Conócenos.

Las risas de una niña se escuchaban por toda Hyuga Manor. Se coló como rayo por una puerta y segundos después todas las mujeres que iban persiguiéndola pasaron corriendo presurosas con kimonos y obis de vistosos colores. Se carcajeó mientras regresaba a su cuarto pero una mano fuerte la tomó por el hombro y sintió un aura conocida.

-A-abuelo…puedo explicarlo- los ojos de su adorada nieta viéndolo de manera suplicante y poniendo la cara de inocente paloma.

-Hmpf. Ahora que ha pasado- su voz era dura, pero no tan dura cómo hubiera deseado que fuera. Su nieta lo tenía hechizado.

-Querían que me pusiera un Kimono. ¡UN KIMONO! .Abuelo no puedo entrenar con Kimono- hablaba con rapidez y le hacía señales con las manos al mismo tiempo.

-Muy bien, no te quisiste poner el Kimono para entrenar, vamos a entrenar- su voz era autoritaria. De esas que no aceptan un NO por respuesta.

-Errrr….muy bien abuelo- y el comenzó a caminar hacía el dojo y la pequeña no podía hacer más que seguirlo. La verdad prefería entrenar con su tío Neji, el no se excedía en los entrenamientos como su desquiciado pero agradable abuelo.

-Abuelo, ¿Cuándo le podré pedir a Kakashi-sama que me enseñe a hacer el chidori?- preguntó mientras le jaloneaba la manga derecha del Kimono que vestía. Trotaba para poderle seguir el paso a Hiashi y lo miraba con suplica de nuevo. El hombre suspiró mientras tomaba la mano de la chiquilla y caminaba más lento, se detuvo y plantó una rodilla en el suelo. Miró los ojos de su amada nieta y después se masajeó las sienes.

-Mmm…no tengo la menor idea. Eso debes preguntárselo a tu madre, Hanabi- De acuerdo, adoraba que su Hanabi quisiera ser poderosa pero tanto entrenamiento lo estaba afectando, al fin y al cabo, ya no era el mismo desde hace tiempo, desterró el pensamiento y siguió el camino hacia el dojo. Cerró la puerta y se puso en posición de defensa.

-Oh, sí. A esto me refería- dijo Hanabi con seguridad colocándose en la posición típica del clan. Ambos se miraban fieramente a los ojos y se movieron al mismo tiempo con rapidez.

El combate de entrenamiento comenzó.

La primera en atacar fue la niña, se acercó a Hiashi lo suficiente para atacarlo con Taijutsu. Pan comido. Pensó. Recibió una patada en el rostro y trastabillo lejos de su abuelo, viéndolo con sorpresa y limpiándose un hilillo de sangre.

-Primera regla: Un Hyuga NUNCA baja la guardia. Y menos para presumir- dijo el ex patriarca del clan. Una sonrisa de superioridad en su rostro.

Se lanzó de nuevo al ataque y esta vez no bajo la guardia. Lanzó patadas y golpes directo a su abuelo y este la esquivaba con un poco de dificultad.

-¡Bien, es hora- gritó la niña-¡Hakke Rokujuuyonshou!- se abalanzó sobre el viejo y este la pudo esquivar por los pelos. De repente tuvo la visión más sorprendente que había tenido. Una niña destrozando la pared de tablas del dojo de la familia Hyuga.

-¡Dos palmas!- giro sobre sí misma-¡Cuatro palmas, ocho palmas, dieciséis palmas, treinta y dos palmas!- disminuyó un poco la velocidad por el cansancio que sentía y luego la aumentó a una realmente alarmante-¡SESENTA Y CUATRO PALMAS!- y las astillas de la pared salieron volando al mismo tiempo que ella gritó.

Un mareo y una neblina de cansancio ocuparon su mente y se tambaleó violentamente. Hiashi rápidamente llegó a su lado y la tomó en brazos mientras limpiaba el sudor de su frente y le ordenaba el largo cabello. La sorpresa todavía lo tenía en shock y no sabía cómo reaccionar. Enojarse era una opción pero sentirse orgulloso era una mejor y más poderosa. El más sorprendente Hyuga había nacido y no precisamente por deseo del clan. Había llegado de una mala manera. Pero, al final el fin justifica los medios, ¿cierto? .Pero la inquietud no lo abandonaba. Su nieta era sorprendente y legendaria…por lo tanto también vulnerable. Muchos querrían ese poder innato junto a ellos. Y se podía apostar que en cuanto se enterarán vendrían a por él.

Pero por Kami-sama, no podía ser cierto, su nieta solo tenía 6 años. El tardo hasta los 13 para poder intentar siquiera esa técnica. ¿De dónde diablos la sacó?

-¿Qué fue eso, Hanabi?- preguntó Hiashi con la voz entrecortada. Su respiración estaba agitada y no por el ejercicio precisamente. Sus ojos normalmente poderosos e intimidadores ahora lucían confundidos y aterrados.

-Y-yo v-vi a mi tío Neji usarla. Q-quería mostrártela p-para que estuvieras orgulloso de mi- los ojos aguamarina veían cálidamente a los blancos y Hiashi acariciaba sus cabellos.

-Mi pequeña hime, no necesitas eso para que yo esté orgulloso de ti. Ya lo estoy- le dio un beso en la frente y le revolvió el cabello. No se podía arruinar el momento…

- ¡HANABI, LEVÁNTATE HOLGAZANA!- entró un tornado amarillo, causando el enojo de Hanabi y la risa de Hiashi.

No se podía arruinar el momento…o tal vez sí. Minato estaba de brazos cruzados y dando golpecitos con el pie mientras veía de una forma acusadora a su mejor amiga.

-Oh venga, Minato. No creo que pueda entrenar ahora, estoy hecha polvo- dijo abanicándose con su mano y haciendo gestos dramáticos.

-Pero mira que eres floja, Hanabi. Hasta me avergüenza caminar a tu lado-

-¿De qué narices hablas ,baka?. No sé ni por que hablo contigo- el ambiente comenzaba a ponerse caliente.

-Ah, porque no puedes encontrar a alguien de mi nivel intelectual-

-Y un cuerno, Uzumaki. Tú tienes el nivel intelectual de un chimpancé- Y ahora estaba que ardía.

- Bah, tarada. No tiene sentido pelear con alguien que tiene más flojera que talento- El rubio sonrió triunfante pensando que había ganado la contienda.

-Sí, concuerdo con eso. Así que le pediré a Reiji que entrene conmigo- ha, en tu cara uzumaki.

-Ya lo dije. No pelees con alguien que tiene más flojera que talento- SI algo odiaba él era que siquiera se le pasará por esa cabecita Hyuga entrenar con el idiota de su primo. Bueno, hay derechos que sólo tiene el mejor amigo ,¿no? . Y su derecho era entrenar con ella.

-Sí, pero en lugar de eso estoy peleando con alguien que tiene más barriga que intelecto-Ese insecto ya la tenía más que harta. ¿Por qué no se iba a molestar a otra? Ah, sí. Ya lo recordaba, porque ella era su "mejor amiga". Cierto que ese zoquete era su mejor amigo también pero que le bajara 2 niveles a su "bakacidad".

-¡Oye, no estoy gordo!- De acuerdo, podría meterse con su intelecto pero nadie, escuchen bien, nadie se mete con su cuerpo de modelo.

-Sí, sí como sea. ¿Cuándo es la boda? Parecen un viejo matrimonio más que amigos- interrumpió Hiashi con voz divertida.

-¡A-abuelo yo no me casaré con él. Antes calva!- dijo Hanabi escandalizada y se tiraba del cabello como haciéndole énfasis a lo antes mencionado.

-Hmpf. Pero si te mueres por mi Hyuga. Se nota en cómo te quieres tumbar el cabello-dijo logrando el objetivo: Que la urusei de Hyuga dejara de jalarse los pelos.

Esto iba más de la amistad. Era el principio de una bonita (nótese el sarcasmo) ami-rivalidad infantil. Una relación nunca antes vista por la raza humana. Que iba del enamoramiento y de ahí daba saltos a la amistad para acabar en complicidad. No era más que aprender a sentir. Estaban aprendiendo a vivir y con ello a crecer. Al fin, vivir no era más que eso. Una larga carrera en la que correrían y tratarían de ser mejores, pero con algunos obstáculos que los harían tropezar. Pero la regla era levantarse. Y a veces ellos tendrían ayuda. Sólo a veces.

-En fin deja de molestarme y vamos por los demás Uzumaki- dijo metiendo las manos en sus bolsillo y comenzó a caminar- Adiós abuelo- y levantó una mano a manera de despedida mientras salía despreocupadamente del dojo.

-¡Hey!, hace un momento estabas agonizando. No me digas que te recuperas tan rápido- comenzó de nuevo Minato mientras picaba a su amiga con una ramita que había encontrado tirada en el pasillo.

-Sí, pero tú no me dejas otra opción más que levantarme… Ni morir en paz puedo contigo-

Una de las cosas que más le gustaba a Minato de estar ahí era la finca que había en los territorios de Hyuga Manor. Los cerezos llorones en primavera. El pequeño riachuelo que bordeaba la mansión. Los columpios para los pequeños del clan (que a menudo ellos usaban). El majestuoso jardín. Las brillantes motas de color que eran las flores y que había de todo tipo. Desde jazmines hasta rosas. De margaritas a girasoles. Todas distribuidas en el gran espacio que los Hyuga no habían ocupado para hacer varias residencias (por no decir mini-aldea) como lo habían hecho los Uchiha. Todo ese espacio era como un sueño. Un sueño en el que vivía Hanabi.

-Hana…¿te puedo preguntar algo?- cuestionó nerviosamente y la miraba con los ojos verdes opacos. Ella volteó a verlo. No era para nada normal que su amigo se pusiera así por una pregunta, así que optó por lo que, para sus estándares, era lo más conveniente, responder a la pregunta. El niño tragó saliva ruidosamente y luego se pasó una mano por los ya desordenados cabellos dorados y resopló.

-Etto… b-bueno- no sabía ni siquiera como empezar. No encontraba las palabras correctas para decirle a su amiga de manera clara lo que él deseaba saber.

-Ya, Minato. Solo sácalo, ¿quieres?.Me pones los nervios de punta…- dijo con algo de exasperación y frustración Hanabi. A decir verdad, la mayoría de las veces le gustaba estar con Minato porqué él era simple. Su amistad era más fácil que respirar Con el baka no tenía que pretender. El siempre la escuchaba y la comprendía, y en caso de no hacerlo, trataba de comprender.

Adoraba no tener que hablar con él. Simplemente mirarse a los ojos por tiempo indefinido. Mandarle pensamientos o emociones por este medio y tener la certeza, la total certeza, de que él lo recibiría. Era el que la había consolado en las dos veces que ella había llorado en toda su vida-que ella recordara- y no le dijo cosas estúpidas como. "Ah, verás que estará toda bien para mañana". Se limitó a pasarle un brazo por los hombros y aguardar a que ella se sintiera mejor.

-A la mierda. Te lo diré como quiera salir. ¿Siempre serás mi amiga?- Ya está. Lo había dicho.( Inner Minato: no salió tan mal.).

-¿Qué pregunta es esa? .Claro que sí baka…- esa pregunta la había dejado bastante aturdida. Nunca se esperó una pregunta así. Minato era parte de su vida desde que tenía uso de razón y ya no se imaginaba vivir sin él. Su amigo era igual (o más) necesario que el aire.

-Ya, ya. Olvida la pregunta y vamos por los otros-

-¿Por quién pasamos primero?-

-Vamos a por Inoue y Deibaka- Los rubios locos. El primero uno de sus mejores amigos varones algo raro pero bastante gracioso y sabía dibujar de las mil maravillas. Y el segundo el idiota que siempre le echaba los perros a Hanabi sin recato alguno, ese ser asqueroso, feo, tonto, idiota sin talento. Ojalá ardiera en las llamas del mismísimo infierno…aunque un buen compañero de juego y excelente contrincante.

-Mmm…ok- y así comenzaron el trayecto tirándose pullas y piedritas, empujándose y al final terminaron en violentos zarandeos hasta que llegaron a una pequeña casa y se acercaron para tocar a la puerta.

-¡Deidara-kun, Inoue-kun!- llamaba Hanabi entre golpes delicados a la puerta, de pronto, sintió un fuerte empujón en el costado y salió volando cayendo en los arbustos. Ese imbécil había osado empujarla.

-¡Minato-baka, me tienes hasta la ma…!- Y salió Ino Yamanaka a recibirlos viéndolos de mala manera.

-¿Qué son todos estos gritos?. Y no sabía que tenías esa lengua tan afilada Hanabi- decía la rubia con las manos en la cintura mientras les lanzaba frías miradas a los dos-En fin, ¿Qué desean?-. Finalizó con una mirada expectante mientras Hanabi respondía.

-Eh, venimos por Deidara-kun e Inoue-kun para ju…- ni si quiera la dejo terminar la oración. Ino se giró en redondo y gritó como histérica el nombre de sus hijos y estos salieron de la casa cómo si hubiera un terremoto. Deidara iba con su coleta desecha e Inoue iba con los pantalones medio subidos.

-¿Qué pasa mamá?- preguntaron los dos al unísono buscando cosas sospechosas o a su padre lanzando shurikens a las ancianas que parecían espiar el jardín pensando que eran enemigos como la semana pasada o tal vez encontrarían a su madre gritándole a su incauto y sorprendido padre que ya no hablaban y que ya no sentía la misma pasión que antes y cosas de mujeres histéricas mientras le lanzaba sartenes y su ropa y gimoteaba, moqueaba y lloriqueaba como si no hubiera un mañana.

-Ah, vinieron sus amiguitos por ustedes- dijo ella sonriente y de forma melosa y los rubios contuvieron las náuseas odiaban que su madre utilizara ese odioso tonito como si fueran idiotas o no supieran ni que era uno más uno.

-¿Quiénes?- demandó Deidara, ganándose un zape que lo mandó directito al suelo. Se sobaba la cabeza y su madre despotricaba insultos sin detenerse a respirar y le apuntaba con un dedo acusador al pobre rubio e Inoue veía la escena de rutina como si nada, mientras Minato y Hanabi no sabían si asustarse o reírse. Al final, cuando recobró la compostura dejó a los chicos marchar hacia la casa de Kai Nara.

Deidara trataba de conseguir un beso de la niña y esta se negaba con un fuerte sonrojo en el rostro, Minato los veía casi echando fuego por la boca y haciendo muecas al escuchar las cursilerías que Deidara le decía a su amiga e Inoue simplemente dibujaba la escena mientras caminaba. Al final cuando llegaron al complejo Nara , Kai salió corriendo cómo loco mientras escuchaban a su madre, Temari, decirle que recogiera su cuarto, los apresuró y volvió a salir disparado. Los demás trataban de mantener contacto visual con el chico del cabello más rebelde que han visto mientras corrían a la casa de Tsunade.

Como de costumbre la encontraron con varios hombres de la aldea apostando y bebiendo mientras Karin estaba en un rincón al borde de un ataque de histeria.

-venga, Karin onee-chan ¿porqué te enojas conmigo?, trato de ser un buen chico…- decía Tobi mientras daba vueltas alrededor de Karin y esta se veía cada vez más enojada- vuelve a decir "buen chico" y te voy a hacer cosas por las que de seguro me expulsarán de la aldea- dijo sombríamente- Y valdrá mucho la pena- y al notar a sus amigos sonrió levemente mientras hacía planes para dejar a Tobi paralítico y este trataba de hacerla reír.

Y así fueron a la casa de Kisame y Suimenzo ,ops, suiguetsu quienes después de después de saludar "amablemente" a los chicos fueron a la casa de Akane solo para recibir una negativa no muy a amable de parte de Anko mientras azotaba la puerta y la casa retumbaba.

-Puaj, ¿Por qué esa mujer siempre nos corre de mala manera?- Minato se desordenó el cabello con una mano y suspiró. Hanabi se sonrojó al verlo, su "amigo"- En realidad no sabía muy bien que era él en su corazón- se veía tremendamente lindo cuando hacía eso, sin embargo, no tenía sentimientos más allá de la amistad con él y eso la confundía de sobre manera. Su madre siempre decía que ella amaba de manera especial a Minato y ella asentía dándole la razón. Aunque no entendiera ni un pelo de que hablaba su querida madre.

-A dónde vamos?- preguntaron Todos. Hanabi suspiró con desgana y pateó una piedrita del camino.

-A la casa de Ryoga- explicó como si fuera lo más obvio del mundo.

Cuando llegaron a la casa Inuzuka, tocaron a la puerta y les abrió Kiba, este saludó a todos con ánimo y después simplemente llamó a su hijo.

-¡Cachorro, llegaron por ti!- dijo apresuradamente, volteó a ver al pequeño ejército que tenía enfrente y se permitió reír con soltura mientras negaba con la cabeza. Eran idénticos a sus padres. Se escucharon pasos corriendo por la casa y salió Ryoga seguido de Akamaru- Bueno, Akamaru tienes que cuidar a estos enanos- encomendó mirando al enorme can blanco este ladró en respuesta y Kiba se limitó a asentir con la cabeza.

De nuevo emprendieron la marcha. Siempre preguntaban a dónde iban. Todos menos Kai. Que solo se limitaba a caminar. Y siempre insistían todos: ¿Adonde vamos?, eran desesperantes siempre repetían lo mismo y la verdad el trío se comenzaba a hartar de la parvada de cotorras que los seguían

¿Acaso eran tontos?. Era obvio que iban a por los demás. Minato sonrió con superioridad y se metió las manos a los bolsillos, volteó a ver a Hanabi y su sonrisa se ensanchó y ella simplemente se llevó las manos a la nuca y cuando estuvo a la altura de Minato, le dio un puñetazo ligero en el hombro y simplemente caminaron juntos. Los demás los siguieron como borregos. Era imposible serle indiferente a ese par. Tenían algo parecido a un imán que te forzaba a estar con ellos. Ser su cómplice. Una especie de :"sígueme" silencioso.

-Hmpf, vamos a buscar a los Uchiha-contestaron al unísono. Y siguieron caminando hasta que Ryoga tuvo una fabulosa idea matinal.