Aquí dejándoles el segundo capítulo; ¡Disfruten!

El viaje había sido placentero, contándose entre sí los planes que tenían al terminar el año escolar y por ende, su carrera. Conversar con Hermione resultaba ser, en mayoría, agradable pues había momentos en los que su actitud de chica madura producía un ligero malestar en los oídos. No obstante, se podía decir que su amistad era sólida desde el día que se conocieron en la universidad.

La noche prometía mucho porque todo iba bien; el tráfico nocturno resultó casi inexistente, no tenían deberes por los cuales preocuparse y cuando Harry quiso aparcar el carro, encontró sitio al instante. Llegaron y entraron rápidamente al local, localizando con igual prontitud una mesa disponible, donde esperarían a por Thomas y su molesta actitud.

Apenas en ese momento, Harry reparó en la vestidura de su amiga: un vestido rosa que resaltaba muy bien su figura, con zapatillas altas de un negro brillante y su cabello finamente ondulado. Se veía hermosa. Más con la sonrisa que mostraba mientras le platicaba cuán deseosa estaba por visitar a su padres en las vacaciones.

Siendo honesto con él mismo, hubo un tiempo en el que se sintió atraído por Herms, pero después se acostumbró a la figura amigable y la comodidad que le proporcionaba su compañía dando como resultado la desaparición de sentimientos románticos. Estaba contento y satisfecho con ello. Era una muy bonita amistad la que tenían entre sí.

Pocos minutos después llegó Dean y entonces Harry, al verlo, comenzó a sentir bilis en la boca del estómago. Hermione también cambió su postura a una más rígida, con ligeras arrugas entre las cejas y clavando la vista en cualquier otro lugar que no fuera el recién llegado.

– ¡Ey! – saludó torpemente el moreno, dándole un beso en la mejilla a Hermione y estirando la mano hacia Harry – Perdón si los hice esperar, pero el conductor del taxi se perdió a unas cuantas calles de aquí.

– Pero ya nos honras con tu presencia – exclamó Harry con sarcasmo, ignorando olímpicamente la mirada reprobatoria de su amiga - ¡Vamos, hombre! Siéntate, que no te quedarás parado toda la noche ¿Cierto?

Dean hizo amago de sentarse a un lado de Hermione, pero Harry fue más rápido y ocupó el lugar, quedando en medio de la pareja. Al mirar a su amiga, notó que estaba realmente incómoda con la situación pero no hizo comentario alguno, tratando de salvar su integridad física, sino que se cruzó de piernas y miro alrededor, mientras le daba un trago a su bebida. Justo enfrente de ellos, estaba la pista de baile y a la derecha la barra, donde había una buena concentración de mujeres. El ambiente estaba bien, con el sonido de la música retumbando en sus oídos y montón de luces cruzando por sus ojos.

Dentro, comenzó a sentir una sensación de expectación. Hacía mucho que la escuela no permitía salidas de ese tipo, y definitivamente tenía que disfrutar.

– ¿Cómo siguió tu brazo? – Preguntó Hermione a Dean, pero agregó al ver que Harry no entendía a qué se refería – Él se lo lastimó en una de sus prácticas de tenis.

– Mejor, gracias por preguntar – entonces tomó la mano de Hermione por sobre la mesa y le guiñó un ojo.

"Ese insolente, se atreve a coquetearle frente a mí…" Harry estuvo a punto de soltar un ácido comentario, pero Hermione retiró prontamente la mano y sólo así se pudo controlar. Hasta que se le ocurrió una idea mejor.

– Bueno, Thomas, llevaré esta hermosa mujer a bailar – dijo al tiempo que jalaba a Hermione a la pista de baile – Cuídanos las bebidas.

Pronto se mezclaron entre la multitud y la incrédula mirada de Dean desapareció de su campo de visión. Harry se paró frente a su amiga y antes de comenzar a moverse al ritmo de la música, la examinó… y se encontró con la Hermione relajada que había estado en su carro y antes de que llegara su exnovio.

"No lo ama" Se dijo.

– ¿Cómo estás?

– ¿A qué te refieres?

– Uhm, ya sabes… – la tomó de la cintura y la acercó a él mientras dejaba que su cuerpo hiciera el resto – Tener a ese estúpido ahí, sabiendo que él intentará regresar contigo.

La chica se tomó su tiempo para responder. Tenía sus dos manos en el cuello de su amigo y movía las caderas con los ojos cerrados, meditando aquella conversación.

– ¿Hermione? – apremió el chico

– No estaba segura – le contestó cerca de su oído, haciéndose oír por encima de la música – Antes de que llegara no sabía si volvería a caer, pero ahora estoy más decidida que nunca a dejarlo atrás. – Harry le dio una vuelta y en seguida la atrapó entre sus brazos, para nuevamente hacerla virar.

– ¿Entonces estarás bien si te dejo a solas con él?

Vio cómo asentía y le alegró enormemente porque sabía que no podría estar todo el tiempo junto a Hermione, destruyendo cualquier intento de reconquista por parte de Dean. No la podría proteger cada minuto.

Siguieron bailando por unos minutos más, hasta que a Harry le dio sed y juntos regresaron a la mesa. Y ahí estaba Dean, mirando insistentemente en dirección a la barra, pero no se dio cuenta que ya regresaban hasta que estuvieron sentados.

– ¿Cómo les fue? – Hermione sonrió y Harry levantó el pulgar – Me alegro ¿Quieren algo de la barra? Voy a ir por un mojito

Hermione encargó otro igual, pero el azabache se negó, aclamando que aún estaba lleno su vaso, así que Dean se marchó muy contento. Harry, curioso y sabiendo que el chico iría hacía allá por algo más que un mojito, siguió con la mirada la figura del moreno y pronto descubrió el por qué tan solícito.

Llegó directo a donde estaban dos chicas. Una era rubia y de grandes ojos pero Harry no supo decir de qué color, a causa de la distancia y la escasez de luz. Pero no le prestó mucha atención ya que en ese momento Dean se inclinó a decirle algo al oído de la otra mujer.

Se le secó la boca.

Vestía un brillante vestido verde esmeralda y su cabellera pelirroja caía sobre el hombro tan sensualmente que sintió cómo su boca tocaba el piso. Largas y excitantes piernas que colgaban grácilmente del banquillo donde estaba y sus labios… ¡qué labios! Pintados de un rojo carmesí que, se dijo Harry, se veían que estaban hechos para besar de una manera poco inocente. Y cuando le sonrió al estropajo de Thomas, quedó embelesado por aquella sonrisa y… pero… ¡Un momento! inmediatamente sintió la cara arder… ¡Ese Dean! No merecía nada de aquello. Esa mujer hecha curvas, era demasiado para un idiota como el ex de Hermione.

"¡Pero tremenda mujer que es!" pensó el joven con animosidad.

Y justo en ese momento, ella dirigió la mirada hacía Harry. Se miraron por largo rato, hasta que volvió a mirar a Dean. Y eso al azabache le dolió. Le dio un largo trago a lo que tenía en sus manos y sopesó la idea de ir a donde estaba aquella joven.

No, no podría dejar a Hermione sola.

Suspiró largamente y regresó la mirada hacía la barra. Ahí estaba ella, mirándolo nuevamente, así que Harry, haciendo uso de su encanto, le sonrió coquetamente, y milagrosamente fue correspondido. Pero Dean, que había sido desplazado ligeramente, se dio cuenta que la pelirroja había puesto el interés en Harry. El mismo azabache vio cómo fruncía los labios y se retiraba de ahí, dejándole el camino libre.

– Hermione ¿Te importa si me marcho por un…?

Sin embargo, su amiga ya no estaba a su lado sino que a varios metros más allá, bailando en la pista con un tipo alto y rubio. Se preguntó cuánto tiempo habría estado ahí él solo, embobado con la pelirroja y tratando de ganarle la presa a Dean desde la distancia. Así que se levantó y de largas y decididas zancadas acortó la distancia que les mantenía alejados.

Al llegar se aseguró de saludar primero a Dean, que estaba pagando los mojitos. Naturalmente, éste le respondió de mala gana, gruñendo por lo bajo y murmurando algo sobre mal carácter. Al ver que el chico era causa perdida, dirigió la vista a las mujeres.

A su derecha, cada una estaba sentada en los banquitos de la barra, y la pelirroja le estaba dando la espalda, enfrascada en una plática con su amiga. Le llegó un golpe de inseguridad ¿Y si había malinterpretado las señales? ¡No! Caminó hasta ese punto, no podía retirarse sin haber hecho un mínimo intento.

"Estás realmente buena, linda" Aseguró en sus pensamientos, cuando le tocó el hombro desnudo y ella se dio la vuelta. Sí, era realmente hermosa, con esos ojos color avellana que le sonreían pícaramente. Harry saboreó cada milímetro de ese rostro.

– ¿Se te ofrece algo? – inquirió ella, con una ceja levantada y sonrisa enigmática.

– Tu nombre.

– ¿Disculpa? – la chica en cuestión se giró totalmente, quedando cara a cara con Harry – Para ser un total extraño, eres muy osado. Así que no, me parece que no te lo diré.

Harry se sorprendió ante tal respuesta, pero testarudo como era, se interesó aún más en esa conquista. Intentaría de otra forma.

– Bien, el nombre no es necesario si mi intención es invitarles una copa – dirigió la vista a la rubia y le dedicó una sonrisa, después regresó la mirada a la pelirroja y se acercó un poquito más. Esto podía ponerse muy divertido.

– Lo lamento, pero no has dejado de ser un extraño. – respondió con una sonrisa aún más grande, mientras la rubia se reía por lo bajo – La respuesta sigue siendo no.

– Así que eso de ser un desconocido es realmente un problema ¿Eh? – Sonrió de lado y le tendió la mano a la rubia, quitándole un poco de protagonismo a la otra chica – Mi nombre es Harry ¿Y el tuyo?

Dudó por unos cortos segundos, pero finalmente respondió:

– El mío es Luna.

"Así que la de ojos azules es Luna…" Harry, elegantemente, alargó la mano hasta alcanzar la de la chica y besarle el dorso, sin perder esos enormes zafiros de vista.

– Un placer, Luna. Me alegra que haya dejado de ser un desconocido para ti. Pero ahora me pregunto si… – en un rápido movimiento que sorprendió a ambas mujeres, tomó de la mano a la pelirroja y la atrajo a su cuerpo, mientras colocaba la otra mano en su cintura, impidiendo que se escapara. De esa forma, quedaron a un palmo de distancia – ¿Te molestaría si llevo a tu amiga a la pista?

Harry, emocionado, se aplaudió internamente ante la expresión de asombro de esa difícil chica. Y más contento se puso cuando Luna asintió burlonamente y una sombra de sonrisa apareció en los labios de la pelirroja.

La miró nuevamente, al momento que inhalaba el tentador aroma que despedía. Le clavó los ojos de manera insistente, sabiendo que ese desafío ciertamente valía la pena.

– ¡Oh, nena! – le susurró Harry en la oreja, con su voz ronca y saboreando cada palabra que su lengua pronunciaba – Cuando termine de bailar contigo, ya me habrás dicho tu nombre.

Después, manteniendo sujetas las manos, la condujo a la pista de baile. El show había comenzado.

Nota de Autora:

¡Hola, gente! ¿Qué les pareció? Síp, esas sospechas que tienen son ciertas: la mujer que Harry sacó a bailar es nada menos que… ¡Baaa!, viendo simplemente la sección de parejas ya sabrán quién es ;)

Les agradezco a todos aquellos que agregaron esta historia a favoritos y a following, y claro, también a todos aquellos que se dieron un tiempo para leerla. Sigo esperando sus comentarios para saber sus opiniones y todo lo que quieran decir, será más que bienvenido.

Saludos, y hasta la próxima. =)

D.S.