Constelación
By: LunaInvierno
Cáp.1 "Como lo dictaron los astros"
-Es hora…- susurró una voz en su odio e inmediatamente dirigió la mirada a la fuente, a un lado de él, su gemelo le devolvía la mirada, llenándolo de tranquilidad. Asintió y, tomados de la mano, avanzaron hacia la comitiva que, ataviados de ropas rojas con adornos dorados, les esperaban a la salida de su habitación.
Al llegar con las personas de escarlata, fueron vestidos con idénticos trajes blancos de alguna especie de tela suave, después colocaron unas guirnaldas de flores igual blancas en sus tobillos, muñecas y cabezas, en el cuello un largo collar de plata con piedras verdes, al parecer esmeraldas, los gemelos se dejaban hacer dócilmente, después de todo, ese era su destino, así debía ser…
Al terminar con la indumentaria, un grupo de mujeres grandes se acercaron a ellos y empezaron a acicalarle las rastas a su hermano, él veía fascinado esos largos mechones compactos de cabello, le llegaban casi debajo de la espalda pues las llevaba hacía años, eran parte de la profecía según sabia, obediente, dejó que le desenredaron el cabello y después que le aplicaran ese polvo negro alrededor de los ojos.
Siempre en ese orden…
Sin hablar, las mujeres los pusieron de pie y colocaron una especie de capa en sus hombros, entonces pudo ver su propia imagen en el espejo grande al fondo de sus aposentos y se sorprendió, ellos eran hermosos, eso siempre lo había sabido, pero ese día estaban deslumbrantes, ese día todo cambiaría… A su lado su hermano lucia la capa dorada, su rostro lozano y sus rastas le daban en aspecto de un clase de Dios del sol y él por otro lado, portaba una capa plateada, sus ojos enmarcados en negro y los adornos en sus cabellos dejaban claro su lugar, El Dios Luna….y hoy, hoy sería el día del eclipse.
-Es hora…- repitió su hermano, su gemelo, su sol… y tomados de la mano avanzaron al frente de sus custodios, los que los habían criado desde siempre, a cumplir con su destino.
Un sentimiento de excitación y temor le invadió, al frente pudo ver a toda la aldea, todos vestidos con ropas rojas, los hombres con adornos dorados y las mujeres plateados, frunció el seño levemente… ¿acaso se le consideraba una mujer? Su gemelo debía pensar lo mismo pues soltó una risita que sólo él escucho, acompañada de un apretón amistoso en la mano que sujetaba.
Unos tambores anunciaron el inicio de la ceremonia y asombrado vio como todos los ahí reunidos se arrodillaban y entonaban una clase de plegaria, molesto, frunció el seño, ese zumbido le disgustaba. Ante ellos se irguió el sacerdote de la aldea y empezó a relatar con voz misteriosa la leyenda… todo el ambiente era silencio y tensión, adoración y… asombrado descubrió en los ojos de su nodriza… ¿lástima?
Aburrido de ya escuchar ese cuento desde que tenía memoria, se dedicó a admirar la escena: las luces únicas de las velas, el aire oliendo a incienso y sudor, a su gemelo a su lado, tan imponente y resplandeciente, al chaman hablando sin parar… y toda esa gente.
El lecho que estaba al centro del recinto llamó también su atención, era sólo piedra y algunos gravados que no entendía, a ellos nunca les enseñaron a leer, desde siempre su única preocupación había sido comer y lucir hermoso, dormir y jugar con su hermano, como pasar todo el día frente al espejo… y la voz del sacerdote seguía llegándole en fragmentos:
–Al inicio de los tiempos…
Contuvo un bostezo.
–El padre Sol nos creó de la mano de su Luna…
Mirada cómplice con su reflejo
–Prosperidad para el pueblo, responsabilidad y honor…
Empezaba a sentirse sofocado por el calor y olor del incienso y velas. El tono en la voz del hombre que dirigía todo cambió, ya no era como de alguien que evoca un recuerdo…. si no como de alguien que reprocha.
–La avaricia de la Luna…
Frunció el seño desconcertado y vio que su hermano estaba igual, esa parte de la leyenda jamás la habían escuchado, así que atento al fin se encontró…
–A nuestro pueblo caro costo…
Los tambores se habían detenido y todos los presentes guardaban silencio irrompible.
–En pago por tan terrible afrenta, la Luna por un humano en sacrificio se profanó…
Abrió los ojos, impactado, al tiempo que escuchaba a su nodriza soltar un sollozo lastimero y las otras mujeres que los habían cuidado llorar en silencio.
Lo siguiente que ocurrió fue tan rápido que aún en la actualidad le costaba recordar con exactitud: Cuatro hombres de la guardia, los que siempre les habían protegido, los tomaban por la fuerza, dos a su hermano y dos a él, sin lastimarlos pero con firmeza, asustado empezó a gritar mientras el pueblo volvía a los cánticos sofocando su voz y la de su gemelo que clamaban desesperados una explicación.
Contuvo una queja de dolor al ser soltado sin delicadeza sobre el lecho de piedra en el centro, intentó levantarse de inmediato pero un par de manos sobre sus muñecas y tobillos se lo impidió, buscó desesperado a su hermano con la mirada y lo encontró siendo detenido por los dos hombres mientras el de rastas trataba, frenético, de soltarse y ayudarlo.
Unas lagrimas de impotencia, miedo y furia se formaban en los ojos de su gemelo, lo único que podía hacer era mantenerle la mirada a su hermano, como si con eso la situación mejorara, una sacudida poco amable le hizo terminar el contacto visual, otros hombres se encargaban de despojarlo de sus ropas mientras el sacerdote seguía proclamando que había que hacer el sacrificio para honrar al dios Sol… el cual no parecía muy dispuesto a este, pues seguía luchando por llegar a su gemelo sin mucho éxito.
Todo era borroso, las luces parpadeantes de las velas le mareaban y el olor a incienso y humanidad ya eran casi insoportable, más el dolor de sus articulaciones provocadas por como lo tenían sujeto y el frío… alarmado sintió como lo ponían de pie, pero su cerebro estaba muy nublado, ese humo tenía algo raro.
Sin saber muy bien qué ocurría, fue presentado totalmente desnudo ante el pueblo que gritaba sin parar algo que él no entendía, esos que siempre iban a adorarle junto a su hermano ahora parecían odiarle, su hermano… lo encontró lloroso gritándole, bueno, más bien a sus captores que lo dejaran en paz, sabía que debía estar haciendo lo mismo pero se sentía muy débil para moverse siquiera.
Delante de él se presento el sacerdote con un látigo de raíces, eso le llamo la atención, pero antes de poder siquiera formular su pregunta fue azotado por el látigo, el impacto resonó en todo el reciento secundado de los gritos de su hermano, los sollozos de las mujeres y la voz del chaman que decía sin cesar… "lo pagará con sangre y con alma"
No supo cuánto tiempo le estuvieron golpeando, sólo intentaba recordar qué de malo había hecho para ganarse ese castigo… nunca antes les habían siquiera levantado la mano y ahora sentía que moriría a golpes, ya ni siquiera se quejaba, sentía un escozor tras otro, lo único constante eran los sollozos de su gemelo que seguía rogando a que lo soltaran.
Cuando empezaba a perder el conocimiento los hombres lo soltaron, creyendo que ya había terminado la tortura intentó levantarse, más de una bofetada el sacerdote lo derribó una vez mas y ante su desconcierto se despojo de su toga, un verdadero terror le invadió adivinando lo que seguía.
-A eso se refería con profanar…- gritó su mente con asco, sin cuidado alguno lo sometieron bocabajo, y ante un nuevo grito de parte de su gemelo y de sí mismo, lo penetró con rudeza.
Si los golpes anteriores eran dolor… ahora debería estar muerto, su cuerpo ardía como si le hubieran prendido fuego ante la invasión, podía sentir como entraba y salía de él, haciéndole daño, sus rodillas se raspaban y golpeaban contra la loza a cada embestida y el hombre que lo ultrajaba recitaba como poseso su estúpido mantra, mientras el pueblo enardecido clamaba alegre, como si en vez de hacer una bajeza fuera un héroe… Intentaba pelear o defenderse, pero nada, ahora se lamentaba de no haber sido como su hermano y correr más, al menos tendría piernas fuertes para darle una buena patada al bastardo que le hacía todo eso.
Después de un tiempo de pensamientos delirantes y furiosos, sintió como el chaman se contraía y la humillación le pegó de lleno al percibir la esencia dentro de él.
Lo dejaron hecho un guiñapo un tiempo para después ser arrastrado por las llorosas mujeres hacia una habitación muy distinta a la que había compartido con su hermano hasta la fecha.
El mes que le siguió a ese día fue por mucho el peor de su vida, empezando por los tratos…. si antes era un príncipe con el mejor lecho y comida a su disposición, ahora sólo tenía un pedazo de celda y una comida al día que a veces ni siquiera tocaba, después, cada noche recibía la visita del chaman, y esos momentos, daría lo que fuera por poderlos olvidar.
A pesar de todo eso, lo que más lo preocupaba era su hermano, desde siempre habían estado todo el tiempo juntos y ahora no sabía nada de él, cuando fue llevado a ese lugar no parecían querer dañarlo, pero de ellos ya se esperaba todo.
Cada día pasaba con velocidad torturante, veía salir el sol a través de los barrotes como una burla de su propio sol que no creía volver a ver nunca más, se había quedado ya sin lagrimas y su mente, antes positiva e imaginativa, ahora estaba llena de resentimiento y pensamientos amargos, el más recurrente era el hecho de que habían "criado" a su hermano y él como si fueran animales… sólo para el sacrificio…
Un ruido en el exterior de su celda le hizo dar un respingo, miró por los barrotes y, desconcertado, vislumbró que la luna apenas estaba saliendo, generalmente no era "visitado" hasta que la noche era cerrada, intentó apartarse de la puerta de todos modos, mas una dulce voz lo mantuvo quieto.
-Bill…-llamó la voz y curioso intento ver al visitante en las sombras, nadie le llamaba así excepto… Tom, su gemelo, los demás tenían prohibido siquiera intentar ponerles nombre, dudaba que siquiera supieran.
-Bill, ven conmigo…- insistió la voz como un eco que se repetía en su cerebro y aunque la posibilidad de conocer al dueño era remota le siguió.
Se levantó tambaleante y aliviado se apoyó en su rescatador, quien a pesar de su baja estatura tenía muy buena agilidad y fuerza, estaban por salir por una parte que jamás había visitado en el templo cuando recordó.
-Espera… espera, falta mi hermano, no me puedo ir sin él, no puedo dejarlo. –exclamó, frenándose de golpe y casi llevándose al suelo a su apoyo.
-Sigue caminando, no tardan en ir a revisarte y si no salimos de aquí nos será imposible hacerlo después. -insistió la voz tratando de forzarlo a caminar.
-No lo entiendes… no puedo dejarlo solo…-sollozaba Bill, tratando de hacerse entender.
-Tom está bien. -respondió la voz y sin comprender por qué, le creía al desconocido. Siguió avanzando.
Tuvieron que cruzar el templo a oscuras y sin hacer ruido, Bill tropezaba a cada tres pasos pero su guía parecía conocerlo bastante bien.
Cuando estaba por caer de agotamiento escuchó su nombre por tercera vez.
-¡Bill! -exclamó una amada y conocida voz, sorprendido, enfocó la vista justo a tiempo para ver el rostro de su gemelo que lo abrazaba tan fuerte que creyó le rompería los huesos todos de un tirón, su misterioso rescatante pareció opinar lo mismo pues los separó pacientemente y les rogó que siguieran caminando.
Los gemelos se limitaron a tomarse de las manos, que a pesar de la exagerada delgadez con la que Bill contaba ahora, seguían encajando a la perfección, anduvieron unos trescientos metros en penumbras cuando escucharon un fuerte grito seguido de muchos otros y movimiento sin parar.
-Nos descubrieron…- explicó su guía y los apresuró más, la noche se vio cortada por luces que se encendían y ruido producido por la búsqueda.
No supo de dónde pero, ayudado por su hermano y su salvador desconocido, logró correr con la suficiente rapidez para resguardarse en una cabaña que si no fuera por el guía jamás hubieran visto.
Una vez dentro de la fortaleza, su ayudante se quitó la capucha y para sorpresa descubrieron una guapa mujer de unos treinta años, sus agraciadas facciones y cabello rubio les hicieron dudar seriamente que su rescatador y esa mujer fueran la misma persona, el gemelo de rastas vio con una punzada de tristeza que ese hermoso rostro estaba marcado por la amargura y una fea cicatriz que le atravesaba el ojo izquierdo y otra cerca del cuello siguiendo la línea del hombro, su hermano pareció notar lo mismo pues levanto la mano libre como si quisiera darle una caricia, más se contuvo.
La mujer pareció enternecerse con el gesto pues esbozo una leve sonrisa, un simple fruncimiento de labios más bien dicho y enseguida se dirigió a la que parecía ser la cocina para preparar algo que les olía como un té.
En todo el proceso la mujer sólo tarareaba una canción que les sonaba de algo y los gemelos se sentaron, exhaustos, en el suelo sin atreverse a hacerlo en las desiguales sillas que adornaban la pequeña estancia.
Escucharon un silbido y asustados buscaron la fuente, vieron que su salvadora sonreía marcadamente y tomaba una especie de jarra de donde brotaba el té, sirvió el humeante líquido en tres tazas y las llevó hacia los hermanos que las recibieron agradecidos. La rubia los miró desde arriba y enarcó la ceja al verlos sentados en el suelo, pero se limitó a tomar un cojín, ponerlo en el piso e imitarlos.
Pasaron unos minutos en silencio, disfrutando de la quietud, el silencio y el té, a pesar de no estarse tomando de las manos, los gemelos estaban tan cerca el uno del otro que si fueran otras personas sería incómodo, ese motivo en vez de extrañar a su anfitriona, la hizo sonreír aún más.
Tom podía sentir como su hermano se empezaba a inquietar, Bill solía ser bastante hiperactivo, soltó un suspiro y al fin se atrevió a hacer la pregunta que les venía comiendo la cabeza a él y a su hermano desde que esa mujer llegó a sus vidas.
- ¿Cómo sabe nuestros nombres? -soltó a bocajarro para recibir la mirada fija de la mujer y un codazo de su reflejo. Hay que decirlo, ser sutil no era lo suyo.
En vez de ofenderse la mujer sonrió tímidamente una vez más, después se puso seria y se dedicó a analizar su taza como si fuera la mejor obra de arte de su vida, cuando ambos hermanos pensaron que no les iba a responder, levantó la vista y contesto:
-Eso… es porque yo se los puse.
¿Revews?
