¡Muy buenas!
Espero que os guste este capítulo, que me he esforzado por escribir rapidito xD o/
Gracias por leer y disfrutadlo~~

Kise Ryota no era empalagoso. A veces pedía cariño como un gato, pero no era romanticón ni moñas.

Salvo en San Valentín. Durante San Valentín, Kise se quitaba los limitadores y se convertía en una masa viviente de dulce algodón azúcar.

Posiblemente cualquier otro se habría sentido halagado por sus atenciones, contagiado por el afecto demostrado. Pero Aomine no. Por eso, cuando un ramo de dieciocho rosas rojas (misma cifra que su edad) llegaron a su casa, fue directo a por su móvil para recibir explicaciones.

"Un novio debe regalar rosas a su pareja durante el día del amor", escribió Ryota por WhatsApp.

Ay, mente inocente. No contó (ni se le pasó por la cabeza) que el orgullo masculino de Aomine explotase como Coca-cola en contacto con un caramelo de fin y al cabo: ¿No eran las mujeres quienes recibían flores? ¿Significaba eso que Kise era "el hombre" de la relación? ¿El mismo Kise que, semana tras semana, se hacía la manicura y pedicura en un centro de estética? Ni hablar.

Conclusión: Demostró su carácter maduro hablan- Hizo caso omiso del teléfono (y con ello de Kise) durante toda la mañana. Por desgracia, sus compañeros de clase no.

"Aomine-kun- susurró uno- Te está vibrando el móvil".

"Pss, creo que te están llamando".

"Tío, apaga el vibrador".

¡Qué manía con meterse en asuntos ajenos! ¿No podían dejarle en paz?

Al final, durante el mediodía su curiosidad le animó a abrir el teléfono. La lista de mensajes y de llamadas era más propia de un acosador que de una pareja, y Aomine se sintió tan irritado que a punto estuvo de tirar el móvil por la azotea. Pero ¡ah, bendito baloncesto! Desfogó su enfado en la cancha con el ardor de mil soles y el sudor de las cataratas del Niágara. Gracias a eso, cuando vio que su novio le esperaba a la salida del centro, ya de noche, estaba lo suficientemente cansado como para no enfadarse. De hecho, se sintió un poco culpable. ¿Por qué tenía que poner esa cara de preocupación? ¡Si la culpa era suya!

Cuando llegó a su lado, el rubio cambió la cara e hizo un mohín, enfurruñado.

- ¿Por qué llevas ignorándome todo el día? -preguntó.

Muy bien, Aomine. A ver cómo dices: "Me ha molestado que me regales flores porque me he sentido como la chica y yo soy muy hombre" sin que suene idiota e inmaduro.

- No me gustan las flores -respondió mirando la calle. Continuó andando.

El rubio frunció el ceño y le siguió.

- ¿Y ese es motivo para pasar de tu pareja el día de San Valentín?

El moreno abrió la boca pero no respondió. Se rascó la cabeza. Ahora se sentía avergonzado.

- Yo qué sé.

El rubio le cogió el brazo, obligándole a mirarle a los ojos, y le dijo con seriedad:

- Dime qué te pasa, Aominecchi.

El aludido chasqueó la lengua, apartando la vista.

- Lo siento, ¿vale? Me he comportado como un idiota. ¿Podemos dejar el tema?

Ante eso, Kise relajó el rostro y sonrió.

- No. Venga, dime qué te pasa. No te pongas cabezota en San Valentín.

¡Quién tuviera un Midorima a mano para que le diera la charla sobre "fiestas comerciales" y "el consumismo"! Aomine se mordió la lengua antes de soltar cualquier bordería. Ryota le ponía ojitos, como un perrito abandonado buscando un nuevo amo. El muy condenado sabía que eso funcionaba con él.

Suspiró.

- Como te rías de mi, te pego. -Calló un momento- No quiero que me regales flores, no me gusta. Las flores se regalan a las chicas y yo soy un chico. A lo más, quizá debería ser yo quien te las regale a ti, pero tampoco me gusta San Valentín.

Un segundo de silencio. Después, Kise amortiguó el estallido de risa apretando los labios, aunque era audible. Aomine le pegó con el puño en la cabeza.

- ¡Te dije que no te rieras!

-Ay, pffff -El rubio se encogió mientras se cubría la cabeza- Es que... Aominecchi, eres muy tonto a veces...

- ¿¡Cómo has dicho, idiota!?

- Gomen, gomen -se disculpó Kise riéndose- No pretendía ofender tu... instinto de macho. Creí que había pasado alguna cosa.

Aomine desvió la mirada, enfadado.

- ¿Qué más iba a pasar? Estamos bien, idiota.

Kise se irguió, picado.

- ¡Ahora no disimules el tema metiéndote conmigo!

El moreno le empujó.

- Calla.

- Aominecchi... -comenzó Ryota mientras se ponía frente a él, buscando sus ojos- Escúchame: Sé que eres masculino, me gusta que lo seas y no lo pretendo cambiar. Que salgas conmigo no implica que vayas a dejar de serlo. Te quiero por cómo eres, -sonrió- así que no pienses esas tonterías. O piénsalas, pero dímelo y no me ignores. ¿Vale?

Muy cerca estuvo Aomine de implosionar de vergüenza. ¿Desde cuando los japoneses eran tan directos con lo que sentían? Le había tocado el único nipón raro. Para ocultar su timidez le tapó los ojos con la mano, sin mirarle.

- Vale, vale. Lo entiendo.

- Perfecto, pues -concluyó Ryota, ciego, con una sonrisa. Le cogió de esa misma mano y le dedicó una mirada amable- ¿Vamos a mi casa?

El moreno arqueó una ceja.

- ¿Qué?

Su novio rió.

- Si me hubieras cogido el teléfono, sabrías que mis padres están en la casa de Shinjuku. Y mi hermana va a pasar la noche de San Valentín con su novio, así que nosotros también.

Oh.

El moreno sonrió de medio lado.

- Sí, me gusta el plan.

La perspectiva del día acababa de mejorar varios enteros. Suerte que era viernes. Aomine llamó a casa para informar de que no iba a ir a dormir. Compraron ramen para cenar y Kise tuvo que prestarle uno de sus pijamas (el de nubecitas y ovejas, cosa que le traumatizó ligeramente aunque el rubio decía que "estaba mono"). Kise insistió en jugar al Just Dance, pero al final optaron por Lego: El Señor de los Anillos donde también podían jugar ambos a la vez. Cabe destacar que a Aomine (por ser el jugador 1) le tocó hacer de Frodo, mientras que Kise, entre muchas quejas porque quería ser Légolas, era el sirviente Sam.

Tras hora y media de mucho "Señor Frodo, espéreme~" y "Mueve el puto culo, Sam", decidieron ver una peli. Escogió Aomine y optó por una de miedo. Pero eh, que nadie dijese que era porque le gustaba que Kise se le apretara y usara de cojín. Chitón.

Grititos (de los dos), achuchones y palomitas volando fueron el resultado de la sesión de cine. Y claro, ¿cómo van a dormirse así, acongojados con el menor sonido extraño? Aquello les dio un motivo extra para "liberar tensiones" en la cama.

Este era el único lugar donde Aomine sacaba su lado cariñoso y bañaba de besos (y lo que no eran besos) a su pareja. Kise respondía de igual forma y, como siempre, el erótico resultado era sublime.

Bien pasada la medianoche y tras una juguetona ducha conjunta, se fueron a dormir. Aomine, harto de verse con el ridículo pijama, decidió acostarse en calzoncillos, puesto que "ya se encargaría Kise de darle calor" según él.

Buenas noches.

Malos despertares hay muchos. Uno de ellos, lo sufrió Kise un día después de San Valentín.

El sol se filtraba por las rendijas de la persiana. Hacía calor. El rubio se apartó la sábana y disfrutó del aire ligeramente fresco por sus piernas. Suspiró hondo, complacido... Y entonces lo olió.

El desagradable e intenso olor a quemado.

Se levantó como un resorte y exploró su alrededor con la mirada. Acto seguido salió de la habitación, siguiendo el olor desesperadamente y sin percatarse de que su novio no estaba por allí. Habitaciones, baño, salón... Todo correcto. El olor procedía de la cocina, y...

- Ah, buenos días.

Aomine se volvió para mirarle y sin perder tiempo regresó su atención hacia la vitrocerámica. Cualquiera habría dicho que un vendaval había pasado por la cocina, teniendo en cuenta que hasta la noche anterior había estado impoluta. Era obvio que se le había quemado algo, a pesar de que el moreno procuraba espantar el humo a manotazos.

Kise Ryouta suspiró, aliviado.

- Menudo susto me has dado, Aominecchi. Creí que se incendiaba la casa. Mis padres me matarían.

- Es que esta cosa tiene mucha potencia, ¿yo qué iba a saber?

El rubio se aproximó.

- ¿Qué haces?

Vio sartenes sucias con algo que no supo definir. Varios boles estaban manchados de igual manera. Al otro lado de la vitrocerámica, había un plato con una masa circular del color del pan.

- Tortitas -respondió mientras vertía el contenido de uno de los boles sobre la sartén- ...Están un poco quemadas.

"Un poco" era ser bastante positivo, en realidad. Las tortitas que ya tenía hechas apenas tenían aspecto de lo que eran. No obstante, Kise las observó admirado.

- ¿Y porqué lo has hecho, Aominecchi?

Este no apartó la mirada de la sartén.

- Quería... Bueno, como disculpas por lo de ayer. No estuvo bien.

Por suerte, Daiki partía con ventaja: Kise era fácilmente ilusionable. Debido a ello, aquella masa informe y quemada le pareció tan válida como un plato de cinco estrellas. Aomine lo sirvió y el rubio lo comió de mil amores y sin la menor queja. Y luego, se lo comió a él.

Gracias por leerlo~
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De hecho, quisiera confesar una cosa: Este fic iba a ser un oneshot. No obstante, al subirlo a mi otra cuenta de fanfiction me equivoqué y puse que tenía varios capítulos. Y, ¡sorpresa!, empezaron a llegar reviews diciendo que continuara. Me sentí lo suficientemente mal como para no atreverme a corregirlo, así que felicito a esa gente que quería varios capis: Los vais a tener. Espero que os gusten. Matta nee~~