"Arnold, ya estoy empezando a buscar una universidad y me enteré que vas a venir con tus padres y que estudiarás en Hillwood H.S., ojalá... ojalá nos veamos al inciar el año y podamos entablar por lo menos una conversación civilizada y..."- Helga suspira- "Para ahora, es más que seguro que olvidaste por completo mi existencia. Se que soy una tonta pero aún no puedo superarte y supongo que es porque mi amor es puro. Ya no se que hacer..."
Capítulo 2. Juicio
"Caminar entre las bancas del tribunal de corte familiar no me era del todo agradable, no había ido nunca ahí, pero imaginar el destino que me deparaba a mí y a mis hijos dentro de unos pocos minutos, lograba que mi estómago se revolviera horrores y mi cuerpo se estremeciera por la ansiedad.
Ese día, sería el primero que Arnold vería a nuestros hijos desde que se enteró que existían. No los conoce ni por fotos ni por ninguna otra forma, pues tanto Phoebe como Gerald han sido muy amables en no tomarles fotografías, muy a pesar de sus deseos de hacerlo.
Y a decir verdad, esto me mantiene en un constante estrés que logra hacer que ni las pastillas eviten mi tremenda migraña."- razonó Helga después de unos instantes de ir y venir en la sala a la espera del juez, así como de Arnold, Phoebe y Gerald.
La noche anterior no había podido pegar pestaña y era un milagro que hubiera podido vestirse esa mañana con propiedad y arreglarse el cabello sin que pareciera que tenía un nido en la cabeza haciéndose un moño. Su cabello era mucho más largo que cuando era niña o estaba en la secundaria, su cuerpo se había afinado después del embarazo, lo que lograba que sus curvas resaltaran a la vista y cualquier tipo de prenda lograra verse bien. Aunque siempre intentaba esconder su nueva figura, su ropa no le daba mucha ayuda y para evitar miradas curiosas usaba ropa un poco más holgada. Pero al ir al tribunal, no podía hacer eso y la ropa se le ceñía al cuerpo como un guante, tuvo dudas de salir de su casa así vestida pero tanto Phoebe como Olga habían logrado meterla al auto.
Olga mecía a los gemelos mientras Patrick hacía caras para mantenerlos entretenidos, su prometido, un joven apuesto de cabello negro y ojos grises que adoraba a sus sobrinos tanto como a su prometida, al que no parecía importarle verse ridículo y miraba de vez en vez, a Helga.
El abogado intentaba por todos los medios tranquilizar a una muy nerviosa Helga pero por más que lo intentaba, la joven se ponía aún más nerviosa.
Las puertas de repente se abrieron y el rostro de Phoebe se asomó por la puerta, Pataki chica la miró con ansias pero asintió y miró a su abogado quien también asintió. Ambos se acercaron hasta donde se encontraba Olga, esperando a que Arnold y su abogado hicieran acto de presencia.
En el momento en que Arnold entró sintió que estaba como en un sueño, por fin iba a conocer a sus hijos. Su abogado lo tomó del brazo y con esa mirada le pedía paciencia, a lo cual Arnold asintió.
Al llegar ambos a donde se encontraban Helga, Olga, Patrick y el abogado, Arnold no pudo evitar dirigir su mirada hacia la carriola doble donde se encontraban sus hijos. Miró rápidamente a Helga y su abogado, así como a su propio abogado y estos asintieron. Olga sólo acomodó el carrito lo suficiente para que Arnold pudiera ver a los bebés con detenimiento.
"Ver a mis hijos por primera vez, fue la experiencia más impresionante de mi vida. Vi el gran parecido que había con mi madre así como con nosotros. Sus ojos azules y verdes me miraban con algo parecido a la intriga y yo no pude evitar sonreír cuando ambos sujetaron mis dedos con sus pequeñas manos regordetas. Sentí como un nudo se comenzaba a formar en mi garganta y que las lágrimas querían brotar, por lo que me limité a cerrar los ojos con fuerza y lo que siguió, creo que ni siquiera Helga se lo esperaba.
Pues así como yo cerré los ojos y los volví a abrir, así lo hicieron ambos bebés. No pude evitar reírme y desencadenar la risa en ambos infantes."- Arnold miró a Helga y esta lo miró sorprendido, sabía perfectamente que el lazo de sangre era fuerte, pero era la primera vez que veía esa reacción tan clara de quien reconoce a los suyos.
"Señor Shortman, como puede ver, no le hemos ocultado ni evitado que conozca a sus hijos. Así que esperamos sea honesto en el juicio"- declaró el abogado de Helga y Arnold asintió.
"Son hermosos"- fue lo único que pudo decir mirando a Helga a los ojos.
"Lo sé"- respondió Helga con una sonrisa bastante triste.
Por fin miró a Helga y eso la dejó sin aliento. Estaba tan concentrado en ver a sus hijos que Helga había pasado a segundo lugar en ese instante pero ya que los había visto y la veía con atención, se dio cuenta que el embarazo hizo su magia con la joven. Ni una sola marca había cubierto su juvenil rostro, su cuerpo tenía más curvas de las que recordaba pero no parecía como si hubiera estado embarazada, en cambio, estaba igual de delgada que antes de que cambiara su cuerpo. Se arrepintió de no haber visto esa imagen, de no poder mimarla y cuidarla cuando estuvo embarazada. Tal vez, siempre se había fijado en el cuerpo y la cara de las mujeres pero esa fuerza que irradiaba Helga, eso era mucho más atractivo que cualquier físico y aunque ella se veía hermosa, su seguridad al caminar cerca de él y tratarlo, le dejó anonadado.
El ruido de un gran alboroto en el pasillo llamó la atención de todos los que se encontraban en la sala del juzgado, por lo que decidieron salir para saber la razón. Al escuchar las voces, rápidamente Helga se llevó la mano a la frente, sabía que podía pasar algo como esto y esperaba que al menos sólo por esta vez, su padre no fuera tan Pataki.
El abogado de Helga salió de inmediato así como el de Arnold para presenciar una escena bastante sorprendente, Bob Pataki discutía fervientemente con Miles Shortman mientras una desarreglada Miriam intentaba mantener a raya a su esposo y así evitar un problema mayor.
"¡Su hijo es un desobligado! ¡Al igual que usted cuando lo abandonó!"- le gritaba el señor Pataki- "¡Su hijo no es hombre, es un maldito mocoso que no sabe sobre responsabilidad!"
"¡Señor Pataki, usted no es quien para juzgarnos como padres!"- le respondió un Miles mucho más calmado.
"Señores, cálmense"- indicó el abogado de Helga, aunque la indicación iba más hacia el señor Pataki que hacia el señor Shortman.
"Papá"- le llamó Helga con los brazos cruzados- "Papá"- le llamó un poco más fuerte pero el señor Pataki seguía empeñado en echarle la culpa a los padres de Arnold. Sabía que su padre estaba tenso, la boda de su hermana era la siguiente semana y él se empeñaba en hacerla sentir mal porque insistía en que sí salía mal, la culpa sería suya. Lógico, el hecho de que Arnold haya reclamado la paternidad de los niños, no le hacía en gracia y ahora se desquitaba con todo el que pudiera- "¡BOB!"- le gritó a su padre y el señor le miró bastante asombrado- "Podrías actuar como la gente civilizada e ir a sentarte. El juicio comienza en 5 minutos y me gustaría que me apoyaras con tranquilidad y no con un nuevo problema"- le regaño frente a todos los presentes. Su padre alzó la mitad de su uniceja y se limitó a seguir caminando hasta llegar a la sala, seguido por una temblorosa Miriam que le guiñó un ojo a su hija cuando pasó a su lado. Helga suspiró y se acercó a los padres de Arnold, esperando cualquier tipo de reclamo o reproche, pero lo que recibió fue muy diferente.
Stella al ver a Helga, de inmediato se acercó a ella y le abrazó con tal gusto que incluso Helga le correspondió.
"Helga, pequeña"- le llamó con una sonrisa, tal como lo hacía cuando la veía cada vez que iban a casa de Arnold- "Estás tan bella"- le elogió y le miró con verdadera pena- "¿Cómo has estado? ¿Cómo han estado?"
Helga se frotó un brazo, realmente no sabía que decir. Sentía mucha vergüenza de verla, de verlos a ambos y jamás haberle contado. Siempre se decía que debía habérselos contado pero siempre se arrepentía al último momento.
"Algunas manías no cambian, Helga"- se reprochó mentalmente- "Yo... yo"- no le salían las palabras, al verlos era como sentirse sin protección. Ellos no tenían la culpa de las estupideces de su hijo- "Lamento la agresividad de mi padre para con ustedes"- se disculpo con ellos- "El no tiene idea de que ustedes no saben nada al respecto, sólo sabía que Arnold no sabía nada"- argumentó.
"Tranquila Helga"- le dijo Miles al acercarse a ella y poner una mano sobre su hombro- "Entendemos, de verdad. Aunque no niego que pudiste haber recibido mucho más apoyo y facilitar un poco más las cosas"- aseguró el rubio y Helga asintió arrepentida.
"Lo lamento"- apenas pudo pronunciar- "No"- negó con su cabeza- "Nunca fue mi intención ocultarles a sus nietos. Sólo... sólo no sabía como decírselos sin..."- se rindió y Stella le miró con comprensión.
"Tranquila pequeña, todo va a estar bien"- acarició su rostro y le abrazó de nuevo- "Verás que todo se resolverá"- el abrazo logró transmitirle la paz que necesitaba Helga, ahora sabía que ellos jamás harían algo para perjudicarle- "Ven, vamos a la sala. Ya está por comenzar"- le comentó la madre de Arnold y la guió hacia allá, yendo Miles tras ellas.
.-.-.-.
Arnold vio a Helga entrar a la sala junto a su madre que le dio una mirada bastante seria mientras su padre se acercaba a él con cierta preocupación.
"El padre de Helga es muy intenso"- le aseguró su padre a lo cual Arnold asintió- "¿Aún no han avisado si ya va a llegar el juez?"- Arnold negó y vio a su padre con la preocupación evidente en sus ojos- "Todo va a salir bien, hijo"- puso su mano sobre el hombro de su hijo en señal de apoyo y Arnold negó suavemente.
"No lo sé, papá. Helga no quiere ni hablar conmigo y la verdad esta semana no fue para nada sencilla"- le decía Arnold al recordar que a pesar de que quiso mantenerse lejos de ella, no pudo pues se la encontraba como nunca en los pasillos, los jardines, la biblioteca y la cafetería; y su indiferencia le hacía más y más grande el hueco en su corazón- "Estuve tentado a hablar con ella más de una vez cuando nos encontramos en la universidad e incluso en ir a visitarlos cuando estaba en la esquina de la guardería. Esto me está matando"- dijo desconsolado.
Miles le miró comprensivo- "Hijo, ten paciencia. Verás que todo se solucionará. Me gustaría decirte que todo es un gran mal entendido pero lo cierto es, que necesitas aclarar las situaciones y hacerte responsable de tus actos. Se perfectamente que no sabías sobre la existencia de tus hijos y que lo tuyo con Helga terminó por un capricho"- Arnold le miró arrepentido- "Pero ahora tienes una oportunidad de hacer lo correcto y quizá"- miró a Helga a lado de Stella quien veía a sus nietos y les acunaba en sus brazos con una devoción impresionante. Sonrió- "Quizá recuperes lo más importante de tu vida y te haga pensar como se debe."- Miles lo abrazó y ambos entraron a la sala- "Ahora, quiero conocer a mis nietos"- le dijo Miles a su hijo con total orgullo y el joven Shortman asintió con una sonrisa.
.-.-.-.
Helga había decidido que privar del conocimiento a Stella y Miles de sus nietos, había sido muy poco ético de su parte, por lo que no dejárselos ver antes del juicio y aún después dé, sería una completa grosería.
Su padre, había intentado impedir que Stella viera a sus nietos pero la mirada dura de Helga le hizo desistir de ello y se tuvo que resignar a ver como Stella y Miles se acercaban a conocerlos. En el instante en que Stella los miró, se los presentó y ella sólo asintió con alegría mientras intentaba cargar a ambos nenes, Miles le ayudó enseguida con Geraldine y Helga se los presentó a Miles. Ambos miraban embelesados a los hijos de su hijo.
"Son tan hermosos"- decía Stella mientras mecía a Phillip en sus brazos y Miles mecía a Geraldine. Las lágrimas salieron de los ojos de Stella y Helga no pudo evitar abrazarle, aunque a los ojos de su padre eso fuera la peor traición.
"Y también son sus nietos"- le dijo Helga enternecida.
Arnold miró la dicha de sus padres y se dio cuenta de la injusticia que él mismo había cometido al haber traicionado a Helga, pues de no haberlo hecho, seguramente ese juicio ni siquiera se estaría llevando a cabo.
Se acercó un poco más y tocó el hombro de Helga, la rubia le miro con duda pero Arnold le sonrió con tristeza, por lo que decidió acercase a él.
"Muchas gracias por dejar que mis padres los vieran"- la mirada agradecida y sincera de Arnold logró ruborizar a la ojiazul.
Helga negó con suavidad- "No tenía porque negárselos en primer lugar"- le dijo con comprensión al tiempo que miraba a los shortman hacerle mimos a sus hijos- "Míralos, pudieron haberse perdido esto por nuestra separación pero no es justo para ellos. Tus padres no tienen la culpa de nuestras decisiones, Arnold. Sólo nosotros."- se giró a mirarlo seriamente a los ojos- "Y ahora, arreglaremos la situación de la forma correcta. Si el juez te autoriza y tu respondes tendrás el privilegio de verlos crecer, de que seas un padre para ellos."- aseguró- "De lo contrario, tendrás que aceptar el hecho de perderlos"- sentenció y el rubio la miró consternado- "Hablé con mi abogado y me indicó que no habría problema con que sus abuelos paternos les vea, siempre y cuando tu accedas a lo que son tus obligaciones y responsabilidades. Aún así, si tu los perdieras, yo dejaría que tus padres los vieran, aún cuando tu no puedas"- y con esta última advertencia se giró para ir con los padres de Arnold pero el ojiverde la tomó del brazo y ella le miró con severidad.
"Helga"- la rubia le miraba con curiosidad y él no encontraba las palabras para decirle lo que sentía y pensaba. Tenía que darse valor- "Te aseguró que haré todo lo posible para recuperarlos"- le miró intensamente y Helga entendió lo que quería decir.
"No te hagas muchas ilusiones porque así como tu cambiaste, así lo hice yo también. Y no te aseguro que me interese estar contigo de nuevo."- le miró entristecida y se soltó de su agarre.
Arnold le miró desilusionado mientras Helga intentaba mantener la cabeza en alto. La semana había sido muy pesada, encontrándose a Arnold por todas partes no había sido lo mejor del mundo ni lo más sencillo. Quería echarse en sus brazos y besarlo como nunca pero de igual forma, la voz interna de la razón le hacia recordar lo que le había hecho y lo mal que lo había pasado después de eso. No podía darse el lujo de caer otra vez bajo su hechizo y que esta vez la despedazara no sólo quitándole lo que quedaba se corazón, sino también a sus hijos. Eso no podía permitirlo y si para eso, tenía que actuar con indiferencia y desdén, entonces lo haría.
Phoebe y Gerald le miraron con comprensión cuando pasó cerca de ellos, así como su hermana y su cuñado. Sabía que podía contar con el apoyo de todos ellos, incluso de sus padres y quienes deberían ser sus suegros pero también sabía que sólo ella podía salir adelante y si ella no lo hacía, nadie lo haría por ella.
El juez entro a la sala y entonces todos tomaron sus lugares. Tan pronto como empezó a leer el acta, el silencio reinó en la sala y a pesar de eso, ambos rubios no pudieron evitar adentrarse en sus pensamientos ante cada señalamiento que hacía.
Flashback
Arnold abrazaba a Helga por la cintura mientras ella se recarga en su pecho, estaban en la rama más gruesa de aquel árbol en el centro del parque a donde acostumbraban a ir para una tarde de relax.
"No se que haces o que tienes, que mis padres te adoran"- le susurraba al oído con dulzura mientras recorría su cuello con suaves besos.
"Sólo soy yo"- respondió la rubia tratando de evitar reírse. Sabía que los padres de Arnold la querían mucho, siempre la trataban bien y siempre les gustaba saber si ella estaba bien, y si podían ayudarla, gustosos lo hacían. Se sentía más querida que por su propia familia.
Ambos caminaron hasta llegar a casa de Arnold, ya estaba oscureciendo y a pesar de que fuera Sábado, sabían que a Helga la querían antes de las diez en su casa, lo cual los dejaba con apenas cuatro horas para ver una película.
"¡Mamá!¡Papá!¡Ya llegamos!"- anunció su llegada el rubio mientras su abuela llegaba vestida de reina romana.
"¡Paris y Helena de Troya! que bueno que nos honren con su presencia"- decía la abuela, Arnold sonreía de lado mientras veía como Helga intentaba aguantarse la risa- "Hoy cenaremos con el emperador y la emperatriz, así que espero tengan mucha hambre, recuerden que es de mala educación no comer frente a ellos"- comentó Gertie al tiempo que se iba hacia la cocina.
Arnold volteó a ver a su novia y está le sonrió mordiéndose el labio inferior, sabía bien que ella conocía el apodo que le daba debido a cierto incidente con una cinta en la grabadora de mensajes.
"Helga, cariño. Que bueno que ya llegaron. Espero que tengan hambre, hoy cenaremos estofado"- anunciaba Stella para después saludar a Helga con gran cariño- "Arnold, tu padre está en el sótano clasificando algunos objetos, te importaría ir a buscarlo, no importa cuántas veces le llame, parece que no escucha"- le decía a su hijo.
"Sí, mamá"- Helga lo miró con tristeza y el le miró igual.
"Ay vamos tórtolos, estarán bien. Sólo son unos minutos"- decía Stella logrando sonrojar a ambos rubios- "Además, si soportaron estar cuatro años y medio separados, deberían soportar un par de segundos"- dijo con burla mientras caminaba hacia la cocina, consiente de que ambos estarían más rojos que un tomate.
La cena fue amena, los padres de Arnold hablaban con Helga de la escuela, las materias y las últimas actividades que habían hecho, lo cual de verdad agradecía la joven Pataki al sentirse notada e importante ante alguien. Arnold sólo miraba como sus padres hablaban con ella y la elogiaban cuando lograba algo, así como, también solían reprenderla cuando hacía algo que no era de una señorita, lo que lograba sacarle una sonrisa ante la vergüenza de Helga.
Sus abuelos hacían comentarios acerca de cuando ellos eran más pequeños y ella lo molestaba sin cesar, lógico, desataban la risa de todos y Helga no podía evitar reírse, muy a su pesar, y de sonrojarse ante los comentarios.
Cada vez que iba era parecido, algunas veces ayudaba a hacer la cena si llegaba más temprano o algún postre si llega durante la preparación. Otras veces iban de picnic con sus abuelos y sus padres. No podía negar que se sentía en familia y que ellos la consideraban de la familia, sentía su apoyo cada vez que lo necesitaba y sabía que podía contar con ellos, incluso mejor que con sus padres quienes se la pasaban en terapias u ocupados y apenas notaban que ella llegaba y salía. Aunque claro está, sabía de antemano que debía llegar temprano a su casa para evitar cualquier comentario por parte de su padre.
Al terminar de cenar, Arnold y Helga dieron las gracias por la comida y subieron a ver una película, aún cuando se habían ofrecido a ayudar con los platos.
La película había empezado muy bien pero al poco rato, el sueño logró vencerles. Stella y Miles subieron a llamarlos pero al verlos dormidos en el sillón, decidieron dejarlos y sólo los cubrieron con una manta. Sabían que Helga podía tener problemas por lo que abogarían por ella para evitar un castigo a la chica. Los rubios no despertaron hasta mucho después.
"¿Qué hora es?"- preguntó Helga tallándose los ojos. Arnold miró el reloj y de inmediato se levantó, eran cerca de las dos de la mañana- "Diablos, Bob va a matarme"- le dijo Helga mientras se levantaba rápidamente y aún muy atolondrada- "Tengo que irme"- dijo al tiempo que sujetaba el pomo de la puerta pero de inmediato la mano de Arnold evitó que la girara.
"No voy a dejar que te vayas tan tarde, podrían hacerte algo y además, ya es muy tarde para que salgamos. Ven, vamos a dormir"- le aconsejó aunque más sonó a reprimenda.
Helga se ruborizó violentamente al escuchar la última oración y Arnold pareció captarlo cuando se sentó en la cama.
"Eh... No me refería a eso... Yo"- decía el ojiverde, sobándose la nuca distraídamente. La rubia simplemente se acercó a él con una sonrisa, conocía perfectamente a Arnold y sabía que era un caballero en toda la extensión de la palabra por lo que decidió simplemente acostarse a su lado- "Si quieres, pu-puedo dormir en el sillón y tú te puedes quedar en la cama"- su voz sonaba nerviosa y su cara había enrojecido, Helga sonrió y noto que no era la única en esa posición, se sintió un poco menos ansiosa.
"Estás bien a mi lado"- le respondió con calma y le miró bastante tranquila- "Apaga la tele y durmamos"
Arnold le miró sorprendido pero de inmediato sonrió, apago la tele y se acostó a su lado. Comenzaron a hablar de cosas sin importancia, de las estrellas, de como podían formar diferentes figuras con ellas y que la habitación de Arnold era excelente para verlas por el tragaluz que abarcaba todo el techo. Rieron y se abrazaron, se besaron pero el sueño les invadió mucho antes de que pudieran intentar algo.
A la mañana siguiente, cuando Helga despertó, una sonrisa llenó su rostro al ver a su adorado cabeza de balón justo a su lado. Pensó en lo maravilloso que sería si todos los días pudiera despertar junto a él.
"Arnold, cariño, despierta"- susurró Helga a su oído y Arnold se limitó a abrazarla.
"Cinco minutos más"- le respondió somnoliento. Helga rió por su actitud, casi podía apostar que seguía durmiendo.
"Amor..."
Un par de toques en la puerta, alertaron a Helga, quien no sabía que hacer. Al instante, Stella abrió la puerta para encontrarse con una colorada Helga que parecía petrificada, lo cual generó una suave risa por parte de ella.
"Arnold"- le llamó su madre y de inmediato vio como su hijo se mantenía quieto, abrió los ojos con cautela y miró a Helga que estaba más roja que un tomate- "Deberían bajar a desayunar, algo me dice que les espera una larga charla con el señor Pataki"- anunció aún entre risas y se despidió de ambos jóvenes.
Fin del Flashback
Arnold sonrió con tristeza al recordarlo, habían regañado a Helga pero no la habían castigado gracias a la intervención de sus padres.
"¿Qué nos pasó?"- se preguntó al ver de reojo a quien sabía que era el amor de su vida y que la había negado como un completo idiota por un capricho- "¿qué me paso?"- se corrigió mentalmente, intentando recordar porque le hizo caso en primer lugar a Lynett y al escuchar las prestaciones, hechos y obligaciones, recordó perfectamente el porque.
Flashback
El profesor les había dejado una tarea de economía por equipo y desafortunadamente, él había hecho los equipos. Lo que había empezado por una simple tarea, había terminado en una sesión intensa de besos.
Arnold empujó suavemente a Lynett para separarla- "Lynett, esto está mal. Tengo novia y la amo"- argumentó- "Además, se-se supone que sólo deberíamos hacer la tarea. Tengo que ir a ver a Helga, mi novia, vamos a ir al cine"- le aseguró, haciendo énfasis.
"Arnold, ¿cómo puedes salir con la marimacha uniceja? ¿qué de atractivo tiene?"- preguntó la castaña indignada.
El rubio le miró molesto- "Respeta a Helga, ella es mi novia y tú no eres quien para hablar así de ella, ni siquiera la conoces"
Sus ojos aceitunados le miraron arrepentida- "Lo siento, Arnold. Pensé que era sólo una especie de mala racha o un juego o incluso una apuesta de mal gusto"- comentó queriendo excusarse- "Sólo que pensé que bueno... Te gustaban más las chicas como yo"- Arnold volteó a verla sorprendido, ¿acaso ella se le estaba declarando?- "Me gustas mucho Arnold, podría hasta decir que estoy super enamorada de ti"- dijo haciendo ahínco en la palabra 'super' con su voz melosa.
Arnold la miró sin saber que pensar, ni siquiera supo que decir y de repente, los labios de Lynett de nuevo estaban sobre los suyos. La castaña dirigió la mano del rubio hacia su pecho y de inmediato Arnold se alejó de ella como si el contacto con su piel fuera a quemarle, por lo que tomó su chaqueta y salió de ahí.
Se dirigió a casa de Helga y al verla aparecer por la puerta de inmediato la besó con desesperación.
"Arnold, cálmate. Vamos a otra parte por que si Bob nos ve así aquí, tendremos una charla tremenda y un mes de castigo"- le advirtió su novia, lo tomó de la mano y avisó antes de cerrar la puerta- "¡Llego como a las nueve!"
Arnold la llevó hasta su casa, subieron por la parte de afuera para evitar que alguien los viera entrar y al bajar a su habitación por el tragaluz, se quitó los zapatos para evitar hacer ruido y cerró su habitación con seguro.
Besó a Helga de forma hambrienta y la rubia no pudo más que corresponderle. No tardaron mucho en deshacerse de su ropa y poseerse el uno al otro con desesperación. Arnold sentía la enorme necesidad de reafirmar lo que sentía por la rubia y que la castaña no nublase su juicio pero cada vez que abría los ojos, sólo podía ver el rostro de Lynett en lugar del de Helga.
Helga, ajena a los pensamientos de su novio, simplemente se entregaba completamente y tenía que evitar gemir o gritar para que no los descubriera. Podía sentir que le hacía el amor como si la vida se le fuera en ello y ella no planeaba desilusionarlo.
Cuando terminaron, ambos fueron cayendo poco en la inconsciencia, primero Helga y cuando Arnold volteó a verla no pudo evitar que un pensamiento lo invadiera.
"¿Estaré en lo correcto al estar con Helga?"- quiso desaparecer ese pensamiento pero por más que lo intentaba, no podía borrar de su memoria ni de su boca la sensación que había dejado la chica de los ojos aceitunados.
Los días pasaron y aunque intentaba olvidar el incidente, el hecho de que lo asignaran como tutor de la misma Lynett debido a sus bajas calificaciones, agravó su situación. Poco a poco fue conociendo mejor a la castaña o al menos, eso era lo que él pensaba. Ella se desenvolvía para él y le contaba sus más oscuros secretos, incluso compartía sus penas y sus alegrías, le contaba sobre su familia, le invitaba a cenar e incluso, pagaba muchas de las cosas que él llegaba a ver, pensando en la rubia lo cual le terminaba dando vergüenza y se lo regalaba a la castaña. Y ahora que la conocía mejor, adoraba pasar el tiempo con ella, cada vez hacía más horas de tutoría a la semana y cada vez menos veía a Helga. Hasta que de repente y sin darse cuenta como habían llegado a eso, se levantó una tarde de la cama en la que se encontraba la castaña sonriéndole, completamente desnuda. Se sentó en el borde de la cama, miró su ropa y se sintió como si alguien más estuviera conduciendo su vida, pero fue un pensamiento fugaz por que al siguiente instante, la castaña lo besaba en el cuello mientras restregaba su cuerpo contra su espalda y ella lo tocaba con suavidad. No pudo evitar rendirse ante sus caricias y de nuevo se acostó con ella.
Fin del Flashback
Al reflexionar sobre ello, se dio cuenta que había sucumbido ante los encantos de la chica sin notarlo y que ella era una experta en el arte de la seducción y el engaño. Así como al final se lo había confesado, así el se daba cuenta que sus decisiones, su fuerza de voluntad, su ética, sus valores, su moral... Todo se había ido entre las piernas de una joven con cara bonita que le había engañado al punto de que él no podía decidir nada, si no lo consultaba antes con ella. Había perdido por completo su identidad y él lo había permitido.
.-.-.-.
Helga miraba cada tanto a Arnold disimuladamente para evitar que notara su expresión. Su mente y su corazón se encontraban en un duelo incesante. Uno le decía que no podía amarlo de nuevo ni aceptarlo de nuevo porque le había traicionado con alevosía y ventaja, que seguramente le haría de nuevo lo mismo y que él no cambiaría; mientras que su corazón le rogaba por volver a sus brazos, a sus caricias y a su vida, le decía que no fuera tonta y que lo aceptara de nuevo, que esta vez no la volvería a engañar y que ambos estarían juntos para siempre. La parte racional quería que entendiera los riesgos de esa aceptación y la parte emocional quería su cuento de hadas. Su cabeza era un torbellino de pensamientos pero aún así, escuchaba cuando el juez declaraba las prestaciones, hechos y obligaciones que venían en el acta.
Flashback
"¿Entonces que hiciste el fin de semana, Phoebe?"- le preguntó Helga mientras revisaba unas notas en su libreta. Era cambio de hora y el pasillo estaba particularmente despejado, bueno el hecho de coincidiera con la hora del almuerzo podía explicar- "¿Phoebe?"- la llamó después de un instante de no obtener respuesta y volteó a ver a una rojísima asiática- "¿Qué sucede?"
"...eh...yo"- no sabía que decirle o como explicarlo. No era nada malo, sí extraordinario pero bastante íntimo. Miraba la cara de curiosidad de Helga y la ojigris se ponía aún más roja.
"Hola chicas, ¿qué sucede?"- se les unió una Lila bastante contenta, sosteniendo sus libretas entre sus brazos mientras se dirigían a la cafetería. Al no recibir respuesta, miró a Helga y después a Phoebe quien seguía bastante sonrojada- "¿Phoebe, porqué estas toda roja?"
Phoebe no pudo evitar esconder su rostro detrás de su libreta y detener su caminar. Tanto Lila como Helga la miraron confundidas, por lo que decidieron que ir a comer a la cafetería no era lo mejor del mundo, en cambio decidieron ir a la sala de conferencias y hablar debajo de la tarima.
"Bien Heyerdahl, ¿que es lo que sucede?"- le preguntó Helga con los brazos cruzados y el ceño arrugado.
Phoebe arrugaba su vestido mientras decidía si contarles o no.
"Sí, Phoebe, ¿que tienes?"- preguntó ahora una preocupada pelirroja.
Phoebe las veía sin saber muy bien como empezar y de repente, el grito de Helga la despertó de sus pensamientos.
"¡ESCÚPELO, HERMANA!"- ya se había hartado la rubia, lo que fuese que le pasaba a Phoebe debía ser demasiado malo o en su defecto, demasiado bueno como para poder ponerlo en palabras y además, el recreo no duraba para siempre.
"Geraldyyolohicimos"- sólo pudo balbucear la asiática.
Ambas chicas se miraron y se limitaron a decir- "¿Qué?"
Phoebe las miró un poco más seria y susurró- "Ge-Gerald y yo... lo... lo hicimos"- tartamudeó, sintiendo que una inmensa ola de calor recorría su rostro.
Lila la miró atónita y Helga se sorprendió tanto que casi gritó su comentario, de no ser por las manos de Phoebe y Lila que taparon su boca justo a tiempo.
"YA NO ERES V-"-Lila miró como advirtiéndole que la próxima vez quizá sea una cachetada, mientras que Phoebe le miró suplicante. Helga tomó aire y asintió a ambas, quienes retiraron sus manos y suspiraron de alivio- "¿Ya no eres virgen?"- le preguntó a Phoebe un poco más calmada.
Phoebe enrojeció de nuevo y asintió.
"¿Desde cuando?"- le preguntó sorprendida.
"Ayer"- respondió simplemente la pelinegra.
Helga estaba verdaderamente sorprendida y no es que pensase que Phoebe terminaría de monja o algo así, sólo que jamás pensó que se adelantaría tanto. La miraba con atención y notaba que un nuevo brillo iluminaba sus ojos grisáceos.
"Helga"- le llamó Lila, tanto escrutinio hacia la pobre de Phoebe, ocasionaría un desmayo en su pequeña amiga.
"¿Qué se siente?"- fue la pregunta inmediata que salió de la boca de la rubia.
Lila la miró sorprendida, mientras que Phoebe miraba sus dedos jugar- "Pues... es un poco raro"- le contestó.
Helga le miró confundida- "¿Y eso porqué?"- pensó que quizá sería 'lo mejor de mi vida' como respuesta, no 'raro'.
"Bu-bueno"- suspiró- "Es que, no es lo mismo que cuando lo ves con traje de baño. Es completamente distinto y te preocupas porque te vea así, sin nada y que no le gustes o que no te guste. Realmente no piensas en lo que va a pasar durante sino el como te verás para él"- le respondió nerviosa.
"Sé lo que quieres decir"- contestó Lila con un suspiró y de repente, les miró como quien sabe que había metido la pata.
"¿Tú también?"- preguntaron las otras dos, ahora Phoebe se sentía más tranquila.
"¡Wow! ¡Esperen!"- les llamó la atención la rubia y ambas la miraron sin entender- "¿Quiere decir que YO soy la ÚNICA que sigue siendo VIRGEN?"- ni siquiera ella podía creerlo. Que Helga G. Pataki siguiera siendo virgen y no las dos atolondradas y niñas buenas de sus amigas, era increíble.
"Eso parece"- contestó Lila inquieta, sabía que su amiga rubia no se detendría. Helga se le acercó peligrosamente y la miró detenidamente.
"¿Por qué nunca nos contaste?"- le reprochó la rubia y Lila rió nerviosa.
"Quería hacerlo, pero nunca supe como abordar el tema"- respondió aún nerviosa- "Pe-pero ahora que tomamos el tema, puedo contarles"- respondió con rapidez, conociendo de antemano que si ella no lo recomendaba, seguramente Helga no dejaría de hacerle preguntas, tal como a Phoebe.
.-.-.-.-.
Gerald miraba nervioso a Arnold cada tanto y es que, debía decírselo o sino, explotaría en medio de la cafetería. Arnold sentía la mirada de Gerald pero no entendía porque no le decía nada, miraba el reloj y después a Gerlad que giraba su rostro a otra parte.
Dejó salir un suspiro exasperado y miró a Gerald con cara de pocos amigos- "¿Qué sucede?"- le preguntó al fin. Ahora entendía cuando su novia decía que era molesto y desconcertante.
"Viejo, eh... yo"- como empezar a hablar de eso. Es decir, eran hombres y podría ser una plática común, pero no tenía nada de común cuando Phoebe estaba en la mitad de esa plática.
"¿No puedes hablar aquí?"- preguntó dándole un sorbo a su gaseosa. Gerald negó- "¿Quieres que vayamos a las canchas?"- el moreno asintió.
Ambos se encaminaron a las canchas y se escondieron debajo de las gradas, sabían que con el ruido y el juego, ellos serían prácticamente invisibles.
"¿Y bien?"- le preguntó Arnold. Gerald se acercó a él y le susurró al oído, logrando que la cara de estupefacción de Arnold le volteara a ver y el mismo Gerald le sonriera ampliamente- "¿Y qué sentiste?"- le preguntó el rubio, sólo esa pregunta pudo formular, a lo cual, Johanssen le miró confundido- "Helga y yo...eh...no hemos hecho...no hemos llegado a ese punto"- le dijo con notable vergüenza, su rostro era un tomate con forma de balón.
Gerald rió ante ello- "Pensé que ellos ya llevarían kilometraje"- se dijo- "Pues es muy agradable. Se siente... No sé viejo, es difícil describirlo, son demasiadas emociones juntas"- le explicó.
Arnold asintió- "Pero no fue... ¿raro?"- preguntó curioso.
Johanssen asintió- "Sí, al principio. Pero cuando estás... bueno"- carraspeó- "Cuando estás ahí dentro lo único en lo que piensas es en lo que sientes y claro, te preguntas ¿si a ella también le gusta?"- Arnold alzó una ceja sin entenderle por completo- "Me refiero a que..."- se rascó la cabeza- "¿Cómo explicárselo?"- pensó y se dio cuenta que sólo hablando claro era el como- "pero hablar de como lo hicimos, Phoebe y yo... es nuestra intimidad y decirle como estaba mi novia..."- su rostro enrojeció y Arnold sonrió.
"No, mejor, no me digas más"- le dijo comprendiendo que habían cosas que incluso él, no quería escuchar, por respeto a Phoebe que por otra cosa- "¿Te gustó?"- preguntó finalmente.
Los ojos cafés de Gerald se iluminaron y su rostro mostró una sonrisa de oreja a oreja- "Es la mejor experiencia de mi vida".
Fin del Flashback
La voz del juez la regresó de sus recuerdos al escuchar- "Por consentimiento mutuo, refiriéndose a que no hubo intenciones de dolo o violencia por ninguna de las partes"- recitó el juez haciendo referencia a la forma en como concibieron a los niños y un carraspeo se escuchó entre las bancas. Helga miró de forma asesina a su padre, sabiendo de antemano que había sido el y el señor Pataki se limitó a cruzarse de brazos.
"Si, sigue así, jamás acabaremos el juicio"- se quejó mentalmente- "Por consentimiento mutuo"- pensó con tristeza y miró sobre su dedo anular. Aún llevaba sobre su dedo el anillo de ónix que había intercambiado con Arnold. Suspiró con melancolía, aún recordaba a la perfección cuando los intercambiaron.
Flashback
El pecho de Helga subía y bajaba rápidamente mientras Arnold le miraba sorprendido y excitado. Helga intentaba no moverse demasiado y Arnold se mordía el labio cada vez que su novia hacía un pequeño movimiento. Habían jugado twister toda la tarde en casa de la rubia, sus padres habían salido el fin de semana para ir a ver a Olga y por tanto, regresarían hasta el domingo por la noche o si le daba demasiada pereza manejar a su padre, lo más seguro es que llegasen el lunes a medio día; razón por la cual, habían estado todo el día en casa de Helga, no había quien les molestara ni les dijera nada, además los padres de Arnold habían hecho un viaje relámpago a San Lorenzo y ellos también llegarían el domingo en la noche.
Pero la razón del porque Helga intentaba no moverse, tenía más que ver con su anatomía que con el hecho de estar sobre el piso, con una pierna doblada mientras la otra estaba estirada, y su parte íntima chocando contra la de Arnold, logrando que la fricción entre ambos fuera inevitable y haciéndoles admitir que el twister ya no era tan buena opción para quitar el aburrimiento, a menos que fueran robots.
"He-Helga"- tragó con dificultad el rubio al verla sobre él. Sí, había perdido, pero eso era lo menos importante ahora.
Helga cubrió su rostro con sus manos mientras sentía como su rostro era recorrido por una ráfaga de calor que la enrojeció hasta las orejas. No podía verlo, después de todo, estaba sobre su... y de sólo pensarlo, sintió que un escalofrío recorría su columna.
Arnold la miró sorprendido, jamás pensó que se avergonzaría por algo así. Habían hablado de ello bastantes veces y aunque siempre empezaban con monosílabos, terminaban hablando como si fuera algo completamente normal, por lo que habían decidido que de pasar, pasaría y ellos no lo evitarían. Intentó levantarse pero el roce de su pantalón contra la parte íntima de Helga endureció su miembro y un gemido salió de sus labios sin poder controlarlo. Sabía que peor no podría ser, por lo que decidió sentarse, sujetarse de Helga y esconder su rostro en su pecho para evitar que viera su sonrojo.
El hecho de que se comportase así, no tenía que ver con el hecho de que no hicieran nada, todo lo contrario, se besaban y se acariciaban pero no llegaban a más. Aún cuando los chupetones en su cuello o el de ella tuvieran que ser escondidos por maquillaje o bufandas, e incluso por cuellos de tortuga.
Arnold la miró nervioso, notando lo firme que se mantenía Helga al no verlo a los ojos y mantenerlos cerrados. Su respiración agitada era lo único que se escuchaba en la habitación por lo que cualquier cosa podría espantarlos o hacerles reaccionar de forma inesperada. Recargó su cabeza sobre su pecho y pudo escuchar el rápido latir de su corazón, eso lograba tranquilizarlo.
"Quiero hacerte mía"- susurró sin pensarlo y Helga abrió los ojos de la sorpresa. De verdad lo había escuchado o sólo creyó escucharlo. Bajó su mirada azulada y se encontró con la avergonzada verdosa.
Arnold se enderezó lo suficiente hasta estar completamente sentado y ver al rostro de su novia desde arriba. Acarició su cara con delicadeza, repasando cada parte. Helga lo sujetaba de la camisa con algo de fuerza, no para evitar que siguiera, sino para evitar que se fuera. Cerraba sus ojos cada vez que sentía que los dedos Arnold la tocaban. Arnold se acercó un poco más y acarició su nariz con la suya, ambos se miraron por una milésima de segundo para después acortar la distancia entre ambos.
Se besaron, de muy distinta forma a como solían hacerlo, de forma dulce y delicada. Arnold la acarició suavemente por todo su cuerpo, sintiendo como sus pezones se endurecían al contacto y como ella gemía al sentir sus manos. Helga levantó sus brazos y Arnold quitó la blusa, deslizándola sobre su cabeza. Frente a él, se encontraban dos perfectos senos cubiertos por un sostén de color rosa con moñitos en sus tirantes y la mitad donde se unían las copas. Arnold sonrió y cuando vio a Helga, de nuevo tenía los ojos cerrados.
"Amor, ábrelos"- le susurró al oído y Helga negó suavemente, el rubio rió- "Mi niña, eres perfecta"- le dijo al tiempo que daba suaves besos en su cuello y su pecho.
La acomodó en el sillón de la estancia y comenzó a desvestirla mientras dejaba suaves besos por donde sus manos pasaban y la ropa dejaba de cubrirla. Para cuando terminó, la admiró por completo y se reía de ver que Helga se tapaba el rostro de la vergüenza por que su novio la viera por primera vez, completamente desnuda. Y debía admitir, que le encantaba lo que estaba viendo.
El ojiverde le ayudó a levantarse y alzó los brazos en señal de que ahora ella podía desvestirlo. Helga tomó temblorosa la camiseta de su amado y la corrió sobre su cabeza, donde el mismo Arnold terminó por jalarla, para dejarla caer al piso. Helga le recorrió el torso con las manos y besó su pecho y sus hombros con mucha delicadeza, Arnold sentía que fuertes escalofríos le recorrían el pecho entero. La besó profundamente y llevó sus manos hasta el cinturón de su pantalón, los bellos ojos azules de su novia le miraron con intensidad y de inmediato lo abrió, haciendo un "clack" cuando el metal se separó, desabotonó su pantalón y comenzó a bajarlo. Arnold empujó el pantalón hacia atrás, una vez que llegó a sus tobillos y los sacó de ellos. Sólo quedaba su boxer y la rubia temblaba de sólo imaginar lo que estaba bajo ellos y podía percibir aún a través de la tela.
Habían llevado clase de educación sexual, sabían como colocar un condón, pero no sabían como actuar en esos instantes, siendo que los dos eran primerizos.
Helga tomó el borde del boxer y lo bajó suavemente, mirando a Arnold a los ojos quien le regalaba una sonrisa de complicidad. Ambos miraron hacia abajo y se sorprendieron de lo que vieron, la ojiazul regresó de inmediato su mirada al rostro de Arnold y este, simplemente la besó con dulzura.
Comenzaron a besarse y a tocarse, a reconocer el cuerpo del otro, a sentir la textura de cada parte y a percibir cada sensación que le acompañaba. Arnold la recostó en el sillón más grande y comenzó a besarla con mayor ansia, sus sexos comenzaron a rozarse y ambos comenzaron a gemir. Ahora sabían que querían más.
Se besaron de nuevo y de repente, un recordatorio llegó a la mente de la rubia quien levantó con suavidad a su amado, lo cogió de la mano y lo llevo por las escaleras hasta llegar al pasillo del piso de arriba, soltó su mano al llegar a la puerta del cuarto de sus padres, entró en él, buscó un condón y de inmediato salió de él. Volvió a tomar la mano de Arnold y lo llevó a su habitación.
Arnold la miró confundido durante todo el trayecto pero no dijo nada, cuando ella regresó con el condón en mano, entendió la razón y sonrió.
Entonces se recostaron sobre la cama de Helga y retomaron lo que habían dejado abajo. Arnold había abierto el condón y lo había puesto en su lugar para después adentrarse en la rubia lo más suavemente que pudo. La ojiazul se aferró a la ancha espalda del rubio mientras Arnold se detenía unos segundos, buscó su rostro y Helga le dedicó una sonrisa de confianza. El ojiverde se movió de nuevo y ella respiró profundo, la miró de nuevo pero ella asentía con tranquilidad. Se movió unos instantes de forma muy lenta y cuando por fin logró entrar por completo, Helga soltó un grito ahogado. Arnold se espantó y estuvo a punto de salirse, pero su misma novia lo detuvo posando una mano sobre uno de sus glúteos. Ambos se miraron agitados y comenzaron un vaivén tranquilo que conforme ambos comenzaban a acostumbrarse y a disfrutar, aumentaba de ritmo.
Y conforme aumentó el ritmo, sus gemidos eran menos tímidos e incluso sus gritos eran mayores, hasta que ambos lograron terminar.
Sus agitados pechos subían y bajaban, Arnold se había dejado caer sobre el cuerpo de su amada y mantenía la cabeza escondida en su cuello, mientras que ella miraba al techo con una sonrisa de oreja a oreja.
Lo había hecho, había perdido su virginidad con el amor de su vida y lo mejor de todo, es que no se arrepentía de hacerlo. Se sentía tan dichosa que ni siquiera el que Arnold aplastase la mitad de su cuerpo le importaba.
Arnold seguía recuperando la respiración, intentaba poner en orden sus pensamientos y todas las emociones que le embargaban en ese instante, sus cuerpos se habían estremecido al extremo y la recompensa, era el cielo.
Sentirla suya y sólo suya, saber que él sería siempre el primero y el ÚNICO, le hacia que varias mariposas llenaran su estómago. Abrió los ojos al darse cuenta de ello, QUERÍA SER EL ÚNICO, solamente él. Jamás soportaría que alguien más la tocase como la toco él, que la acariciara como él lo hizo, que la hiciera suya tal como él lo hizo. Y por primera vez en su vida, entendió lo que enamorado quería decir y quería permanecer bajo su encanto el resto de su vida.
Su sonrisa se extendió por toda su cara y saber que lo que sentía por ella era tan fuerte que cuando la veía, sólo quería que lo viera a él; que cuando lo abrazaba, sus brazos sólo eran para él; que cuando la ama, su amor era sólo para él; entonces entendió que no estaba tan obsesionado ni eran locuras, era el amor hablando y aunque lo había escuchado cada vez que estaba con ella, estaba vez pudo oírlo con claridad y sentirlo en cada parte de su ser.
"Hel-ga"- apenas pudo pronunciar el rubio, se enderezó un poco y la miró con una enorme sonrisa- "¿Quieres, quieres intercambiar votos conmigo?"- la rubia se quedó sin habla, sabía perfectamente lo que eso quería decir- "¿Quieres casarte conmigo?"- le preguntó más directo pensando que la rubia no había entendido su pregunta y ella, asintió fervientemente.
"Por supuesto que sí"- dijo entre risas.
"Bien, por que tenemos que llamar a los chicos para que vayan al árbol que está en el parque"- le anunció.
Se vistieron y buscaron sólo un par de cosas en el armario de los padres de Helga, un moño negro y el velo de su madre, parecían niños pequeños que jugaban a casarse pero sabían que no había juego esta vez, no era ningún tipo de juego, era real y eso los hacía sentir ilusionados.
Les llamaron a Phoebe, Gerald, James y Lila, los últimos supieron perfectamente para que era mientras que los primeros dudaban un poco de sus intenciones, no por otra cosa sino que ambos rubios habían hecho de su relación algo más complicado y siempre retrasaban las cosas. Mientras los testigos llegaban, los rubios habían ido rápidamente a un bazar que se encontraba por el parque, sabían que ahí debía haber una joyería, la encontraron apenas abierta y la dueña de inmediato les mostró una serie de anillos de ónix que se probaron uno a uno hasta encontrar su medida. Para cuando llegaron al parque, sus amigos les miraban con una sonrisa, estaban muy seguros de quienes afianzarían sus votos esta vez y por supuesto, eran los únicos que quedaban.
"Helga Geraldine Pataki, en el momento en que te vi, me di cuenta que serías la mujer de mi vida y que jamás te cambiaría por nadie más, porque estoy seguro que nadie podría llenarme como tu lo haces. Mi compañera insufrible, mi amada, mi acosadora incansable"- todos rieron ante la mención- "mi fortaleza, mi niña. Nadie me haría sentir completo como sólo tú lo haces y siempre estaré enamorado de ti"- recitó al tiempo que acomodaba el anillo en el dedo anular de Helga.
"Arnold, mi adorado y amado cabeza de balón, quien a pesar de mis constantes burlas, desplantes y acosos, siempre ha estado ahí para mi. Quien me ha ayudado aún cuando me he comportado como un ogro. A quien amo al verlo a lado mío cuando despierto por quedarme dormida al ver una película"- todos rieron- "Te amo más que a nadie y a nada el mundo, y jamás dejaré de hacerlo"- ahora ella deslizó el anillo en el dedo anular de Arnold y ambos sellaron su pacto con un besó bajo la luz de la luna llena.
Fin del Flashback
"Ya que ambas partes han llegado al acuerdo de confirmar la paternidad para proseguir con los trámites siguientes, declaro que el señor Shortman tiene derecho a reclamar su paternidad mediante un examen de adn. Los resultados del examen deberán ser entregados en el sobre del laboratorio donde fue elaborados, sellado e intacto para que el juez pueda revisar el examen y dictaminar los trámites correspondientes".- hizo sonar su martillo y de inmediato se retiró de la sala.
.-.-.-.-.-.
Al finalizar el juicio no tardaron en salir de la sala y caminar hacia la plaza de entrada del edificio. Los Shortman como los Pataki, cada uno por su lado, intentaban hacer un recuento de lo que había pasado pero sólo el abogado de cada parte pudo ponerlos en advertencia de lo que vendría a continuación y sobretodo les pidió paciencia durante las siguientes semanas en lo que llegaban los resultados y se emitía el veredicto final.
Los shortman se acercaron momentáneamente para ver a los nenes, Stella y Miles les cargaron un rato más, a pesar de las miradas iracundas por parte de Bob Pataki. Arnold mientras tanto, se mantenía a una distancia bastante considerable.
Pensar durante el tribunal todo lo que habían pasado por culpa de Lynett, lo que ahora estaban enfrentando... No debió haber pasado en primer lugar si él hubiera sabido mantener sus pantalones en su lugar y no hubiera dejado que esa cara bonita se le metiera entre ceja y ceja, e hiciera un revoltijo con su mente y sus sentimientos. Es más, debió haber evitado aquel primer beso, ni siquiera debió haber caído en el viejo truco de 'tengo algo en el ojo'. Ahora, se estaba dando de golpes contra una pared hecha de metal que no sabía si estaba seguro de derribarla.
Los shortman se despidieron de sus nietos con sonrisas satisfechas mientras Helga les aseguraba que no sería la última vez que los verían. Olga y Patrick se despidieron de Helga y tomaron a los niños para ir a pasear, Helga les recordó que Phillip era alérgico a las nueces y que Geraldine era intolerante a la lactosa, así que debían tener cuidado con lo que le daban de comer y cuando les daban el biberon. Ver a sus retoños irse ocasionó que sintiera un hueco el estómago, siempre le pasaba sin importar que fuera su hermana o sus padres quienes le pedían a los niños, los extrañaba horrores y se le hacía un nudo en la garganta, pero sabía que ellos los cuidarían perfectamente y que llegarían antes del anochecer a su casa, sobretodo porque al día siguiente tenían que llegar a los Liaptons para organizar la boda y checar que todo estuviera en orden.
"Helga"- le llamó su padre- "¿Y mis nietos?"- le preguntó con cara de pocos amigos.
Helga suspiró, a veces su padre podía sacarla de quicio, a ratos le hablaba bien y a ratos le gritaba. De verdad, empezaba a considerar que tuviera bipolaridad o algo por el estilo- "Están con Olga y Patrick"- respondió la rubia- "Fueron al centro comercial y ver no sé que cosas, supongo que les compraran vestuarios para el día de la boda"- comentó no muy segura. Su padre asintió.
"Hija, esperemos que esto se resuelva pronto"- dijo con los suficientes ánimos que le permitían los antidepresivos a su madre- "Pero estuvo bien el juicio, al menos por ahora"- Miriam abrazó a su hija y le dijo- "Todo va a estar bien. Nos vemos en casa"- se despidió su madre.
"Sí, mamá"- le dio un beso en la mejilla y la vio subirse al auto. Su madre había dejado de beber cuando ella tenía poco de cumplir los catorce y con un poco de ayuda A.A. y un psicólogo, por lo menos ya hacía más cosas de las que solía acostumbrar y claro, se veía mejor, mucho más atenta, mucho más viva.
"¡No hables con idiotas!"- le gritó su padre desde auto logrando que Helga rodara los ojos. Sabía como ponerla de malas y aunque sólo se refiriera a los Shortman y en específico, a Arnold; le parecía muy injusto que incluso se dirigía de esa forma a sus amigos.
"¡Helga!"- le llamó Phoebe desde la escalinata, estaba con Gerald, Arnold y los padres de Arnold.
Se acercó a ellos y se disculpó de nuevo- "Lamento todo esto. Mi padre a veces es un idiota"- admitió.
"Oh, Helga. No te preocupes, todo estará bien"- le dijo la madre de Arnold al tiempo que la tomaba de las manos- "Ahora sólo hay que esperar el veredicto final"- le sonrió y Helga le respondió sonriendo de forma preocupada.
"Calma, pequeña"- le decía el señor Shortman mientras le ponía la mano sobre su hombro- "Todo saldrá bien".
Los Shortman se despidieron de ella con un fuerte abrazo y una mirada severa a Arnold, quien se limitó a despedirse alzando la mano, dejándola con Arnold, Phoebe y Gerald.
De acuerdo, el hecho de que sus padres se hayan enterado hacía una semana de la existencia de sus nietos, no les había caído en gracia y la reprimenda que obtuvo por ello, tampoco lo fue; aunque se sentía aliviado de que la ira y la decepción fuera dirigida a su persona en lugar de la madre de sus hijos. Eso, ya era ganancia.
"Helga"- le llamó de nuevo su mejor amiga- "¿Quieres venir con nosotros a comer?"- le preguntó no muy segura, sabiendo de antemano que iba a negarse- "Por favor, hay que hablar"- pidió mirándola a los ojos.
Su teléfono sonó en ese momento y Helga sólo le hizo una seña para que esperara.
"Olga, ¿qué pasa?... No, ya te dije que Phillip es alér-... Sí, ya te lo había dicho"- gritó al teléfono exasperada- "Pásame a Patrick. Hola, oye calma a Olga porque le va a dar un ataque de nervios"- Helga rió- "Recuerdas bien a lo que es alérgico Phillip ¿verdad? y Geraldine es int... Eso, entonces todo bajo control. Bien, gracias. Nos vemos al rato"- se despidió y se dio cuenta que Arnold le miraba atentamente.
Arnold saliendo del juzgado pensó que las cosas se estaban complicando demasiado pero ahora que escuchaba a Helga sobre las alergias e intolerancias, pensaba que quizá estaba bien el tiempo, por lo menos para asimilar el hecho. Es decir, un bebé era mucha responsabilidad y dos serían el doble de todo. ¿Estaría listo para ser padre?
"Sí, claro"- le respondió no muy animada después de meditarlo. Es una charla que por más que quisiera aplazarla, no podría y que con el tiempo, sólo se haría mucho más difícil.
Al subirse al auto de Gerald, Phoebe de inmediato se sentó atrás con Helga mientras ambos varones iban al frente. Todos iban en sus pensamientos por lo cual llegar al restaurant no les tomó mucho tiempo y su silencio no fue tan incómodo.
Phoebe miraba a Helga y viceversa, ambas sabían que habían muchas cuestiones que tratar y que posiblemente, no iba a ser muy fácil manejar la situación.
Gerald miraba cada tanto a Phoebe a través del retrovisor y ella le regresaba una mirada significativa, lo cual en otras palabras quería decir, que Helga no daría su brazo a torcer tan pronto, pero ambos sabían que una infidelidad no era para tomar a menos y mucho menos después del intercambio de votos. No eran para tomarse a la ligera.
Arnold en cambio, miraba por el espejo lateral a Helga. Sabía que se había equivocado pero no podía ser que ella siguiera sin querer hablarle después de tanto tiempo. La extrañaba y se reprochaba lo tonto que era, en lo que se había convertido, lo que había logrado...
Al llegar al restaurant, Gerald y Arnold les abrieron las puertas, mientras que Phoebe entraba abrazada del brazo de su novio, Arnold sólo miraba con tristeza a Helga que intentaba por todos los medios, evitar quedarse sola con él. Sabía que podría pasar eventualmente y que cuando ya se haya dado el veredicto era más que lógico que pasara, pero hasta entonces prefería evitarlo. No se sentía cómoda e iba a ser más difícil estar con él, por lo menos al principio.
"¿Crees que se vuelvan ha hablar?"- preguntó la asiática y Gerald negó suavemente.
"Ahora, es poco probable. Arnold está en la mejor disposición para arreglar la situación, o al menos eso dice él"- el moreno aseguró y miró sobre su hombro a Helga que los seguía a menos de un paso, bastante seria; y Arnold le miraba realmente apenado, iba detrás de ella.
"Helga aún está muy dolida"- susurró triste- "Tiene miedo a que Arnold vuelva ha hacerle lo mismo"- Gerald asintió.
"Entonces, supongo que él sabrá si vuelve a cometer el mismo error o de verdad, ha cambiado"- respondió.
Se sentaron cerca de la ventana, ambos rubios miraban hacia la calle mientras que la asiática y su novio les veían preocupados. Quizá el que hablen de nuevo y arreglen todo, tomaría más tiempo que un par de tazas de café.
"Sabes, yo me siento..."
"No lo digas, Arnold"- suspiró Helga- "Sí lo que quieres es hablar de nosotros, tienes que entender algo de una buena vez"- le miró con decisión ante la cara incrédula del ojiverde- "No hay un nosotros, no habrá un nosotros ahora, ni en el futuro. No"- miró de nuevo hacia la calle- "Tú destruiste nuestro 'nosotros' y ahora sólo están nuestros hijos. Así que, por favor no."- suspiró- "Si quieres hablar de nuestros hijos, estaré más que encantada de escucharte, ambos sabemos que la prueba dará positivo"
"Helga, si me dejarás explicarte"- le dijo- "¿Explicar qué, Arnold?"- se reprochó mentalmente- "Nunca me buscaste"- le dijo después de un rato.
Helga le miró evidentemente molesta- "¿Buscarte? ¿Por qué habría de buscar al hombre que me dejó? ¿A quien me cambió por otra?"
Arnold le miró dolido- "Al estar embarazada, yo creí..."
Helga rió con crueldad y tanto el rubio como sus amigos le miraron sorprendidos- "Arnold, tú estabas más interesado en que Lynett te abriera las piernas, que en el hecho de que nuestra relación de tres años, 3 AÑOS, Arnold"- le restregó el número en la cara con la mano- "se fuera entre las piernas de esta estúpida niña rica con complejo de princesa." - la ojiazul se cruzó de brazos y se recargó por completo en la silla- "Y cuando te botó ¿qué esperabas? ¿Qué te esperara con los brazos abiertos y te dijera que todo iba a estar bien?"- le preguntó con sarcasmo y tristeza en su voz.
"Intenté que volviéramos"- reclamó el rubio.
"¿Haciendo qué? ¿Pidiéndole a mis padres que viviera contigo?"- le miró incrédula.
Flashback
"Soy un total y gran idiota. ¿Cómo pude haber caído tan bajo"- decía Arnold sujetándose la cabeza.
Stella le sobaba la espalda, intentando reconfortarlo- "Hijo, no apruebo lo que hiciste pero se que sabrás como solucionarlo"- le miró comprensiva y Arnold, al verla sus ojos dejaron salir un par de lágrimas.
"No lo sé mamá. Helga no quiere ni verme"- aclaró, hacía dos días había ido a buscar a la rubia y esta se había negado rotundamente a escucharle o verle. Incluso lo ignoraba completamente cuando se llegaba a topar con él en el parque o incluso cuando fueron a recoger sus papeles a la escuela. Se había formado intencionalmente detrás de ella para que no pudiera escapar pero la rubia se había limitado a ponerse sus audífonos y subir el volumen de su mp3.
"Quizá si vas a su casa y hablas con ella"- intentó razonar su madre.
Negó suavemente- "No, cada vez que he hablado a su casa siempre me cuelga, aún si intento fingir la voz y todo por fijarme en esa tonta de Lynett."- se reprochó y dejó caer su cuerpo en la cama.
"Arnold"- le llamó la atención su madre. Quizá no estaba de acuerdo con lo que había hecho su hijo, ni mucho menos lo que había hecho esa chica, pero definitivamente no podía permitirle que la insultara de alguna forma, después de todo, el seguía siendo un caballero aunque esa jovencita no fuera una señorita.
Arnold miró a su madre de soslayo y rió con sarcasmo entendiendo la reprimenda de su madre- "Si mamá, no debo ser grosero pero ella sólo quería separarnos y eso lo sé porque me lo dijo. Dijo que no podía estar en orden el mundo si alguien como Helga Pataki tuviera novio, y menos si ese novio era yo. Dijo que los dos, estando juntos, entonces el mundo estaba en orden."- miró al cielo estrellado y después miró su anillo colgado de una cadena en su cuello- "Y permití que hiciera y deshiciera de mí a placer. Ni siquiera me di cuenta cuando era grosera con Gerald o Phoebe, o cuando su amiga Addison coqueteó con Gerald frente a Phoebe. No los defendí."- dejó caer su brazo sobre su rostro tapando sus ojos y su voz se quebró- "No le cumplí a Helga".
Gerald abrió la puerta de golpe y Arnold apenas le miró.
"Viejo, tienes que hablar con Helga"- se veía agitado y probablemente había corrido hasta allá para decírselo- "Ella se va"- fue todo lo que dijo y fue suficiente para que Arnold saliera de su casa como alma que lleva el diablo.
Al llegar a casa de Helga, Arnold tocó varias veces a su puerta hasta que logró que atendieran. Cabe mencionar que el recibimiento por parte de Bob Pataki fue de lo más grosero que se había visto y que a cualquier tipo de reproche o explicación, incluso propuesta, el mismo Bob había respondido con un rotundo NO.
"Vamos señor, usted no tendrá que pagarle nada y estará en buenas manos y..."- quiso convencer el ojiverde.
"¿Tan buenas manos que andan en otra persona?"- la respuesta de Pataki padre fue suficiente para callar a Arnold- "Largo de mi casa"- ordenó y sacó a ambos chicos de su casa a empujones.
.-.-.-.-.-.
Mientras en casa de los Heyerdahl...
"¡Pero tienes que decírselo!"- intentaba convencer la asiática a su amiga, la noticia le había caído de sorpresa muy a pesar de los planes que ambos rubios habían hecho en un inicio y que habían compartido con ellos.
"Phoebe, bromeas! No podría, no puedo"- se negó la joven con los brazos cruzados.
"Pero el tiene derecho a saberlo"- refutó la pelinegra.
"¡No! el perdió ese derecho cuando se fijo en esa cara bonita con bonito cuerpo."- reprochó con ojos llorosos.
Phoebe sabía que le dolía y estaba consciente pues estuvo tras ella durante casi un mes para evitar que hiciera alguna locura- "Helga, Arnold esta planeando recuperarte"- avisó sabiendo que no tenía más opciones. Podría ser que funcionara el plan que tenía pero de igual forma podría no funcionar por el padre de Helga.
"¿Qué?"- apenas pudo pronunciar la rubia con sorpresa.
"Ha estado hablando con Gerald y dice que buscará la forma de que todos vivamos bajo el mismo techo"
"Eso no es posible. En más de una forma"- se negó la ojiazul.
Phoebe asintió- "Eso lo sé, pero dice que hablarán sus padres con los míos, los de Gerald y los tuyos para que vayamos a la misma universidad y..."
Helga explotó al escuchar semejante idea- "No, eso no lo decide él ¡El no puede decidir lo que hay que hacer! El no puede obligarnos por un estúpido capricho"
"Helga"
"No. No porque Lynett lo haya botado ahora espera que lo reciba con la cola entre las patas y lo perdone como si nada. No, Phoebe, lo que me hizo no tengo porque perdonarle. Le he perdonado mucho por mucho tiempo y este fue el colmo. No. Lo siento Phoebe, pero no seré parte de su plan."- y con eso dicho, se retiró de inmediato a su casa. Sólo había pasado a casa de su amiga para despedirse de ella. Ese día, ella se iría.
Fin del Flashback
"Arnold, ¿acaso sabes como me sentía?"- le miró con reproche- "Acaso sabes ¿qué me pasó? ¿Cómo la pasé? Tienes una idea..."- suspiró derrotada al ver el rostro apenado de Shortman- "Phoebe y Lila estuvieron conmigo todo el tiempo, intentando que yo me mantuviera cuerda, que siguiera viva por lo menos... ¿Quieres que te perdone por eso?¿Puedes darme una explicación coherente para lo que hiciste?"- le miró severa.
Sus palabras le calaron hasta el alma al rubio, jamás pensó que ella le diría todo eso y tenía razón en decir que no sabía por lo que pasó, porque nunca estuvo con ella para levantarla y en primer lugar, no habría estado así, de no haber sido por su culpa.
Arnold no pudo sostener su mirada y prefirió bajarla- "Yo no..."
"Sí, fui mi decisión caer así, pero tu desprecio no fue sencillo de superar. Ni de asimilar"- miró hacia la ventana intentando no seguir pero la ira que sentía desde ese día estaba saliendo y no iba a controlarse por no lastimarlo, ya no- "Dime algo"- los ojos de Arnold le miraron atentamente- "¿Los votos fueron reales en algún momento o fue la emoción del momento?"- preguntó mordaz.
El ceño de Arnold se arrugó ante semejante acusación- "Son reales"- aseguró.
Phoebe y Gerald sabían que era una conversación de dos, pero no podían evitar sentirse incluidos y hasta cierto punto, pendientes de lo que pudieran hacer. Aunque claro, siempre esperaron que no fuera tan intensa la conversación.
Helga le miró incrédula- "¿Lo son? Entonces dime ¿por qué terminaste conmigo y te fuiste con Lynett? ¿Por qué en lugar de buscarme, saliste con otras chicas?"- reprochó y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas- "¿Qué piensas?¿Qué ahora yo seré tu niña bonita y por eso me quieres de regreso?"- sollozó y casi se levantaba de su lugar, el sentimiento de rechazo y tristeza era casi palpable y la cara de Arnold era de total estupefacción- "¿Qué querías probar? ¿Qué Arnold?"- limpió sus lágrimas y le siguió mirando- "Por qué si de verdad me hubieras estado buscando, me hubieses encontrado desde el principio de la carrera y no hubieras salido con nadie durante todo este año. ¿O es que no escuchabas las burlas de tus amigos hacia mi persona o cualquiera que estuviera embarazada?"
Ahora si no entendía a que venía eso último- "¿Quiénes?"- sólo preguntó.
"¡Ah! ¿No te llevas con esos idiotas de la facultad que siempre estaban en la cafetería discriminando a los demás? O ¿acaso había más de un Arnold Shortman en la facultad?"- preguntó con sarcasmo y el rubio se puso blanco de la impresión- "Cuando escuché tu nombre en sus pláticas, llegué a pensar que se trataba de alguien diferente y que sólo coincidía con el nombre; pero cuando Phoebe y Gerald me aseguraron que tú estudiabas en la misma universidad, no me cupo duda... Así que dime, ¿qué tus amigos nunca te dijeron nada?"- su mirada escrutiñadora y severa lograba ponerlo muy nervioso, por lo que volvió a bajar la mirada pues el recordaba perfectamente lo que le decían, sobretodo, de una rubia embarazada que intentaba hacerse la muy valiente y hacía el ridículo con sus actitudes de secundaria.
"Sí, me habían comentado muchas veces, pero como nunca estaba en la cafetería, nunca pensé que..."- se levantó de su asiento molesto pero no pudo evitar afirmar lo que decía.
"¿Qué era yo?"- se señaló tocándose el pecho. Ya estaba de pie al igual que Arnold, el que lo afirmara era el colmo. Arnold notó el anillo que llevaba en su dedo y sintió esperanza al verlo -"Nunca me buscaste realmente, porque de haberlo hecho te puedo asegurar que hubieras sabido hacia quien eran las burlas"- Helga quiso dar un paso hacia atrás pero Arnold la sujetó del brazo- "¿Qué querías probar?"- le miró intentando buscar la respuesta, mientras el rubio se mordía los labios- "Te lo repito, de haberme buscado, jamás, JAMÁS hubieras salido con alguien más"- recriminó, Arnold quería responderle pero sabía que la respuesta era peor de lo que sonaba y así se lo había hecho saber Gerald- "Pero no fue así"- suspiró.
"Helga, por favor, dame una oportunidad, déjame demostrarte"
"¿Qué cosa? ¿Qué cuando otra chica plástica se te aviente, tu no vas a ir tras ella?"- las lágrimas caían de su rostro continuamente- "No,Arnold. ¿O acaso yo soy tu nueva chica plástica por como me veo?"- Arnold negó pero Helga no le creyó y limpió sus lágrimas- "Te lo dije, lo nuestro se acabó hace mucho y no va a volver. Abre los ojos"- le pidió- "Ya no es como cuando éramos niños o adolescentes. Tenemos dos hijos, Arnold, y ya no me puedo dar la libertad de deprimirme y mandar todo al diablo. Ya no."
Al ojiverde le partía el corazón verla así pero también podía comprobar que la rubia se encontraba en un estado de negación y decepción profunda. Lo que quería decir que el que volviera a creer en él, confiar en él y estar con él, significaba darle pruebas de ello.
"Pero, sí me dejaras mostrarte que he cambiado, que te amo"- suplicó intentando evitar que se alejara de él- "Sé que no has dejado de amarme"
Helga le miró con tristeza y horror, ambos miraron el dedo donde ella llevaba el anillo y después sus ojos se encontraron. No iba a caer de nuevo y ceder, no podía permitírselo. Los ojos suplicantes de Shortman estaban quebrando su escudo pero sabía que había algo que ni él podía negar.
"Si tienes que saberlo, sí"- le miró firmemente- "sigo enamorada de Arnold Shortman, de sus valores, su moral, su ética y su forma de ser tan correcta. De como defendía a sus amigos, de como me amaba e idolatraba, de como ayudaba a todo aquel que lo necesitará. Sí, aún lo amo"- Arnold se sorprendió de las lágrimas que Pataki dejaba salir- "pero tú ya no eres ese Arnold Shortman, desde que te enredaste con Lynett, cambiaste. A ti ni siquiera te conozco"- le dijo con total resentimiento, tomó su bolso y salió del restaurant, sin importarle que muchos comensales les veían desde hace mucho.
Ante esa dura verdad, ni siquiera Phoebe o Gerald pudieron evitar que se fuera, y es que a todo lo que ella le decía, tenía razón. Gerald que también conocía la respuesta a algunas de las preguntas que hizo, también sabía que de haberle dado respuesta, quizá hubieran terminado de esta misma forma desde antes. Phoebe corrió a alcanzar a Helga pero sólo pudo ver cuando se subía a un taxi y se iba, regresando a la mesa que compartía con los varones.
"Por lo menos ahora ya no te lanzó una taza"- le dijo Gerald y Phoebe enarcó una ceja.
Arnold miró hacia la ventana arrepentido, no había conseguido decir nada y para colmo, ella tenía razón a todo lo que le dijo- "Ojalá lo hubiera hecho"- cualquier cosa era mejor que sentir su rechazo.
N/A: La historia empezó muy intensa y no ha dejado de serlo, pero poco a poco se irán solucionando las cosas. Espero les vaya gustando la historia, hasta ahora y ya saben, cualquier duda, tomatazo, crítica o comentario saben que son bienvenidos :)
Gracias por tomarse el tiempo para leer :)
Besos
Lebel27
