1.
Renesmee estaba ansiosa, era el día de su cumpleaños y no paraban de llegarle obsequios de todas partes del mundo. La ansiedad que sentía, sin embargo, era producto de otra situación totalmente ajena a los regalos estrafalarios que estaba recibiendo.
No era una bebita, aunque el número de años biológicos que cumplía pareciera indicar lo mente y corazón eran las de una adolescente y fisicamente aparentaba ya casi quince años.
Observaba su reflejo en el cristal del gran ventanal de su casa, su cabello era largo y rizado, hasta la cintura, su cuerpo era atlético y delgado, aún no tenía mucho busto y sinceramente no esperaba que esa parte de su anatomía se desarrollase demasiado.
No era competencia para las hermosas mujeres vampiro de su familia, pero lo que realmente la mortificaba era el hecho de no ser nada comparada a las bellezas quileute de piel tostada y generosas curvas.
Suspiró con pesadez, tristeza y quizá con un pequeño pero significativo sonido de fondo; el de su corazón quebrantado.
Estaba enamorada, totalmente loca de amor por quien nunca se fijaría en ella. A pesar de que Jacob Black era una persona que la conocía desde su primer minuto de nacida, era su mejor amigo y quizá la persona en la que más confiaba en el mundo, estaba segura de que sus sueños y esperanzas nunca se materializarían.
Soñaba con una vida junto a él, quería que fueran novios, tener montones de citas, besos y luego el tan esperado momento; una perfecta boda bajo la luz de la luna. El sonido de las olas y la mueve brisa serian el complemento ideal.
Se golpeó con el puño un par de veces, todas esas eran fantasías tontas de niña ilusa. Jacob seguramente odiaría esas cursilerías y mucho menos aceptaría la idea de estar con ella, su hermanita, su niña. Nunca la vería como una mujer.
—Nessie, mi cielo—la suave y melodiosa voz de su madre la despertó de sus cavilaciones.
Nessie volteó en dirección a su muy joven madre.
—¿Qué ocurre mami?—intentó sonar normal.
—Te comportas muy rara desde hace unos días, me gustaría que confiaras en mi y me contras que te sucede amor.
Nessie había tratado de no hablar del tema con nadie, pero era pésima en disimular sus estados de animo, sin contar que todos ahí, con sus habilidades extrañas, podían saber a la perfección que llevaba días muriendo de amor.
—Estoy bien mami, en serio—aseguró de forma no muy convincente, para luego cambiar el tema radicalmente—, ¿han sabido algo de la abuela?
El rostro de Bella cambió radicalmente, llevaba mas de año y medio intentando localizar a su madre, sin éxito, Su marido Phill estaba igual de consternado, un día simplemente desapareció sin más.
Ni ellos con sus habilidades sobrenaturales había tenido éxito.
Vivía cada día con esa sombra, sin embargo aquel día haría una excepción, era el cumpleaños de su única hija, e intentaría estar contenta por ella.
—No, nada aún, pero la esperanza muere al final, tengo fe.
Nessie sonrió, ella también quería conservarla, después de todo ella veía la existencia de su madre y la suya propia como un autentico milagro.
La casa de Edward y Bella fue llenado de toda clase de invitados, el abuelo Charlie llego con un enorme regalo para su adorable nieta. Los vampiros amigos de la familia la felicitaron entre efusivos abrazos y besos.
Los quileute, sus amigos, le regalaron cosas muy bonitas, todas hechas a mano, entre todos destacó el regalo de Seth, una linda muñeca con el cabello de idéntico color al suyo.
Jacob su amado lobo, le obsequió un hermoso collar con un lobo y una gota, había una pequeña nota pegada a la linda cajita de madera.
Nessie:
Tarde meses en pensar que debía hacer para ti, nada era suficiente, finalmente me decidí por algo que nos representara a ambos.
El lobo, por su puesto, soy yo, y la gota eres tú.
Te preguntaras la razón, es tan simple que me hace reír, tu eres lo más puro y hermoso en mi vida, eres como la pura y hermosa agua del río. Eres lo más puro y cristalino que hay en mi vida. Eres indispensable para mi que realmente no imagino como seria el no tenerte cerca.
Te quiero pequeña, te quiero como no tienes idea.
Jacob.
Era verdad, la idea era tan simple que la hacía reír. Reír y llorar al mismo tiempo, todo por pura dicha. Era tan Jacob, todo. Desde la cajita de madera cuidadosamente tallada, hasta la idea del lobo y la gotita de agua.
La felicidad era enorme, y la esperanza, tal como decía su madre, parecía cobrar una inmortalidad en su corazón.
Nunca se rendiría y esa era la verdad. De alguna manera, se convertiría en la mujer de sus sueños, porque Jacob Black era el hombre de los suyos.
No pedía mucho a la vida, todo era perfecto. En realidad solo una cosa. Nessie recordó que era lo que faltaba para que la vida fuera perfecta. Y deseó tan fervientemente que en la mente de su padre, ella gritaba.
De alguna manera, querido Dios, deseo poder tener aquí a la abuela, para que mi familia este completa. Haré lo que sea, quiero que mi madre sea totalmente feliz de nuevo.
1.1
Eran vampiros experimentados, fuertes, poderosos y sabios. Al menos así se denominaban. Todos eran unas mierdas para Alexander, ya no le importaban. Hacía unos meses que había dejado de ser el indefenso híbrido que lloraba y suplicaba. Ya no sentía dolor, pena o algo. Ya no sentía nada.
Para esos vampiros él no era nada. Solo un experimento más. Joham y Estéfano eran unos vampiros que jugaban a ser dioses. En su corta vida había visto nacer y morir a infinidad de seres como él. Seres que no soportaron el terrible proyecto que esos dementes tenían preparados para cada uno de ellos.
La idea era buscar madres humanas que parecieran poder engendrar un potencial, a veces erraban de humana. Otras, como en su caso, acertaban.
Su madre humana resultó ser un contenedor estupendo, que engendró un ejemplar único y formidable. Era esa la manera en la que se referían a Alexander.
