N/A: Esto es para ti que estás leyendo esto, ¡SI TÚ! Me veo en la necesidad de contar el cómo surgió esta historia y bueno surgió durante la escuela en una de mis clases de Literatura Medieval, mi profesor comentaba las jarchas, y claro no me pondré a explicar que es eso exactamente pero el dijo: ''En la edad media las monjas eran todo, menos santas''.
Claro que lo corroboró con un argumento enorme, que no es el momento de explicar. Sin embargo, soy una chica religiosa, y como muchos de ustedes sé que el tema religioso es demasiado TABÚ y se evitan a toda costa tocarlo, personalmente creo que los tabús jalan mucha gente, sin embargo, en este fic nos encontraremos con cosas muy detalladas.
Aunque mi amigo D. diga que debo llenar el fic de sexo en la iglesia, no D.
Sí quieren un fic con tabús, historia, lemmon y amor bienvenidos
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El confesionario II
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Ni siquiera te conozco, pero siento una necesidad de hacer lo que sea
Indispensable y correcto
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Estaba deshecho, nunca en mi vida había estado más cansado que hoy, realmente me había costado levantarme a las cinco, me sentía como un costal de papas mientras rezaba y me golpeé el pecho tantas veces como fueron necesarias para sentir mi mente limpia y mi corazón frenarse.
Organizar misas no era la gran cosa, solo debías pararte ahí, entregar los folletos, leer los salmos y salir a vender a la hora del final. No era nada difícil, sin embargo, me sentía fatal, y sabía más o menos la razón. Era lunes por la mañana y yo tenía que trabajar como normalmente lo hacía, pero Mina llegaba tarde y ella era quien tenía las llaves.
—Hermana Erin — Dijo con una voz poco familiar.
— ¿Hermana Mina? ¿Pero qué te ha pasado?
La miré de arriba abajo, estaba temblando y tenía las mejillas rojas, lo supe de inmediato: estaba enferma, salir tan bruscamente del convento nos hacía enfermar, y a Mina le había pegado una santa gripe este domingo. Abrió la puerta de la biblioteca y así entramos a nuestro pequeño despacho, yo caminé a mi escritorio y ella a su mostrador, pero antes se aseguró de abrir la puerta de madera que daba a la biblioteca.
—Hermana Mina, estás muy enferma… deberías descansar por hoy — Que mala suerte tenia al enfermarse a principios del otoño, el invierno sería difícil este año.
—No hermana, sé que puedo hacerlo — Tosió y estornudo al mismo tiempo, me sentí más fatigado, seria horrible trabajar. Seria horrible enfermarme también.
—No hermana, enserio ve a la cama, yo me encargaré de todo por hoy.
— ¿Enserio?
—Por supuesto — Le sonreí atentamente —. Descuida no tocaré tu trabajo, estará aquí esperándote mañana, pero cuando vuelvas debes sentirte mejor.
—Muchas gracias — Dijo la hermana Mina tomando las llaves y dejándomelas en las manos —. Discúlpame por haber dejado todo este desorden, pero mañana lo arreglaré.
Asentí y la conduje a la puerta, salió sobándose las manos y tosiendo con ímpetu, realmente me apenaba que la pobre estuviera enferma, yo apreciaba mi trabajo y sabía que de no estar trabajando en la correspondencia estaría rezando más de lo normal, por eso a nadie aquí nos gustaba estar sin hacer nada. Ella iba ahora a su habitación a descansar, pero descansar y rezar al mismo tiempo era pesado.
Después de todo la pereza era un pecado.
Y yo no quería pensar en nada de pecados ahora mismo, porque sentía que este año me tocaría dar una buena penitencia de rodillas hasta la montaña más alta, con espinas en las rodillas. O tal vez irme bailando con los pies descalzos. Me merecía un buen castigo, mi alma de pecador me traicionaba ¡Yo era un hombre!
Pero gracias a Dios, no volvería a cruzarme con ese hombre jamás en mi larga vida de monja, no quería volver a rezar durante tres horas frente al altar pidiendo que Dios me perdonara por haberme hundido en esos ojos plata. Por haber caído ante las tentaciones… ¡Pero tú eres hombre! Me repetí a mí mismo tantas veces.
Miré al mostrador de Mina y me di cuenta a lo que se refería, era cierto, había dejado tanto desastre que las hermanas se molestarían si vieran algo así, había libros regados por todo el mostrador y hojas sueltas sin acomodar, dejé a un lado mi costal con cartas y caminé hasta el mostrador, metí todos los libros que pude al carrito y tomé un índice de libros. Seguramente Mina me mataría por hacer parte de su trabajo, pero no se puede trabajar en un ambiente tan desordenado.
Moví el carrito con dificultad y crucé el gran portón de madera que separaba nuestro despacho con la biblioteca central del convento, no me detuve mucho a observar la biblioteca porque la conocía de memoria, de niño había pasado tanto tiempo aquí leyendo sobre religión que sabía en donde iba todo a cada momento.
Estantes y estantes de madera adornaban la biblioteca mientras que la alfombra verde resaltaba enormemente con la pintura de las paredes que eran doradas, sin embargo, nunca me atreví a preguntar si se trataba de oro puro o simples imitaciones. Dejé el carrito cerca de los estantes de ''DIFT.56P098'' una de las secciones más difíciles de organizar, pero supuse que no sería un problema para mí.
Tomé los libros y poco a poco los fui colocando uno tras otro, donde la clasificación me lo pedía, ninguno se alejaba mucho uno del otro, y sin querer me fui adentrando en los pasillos más alejados de la biblioteca. Cargué la última colección de libros que se encontraban acomodados en una clasificación aún más alejada y me concentré en dejarlos en sus respectivos lugares.
''Este está muy alto'' pensé al ver la clasificación y efectivamente miré arriba y su estante se extendía por lo menos unos 70 centímetros más que mi altura, a pesar de que al ser hombre yo era un poco alto, lo tomé entre mi mano y me puse de puntillas para intentar colocar el libro en su estante, pero fue infructuoso tuve que recargarme en el estante para poder acercarme más, dada la inestabilidad lo sentí tambalearse, me solté apenas cuando lo había logrado meter.
—Diablos — Dije dando un brinco y cayendo de rodillas al piso, era eso o tirar un estante entero.
—Pensé que las monjas no podían maldecir— Mi corazón dio un brinco. Retrocedí instantáneamente ¿Quién era esa voz? ¿Era el demonio mismo, que me había escuchado maldecir?
Me persigné tres veces.
—Dios mío, perdóname — Susurré cerrando los ojos y sentí el libro, que recién metí, caerme sobre la cabeza.
Una risa entrecortada me sacó de mis plegarias y miré hacia arriba, ahí estaba, imponente como un verdugo que venía a flagelarme con ese maldito traje negro y su gorra en las manos, guantes de piel y unos ojos aburridos.
Me levanté como pude, me sacudí y arreglé todo de mi atuendo, luego, rojo de vergüenza, suspiré aire para mirarlo con furia.
— ¿Qué haces tú aquí? — Me acerqué hecho una furia —. Usted no puede estar aquí.
—¿Qué acaso las monjas no son santas? ¿Acabas de decir diablos?
—Santo dios, cállate — Supliqué haciendo un gesto para que bajara la voz —. Estás en un convento.
El sujeto sonrió mostrando unos dientes blancos apenas visibles riéndose de su propio chiste, pero mi corazón estaba hecho trizas. Sentí la necesidad de salir corriendo, pero me detuve al ver sus manos llenas de mis preciosos libros, cosa que me puso furioso y alerta.
—No puedes tomar eso, por favor devuélvemelos — Supliqué en tono bajo.
— ¿Qué con esa voz tuya? — Me tomo de la barbilla —. ¿No es un poco gruesa?
Me aparté de su mano sintiéndome presa del pecado horrible de haber sido tocado pecaminosamente por otro hombre ¡Por otro hombre! Dios mío perdóname, pero a la misma vez me cubrí la boca y dulcifiqué mi voz lo más que pude. Siempre que estaba molesto descuidaba mi tono de voz, que efectivamente, podía ser bastante grave.
— ¿Cómo has entrado? ¿Qué haces aquí? — Suspiré frustrado y di la vuelta mirando la puerta de la biblioteca.
—La puerta estaba abierta, si está abierto puedo entrar.
—No, no puede… este lugar solo puede ser observado con una cita…
— ¿Acaso nunca te callas?
Me quedé callado de golpe, como si me hubiera abofeteado con su bonito guante de piel, mientras el hojeaba un libro precioso sobre Dios y los ángeles y la anatomía física de estos, me sentí sonrojar hasta el infinito cuando volvió a mirarme. Giré el rostro con habilidad ¿Por qué estaba tan perturbado?
—Estaba buscando la oficina central y entré cuando escuché ruidos, luego te vi caer…
— ¿Quién eres tú? —Pregunté aún cubriéndome la boca.
— ¿Qué quién soy? — Se tocó la barbilla y devolvió uno de los libros —. Que buena pregunta… quien seré…
—Por favor deje de mentirme. ¿Es usted el capitán?
—El capitán Ackerman — Explicó y dejó el otro libro —. Levi, Ackerman.
—Capitán Ackerman, sí usted necesita ver a la madre Nanaba yo lo guiaré — Me ofrecí con la única intención de sacarlo de la biblioteca lo más pronto posible, pero él no se veía muy interesado en mi propuesta.
— ¿No eres muy joven para estar aquí? ¿Qué edad tienes 17? — Preguntó dejando otro libro y tomando uno nuevo, hizo una mueca de extrañeza y lo dejo en el mismo lugar, tomo otro y repitió la acción.
—Precisamente — Suspiré ¿Acaso no quería mover ni un musculo? —. Tengo 17 años, ya le he contestado ¿Puedo guiarlo ahora?
— ¿Cuál es tu nombre, hermana? — Su tono socarrón me sacó de quicio y también sonaba burlón, como sin detenerse a pensar —. 17… sí que eres joven.
—Soy la hermana Erin — Por alguna razón, aunque estaba furioso sentí una necesidad de preguntarle su edad, tenía muchas ganas de saber a cuantas personas había matado este hombre a su corta edad —. ¿Usted qué edad tiene?
El capitán me miró sorprendido alzando las cejas y después sonrió viendo otro libro, esta vez comenzó a caminar y me dio una palmada en el hombro, en cuanto me tocó un escalofrió me pidió que retrocediera tan rápido como pudiera, pero él fue más rápido y quitó su mano dándome la espalda.
—No lo creerías ni, aunque te lo dijera — Aseguró.
Pero yo era más listo, supe que quizá no quería decirme su edad.
—Está bien. — Caminé tras él y creí que ya iba a dejar que lo guiara hasta la oficina de Nanaba, o eso pensé hasta que se detuvo en otro anaquel.
¿Es enserio? Dios mío, porque me has enviado semejante cabezota, seguramente quieres probar mi paciencia ¿Es eso verdad Dios? No me iba a exasperar, tenía que cuidar mi tono de voz.
—CAPITAN — Suspiré frustrado intentando no alterarme —. ¿Podemos irnos ya?
—Tengo 28.
— ¿Qué? — Estaba mintiéndome, ¿28 años? El hombre se veía de mi edad, tenía la piel tan fina que se me hacía increíble creer que estaba por llegar a los treinta.
Hizo una mueca de asco y entornó los ojos al leer un poco del texto que tenía en los manos, ver sus muecas me daba coraje, sabía a leguas que no le interesa nada de eso entonces: ¿Porque se detenía tanto tiempo a leer?
—Sí no le interesa, puede dejarlo aquí y yo le llevaré con… — No me dejó terminar pues ya había dejado uno de los libros y tomado otro, analizó la portada un par de segundos y me miró con sus labios rosas fruncidos… sus labios tan rosas…
— ¿Cómo iba a interesarme? Esto es pura mierda religiosa — Hizo una mueca y sacó la lengua, asqueado, una pequeña lengua rosada delicada, cubierta de saliva que dejó un delicioso rastro a su paso.
Moví la cabeza con violencia y me cubrí las mejillas al sentir que me ponía todo colorado, ¡Es un hombre! Esta noche rezaré 50 padre nuestros.
—Muchos investigadores quisieran entrar para averiguar sobre... — De nuevo no me dejó terminar, volvió a mirarme con sus largas pestañas negras ondeando el aire como si de abanicos se tratara.
—No, no soy un hombre de religión — A pesar de su seductor rostro, su voz era firme y cortada, sin embargo no me dejé impresionar y rodé los ojos.
—Oh ya veo ¿Eres un hombre de ciencia? — No estaba en contra de la ciencia, por supuesto que no, pero los hombres de ''ciencia'' buscaban cualquier excusa para ponerse en contra de la religión.
A mi parecer eso era una bobería total.
—Soy un hombre… De guerra — Informó dejando el libro y caminando un par de estantes más cerca de la puerta, si seguíamos así pronto estaríamos en la entrada.
Dios mío, este sujeto es un ignorante, pensé al escucharlo hablar ¿guerra? Eso era lo mejor que podía decirme, era un asesino suelto, y con permiso de asesinar todo lo que quisiera.
—Pero aun así vienes aquí a buscar una hermana para tu madre ¿Ella si es una mujer de fe? — Pregunté entre queriendo atacarlo y darle a entender que, en cuanto a información, no me encontraba por debajo de él.
En un principio se mostró sorprendido, lo supe porque su ceño fruncido dibujó una arruga extra en la frente blanca pero la relajó de inmediato como si una chispa de intuición apareciera bruscamente en su cerebro.
—Si, ella lo es. ¿Cómo lo sabes? — No me miró y admiró uno de los libros más grandes que hasta ahora parecía haber llamado su atención, de alguna forma sentí que solo tomaba los que le parecían más viejos y extraños.
No era raro que los rechazara con una mueca y la mano en la cintura, sin embargo, cuando estuve a punto e hablar el no soltó el libro, se vio un poco más interesado. Pero solo un poco.
—Trabajo en la correspondencia.
—¿Hermana Erin? — La voz surgió de la puerta como si esperara una respuesta inmediata, comencé a sudar frio.
¿Cuántas reglas había roto en menos de una hora? Estaba en la biblioteca con un extraño, cuando se supone que nadie debía entrar, había estado a solas con un hombre, cuando se supone que con trabajos debemos hablar con ellos. Me sentí el peor idiota del mundo y comencé rezar por mi alma libre del pecado y también rezar para que ese sujeto soltara el libro antes de que la madre Nanaba lo viera.
—Oh dios mío — Me puse las manos en la cabeza con desesperación —. Dame eso…
Sujeté el libro de la orilla y lo jale hasta mí, pero el capitán no lo soltó y volvió a jalarlo hacia sí, yo repetí la acción con más fuerza y miedo de romperlo, logrando únicamente que ambos nos diéramos un golpe con la fuerte tapa del libro café en la barbilla. Ambos lo soltamos y el libro cayó al piso delatando nuestra ubicación exacta.
—Hermana… ¿Erin? — Pregunto la madre Nanaba ya cerca de nosotros deteniéndose a mirar al capitán y a mí, y por ultimo al libro en el piso.
—Yo solo estaba queriendo llevar al capitán… — Comencé a excusarme de inmediato levantando el libro del piso y sacudiéndolo con el ímpetu por los aires. Sintiendo que ninguna palabra sería suficiente para explicarme.
— ¿Usted es la madre Nanaba? Necesito hablar con usted — El capitán me dio la espalda y vio a la hermana con superioridad.
Esta se vio intimidada de pronto y dejó de mirarme para centrar toda su atención en el hombre de cabellos negro, que se mecían al compás de la suave brisa invernal, que se había filtrado al entrar la madre Nanaba, me quedé boquiabierta al ver como la madre Nanaba reaccionaba ante las duras palabras. Y su sumisión ¡sumisa como chiquilla!
—En un momento lo atenderé capitán… — Explicó señalando la puerta de la biblioteca e invitándole con la mirada a salir, sin embargo, antes de que el capitán diera un paso más la madre me miró con severidad y supe que la reprimenda sería inminente.
—¿Qué sucede contigo? — Susurró de forma apenas visible y más bien sentí que había estado leyendo sus labios en vez de escuchar sus palabras
El capitán dio un paso hacia enfrente pero antes de caminar se giró y también me susurró algo, mi mente viajó al instante en el que lo vi cruzar el portón de la iglesia, cuando me perforó el alma con sus ojos y susurro sin que yo pudiera entender lo que salía de su boca.
—Ya veo que no eres tan sumisa como las otras.
Me puse colorado y el capitán salió a paso firme del lugar dejando a la madre Nanaba muy por detrás. Esta ya no me miró y siguió al capitán lo más rápido que pudo dejándome solo en la inmensidad de mis pecado y sentimientos encontrados
¿Qué demonios estoy pensando? Me golpeé en la frente por volver a maldecir y me puse de rodillas de inmediato comenzando a rezar lo primero que se me ocurrió, quería llegar a tomar la biblia y golpearme contra un poste.
Mi corazón aun no recobraba su ritmo.
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Es algo como un código, sí. Y tú te has estado acercando más y mas
Y cruzando muchas líneas.
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— ¿Capitán Ackerman me está escuchando?
No la miré, realmente no es que no la estuviera escuchando, pero sabía que si la miraba ella se asustaría, más de lo que estaba y quería evitarme los malentendidos, no era mi culpa tener este rostro la mayor parta del tiempo, soy un soldado, ¿No?
—La estoy escuchando — Giré el mentón un poco hacia ella.
Suspira frustrada, parecía que hoy todo el mundo se sentía frustrado conmigo, así que solo quise evitarme las largas platicas y sermones y fui al grano.
—Necesito que una de ustedes vaya a cuidar a mi madre, no aceptaré un no por respuesta — Inquirí.
La madre me miró de arriba abajo y se detuvo en mis ojos, desvié la mirada, evitando el contacto visual a toda costa, si ella decía que no, entonces las miradas comenzarían. Solo comenzarían.
—Capitán Ackerman, debo decirle que nuestra especialidad no es cuidar enfermas. Pero como es usted, no podemos negarnos a nada ¿Si? ¿Soldado más fuerte de la humanidad?
Muy bien ella se lo había ganado, la miré de forma ansiosa, fruncí el ceño y crucé los brazos sobre mi pecho. Ella de inmediato notó mi reacción, se quedó callada esperando que dijera algo más y cuando no lo hice supo que le estaba dando la afirmación. No podía hacer nada y si, era el soldado más fuerte de la humanidad.
Quizá solo de Alemania. Pero ese era el título, fin.
—Una hermana llegará su casa mañana mismo, capitán Ackerman — Afirmó la monja.
Sentí el impulso recorrer desde la punta de mis pies… cruzando mi espina dorsal y detenerse en la punta de mi cabello, como cuando la adrenalina se dispara dentro de ti y no puedes hacer nada más que dar arcadas mientras un sudor frio te recorre la espalda, tus manos tienen una necesidad fría y quieres cerrar los puños.
Lo sentí a la perfección.
—Quiero que vaya la hermana Erin.
Jamás en todos mis años como soldado me había imaginado que pondría semejante expresión. Se le contrajo el rostro, quería negarse, lo supe, pero no lo hizo sus labios se mostraron dudosos y aproveché esa ranura para colarme en ellos y sugerir que no aceptaría un no por respuesta
—Pero… la hermana Erin, ella no… ella no puede.
¿Acaso estaba enferma? Me había dado la impresión de ser una mujer sana, además de testaruda. Pensé que si de por sí era difícil tener a una religiosa en mi casa con dos me sentiría muerto, pero sí era ella… realmente comenzaba a sentir que no me molestaría tanto.
—Si no le dice usted, se lo diré yo mismo. Y no esperaré hasta mañana para hacerlo.
—Aguarde, aguarde — Pidió levantándose con las manos casi frente a mi rostro —. Yo se lo diré, le daré explicaciones no se preocupe. Solo no la perturbe.
— ¿Está enferma?
La madre Nanaba suspiro por la bajo y murmuró algo que apenas alcancé a oír ''podría alterarse mucho si lo sabe''.
—No está enferma - Contestó con la mirada baja —. Ella es una muchacha muy especial, muy privada… ella necesita ciertos cuidados que las demás no, si usted desea tener a una hermana más sencilla la pequeña Sasha…
—La quiero a ella. No es sumisa, no quiero un perro. Ni siquiera es para mí — Me aclaré la garganta —. La quiero a ella.
La madre Nanaba miro a todas partes menos a mí, como si las cruces en la pared le fueran a dar las respuestas a sus plegarias, pero no pudo encontrar ninguna palabra en su Dios después contempló mi rostro, asintió con lentitud y cayó de nuevo desganada en su silla.
Asentí también. Me levanté, me coloqué la gorra y di media vuelta.
—La esperaré mañana en mi casa. A las doce— Finalicé y salí del convento con una sensación extraña en la punta de los dedos.
''La quiero a ella''
N/A: ¡Si, otra vez! Esta vez comentando dos cosas, las separaciones ahora estarán señaladas con las letras en negrita que por cierto forman parte de la canción que más me inspira para este fic, así que las frases de la canción se repartirán para señalar la división entre una parte y la otra.
Respondo reviews:
Subaru: ¡Hola! ¡Mucho gusto dime Allie, o Allie-chan! Como te acomodes, que bueno que te gusto… ojalá cumpla tus expectativas, y claro que intentare actualizar lo más pronto posible. ¡Eso casi siempre sucede en fines de semana! Ojalá también leas este capítulo :3
Michelle: ¡Hola! ¡Muchas gracias por el review, respondiendo a tu ´pregunta, yo soy ERERI DE CORAZON de hueso colorado! Sin embargo, creí que conforme a los papeles esta historia merecía con todas las de la ley ser un RIREN, finalmente creo que los ereri y los riren son buenos. Qué bueno que te gusta, sigue comentando, yo seguiré respondiendo: D
Jeaninne: ¡Muchas gracias enserio… oh si te aseguro que este fic será muy pecaminoso y lleno de lemmon! Jaja y aquí está la actualización, soy rápida cuando estoy inspirada. ¡Seguiré esperando tus reviews, mucho gusto!
¡Y un saludo también para los que siguieron la historia y no dejaron review! ¡Pienso en ustedes mis silenciosas!
