asintió con la cabeza, aún conmocionada por lo que estuvo a punto de sucederle. Un poco más y ¡sin duda habría muerto!
- Ya ves lo que casi provocas animal. Por tus descuidos, ¡Kagome casi muere!- Vociferó ahora, dirigiéndose al híbrido.
Éste, por su lado, no le respondió, denotando en su rostro más bien una sonrisa burlona. Por más que odiara a ese lobo rabioso, él había salvado a Kagome y estaba agradecido por eso… Ahora ella, ya no estaría del todo desprotegida. Inuyasha era atacado una y otra vez por las cuchillas de Kagura, quien no lo dejaba avanzar.
- Arggg, ¡Kagura maldita! ¡¿Qué es lo que pretendes? -
- Pues acabar con tu vida, ¡¿qué más? - respondió cínicamente la mujer.
- ¡Ya me cansé de ti!- El híbrido tomó su espada y la agitó con fuerza – ¡VIENTO CORTANTE!
La mujer vio aquel viento letal acercarse a ella, pero aún así denotando mucha tranquilidad en su rostro. Levantó su mano en la que sujetaba el abanico.
- No olvides que yo puedo controlar el viento – dijo con una ligera sonrisa en sus labios carmesí y soltó una potente ráfaga, devolviendo así el ataque de Colmillo de Acero.
Inuyasha dio un gran salto para esquivar su propio ataque, que había sido puesto en su contra. El viento cortante, rasgó ampliamente la tierra, dejando en él, las marcas de una garra gigantesca. Rocas y árboles se despedazaron, volando ahora por todas partes, haciendo que la huída se hiciera más difícil. El híbrido logró cubrirse el rostro con la manga de su traje rojo, evitando así daños mayores. Pero no pudo evitar caer bruscamente contra el suelo. Trató de incorporarse de inmediato para no ser sorprendido en desventaja, abriendo con cuidado sus ojos hasta que la nube de polvo se disipara por completo…
- ¡¿Qué es lo que estás haciendo perro? Ya deja de jugar y acaba con ella de una buena vez – exclamó desde el otro lado Kouga, quien había observado el suceso, protegiendo aún a Kagome contra los monstruos que no cesaban sus ataques.
- ¡Ya cállate lobo! – refutó Inuyasha poniéndose de pie.
Levantó su mirada hacia la mujer que flotaba sobre su pluma gigante. Acaso… ¿se estaba riendo? Se enfureció en gran manera, ¿se estaba riendo de él?...apretó fuertemente sus manos al mango de la espada, y una vena sobresalió de su frente, gruñéndole ahora a esa mujer, que no era más que una extensión del infeliz de Naraku. Pero al observar minuciosamente la dirección a la que estaba dirigida la mirada de Kagura, sintió el miedo invadir su cuerpo. Volteó espontáneamente el rostro hacia donde se encontraba Kouga, con Kagome en sus brazos… ¡No puede ser!... ¡Era una trampa!
- ¡CUIDADO!-
De la nada aparecieron unos feroces tentáculos, tomando de las piernas al joven hombre lobo. Kouga soltó inmediatamente a Kagome, para que pudiera escapar, dejándola caer abruptamente contra el suelo. Trató de liberarse pero los tentáculos se habían enroscado en todo su cuerpo. La muchacha quiso ayudarlo, pero ya no tenía flechas...
- ¡Joven Kouga!- en ese momento apareció una enorme mano en forma de garra, tratando de atraparla, pero la pelinegra logró escabullirse.
Kouga no pudo más que gritarle a la muchacha que huyera de allí, que se escondiera en alguna parte. Ella no se detuvo a pensar y obedeciendo a sus palabras se echó a correr, adentrándose en el bosque, pero siendo perseguida por una manada de seres repugnantes e infernales.
- ¡KAGOMEEEE!- Gritó desesperado el híbrido al ver a la muchacha alejarse y el peligro asecharla. Kagura sólo lo había estado distrayendo… - Grrr, ¡ya me cansé de esto!-
Abatido por la situación, elevó enérgicamente a Colmillo de Acero para preparar su ataque definitivo, pues debía deshacerse de los estorbos cuanto antes. Alrededor de la espada se formaron pequeñas ráfagas de viento, esperando a ser expulsadas.
- ¡BAKURYUHA!- exclamó a gran voz, expulsando aquella energía acumulada que ahora chocaba contra la de los seres malignos, formando así enormes remolinos que destruían todo a su paso.
Un solo ataque, fue más que suficiente para deshacerse de aquel ejército de monstruos que lo estaban amenazando. Kagura trató de enfrentarlo, agitando su abanico una vez más, pero su intento fue fallido Viéndose atravesada por uno de los remolinos. Se asustó en gran manera, pero en ese mismo instante, un campo de energía se formó a su alrededor, protegiéndola del peligro.
- Ja ja ja… ¡Qué no sabes que soy inmortal- rió con malicia, tratando de ocultar ese momento de flaqueza.
Mientras regeneraba su cuerpo herido, endureció su rostro, perdiéndose ahora en sus propios pensamientos. Si Naraku no la hubiera protegido… seguramente ese maldito de Inuyasha hubiera acabado con su vida. A pesar que ella, trató de traicionar a su creador en una ocasión, aparentemente él aún la necesitaba. Además Naraku aún tenía su corazón en su poder, por lo que debía ser muy cuidadosa en acatar sus órdenes.
- ¡Kagura!- ordenó Naraku, sacándola de sus pensamientos – Quieres tu libertad ¿o no?...si realmente quieres ser libre y recuperar tu corazón… ¡tráeme a Kagome!-
Su libertad era lo que más anhelaba. Al fin verse lejos de ese repugnante ser, sin órdenes estúpidas que siempre arriesgaban su propia vida. ¡Ser libre!... ¡Libre como el viento! Para obtener aquel deseo tan añorado sólo debía obedecer esta última disposición, y esa era traerle a Kagome a toda costa.
Inuyasha corrió velozmente tras la mujer que volaba rápidamente sobre su pluma gigante en dirección al bosque para detenerla. Debía encontrar a Kagome antes que ella, pero ¿en dónde estaba?... Si algo le sucedía… él… Sacudió su cabeza para alejar el mal pensamiento. Se hizo la promesa de protegerla siempre, aún a cambio de su propia vida.
- "¿Kagome en dónde estás?"- dijo para sí mismo en un tono casi sollozante – ¡Naraku no me arrebatará lo más valioso que tengo!... ¡NO LO PERMITIRÉ!-
Kagura no tardó mucho para divisarla, descendió precipitadamente, deteniéndose justo en frente de la muchacha. Al tenerla acorralada, estando ella en frente y una manada de monstruos atrás, no pudo evitar reír de una manera malévola y victoriosa, provocando que a la pelinegra se le erizara la piel.
- ¡Al fin te encontré muchachita!... ¿¡Creíste que podrías escapar!-
Kagome estaba atrapada entre la espada y la pared. No sabía que hacer, estaba totalmente indefensa ante esa amenaza. Su cuerpo comenzó a temblar en contra de su voluntad… ¡Inuyasha!
- ¡KAGOMEEE!- gritó Inuyasha, saliendo ferozmente de entre el follaje. Se paró en frente de la pelinegra para protegerla. - Kagome ¡¿te encuentras bien?-
Antes que la pelinegra pudiese decir algo o hacer algún otro movimiento, sintió una gran fuerza jalarla hacia un costado. Una enorme garra la tomó de la cintura, aprisionándola por completo. Trató se soltarse, pero sus intentos fueron inútiles. El híbrido volteó de inmediato y quiso ayudarla, pero los monstruos y Kagura se interpusieron en su camino.
-¡Maldición!- vociferó, elevando nuevamente su espada – Esta vez no se escaparán… ¡BAKURYUHA!-
Nuevamente una gran cantidad de remolinos letales se dirigieron hacia los monstruos y hacia Kagura. La mujer de labios carmesí, no le tenía miedo, ya que sabía que Naraku la protegería nuevamente. Más sin embargo, en ese instante, sintió un fuerte latido provenir desde su pecho. ¿Acaso era su corazón? ¿Por qué?... y justo ahora… Completamente contrariada y con pánico en sus ojos, ladeó el rostro hacia Naraku, quien reía de una manera maliciosa.
- ¿Querías tu libertad?... ¡Pues disfrútala! – dijo en un tono frío y cruel.
- ¡Naraku, maldito seas! – fueron las últimas palabras, antes de desaparecer conjuntamente con el ejército de monstruos, pues le fue imposible escapar de tan terrible ataque. Ese fue el final de Kagura.
Ahora, Inuyasha se dirigió directamente hacia donde se encontraba su enemigo, con la pelinegra en una de sus garras y con Kouga aún entre sus tentáculos. Pero no logró acercarse mucho, ya que muchos tentáculos más aparecieron y lo embistieron. Esta vez no podía utilizar ninguno de sus ataques especiales, ya que lastimaría a Kagome… ¡¿Qué podía hacer? La extremidad, que tenía presa a Kouga comenzó a apretar aún más su agarre… dejándolo sin aire y haciendo más difícil la soltura.
- ¡Hiraigotsu!- Exclamó la joven exterminadora al arrojar su bumerang contra los tentáculos que sujetaban a Kouga, soltándolo al fin, haciendo que éste cayera bruscamente al suelo.
El rostro de Naraku se contrajo en ese momento, notablemente enfurecido por los estorbos, que le impedían lograr su objetivo de una manera más fácil. En ese mismo instante, un rayo de poder fue arrojado contra la exterminadora, haciéndola volar algunos metros, dejándola inconsciente y mal herida.
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A tan sólo unos cuantos metros, Miroku había recobrado el sentido, pero al abrir sus ojos y al divisar a su amada Sango tirada en el suelo, se dirigió rápidamente hacia ella. Aunque le costara mucho moverse, quería estar a su lado. ¡No la dejaría sola! Al llegar al lado de la exterminadora, la tomó dulcemente entre sus brazos. ¡Aún respiraba!
- Sango, ¡por favor resiste!- dijo afligido, pero al mirar a su alrededor, notó que a pesar del ataque de Inuyasha, aún quedaban muchos monstruos por derrotar. ¡¿De dónde salían?
Éstos se acercaron a ellos de una manera muy peligrosa. Kirara comenzó a atacarlos para defender a sus amigos, pero eran demasiados para ella sola. Con horror vio a la gata agotar sus fuerzas, quedando totalmente expuesta. Miroku no tuvo otra opción, tomó el rosario de su mano derecha liberando una vez más el agujero negro. Esta vez no se detendría hasta acabar con todos ellos. Nuevamente, los insectos venenosos, amenazaban su vida, adentrándose en su cuerpo. ¡Pero no le importó! Lo único que quería, era salvar la vida de su dulce Sango. Finalmente cerró el agujero de su mano, satisfecho por haber eliminado a los seres que amenazaban sus vidas. Sintiendo un agudo dolor invadir todo su cuerpo, cerró fuertemente sus ojos, más no perdiendo el conocimiento.
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Kouga se puso rápidamente de pie y comenzó a atacar a Naraku. En su desesperación por salvar a Kagome, no se dio cuenta que la extremidad, que había sido cortada con el Hiraigotsu de Sango, se movía hacia él. Nuevamente un rayo de poder fue expulsado del cuerpo de su enemigo, lanzándolo esta vez por los aires. Pero no logró ni tocar el suelo, cuando todo su cuerpo fue atrapado por aquel tentáculo, que ahora se convertía en una especie de masa viscosa, cubriéndolo por completo. Ahora, esa masa, con Kouga adentro, se adhirió al cuerpo de Naraku, fusionándose con él. Había logrado apoderarse de dos fragmentos más… y sólo faltaba uno…
Kagome, sólo podía observar con terror aquella escena, aún encontrándose prisionera entre las garras de Naraku. Sintió su corazón latir sin control por la desesperación e impotencia… ¡No podía ser cierto!... el joven Kouga estaba… sintió un fuerte nudo en la garganta, lágrimas invadir sus ojos, aunque aún se negaban en salir… Había algo más que la atemorizaba a horrores, y no era sólo el hecho de estar atrapada entre las garras de tan repugnante ser, era como si hubiera tenido un mal presentimiento en esa fracción de segundo. Levantó su rostro hacia el cielo. El sol ya comenzaba a descender por el horizonte, y a pesar de no oscurecer aún, ya se podían divisar algunas estrellas. Amplió con angustia sus ojos castaños, ¡no puede ser! Esa noche era luna nueva…
- ¡Inuyasha!- Sollozó la muchacha viendo al híbrido luchar por llegar hasta ella, sintiendo pánico por él. Debían terminar con esta batalla pronto… o de lo contrario… todo estaría perdido…
En ese momento sintió un fuerte dolor en su pecho. Una de las garras le había arrebatado el último fragmento, que llevaba colgado en su cuello, pero lastimándola en extremo. ¡Ahora todo estaba perdido! Naraku fusionó este último fragmento con la perla, y ésta, al ser completada, expulsó un gran destello de luz. Inuyasha, quien estaba muy cerca de Naraku, tratando de alcanzarlo con su espada, perdió su visibilidad con aquel resplandor por un instante.
La perla no tardó mucho para tornarse totalmente negra en manos de aquel ser maligno, esparciendo toda esa oscuridad a los alrededores. La introdujo dentro de su cuerpo, en donde se encontraba su corazón… Al asimilar la perla por completo, se convertiría en el ser más poderoso de la tierra… incluso sería inmortal… En ese diminuto lapso de tiempo, la muchacha fue arrojada con gran fuerza, estrellándose contra el tronco de un árbol, perdiendo el sentido al instante.
Continuará…
N/A: Gracias por leer hasta aquí. Recuerden que si les agradó la historia, pueden dejarme su review que no les quitará más de un minuto de su tiempo ^^. Nos vemos en el próximo capítulo.
