Capitulo 2. Pesadillas de Medianoche.
-¿Otra vez?- jadeo, sintiendo como la piel le quemaba mientras él paseaba sus dedos lujuriosamente por su cuerpo desnudo- Necesito dormir.
-Y yo necesito tu cuerpo.- le contesto con algo de frialdad, mientras en sus ojos se desvelaba un claro destello de fastidio o tal vez molestia- Y no pienso irme hasta quedar satisfecho de el.
Se dejo hacer con mansedad, como siempre, demostraba tener tan poca consideración con su vida. Y últimamente eso la estaba torturando. Rin tenía razón, debería elegir ya, estaba sacrificando demasiado por algo que ni siquiera correspondía sus perdidas.
Sintió como él se posicionaba sobre ella y, de un movimiento preciso, los convertía en uno, haciéndola estallar en gemidos de placer, que quedaban silenciados por sus labios helados y mortales, mientras sus ojos, fríos como el más puro Hielo, no perdían en ningún momento la expresión de indiferencia.
Gimió de nuevo cuando la acaricio más de lo debido con sus manos, provocando que la sacudiera un suave escalofrío de los pies a la cabeza. ÉL sonrió con maldad y algo de orgullo propio, como si escucharla fuera el premio a su trabajo.
"¿Por qué sonríes así, como si ganaras algo, si después eres puro acero conmigo?" se preguntaba siempre, en aquellos momentos, "¿Por qué permito esto, si estas destruyendo todo cuanto tuve? No vale la pena, siempre lo he sabido, pero aun y así, ¿Cuánto más tiempo pienso callar, aceptando en silencio lo poco que me das?"
-Kagome…
Lo escucho susurrar su nombre y al momento siguiente sintió como todo terminaba, por tercera vez aquella noche. Inmediatamente después, su propio cuerpo respondió al de su amante y dejó escapar un débil grito de su boca, agradeciendo al cielo que Rin aun estuviese dormida, mientras ambas esencias se mezclaban en una sola y las respiraciones agitadas comenzaban a normalizarse.
Se dejó caer sobre su cuerpo, visiblemente cansado. Ella deseba rodearlo con sus brazos y quedarse dormida sintiendo su calor, pero sabía bien lo que ocurriría si osaba ponerle un solo dedo encima en ese instante.
"No me toques" casi pareció escuchar la advertencia en su propia mente "Nunca me toques. No me hables, ni me mires. No hagas nada que yo no desee y todo ira bien"
Así era como había sido siempre todo entre ellos, durante un año. Desde que ellos se conocieron, en cambio, habían pasado más de siete años. Al principio, fue tan solo simple curiosidad hacía lo que era, nada más y parecía que él gustaba de hablar con ella, aunque escasamente y con bastante frialdad, había contestado a sus preguntas. Tan solo tenía diez años la primera vez que lo vio y desde entonces, había quedado perdidamente enamorada.
"Enamorada del Diablo" pensó con amargura, recordando de quien era precisamente hijo su amante "Un demonio. Permití que un demonio me arrebatase la virginidad, estoy condenada al infierno".
Pero aquello ya era un infierno en vida.
Observo desde la cama como él se levantaba y comenzaba a vestirse, sin decir palabra ni mirarla. Total, ¿para que iba a hacer algo así? Ya había obtenido lo
que deseaba, como siempre, casi cada noche. Cuando termino de colocar sus ropas, la miro con su habitual frialdad y esbozo una maquiavélica sonrisa. No por consideración o para asegurarse que estaba bien, que va, lo hacia para regodearse por ultima vez de su estado, allí desnuda sobre la cama, con la respiración agitada y el cabello revuelto.
Kagome, le echo una mirada de reproche que solo ensancho su sonrisa. Después, una neblina negra rodea su figura y al minuto siguiente, lo que quedaba de su amante era un ligero humo que rápidamente se desvaneció.
La chica suspiró y se arropo con las sabanas, tratando de dormir aunque fuera un poco antes de que Rin fiera a despertarla, no tenía ganas de aguantar de nuevo un sermón acerca de lo muy estúpida que era, eso lo sabía muy bien sin ayuda de nadie.
En el otro lado del pasillo, una joven de cabellos castaños y ojos oscuros despertaba de su letargo atormentado de nuevo por las mismas pesadillas de siempre, solo que esta vez había sido un poco distinto. El sueño había sido realmente extraño.
Abrió los ojos y parpadeo varias veces, para meterse en la ducha y despejar su mente. Tomo sus cabellos con las manos y se apoyo en la fría pared, dejando que el agua acariciara su cuerpo desnudo.
"Que raro" inquirió en su mente "Esta vez no he soñado con aquello, sino con… Kagome…Y ese otro… ¿Quien era? Se parecía un poco, tirando a mucho a 'el'… ¿Quiénes son? ¿Por qué siempre los mismos delirios en la noche?"
-¿Quién eres?- murmuro a la nada, quedando su voz amortiguada por la suave llovizna que desprendía la regadera de la ducha- ¿Que quieres?
"Me estoy volviendo loca" pensó, mientras cerraba el agua y cogía una de las toallas, envolviendo su cuerpo "Rematadamente loca"
Se puso el uniforme con tranquilidad, evitando volver a pensar ene lo soñado, cuando su despertador sonó, indicando la hora. Con mucha paciencia, fue hasta el cuarto de Kagome y, tomando la almohada, empezó a azotarle hasta que consintió en abrir los ojos.
-¡Rin!- grito completamente despierta, tratando de cubrirse con los brazos- ¡¿Qué pretendes matarme?!
-No, prima, nada más lejos de mi intención- confesó soltando la almohada y marchándose con una sonrisa en el rostro- Solo quería despertarte "suavemente".
-¡Pues no ha tenido nada de "suave"!- reprochó metiéndose en el baño con un portazo y Rin solo río.
Si así lograba que fuera al instituto, la despertaría aunque fuera a cañonazos. Los profesores, al final habían cumplido sus amenazas y llamado a sus padres, explicándoles la escasa puntualidad de Kagome y su considerable numero de faltas.
La familia Higurashi era muy severa con ese tipo de cosas, siendo como eran famosos empresarios y ricos comerciantes. No se podían dar el lujo de sacar malas notas, mucho menos de actuar como venia haciéndolo su prima. Y ella se la estaba jugando, se lo estaba jugando todo: su paga y el que las permitieran vivir solas. En el caso de Rin, daba lo mismo, sus padres eran unos malditos borrachos con muy poca consideración en la familia, pero los de Kagome… Con decir que eran los terceros más ricos del país…
Sonrió más anchamente cuando su prima salió refunfuñando de la ducha y se sentó a desayunar con ella. Al poco estaban las dos riéndose de lo tontas que llegaban a ser y así, marcharon al instituto, contentas.
Los profesores se mostraron bastante rencorosos con su prima, haciendo comentarios del tipo "Pero cuantisimo tiempo sin verla, Higurashi…" o "¿A que debo el honor de que haya decidido asistir a mi clase, señorita?" A lo que Kagome respondía con "Si, profesor, lo extrañe mucho" o "Quien sabe, ni yo misma lo comprendo", respuestas que cabe decir, aumentaron el rencor de los tutores y el jubilo de la clase, que se carcajeo sin cesar de todas y cada una de las "contiendas" de Kagome con el profesorado.
Al salir de clase, Kagome iba contenta y Rin echa un manojo de nervios en erupción, llamándola loca, ¿peor como diablos hacia eso, sabiendo lo que los profesores le dirían a sus padres? ¿Qué acaso su única neurona acababa de tomarse vacaciones o que?
-Ya, ya, Rin, deja de echarme la bronca- le pidió con carita suplicante- Me lo he pasado muy bien, hacia tanto que no iba al instituto que casi había olvidado que tenía amigos…
-Si, pero lo preocupante que es también has olvidado que tienes una reputación que conservar, prima. Sin embargo, debo decir que lo del profesor de Sociales ha sido magistral.
-¿A que si? Pobre, casi se desmaya cuando le he dicho que no podía resistirme a venir de lo mucho que echaba en falta su belleza…
-Calva, bajo y con gafas… La clase entera ha empezado a reír. Estoy segura de que la terminar, ha tenido que tomar uno o varios calmantes. ¡Ja ja ja!
Rin también comenzó a reírse de nuevo, como había extrañado la vuelta a casa con su alegre prima, que hacía olvidarse de casi todas sus preocupaciones, ya que Kagome sabia ver siempre el lado bueno de la vida. Y como había echado de menos a esa Kagome, tan alegre y vivaz, sonriente, no al zombi soñoliento que había tenido que estar soportando los últimos meses.
-Gracias, Rin.
-¿Por qué?
-Por que…- su mirada se perdió en el cielo mientras respondía- Gracias a tus consejos me he dado cuenta de que en verdad hay algo más importante que… bueno, que otra cosa. Tenías razón, no vale la pena sacrificar tanto a cambio de nada.
-Kagome, me alegro mucho de que vuelvas a ser la de siempre.
-Bueno…- su rostro de ensombreció- Aun me falta por aclarar un pequeño asunto, pero…- volvió a sonreír- cuando lo haga, volveré a ser la de antaño, lo prometo.
-Si necesitas ayuda, puedes contar conmigo.
-Arigato, pero es algo que solo puedo resolver yo, por que fui quien se metió en el problema.
-Bien. -Concluyo Rin, también sonriente- ¿Qué tal si, para celebrar tu vuelta al mundo de los vivos, te invito a un helado?
-¡Oh! ¡Cuanta generosidad de tu parte!- exclamo riendo, mientras ambas caminaban juntas hacía un carrito de helados que reposaba más adelante.
Sonrió con tristeza, en cuanto noto como el aire a su alrededor se volvía pesado y una figura emergía de la más absoluta nada. Que poca consideración, pero al fin y al cabo, nunca había demostrado tener para nada en cuenta sus deseos o necesidades.
Cuando la visión se aclaro, pudo observar con claridad sus ojos ámbares y su larga cabellera plateada. Esas dos marcas moradas de sus mejillas, que sabía se extendían por todo su cuerpo y la luna menguante en su frente. Como siempre, venía vestido con unos pantalones estrechos color negro y una camisa con numerosos bolsillos y correas, surcada por cadenas. Y por ultimo esa larga capa negra que arrastraba por el suelo y dejaba escuchar su suave ulular a cualquier movimiento que él efectuara.
No la saludo, tampoco lo esperaba, se acerco a ella y, elevándola de la cama, la acerco a su cuerpo, besándola con fuerza, demandando sus labios, exigiendo su cuerpo, como cada noche desde hacía ya... ¿Qué importaba? Esa noche acabaría todo, por que Kagome había elegido. Y no lo había escogido a él, ni a su frialdad, ni su indiferencia, ni su cuerpo de escándalo ni mucho menos sus delicadas facciones o sus ojos de oro.
La soltó, al notar que no respondía al contacto, como siempre hacía. Y la miro con algo de incredulidad mezclada con furia y orgullo.
"No" grito en su mente "Nunca más dejare que esto pase, no caeré de nuevo"
-Se acabo…- dejo escapar de sus labios, provocando que él abriera algo más de lo normal sus frío ojos- No quiero seguir con esto.
-¿No?- helada, la helada voz de quien siempre lograba todo aquello que se propusiera casi penetro en su alma- ¿Por qué?- pregunto taladrándole el alma con sus pupilas, buscando en sus ojos chocolate la respuesta, intentando descubrir si se había enamorado de alguien, buscando el motivo.
-Quiero vivir-dijo, con seguridad, exigiendo que le devolviera algo que en algún momento le entrego, por algo tan estúpido como un amor no correspondido- Vete.
-¿Crees que yo me ceñiré a tus deseos?- se aproximo a ella, que no retrocedió, quedando cara a cara.- Eres mía.
-¿Tuya?- exclamo con sorna, sonriendo con esteticismo, dejándolo de piedra- ¿Cuando hemos llegado a ese acuerdo? Yo no te pertenezco y haré lo que quiera. Y ahora solo quiero mi libertad. Desaparece de mi vida.
-¿Por qué el cambio?
-¿Por qué? ¿Aun tienes la cara de preguntarlo?- las lagrimas comenzaron a surcar su rostro, contraído por la ira y el dolor, pero él no hizo el más mínimo signo de compasión- ¡Me canse de esta farsa o de ser el objeto que calma tu cuerpo! ¡Estoy harta de sufrir por alguien como tú! ¡Vete al infierno y no vuelvas nunca más!
-No te atrevas a alzarme el tono, humana insignificante- le espeto con frialdad, mientras la arrinconaba contra una de las paredes de la habitación y desnudaba la parte superior de su cuerpo, con una mirada de furia- ¿Quieres ser libre?- desgarro el sostén y dejo al descubierto sus pechos-¿Quieres que me vaya y no vuelva?- atrapo sus senos con sus garras y, acercando su rostro los beso, lamiendo los pezones, delineándolos.-¿Realmente eso es lo que quieres?- pegunto por ultimo, escuchando los jadeos de Kagome.
-No- susurro apenas- No quiero que te vayas.- el triunfo brillo en los ojos de demonio- Pero quiero mi vida- el brillo se desvaneció- Y para ello, tienes que desaparecer- termino, con nuevas lagrimas renovando las anteriores.
Sintió como se separaba de ella y deshacía su agarre, dando la vuelta y comenzando ser rodeado por la neblina oscura, la miraba.
-Adiós- exclamo Kagome, todavía llorando- Adiós Sesshômaru…- y cuando él hubo desaparecido, dejo escapar sus ultimas palabras- Te amo…
Cayo al suelo llorando desesperadamente, lamentándose de lo que acababa de hacer, pero segura de sus actos. Le dolía. Dios, como dolía aquello. Pero en el fondo, sabía que pasaría, que tarde o temprano olvidaría y, entonces, podría ser feliz de nuevo.
La pregunta era, ¿Cuánto tardaría en detener el dolor?
