Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece, evidentemente.

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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Primero que nada, quería agradecerles por darle una oportunidad a mi humilde historia. En verdad, gracias por tomarse la molestia de leerla. Y, si no es demasiado pedir, me gustaría saber su opinión al respecto. En parte, porque es la segunda vez que escribo sobre esta pareja (que no es convencional y fácil) y porque es la primera vez que escribo algo que no es un One-shot. De todas formas, gracias, en verdad. Espero este capítulo les guste... ¡Nos vemos y besitos!


Desierto


II

"Esfuerzos y refuerzos"


Habían pasado ya unos minutos desde que Hinata había preguntado al Nara cuanto faltaba para llegar, y aún no lo habían hecho. Habitualmente, tal cosa no le importaría a Hinata. De hecho, ella nunca había sido del tipo de persona impaciente que desea llegar a su destino sin más ni más. Hinata era paciente y le agradaba recorrer lugares nuevos, conocer paisajes nuevos. Sin embargo, esta ocasión, era diferente. Ya no se sentía para nada agradable viajar en aquellas condiciones. El abrasador calor la estaba quebrando. Se sentía débil y ligeramente mareada. En una ocasión, inclusive, había creído ver dos buitres, cuando en verdad solo había habido uno, y eso le estaba preocupando. Su boca estaba completamente seca y su piel sudada. Lenta y progresivamente, esta perdiendo la poca cantidad de agua que aún quedaba almacenada en su cuerpo. Y aún habían transcurrido solamente tres días, no quería siquiera imaginarse lo que sería vivir constantemente allí.

—Oy, Hinata, ¿estás bien? —la cuestionó Shikamaru. Forzándose a lucir lo mejor posible, la joven Hyuuga asintió.

No quería lucir débil, no frente a Naruto y Sakura. No ante su equipo. Y, definitivamente, no al comienzo de la misión. No era concebible que aún no hubieran llegado a la aldea y ella ya se estuviera desmoronando. Simplemente no era aceptable —E-Esto b-bien, S-Shikamaru-kun. De v-verdad...

El Nara se cruzó de brazos —¿Segura? Porque sería aún más problemático si fueras a desmayarte. Puedo decirle a Sakura que-

—¡N-No! —exclamó, rápidamente. Luego notó que lo había interrumpido y que había sonado bastante descortés frente a él, por lo que se disculpó—. L-Lo siento... E-Estoy b-bien...

Shikamaru bostezando, asintió. Decidiendo que sería mejor simplemente dejar el tema de lado. De momento, tenían cosas más importantes de las que preocuparse —Ok.

Asintiendo, la chica bajó la mirada al piso, posando sus ojos blancos en sus propios pies —G-Gracias...

No supo cuanto tiempo más habían estado caminando. Podrían haber sido minutos u horas, Hinata ya no podía diferenciar unos de las otras. Aún así, podía deducir que se encontraban a entradas horas de la tarde y que, probablemente, pronto comenzara a caer la noche. En el desierto, y con el sol siempre visible, era más fácil distinguir aquello. Además, el aire, cuanto más próximo a la noche o al atardecer, parecía ser nuevamente respirable. Eso era, hasta que la temperatura bajaba considerablemente y todo se volvía helado a su alrededor. Pero, de momento, no parecía que la cantidad de luz fuera a disminuir y aún no se veían las primeras estrellas, por lo que daba la sensación de que aún faltara para que la oscuridad se cerniera sobre ellos.

Suspirando muy suavemente, alzó la vista al cielo. No había nubes, ni nada. Estaba completamente despejado. Sobre sus cabezas, se extendía el azul más inmenso y profundo, y totalmente imperturbado. En Konoha, habitualmente, se podían ver grandes grupos de aves atravesar el firmamento, y las nubes abundaban por doquier. Además, las copas de los árboles habitualmente estorbaban para contemplarlo. En este caso, nada de eso existía. Tampoco se oía nada, por más que intentara aguzar el oído, solo el sonido de los pies de ellos removiendo la arena al caminar y el rugir del viento a su alrededor. Que, a veces, con suma malicia, se arremolinaba y arrojaba arena a sus ojos.
Si, Hinata había decido que no le gustaba el desierto. Su piel pálida, sus ojos igual de descoloridos y su cuerpo en general no estaban hechos para sobrevivir allí, y cada cosa que hacía parecía requerir un esfuerzo sobrehumano, aún más que los esfuerzos que habitualmente tenía que hacer para mantenerse a la par del resto.

—¡Cuidado!

Los ojos de Hinata se abrieron desmesuradamente y observando a su alrededor comprobó que estaban rodeados. De todos ellos, Shikamaru era el que permanecía más próximo a ella. Más allá, se encontraban Naruto y Sakura. La segunda, ya estaba en guardia y poseía un kunai en mano, al igual que Shikamaru. Apresurada, Hinata hizo lo mismo.

Shikamaru, rápidamente, comenzó a contar el número de enemigos que los rodeaban. Eran doce, y ellos eran tan solo cuatro. Además, estaba la cuestión del veneno. Si al menos aquellos sujetos lograban darle una vez a alguno, estarían perdidos, pues estaba seguro que el veneno era de efecto rápido. Simplemente por el hecho de que era utilizado en batalla y, por ello, debía serlo. Sino, perdería toda utilidad.

Naruto, apresurado como siempre, exclamó —¡Kage bunshin no jutsu! —y cientos de copias aparecieron a su alrededor. Y, en un momento, todos se abalanzaron contra los enemigos.

Shikamaru negó con la cabeza. Apresurarse no era la solución. En aquel campo de batalla, estaban en desventaja. Sakura, no podría utilizar su fuerza descomunal en el suelo por la simple razón de que la arena amortizaría el golpe, lo que la reducía a combatir cuerpo a cuerpo. Y aquello era lo que menos deseaban pues cuanto más cerca estuvieran de ellos, en blancos más fáciles se convertirían. Hinata, por su parte, tampoco tenía técnicas de largo alcance. Su Juken era una variante del taijutsu, por lo que estaba descartado. La única ventaja en la que podía pensar, era su técnica de sujeción de sombras, ya que el sol del desierto y la falta de árboles que estorbaran, le permitiría hacer las sombras más grandes, largas y amplias. Sin embargo, era obvio que él no sería capaz de encargarse de los doce por sí mismo. Su cantidad de chakra no sería suficiente. Lo que llevaba a Naruto. La generación masiva de clones definitivamente sería una ventaja para ellos. Sin embargo, el rasengan, por poderoso y efectivo que fuera, requería una cierta aproximación al enemigo. Aún así, era la única forma que encontraba de combatir a aquellos sujetos.

—Bah. Que problemático... —se quejó, juntando ambas manos frente a él. Luego se volvió al resto—. Por problemático que sea, eviten ser golpeados por cualquier tipo de arma.

Sakura, Naruto y Hinata, asintieron. La tercera, con voz muy suave, susurrando, exclamó —¡B-Byakugan...!

E inmediatamente las venas de alrededor de sus ojos se exaltaron bajo su piel. Adquiriendo la posición característica del Juken, aguardó analizando los alrededores. El flujo de chakra de los doce era constante y su cantidad era considerable. Detrás suyo, Naruto y una serie de clones combatían ferozmente con cinco de ellos. Los enemigos, uno a uno, parecían eliminar con facilidad los clones de Naruto. Sin embargo, este había logrado impactar a uno de lleno con su rasengan. Sakura, por otro lado, estaba combatiendo haciendo uso de su formidable taijutsu, aunque parecía tener dificultades para eludir los golpes de su oponente. Unos metros más cerca, Shikamaru combatía con otros cinco más, utilizando hábilmente su manipulación de sombras para juntarlos a todos en un único lugar para luego sujetarlos y acabar con ellos.

Hinata respiró hondo, u-uno..., d-dos..., tres..., c-cuatro, cinco... Naruto estaba luchando contra todos ellos. S-Seis... Sakura se estaba encargando del sexto. Siete..., o-ocho..., nueve, d-diez..., o-once... Shikamaru se estaba encargando de los otros cinco. Alertada por lo obvio, alzó la vista hacia arriba, solo para ver que el doceavo enemigo se dirigía a toda velocidad a ella con cuatro shuriken envenenados en cada mano. Retrocediendo un par de pasos, logró esquivar los ocho proyectiles, solo para ser embestida por el sujeto. No escapó al Byakugan de ella, el arma que poseía en su espalda –probablemente- cargada de veneno. Agachándose a toda velocidad, intentó hacerlo trastabillar, pero este logró eludir la barrida de la pierna de la joven Hyuuga. Rápidamente, la chica intentó asestar un golpe cargado de chakra con su palma al pecho de él, pero este –una vez más- la eludió. Jadeando, Hinata miró preocupada por encima del hombro de su oponente a Naruto, al ver que otro de sus clones se evaporaba en el aire como si nada. N-Naruto-kun...

El hombre frente a ella, completamente cubierto en telas, logró darle un puñetazo de lleno a ella en el abdomen. Instintivamente, Hinata se dobló hacia delante de dolor. Entre tos y tos, lo oyó burlarse de ella —No deberías distraerte de esa forma.

Y repentinamente, sintió el codo de él impactando en medio de la espalda de ella, arrojándola de un rápido movimiento al piso, boca abajo. Tosiendo con más fuerza, Hinata enterró sus largos y pálidos dedos entre la arena, mientras el hombre continuaba golpeando con su pie una y otra vez la cabeza de ella. N-Naruto-kun... y-yo...

Y-Yo... n-no puedo rendirme a-ahora... Cerrando los ojos, intentó ponerse de pie. Solo para ser pateada nuevamente hacia abajo. Una y otra vez, el talón de él impactó contra la espalda de ella. Pero ella no se rindió, ni siquiera ante el dolor. Simplemente no podía hacerlo. No podía perder de forma tan patética, no delante de Naruto. No con todo su equipo mirando.
De reojo, observó como el hombre se preparó para introducir la hoja de su espada envenenada en ella. Poniéndose de rodillas, tosió y jadeó, y rodó a un lado. Solo para terminar acostada contra la espalda contra la arena. Arriba suyo, en el cielo, la primera estrella estaba apareciendo.

—¡Bien hecho Hinata! —la Hyuuga cerró suavemente los ojos. Una sonrisa agraciando sus delicadas facciones, ahora magulladas. G-Gracias Naruto-kun—. Cuidado, ponte de pie.

Abriendo una vez más los ojos, con el Byakugan ahora activado nuevamente, estiró la pierna hacia arriba y apartó al hombre que se alzaba sobre ella de una patada. La espada envenenada, cayendo a unos metros de la mano de él. Tambaleándose, Hinata volvió a ponerse de pie.

—Y-Yo.. no puedo p-perder —susurró, extendiendo el brazo y golpeando el pecho del hombre con la palma de su mano derecha. N-No con Naruto-kun mirándome... Hábilmente, dio un segundo golpe con la izquierda. Y-Yo no retiraré m-mis palabras...—. P-Porque ese e-es m-mi camino ninja...

El hombre abrió los ojos desmesuradamente mientras recibía un tercer impacto en el hombro derecho. Pero, justo en el instante en que Hinata iba a asestar el último golpe, su visión se nubló y erró terriblemente, cayendo hacia delante. Siendo, únicamente, detenida por el puño de su adversario impactando por segundas vez en su abdomen, lo cual la forzó a enderezarse de nuevo. Sin embargo, cuando iba a recobrar el equilibrio, la base de un pie impactó con demasiada fuerza en ella, arrojándola a toda velocidad y con toda violencia hacia arriba y hacia atrás. Esperando el impacto, Hinata cerró fuertemente los ojos. Pero este nunca llegó.

Algo áspero y cálido, y que se movía constantemente haciendo un ruido extraño y, no obstante, bastante familiar la detuvo antes de impactar bruscamente contra el suelo. Desconcertada, abrió los ojos. Parpadeando muy suavemente. Arriba, en el cielo, dos estrellas más se habían unido a la primera y la luz del sol se estaba desvaneciendo suavemente. El calor abrasador, poco a poco, estaba desapareciendo. Y la oscuridad estaba cayendo sobre el árido desierto. Con cuidado, aquello que la sostenía como si de un colchón se tratara, la colocó en el suelo. Arena, eso era. Al ladear la cabeza, Hinata observó la figura alta de un hombre cruzado de brazos. Sus ojos del color de la aguamarina, sumamente traslúcidos y rodeados de grotescas ojeras negras, fijos en los oponentes y la batalla desarrollándose frente a él. Su corta cabellera roja meciéndose muy suavemente a causa del viento. En ningún momento el hombre miró en su dirección. Hinata, aún recostada y adolorida, oyó la voz alegre de Naruto llamar al recién llegado.

—¡Gaara! —una segunda persona arribó, pasando por encima de ella montada en su gran abanico. El tercero, un hombre de rostro pintado, llegó segundos después manipulando una marioneta.

La mujer, de cabello rubio oscuro, sujeto en cuatro colas, descendió frente al Nara, sonriendo socarronamente —¿2 a 1, llorón? Siempre tengo que estar cuidándote la espalda.

El hombre se enderezó y se cruzó de brazos, fastidiado por la denominación que la pedante mujer que le había dado al instante de aparecer. Sin embargo, con un rápido movimiento de su abanico, envió volando a todos los adversarios con los que Shikamaru había estado luchando hasta el momento.

Él negó con la cabeza, mascullando –más para sí mismo que para ella-, dos breves palabras —Mujer problemática.

Temari rió y sonrió de lado. Mientras tanto, Kankuro, Sakura, Naruto y Gaara, acabaron con el resto de los atacantes. Hinata, a pesar de que había intentado con todas sus fuerzas ponerse de pie y sumarse al combate, no había podido. Cuando había logrado al menos recobrar el equilibrio, el Kazekage y sus hermanos ya habían acabado con todo el resto. Entristecida, suspiró y miró a sus pies como si estos fueran lo más interesante del mundo. Todos habían actuado bien y habían sido fuertes, habían resistido y habían logrado llevar a término el combate. Ella, sin embargo, había fallado y había sido arrojada patéticamente fuera del campo de combate como si solo fuera una molestia. Un estorbo. Quizá eso había sido, por eso el Kazekage la había dejado apartada, para que no se entrometiera mientras todos ellos combatían. Era probable, factible inclusive. Su padre creía que ella era débil, y un estorbo, ¿por qué no lo creerían también aquellas personas, siendo ellas mismas tan fuertes?

—Hinata, ¿estás bien?

La Hyuuga parpadeó. Delante de ella se encontraba Sakura sonriéndole amablemente. En el borde de sus ojos níveos, se acumularon unas cuantas lágrimas, pero no dejó escapar ninguna de ellas. Sakura era fuerte, era bonita y era admirable. Tristemente, Hinata no consideraba esas cualidades como propias. Ella no era igual de bonita, y no era fuerte. Y el solo pensamiento la abatía. ¿Por qué no podía ser simplemente mejor? Era como si, por más que lo intentara con todas sus fuerzas, no fuera suficiente. Nunca era suficiente. Y se esforzaba mucho, demasiado quizá. Pero nunca lo lograba. Como si siempre le faltara un poquito más para llegar a lo que debía.

—S-Si... e-estoy bien, S-Sakura-san. Gra-Gracias...

La próxima vez, lo lograría. Entristecida, Hinata bajó la mirada nuevamente. Si, siempre decía eso. Y aún seguía diciéndolo. Pero lo haría, si se esforzaba lo suficientemente, lo haría. Estaba segura.